– ¡Aaaaaaah! –gritó Laetitia Casta, teniendo un nuevo
orgasmo. Enseguida lanzó su cabeza adelante, y besó apasionadamente a su rival:
Estella Warren. Las dos bellas modelos, totalmente desnudas, acostadas de lado
sobre la enorme cama tamaño reina, siguieron abrazadas, aplastando sus grandes
pechos y sus peludos –aunque bien cuidados– sexos. Sus lenguas se movieron
violentamente, saliendo y entrando entre los otros carnosos labios pintados con
carmín rojo. Jadeantes y sudorosas, la canadiense rubia y la francesa castaña
siguieron en su particular duelo sexual.
Hacía ya una semana que las dos bellas chicas se habían
enfrentado físicamente, y tras varias refriegas habían acabado luchando
duramente en el motel Sirena, donde Estella había logrado derrotar en el
último momento a Laetitia. Pero la francesa no estuvo conforma con el
resultando, alegando que la rubia había ganado gracias a la suerte. Así la retó
a una revancha, esta vez sexual, y Estella, impaciente por demostrar que ella
era mejor que Laetitia –y recordando que Laetitia había logrado que ella tuviera
un orgasmo en dicha pelea-, aceptó sin dudarlo.
Ahora, en la mansión que Laetitia tenía en la costa francesa,
ambas volvían a encararse, dispuestas a resolver de una vez por todas quien de
ellas era la mejor mujer.
Tras más de veinte minutos, realmente ni una ni otra había
logrado tomar ventaja alguna, pues empataban en número de orgasmos, y tampoco
ninguna podía reclamar ventaja alguna en algún otro aspecto: mejores tetas,
mejores besos…
Laetitia había provocado rápidamente el primer orgasmo de la
tarde –una tarde que acababa, pues a través de la ventana del dormitorio donde
estaban, el sol iba hundiéndose lentamente en el mar–, pero Estella había
logrado remontar logrando dos orgasmos de su rival. Laetitia logró remontar
entonces con dos orgasmos consecutivos de la rubia, y la canadiense logró
entonces el tercer orgasmo de la francesa. Entonces ambas lograron casi a la vez
un par de orgasmos de la rival, para que Laetitia finalmente lograra un sexto –y
hasta ahora último– orgasmo de Estella. Ahora, la modelo rubia había logrado
empatar el duelo con un nuevo orgasmo de Laetitia.
Abrazándose más fuertemente, ambas mujeres juntaron sus coños
con rabia, frotándolos juntos para intentar lograr un nuevo orgasmo de la rival
y tomar así ventaja. Realmente desde que Estella había llegado a la mansión, ni
ella ni Laetitia se habían hablado, y ninguna regla o norma se había impuesto,
ni tampoco qué decidiría la victoria o derrota. Pero ambas estaban obsesionadas
con lograr un mayor número de orgasmos de la contrincante, como si ello pudiera
ser motivo suficiente para declarar a la ganadora.
– ¡Aaaaahh! ¡Aaaaah! –jadearon entonces al unísono, echando
atrás sus cabezas y teniendo a la vez un nuevo orgasmo. Frustradas por no lograr
resistir los encantos de su rival y enojadas por haberse corrido varias veces
cuando ambas estaban seguras de que ello nunca ocurriría, Estella y Laetitia se
concentraron exclusivamente en la lucha de sus coños, dejando de besarse y de
luchar teta a teta. Sus mojadas entrepiernas chocaron cara a cara, o giraron en
círculos sobre la otra, mientras las dos modelos se calentaban más y más.
Sudorosas y sin aliento, las dos volvieron a correrse una vez más, y dos, y
tres.
Entonces, se empujaron con cólera, y rodaron cada una a un
lado de la enorme cama. Arrodillándose frente a frente, ambas recuperaron la
respiración, mientras se miraban con fuego en los ojos. Sin decir aún nada,
ambas se acercaron sobre sus rodillas, y abrazándose de nuevo, empezaron a
besarse con fuerza, metiendo sus lenguas lo más profundamente que podían en las
otras gargantas. Esta vez sus sexos estaban separados, como si ambas quisieran
recuperar el control y la energía en sus entrepiernas. Pero el duelo sexual
seguía a través de sus lenguas, sus labios, sus tetas y sus pezones.
Jadeando, ambas se esforzaron con sus labios y sus lenguas en
lograr calentar a la rival, en hacer despertar sus instintos más básicos, en
lograr dominarla sexualmente. La saliva pasó de una boca a otra, o caía a veces
desde los bordes de sus labios, unos labios gruesos y sensuales que parecían
diseñados exclusivamente para dar placer. Ambas sabían que el duelo estaba
igualado, y que si alguna lograba dominar los labios rivales con sus besos
tendría una clara ventaja, pudiendo romper el estancamiento.
Con los ojos cerrados, y abrazándose cada vez más fuerte,
Estella y Laetitia siguieron con el duelo de besos con lengua durante casi cinco
minutos. Para entonces estaban muy calientes, con sus entrepiernas ardiendo. Sin
poder aguantar más, las dos modelos juntaron sus sexos de golpe, mientras
dejaban de besarse y, mirando abajo, se concentraban en su lucha de ingles.
Frotándolas de un lado a otro, las mujeres gimieron de placer, una y otra vez.
Con el placer invadiendo sus cuerpos, ambas volvieron a
besarse apasionadamente, intentando de nuevo lograr ventaja en la pugna. Sus
tetas chocaban, se aplastaban y se bamboleaban juntas, con sus pezones
clavándose mutuamente. Sus sexos, por su parte, batallaban, bombeándose uno a
otro sin descanso, y humedeciéndose.
Laetitia bajó entonces su cabeza al cuello de Estella, y
comenzó a besarlo con lentos besos cargados de lujuria. La rubia alzó su cabeza,
y con los ojos cerrados gimió de placer. La gala siguió con la efectiva táctica,
y Estella siguió jadeando eróticamente sin poder reaccionar. Perdiéndose en una
espiral de éxtasis y frustración, Estella cayó sobre la cama, con Laetitia sobre
ella. La francesa siguió concentrada en el cuello de su oponente, ahora dándole
sensuales lametones mientras daba golpes rítmicos con su entrepierna contra el
sexo de Estella.
- ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaaaaah! –finalmente, la canadiense tuvo
un orgasmo brutal, que hizo que su cuerpo temblase de placer. Pero su grito fue
ahogado por los labios de Laetitia, que volvieron a taponar sus propios labios
para besarla dulcemente.
Sabiendo que Laetitia tenía ventaja ahora, Estella cambió de
plan. Sus manos, que estaban agarrando la espalda de su rival, bajaron
rápidamente hasta el desnudo trasero de Laetitia. Mientras devolvía a la gala,
con igual intensidad y viciosidad, su beso, la rubia usó su mano derecha para
estimular el sexo de la otra modelo desde atrás. Con su mano izquierda, en
cambio, masajeó suavemente el pétreo trasero de Laetitia.
La francesa fue entonces la que echó atrás su cabeza y jadeó
de placer: Estella la estaba masturbando. La canadiense no quiso dejar escapar a
su enemiga, y alzó también su cabeza para besarla con fuerza vengativa. Laetitia
perdió el control de la situación, y Estella logró rodar sobre ella.
Dejando de masturbarla, la rubia decidió que quería hacer que
Laetitia se corriese usando su propio coño como arma, al igual que Laetitia
había hecho con ella. Así agarró ambas muñecas de la gala para inmovilizarla
bajo ella, y empezó a moverse arriba y abajo con movimientos contundentes,
golpeando su sexo contra la ingle de Laetitia, y sus tetas contra la parte
inferior de los pechos de su rival. La francesa gimió con cada golpe, cerrando
los ojos mientras intentaba alejar de ella la sensación de placer que la
invadía. Estella bajó entonces la cabeza y besó a Laetitia, mientras sus
movimientos pélvicos aumentaron de intensidad… hasta que Laetitia apartó su boca
de la suya y gritó a causa del implacable orgasmo que Estella había logrado
sacarle.
- ¡Aaaaaaaaah! –la gala miró con odio a la canadiense, y
ambas se besaron con una rabia increíble, mordiéndose en ocasiones.
Rodando de un lado a otro de la cama, el feroz intercambio de
besos y mordiscos concluyó un minuto después con ambas mujeres tumbadas sobre
sus lados, bombeando rápida y duramente sus ingles juntas. Los jadeos y gemidos
se convirtieron en gritos enseguida, mientras ambas aumentaban la velocidad de
sus movimientos. Finalmente, un nuevo doble orgasmo sacudió sus cuerpos al
unísono. Entonces, las dos se empujaron con frustración, odiándose por la
igualdad mostrada.
Tumbadas boca arriba, ambas tomaron aire con pesadas
bocanadas, como si fueran peces fuera del agua. Una docena de orgasmos habían
hecho temblar sus cuerpos, y aún así no se había resuelto nada. Pero Estella
tuvo una idea.
Estirando su pierna, la rubia colocó su pie directamente en
el sexo de Laetitia, que jadeó por el repentino contacto. Sabiendo que Estella
buscaba una venganza por lo ocurrido en su anterior pelea, Laetitia alcanzó con
su pie el sexo de su oponente enseguida, aceptando el reto. Jadeando de placer,
las dos bellas chicas empezaron a masturbarse mansamente, usando sus dedos con
suavidad, con movimientos circulares o de penetración. Mordiéndose los labios
para reprimir los gemidos viciosos que querían escapar de sus gargantas,
Laetitia y Estella continuaron con el desafío durante más de dos minutos.
Entonces, ambas notaron que sus cuerpos volvían a
convulsionarse por el inminente placer del orgasmo. Sin embargo, esta vez una de
ellas logró su objetivo unos segundos antes que la rival: con un temblor
descontrolado, Laetitia se corrió con un nuevo grito. Estella, sabiendo que
enseguida ella misma se correría, apartó de un manotazo el pie de su rival de su
sexo, y se arrodilló dispuesta a saltar sobre Laetitia, para así dominarla de
una vez por todas.
Pero la francesa aún tenía fuerzas para reaccionar con
velocidad, y fue ella la que se incorporó y, de un salto, derribó a Estella
sobre la cama. Con odio en sus ojos, Laetitia metió dos de sus dedos en el sexo
de la rubia, moviéndolos con destreza para masturbar a la canadiense. Estella,
ante el inesperado ataque, gritó de placer, e intentó apartar a la modelo gala
de encima suya, pero no pudo hacerlo a tiempo. Su sexo estaba muy caliente y
húmedo tras el masaje del pie de Laetitia, y la nueva masturbación de la
francesa hizo que enseguida tuviera un orgasmo y su consecuente grito de placer.
Con un rabioso empujón, Estella apartó a Laetitia, y ambas
rodaron a un lado contrario de la cama. Arrodillándose, ambas se observaron. Sus
grandes tetas subían y bajaban al ritmo de sus aceleradas respiraciones, y sus
mojados sexos aún goteaban. El sudor cubría la totalidad de sus perfectos
cuerpos, y la saliva caía desde sus bellos y enrojecidos labios. Apartando de
sus rostros sus cabellos mojados –de sudor-, las modelos intercambiaron miradas
cargadas de rivalidad, envidia, repugnancia y rencor.
Por primera vez desde que se habían encontrado ese día, se
hablaron:
- Eres más resistente follando de lo que creía, puta
–masculló Estella.
- Tú también lo eres, zorra –replicó Laetitia-. Pero la
pregunta es: ¿cuánto tiempo más podrás aguantar?
- Esa pregunta deberías responderla tú mejor –contestó
Estella-. Si te vencí peleando, lo haré follando.
- Que tuvieras suerte y me ganarás hace una semana no
significa que vayas a volver a tenerla hoy, furcia –dijo Laetitia.
- Te he estado dominando, guarra –Estella miró fijamente a la
gala-. Así que abandona esa pose de engreída de una vez.
- Creo que he sido yo la que te he estado dominando,
presuntuosa –Laetitia devolvió la mirada con igual intensidad, fijándose con
envidia en los sensuales labios de Estella. La rubia notó la mirada y observó
detenidamente los labios de Laetitia y los envidió tanto como su rival envidiaba
los suyos.
- Trae esos patéticos labios tuyos aquí, zorra –dijo la
canadiense-. Contra los míos.
- Estoy deseando demostrarte que mis labios son mejores que
esos deformes labios de los que tan orgullosa estás, puta –dijo la gala, y ambas
avanzaron de rodillas contra la otra.
Cuando estaban ya a corta distancia, ambas golpearon juntos
sus labios, una y otra vez. No se besaban, no abrían sus bocas, ni usaban sus
lenguas; simplemente impactaban labio a labio, buscando algún tipo de ventaja
psicológica, ya que no habían logrado ninguna física. Poco a poco el duelo de
impactos fue convirtiéndose en un duelo de besos frontales. Sus cabezas iban
ladeándose lentamente, y sus labios fueron abriéndose y sus lenguas emergiendo
con cada vez más frecuencia. Finalmente, Estella y Laetitia acabaron besándose
apasionadamente, mordiéndose los labios inferiores, succionando la saliva de la
otra boca, empujando la otra lengua… sus cuerpos fueron calentándose de nuevo.
Sus manos y brazos, lentamente, se acercaron a los otros
cuerpos, y también lentamente se fueron abrazando, estrujando juntos sus
desnudos pechos, mientras seguían batallando con sus bocas. Pero ninguna pensó
en sus tetas: el desafío había sido lanzado, y eran sus bocas las que deberían
decidirlo.
Las dos modelos cayeron entonces sobre la cama, donde
siguieron besándose viciosamente. Sin poder remediarlo, ambas notaron como sus
sexos palpitaban de placer a causa de los ardientes besos rivales. Abrazándose
más fuertemente aún, ambas rodaron por la cama, sin separar nunca sus bocas.
Finalmente Laetitia quedó sobre Estella, y la francesa
estrujó su cuerpo contra el de la canadiense. Separando sus bocas bruscamente,
ambas jadearon pesadamente para recuperar el aire perdido.
- ¿Cómo de larga es tu lengua, zorra? –jadeó Laetitia
desafiante.
- Baja aquí y descúbrelo, puta –replicó Estella, mirando a
los ojos a su rival.
Ambas sacaron sus lenguas en una clara provocación a la otra
mujer, y en menos de un segundo juntaron sus bocas llenas de saliva de forma
lasciva. Mordiéndose los labios con los propios, salivando en la otra boca,
moviendo en círculos sus lenguas, las dos modelos batallaron inmóviles sobre la
cama. Laetitia sobre Estella. Los sonidos de los chupetones y los suaves
quejidos de placer sonaron amortiguados en la cama, y nadie podría haberlos oído
si no hubiera estado muy cerca de las combatientes.
La lucha se hizo cada vez más lenta, mientras ambas querían
probar –a sí mismas y a la otra- qué lengua era la mejor. Cara a cara, ambas
notaron la respiración caliente de la rival, al mismo tiempo que sus brazos iban
estrechando más y más el cuerpo de la oponente. Moviendo las cabezas a un lado u
otro, ambas buscaron la mejor cobertura para sus bocas y sus lenguas, buscando
el punto débil del beso rival. La saliva caía por sus barbillas, y sus ojos se
cerraron mientras se concentraron en el lento e igualado duelo.
Cada milímetro de sus lenguas, de sus labios, de sus dientes,
y del interior de sus bocas fue lamido y degustado. Pero aún querían más:
querían forzar a la otra hasta la más humillante derrota.
Buscando tomar ventaja, Estella logró empujar con su cadera,
chocando sexo a sexo con Laetitia y rodando sobre ella. Ahora encima, la rubia
besó apasionadamente a la francesa, y ésta replicó con hambre. Tras un minuto de
intento beso, ambas se separaron, tomaron aire mientras se miraban con odio y
envidia, y volvieron a besarse con sus babeantes bocas.
Laetitia entonces alzó suavemente su sexo, tocando el de
Estella. Ambas jadearon en voz baja, pero ninguna rehuyó el contacto.
- No sólo follaré tu boca, furcia, sino también tu coño –dijo
Estella mientras mordía el labio inferior de Laetitia con pasión.
- Soy yo la que te está follando, y la que dejará secos tus
labios –Laetitia gruñó sensualmente, mientras lamía con su lengua los dientes de
la canadiense-. Tanto los de arriba como los de abajo, engreída.
- Inténtalo Laetitia –ronroneó Estella, mirando a los ojos a
Laetitia.
- Lo haré Estella –respondió Laetitia antes de que ambas se
besaran con fuerza.
Con lentos pero firmes movimientos pélvicos, ambas siguieron
batallando sexo a sexo, sin dejar de lado su duelo de besos. Laetitia logró
finalmente hacer rodar a Estella, pero no logró colocarse sobre ella, por lo que
ambas quedaron sobre sus costados.
- Veamos si en igualdad de condiciones eres tan dura –gruñó
la francesa.
- Pruébame –jadeó Estella.
Sus entrepiernas ardían, pero ni una ni otra la apartó del
sexo de la oponente; con movimientos circulares y topetones frontales, las dos
modelos se follaron duramente, mientras sus labios y sus lenguas se batían en un
caliente duelo. Estella clavó sus pezones en las grandes tetas de Laetitia,
haciéndola gemir de dolor. Por respuesta, Laetitia embistió con sus pezones, y
ahora fue la rubia quién jadeó dolorida.
Sexo a sexo, pecho a pecho, lengua a lengua, Estella y
Laetitia batallaron sobre sus costados, abrazando con fuerza su rival. La larga
pelea había logrado que ambas controlasen mejor sus orgasmos, por lo que las dos
bellezas supieran mantener a raya el enorme placer que sentían, al menos por
ahora.
Harta del estancamiento, Estella dejó de besar a la francesa
y bajó su boca al suave cuello de Laetitia, besándolo y, de vez en cuando, dando
pequeños y suaves mordiscos con sus blancos dientes. La francesa jadeó de
placer, pero enseguida bajó sus labios al cuello fino de Estella, usando su
lengua en toda la longitud de éste. Tras un minuto de este intercambio sensual,
ambas volvieron a encarar sus labios y a besarse, más apasionadamente que antes.
Laetitia dio un nuevo y duro topetón con sus tetas, aplastando momentáneamente
los pechos de Estella. La canadiense gruñó y contestó estrujando sus bellos
pechos contra los firmes orbes de la francesa. Alzando las piernas, ambas
empezaron a encadenarse juntas, sin que sus coños perdiesen el contacto en
ningún momento.
- Puta –jadearon eróticamente al unísono, en una pausa de su
largo beso para tomar aire.
No hablaron más mientras acanalaron toda sus cada vez más
menguantes energías en el frotamiento de sus bellísimos cuerpos juntos, con sus
piernas, sexos, estómagos, pechos y labios que se deslizaban juntos. Y sobre
todo ello, una fina capa de sudor. Lujuriosamente, las dos bellas mujeres
siguieron determinadas a lograr este orgasmo que tanto se resistía. Sus cuerpos
desnudos se molieron juntos más y más duramente.
Ahora dejaron de besarse para colocar sus cabezas sobre el
otro hombro y concentrar sus esfuerzos en sus calientes sexos. Bombeando
rítmicamente sus pechos y pezones juntos para agregar agresión al duelo, sus
entrepiernas se frotaron de todas las maneras posibles, logrando grandes jadeos
de placer y dolor en la otra mujer. Ambas echaron atrás sus cabezas al mismo
tiempo, y gritaron mientras sus cuerpos se convulsionaban duramente… y el
orgasmo llegó. Abrazándose con más fuerza, ambas disfrutaron del placer que
recorría sus temblorosos cuerpos, y entonces, recordando que estaban peleando,
se empujaron con rabia y frustración.
Arrodillándose frente a frente, ambas se observaron con odio
mientras intentaban recuperar el ritmo de sus respiraciones.
- Si estás… cansada… puedes dejarlo –jadeó Estella.
- Si quieres… dejarlo… no hace falta… pones excusas –replicó
Laetitia-. Entiendo que… no puedas más.
- Trae tus tetas… aquí… y veamos quién…no puede más –retó
Estella, sacando pecho.
- Será tu… final –la gala miró con desprecio el pecho de la
rubia, y avanzó de rodillas hacia ella, mientras la canadiense se acercaba a la
francesa.
Juntando sus tetas con un sudoroso choque, las dos modelos
empezaron a exprimirlas juntas entre gemidos de esfuerzo. Arriba y abajo, a un
lado y a otro, ambas usaron sus pechos para frotar y aplastar los orbes rivales,
usando especialmente sus pezones para arañar y apuñalar la otra carne. De vez en
cuando alguna lograba forzar un pequeño grito de dolor a la oponente, tras una
hábil puñalada de pezón o tras un poderoso empuje de sus grandes tetas. Aún así,
ninguna tomaba ventaja, tal y como siempre pasaba entre ellas cuando encaraban
sus pechos.
Enlazando sus manos para aumentar la presión, Estella y
Laetitia siguieron batallando pecho a pecho, mirándose a los ojos para buscar el
más leve signo de que la otra estaba siendo abrumada. Pero cualquier mueca de
dolor o debilidad era insignificante, y breve.
Determinada a lograr una mejor palancada, Laetitia soltó las
manos de Estella y la abrazó por la cintura, cerrando con fuerza sus tetas
contra las de la rubia. Ambas jadearon de dolor, pero fue la canadiense la que
gritó. Rápidamente Estella abrazó por la cintura a la gala, y estampó con dureza
sus tetas contra los orbes de la modelo francesa, que gritó ahora. Sus tetas
chocaron repetidamente juntas, y ambas gritaron angustiosamente varias veces,
aumentando el volumen de éstos con cada choque.
Con sus senos cada vez más enrojecidos y sensibles, la lucha
fue bajando de intensidad, pues el cansancio de la larga lucha pasaba factura.
- Demoleré… tus tetas –jadeó Laetitia.
- Antes… explotaré las tuyas –jadeó Estella.
Laetitia y Estella continuaron chocando teta a teta,
torciendo sus torsos superiores para lograr mejores impactos, con lentos
movimientos hacia adelante y hacia atrás. Sus grandes tetas iban enrojeciéndose,
convirtiéndose en una masa de carne sensible bajo el contacto constante de los
pechos rivales. Los gritos de ambas llenaron el dormitorio, y los jadeos
fatigados resonaron casi tan altos como aquellos. Ríos de sudor cayeron por sus
cuerpos, y salpicaron sus caras cada vez que sus senos chocaban ruidosamente.
Las lágrimas fluyeron por ambos bellos rostros, mientras el combate se iba
deteniendo poco a poco.
Finalmente, tras un último minuto donde ambas se dedicaron a
frotar sus pechos arriba y abajo, en un desesperado y postrero intento de
someter los orbes rivales, las dos modelos se empujaron, cayendo sobre sus
espaldas. Ambas masajearon sus tetas suavemente, mientras lentamente iban
irguiéndose, hasta acabar sentadas en la cama.
- ¿Qué… te dije… puta? –dijo Estella-. Te dije que…
destrozaría tus… tetas… ¿no?
- ¿Destrozarlas? –replicó enojada Laetitia-. Soy yo… la que
ha… domesticado tus… tetas… ¿lo notaste?
- Sólo he notado… como tus tetas… eran aplastadas por… las
mías –la rubia se echó atrás, y sin dejar de mirar a la francesa puso ambos pies
en el suelo, levantándose.
- Pues yo he… notado justo lo… contrario –la modelo gala
también se levantó. Ambas mujeres empezaron a rodear la cama para encararse a
los pies de ésta-. Tus tetas… aplastadas por las… mías.
- Si las has… sometido –Estella empezó a recuperar su
respiración mientras ambas se encaraban a medio metro de distancia, con ambas
manos en sus caderas-, ¿por qué siguen… así de firmes? –la canadiense sacó
pecho, orgullosa. Laetitia observó sus tetas con desprecio, y entonces volvió a
mirar a los ojos de su rival, mientras sacaba hacia fuera su pecho también, con
el mismo orgullo que Estella.
- Si has sometido… a las mías… ¿por qué siguen siendo…
mejores que las tuyas? –dijo Laetitia.
Con rabia ambas estamparon duramente sus pechos juntos,
hundiendo ambas manos profundamente en el cabello de la otra mujer. Gruñendo,
ambas frotaron sus tetas y pezones juntos durante unos segundos rabiosos, hasta
que cayeron al suelo con Laetitia encima.
- ¡Hace tiempo que no te corres zorra! –gruñó la francesa,
soltando su mano derecha de la rubia cabellera de Estella y bajándola hasta el
coño de la canadiense. Usando dos dedos, Laetitia empezó a masturbar a su
oponente con fuerza. Estella empezó a gritar suavemente, y a convulsionarse,
mientras tiraba con fuerza del cabello de Laetitia. Sin embargo, los quejidos de
placer seguían escapando de la boca de la rubia mientras que los hábiles dedos
franceses se movieron hacia dentro y hacia fuera de su húmedo sexo-. Y ahora,
disfruta del viaje.
Con estas palabras, la gala bajó sus labios hacia el cuello
de Estella, y empezó a besarlo con pasión. Estella, sabiendo que la lucha era de
Laetitia ahora, intentó controlar el orgasmo que iba creciendo en su interior, y
pensó rápidamente en cómo escapar. Así, dejó el cabello de su rival y con
premura metió dos dedos de su mano izquierda en el trasero de Laetitia, que
jadeó de dolor y placer.
- ¡Furcia! –maldijo la francesa ante el ataque de Estella,
tras apartarse del cuello de la rubia.
- ¡Puta! –gruñó Estella, usando su otra mano para empujar a
un lado a Laetitia. Así, ambas quedaron sobre sus costados. Enseguida ambas
lanzaron sus manos libres hacia la rival, imitando la táctica de la otra:
mientras Estella introducía su mano derecha en el caliente sexo de la francesa,
ésta insertaba un par de dedos de su mano izquierda en el trasero de Estella.
Los jadeos, gritos y gruñidos llenaron el lugar mientras se
masturbaban doblemente, calentándose más y más. Queriendo tomar ventaja, Estella
se inclinó adelante y en una postura algo incómoda, empezó a lamer el pezón
derecho de Laetitia. La francesa jadeó ante el placer que recibía, pero
enseguida replicó lamiendo el pezón derecho de la rubia. Muy lentamente
empezaron a rodar a un lado a otro, sin dejar de masturbarse, y lamiendo o
chupando los otros pezones, las otras tetas, los otros cuellos o los otros
labios. Una y otra fueron teniendo duros orgasmos, pero no por ello detuvieron
este agotador duelo, rodando de un lado a otro.
Finalmente, y aún empatadas en orgasmos, ambas dejaron de
masturbarse momentáneamente para arrodillarse frente a frente. Enlazando un
brazo alrededor del otro cuello, ambas se besaron con rabia, usando sobre todo
sus lenguas, mientras sus manos libres volvían al sexo rival. Sólo unos segundos
después, ambas volvieron a correrse a la vez, pero siguieron insistiendo hasta
que un segundo y consecutivo orgasmo las hizo separarse con un gruñido de
placer.
Jadeantes y arrodilladas, las dos modelos se observaron
tensamente durante unos segundos. Entonces, sin previo aviso, Estella estampó su
palma derecha en la mejilla de Laetitia, con tal fuerza que el golpe resonó en
toda la habitación. La cabeza de la gala se movió a un lado bruscamente,
mientras gemía dolorida. Pero su réplica no se hizo esperar, y en menos de un
segundo Laetitia abofeteaba viciosamente la mejilla de la rubia, cuya cabeza
giró rudamente al lado. Estella gimió, y contraatacó, al mismo tiempo que
Laetitia volvía a alzar su mano. Tras intercambiarse media docena de crueles
bofetadas, las dos mujeres se agarraron las enrojecidas mejillas y se observaron
con sus llorosos ojos.
- Creía que estábamos aquí para follar, no para pelear –gruñó
Laetitia con odio.
- Sólo quería dejarte claro que soy mejor que tú –replicó
Estella-. Peleando o follando.
- Ni peleando ni follando puedes conmigo –contestó la
francesa.
- ¿Quién ganó la semana pasada, zorra? –sonrió Estella.
- Cuestión de suerte, perra –se enojó Laetitia-. ¿Quién se
corrió la semana pasada?
- Cuestión de suerte –imitó la rubia-. ¿Quién está dominando
el duelo hoy?
- Yo –contestó la modelo de Francia, mientras ambas se
levantaban lentamente.
- No, soy yo –dijo la modelo canadiense mientras ambas se
empezaban a circundar.
Sólo un segundo después, Laetitia y Estella chocaban cuerpo a
cuerpo en el dentro de la habitación, cayendo al suelo en un machacante abrazo.
Forcejeando en el suelo, ambas pelearon por la posición superior durante más de
un minuto, sin que ni la francesa ni la canadiense lograsen ventaja alguna.
Tras quedar tumbadas juntas sobre sus costados, Laetitia se
inclinó adelante, y dejándose llevar por el caliente cuerpo a cuerpo, mordió la
nariz de Estella, masticándola como una perra rabiosa. Gritando, Estella agarró
con ambas manos el bello cabello de Laetitia, sacudiendo su cabeza ferozmente
hacia un lado y otro, hasta que la gala dejó de morderla, gritando de dolor ante
el ardor que sufría en su cuero cabelludo. Entonces la francesa clavó su rodilla
izquierda en las costillas de la rubia, pero ésta resistió las ganas de gritar y
arañó el muslo derecho de Laetitia desde abajo, casi alcanzando su sexo. La
francesa gimió, apretando los dientes con rabia, y agarró ambas tetas de Estella
en replica. La rubia ahora gritó angustiada, y agarró los pechos de Laetitia,
haciéndola gritar también.
Los mutuos estrujones de tetas duraron sólo unos segundos,
hasta que Estella soltó su mano derecha de un pecho de Laetitia y, cerrando su
puño, lo estampó directamente en la barbilla de su rival. Laetitia gimió
dolorida, y agarró el sedoso cabello de la rubia para tirar de él hacia atrás,
tumbando a su rival. Así, la francesa quedó tumbada sobre la canadiense, pecho a
pecho, vientre a vientre, sexo a sexo.
- ¡Voy a destrozarte puta! –gimió Estella, rabiosa porque
Laetitia estuviera sobre ella.
- ¡Inténtalo furcia! –gruñó Laetitia, mientras ambas se
abrazaban con fuerza, moliendo sus fabulosas tetas juntas mientras empezaban a
besarse apasionadamente. El sudor hizo sus cuerpos deslizadizos, por lo que
ninguna pudo mantener firmemente el abrazo mutuo. Ello hizo que una y otra
lograse la posición superior durante sólo unos pocos segundos, rodando de un
lado a otro entre besos calientes, embestidas de pechos y choques de húmedos
sexos.
Después de más de dos minutos así, ambas gemían en voz alta,
soltando ardientes sus respiraciones en la boca de la otra mujer. Piel contra
piel, su entusiasmo sexual comenzó a aumentar con cada penetración de lengua,
cada fricción de pechos, cada pezón doblado, cada roce de coños.
Entonces, Estella logró la posición superior, y la mantuvo
mientras ambas luchaban pezón a pezón. Laetitia entonces cerró los ojos y gimió,
ya que la rubia había logrado doblar sus pezones.
- No eres rival para mí –dijo Estella, pero la gala logró
rodar sobre ella, volviendo a empezar el duelo de pezones. Ahora fue la
canadiense la que apretó los dientes, dejando escapar un leve quejido tras
sentir como sus pezones eran doblados por los de su rival.
- Parece que eres tú la que no es rival para mí –dijo
Laetitia, mientras ambas siguieron batallando con sus pezones. Estella logró
enseguida empujar a Laetitia, pero la francesa frenó parte del impulso y ambas
quedaron sobre sus costados, donde sus pechos batallaron en igualdad de
condiciones.
- Mis tetas son definitivamente mejores que las tuyas guarra
–dijo la modelo gala.
- Las mías son las que están ganando, y lo sabes, zorra
–replicó la modelo canadiense.
Pero a pesar de sus declaraciones, era obvio que ningún pecho
ni ningún pezón podía ahora tomar ventaja, por lo que las dos decidieron dar
algo más a su oponente.
- ¡Puta asquerosa! –gritaron al unísono, frustradas, y sus
manos derechas bajaron directamente a sus entrepiernas. Un doble gemido de sus
húmedos labios resonó en el dormitorio cuando dos dedos de sus manos penetraron
en el otro sexo.
La mutua masturbación las hizo correrse en cuestión de
segundos, pero ello no las detuvo. Abrazando a la rival con más fuerza con el
otro brazo, Laetitia y Estella se masturbaron muy duramente con dos dedos,
forzando gritos de placer y de dolor por igual. Ensambladas por sus pechos,
donde sus pezones se doblaban mutuamente, y con sus planos vientres chocando
sudorosamente, las dos guerreras lograron orgasmos casi a la vez, una y otra
vez. Y cada vez lo lograban con más rapidez. Ello se convirtió en una prueba de
resistencia.
- ¡Saca tus... jodidos dedos de mi... coño! –gruñó agotada
Laetitia.
- ¡Sácalos tú... antes de... mi coño, furcia! –gimió
extenuada Estella.
Por mutuo y silencioso acuerdo, ambas cedieron a la exigencia
de la otra y dejaron de masturbarse, separándose y rodando hacia el otro lado.
Así quedaron tumbadas, jadeantes, sudorosas y calientes en el frío suelo.
Corriéndose una vez más, ambas gimieron de placer. Y el silencio se hizo en el
lugar, sólo roto por las olas que rompían en la cercana costa francesa.
Ambas sufrían un enorme dolor en todo el cuerpo, pero más aún
en sus sexos. Palpitantes, pegajosos... y prácticamente secos. El sudor llenaba
sus espectaculares cuerpos desnudos, mientras gemían y jadeaban, moviéndose en
el suelo a uno y otro lado.
Y, cinco minutos después, Laetitia se levantó, agotada.
Estella la observó, y cautelosamente se levantó también, tambaleante. La
francesa entonces se giró, y se marchó. La rubia, extrañada, la siguió a
distancia, hasta que llegaron a la cocina. Allí, Laetitia abrió el frigorífico y
sacó un botellín de agua. Ansiosa, lo abrió y bebió, mientras una sedienta
Estella la observaba. Laetitia acabó de beber, y dejando la botella a un lado,
sacó otra, que lanzó a Estella. La canadiense la cogió al vuelo, y se la bebió
de un trago. Así pudo humedecer sus resecos labios.
Entonces Laetitia cogió un bote de leche de la nevera, y le
dio un largo sorbo. Estella se acercó a ella, y Laetitia le ofreció. Tras dar un
buen trago a la leche, Estella la dejó a un lado, mientras ambas se miraban
sensualmente.
- ¿Quieres más leche? –dijo Laetitia, con una mirada
penetrante a Estella.
- ¿Quieres tú? –replicó Estella, devolviendo la mirada a su
rival. Estirando su brazo, vació la mesa central de la cocina de un manotazo. A
pesar del estropicio causado en su cocina, Laetitia sonrió, y se subió a la
mesa, tumbándose de lado. Estella, sonriendo también, se subió a ella,
tumbándose al revés que su oponente, para que ambas tuvieran sus bellos y
jugosos labios frente a las otras desnudas y apetecibles tetas.
Sin dudarlo, ambas lanzaron sus gruesos labios rojos
adelante, directamente contra el pecho de la rival: mientras Laetitia lamía la
teta derecha de Estella, la rubia chupaba el pecho izquierdo de la gala.
Hambrientas, y sedientas, ambas abrieron sus bocas todo lo posible para abarcar
toda la carne de pecho posible. El sudor de la rival les saciaba la sed, y la
firme carne saciaba su hambre.
Con los pezones erectos, ambas bellezas siguieron su duelo
con grandes aspiraciones mutuas, abriendo las bocas todo lo posible y usando sus
lenguas con destreza. Las dos jadeaban y gemían de placer con la boca sobre el
otro pecho, pero no por ello detenían su ritmo. Y, de un minuto a otro,
cambiaban su táctica: si Laetitia chupaba el pezón de la canadiense, Estella
lamía con su lengua toda la longitud del pecho de la francesa; si Laetitia usaba
su lengua alrededor de la esfera del pecho de la rubia, Estella mordisqueaba con
suavidad el pezón de la castaña. Y, viendo la efectividad de las tácticas
ajenas, ambas imitaban éstas, intentando mejorarlas, mientras se burlaban con
susurros como "yo puedo chupar pezones mejor que tú" o "mi lengua es más
caliente que la tuya".
Y, así, el combate se alargó durante casi quince minutos, en
los que ni una ni otra logró tomar ventaja alguna en el placer logrado. Con sus
bocas agotadas, ambas bajaron el ritmo progresivamente, hasta casi frenarse
totalmente al alcanzar el minuto veinte.
- Cambiemos de teta –jadearon a la vez, queriendo tanto
atacar el otro pecho como descansar sus bocas unos segundos. Cambiando de puesto
sus cuerpos con deliberada lentitud, encararon su otro orbe ante la ansiosa boca
rival. Tras lamerse los labios, comenzaron de nuevo la rutina sobre la mesa de
la cocina, con energías renovadas.
Esta vez, sin embargo, ambas estaban decididas a debilitar y
desinflar el otro pecho. No podían soportar ver la belleza y la grandeza de las
tetas de la otra modelo. Así ambas usaron más sus dientes, y sus chupones fueron
más fuertes y sonoros. Aunque el ritmo era alto de nuevo, pronto el agotamiento
y el dolor volvieron a aparecer en sus bocas, y el duelo empezó de nuevo a
decaer. Cerrando sus ojos, se esforzaron en seguir adelante en el desafío, pero
finalmente, en un mutuo acuerdo silencioso, ambas apartaron sus labios del otro
pecho tras sólo seis minutos.
Sentándose sobre la mesa, Estella y Laetitia quisieron
enseguida comprobar algo. Ya que ninguna podía forzar a la otra a reconocer su
derrota en este desafío, lo probarían físicamente. Abrazándose con fuerza, pecho
a pecho sentadas sobre la mesa, las dos modelos estrujaron sus tetas duramente.
Moviéndolas en círculos, ambas buscaron cualquier debilidad en los pechos
rivales, cualquier agujero en su defensa logrado gracias a sus labios.
Dos minutos de intenso estrujón no decidió nada, sin embargo.
Frustradas, se soltaron y agacharon en una posición torpe sus cabezas, para
volver a chupar y lamer las tetas rivales con sus lenguas y labios. Ambas
buscaban de nuevo desinflar los otros orbes.
Y tras cuatro calientes minutos en los que las modelos
aspiraron, mordisquearon y lamieron los otros pechos, Laetitia y Estella
volvieron a abrazarse férreamente. Sus malgastados pechos batallaron lentamente,
arriba y abajo, a un lado y a otro. Y esta vez ambas sí encontraron grietas en
la defensa de la oponente. Un gruñido leve indicaba a una u otra que esa zona de
la teta rival estaba debilitada por la acción de los gruesos labios, los blancos
dientes y la bífida lengua de la otra modelo, y en ese lugar se insistía con
ardor. Mientras Estella había detectado una zona más blanda de lo normal en el
exterior del pecho derecho de Laetitia, la modelo gala había notado que Estella
jadeaba de dolor cuando atacaba el interior de su orbe derecho. Por ello, ambas
clavaron con dureza sus pezones en esas zonas, logrando un mutuo y largo gemido
angustioso.
- Ya eres mía –se susurraron calientes, y empujaron más
profundamente con sus tiesos pezones. Cerrando los ojos de dolor, ambas se
torturaron más y más, teta a teta. Ansiosas por frenar el dolor, se besaron
pasionalmente, mientras cocaban con sus coños duramente.
El tiempo perdió su sentido, mientras sobre la mesa follaron
una y otra vez...
CONTINUARÁ...