[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ] [ SexShop ]
 Enlace Recomendado del día: [ Contactos Personales ]
 1,144,608 Miembros | 12,854 Autores | 54,290 Relatos | 2,389 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
VARIOS
 
 
SEXSHOP
RELATO HABLADO

Primero lo pruebo, luego lo escribo
TODORELATOS » RELATOS » EN LA MONTAñA
[ Cobro menos que el Equipo A. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 16-Mar-08 « Anterior | Siguiente » en Gays (6109 de 6573)

En la montaña

paterbond007
Accesos: 18,462
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 20 min. ]
 -   + 
Filial gay.- Una familia de pastores, un invierno crudo, costumbres que afectan a Abuelo, Padre e Hijos. Todos juntos, todos revueltos, en la montaña.(Con dibujos de Sean y Adam) Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

EN LA MONTAÑA

“Año de nieves, año de bienes”. Eso es lo que dice el abuelo cuando le da por la letanía de los refranes. Pues este año nos haremos ricos, porque me da en la nariz que va a caer una buena.

El cielo, aquí arriba en la montaña, es como una losa gris plomizo que amenaza con derrumbarse sobre mí. Las rachas de viento, cada vez más heladas, agitan mi flequillo pelirrojo. Tengo las manos embutidas en los bolsillos de mi pantalón de pana, pero la tela semeja un papel de fumar que deja traspasar todo el frio y algo más. Hasta los huevos los llevo encogidos, formando un gurruño con la polla aterida. Por si fuese poco, en estos meses que estoy fuera de casa he dado otro estirón, y las perneras de los pantalones me han quedado muy por encima de los tobillos. Todo esto es una mierda.

Las ovejas se huelen la tormenta. Todas están como apelotonadas, formando algo parecido a un ovillo de lana que se mueve como un mar inquieto. El perro se desgañita ladrando, pero hasta sus ojillos vivos parecen detenerse de vez en cuando en este cielo cada vez más oscuro. Perro viejo. Seguro que él sabe mucho de nevascos por estas cimas en el culo del mundo.

Doy un silbido y todos nos ponemos en marcha. Hoy he cortado antes de tiempo, porque si me descuido nos pillará la nieve en mitad del camino. Una oveja se atraviesa ante mí, despistada y boba como solo pueden ser las ovejas. La reconozco y casi juraría que ella también sabe lo que está cruzando en ese momento por mi magín, porque su mirada se torna despavorida y sale triscando para perderse entre el oleaje de sus hermanas.

Ahora estoy notando un calorcillo en la ingle. Junto a mi bolsillo comienza a rebullir la carne adormecida. Quizá esta noche...

En el aprisco los animales parecen suspirar aliviados. Hoy no han comido mucho, pero por lo menos se han librado de perderse bajo la tormenta. Todo está en orden. Mi mirada se desplaza de una oveja a otra. Quiero encontrarla “a ella”. La única que fue capaz de aguantar mi envergadura. El único coño en el que he podido meter mi nabo hasta las pelotas. Da lo mismo que sea una oveja. Estoy cansado de ser siempre el receptáculo, el agujero en el que otros se desahogan. Creo que ya tengo edad de meterla en caliente.

La dama en cuestión está arrinconada. Si fuese una persona diría que está escondiéndose de mí. Mejor dicho: de mi polla. ¿Tan mal lo pasaría la única vez que me la follé? Creo que después estuvo sangrando unos días, pero tampoco creo que fuese para tanto. Al fin y al cabo a mí me han metido cosas más grandes por el culo, y aquí estoy. Todavía no me he muerto. Y lo que es mejor: estoy tan acostumbrado que hasta me da gustito.

Avanzo apartando ovejas a diestro y siniestro. Tengo el pene latiéndome, y si no me follo algo esta noche creo que reventaré. Ni las ovejas parturientas tendrán tanta leche como tengo yo en los huevos en estos momentos.

Según me acerco voy desabotonándome la bragueta. Saco la polla y la sopeso con la mano abierta. Desde luego que poseo una señora polla. Un buen pollón. Incluso demasiado grande, según la opinión de Padre. Me auguró que tendría problemas para meterla, y no se ha equivocado. A la única hembra que me he tirado, ya me está huyendo como si la estuviese amenazando de muerte. Y no hay derecho. Vuelvo a pensar que en mi culo Padre siempre hizo lo que quiso. Hasta terminó metiéndome el brazo hasta el codo durante aquél largo invierno de hace dos años. Pero, claro, él quería que yo siempre estuviese dilatado, porque así ,en vez de pensar que era mi culo, se hacía ilusión que la estaba clavando en el coño de Madre.

Unos tanto y otros tan poco. Ya la tengo sujeta. Tengo que agarrarla con todas mis fuerzas, porque la mala puta se menea como una descosida. Intento apoyar la punta de mi verga en la puerta de su vagina. La oveja pega unos balidos que derretirían el corazón de cualquier persona; pero yo no soy persona en estos instantes. Yo soy una pura verga, un trozo enorme de carne palpitante que se muere por atravesar el coño de una hembra. Y lo hago. Y la oveja pasa de los balidos a los berridos, como si a la muy exagerada la estuviesen matando. Saco la polla chorreante de flujos y la vuelvo a meter de un empujón, sujetándome en la tupida lana de mi novia. El ruido que hace la muy puñetera ha puesto las lanas de punta a sus compañeras, que se han ido apartando, pegándose contra las lejanas paredes, y dejando un círculo en cuyo centro estamos solos los dos. Noto las pulsaciones de su vagina, totalmente dilatada, que circunda mi nabo como un anillo sangrante. Sigo con la follada, pero algo me detiene. Es un silbido lejano que me conozco muy bien: ¡Es Padre! Ha debido apretar el paso para estar conmigo esta noche. Seguramente mañana no habría podido llegar, con la nieve cubriendo todos estos montes.

Abro la puerta y me planto delante de la casa moviendo el farol. Los copos de nieve ya hace rato que caen. Algodón gélido que pronto formará un colchón de cristales albos. Otro silbido. Tres figuras encogidas dan la vuelta al recodo del camino. Tienen que esforzarse para luchar contra el viento. Cuelgo el farol de un gancho y corro hacia dentro de la casa, tras dejar bien cerrado el aprisco de los animales. La chimenea está preparada. Un chasquido y el pedernal chisporrotea. Una alegre llamarada ilumina el interior de la cabaña. Corro de aquí para allá intentando infructuosamente que todo está ordenado. El caldero con el agua ya está puesto. Las voces se oyen cercanas. Tres figuras. ¿Quién será el tercero? Padre, desde luego, es uno de ellos. El otro, por las trazas, debe ser el abuelo. Pero...¿y el tercero? Es casi tan alto como Padre, aunque mucho menos recio.

Sobre la mesa coloco un gran trozo de queso. Arrimo un puchero junto a la lumbre, rebosante de vino con especias. El pan lo tendremos que remojar con leche, porque ya está incomible.

- ¡Hijo! -la voz de Padre me sobresalta-¿Los animales están bien encerrados?- Esa es la forma de saludar que tiene mi padre.

- Si Padre. Todo está bien guardado.

- ¡Nene! -el Abuelo se limpia la nieve de la boca y me sonríe emocionado.

- ¡Abuelo! - en dos zancadas estoy junto a él. Lo abrazo y me doy cuenta de que ha menguado. Ya no es el enorme tiarrón que me desvirgó hace años.

- ¿No le dices nada a tu hermano? -otra vez suena la voz de mi padre con tonos renegones. Me vuelvo hacia la última figura que acaba de entrar. Es un muchacho alto y desgalichado. Apenas un adolescente de gaznate protuberante y rostro pálido. Cuando se quita la gorra brilla el oro de su pelo bajo la luz del farol.

- ¡Pero si es...! ¡Hermanito! - mi alegría es sincera por varios motivos.

- ¡Tete! - la voz de niño ya está dando paso a un medio vozarrón engallado.

Tres años son muchos. Sobre todo para dos hermanos que no se ven. Ambos hemos crecido, nos hemos desarrollado por todas partes (yo sobre todo) y casi no nos reconocemos uno al otro.

El que mi hermanito esté aquí, en las montañas, es signo de que ya he cubierto una etapa de mi vida. Ahora ya no soy el último mono, ya no soy el desagüe de esperma de los demás, ni el chico de los recados, ni el receptor de todos los capones que se pierdan. Por fín tendré a alguien que estará por debajo de mí. Y no solamente en sentido figurado...

La cena está siendo frugal. Los caminantes están cansados. Además, el vino caliente con especias también está haciendo su efecto. Mi hermano se lleva el primer capón de Padre por demorarse en preparar el baño de pies. Me regocijo íntimamente, y finjo que me preocupo por él. Le ayudo con el caldero y el barreño.

Antes de nada hay que cumplir con el ritual de sumisión. Ahora la vara de mando de la cabaña está en manos de Padre, así que me arrodillo ante él mientras saca su verga. El olor chotuno de semen y orín reconcentrado llega hasta mi nariz. Es un olor que me excita, y que hace que mi culo se dilate.

Es una simple lamida, una pequeña caricia con mi boca. Luego es el abuelo el que me presenta armas. Repito la mamada y ya está cumplido el trámite.

Luego es mi hermano el que tiene que tomarme la polla con su mano. Lo hace con rapidez, y yo la tengo totalmente dormida, por lo que apenas se da cuenta de lo que acaba de tocar con su mano.

Padre y Abuelo se quitan los pantalones. Las vergas penden entre los muslos velludos. La de Abuelo es muy larga, pero fina, extremadamente fina. La de Padre, sin embargo, tiene un grosor más que mediano, pero peca de corta...

Dudo sobre si desnudarme yo también, pero Padre se adelanta a mis pensamientos gruñéndome: ¿A qué esperas, muchacho? ¡Tú ya eres uno más de los adultos!

¡Uahuuuuuuu! - la cara debe habérseme iluminado. Seguro que el blanco de mi rostro tiene ahora el color de la amapola, haciendo juego con mis cabellos espesos. Voy a mi rincón y dejo caer la ropa. Ahora si que estoy excitado. Noto como la sierpe se endereza entre mis piernas. La sangre bombea desde mi corazón hasta mis testículos.Los tres quedan en silencio, mirándome con extrañeza. Tanto es así que quedo aturdido y repaso mi cuerpo por si hubiese en él algo extraño. Sin embargo, la mirada más rara es la de mi hermanito. Me está mirando con...horror. Veo mi imagen reflejada en el agua del barreño. Dos columnas musculosas entre las que pende un enorme garrote bamboleante. En su base, una gran mata de vello pelirrojo.

El pequeño nos lava por orden. Primero el Abuelo, luego Padre y el último yo. Al enjabonarme los testículos, mi polla parece la de un burro. Brilla el miedo en la mirada de mi hermano. En la punta del nabo todavía tengo costras dejadas por los flujos de la oveja.

Soy feliz. Estoy caliente bajo la frazada de mantas. La cabaña apenas iluminada por los rescoldos de la chimenea. El vino corriendo por mis venas y el esperma por mis pelotas. Hoy mojaré. ¡Claro que mojaré!. Esa es la costumbre, y la haré cumplir a rajatabla.

Miro a mi hermano mientras se abre los cachetes de las nalgas. Lo hace delante del abuelo, mostrándole el orificio de su culito virginal. El abuelo, desnudo, no está nada mal. Es una versión madura de mi padre. Su verga se prepara para enfilar el ano de su nieto pequeño.

Bajo las mantas del Abuelo, mi hermano está recibiendo la primera enculada de su vida. Su virginidad, por ley, debe ser disfrutada por el más viejo de la familia. Luego, por orden de categoría y de edad, pasará por todos los demás varones. Suerte tiene mi hermanito de que nuestra familia sea reducida. En mi caso no fue así. En mi “noche montañesa” pase por las vergas de más de siete rijosos varones. Entre Abuelo, Padre, Tios, Cuñado, Primos... Eso fue antes de que el alud se nos llevase por delante a casi todos.

Mi hermanito gime. La verga del abuelo, larga y fina, debe estar ya en su interior. Apenas será una molestia en su culito virgen. Seguro que Abuelo le ha preparado convenientemene, mojando su trasero con su lengua sabia, y embadurnándoselo con la manteca especial que sirve para dilatar. Recuerdo la manteca y me extremezco. En aquel otro invierno Padre gastó media jarra en mi culo. No tenía bastante con su polla, no tenía suficiente con meterme dos, tres, y hasta cuatro dedos, sino que siguió y siguió hasta meterme la mano entera, a pesar de mis aullidos. Y luego me dejó reposar unos cuantos días. Hasta que volvió con más ímpetu, y mis ruegos ya no eran tan sinceros, porque algo se había quebrando dentro de mí, y el rechazo inicial se iba convirtiendo en un deseo insano de querer más y más. Y la manteca me chorreaba entre los muslos. Y yo aguardaba en cuclillas sobre la mesa, con las nalgas ardiendo por la lumbre de la chimenea mientras fuera ululaba el viento, y Padre , con la mano cerrada formando punta, seguía untando sus dedos con manteca antes de acercarlos a mi agujero. Creí morir de dolor, y luego creí morir de morbo y placer. Notar su gruesa mano dentro de mí, con mi esfínter apretando su muñeca como una pulsera de carne, y el brazo reptando por mi intestino, mientras la boca de padre albergaba mi verga y su puño me follaba como una inmensa y velluda verga.

Me muero de ganas. Tengo un ansia enorme de meter la polla en algún sitio. Pero todavía queda un rato para que me llegue el turno. Oigo los jadeos de Abuelo. Creo que se está corriendo dentro de mi hermanito. Padre rebulle muy cerca de mí. Sé que también está esperando su turno. Aparta la frazada de ropa y queda despatarrado, totalmente desnudo. La gruesa y corta verga apuntando hacia el techo. Los cojones colgando como boniatos. Mi hermanito se hace el remolón, pero Padre lo sujeta de un tobillo y tira hacia él. La verga del Abuelo sale con un lánguido ¡flooooop! Del culo recién desvirgado, y mi hermano adolescente no tiene más remedio que trepar sobre el vientre de Padre.

Padre es casi siempre poco comunicativo. En circunstancias normales jamás nos da un beso; pero cuando está en celo cambia totalmente. Entonces se transforma en una ventosa que pega sus labios a todo lo que tiene por delante. Sujeta del pelo a mi hermano y lo atrae hacia sí. Veo los labios de Padre, veo sus dientes, pegados contra la boca del pequeño. Lo está mordiendo. Las lenguas se entrecruzan, las salivas se encharcan pasando de una cavidad a otra como si fuesen vasos comunicantes. Las manazas de Padre están golpeando las nalgas desnudas de mi hermanito. Veo el tarro de la manteca. Unos segundos después, el culo de mi hermano ya está embadurnado, y la polla de Padre parece un muñeco de nieve. Aún así, el nene se resiste a sentarse sobre esa estaca, pequeña en longitud pero temible en cuanto grosor. El nene no quiere. Se queja antes de tener motivo. Padre le cruza la cara de un guantazo. La cabeza de mi hermano parece un pim-pam-pum. Hostia va, hostia viene. Finalmente se relaja entre sollozos. Papá le hace inclinarse hacia él, mientras con manos sabias le abre las nalgas. Luego empuja firmemente...y el alarido se oye hasta en el valle. Padre sella la boca de mi hermano con sus labios gruesos. Lo peor ya ha pasado. La dilatación ya está hecha. Remiten los lloros y comienza la cabalgada. El ojete está dado de sí, pero realmente no es para tanto, porque la verga no tiene dimensiones colosales. Padre goza enculando al nene mientras le muerde los labios, mientras le hurga con la lengua hasta las amígdalas. Mi hermanito brinca cada vez con más gusto. Se restaña las lágrimas, porque ya no proceden, y comienza a masturbarse. Incluso cierra los ojitos, como si el placer ya superase al dolor.

Con sus brazos musculosos, Padre toma a mi hermano de las caderas y le da una vuelta completa, para que quede ensartado dándole la espalda. Las gordas pelotas de Padre asoman bajo las nalgas del nene, mientras la verga adolescente es manipulada por el adulto.

Padre no aguanta mucho, esa es una ventaja para quien es follado por él. Pronto le da una orden para que descabalgue, y que se ponga entre sus muslos, terminando de masturbarlo con la mano, mientras acerca el rostro hasta el nabo paterno. Así lo hace en chico. Y pronto sale un chorro de lefa que pega en sus labios, mientras Padre le gruñe:

- ¡No se te ocurra apartarte! ¡Todo a la boca!

Obedece el infante adolescente. Apenas le cabe en la boca toda la leche que Padre ha derramado. Trepa sobre el cuerpo paterno y junta los labios con los que le esperan. El esperma es traspasado a la boca del que lo emitió. Lo tragan lentamente a duo. Los cuerpos suben y bajan cansados por el polvo que acaban de pegar. Desde mi cama tengo la visión del ano de mi hermanito, dilatado y enrojecido. Mi erección es poderosa. No creo poder aguantar mucho más.

Por suerte Padre quiere dormir. Aparta de malas maneras a mi hermano, y le dice que venga conmigo.

- ¡Hurra, mi turno!

- Tete...¿no me harás nada ahora , verdad? -la voz del angelito me da pena. Casi me convence...pero no.

- No te preocupes, nene. Verás como ni te enteras.

- ¿Qué no me entero? Pero...¿Tú sabes lo que tienes aquí? -y al decir ésto me señala la vergota que ya no puede aguantar más.

- Tranquilo. Verás como el tete se las arregla para que lo pases bien. Solamente un poquito de daño al principio...y ya está. ¿No ves que la tengo igual de gorda que Padre?

- Si, sí. Igual de gorda, sí. Pero larga....¡menudo monstruo que tienes entre las piernas!

Tengo una idea genial. Me levanto y le acerco a mi hermano lo que queda del vino. El no ha bebido nunca, así que imagino que algún efecto le hará. Además yo no pienso entrar a saco en su culito. Tengo algunas ideas para poner en práctica.

Lo primero que hago es darle un morreo de órdago. La verdad es que siempre nos gustó besarnos, desde pequeños.

Recuerdo con cariño la miniatura de pene que tenía entonces, y que desaparecía totalmente en mi boca cuando se lo chupaba. Ahora quiero repetir la operación y lo atraigo hacia mí. Consigo embutirme todo su salchichón en la boca, pero no me ha resultado tan facil como antaño.

También sé, por experiencia, que a mi hermanito le gusta sobremanera chupar vergas. Tendré que calentar los motores de alguna forma, porque a palo seco estoy viendo que no querrá ceder.

Tras el tercer trago de vino, sus ojos chispean brillantes. Sus besos se hacen más profundos. Incluso se entretiene mordisqueando mis tetillas. Sigue hacia abajo en busca de mi monstruo; pero lo detengo porque no quiero que se ponga solo ante el peligro. Hago que se suba sobre mí, hasta que alcanzamos la postura del sesenta y nueve. Sus pelotas y su verga cuelgan sobre mi cara. Les pego unos lametones, mientras noto que , por abajo, el monstruo ya le da menos miedo a mi hermanito. Su boca ha entrado en contacto con mi polla. Tiene que desencajar las mandíbulas para poder albergar la bellota en su boca. La lengua recorre el glande, los labios lo sorben. Su mano sube y baja apartando la piel .

No hay nada igual a tener en la boca el nabo de un hombre. Creo que nuestro cerebro tiene, desde tiempos ancestrales, una parte que le exige disfrutar de un buen cipote en sus papilas gustativas. Lamerlo, sorberlo, incluso mordisquearlo, es algo que nos llama, que nos apetece, que nos sube la líbido y nos hace experimentar un morbo más allá de toda lógica. Y esta necesidad de transformarnos en chupópteros, no es exclusiva de los hombres que desean a los hombres, sino de muchos hombres que desean a las mujeres.

Mi hermano se relaja. El tener mi ciruelo en su boca le ha proporcionado recuerdos de su infancia, cuando yo comenzaba a experimentar erecciones y él era un mocoso de mirada despierta y boca grande. Noches y noches de compartir cama, antes de que a mí me enviasen a la montaña, hicieron que conociésemos cada centímetro de nuestra piel, cada pliegue, cada orificio. Por entonces nuestros culos eran vírgenes, y nos gustaba juguetear a perforarlos con nuestras lenguas convertidas en punzones, o incluso a aventurar algún dedo curiosón por las portañuelas angostas y jamás traspasadas.

Aplico mis caricias al ano dolorido de mi hermano pequeño. Mi saliva es un bálsamo que aplico con ayuda de mi lengua cálida. Se extremece. Las yemas de mis dedos palpan los bordes del esfinter violado, e incluso me atrevo a insinuar una caricia en su interior.

Como contrapartida, el nene replica en mí las caricias que recibe, con la particularidad que mi puerta trasera ya no es portañuela, sino portalón de posada. Padre ya se encargó de dejarme flexible para los restos. En la parte exterior de mis analidades, una especie de arandela de carne forma como unos morritos burlones que incitan a traspasarlos.Y el chico atiende la llamada y se siente Alí Babá ante la cueva del tesoro. No le hace falta gritar “¡Abrete, sésamo!” porque con el mínimo roce de sus dedos la gruta se abre de par en par, dejando entrar, no solamente un dedo solitario, sino la mano entera y algo más.

Sus manipulaciones me arrastran hasta el borde del abismo. Detengo su avance cuando ya el codo roza mis testículos, cuando todo el antebrazo está aprisionado dentro de mis tripas. Mi vergón late peligrosamente, amenazando con arrojar antes de tiempo el fuego líquido de las pelotas. Pido un compás de espera y lo obtengo. Incluso mi chiquitín queda aletargado mientras yo recupero mi respiración y consigo llevar mi esfínter a sus marcas.

El cuerpo de mi hermano yace ante mí sumido en el letargo. Me inclino sobre él y someto su raja a unas sabias manipulaciones que terminan con el consabido aleteo de mi lengua en la entrada de su culito. Suspira el bello durmiente, y parece que no se resiste a que siga con mis juegos. Lo hago girarse. Admiro su hermosura adolescente. Le hago reclinarse para poder palpar a mano llena su sexo endurecido. El se deja hacer, como el corderito que es consciente que su destino es quedar prendido entre las zarzas del deseo.

Levanta el muslo para que mi mano tenga acceso a todas sus maravillas. Una mano lánguida colocada sobre mi hombro me indica que la plaza está tomada, que la resistencia será nula, y que las puertas de la ciudad caerán al mínimo empuje de mi gran ariete.

Y el momento álgido llega. Mi hermano aprieta los dientes viendo llegar hasta la entrada de su olla el grueso nabo que tendrá que cocinar en breves instantes. Pero confía en que el recipiente tiene el calor adecuado, y que a poco que se esfuerce cabrá dentro todo el vegetal. Hasta detecto en su mirada como un ansia de ser penetrado, de ser atravesado, de ser ensartado como un gorrinillo por el espetón de asar.

Por el rabillo del ojo observo que Padre y Abuelo ya no duermen. Han estado observando nuestras idas y venidas, y ahora son ellos lo que quieren recordar viejos tiempos de rezofilamientos incestuosos. Están encabritados, y parece que no les molestan los achaques de la edad. Se comen mutuamente las pollas endurecidas, y parecen prepararse para algo que me huele a orgía.

A pesar de su preparación mental, mi hermano gime en tonos no muy placenteros. Soy consciente de que la punta de mi verga excede de los tamaños normales. Teniendo en cuenta que el resto de la polla es muy gruesa, la “sombrilla” amoratada que forma el glande, todavía sobresale más, con lo que el trabajo de meter ese cabezón se presenta bastante complicado. Aprovechando que estamos frente a frente, me inclino todo lo que puedo sobre mi hermanito y con una mano pellizco sus pezones, mientras con la otra junto nuestras cabezas para morder sus labios apasionadamene. Aprieto los dientes contra la carne mórbida, hasta que la sangre salta y embadurna nuestras barbillas. A la par, embisto con mi ariete el agujero anal, penetrando salvajemente (ya que no hay otra forma de hacerlo) en el interior del intestino de mi hermanito.

El nene suelta un berrido por partida doble. No sabe si quejarse más por mi dentellada en sus morros adolescentes, o por la gran pija que está alojada, y ensangrentada, en lo más profundo de su culo. Sigo la follada impertérrito. Las lágrimas caen a raudales del rostro semi-infantil, y tengo que utilizar toda mi fuerza para impedir que se aparte y salga corriendo.

Aprovechando un momento de calma le hago ponerse en cuatro patas. Con un gesto de mi cabeza hago ver a Padre que necesito de su ayuda. Algo debe distraer a mi hermanito mientras sigo con la misión de dejarle el culo preparado para el futuro. Mi padre, aunque algo lento, termina comprendiendo lo que quiero, y acariciando su verga se pone delante de la cara de su hijo pequeño ofreciéndole el caramelo con el que debe entretenerse.

Chupetea unos instantes el mamoncete, pero la verga paterna es demasiado corta para todo lo que necesita hoy el adolescente, por lo que Abuelo toma el lugar ante la boca del nene y embute su largo falo hasta el esófago de su nieto.

Noto un terremoto en mis testículos. La lefa sale a chorros de mi verga y sirve de pomada suavizante para el culo dolorido de mi hermano. Rebosa el intestino y sale a oleadas enrojecidas al apartar mi polla con un ruido de succión. El nene se busca la herida palpando su ano, pero solamente consigue embadurnarse de esperma la palma de la mano. Ya más tranquilo, me gasta la broma de restregar mi propia leche por mi cara, pero corro tras él y le obligo a que me la limpie a base de lametones. Terminamos morreando entre risas, bajo la complaciente mirada de Padre y Abuelo.

Tras una frugal colación, vuelven los ímpetus rijosos a revolotear por nuestra entrepierna. Ahora, una vez terminados todos los ritos, llega el tiempo en el que es el menor el que dirije la fiesta. Como no podía ser de otra manera, yo, que soy el culpable del mayor dolor que ha experimentado, tengo que ser el primero en caer en sus garras.

Colocado a estilo perro, espero para ver hasta donde llega la imaginación de mi hermano. No tarda mucho en decidirse. Rebusca en las alforjas hasta que encuentra un chorizo enorme, de los que se preparan en nuestra casa del valle cuando la matanza. El embutido viene a tener el grosor de mi polla, y una longitud que no es menor a 35 cms. Tiene los abultamientos típicos de grasa, por lo que la superficie es rugosa, brillante y lúbrica.

Relajo mi esfínter y pronto desaparece una gran porción del comestible dentro de mi cuerpo. Es una sensación...extraña, placentera, un poquitín dolorosa y muy, muy morbosa.

Pero ahí no acaba la cosa. Envalentonado porque sabe que durante unos minutos sus deseos serán órdenes para nosotros, mi hermano hace que Padre (que ya se temía algo) se coloque de la misma guisa que yo, aunque dándome la espalda. Con una generosa cantidad de la manteca “especial” que tenemos para estos menesteres, el pequeñajo embadurna el ano paterno, así como el otro extremo del embutido. Hacer recular a Padre hasta que la punta del chorizo roza con su esfínter, y, como si de un borrico se tratase, lo azuza para que siga hacia atrás, mientras con la mano libre sujeta la polla artificial hasta que toma contacto, y se introduce, dentro de la carne de nuestro padre.

Suda el autor de nuestros días. Yo me sonrío, porque no es lo mismo joder que que te jodan, y empujo hacia atrás para que la verga comestible entre un poco más dentro del ano paterno.

Centímetro a centímetro, todo el chorizo ha desaparecido en nuestro interior. Bien es verdad que la mayor parte la albego yo en mis tripas, pero Padre también se ha llevado un buen trozo. El nene hace que juntemos nuestras nalgas, que nos restreguemos uno contra el otro, y que comencemos un vaivén de metisaca en ambos sentidos. Para suavizar la cosa, Abuelo nos masturba por turnos. La piel del chorizo brilla jugosa. Nuestras pollas derraman grandes cantidades de precum, y mi hermanito, como si fuese el mandamás de los esclavos de las galeras de Ben-Hur, golpea una cacerola para que nos empalemos al ritmo que nos marca.

Durante un tiempo solamente se oye el ruido afanoso de nuestras respiraciones. Fuera las ovejas balan en el aprisco. A lo lejos, el lobo trota levantando nubes de nieve polvorienta. Nuestro perro dormita junto a la lumbre, abriendo un ojo para no perderse los extraños juegos de sus amos.

Finalmente la tortura placentera acaba. Mi hermanito, quién sabe por qué, tiene una querencia especial contra Padre, y le hace tumbarse patas arriba, con el culo chorreando aceite de chorizo y manteca suavizante, para poder comérselo con hambruna adolescente.

Por aprovechar el momento, me coloco en cuclillas sobre el rostro paterno, y ofrezco a su boca el sabor de mi retaguardia. Padre acepta, porque seguramente quiere paladear los mismos sabores que su hijo pequeño está catando entre sus nalgas. Su lengua repasa mi regata boñiguera, y con toda seguridad detecta en ella un riquísimo sabor a charcutería selecta. Mi mano retuerce un pezón en su pecho velludo, y mis pelotas cuelgan rozando sus cejas.

Llega el momento crucial de la corrida multitudinaria. Ahora es una guerra sin cuartel. Padre sigue acostado, ofrecido por una vez en su vida al capricho de sus hijos. Abuelo revolotea de uno a otro, tocando, sobando, chupando y sorbiendo todo lo que le apetece. Las vergas ya están a punto. El esperma se está batiendo en nuestros cojones como la nata montada.

Es mi polla la primera que quiere penetrar por un orificio de Padre, así que me esparranco sobre su pecho y le endilgo la verga en su garganta. Tose. Se ahoga, pero le obligo a aguantar. Pronto se acostumbra y me follo se boca con un deleite sin igual. Le estoy dando una ración de su propia medicina. Mi hermano, allá atrás, lo tiene bien agarrado por la pija, le restriega la polla por la rabadilla mientras le mete dos, tres, y hasta cuatro dedos por su culo choricero. No tardamos en soltar los surtidores. Unos, como yo, en el interior de la garganta paterna. Otros, como Padre, elevando en el aire bonitos surtidores de lefa hirviente. Mi tete pequeño, que ha cambiado los dedos por su propia polla, prefiere dar una última enculada y correrse bien corrido en el intestino del macho violentado.

Y Abuelo, de pie junto a nosotros, eyacula aspergiando sus níveas gotas de semen, llenándonos de arriba abajo con su lefa fecunda, mientras recita en un postrer gemido señalando nuestros rostros chorreantes de su esperma:

- “ Año de nieves, año de bienes”.

Y todos caemos rendidos sobre nuestros lechos, dentro de la cálida cabaña, aquí, en la montaña.

TodoRelatos.com © paterbond007

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (10)
\"Ver  Perfil y más Relatos de paterbond007
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 

Sexo en Vivo
 
 
SEXO

WebCam de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

Galerías Porno
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
     
 
Emotik: Nicks y Emoticonos para MSN Messenger
InverForo: Comunidad sobre Dinero y Vivienda
ForoCoches: El mayor foro de coches en Internet
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.42 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto