MI HIJO Y LA PANDILLA – FIN DE SEMANA EN LA PLAYA
Ha pasado bastante tiempo desde que publique mi último
relato, "La tía Carmen quiere más (4)", el motivo es que a los
pocos días de su publicación Carmen murió y no me quedaron ganas de seguir con
la saga, quizás más adelante pueda volver con aquellos relatos de mi
adolescencia.
El motivo de estar nuevamente aquí es que hace unos días
recibí un correo de una mujer que se hace llamar Sonia, en el que me adjuntaba
un archivo con un relato curioso, pidiéndome que dado que su español no es muy
bueno, lo arreglase y lo publicase. Yo no creo ser la persona más adecuada, no
soy de letras, pero para no faltar a su confianza, he tratado de presentarlo lo
mejor posible.
Me pareció un poco largo y prolijo. Lo he dividido en dos
partes, eso sí, para hacerlo de más fácil lectura, pero sin quitarle nada de su
espíritu y vivencias.
Sin más este es su relato:
Me llamo Sonia, soy finlandesa y tengo 38 años, casada y
madre feliz de un chico de 14 años, ahora ya quince, llamado Peter.
Mi marido trabaja en una empresa multinacional, y está
obligado por su trabajo a viajar bastante. Le trasladaron a una de las oficinas
de España, con sede en Valencia, hace ya 11 años y con él vinimos el resto de la
familia.
Considero que nos hemos integrado muy bien, y aunque al
principio nos resultó algo más difícil, en estos momentos somos muy felices y
estamos encantados de estar en España.
Vivimos en Valencia y tenemos alquilado un chalet en una
urbanización cerca de una playa nudista en el término de Gandia, donde pasamos
los fines de semana y las temporadas de verano, una vez que Peter termina sus
clases.
Como habréis deducido, somos una familia naturista, con una
mentalidad muy abierta en todos los aspectos, sobre todo religión y sexo. Aunque
pueda sorprender, no nos ha creado especiales problemas de convivencia, habiendo
llegado a hacer pocos pero buenos amigos.
Mi hijo estudia en un colegio privado, laico, sin ideología
según dicen mis conocidos. Saca muy buenas notas y tiene un grupito de amigos,
la pandilla como él dice, que se llevan muy bien, hacen mucho deporte, tenis,
padel y baloncesto, son muy buenos estudiantes, sanos y cariñosos.
Debo decir que las nuestras relaciones con Peter son
extraordinariamente abiertas en todos los aspectos. En casa siempre se ha
hablado de todos los temas sin tapujos, incluidos los temas de sexo.
Desde hace aproximadamente un año esta relación tomó un cariz
mucho más abierto y se ha desarrollado de una forma muy natural y completa,
hasta el punto de que en estos momentos disfrutamos del sexo los tres, de una
forma muy placentera.
Como digo todo comenzó hace menos de un año de forma casual.
Mi marido estaba de viaje por un par de días y una tarde subía yo la ropa
planchada de Peter a su habitación y entré sin avisar, la sorpresa que me llevé
fue mayúscula, en la cama, Peter, medio desnudo, se estaba masturbando y pude
ver que en su mano tenía una de mis bragas usadas.
De repente me encontré dentro del cuarto, bastante cortada,
con la ropa que traía por el suelo, pidiéndole disculpas a mi hijo por no haber
llamado a la puerta y tratando de recoger la ropa que se me había caído. Si
grande había sido mi sorpresa, la de Peter no era menor, nunca le había visto
tan sonrojado y nervioso, repitiendo que lo sentía muchísimo y pidiendo perdón.
Aquello me preocupó, ya que no quería que se sintiese
culpable por masturbarse, me parecía una cosa de lo más natural y no quise que
lo entendiese de otra forma. Este pensamiento me hizo reaccionar de una forma,
que hoy, a mí entender, fue muy racional. Me senté a su lado en la cama y
mirándole a los ojos directamente, de la forma más cariñosa que pude le dije que
no se preocupara de nada, que aquello era de lo más natural y no debía pedir
disculpas por ello.
Peter seguía con mis bragas en la mano y pasaba su mirada de
las bragas a mí como queriéndose explicar. Tranquilamente le pregunté si mis
bragas le excitaban y rápidamente movió la cabeza varias veces de modo
afirmativo. Le pregunté el porqué y me dijo que olían muy bien y que cerrando
los ojos me veía en la playa, desnuda, y eso le gustaba muchísimo.
Yo seguía muy sorprendida, le dije que en la playa había
otras mujeres mucho más jóvenes y bonitas que yo, pero me cortó rápidamente y me
confesó que yo era la más guapa y la que estaba más buena. Nada mas decir esto
volvió a sonrojarse y me dijo: lo siento mamá, es que estoy muy nervioso y no sé
lo que digo, pero es verdad te quiero mucho y para mí eres la mejor.
Quizás sea el momento de indicar que a pesar de mi edad tengo
un cuerpo muy cuidado y por lo que me dicen resulto espectacular. Por otra parte
sin ser una exhibicionista me gusta vestir a la moda, con minifaldas, vestidos y
pantalones ceñidos, escotes generosos, quizás demasiado provocativa; a mi marido
le gusta que vaya así y por lo visto a mi hijo también, con lo que yo voy muy
feliz.
Tengo que decir que la confesión de mi hijo me halagó y
cariñosamente le pasé un brazo por los hombros atrayéndolo hacía mí, mientras
que con la otra mano cogí su precioso pene y lo acaricie suavemente, al tiempo
que le decía que debía acabar lo que había empezado, ya que no era bueno
quedarse así. Le pregunté si me dejaba ayudarle y abriendo los ojos sorprendido
afirmó con la cabeza.
Suavemente empecé a masturbarlo al tiempo que le preguntaba
que era lo que más le gustaba cuando me veía desnuda, rápidamente me contestó.-
El culo, las tetas, todo. Aquella salida tan sincera me hizo gracia y sin mas le
pregunté si le gustaría verlos ahora, su respuesta fue tan rápida como clara.-
Puedo?, Ahora?. Le dije que sí; me levanté y con la mayor picardía de la que fui
capaz me fui desvistiendo, mientras aquellos ojitos parecían querer salirse de
las orbitas.
Me giré y apartándome ligeramente bajé el tanga, inclinándome
hacía delante con las piernas estiradas, con lo que podría apreciar mi pompis y
algo de mi vulva. La mano se movía frenéticamente, hasta el punto que tuve que
decirle que se tranquilizase y disfrutase del momento, que no teníamos ninguna
prisa.
- ¿Te gustaría tocarlo o besarlo?, espera, me acerco y haces
lo que quieras.
Avancé hacia él lo más insinuante que pude y puse mi culo en
su cara, frotándolo suavemente contra su nariz, aquello fue demasiado para Peter
y eyaculó directamente sobre mis piernas.
Al mirarle a la cara y ver su expresión tan desencajada me
senté junto a él y lo abracé poniendo su cabeza entre mis pechos, besándolo
dulcemente, al tiempo que le decía que había sido muy bonito para mí y que
siempre que quisiera que le ayudase no tenía mas que decírmelo.
Cuando me llamó mi marido y le conté lo sucedido, me felicitó
por haber sabido llevar el asunto con tanta prudencia. Estábamos de acuerdo en
que había llegado el momento en que nuestro hijo necesitaba nuestro consejo y
ejemplo para que, en el futuro, tuviese una vida sexual satisfactoria y sin
traumas. Animada por esta conversación, aquella noche, después de cenar, fui a
su dormitorio y repetimos su masturbación, relajados y felices.
A partir de ese día, sin forzar situaciones, y advirtiéndole
de la debida discreción que debía mantener en el colegio y con los amigos, dado
el puritanismo que nos rodeaba, fuimos incorporándolo a nuestros juegos sexuales
a medida que su curiosidad lo fue demandándolo y en los meses transcurridos
desde entonces, se ha convertido en un excelente amante, lo que me permite tener
sesiones de sexo maravilloso con mis dos hombres, o bien con Peter a solas,
cuando su padre está de viaje.
A principios del pasado mes de junio Peter me preguntó si
podía celebrar la fiesta de su cumpleaños el siguiente fin de semana. Le recordé
que su padre estaba de viaje en Estados Unidos y no volvía hasta el día 20 y que
suponía que a él le gustaría estar presente. Peter insistió que quería que lo
celebrásemos solo con la pandilla en la casa de la playa y no podía retrasarse,
ya que uno de sus amigos, Iván, marchaba de viaje, una vez terminado el colegio,
la semana siguiente.
Los tres amigos de mi hijo que formaban la pandilla son
Quique, un mes mayor que Peter, alto, guapo y muy buen estudiante, Iván, dos
meses menor que Peter, tímido, retraído y como todos ellos buen estudiante, el
más pequeño Jaime, era también el más bajito, pero ocurrente, simpático y con
mucho carisma, se ganaba a la gente con facilidad por su espontaneidad. Todos
ellos muy buenos compañeros, se conocían desde que empezaron en el colegio y
eran como una piña, aplicados, deportistas y muy formales.
Cuando se lo comentamos a mi marido, habló con Peter durante
un buen rato, y finalmente nos deseó que pasásemos un fin de semana muy feliz,
indicándonos que a su vuelta lo celebraríamos los tres. Aquella noche hablamos
de los preparativos para la fiesta y Peter se mostró tan ilusionado y cariñoso,
que se acostó conmigo e hicimos el amor con verdadera dedicación.
Una vez hubimos terminado y mientras nos relajábamos sobre la
cama, me preguntó si podía pedirme una cosa, me sorprendió un poco, pero
naturalmente le dije que si. Muy serio empezó diciendo que yo era una madre
maravillosa y que él tenía mucha suerte de haber aprendido muchas cosas que sus
amigos conocían pero de las que querían saber más, con relación al sexo, aclaró
a continuación.
- No veo que sea un problema, ya lo aprenderán, quizás sus
padres o los profesores les ayudaran, dije sin darle mayor importancia. Peter se
revolvió y me dijo.- Mamá tu sabes que eso no es así, aquí nadie quiere hablar
de esas cosas y menos los padres. Como ellos ven que yo se muchas cosas y ellos
te admiran, he pensado que tu les podrías ayudar.
Tuve que decirle que eso era muy delicado y que aunque no
tenía ningún inconveniente en hacerlo si a Seppo, mi marido, le parecía bien,
podría llegar a ser un escándalo si alguno de sus padres o profesores llegaba a
saberlo. Me aseguró, primero que a su padre no solo no le importaba, sino que le
había animado a hacerlo, cuando habían hablado antes por teléfono, y segundo,
ninguno de la pandilla diría ni una sola palabra de lo que pasara.
Se habían juramentado para mantener el silencio sobre lo que
hiciéramos aquel fin de semana. A medida que iba hablando debo confesar que en
mi interior empecé a sentir un cosquilleo nervioso, que se tradujo en una
aceptación tácita de su propuesta. Peter quería que me vistiese muy sexy.
Prácticamente habían terminado el curso, solo les faltaba
examinarse de una asignatura y el viernes, solo tenían un estudio por la tarde
que se lo podían saltar. Así las cosas, quedamos en que yo les recogería después
de la comida, hacía las dos y media en la puerta del colegio, tenían que traer
en sus mochilas todo lo necesario para pasar el fin de semana.
El viernes por la mañana, compré las cosas que necesitaba y
fui a la peluquería. Me peiné, me hice depilar, la pedicura, me arreglaron el
vello del pubis, y me maquillaron muy ligeramente. Cuando me cambiaba en casa
para ir a recogerlos, al mirarme en el espejo desnuda me sentí muy satisfecha de
lo que veía, estaba realmente esplendida. La pandilla estaría orgullosa de mí.
Siguiendo las instrucciones de Peter me vestí muy sexy, un
conjunto de sujetador muy abierto con un tanga, hilo dental, a juego, con
transparencias en rojo y negro, por encima una minifalda, atrevidamente corta y
un top bien escotado, que me dejaba el ombligo al aire. Me vi tan provocativa
que tuve que ponerme una camisa de mi marido por encima. Me calcé unas sandalias
de tacón, cómodas, y después de cargar el todo-terreno salí a buscar a mis
chicos.
Por la mañana habían tenido una fiesta con motivo del fin de
curso y allí estaban, en la puerta, con su uniforme, pantalón gris, jersey
granate, camisa y corbata. Pusieron sus mochilas en la parte de atrás, y se
sentaron, Jaime delante, Peter detrás de mi, Iván en el centro y Quique a su
derecha. Después de los saludos y besos de rigor, arrancamos con dirección a la
casa de la playa. Noté que me miraban con mucha atención y veía sus ojos muy
risueños con una media sonrisa de aprobación que halagó mi vanidad y me hizo muy
feliz y atrevida.
El viaje se nos hizo muy corto ya que estaban comentando las
cosas más divertidas de la fiesta de aquella mañana y cuando quisimos darnos
cuenta estábamos a la puerta de casa. Metimos el coche en el garaje, descargamos
las cosas y distribuimos las habitaciones para dormir.
El chalet es de una planta, con un gran salón, dividido en
tres ambientes, el salón propiamente dicho, un rincón con una mesa para juegos y
un comedor con una mesa muy amplia. Después está la cocina, desde donde se salía
a un porche cubierto, con una gran mesa y sillones de madera, y un poco más
abajo estaba la piscina, con tumbonas alrededor. A continuación de la cocina
están, los cuatro dormitorios, dos de ellos que los ocupamos el matrimonio y
Peter, con sus baños incorporados y otros dos para invitados con dos camas
individuales cada uno. Hay otro baño enfrente y la puerta de entrada al garaje
desde la casa, al fondo del todo.
Los chicos decidieron dormir en los dos dormitorios, Quique y
Peter en uno y Jaime e Iván en el otro. Una vez dejaron las cosas, les dije que
se pusieran los bañadores y aprovechasen para ir a la playa, en tanto que yo
arreglaba la casa, guardando las cosas que había traído para la comida. Ellos
querían que fuésemos todos juntos pero les convencí para que tomaran las
toallas, las palas y un balón y se fuesen a la playa, no sin antes hacer unas
risas al recordarles que se trataba de una playa nudista y por lo tanto tenían
que comportarse como tales. Para los tres chavales era la primera vez.
En una hora lo tenía todo listo. Aun no eran las cinco, hacía
una tarde esplendida de sol, así que desnuda como estaba me puse una bata y salí
a la piscina a tomar un baño y ponerme al sol. La casa era la última de la calle
y estaba rodeada de un seto alto y tupido que nos aislaba de miradas
indiscretas.
Poco antes de las siete los chicos volvieron a casa, venían
pletóricos, lo habían pasado muy bien. Me puse la bata y salí a su encuentro.
- ¡¡¡Mamá, ha sido estupendo, tenías que haberles visto,
estaban cortados y eso que había poca gente. Hemos visto a Amparín, no veas como
se han puesto, han tenido que salir corriendo al agua, se conoce que les ha
afectado mucho!!!. Peter estaba feliz, se lo estaba pasando muy bien con los
pudores de sus compañeros. Amparín es una vecina del chalet de al lado. Con sus
28 años es una ejecutiva brillante, liberal, muy independiente, un encanto de
mujer, guapa y con carácter.
Siguieron contándome cosas de la playa, pero les dije que ya
hablaríamos, a las siete y media los quería duchados y listos en el salón, con
las camas hechas, dispuestos para empezar a aclarar sus dudas.
Me duché, tenía serias dudas de que ponerme, finalmente pensé
que la minifalda y el top darían mucho juego y opté con ponerme la misma ropa
con la que me vieron por la mañana. Hablé aparte con Peter y le dije que ellos
podían salir con bañador.
A las siete y medía estaba todos sentados en el salón, yo en
un sofá y enfrente la pandilla al completo, dando buena cuenta de unos
sándwiches que había preparado, con alguna coca cola y refrescos de naranja.
Aproveché la oportunidad para observar como estaba el ambiente, con la excusa de
repartir los sándwiches y las bebidas, me incliné sobre la mesita de centro por
delante mostrándoles una buena ración de tetas y luego serví las bebidas
girándome de forma que igualmente pudieran observar el principio de mis nalgas.
Ver aquellos ojos tan agradecidos espoleó mi vanidad y no tuve la menor duda de
que iba a ser una tarde inolvidable.
Mientras comíamos, jugué con mis piernas abriéndolas y
cerrándolas disimuladamente, sin que ellos perdieran ni una imagen de mi tanga
transparente y excitante. Me dirigí a ellos con una voz que quiso ser muy
sensual, lo cual unido a mi acento nórdico lo conseguía sin duda.
- Peter me ha puesto en un compromiso, ya que me ha pedido
que aclare algunas dudas que tenéis respecto a temas delicados y yo no sé si
sabré estar a la altura.
- Seguro que sí Sonia, por lo que nos ha dicho Peter puedes
explicarnos todo muy bien y muy claro - me dijo Jaime.
- Entonces adelante con vuestras dudas, ¿Quién empieza?
- Mamá, Iván quería saber si las mujeres también os ponéis
calientes cuando veis a los hombres y os acarician, es tan tonto que no se
atreve a hablar.
- Iván puedes preguntarme lo que quieras, ya hemos dicho
antes que estamos entre amigos. Pues sí, las mujeres también nos calentamos
cuando vemos chicos que nos gustan y mucho más si nos acarician.
- Sonia, ¿qué es lo que más os gusta que os hagan?, Iván se
empezaba a soltar.
- Yo no puedo hablar por todas las mujeres, pero en general
nos gusta que nos besen, que nos acaricien. A mi me encanta que me besen en la
boca, me pone muy caliente, también que me besen y mordisqueen el cuello, justo
debajo de las orejas y sobre todo, los pezones. Si me lo hacen bien me derrito,
y claro, cuando ya estoy muy a punto, me gusta que me acaricien el clítoris, eso
ya es el sumum. ¿No se lo habéis hecho nunca a ninguna chica?
- Yo si, dijo Quique, no todo eso, no me dejó, pero no lo
debí hacer muy bien porque no quiso volver a salir más.
- ¿Queréis intentarlo conmigo y yo os digo si lo hacéis bien
o mal y lo corregimos?- Mi sugerencia pareció encantarles y todos dijeron que
si, que era muy "guay". – Entonces, dije yo, si os parece Peter y yo vamos a
hacerlo y después vosotros tratáis de hacerlo igual.
Peter se acercó al sofá, se sentó a mi lado y empezó a
acariciarme y besarme, primero suavemente, sus labios pasaban de mis ojos a mis
labios, luego justo debajo de mi oreja, nuevamente a mis labios, hasta que se
quedaron allí mientras su lengua empezaba a acariciar mis labios y a jugar con
la mía, poco a poco se iba introduciendo en mi boca en lo que se transformó en
un beso apasionado. Sus manos acariciaban mi cuerpo, insistiendo en especial
sobre mis pechos. Su bañador empezaba a ser pequeño para lo que albergaba, al
igual que los del resto de la pandilla, por eso sugerí que si estaban más
cómodos podían quitárselos, dicho y hecho.
El espectáculo fue una delicia para mi, a Peter, por
supuesto, ya lo conocía y sabía lo que podía dar de si, Quique era poseedor de
un precioso pene muy similar al de Peter, Jaime tenía entre sus piernas un
delicado pene, largo y estrecho, pero el que me dejó asombrada, hasta el punto
que no podía desviar mi mirada, era el de Iván. A su edad tenía un tesoro entre
sus piernas, quizás mediría más de 17 centímetros y un grosor como nunca
anteriormente había visto, incluso en hombres muy dotados.
Me sobrepuse y por mi parte y para que la cosa fuese más
fluida me desprendí, todo lo provocadora que pude, de mi falda y del top.
- Mamá si nosotros estamos así, aunque el conjunto es una
preciosidad podías quitártelo. En realidad Peter tenía razón, era justo.
- Está bien si a vosotros os parece bien, allá voy. – Me
solté el sujetador y lentamente fui bajándolo por delante hasta que mis pechos
quedaron a la vista de mis cuatro adoradores. A continuación me levanté
ligeramente del sofá y deslicé el tanga, al tiempo que estiraba y subía mis
piernas hacía el techo, dejando al descubierto mí arreglado coñito y el rosetón
de mi trasero, todo muy provocativo e intencionado.
Sabía por mi hijo que los tres tenían adoración por mí y
parece que no les defraudé. Se habían levantado para ver el ejemplo de Peter y
allí, a menos de un metro de distancia, con sus manos sujetando aquellas pollas
tan apetecibles estaban mis tres chicos empezando a juguetear con ellas. Un
espectáculo excitante, empezaba a notar que la entrepierna se me humedecía.
Había pensado que iba a ser un juego para mí, pero la situación me estaba
calentando más de lo que esperaba.
Peter siguió con su trabajo, sus toqueteos, se apoderó de mis
tetas y mis pezones, los metía dentro de la boca y sujetándolos entre los
dientes y el paladar los masajeaba con la lengua, excitándome fuertemente. Sus
manos me acariciaban todo el cuerpo y cuando llegaron a mi entrepierna sentí una
sacudida que me hizo estremecer. Peter se dio cuenta y humedeciendo sus dedos
con saliva frotó el clítoris con dulzura, mientras yo me derretía de placer.
Aquello no podía seguir por más tiempo sin que tuviera un
orgasmo y cuando se acercó a besarme se lo dije al oído y le pedí que parase, ya
que habíamos dicho que debían hacérmelo todos y no creía poder aguantar sin
correrme. Peter lo dejó e invitó a continuar a Quique, muy delicadamente se
acercó a besarme. Hacía muchísimo tiempo y menos en aquellas circunstancias, a
otro que no fuesen mi marido o mi hijo, sentí una sensación extraña que me
impulsaba a retroceder, pero ya sea por la calentura, por el compromiso, o por
lo que fuera acepté su lengua y le di un beso de lo más apasionado.
Prácticamente no tuve que corregirle nada, había estado muy
atento y su actuación me satisfacía enormemente, unas simples sugerencias
bastaron para que sus toqueteos dieran el fruto deseado, yo estaba a punto del
orgasmo. Le dije que lo había hecho muy bien y que era el turno de Jaime. La
fogosidad de Jaime me dejó respirar un poco, ya que era tan impetuoso y
acelerado, que tuve que calmarlo y guiarlo, lo cual me ayudó a bajar un poco mi
calentura, ya que tenía que estar más atenta a su formación.
Cuando entendí que había mejorado su técnica lo dejé ir y fue
el turno de Iván. Creo que lo estaba esperando toda la tarde, se sentó a mi lado
y con sus dos manos sujetó mi cabeza mientras me iba besando los ojos, la
frente, las orejas, bajo hasta el cuello y por fin llegó hasta mi boca, rozando
mis labios, como si no se atreviera a seguir. Abrí los ojos y vi en su mirada
una necesidad de que confirmara que lo hacía bien y que podía continuar. En un
susurro le dije que era maravilloso y que siguiera así.
Me besó con pasión, no con mucha destreza pero si con una
sensibilidad exquisita, jugamos con nuestras lenguas mientras que sus manos
acariciaban mis pechos entreteniéndose morbosamente con mis pezones.
Había estado muy atento y ahora demostraba todo lo que había
aprendido de sus compañeros, esto unido a su timidez y delicadeza, me estaban
transportando a un nivel de placer extraordinario, yo me había abandonado por
completo y deseaba sus caricias con ansia. Mi mano se había deslizado hasta
aquella verga maravillosa y la tenía aferrada como si temiera que fuera a
marcharse, inconscientemente había comenzado un movimiento arriba y abajo que
posiblemente me calentaba más a mí que a Iván.
Lentamente fue besándome por el pecho hasta que se apoderó de
mis pezones, quizás no lo hacía con la maestría de Peter, pero de verdad en
aquellos momentos a mi me parecía maravilloso y los efectos que producía en mí
eran extraordinarios. Yo había pensado que podría tener controlada la situación
en todo momento, pero, ¿quien era capaz de resistir todo aquello?, sentía
estremecimientos de placer por todo mi cuerpo, deseaba que me chupasen el coño,
que me hicieran morir martirizándome el clítoris, lo que fuese, pero de una
parte quería acabar con todo aquello, quería correrme, pero por otra parte era
tan maravilloso que deseaba que no acabase nunca.
Sus dedos llegaron a mi húmedo coño, apoderándose de mi
sensible clítoris, con estas caricias una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo
haciéndome estremecer de placer, mi cabeza iba de un lado a otro en una
desesperación que no podía refrenar, suspiros, gritos contenidos, imprecaciones,
mi mano aferrada a aquella maravillosa verga se movía con frenesí.
Era un orgasmo intensísimo, que ahora, en frío, pienso que
para los chicos tuvo que ser muy esclarecedor de hasta que punto una mujer en
este trance puede perder la cordura y las formas. Iván, probablemente se vio
afectado por mi comportamiento y por el ritmo que le estaba imprimiendo a
masturbación, pero el caso es que tuvo un orgasmo tremendo, se convulsionó,
respirando entrecortadamente y su eyaculación llenó de semen mis muslos y
vientre.
Ambos caímos desmadejados en el sofá, él colocó su cabeza en
mi pecho y así pasaron varios minutos, mientras yo experimentaba los últimos
estremecimientos de mi intenso orgasmo. El espectáculo que pude observar
enfrente de nosotros también era muy excitante, los tres muchachos culminaban
igualmente su momento con sendas eyaculaciones, cayendo asimismo recostados de
cualquier manera en el sofá.
Poco a poco fuimos recuperando la respiración y limpiamos los
restos de nuestros fluidos con unas toallitas húmedas del bote que
previsoramente había dejado sobre la mesa. Fue Jaime el que preguntó de sopetón.
– Sonia, los hombres cuando estamos calientes nos hacemos una paja y se pasa,
¿qué hacéis las mujeres?
- Pues lo mismo que vosotros, si estamos solas nos
masturbamos y ya está.
- Ya pero para nosotros es fácil, cogemos la cosa y ya está,
pero vosotras no tenéis…
- No tenemos pene, pero podemos acariciarnos, las tetas, la
vulva, el clítoris y hacer otras cosas.
- Puedes hacerlo para nosotros. Si quieres nosotros también
lo hacemos y así lo pasamos bien todos. ¿Vale?
Yo no sabía que decir, los cuatro pares de ojos me miraban
inquisitivamente esperando que diera mi conformidad. Aquella situación me tenía
muy caliente y no encontré argumentos para negarme y frustrar la ilusión que
veía en los muchachos.
Miré el reloj y vi que eran las nueve menos cuarto y teníamos
que pensar en cenar, así que les dije.- De acuerdo, pero antes vamos a pedir
unas pizzas, para que cuando terminemos las tengamos aquí y podamos recuperar
fuerzas. Todos estuvieron de acuerdo y una vez decidido cuales queríamos a gusto
de todos, llamé por teléfono, diciéndonos que en unos cuarenta minutos estarían
en casa.
Una vez hecho esto, mis cuatro admiradores estaban sentados
frente a mí dispuestos a no perderse nada del espectáculo. A mí no me era
indiferente ver aquellos penes con una semi-erección dispuestos a rendirme un
homenaje a mi vanidad. Peter, me preguntó.- Mamá quieres que te traiga… -
Gracias cielo, estás en todo.
Peter sabía que cuando me masturbaba, me gustaba tener
siempre algo dentro de la vagina y fue a por uno de mis consoladores.
Cuando le vi entrar con el mayor de ellos, una imitación de
un pene de unos 24 cm. de largo y cinco o seis de diámetro, negro y lleno de
nervios, no pude contenerme y entre risas le espeté.- Eres un pequeño
cabroncete. Con mucha sorna me soltó que le había puesto pilas nuevas.
Me costó un momento ponerme en situación, pero ver aquellas
cuatro vergas en sus manos y su mirada tan atenta, me decidieron. Suavemente me
deslice por el sofá hasta sentarme prácticamente en el borde, abrí mis piernas
todo lo que pude, mostrando en toda su crudeza mi coño y mi culo, totalmente
abiertos y húmedos por todo lo que habíamos pasado momentos antes. Me sentía
poderosa y llena de lujuria, aquellos mocosos maravillosos habían querido
provocarme y se iban a enterar.
Empecé pasando mis manos por mi cuerpo de una forma
insinuante y provocadora. La situación era muy morbosa y mi calentura iba en
aumento, ver aquellas manos agitándose y sus miradas en mi abierto coño, era
demasiado. Llevé mis manos a mis pechos y los acaricié en círculos, sujeté uno
de ellos por debajo acercándolo a mi boca y pasando mi lengua por el pezón de
forma provocadora. Quería fingir placer al hacer esto, pero no hacía falta
fingir, realmente me gustaba, con los dedos de la otra mano sujeté el otro pezón
torturándolo, sintiendo y trasmitiendo el gustazo que me estaba dando.
Notaba contracciones en mi vagina y rápidamente bajé mi mano
hasta allí, frotando descaradamente toda la zona, mientras miraba a la
muchachada con ojos lascivos y provocativos. Realmente me estaba gustando. Con
una mano torturaba mis pezones y otra acariciaba mi coño y hasta empecé a
meterme un dedo primero y luego dos en la vagina. Después de jugar de ese modo
durante un rato, bajé la otra mano y separando totalmente los labios mostré el
sonrosado interior mientras mis dedos se apoderaban del clítoris y comencé a
frotarlo con verdadera fruición.
Estas maniobras aparte de calentarme a mí, estaban
entusiasmando a mis queridos espectadores, cuyas manos acariciaban sus ya
enhiestas vergas de una forma regular y deliciosa para mí. Tome el consolador y
de la forma más viciosa que pude me lo llevé a la boca, pasando la lengua a lo
largo del mismo, ante la mirada atónita de mis chicos. Lentamente lo fui
introduciendo en mi boca, ensalivándolo y volviendo a sacarlo, para nuevamente
repetir la acción. Yo era consciente de que mis chicos nunca habían
experimentado lo que era una mamada, pero seguro que lo habían visto hacer en
películas porno. Sus caras eran un poema y yo internamente sentía un deseo de
comerme aquellos rabos, maravillosos y vírgenes, que estaban frente a mí.
Puse en marcha el vibrador y lo bajé deslizándolo por mi
cuerpo, parando en los pezones, en el ombligo y llegando por fin a mi clítoris,
donde lo dejé un rato, mientras me sentía estremecer. No podía contenerme,
suspiraba y aunque quería controlarme pequeños gritos salían de mi garganta.
Presa de un ardor increíble humedecí con mis flujos la punta de aquella gloria
de silicona y fui introduciéndola suavemente en mi vagina. Aquella vibración se
extendía como una corriente eléctrica por todo mi cuerpo y se que perdí el
control, metía y sacaba aquella maravilla hasta el fondo de mi vagina con una
lujuria incontenible, convulsionándome totalmente mientras que gritos, tacos,
suspiros e imprecaciones salían de mi garganta al tiempo que un orgasmo
frenético y desesperante se apoderaba de mi. Difícil de explicar todos los
sentimientos que en aquel momento pude sentir. Era maravilloso ver al mismo
tiempo aquellas cuatro trancas soltar leche abundantemente.
Tardamos varios minutos en recobrar el aliento y la
compostura, nos limpiamos lo mejor que pudimos y nos preparamos para recibir las
pizzas que nos darían nuevas fuerzas. Salí de la sala a buscar una bata para
cuando llegase el repartidor, mientras, los chicos comentaban lo sucedido hasta
ahora muy animados y felices, vi un gesto de asentimiento con el pulgar hacía
arriba que me hacia Peter, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro de
parte a parte.
Aquellos chicos no dejaban de sorprenderme, cuando regresé
con la bata, Peter con una alegría desbordante me dijo.- Mama, ¿podrías hacer
una cosa que te pidamos? Me puse en guardia, estos chicos eran muy lanzados y
lentamente le contesté.- No sé, pero llevo toda la tarde haciendo lo que queréis
y no he puesto ninguna pega. ¿No estáis contentos?
- Claro que si mamá, pero esto es un poco más atrevido, nos
gustaría que provocases al repartidor de la pizzería. ¿Qué te parece? ¿Te
atreves?.
- ¿Pero que voy a hacer para provocarle?, no se me parece un
poco delicado, si alguien me ve, algún vecino, no es muy serio.
- Puedes salir a abrir la cancela con la bata un poco suelta,
que se te vea algo, pero que se note que vas desnuda debajo. Le pides que te
ayude a entrarlas y ya en la cocina, haces que te enganchas con algo, que se
suelte el cinturón mientras buscas el dinero para pagarle.
Tengo que reconocer que el pícaro de mi hijo me conocía bien
y sabía la exhibicionista que llevo dentro. Mientras más lo pensaba más me
atraía la idea. Nuevamente aquellas miradas expectantes me decidieron. Les dije
que sí y ellos mismos me prepararon la bata para que dejase entrever lo que a
ellos les parecía más provocativo. La verdad es que sabían lo que querían y a mí
la idea me seducía. La bata, de seda, no era muy larga y dejaba ver buena parte
de mis muslos, hasta ahí, nada especial, pero me ataron el cinturón subiéndola
ligeramente por detrás, hasta un punto poco prudente, pero muy excitante. Por
delante apenas se juntaban las dos partes de forma que al andar se abría y
mostraba mis muslos y mis tetas más de lo que la prudencia aconsejaba.
Al rato sonó el timbre de la cancela y muy decidida, con un
contoneo insinuante, me acerque a abrir la puerta. Tal como habíamos acordado le
pedí que me ayudase a entrarlas, ya que estaban muy calientes y pesaban lo suyo.
Por precaución entró la motocicleta a este lado de la puerta y me siguió hasta
el interior de la casa. Los chicos miraban por la ventana y yo andaba lo más
insinuante que podía. Entramos en la cocina y según lo previsto conseguí que mi
bata se abriera y quedase a la vista parte de mis tetas y mi pubis. El muchacho,
un negro fuerte y atlético, se quitó el casco y vi el asombro en sus ojos.
Aquella noche la paja que se iba a hacer a mí salud iba a ser de campeonato.
Busque el dinero para pagarle, haciendo gestos como para
taparme, pero me las arregle para que todavía pudiera ver más, el efecto que le
producía me inspiraba a ser más procaz. Le pedí que me perdonara, nos habíamos
entretenido jugando con mis hijos y no había preparado el dinero. No tenía
cambio de 100 euros y como habíamos acordado, tuve que pedir a los chicos que me
trajesen 10 euros para completar la cuenta. Fue Iván el que trajo el dinero,
desnudo como estaba y con su pene impresionante todavía morcillón.
El chico le miró asombrado y muy azorado. No sabía donde
dirigir la mirada, yo diría que miró aquella cosa con más interés que lo que
hubiese sido prudente. En esto entró Peter en la cocina igualmente desnudo y con
un descaro impresionante me hizo un comentario en finlandés y le preguntó al
muchacho si había terminado y podía quedarse a jugar con nosotros, pues éramos
cinco y nos faltaba uno para hacer tres parejas. Ahora la sorprendida era yo, mi
bata estaba completamente abierta y el chico me miraba absolutamente
hipnotizado. Haciendo un esfuerzo volvió en si y nos dijo que aun llevaba otras
pizzas que tenía que entregar y que no podía. Peter le dijo .- Bueno no pasa
nada estoy seguro que otro día podremos arreglarlo. Dime como te llamas y danos
tu teléfono para que pidamos que seas tú quien traiga la próxima y puedas
quedarte a jugar si te parece bien. El chico asintió dio los datos, guardó el
dinero y una buena propina y salió hacía la calle, mientras yo le acompañaba con
la bata suelta e invitándole a que la próxima vez viniese con más tiempo.
Colocamos las pizzas y las bebidas en la mesa de centro y
cenamos con mucho apetito y muy divertidos comentando todos los acontecimientos
de la tarde. Éramos un grupo curioso, todos desnudos sin preocupaciones,
totalmente desinhibidos, hasta Iván estaba feliz y hablador. Terminamos de cenar
y los chicos me ayudaron a recoger las cajas y vasos de plástico, dejando
nuevamente el salón ordenado.
Una vez sentados nuevamente pregunté que es lo querían hacer,
ver la tele, una película u otra cosa. Peter me cortó y dijo que si no me
parecía mal, habían estado hablando y que le dejara hacer a él. Se levanto
eligió una película del estante donde teníamos las pelis porno y la colocó en el
reproductor de DVD. La película no estaba escogida al azar, era una antigua
película, en ingles, que a mi me gustaba particularmente y mi marido había
pasado a formato DVD para conservarla. Se trataba de un matrimonio que prepara
una especie de gang-bang en su casa con varios amigos del marido que se habían
reunido para jugar al poker, pero que acaban jugando con la señora. No tenía ni
idea de que Peter conociera su existencia ya que estaban ocultas, pero estaba
visto que desconocía muchas cosas de las que se habían programado ese fin de
semana.
A los pocos minutos de película la señora estaba sentada en
un sofá rodeada de todos los amigos con sus vergas en su mano, esperando turno
para que ella se las fuese mamando muy golosamente. La mujer, una rubia
espectacular, mostraba sus encantos mientras engullía una verga y pajeaba otras
dos que estaban a sus lados. Mis muchachos miraban atentos a la pantalla del
televisor, sin comentar nada, dirigiendo de vez en cuando una mirada inquisitiva
a Peter. Por fin este reaccionó y mirándome fijamente me preguntó.- Mamá, ¿te
gustaría imitar a la señora?, los chicos nunca han tenido oportunidad -. Me
molestaba que me manipulase de esta forma, pero aunque quería revelarme, en mi
interior latía el deseo de comerme aquellas deliciosas salchichas vírgenes.
Callé y mi silencio fue interpretado como la afirmación que
en mi interior quería dar. Como casi siempre, el primero en situarse frente a mi
fue Jaime, que venía ya con una más que media erección, la sujeté suavemente con
una mano y pasé mi lengua por la parte inferior del pene para acabar de jugar
con su glande. Quique e Iván estaban de pies a cada lado de Jaime y Peter su
sentó a mi lado y me acariciaba mi nuca y mis pezones. Quise ser muy perversa y
aquello fue demasiado para Jaime, en menos de un minuto vi que se iba a correr,
quería apartarse pero le seguí follando con mi boca, recibiendo su esperma entre
los espasmos del muchacho. Lo siento, decía. Yo le acaricié y todavía con restos
de su semen por mi boca, le pregunté si quería besarme. Todavía con convulsiones
me dio un beso profundo y agradecido.
Quique fue el siguiente, también me esmeré lo que pude,
aunque aguantó un poco más, finalmente se corrió entre convulsiones. No quise
hacer distingos y dejé que se viniese en mi boca. Como sabéis soy una mujer
ardiente, recibir este semen de mis chicos vírgenes me excitaba y me llenaba de
placer. Con Iván sucedió lo mismo, por fin recibía aquella tremenda polla en mi
boca y haciendo verdaderos esfuerzos trataba de engullirla completamente en mi
boca. Se me encajaba hasta el fondo de mi garganta y aun quedaba un buen trozo
por entrar. Era delicioso, chupaba, succionaba y me lo follaba con mi boca.
Acariciaba su escroto, masajeando suavemente sus testículos. Jadeando y presa de
fuertes espasmos me brindó toda su leche que saboreé con delectación. Estaba
realmente caliente, Peter se había deslizado entre mis piernas y chupaba mi coño
y mi culo con fruición, deseaba tener algo dentro de mi y con autentico deseo le
pedí que me la metiera sin miramientos.
Le pedí que me follara fuertemente mientras totalmente fuera
de mí me convulsionaba y estremecía gritándole que lo hiciera más fuerte, al
tiempo que dos de los muchachos situados uno a cada lado me chupaban mis
pezones. Lograron arrancarme un nuevo orgasmo, salvaje, incontrolable. Peter
bajo un poco la intensidad de los envites, mientras yo trataba de relajarme,
pero la calentura era mucha y a los pocos instantes estaba gritando que me
follase con más furia. Note como descargaba en mi interior y nuevamente sentí
otro orgasmo al recibir aquella marea de semen ardiente.
Peter se retiró y Quique tomó su lugar, para los chicos de la
pandilla era su primera vez, notaba que la iban metiendo con cuidado, pero al
oír mis demandas se empleaban a fondo con un ritmo frenético que me volvía loca
hasta correrse, inundando mis entrañas. Luego fue el turno de Jaime, esta vez
aguantó como un amante consumado, derramándose en mi interior mientras apretaba
su pene con todas sus fuerzas. Yo seguía con mis orgasmos y mis ansias de verga.
Cuando llegó el turno de Iván mi deseo se reavivó y estuvimos gozando un buen
rato mientras los otros muchachos en la medida en que podían, a causa de mis
tremendas convulsiones, torturaban mis pezones, me besaban, ayudándome en mi
desesperación.
No pude cuantificar los orgasmos que tuve. Aquello era un
orgasmo continuo. Cando Iván no pudo aguantar más y se vino en mi interior, yo
me deje ir y estuve más de diez minutos con estremecimientos, abrazada y besada
por mis chicos que me habían hecho la mujer más feliz de este mundo.
Había pasado el tiempo sin darnos cuenta, eran cerca de las
doce y media de la noche, la televisión, encendida estaba sin imagen, no
sabíamos cuando habría terminado la película, pero seguro que no había sido tan
excitante como la nuestra. Peter, siguió organizando todo, los chicos fueron a
ducharse para acostarse y a mi me preparó un baño reparador. Mientras me
deslizaba en el agua caliente, se acercó a mí, arrodillándose a mi lado y me
dijo que había estado fantástica, increíble, tal como lo habían planeado con mi
marido. Debí haberlo adivinado mucho antes, Seppo, mi marido, conocía mi
fantasía de estar con varios hombres a la vez, y junto con mi hijo habían
elaborado aquel plan diabólico pero delicioso. Aunque odiaba que me manipulasen,
sobre todo cuando yo creía ser la manipuladora, le di las gracias y le confesé
que había sido delicioso, solo me había faltado mi marido. Peter dijo muy
ceremonioso.- Mamá, por favor, hoy es viernes, esto no ha hecho más que empezar.
Me dio un beso y salió de la habitación.
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Finaliza aquí la primera parte de la narración de Sonia, si
alguna de las lectoras quiere hacerle seguir sus comentarios favorables, o sus
críticas, puede dirigir su e-mail a mi dirección de correo y se las haré llegar,
así como sus respuestas.