Subí al auto de Paco, en el preciso momento en que el
mecánico doblaba la esquina para irse a su casa.
Paco, me abrió la puerta del auto y me ayudó a entrar, él se
sentó a mi lado y en silencio puso el motor en marcha. Sin decir palabras,
comenzó a andar por las calles ya casi desiertas.
En la esquina, puso su mano entre mis piernas y se comenzó a
jugar con mis medias.
-Melinda, niña mmmmmmm, has logrado hacerme calentar mucho,
eres una putita terrible, quiero comerte a solas. Soy un hombre que ama a las
mujeres, más putas son, más las quiero para mi, pero tú mi niña, me volviste
loco con tu danza, tu piel tersa y suave, tu juventud me ha trastornado y no me
conformaré jamás con hacerme una paja viendo como otro te cogía, no mi niña, no,
yo, quiero disfrutarte y hacerte disfrutar muchísimo más que el mecánico.
Tomó mi mano y la llevó a su entrepierna. Apreté fuerte la
tela de su pantalón, noté que estaba duro como una roca, me miró
libidinosamente…
-Te la comerás todita esta noche, no te dejaré ir hasta
haberte saboreado íntegramente, te haré ver el cielo, soy un hombre que goza del
sexo, pero me gusta a la vez hacer gozar a la hembra que está conmigo, me gusta
la variedad, me gusta chupar los coños deliciosamente, lamerlos las veces que
sea, hasta que caigan muertas de placer, ya verás de lo que soy capaz, para
hacerte gozar como una perra, tú estás tan rica, tan deseable, que no te irás
fácilmente sin antes haberte dado una cogida soberbia, como no te han cogido en
tu corta vida sexual.
Hablaba pausadamente, su voz era apenas un susurro
acariciador.
Se detuvo en el semáforo, me tomó de los cabellos
fuertemente, y se acercó a besarme en plena boca, mis labios se abrieron y
recibí su lengua que hurgaba toda mi boca, me recorrió los dientes, el paladar,
luego su lengua se frotó con la mía, se enroscaron, y se refregaron, yo había
quedado muda ante semejante descarga sexual, su boca pecadora, esa boca "chupa
coños", como él decía, me había gustado desde el momento que lo vi, y deseaba
que esos labios carnosos y gruesos recorrieran palmo a palmo mi cuerpo.
-¿Te piensas de verdad que soy de plástico?, me has provocado
toda la noche, ví como Carlos te manoseaba, te chupaba y te cogía, no voy a
quedarme sin nada, me hiciste calentar, tu cuerpo es escultural y eres una
putona, te has corrido montones de veces, pues ahora quiero que te corras para
mi, más veces de lo que te hizo correr el mecánico. Quiero chuparte esa conchita
joven, muchas veces, las que quieras, las que pidas, puedo chuparte la noche
entera, si lo deseas.
Sus palabras me subieron la temperatura, mi morbosidad se
estaba acrecentando. Me acerqué a él caliente y cariñosa, mi mano seguía sobre
su bulto inquieto, la frotaba suave sobre la tela del pantalón.
En menos de diez minutos, ya estábamos besándonos en el
ascensor que nos llevaba a su apartamento. Me pasaba su lengua por sobre el
vestido, mientras sus manos me manoseaban por todas partes.
Sin dejar de tocarnos, entramos a la sala. Prendió las luces,
se acercó a mí y de un tirón me quitó el vestido, quedé en menos de un segundo
con la ropa interior, que arrancó apresuradamente, el sosten y la minúscula
bikini, al ver mis jóvenes senos, parados, los pezones erguidos, los besó,
mientras me besaba uno, con la palma de su otra mano acariciaba el otro. Mis
pezones ante sus lamidas se pusieron más duros aún, se agrandaron, como rogando
más y más.
Me quitó las medias, y los zapatos, me levantó en sus brazos
y me llevó al baño, todo esto sin dejar de pasarme la lengua por los hombros,
los senos, la cara, las orejas, todo lo que encontraba, lo lamía.
Ya en el baño, abrió los grifos y el agua tibia empezó a
llenar la tina.
-Voy a bañarte, no quiero chupar los restos de la leche del
mecánico.
Tiraba sales en el agua, tomé asiento en el borde de la
bañera, mi boca quedó a la altura de su verga. Mi morbo se incrementaba, viendo
a este vejete, que no se andaba con miramientos a la hora de conseguir lo que
quería, que era follarse a una adolescente que aún no tenía los 18 años, y no
solo se follaba a la niña, también se follaba a la puta de la madre. Eso le daba
el toque de sal y pimienta que mi cabecita loca necesitaba, para entregarme a
este señor, que hacía lo que le daba la gana con mi cuerpo casi modelado con un
pincel. Y mi cuerpo respondía a cada roce, lamida o manoseada que me hiciera.
Le desabroché el pantalón, se lo bajé, apareció su barriga
prominente, que no me dejaba ver de lleno su verga, a tientas la busqué bajo su
abultado abdomen, ahí estaba erguida y dura, para empezar a darme batalla. Con
ambas manos me llevé su grueso aparato a mis labios, empecé a besarlo
lentamente, mi lengua le bordeaba la cabeza, mientras lo masturbaba con una de
mis manos, con la otra mano le acariciaba las blandas nalgas caídas, y
desafiadoramente le metí un dedo dentro de su rollizo y peludo ano, al sentir mi
dedo, se abrió de piernas, y dio un respingo le gustaba lo que le hacía, puse
dos dedos, y luego tres, mientras le mamaba su inflada polla a punto de
explotar.
Cuando la tina se llenó, me recostó dentro y comenzó a
pasarme la esponja con jabón por todo mi cuerpo, cada tanto me ponía su verga en
la boca, para que la chupara un poquito, me la sacaba, y me la pasaba por toda
la cara, me frotaba los senos, y chupaba mis pezones erectos, parados y duros,
pasaba su lujuriosa lengua la subía y la bajaba, haciéndome sentir deseos cada
vez más descabellados. Volvía a enterrarme la verga en la boca, yo se la mamaba,
y me acariciaba el clítoris debajo del agua, estaba deseosa de su rica polla,
quería lengua o cualquier cosa que Paco me hiciera.
Cuando terminó de bañarme, me envolvió en un blanco toallón,
fue secando mi cuerpo, sin dejar de toquetearnos.
-Antes de llevarte a mi cama y cogerte sin parar, quiero
darme un gustazo.
Me sentó sobre la tina, se agachó, abrió mis piernas al
máximo, enterró su cabeza en mi entrepierna, y se fue directo a mi conchita, ya
húmeda, abrió su boca desmesuradamente, quedando toda mi rajita dentro de su
boca, abrió esos labios endemoniados y se metió toda mi vagina en su boca,
mientras con su lengua poco a poco fue recorriéndola toda, su lengua era
experta, la de un maestro, me chupeteaba toda, metió su lengua en punta en mi
orificio vaginal, y me penetró como un pene, entraba y salía, hasta que su
lengua larga y en punta empezó a fregarse contra mi clítoris, su lengua se movía
incansablemente, mi rajita estaba toda dentro de su boca, sentía sus gruesos
labios como aprisionaban mi coño, mientras su lengua se quedó recorriendo mi
clítoris, lo succionaba y lo masajeaba primero lentamente, poco a poco sus
movimientos se hicieron más intensos y más rápidos, yo empecé a contorsionarme
por el gusto que me estaba dando, tomé su cabeza con mis manos y lo empujaba
para adentro.
-Ahhh, ¡qué rico, asi, asiiii. -Friccioné mi concha fuerte
contra su boca, comencé a moverme para adentro y afuera, mis gemidos eran los de
una perra en celo, Y llegó mi primera corrida con esa lengua magistral. Mis
jugos vaginales quedaron esparcidos en su boca y los labios de Paco, quedaron
con la humedad que despedía mi ajetreado coño.
Se levantó y me llevó en brazos hasta su habitación, en el
camino, nos besamos en la boca, compartimos en ese beso mis jugos exquisitos que
cayeron es sus labios.
Prendió todas las luces, era una habitación amplia, con una
cama de matrimonio muy cómoda, me tendió a lo largo, sacó de un placard un
vibrador bien largo, era la simulación de un pene perfecto, largo y grueso, me
lo puso en la boca, y enloquecida lo chupaba como si fuera real, él se fue a mis
pies y los lamía, sacó el pene ficticio de mi boca, mientras me iba chupando
entera, lo fue introduciendo y sacando de mi conchita, mientras con su boca
lujuriosa chupaba cada milímetro de mi cuerpo.
Puso varios almohadones bajo mi cintura, y mi conchita quedó
en el aire, metía el vibrador mientras me seguía lamiendo el clítoris, que
mordía con sus labios, me chupaba y chupaba, tuve otra corrida con su lengua y
su vibrador dentro de mi vagina.
Se recostó en la cama y me pidió que se la chupara como la
mejor de las putas.
Acomodé mi cuerpo entre sus rellenas piernas peludas, tomé su
pene y me lo llevé a la boca, me lo tragué hasta la garganta, lo entraba y lo
sacaba, lo lamía, le besaba sus huevos hinchados y peludos, me metí uno en mi
boca, luego puse el otro, Paco me metía el vibrador en el ano despacito, apenas
la punta, me gustaba ese juego erótico del viejo y la adolescente.
Estaba boca arriba, con la polla apuntando al techo, me senté
arriba de su polla, la fui introduciendo poco a poco, hasta que la dejé bien
enterrada en mi vulva, me chupaba los pezones, los mordía suave, me fregaba el
clítoris con sus dedos regordetes, con el vibrador cada vez más dentro de mi
ano, era tal el placer que me daba que mis gemidos se hicieron más intensos, era
una delicia sentir como me follaba y me magreaba sin parar.
Me corrí, llenando todos sus pelos mojados por mis fluídos.
Me dejó descansar unos segundos, me volvió a chupar la vagina
sin parar, hasta que su lengua viperina volvió a mi clítoris inflamado y
extasiado de tanto placer, volví a correrme en su boca.
Me puso en cuatro patitas, tomó el vibrador y me lo enterró
en mi vagina dilatada, lo entraba y lo sacaba, mientras con su lengua me lamía
el ano, me lo fue dilatando de a poco, hasta que me penetró hasta la mitad de su
gruesa verga, me partía en dos, dejó el vibrador enterrado en mi conchita, se
tomó de la curva de mi cadera, de ambos lados y me penetró hasta el fondo, se
quedó quieto unos instantes, hasta que mi ano se amoldara a semejante verga, que
no era tan larga, pero si, muy gruesa. Estaba penetrada por detrás y por
delante, quedamos abotonados como los perros, mmmmmm¡qué rico me la estaba dando
el vejete este!
Una vez que estaba ya toda adentro empezó con un mete y saca
enloquecedor, el ano se me abrió y absorbía como un túnel su verga bendita.
Empezó a bombearme sin piedad, cada vez más fuerte, mientras
pasó una mano hacia adelante, y me metía y sacaba el vibrador, el placer era
inmenso, con una mano empecé a masturbarme, y a rozarme los pezones, mis
espasmos y gemidos eran de una perra salvaje, me estaba dando y dando y mi
corrida fue descomunal.
Cuando terminé de correrme, me puso boca arriba y puso su
verga entre mis pechos, hice un túnel con mis dos tetas su polla quedó
aprisionada entre mis senos, duros y turgentes, frotándose, largó un chorro de
semen caliente, que me llegó hasta el cuello, y ungió mi cuerpo con su lechita
caliente.
Caímos rendidos y transpirados uno al lado del otro, apoyé mi
cabeza en su tupido pecho, sus vellos eran casi todos blancos y largos, nos
quedamos tirados un buen rato, él acariciaba mi espalda, así estuvimos un buen
rato, estaba somnolienta y un poco cansada, dormí unas horitas.
Me desperté con un hambre voraz, decidimos ir a la cocina
comer y beber algo, llevé el vibrador en mi mano, mientras Paco preparaba unos
bocadillos que degustamos con champagne, hablamos un poco de nuestras vidas.
Le pregunté sobre mi madre, Paco me dijo que los caballeros
no tienen memoria.
Yo no me iba a quedar con esa respuesta, me propuse hacerlo
hablar, pero para eso debía usar mi seducción, tenía un terrible cuerpazo,
buenas tetas, buen culo, hermosa cara, una rajita bien caliente y húmeda y una
boca dispuesta a hacerle ver el paraíso, eso haría…, y le sacaría lo que yo
quería saber y ver…
Desnuda como estaba me levanté, fui caminando hacia el
refrigerador, lo abrí:
-¿Qué buscas Melinda?
-Algo dulce, cuando alguien me culea rico como tú, me dan
ganas de comer dulces.
-Fíjate a la derecha, hay un cuenco con mousse de chocolate.
-Mousse de chocolate?, pregunté inocentemente. –Pero Paco, es
mi crema favorita!
Tomé el cuenco y me senté sobre el borde de la mesa, apoyando
mis pies descalzos en la silla donde Paco estaba sentado, quedé frente a él.
Provocadoramente unté mi dedo índice de mousse y me lo metí
en la boca, le pasaba mi lengua libidinosamente.
-Pero niña, eres una putilla terrible, mira cómo chupas ese
dedo. Eres terriblemente sexi Melinda.
Tomé el vibrador que estaba al costado y lo llené de la crema
de chocolate, lo llevé a mi boca y comencé a chuparlo, con mi lengua lo limpié
hasta dejarlo lustroso.
Mis pies descalzos rozaban la polla de Paco que ya estaba
poniéndose dura, unté mis pezones, y le dije:
-Mira Paco, chúpalos, los unté para ti.
-Putita, lo haré con mucho placer, mmmmm, qué rico saben tus
pezones. Comenzó a lamerlos hasta no dejar rastro de la mousse.
Tomé su cara y le dí un terrible beso en plena boca.
Corrí su cara y con voz jadeante le pregunté:
-Un poquito de mousse en mi conchita, ¿si?
-Pues sí mi niña, mucha crema en tu conchita para paladearla
más y mejor, pero déjame untarte a mi.
Se acomodó mejor en la silla, abrió mis piernas y con sus
regordetes dedos empezó a untarme la cuevita, la llenó de mousse, y comenzó a
relamerla con su lengua lujuriosa, no dejó nada, lo único que no había comido
aún era mi clítoris, que colmado de crema esperaba ansioso su turno.
-Ahora me como la mejor tajada del postre.
Y comenzó a lamer mi clítoris suave, suave, era una caricia
aterciopelada, lamía, chupaba, succionaba y yo me encorvaba, para darle más
espacio a su lengua.
Comencé a gemir, y a suplicar que siguiera, que era una
belleza lo que me hacía sentir, y siguió cada vez sus chupadas eran más
dinámicas y yo cada vez más puta.
-¿Así se la chupas a mi vieja? ¿así?
Paco no decía nada, tenía la lengua ocupada dándole
chupeteadas ininterrumpidas a mi clítoris.
-Anda cabrón, ¿así se la chupas?
Retiró su boca de mi rajita, y con su lengua fue subiendo
hasta llegar a mi cintura, me chupaba el ombligo.
-A nadie he podido chupar como te chupo a ti, mi cielo, eres
increíblemente joven y desprejuiciada, ¿te gusta cómo Paco te chupa la conchita?
-Me encanta, a mi vieja la chupas como a mi?
-No mi reina, tú eres una traga vergas muy joven, tu piel es
suave, tus senos son adorablemente turgentes, tu trasero es redondo, duro,
parado, me llevas a la locura de hacerte cualquier cosa, mientras que tu hermosa
madre no despierta esta locura en mi, es una mujer que coge muy bien, como hay
millones, pero tú eres una niña y me despiertas esta lujuria.
Mientras me hablaba me iba saboreando nuevamente, yo estaba
recostada desnuda sobre la mesa, Paco sentado muy cómodo en la silla, mi piel
estaba pegajosa por toda la crema esparcida a lo largo de mi cuerpo.
-Niña, tu piel ha quedado dulce, es un placer degustarte,
mmmmm, ¡qué rica estás!
Y siguió lamiéndome entera, su lengua ascendía y bajaba a lo
largo y ancho de mi cuerpo, yo lo dejaba hacer, me daba mucho placer.
Su lengua atacó nuevamente mi clítoris, haciéndome mojar
mucho, se sentía el sonido de su lengua en mi rajita de puta, ¡glop, glop, glop!
Ese sonido que hacía su lengua estrujada en mi clítoris,
mezclándose con mis jugos y los pocos restos que quedaban de la mousse, me
calentaron más, comencé a gemir, y a arquear mi cuerpo, hasta que mis sacudidas,
dejaron entrever mi corrida, llenando su boca nuevamente con mis flujos
vaginales.
-Quiero ver cómo se la chupas a mi madre, déjame por favor,
déjame que los vea.
-Niña, estás loca.
-Me encantaría verlos.
Paco se puso de pie, me recosté de costado sobre la mesa y
comencé a sobarle la verga enloquecida, pensando en cómo gozaría viéndolos a los
dos como cogían.
-¿Ella te la chupa cómo yo?
-Niña, cómo tú no hay, ya te lo he dicho, Melinda, eres 37
años menor que yo, ¿te parece qué puede haber algo mejor que tú?
-Entonces déjame que los vea coger, ella no lo sabrá nunca,
por favor déjame verlos.
Estrellé su pene casi en mi garganta, se lo lamía, lo sacaba
de mi boca y le mordía la gorda y chorreante cabeza suavemente con mis labios.
-Ahhh! ¡ahhh, qué lindo lo que me haces perra!
-¿Te gusta?
-Me vuelves loco.
Seguí mamándolo varios segundos más, retiré su pene de mi
boca y me lo pasé por toda la cara, mientras con voz apagada le decía:
-Si quieres seguir disfrutando de esto, debes dejarme ver
como la coges a mamá. De lo contrario, nunca más Melinda para ti, en cambio si
me dejas, te haré llegar al paraíso las veces que quieras y me lo pidas.
-Niña, me estás sobornando.
-No Paco, te estoy ofreciendo hacerte llegar al cielo como
mis mamadas, me excitaría mucho verlos, sin que ella se entere, obvio.
-Por tener tu cuerpo ardiendo hago lo que sea.
Le dí una mamada de verga como las mejores, cuando noté que
se corría, retiré su verga de mi boca…
-¿Cuándo tienes que verla?, otra pequeña mamadita.
-Mañana por la tarde.
-Ok, aquí escondidita estaré, ahora ven Paco, fóllame y
chúpame mucho.
Paco se amarró de mis caderas, abrió mis piernas, empezó a
besarme nuevamente la rajita hasta mi orgasmo, luego me clavó su pene de un solo
empujón dentro de mi coño, comenzó a embestirme, su pene entraba y salía
ardiendo, abracé sus grandiosas caderas, bajé mis manos y abrí sus gordotas
nalgas, enterré un dedo, luego dos en su ano.
-Melinda, chica, me vuelves loco con tus puterías.
Mientras me penetraba vigorosamente, saqué mis dedos y
sepulté el vibrador en su ano, y comencé a entrarlo y sacarlo, Paco deliraba de
placer.
-Ahhhh!!!, qué sabroso es coger con una yegua puta como tú,
ahhh!!!, eres una zorra.
Sentí como su semen caliente empezaba a escupir dentro de mi
coño mojado.
No paraba de gemir y de dar alaridos de placer.
Se quedó dentro mío, con el vibrador en su culo, hasta que su
pene quedó muerto, se sentó en la silla, se acomodó y volvió a besarme la
cachuchita hasta hacerme correr nuevamente.
Nos fuimos a su cama a descansar y a arreglar nuestro próximo
encuentro.
-Mañana tu madre llegará a las cinco de la tarde.
-Ok, a las cuatro treinta, tengo clase de matemáticas, pero
me vendré para aquí, no iré, no quiero perderme a mi madre cogiendo contigo.
-Te daré una sorpresa mañana.
-¿Si, cuál?
-No niña, no te lo diré, sino ya no será sorpresa, pero te
aseguro Melinda, que será una gran sorpresa…
CONTINUARÁ
Gracias a todos por sus correos y comentarios.
Quisiera que me digan si les interesa saber o si intuyen la
sorpresa que me dará Paco, les aseguro que es para alquilar balcones… Hasta la
próxima.
Un beso a todos.
Melinda.