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TODORELATOS » RELATOS » EL MEJOR CUERPO II: SEXO A SEXO
[ Mentiras de día y pedos de noche, los hay a troche y a moche. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 17 de Mayo, 2008.
Fecha: 15-Mar-08 « Anterior | Siguiente » en Fantasías Eróticas (1449 de 1469)

El Mejor Cuerpo II: Sexo a Sexo

Anubisx
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Estella Warren y Laetitia Casta, cara a cara de nuevo en una caliente sexfight. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

– ¡Aaaaaaah! –gritó Laetitia Casta, teniendo un nuevo orgasmo. Enseguida lanzó su cabeza adelante, y besó apasionadamente a su rival: Estella Warren. Las dos bellas modelos, totalmente desnudas, acostadas de lado sobre la enorme cama tamaño reina, siguieron abrazadas, aplastando sus grandes pechos y sus peludos –aunque bien cuidados– sexos. Sus lenguas se movieron violentamente, saliendo y entrando entre los otros carnosos labios pintados con carmín rojo. Jadeantes y sudorosas, la canadiense rubia y la francesa castaña siguieron en su particular duelo sexual.

Hacía ya una semana que las dos bellas chicas se habían enfrentado físicamente, y tras varias refriegas habían acabado luchando duramente en el motel Sirena, donde Estella había logrado derrotar en el último momento a Laetitia. Pero la francesa no estuvo conforma con el resultando, alegando que la rubia había ganado gracias a la suerte. Así la retó a una revancha, esta vez sexual, y Estella, impaciente por demostrar que ella era mejor que Laetitia –y recordando que Laetitia había logrado que ella tuviera un orgasmo en dicha pelea-, aceptó sin dudarlo.

Ahora, en la mansión que Laetitia tenía en la costa francesa, ambas volvían a encararse, dispuestas a resolver de una vez por todas quien de ellas era la mejor mujer.

Tras más de veinte minutos, realmente ni una ni otra había logrado tomar ventaja alguna, pues empataban en número de orgasmos, y tampoco ninguna podía reclamar ventaja alguna en algún otro aspecto: mejores tetas, mejores besos…

Laetitia había provocado rápidamente el primer orgasmo de la tarde –una tarde que acababa, pues a través de la ventana del dormitorio donde estaban, el sol iba hundiéndose lentamente en el mar–, pero Estella había logrado remontar logrando dos orgasmos de su rival. Laetitia logró remontar entonces con dos orgasmos consecutivos de la rubia, y la canadiense logró entonces el tercer orgasmo de la francesa. Entonces ambas lograron casi a la vez un par de orgasmos de la rival, para que Laetitia finalmente lograra un sexto –y hasta ahora último– orgasmo de Estella. Ahora, la modelo rubia había logrado empatar el duelo con un nuevo orgasmo de Laetitia.

Abrazándose más fuertemente, ambas mujeres juntaron sus coños con rabia, frotándolos juntos para intentar lograr un nuevo orgasmo de la rival y tomar así ventaja. Realmente desde que Estella había llegado a la mansión, ni ella ni Laetitia se habían hablado, y ninguna regla o norma se había impuesto, ni tampoco qué decidiría la victoria o derrota. Pero ambas estaban obsesionadas con lograr un mayor número de orgasmos de la contrincante, como si ello pudiera ser motivo suficiente para declarar a la ganadora.

– ¡Aaaaahh! ¡Aaaaah! –jadearon entonces al unísono, echando atrás sus cabezas y teniendo a la vez un nuevo orgasmo. Frustradas por no lograr resistir los encantos de su rival y enojadas por haberse corrido varias veces cuando ambas estaban seguras de que ello nunca ocurriría, Estella y Laetitia se concentraron exclusivamente en la lucha de sus coños, dejando de besarse y de luchar teta a teta. Sus mojadas entrepiernas chocaron cara a cara, o giraron en círculos sobre la otra, mientras las dos modelos se calentaban más y más. Sudorosas y sin aliento, las dos volvieron a correrse una vez más, y dos, y tres.

Entonces, se empujaron con cólera, y rodaron cada una a un lado de la enorme cama. Arrodillándose frente a frente, ambas recuperaron la respiración, mientras se miraban con fuego en los ojos. Sin decir aún nada, ambas se acercaron sobre sus rodillas, y abrazándose de nuevo, empezaron a besarse con fuerza, metiendo sus lenguas lo más profundamente que podían en las otras gargantas. Esta vez sus sexos estaban separados, como si ambas quisieran recuperar el control y la energía en sus entrepiernas. Pero el duelo sexual seguía a través de sus lenguas, sus labios, sus tetas y sus pezones.

Jadeando, ambas se esforzaron con sus labios y sus lenguas en lograr calentar a la rival, en hacer despertar sus instintos más básicos, en lograr dominarla sexualmente. La saliva pasó de una boca a otra, o caía a veces desde los bordes de sus labios, unos labios gruesos y sensuales que parecían diseñados exclusivamente para dar placer. Ambas sabían que el duelo estaba igualado, y que si alguna lograba dominar los labios rivales con sus besos tendría una clara ventaja, pudiendo romper el estancamiento.

Con los ojos cerrados, y abrazándose cada vez más fuerte, Estella y Laetitia siguieron con el duelo de besos con lengua durante casi cinco minutos. Para entonces estaban muy calientes, con sus entrepiernas ardiendo. Sin poder aguantar más, las dos modelos juntaron sus sexos de golpe, mientras dejaban de besarse y, mirando abajo, se concentraban en su lucha de ingles. Frotándolas de un lado a otro, las mujeres gimieron de placer, una y otra vez.

Con el placer invadiendo sus cuerpos, ambas volvieron a besarse apasionadamente, intentando de nuevo lograr ventaja en la pugna. Sus tetas chocaban, se aplastaban y se bamboleaban juntas, con sus pezones clavándose mutuamente. Sus sexos, por su parte, batallaban, bombeándose uno a otro sin descanso, y humedeciéndose.

Laetitia bajó entonces su cabeza al cuello de Estella, y comenzó a besarlo con lentos besos cargados de lujuria. La rubia alzó su cabeza, y con los ojos cerrados gimió de placer. La gala siguió con la efectiva táctica, y Estella siguió jadeando eróticamente sin poder reaccionar. Perdiéndose en una espiral de éxtasis y frustración, Estella cayó sobre la cama, con Laetitia sobre ella. La francesa siguió concentrada en el cuello de su oponente, ahora dándole sensuales lametones mientras daba golpes rítmicos con su entrepierna contra el sexo de Estella.

- ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaaaaah! –finalmente, la canadiense tuvo un orgasmo brutal, que hizo que su cuerpo temblase de placer. Pero su grito fue ahogado por los labios de Laetitia, que volvieron a taponar sus propios labios para besarla dulcemente.

Sabiendo que Laetitia tenía ventaja ahora, Estella cambió de plan. Sus manos, que estaban agarrando la espalda de su rival, bajaron rápidamente hasta el desnudo trasero de Laetitia. Mientras devolvía a la gala, con igual intensidad y viciosidad, su beso, la rubia usó su mano derecha para estimular el sexo de la otra modelo desde atrás. Con su mano izquierda, en cambio, masajeó suavemente el pétreo trasero de Laetitia.

La francesa fue entonces la que echó atrás su cabeza y jadeó de placer: Estella la estaba masturbando. La canadiense no quiso dejar escapar a su enemiga, y alzó también su cabeza para besarla con fuerza vengativa. Laetitia perdió el control de la situación, y Estella logró rodar sobre ella.

Dejando de masturbarla, la rubia decidió que quería hacer que Laetitia se corriese usando su propio coño como arma, al igual que Laetitia había hecho con ella. Así agarró ambas muñecas de la gala para inmovilizarla bajo ella, y empezó a moverse arriba y abajo con movimientos contundentes, golpeando su sexo contra la ingle de Laetitia, y sus tetas contra la parte inferior de los pechos de su rival. La francesa gimió con cada golpe, cerrando los ojos mientras intentaba alejar de ella la sensación de placer que la invadía. Estella bajó entonces la cabeza y besó a Laetitia, mientras sus movimientos pélvicos aumentaron de intensidad… hasta que Laetitia apartó su boca de la suya y gritó a causa del implacable orgasmo que Estella había logrado sacarle.

- ¡Aaaaaaaaah! –la gala miró con odio a la canadiense, y ambas se besaron con una rabia increíble, mordiéndose en ocasiones.

Rodando de un lado a otro de la cama, el feroz intercambio de besos y mordiscos concluyó un minuto después con ambas mujeres tumbadas sobre sus lados, bombeando rápida y duramente sus ingles juntas. Los jadeos y gemidos se convirtieron en gritos enseguida, mientras ambas aumentaban la velocidad de sus movimientos. Finalmente, un nuevo doble orgasmo sacudió sus cuerpos al unísono. Entonces, las dos se empujaron con frustración, odiándose por la igualdad mostrada.

Tumbadas boca arriba, ambas tomaron aire con pesadas bocanadas, como si fueran peces fuera del agua. Una docena de orgasmos habían hecho temblar sus cuerpos, y aún así no se había resuelto nada. Pero Estella tuvo una idea.

Estirando su pierna, la rubia colocó su pie directamente en el sexo de Laetitia, que jadeó por el repentino contacto. Sabiendo que Estella buscaba una venganza por lo ocurrido en su anterior pelea, Laetitia alcanzó con su pie el sexo de su oponente enseguida, aceptando el reto. Jadeando de placer, las dos bellas chicas empezaron a masturbarse mansamente, usando sus dedos con suavidad, con movimientos circulares o de penetración. Mordiéndose los labios para reprimir los gemidos viciosos que querían escapar de sus gargantas, Laetitia y Estella continuaron con el desafío durante más de dos minutos.

Entonces, ambas notaron que sus cuerpos volvían a convulsionarse por el inminente placer del orgasmo. Sin embargo, esta vez una de ellas logró su objetivo unos segundos antes que la rival: con un temblor descontrolado, Laetitia se corrió con un nuevo grito. Estella, sabiendo que enseguida ella misma se correría, apartó de un manotazo el pie de su rival de su sexo, y se arrodilló dispuesta a saltar sobre Laetitia, para así dominarla de una vez por todas.

Pero la francesa aún tenía fuerzas para reaccionar con velocidad, y fue ella la que se incorporó y, de un salto, derribó a Estella sobre la cama. Con odio en sus ojos, Laetitia metió dos de sus dedos en el sexo de la rubia, moviéndolos con destreza para masturbar a la canadiense. Estella, ante el inesperado ataque, gritó de placer, e intentó apartar a la modelo gala de encima suya, pero no pudo hacerlo a tiempo. Su sexo estaba muy caliente y húmedo tras el masaje del pie de Laetitia, y la nueva masturbación de la francesa hizo que enseguida tuviera un orgasmo y su consecuente grito de placer.

Con un rabioso empujón, Estella apartó a Laetitia, y ambas rodaron a un lado contrario de la cama. Arrodillándose, ambas se observaron. Sus grandes tetas subían y bajaban al ritmo de sus aceleradas respiraciones, y sus mojados sexos aún goteaban. El sudor cubría la totalidad de sus perfectos cuerpos, y la saliva caía desde sus bellos y enrojecidos labios. Apartando de sus rostros sus cabellos mojados –de sudor-, las modelos intercambiaron miradas cargadas de rivalidad, envidia, repugnancia y rencor.

Por primera vez desde que se habían encontrado ese día, se hablaron:

- Eres más resistente follando de lo que creía, puta –masculló Estella.

- Tú también lo eres, zorra –replicó Laetitia-. Pero la pregunta es: ¿cuánto tiempo más podrás aguantar?

- Esa pregunta deberías responderla tú mejor –contestó Estella-. Si te vencí peleando, lo haré follando.

- Que tuvieras suerte y me ganarás hace una semana no significa que vayas a volver a tenerla hoy, furcia –dijo Laetitia.

- Te he estado dominando, guarra –Estella miró fijamente a la gala-. Así que abandona esa pose de engreída de una vez.

- Creo que he sido yo la que te he estado dominando, presuntuosa –Laetitia devolvió la mirada con igual intensidad, fijándose con envidia en los sensuales labios de Estella. La rubia notó la mirada y observó detenidamente los labios de Laetitia y los envidió tanto como su rival envidiaba los suyos.

- Trae esos patéticos labios tuyos aquí, zorra –dijo la canadiense-. Contra los míos.

- Estoy deseando demostrarte que mis labios son mejores que esos deformes labios de los que tan orgullosa estás, puta –dijo la gala, y ambas avanzaron de rodillas contra la otra.

Cuando estaban ya a corta distancia, ambas golpearon juntos sus labios, una y otra vez. No se besaban, no abrían sus bocas, ni usaban sus lenguas; simplemente impactaban labio a labio, buscando algún tipo de ventaja psicológica, ya que no habían logrado ninguna física. Poco a poco el duelo de impactos fue convirtiéndose en un duelo de besos frontales. Sus cabezas iban ladeándose lentamente, y sus labios fueron abriéndose y sus lenguas emergiendo con cada vez más frecuencia. Finalmente, Estella y Laetitia acabaron besándose apasionadamente, mordiéndose los labios inferiores, succionando la saliva de la otra boca, empujando la otra lengua… sus cuerpos fueron calentándose de nuevo.

Sus manos y brazos, lentamente, se acercaron a los otros cuerpos, y también lentamente se fueron abrazando, estrujando juntos sus desnudos pechos, mientras seguían batallando con sus bocas. Pero ninguna pensó en sus tetas: el desafío había sido lanzado, y eran sus bocas las que deberían decidirlo.

Las dos modelos cayeron entonces sobre la cama, donde siguieron besándose viciosamente. Sin poder remediarlo, ambas notaron como sus sexos palpitaban de placer a causa de los ardientes besos rivales. Abrazándose más fuertemente aún, ambas rodaron por la cama, sin separar nunca sus bocas.

Finalmente Laetitia quedó sobre Estella, y la francesa estrujó su cuerpo contra el de la canadiense. Separando sus bocas bruscamente, ambas jadearon pesadamente para recuperar el aire perdido.

- ¿Cómo de larga es tu lengua, zorra? –jadeó Laetitia desafiante.

- Baja aquí y descúbrelo, puta –replicó Estella, mirando a los ojos a su rival.

Ambas sacaron sus lenguas en una clara provocación a la otra mujer, y en menos de un segundo juntaron sus bocas llenas de saliva de forma lasciva. Mordiéndose los labios con los propios, salivando en la otra boca, moviendo en círculos sus lenguas, las dos modelos batallaron inmóviles sobre la cama. Laetitia sobre Estella. Los sonidos de los chupetones y los suaves quejidos de placer sonaron amortiguados en la cama, y nadie podría haberlos oído si no hubiera estado muy cerca de las combatientes.

La lucha se hizo cada vez más lenta, mientras ambas querían probar –a sí mismas y a la otra- qué lengua era la mejor. Cara a cara, ambas notaron la respiración caliente de la rival, al mismo tiempo que sus brazos iban estrechando más y más el cuerpo de la oponente. Moviendo las cabezas a un lado u otro, ambas buscaron la mejor cobertura para sus bocas y sus lenguas, buscando el punto débil del beso rival. La saliva caía por sus barbillas, y sus ojos se cerraron mientras se concentraron en el lento e igualado duelo.

Cada milímetro de sus lenguas, de sus labios, de sus dientes, y del interior de sus bocas fue lamido y degustado. Pero aún querían más: querían forzar a la otra hasta la más humillante derrota.

Buscando tomar ventaja, Estella logró empujar con su cadera, chocando sexo a sexo con Laetitia y rodando sobre ella. Ahora encima, la rubia besó apasionadamente a la francesa, y ésta replicó con hambre. Tras un minuto de intento beso, ambas se separaron, tomaron aire mientras se miraban con odio y envidia, y volvieron a besarse con sus babeantes bocas.

Laetitia entonces alzó suavemente su sexo, tocando el de Estella. Ambas jadearon en voz baja, pero ninguna rehuyó el contacto.

- No sólo follaré tu boca, furcia, sino también tu coño –dijo Estella mientras mordía el labio inferior de Laetitia con pasión.

- Soy yo la que te está follando, y la que dejará secos tus labios –Laetitia gruñó sensualmente, mientras lamía con su lengua los dientes de la canadiense-. Tanto los de arriba como los de abajo, engreída.

- Inténtalo Laetitia –ronroneó Estella, mirando a los ojos a Laetitia.

- Lo haré Estella –respondió Laetitia antes de que ambas se besaran con fuerza.

Con lentos pero firmes movimientos pélvicos, ambas siguieron batallando sexo a sexo, sin dejar de lado su duelo de besos. Laetitia logró finalmente hacer rodar a Estella, pero no logró colocarse sobre ella, por lo que ambas quedaron sobre sus costados.

- Veamos si en igualdad de condiciones eres tan dura –gruñó la francesa.

- Pruébame –jadeó Estella.

Sus entrepiernas ardían, pero ni una ni otra la apartó del sexo de la oponente; con movimientos circulares y topetones frontales, las dos modelos se follaron duramente, mientras sus labios y sus lenguas se batían en un caliente duelo. Estella clavó sus pezones en las grandes tetas de Laetitia, haciéndola gemir de dolor. Por respuesta, Laetitia embistió con sus pezones, y ahora fue la rubia quién jadeó dolorida.

Sexo a sexo, pecho a pecho, lengua a lengua, Estella y Laetitia batallaron sobre sus costados, abrazando con fuerza su rival. La larga pelea había logrado que ambas controlasen mejor sus orgasmos, por lo que las dos bellezas supieran mantener a raya el enorme placer que sentían, al menos por ahora.

Harta del estancamiento, Estella dejó de besar a la francesa y bajó su boca al suave cuello de Laetitia, besándolo y, de vez en cuando, dando pequeños y suaves mordiscos con sus blancos dientes. La francesa jadeó de placer, pero enseguida bajó sus labios al cuello fino de Estella, usando su lengua en toda la longitud de éste. Tras un minuto de este intercambio sensual, ambas volvieron a encarar sus labios y a besarse, más apasionadamente que antes. Laetitia dio un nuevo y duro topetón con sus tetas, aplastando momentáneamente los pechos de Estella. La canadiense gruñó y contestó estrujando sus bellos pechos contra los firmes orbes de la francesa. Alzando las piernas, ambas empezaron a encadenarse juntas, sin que sus coños perdiesen el contacto en ningún momento.

- Puta –jadearon eróticamente al unísono, en una pausa de su largo beso para tomar aire.

No hablaron más mientras acanalaron toda sus cada vez más menguantes energías en el frotamiento de sus bellísimos cuerpos juntos, con sus piernas, sexos, estómagos, pechos y labios que se deslizaban juntos. Y sobre todo ello, una fina capa de sudor. Lujuriosamente, las dos bellas mujeres siguieron determinadas a lograr este orgasmo que tanto se resistía. Sus cuerpos desnudos se molieron juntos más y más duramente.

Ahora dejaron de besarse para colocar sus cabezas sobre el otro hombro y concentrar sus esfuerzos en sus calientes sexos. Bombeando rítmicamente sus pechos y pezones juntos para agregar agresión al duelo, sus entrepiernas se frotaron de todas las maneras posibles, logrando grandes jadeos de placer y dolor en la otra mujer. Ambas echaron atrás sus cabezas al mismo tiempo, y gritaron mientras sus cuerpos se convulsionaban duramente… y el orgasmo llegó. Abrazándose con más fuerza, ambas disfrutaron del placer que recorría sus temblorosos cuerpos, y entonces, recordando que estaban peleando, se empujaron con rabia y frustración.

Arrodillándose frente a frente, ambas se observaron con odio mientras intentaban recuperar el ritmo de sus respiraciones.

- Si estás… cansada… puedes dejarlo –jadeó Estella.

- Si quieres… dejarlo… no hace falta… pones excusas –replicó Laetitia-. Entiendo que… no puedas más.

- Trae tus tetas… aquí… y veamos quién…no puede más –retó Estella, sacando pecho.

- Será tu… final –la gala miró con desprecio el pecho de la rubia, y avanzó de rodillas hacia ella, mientras la canadiense se acercaba a la francesa.

Juntando sus tetas con un sudoroso choque, las dos modelos empezaron a exprimirlas juntas entre gemidos de esfuerzo. Arriba y abajo, a un lado y a otro, ambas usaron sus pechos para frotar y aplastar los orbes rivales, usando especialmente sus pezones para arañar y apuñalar la otra carne. De vez en cuando alguna lograba forzar un pequeño grito de dolor a la oponente, tras una hábil puñalada de pezón o tras un poderoso empuje de sus grandes tetas. Aún así, ninguna tomaba ventaja, tal y como siempre pasaba entre ellas cuando encaraban sus pechos.

Enlazando sus manos para aumentar la presión, Estella y Laetitia siguieron batallando pecho a pecho, mirándose a los ojos para buscar el más leve signo de que la otra estaba siendo abrumada. Pero cualquier mueca de dolor o debilidad era insignificante, y breve.

Determinada a lograr una mejor palancada, Laetitia soltó las manos de Estella y la abrazó por la cintura, cerrando con fuerza sus tetas contra las de la rubia. Ambas jadearon de dolor, pero fue la canadiense la que gritó. Rápidamente Estella abrazó por la cintura a la gala, y estampó con dureza sus tetas contra los orbes de la modelo francesa, que gritó ahora. Sus tetas chocaron repetidamente juntas, y ambas gritaron angustiosamente varias veces, aumentando el volumen de éstos con cada choque.

Con sus senos cada vez más enrojecidos y sensibles, la lucha fue bajando de intensidad, pues el cansancio de la larga lucha pasaba factura.

- Demoleré… tus tetas –jadeó Laetitia.

- Antes… explotaré las tuyas –jadeó Estella.

Laetitia y Estella continuaron chocando teta a teta, torciendo sus torsos superiores para lograr mejores impactos, con lentos movimientos hacia adelante y hacia atrás. Sus grandes tetas iban enrojeciéndose, convirtiéndose en una masa de carne sensible bajo el contacto constante de los pechos rivales. Los gritos de ambas llenaron el dormitorio, y los jadeos fatigados resonaron casi tan altos como aquellos. Ríos de sudor cayeron por sus cuerpos, y salpicaron sus caras cada vez que sus senos chocaban ruidosamente. Las lágrimas fluyeron por ambos bellos rostros, mientras el combate se iba deteniendo poco a poco.

Finalmente, tras un último minuto donde ambas se dedicaron a frotar sus pechos arriba y abajo, en un desesperado y postrero intento de someter los orbes rivales, las dos modelos se empujaron, cayendo sobre sus espaldas. Ambas masajearon sus tetas suavemente, mientras lentamente iban irguiéndose, hasta acabar sentadas en la cama.

- ¿Qué… te dije… puta? –dijo Estella-. Te dije que… destrozaría tus… tetas… ¿no?

- ¿Destrozarlas? –replicó enojada Laetitia-. Soy yo… la que ha… domesticado tus… tetas… ¿lo notaste?

- Sólo he notado… como tus tetas… eran aplastadas por… las mías –la rubia se echó atrás, y sin dejar de mirar a la francesa puso ambos pies en el suelo, levantándose.

- Pues yo he… notado justo lo… contrario –la modelo gala también se levantó. Ambas mujeres empezaron a rodear la cama para encararse a los pies de ésta-. Tus tetas… aplastadas por las… mías.

- Si las has… sometido –Estella empezó a recuperar su respiración mientras ambas se encaraban a medio metro de distancia, con ambas manos en sus caderas-, ¿por qué siguen… así de firmes? –la canadiense sacó pecho, orgullosa. Laetitia observó sus tetas con desprecio, y entonces volvió a mirar a los ojos de su rival, mientras sacaba hacia fuera su pecho también, con el mismo orgullo que Estella.

- Si has sometido… a las mías… ¿por qué siguen siendo… mejores que las tuyas? –dijo Laetitia.

Con rabia ambas estamparon duramente sus pechos juntos, hundiendo ambas manos profundamente en el cabello de la otra mujer. Gruñendo, ambas frotaron sus tetas y pezones juntos durante unos segundos rabiosos, hasta que cayeron al suelo con Laetitia encima.

- ¡Hace tiempo que no te corres zorra! –gruñó la francesa, soltando su mano derecha de la rubia cabellera de Estella y bajándola hasta el coño de la canadiense. Usando dos dedos, Laetitia empezó a masturbar a su oponente con fuerza. Estella empezó a gritar suavemente, y a convulsionarse, mientras tiraba con fuerza del cabello de Laetitia. Sin embargo, los quejidos de placer seguían escapando de la boca de la rubia mientras que los hábiles dedos franceses se movieron hacia dentro y hacia fuera de su húmedo sexo-. Y ahora, disfruta del viaje.

Con estas palabras, la gala bajó sus labios hacia el cuello de Estella, y empezó a besarlo con pasión. Estella, sabiendo que la lucha era de Laetitia ahora, intentó controlar el orgasmo que iba creciendo en su interior, y pensó rápidamente en cómo escapar. Así, dejó el cabello de su rival y con premura metió dos dedos de su mano izquierda en el trasero de Laetitia, que jadeó de dolor y placer.

- ¡Furcia! –maldijo la francesa ante el ataque de Estella, tras apartarse del cuello de la rubia.

- ¡Puta! –gruñó Estella, usando su otra mano para empujar a un lado a Laetitia. Así, ambas quedaron sobre sus costados. Enseguida ambas lanzaron sus manos libres hacia la rival, imitando la táctica de la otra: mientras Estella introducía su mano derecha en el caliente sexo de la francesa, ésta insertaba un par de dedos de su mano izquierda en el trasero de Estella.

Los jadeos, gritos y gruñidos llenaron el lugar mientras se masturbaban doblemente, calentándose más y más. Queriendo tomar ventaja, Estella se inclinó adelante y en una postura algo incómoda, empezó a lamer el pezón derecho de Laetitia. La francesa jadeó ante el placer que recibía, pero enseguida replicó lamiendo el pezón derecho de la rubia. Muy lentamente empezaron a rodar a un lado a otro, sin dejar de masturbarse, y lamiendo o chupando los otros pezones, las otras tetas, los otros cuellos o los otros labios. Una y otra fueron teniendo duros orgasmos, pero no por ello detuvieron este agotador duelo, rodando de un lado a otro.

Finalmente, y aún empatadas en orgasmos, ambas dejaron de masturbarse momentáneamente para arrodillarse frente a frente. Enlazando un brazo alrededor del otro cuello, ambas se besaron con rabia, usando sobre todo sus lenguas, mientras sus manos libres volvían al sexo rival. Sólo unos segundos después, ambas volvieron a correrse a la vez, pero siguieron insistiendo hasta que un segundo y consecutivo orgasmo las hizo separarse con un gruñido de placer.

Jadeantes y arrodilladas, las dos modelos se observaron tensamente durante unos segundos. Entonces, sin previo aviso, Estella estampó su palma derecha en la mejilla de Laetitia, con tal fuerza que el golpe resonó en toda la habitación. La cabeza de la gala se movió a un lado bruscamente, mientras gemía dolorida. Pero su réplica no se hizo esperar, y en menos de un segundo Laetitia abofeteaba viciosamente la mejilla de la rubia, cuya cabeza giró rudamente al lado. Estella gimió, y contraatacó, al mismo tiempo que Laetitia volvía a alzar su mano. Tras intercambiarse media docena de crueles bofetadas, las dos mujeres se agarraron las enrojecidas mejillas y se observaron con sus llorosos ojos.

- Creía que estábamos aquí para follar, no para pelear –gruñó Laetitia con odio.

- Sólo quería dejarte claro que soy mejor que tú –replicó Estella-. Peleando o follando.

- Ni peleando ni follando puedes conmigo –contestó la francesa.

- ¿Quién ganó la semana pasada, zorra? –sonrió Estella.

- Cuestión de suerte, perra –se enojó Laetitia-. ¿Quién se corrió la semana pasada?

- Cuestión de suerte –imitó la rubia-. ¿Quién está dominando el duelo hoy?

- Yo –contestó la modelo de Francia, mientras ambas se levantaban lentamente.

- No, soy yo –dijo la modelo canadiense mientras ambas se empezaban a circundar.

Sólo un segundo después, Laetitia y Estella chocaban cuerpo a cuerpo en el dentro de la habitación, cayendo al suelo en un machacante abrazo. Forcejeando en el suelo, ambas pelearon por la posición superior durante más de un minuto, sin que ni la francesa ni la canadiense lograsen ventaja alguna.

Tras quedar tumbadas juntas sobre sus costados, Laetitia se inclinó adelante, y dejándose llevar por el caliente cuerpo a cuerpo, mordió la nariz de Estella, masticándola como una perra rabiosa. Gritando, Estella agarró con ambas manos el bello cabello de Laetitia, sacudiendo su cabeza ferozmente hacia un lado y otro, hasta que la gala dejó de morderla, gritando de dolor ante el ardor que sufría en su cuero cabelludo. Entonces la francesa clavó su rodilla izquierda en las costillas de la rubia, pero ésta resistió las ganas de gritar y arañó el muslo derecho de Laetitia desde abajo, casi alcanzando su sexo. La francesa gimió, apretando los dientes con rabia, y agarró ambas tetas de Estella en replica. La rubia ahora gritó angustiada, y agarró los pechos de Laetitia, haciéndola gritar también.

Los mutuos estrujones de tetas duraron sólo unos segundos, hasta que Estella soltó su mano derecha de un pecho de Laetitia y, cerrando su puño, lo estampó directamente en la barbilla de su rival. Laetitia gimió dolorida, y agarró el sedoso cabello de la rubia para tirar de él hacia atrás, tumbando a su rival. Así, la francesa quedó tumbada sobre la canadiense, pecho a pecho, vientre a vientre, sexo a sexo.

- ¡Voy a destrozarte puta! –gimió Estella, rabiosa porque Laetitia estuviera sobre ella.

- ¡Inténtalo furcia! –gruñó Laetitia, mientras ambas se abrazaban con fuerza, moliendo sus fabulosas tetas juntas mientras empezaban a besarse apasionadamente. El sudor hizo sus cuerpos deslizadizos, por lo que ninguna pudo mantener firmemente el abrazo mutuo. Ello hizo que una y otra lograse la posición superior durante sólo unos pocos segundos, rodando de un lado a otro entre besos calientes, embestidas de pechos y choques de húmedos sexos.

Después de más de dos minutos así, ambas gemían en voz alta, soltando ardientes sus respiraciones en la boca de la otra mujer. Piel contra piel, su entusiasmo sexual comenzó a aumentar con cada penetración de lengua, cada fricción de pechos, cada pezón doblado, cada roce de coños.

Entonces, Estella logró la posición superior, y la mantuvo mientras ambas luchaban pezón a pezón. Laetitia entonces cerró los ojos y gimió, ya que la rubia había logrado doblar sus pezones.

- No eres rival para mí –dijo Estella, pero la gala logró rodar sobre ella, volviendo a empezar el duelo de pezones. Ahora fue la canadiense la que apretó los dientes, dejando escapar un leve quejido tras sentir como sus pezones eran doblados por los de su rival.

- Parece que eres tú la que no es rival para mí –dijo Laetitia, mientras ambas siguieron batallando con sus pezones. Estella logró enseguida empujar a Laetitia, pero la francesa frenó parte del impulso y ambas quedaron sobre sus costados, donde sus pechos batallaron en igualdad de condiciones.

- Mis tetas son definitivamente mejores que las tuyas guarra –dijo la modelo gala.

- Las mías son las que están ganando, y lo sabes, zorra –replicó la modelo canadiense.

Pero a pesar de sus declaraciones, era obvio que ningún pecho ni ningún pezón podía ahora tomar ventaja, por lo que las dos decidieron dar algo más a su oponente.

- ¡Puta asquerosa! –gritaron al unísono, frustradas, y sus manos derechas bajaron directamente a sus entrepiernas. Un doble gemido de sus húmedos labios resonó en el dormitorio cuando dos dedos de sus manos penetraron en el otro sexo.

La mutua masturbación las hizo correrse en cuestión de segundos, pero ello no las detuvo. Abrazando a la rival con más fuerza con el otro brazo, Laetitia y Estella se masturbaron muy duramente con dos dedos, forzando gritos de placer y de dolor por igual. Ensambladas por sus pechos, donde sus pezones se doblaban mutuamente, y con sus planos vientres chocando sudorosamente, las dos guerreras lograron orgasmos casi a la vez, una y otra vez. Y cada vez lo lograban con más rapidez. Ello se convirtió en una prueba de resistencia.

- ¡Saca tus... jodidos dedos de mi... coño! –gruñó agotada Laetitia.

- ¡Sácalos tú... antes de... mi coño, furcia! –gimió extenuada Estella.

Por mutuo y silencioso acuerdo, ambas cedieron a la exigencia de la otra y dejaron de masturbarse, separándose y rodando hacia el otro lado. Así quedaron tumbadas, jadeantes, sudorosas y calientes en el frío suelo. Corriéndose una vez más, ambas gimieron de placer. Y el silencio se hizo en el lugar, sólo roto por las olas que rompían en la cercana costa francesa.

Ambas sufrían un enorme dolor en todo el cuerpo, pero más aún en sus sexos. Palpitantes, pegajosos... y prácticamente secos. El sudor llenaba sus espectaculares cuerpos desnudos, mientras gemían y jadeaban, moviéndose en el suelo a uno y otro lado.

Y, cinco minutos después, Laetitia se levantó, agotada. Estella la observó, y cautelosamente se levantó también, tambaleante. La francesa entonces se giró, y se marchó. La rubia, extrañada, la siguió a distancia, hasta que llegaron a la cocina. Allí, Laetitia abrió el frigorífico y sacó un botellín de agua. Ansiosa, lo abrió y bebió, mientras una sedienta Estella la observaba. Laetitia acabó de beber, y dejando la botella a un lado, sacó otra, que lanzó a Estella. La canadiense la cogió al vuelo, y se la bebió de un trago. Así pudo humedecer sus resecos labios.

Entonces Laetitia cogió un bote de leche de la nevera, y le dio un largo sorbo. Estella se acercó a ella, y Laetitia le ofreció. Tras dar un buen trago a la leche, Estella la dejó a un lado, mientras ambas se miraban sensualmente.

- ¿Quieres más leche? –dijo Laetitia, con una mirada penetrante a Estella.

- ¿Quieres tú? –replicó Estella, devolviendo la mirada a su rival. Estirando su brazo, vació la mesa central de la cocina de un manotazo. A pesar del estropicio causado en su cocina, Laetitia sonrió, y se subió a la mesa, tumbándose de lado. Estella, sonriendo también, se subió a ella, tumbándose al revés que su oponente, para que ambas tuvieran sus bellos y jugosos labios frente a las otras desnudas y apetecibles tetas.

Sin dudarlo, ambas lanzaron sus gruesos labios rojos adelante, directamente contra el pecho de la rival: mientras Laetitia lamía la teta derecha de Estella, la rubia chupaba el pecho izquierdo de la gala. Hambrientas, y sedientas, ambas abrieron sus bocas todo lo posible para abarcar toda la carne de pecho posible. El sudor de la rival les saciaba la sed, y la firme carne saciaba su hambre.

Con los pezones erectos, ambas bellezas siguieron su duelo con grandes aspiraciones mutuas, abriendo las bocas todo lo posible y usando sus lenguas con destreza. Las dos jadeaban y gemían de placer con la boca sobre el otro pecho, pero no por ello detenían su ritmo. Y, de un minuto a otro, cambiaban su táctica: si Laetitia chupaba el pezón de la canadiense, Estella lamía con su lengua toda la longitud del pecho de la francesa; si Laetitia usaba su lengua alrededor de la esfera del pecho de la rubia, Estella mordisqueaba con suavidad el pezón de la castaña. Y, viendo la efectividad de las tácticas ajenas, ambas imitaban éstas, intentando mejorarlas, mientras se burlaban con susurros como "yo puedo chupar pezones mejor que tú" o "mi lengua es más caliente que la tuya".

Y, así, el combate se alargó durante casi quince minutos, en los que ni una ni otra logró tomar ventaja alguna en el placer logrado. Con sus bocas agotadas, ambas bajaron el ritmo progresivamente, hasta casi frenarse totalmente al alcanzar el minuto veinte.

- Cambiemos de teta –jadearon a la vez, queriendo tanto atacar el otro pecho como descansar sus bocas unos segundos. Cambiando de puesto sus cuerpos con deliberada lentitud, encararon su otro orbe ante la ansiosa boca rival. Tras lamerse los labios, comenzaron de nuevo la rutina sobre la mesa de la cocina, con energías renovadas.

Esta vez, sin embargo, ambas estaban decididas a debilitar y desinflar el otro pecho. No podían soportar ver la belleza y la grandeza de las tetas de la otra modelo. Así ambas usaron más sus dientes, y sus chupones fueron más fuertes y sonoros. Aunque el ritmo era alto de nuevo, pronto el agotamiento y el dolor volvieron a aparecer en sus bocas, y el duelo empezó de nuevo a decaer. Cerrando sus ojos, se esforzaron en seguir adelante en el desafío, pero finalmente, en un mutuo acuerdo silencioso, ambas apartaron sus labios del otro pecho tras sólo seis minutos.

Sentándose sobre la mesa, Estella y Laetitia quisieron enseguida comprobar algo. Ya que ninguna podía forzar a la otra a reconocer su derrota en este desafío, lo probarían físicamente. Abrazándose con fuerza, pecho a pecho sentadas sobre la mesa, las dos modelos estrujaron sus tetas duramente. Moviéndolas en círculos, ambas buscaron cualquier debilidad en los pechos rivales, cualquier agujero en su defensa logrado gracias a sus labios.

Dos minutos de intenso estrujón no decidió nada, sin embargo. Frustradas, se soltaron y agacharon en una posición torpe sus cabezas, para volver a chupar y lamer las tetas rivales con sus lenguas y labios. Ambas buscaban de nuevo desinflar los otros orbes.

Y tras cuatro calientes minutos en los que las modelos aspiraron, mordisquearon y lamieron los otros pechos, Laetitia y Estella volvieron a abrazarse férreamente. Sus malgastados pechos batallaron lentamente, arriba y abajo, a un lado y a otro. Y esta vez ambas sí encontraron grietas en la defensa de la oponente. Un gruñido leve indicaba a una u otra que esa zona de la teta rival estaba debilitada por la acción de los gruesos labios, los blancos dientes y la bífida lengua de la otra modelo, y en ese lugar se insistía con ardor. Mientras Estella había detectado una zona más blanda de lo normal en el exterior del pecho derecho de Laetitia, la modelo gala había notado que Estella jadeaba de dolor cuando atacaba el interior de su orbe derecho. Por ello, ambas clavaron con dureza sus pezones en esas zonas, logrando un mutuo y largo gemido angustioso.

- Ya eres mía –se susurraron calientes, y empujaron más profundamente con sus tiesos pezones. Cerrando los ojos de dolor, ambas se torturaron más y más, teta a teta. Ansiosas por frenar el dolor, se besaron pasionalmente, mientras cocaban con sus coños duramente.

El tiempo perdió su sentido, mientras sobre la mesa follaron una y otra vez...

CONTINUARÁ...

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