Aquí siguen las historias de los magoyas.
Entramos en el hotel y, como las puertas eran de esas con
tarjeta magnética, no tuvimos que pedir las llaves en recepción, así que nos
dirigimos a los ascensores. Juan se había metido la polla dentro del pantalón
como pudo pues la erección era tremenda, la mía tampoco iba mal.
Cuando llegamos ante las puertas contiguas yo abrí la nuestra
y les hice un gesto con la mano invitando a las chicas a pasar dentro. Les
ofrecí si querían algo de beber del minibar de la habitación, pero cuando me di
la vuelta para interrogarles, ya estaban bebiéndose un bote de néctar.
Habían tumbado a Juan sobre su cama, le habían dejado desnudo
y se esmeraban ambas en proporcionarle una mamada a dos bocas y cuatro manos. En
el jugueteo que llevaban Elena y Berta, la primera aprovechaba para besar a la
segunda en la boca y la segunda disfrutaba de esos momentos.
Cerré el minibar y me acerqué al trío. Me dediqué a
desnudarlas a ambas mientras seguían con su trabajo. Las descalcé, les quité los
pantalones y las bragas. Las de Berta, sin ser tanga eran la mínima expresión,
se le quedaban a mitad de las nalgas, cuando las bajé descubrí un coñito
depilado y sonrosado muy apetitoso. Las de Elena eran un tanga negro de encajes
muy sugerente. Estas descubrieron un pequeño triángulo de vello negro perfilado
sobre su monte de venus. Olí ambas bragas impregnándome de sus aromas de hembras
enceladas. Estaban húmedas las dos.
Arrodillado ante ellas empecé a penetrarlas con los dedos y a
acariciar sus clítoris.
Juan estaba a punto de reventar y Berta se ofreció para ser
la desvirgadora, así que se subió sobre él y empezó a cabalgar alegremente. Le
cogió las manos y se las llevó a los pechos, Juan los acariciaba dulcemente y le
retorcía los pezones. Berta empezó a gemir de placer. Elena observaba la escena
mientras yo seguía penetrándola simultáneamente por delante y por detrás con los
dedos, haciendo la pinza que tanto placer da a una mujer.
Tanto Elena como yo seguíamos pendientes de la cara de Juan,
que era un poema. Un poema de amor y placer. Estaba siendo iniciado en el sexo
con una mujer y lo estaba disfrutando. Intenté llevarme a Elena a la otra cama
para penetrarla, pero no quiso moverse del privilegiado puesto en el que seguía
con interés y avidez la follada que estaban teniendo Juan y Berta. Juan
cabalgado con maestría por Berta tuvo un gran orgasmo y reventó de leche que se
desbordaba por el coño de Berta, que también había alcanzado el orgasmo.
Berta se reclinó sobre el pecho de Juan y besándole en los
labios le dijo que había resultado maravilloso. Juan, todavía jadeando aseguró
también que era lo mejor que había probado en su vida. Elena se levantó en ese
momento arrastrándome a la otra cama y tumbándome sobre ella se puso a chuparme
el rabo, estábamos ambos con una gran excitación después de lo que habíamos
visto. Como vio que mi verga pedía coño se sentó sobre ella y empezó también a
subir y bajar empalándose con ella. Ahora éramos nosotros los observados por la
dulce parejita que permanecía abrazada sobre la cama de Juan. Elena se movía con
el arte de una experta y consiguió que, a pesar de mi gran excitación aguantara
más de quince minutos hasta que me corrí. Ella llegó a tener dos orgasmos en ese
tiempo y se veía en su cara, transfigurada de lujuria, el grado de satisfacción
alcanzado. Cuando terminamos me besó en los pezones y levantándose resueltamente
ordenó "cambio de parejas" y se dirigió a la otra cama para tomar de la mano a
Berta y hacerla levantarse. La abrazó poniendo sus pechos en contacto, con lo
que los pezones de Berta se erizaron, mientras la besaba con una pasión
desenfrenada, mordiéndole los labios y la lengua, metiéndole su lengua hasta la
garganta, acariciando sus labios por dentro consiguiendo que Berta empezara a
chorrear jugos de su vulva. Me echaron de la cama desde la que era espectador
para ocuparla en la posición del 69. Yo desplazado me tumbé unto a Juan para
observar el espectáculo.
Elena era una experta comedora de coños y Berta era una
debutante así que el resultado fue desigual. Los efectos que causaban en Berta
la lengua y los dientes de Elena sobre su clítoris y su vagina hacían que la
otra se olvidara de su tarea y se dedicara sólo a gemir y a dar gritos de
placer. Juan y yo nos empalmamos viendo esta escena y empezamos a masturbarnos
mutuamente mientras no perdíamos detalle. Berta tuvo un gran orgasmo sólo con el
tratamiento bucal y Elena chupaba y sorbía los jugos que segregaba, que
contenían restos del semen de Juan. Elena empezó entonces a follarla con los
dedos. Comenzó por meterle uno por el coño haciendo movimientos circulares y
alcanzando el punto G, lo que hizo que Berta temblara de cabeza a pies y diera
un grito. Luego le metió un segundo dedo por el ano haciendo pinza y consiguió
que llorara de placer en medio de otro orgasmo. Berta había metido dos dedos
dentro del coño de Elena y apenas los movía pues estaba más concentrada en el
placer que recibía que en poder dar placer a nadie. Lo ansiaba desde hacía tanto
tiempo.
Cuando Elena hubo conseguido el tercer orgasmo, sus músculos
cedieron hasta el punto de no poder retener la orina dejando toda la cama
encharcada.
Elena quería más, así que Juan, que tenía la polla a punto se
colocó entre sus piernas y la penetró de golpe. Elena le jaleó para que
embistiera con fuerza. Juan embistió como un toro bravo desplazándola sobre la
cama hasta que Elena chocó con su cabeza contra el cabecero y rebotaba contra la
pared. Cambiaron de postura. Elena se puso a cuatro patas sobre la cama y Juan
la embistió desde detrás. Seguía empujando con furia y a Elena le bailaban las
tetas al compás. Yo seguía con mi masturbación viendo estas imágenes y Berta que
ya se había recuperado vino a mi lado y continuó trabajando mi verga con su
manita mientras ambos seguíamos con expectación el desarrollo de la follada que
Juan le estaba dando a Elena. Se notaba en la cara de vicio de Elena que lo
estaba disfrutando tanto como Juan, o más si cabe. Cuando Juan notó que iba a
correrse se la sacó del coño y se la metió por el culo. Elena estaba
acostumbrada a hacerlo por los dos agujeros, así que entró sin mucha dificultad.
Juan dio un par de embestidas y se corrió dentro del culo de Elena con un grito
de victoria. Yo avisé a Berta de que me corría y ella puso su boca para recibir
mi esperma. Lo saboreó y me lo pasó con un beso en el que su lengua repartió mi
leche por la mía y por toda mi boca.
Habíamos descubierto a dos nuevos magoyas.
Nos quedamos tumbados sobre las camas así emparejados y el
relax que produce el sexo hizo que nos durmiéramos los cuatro.
Las sesiones del congreso empezaban a las 10 de la mañana,
así que nos teníamos que levantar sobre las ocho para estar vestidos y
desayunados sobre las nueve y cuarto, hora en que unos autobuses nos trasladaban
a la sede del congreso a las afueras de la ciudad.
Yo, como es habitual, me desperté sobre las siete y media, me
levanté sin hacer ruido y me fui al baño a darme una ducha reparadora. Las
chicas tendrían que pasar a su habitación a asearse y vestirse así que, cuando
salí de la ducha, desperté a los tres bellos durmientes. Juan se fue a la ducha
con cara de felicidad, tenía una sonrisa medio boba en el semblante, como si
hubiera tenido una visión beatífica. Elena y Berta se pusieron sus camisetas y
cogiendo el resto de la ropa en la mano se pasaron a su habitación.
Mientras nos vestíamos le pregunté a Juan por la experiencia.
Si quieres que te diga la verdad, me ha satisfecho
plenamente.
Eso quiere decir que vas a dejar de tener relaciones
con tíos?
No lo creo, por que para que esto se repita me parece
que va a pasar bastante tiempo.
No si tú no quieres.
Por qué lo dices?
Por que yo a Berta la he visto muy interesada en
conocerte mejor.
Tú crees?
Inténtalo.
Nos juntamos con las chicas en el comedor. El desayuno era
buffet y después del ejercicio nocturno todos comimos con hambre atrasada.
Tomamos los autobuses y Berta y Juan se sentaron juntos y yo me senté junto a
Elena.
Qué tal ha ido la noche – le pregunté.
Por mi parte ha sido perfecta.
Y Berta?
Ha disfrutado de lo lindo. Además me parece que ha
encontrado en Juan la pareja ideal. Míralos, parecen dos tortolitos.
Juan y Berta se miraban con carita de adolescentes
descubriendo su primer amor, mientras se cogían de las manos.
Las ponencias del congreso fueron en general interesantes.
Hubo alguna un poco más pesada y otra que no nos interesaba ni a Elena ni a mí,
en esa hicimos pellas y nos fuimos a dar un paseo por los stands de publicidad
que tenían tanto la empresa organizadora como alguna de las clientes y otras
invitadas.
Aproveché para contarle mi historia a Elena. La escuchaba con
atención y de vez en cuando hacía algún comentario mordaz.
Yo le pregunté por la suya y os resumo un poco su historia.
Mi primera experiencia con el sexo fue con mi hermana durante
unas vacaciones. En nuestra casa cada una dormíamos en una habitación y aunque
compartíamos el baño, al llevar horarios distintos, pues ella es tres años mayor
que yo, apenas coincidíamos. Pero unas vacaciones mis padres alquilaron un
apartamento en la montaña y las dos habitaciones que había tenían cama de
matrimonio. Así que nos tocó compartir cama. Aunque yo sabía que mi hermana
dormía solo en bragas, esperaba que por respeto a mí utilizaría algo más de
ropa, pero la primera noche lo dejó muy claro y si me molestaba me podía ir a
dormir al sofá de la salita. Si hubiera sido convertible en cama me hubiera ido,
pero no estaba dispuesta a ceder, así que le dije que no me importaba, que si le
importaba a ella que yo durmiera desnuda. Se dio cuenta que era una provocación
y me dijo que le daba igual. Así que me quedé desnuda por completo bajo la
atenta mirada de mi hermana y me metí en la cama. Ella, desairada hizo lo mismo,
se quitó las bragas que aún llevaba y se metió también desnuda. No dormíamos
ninguna de las dos y empezamos a dar vueltas en la cama tirando cada una de
nuestro trozo de sábana, en una de las vueltas quedamos frente a frente y
nuestras piernas se liaron quedando la mía apresada en medio de las suyas,
rozando mi muslo con su coñito. Sentí calorcito y a ella debió de gustarle el
contacto pues empezó a moverse para frotarlo con mi pierna, Yo también lo moví y
el roce empezó a calentarnos a ambas. Mi hermana empezó a acariciarme los
pezones y a amasarme las tetas mientras yo hacía lo propio y seguíamos con los
movimientos de piernas y ambas frotábamos nuestros coños con la pierna de la
otra. Me besó en los labios y empezó a besarme los pechos lamiendo, chupando,
mordiendo, succionando. Empecé a notar cierta humedad en mi entrepierna y me la
acaricié, entonces mi hermana siguió bajando con su boca hasta que llegó a mi
coño y me dio un gran lametón que me hizo estremecerme de placer. Me agarró el
clítoris con sus labios y lo estiraba y chupaba. Yo la hice ponerse sobre mí
para devolverle el placer que me estaba dando y fue el primer coño que me comí,
saboreándolo. Mi hermana empezó a penetrarme con un dedo y yo la imitaba. Pronto
llegamos a un orgasmo y después nos fundimos en un apasionado beso. Yo tenía
trece años y mi hermana dieciséis. Durante todo el verano seguimos haciéndolo
cada noche, incluso muchos días nos íbamos a dormir la siesta, con la excusa de
que las excursiones por la montaña nos cansaban mucho, y aprovechábamos ese día
sesión doble.
Al volver a Madrid seguíamos haciéndolo pero más
espaciadamente, en alguna ocasión en que nos encontrábamos las dos solas.
Mi primer chico fue al verano siguiente. Mi hermana se iba a
hacer un curso de inglés durante un mes a Inglaterra y para compensarme a mí me
enviaron a unas colonias de verano. Iban chicos y chicas de 14 a 18 años, así
que yo era de las pequeñas. Estábamos acampados en un prado a unos cinco
kilómetros del pueblo más cercano por pista forestal. En las tiendas estábamos
separados chicos y chicas. Nos bañábamos en un río que pasaba junto al prado, en
una poza que formaba una pequeña piscina natural. El agua que bajaba del
deshielo puedes imaginarte que estaba helada. Con estos baños helados y que por
la noche nunca encontrábamos el momento de ir a dormir y allí refrescaba
bastante, el día de la segunda excursión amanecí con fiebre. Los jefes del
campamento decidieron que no debía participar en la marcha, pero tampoco podían
dejarme sola, pues no iban a regresar hasta tarde. Así que decidieron que uno de
los monitores que era uno de los mayores se quedar conmigo. Y el elegido fue un
chico de 18 años que era el único de ellos que tenía carné de conducir y que, si
empeoraba, podía llevarme con uno de los coches al médico del pueblo.
Estuvo conmigo un rato mientras desayunaba y tomaba una
medicina que me indicó la que más conocimientos de medicina tenía del
campamento, la responsable del botiquín, y como me quedé amodorrada se fue a
preparar la comida, a darse un baño y a repasar algunos pequeños desperfectos
que había que reparar en la cerca y en la tienda comedor.
Volvió a verme un par de veces a lo largo de la mañana y yo
estuve toda la mañana medio dormida. A mediodía me dijo que si prefería tomar la
comida en la tienda o salir a tomar un poco el sol que me calentaría y me
entonaría. Me pareció buena idea, así que me puse el bikini y una camiseta
encima y salí de la tienda.
Fuimos juntos a un trozo de hierba que había junto a la poza,
resguardada por un pequeño bosque. El iba con unas bermudas y una camiseta. Yo
me quité mi camiseta y me tumbé sobre la hierba recibiendo un buen baño de sol
que entró en mis huesos calentándolos. El me preguntó si me importaba que se
bañara. Le contesté que podía hacer lo que quisiera. Se quitó la camiseta y se
quitó las bermudas y llevaba un traje de baño blanco pequeño que marcaba una
polla muy grande. Se metió en el agua y como estaba nadando aproveché para
quitarme la parte de arriba del bikini y que me diera el sol un poco en las
tetas. Él desde el agua no podía verme y yo esperaba que me diera tiempo a
ponérmelo cuando lo viera salir del agua. Con lo que no contaba es con que
saliera por otro sitio distinto del que había entrado. Así que cuando salió se
acercó a mí por detrás y pudo estar observándome a su antojo un buen rato. La
polla empezó a empalmársele con la vista de mis pechos, que a pesar de tener
sólo catorce años estaba ya muy desarrollados y con los pezones bastante
grandes. Empezó a tocarse por dentro del bañador y yo oí de repente un gemido y
al volverme me encontré con él y con una verga que me pareció gigantesca debido
a al erección que tenía. Yo de la impresión no tuve la precaución de taparme los
pechos sino que me quedé mirando con ojos desorbitados. Se acercó a mí con la
verga en la mano y me la acercó a la boca. Yo le di un besito en la punta y dio
un respingo que me golpeó en la nariz. El olor de polla tan característico me
atrajo y volví a besarla, haciendo fuerza con los labios. Empezó a manar de ella
un liquidito. Saqué la lengua y lo chupé y jugueteé con mi legua con el
agujerito por donde manaba. Seguí con mi juego de besitos y chupetazos hasta que
el chico fuera de sí de excitación me agarró la cabeza y me metió el capullo
dentro de la boca. Me llenaba tanto que no sabía qué hacer con ella, apenas
podía mover la lengua. El empezó a violarme por la boca entrando y sacando el
glande. Yo me notaba húmeda como en las relaciones con mi hermana. De repente me
la sacó de la boca y se arrodilló entre mis piernas, me agarró la braguita del
bikini y me la quitó. Empezó a chuparme el coño, y aunque no lo hacía tan bien
como mi hermana, consiguió excitarme mucho, me metió un dedo para dilatarme,
luego dos, se subió mis piernas sobre sus hombros y apuntando directamente
empezó a empujar. Noté cómo algo se rompía dentro de mi cuando dio una fuerte
embestida y perdí mi virginidad. El me embestía con fuerza y en alguna ocasión
en que la penetración fue más profunda noté cómo chocaba por dentro con el fondo
de forma un poco dolorosa. Me hizo llegar al orgasmo y seguía empujando con
frenesí. Tuve un segundo orgasmo y entonces él sacándola me regó con su leche
por todo el cuerpo.
No habíamos intercambiado ni una sola palabra durante todo el
rato que duró. Se levantó y vino con su toalla humedecida en el agua del río y
me limpió de leche y un pequeño reguero de sangre que salí de mi coño, señal
inequívoca de lo que acababa de suceder. Yo me vestí el bikini y la camiseta y
me fui a la tienda. Al cabo de media hora vino a buscarme y como si nada hubiera
pasado me dijo que la comida estaba lista que fuera al comedor.
La experiencia había sido genial. Y me estaba apeteciendo
repetirla. Me quité el bikini y me puse otra camiseta sin nada debajo y me
dirigí al comedor. El estaba con su traje de baño sentado a una de las mesas
sobre la que descansaba una fuente con comida. Me senté frente a él y me serví
un poco de la fuente. Al dejar los cubiertos de servir los dejé caer al suelo y
me abrí de piernas. El se agachó a recogerlos y vio mi coño al aire. No dijo
nada y siguió comiendo. Yo mientras jugaba con la comida con el tenedor levanté
mi pie descalzo y lo apoyé en su paquete y empecé a frotarlo. Notaba cómo
crecía. "Te ha gustado y quieres más?" me preguntó. Yo asentí con la cabeza. Se
levantó y me llevó a la mesa de al lado, me sacó la camiseta y me hizo apoyarme
sobre la mesa poniendo el culo a su disposición. Se ensalivó un dedo y empezó a
metérmelo por el coño para lubricarlo. El ya tenía la polla dura de nuevo, así
que sin más dilación me la metió desde detrás y volvió a empujar de modo
bastante salvaje. En esta posición la notaba rebotar dentro más veces. Para
estimularme, mientras con una mano me masajeaba el clítoris con la otra se
ensalivó un dedo y me lo metió por el ojete del culo. Yo estaba recibiendo
oleadas de placer por delante por detrás y por dentro así que me dejaba hacer.
De repente consideró que mi ano estaba lo suficientemente dilatado y me la sacó
del coño y la apuntó en el culo. Empujó pero no cedía. Lo intentó varias veces
pero mi esfínter dolorido por los intentos se contraía impidiendo el progreso,
así que desistió y volvió a meterla por el conducto natural. Siguió follándome
hasta que notó que se iba a correr, en ese momento la sacó y me llenó de leche
el culo y la espalda. Yo me agaché ante él y la lamí de los restos. Noté un
sabor extraño, pero me gustó. En el rato que duró esta vez yo había alcanzado
tres orgasmos. Había sido maravilloso. Como su polla se quedaba flácida me puse
en pie y colgándome de su cuello lo besé frotando mis pechos contra el suyo. Era
velludo así que sentía cierto cosquilleo en mis pezones al hacerlo, era una
sensación muy agradable. Seguía besándole y frotando mi pubis contra su pene.
Tanto insistí que al final empezó a crecer de nuevo y a ponerse muy dura.
Entonces el se sentó en una de las sillas y yo me encaramé a él. Me clavé su
polla de nuevo y ahora era yo la que marcaba el ritmo subiendo y bajando sobre
él. Tuve un orgasmo y otro y cuando me dijo que se iba a correr que me
levantara, me dejé caer con todo mi peso sobre él con lo que conseguí que
explotara dentro de mí. Sentir su leche caliente invadiéndome las entrañas hizo
que tuviera otro nuevo orgasmo, el mejor de todos los del día. Estuve abrazada a
él con su polla dentro recuperándome durante un rato. "Y si te quedas
embarazada?" "Tuve la regla ayer, es imposible". Me levanté de él y me puse la
camiseta. Volví a nuestra mesa y entonces sí me serví una ración generosa de
comida que devoré con ansia. El ejercicio físico había quemado muchas calorías y
necesitaba reponerme. El vino también a la mesa desnudo y se sentó a comer. Me
dio la medicina que debía de tomar y me dijo que mejor me iba a la tienda a
descansar un rato. El tenía muchas cosas que hacer. Me quedé adormilada en la
tienda, cuando me desperté ya habían vuelto todos los demás y la jefa había
venido a ver cómo me encontraba. Le dije que de maravilla y me levanté para
cenar con todos.
Esa fue mi primera experiencia con un chico - terminó
su explicación Elena.
Así que te iniciaste muy jovencita.
Creo que me inicié en el mejor momento.
Y desde entonces...?
Pues desde entonces con todo el mundo que he podido.
Que ha sido mucha gente, aunque alguna joya se me había escapado, como
tú en la facultad.
Yo?. Te habías fijado en mí.
No, pero yo era bastante amiga de Marta en primero y
un día que fui a Pamplona a pasar un fin de semana con unos amigos la
llamé y nos vimos. Me preguntó por ti y me contó vuestra relación. Me
dijo que muchas veces se acordaba de ti y te recordaba con cariño. Eso
me hizo mirarte de otro modo, pero nunca conseguí acercarme a ti.
Pues qué pena, de haberlo sabido hubiera sido yo
quien diera el primer paso. La verdad es que como tenías fama de
devorahombres ninguno de mi pandilla nos atrevíamos a acercarnos a ti,
ni a cruzarnos en tu camino. Casi te huíamos.
Bueno, eso es agua pasada. Y lo importante es que
ahora estamos muy bien. Yo creo que me voy a apuntar va esa cofradía de
magoyas, y te puedo aportar a bastante gente de la que he conocido hasta
ahora.
Y ahora mismo, cómo estás, emparejada o sola?
Vivo sola si es lo que quieres saber. Tengo tres
personas con las que comparto mi vida sexual y afectiva. Dos chicos y
una chica. Ya los conocerás. Los tres son bisexuales y pasamos juntos
muy buenos ratos.
Y tu hermana?
Felizmente casada con un bancario. Tiene dos niños
monísimos que son mi debilidad. De tarde en tarde nos vemos y hace mucho
que no hemos tenido una sesión. Pero nos la damos de vez en cuando.
Y del chico del campamento. Sabes algo?
Es una de las personas con las que comparto mi vida.
Todavía seguís juntos.
No exactamente.
Al regresar del campamento dejamos de vernos. El es
cuatro años mayor que yo y yo sólo era una niña. Pero la vida da muchas
vueltas. En mi primer trabajo era mi jefe. Estaba soltero y solo en la
vida y ...
Te lo volviste a llevar al huerto. – la interrumpí.
No, pero esa es otra historia y ahora debemos
regresar a la siguiente sesión del congreso, que a mi me ha pedido mi
jefe que le haga un resumen especial de esta ponencia, que le ha
parecido muy interesante para nuestro negocio.
Entramos de nuevo al congreso y seguimos el resto de sesiones
del día. A la hora de comer nos juntamos con otras gentes. Al acabar las
sesiones nos llevaron de vuelta al hotel. Por la noche teníamos cena en un barco
sobre el Guadalquivir.
Pero eso será otra historia.....
Agréguenme y cuéntenme sus experiencias.
cmagoya@hotmail.com