INSEMINADA Y FOLLADA POR TODOS (Mari Mar 16)
Mari Mar continúa atrapada en Marruecos satisfaciendo a todos los que
solicitan sus servicios. DESENLACE FINAL DE LA SERIE.
Los 16 tíos masajeaban sus pollas ante la contemplación de mi
cuerpo desnudo. Un cuerpo de hembra en celo, sexualmente excitado y dispuesto a
satisfacerlos a todos.
En el centro de la sala, al lado de la mesa con las dos
sillas, miré a todos por turnos, pasando alrededor de las paredes de la
habitación y deteniéndome unos breves instantes en cada uno de ellos y en cada
una de las pollas que iba dejar totalmente secas y exhaustas. Notaba como mi ser
volvía una vez más a pedirme sexo y como mi coño latía de excitación contenida
destilando continuas y abundantes cantidades de sedosas secreciones.
Me llevé la mano al clítoris y noté cómo este estaba ya
totalmente fuera de cualquier protección que pudieran brindarle mis labios
menores los cuales se encontraban abiertos y resbalosos por la constante
excitación. Noté que estaba duro e inflamado, completamente excitado y
enardecido y sentí cómo éste con tan sólo el mínimo roce de mi dedo medio sobre
su expuesta superficie desencadenaba pequeños e involuntarios movimientos de mis
paredes vaginales en una búsqueda por atrapar una polla a la que exprimir su
jugo.
Mi culo pedía ser colmado. Saciado. Follado hasta reventar.
Lo notaba expectante, preparado y ansioso por albergar en mis entrañas las
pollas que le eran mostradas.
Mis pezones se encontraban completamente erizados, rígidos y
duros como rocas. Las sonrosadas areolas que los envolvían se encontraban en un
grado de excitación tal que parecieran que hubieran alcanzado el doble de su
tamaño normal.
Toda mi piel, todos los poros de mi piel percibían el más
mínimo estímulo, el más mínimo roce, la más leve caricia y lo traducían como el
más y mejor experto tocamiento que incluso el más inexperimentado y patoso
amante pudiera realizar.
Mi respiración se estaba acelerando por segundos, haciendo
que mis pechos se elevaran y se mostraran aún más provocativos y sugerentes de
lo que ya eran de por sí.
Y por mi cerebro se me cruzó una idea loca e inconsciente,
maquinal y casi diría que involuntaria. Una idea que en frío hubiera rechazado
de pleno y que sin embargo iba a realizar. Un pensamiento que quizás en mi fuero
más interno hubiera ya decidido en cuanto vi todas aquellas pollas a mi
disposición. Me encontraba totalmente trastornada, enajenada y llevada a un
vértice de depravación tal que para nada me importaban las consecuencias que
pudiera tener la petición que iba hacerles, cuando llegara el momento oportuno,
a los agentes...
Sin duda alguna la sobredosis del preparado que utilizaba "El
Profesor" para la elaboración de sus óvulos me había cambiado de forma radical.
Me había moldeado y formado de tal forma que ahora tan sólo vivía por y para el
sexo. Me había convertido en una adicta sexual, en una perfecta esclava no de un
único amo sino del sexo como tal y poco me importaba con quién iba a tener mis
indispensables raciones diarias, cada vez más apremiantes, de placer. Y fue en
ese estado pseudo – cataléptico cuando fui consciente de que también era, en
cierta forma, adicta al jodido preparado y de que poco me importaban las
consecuencias de suministrarme más del mismo y de que, en realidad, me importaba
un carajo que me liberaran o no y lo único que me importaba verdaderamente era
follar y follarles hasta reventar sus pollas. Y fueron todas aquellas
revelaciones, las que motivaron que cuando llegara el momento oportuno, les
pidiera a los guardias que me preñaran y que hicieran conmigo lo que les viniera
en gana...
Algunos de ellos y sin perder tiempo alguno, se masturbaban,
con sus bocas entreabiertas y con la vista perdida en la contemplación de los
pesados pechos que iban a disfrutar. Otros sonreían, seguros de sí mismos, de su
poderío y de su potencia sexual, convencidos de que sus rígidas y férreas vergas
me someterían y acabarían por hacer que les suplicase que me dejaran descansar,
incapaz de poder dar satisfacción a su varonil resistencia.
Mi cuerpo era objeto de las libidinosas y lascivas miradas de
los guardias, mientras pasaba por cada uno de ellos acompañada siempre a menos
de un metro del guardia que portaba la mastodóntica cámara Betamax y que
permanecía completamente vestido y pertrechado con la porra, canana de balas, el
revólver y los grilletes. Mientras tanto, yo me concentraba en el resto de
guardias que, desnudos, permanecían sin moverse en las paredes del habitáculo.
Le propinaba a uno un beso lleno de deseo, a otro un breve masajeo en su
inflamada y enardecida polla, a un tercero le daba a probar mis inhiestos y
tiesos pezones aproximando su cabeza a los dos cántaros de sedosa y tersa piel
que se le ofrecían.
A un cuarto, le identifiqué de inmediato como aquel que me
había humillado tirándome la comida y burlándose de mi, le dediqué una especial
nota de presentación a la sesión de sexo que se iba a iniciar en breve y me
aproximé a su cuerpo tanto que mis firmes pechos se aplastaron contra su peludo
torso de macho y abriendo ligeramente las piernas y poniéndome de puntillas,
logré colocar su polla, sin más, en mi encharcada y mojada vulva. Sin querer
penetrarme, comencé a moverme lentamente hacia delante y hacia atrás haciendo
que los labios vaginales envolvieran su virilidad y la dejaran completamente
mojada de mis flujos. Mi mente estaba cargada de impúdicos y sucios pensamientos
lujuriosos mientras seguía moviéndome haciendo que el guardia perdiera la
compostura y completamente nervioso cogiera mi culo con ambas manos para querer
levantarme los escasos dos centímetros que permitieran la penetración de su
polla en mi franqueable y húmeda vagina. Rápida, logré zafarme de una de sus
manos impidiéndole tener el apoyo necesario para poder levantarme lo suficiente
y que lograra éste su objetivo. Mientras tanto, yo continuaba moviéndome
rítmicamente sobre su tronco sin que su casi reventona polla pudiera penetrarme,
buscando el masajeo y frotamiento de ésta directamente sobre mi clítoris y
haciendo que alcanzara el primer orgasmo de la sesión mientras él, incontinente,
se corría en espasmódicas convulsiones sin haber podido catar mi sedoso
receptáculo. Chorretones de blanco y níveo esperma se precipitaban al suelo de
la sala a través del hueco que dejaban mis piernas abiertas depositando alguna
pequeña muestra de su corrida en el agujero de mi culo mientras yo continuaba
con mis vaivenes y traqueteos sobre su cada vez, menguada y disminuida polla a
consecuencia de la fogosa e incontinente eyaculación.
El resto de guardias irrumpieron en sonoras y socarronas
carcajadas ante lo acontecido, al tiempo que me separaba del abrazo del
"Precoz". Su cara era la manifestación de la rabia contenida. Los nudillos de
las manos se le ponían casi blancos de la fuerza que ejercía en sus puños
cerrados mientras su nuez bajaba y subía sin control alguno por su garganta. Sin
duda alguna, me había granjeado un enemigo. Un guardia que en cuanto me
distrajera trataría de hacérmelas pagar todas juntas la ofensa que le había
hecho con no permitirle la entrada en mi sexo. Pero mis planes eran otros y mis
propósitos con él iban a ser muy concretos y definidos. Iba a ser mi víctima. Un
martirizado y atormentado pelele. Un mequetrefe y títere payaso de mis propios
devaneos y caprichos en el terreno en que era la reina: el sexual.
A los guardias que quedaban les dediqué pequeños y ligeros
toques en sus penes, en sus pechos y en las cachas de sus oliváceos y peludos
culos. Mi excitación y las ganas de follarme iban subiendo de tono por segundos
y por cada uno de los pequeños toques que les iba dedicando a cada uno de ellos.
De esta forma, llegué al último de los dieciséis comenzando una nueva ronda
desde el número uno. Decidí que por cada una de las rondas iría subiendo el
grado y el valor de mi dedicación sobre cada uno de ellos, a excepción de "El
Precoz" al que trataría que se corriera sin poder catar realmente la hembra que
tenía a su alcance. Mi objetivo era putearle, era hacerle pasar ante sus
compañeros como un mierda por la humillación que me había proporcionado en la
ducha pocas horas antes.
Masajeándome las tetas y poniendo, a bien seguro cara de puta
salida, me dirigí de nuevo hacia el primero. Comencé a besarle como si me fuera
la vida en el empeño para, acto seguido, ponerme de rodillas para comenzar a
hacerle una de mis experimentadas mamadas. Cogí su pene con una de mis manos
levantando este hacia arriba para darme fácil acceso a los huevos que, enormes y
peludos, le colgaban para poder chuparlos y lamerlos convenientemente. Pasaba la
lengua por cada uno de ellos al tiempo que masajeaba la polla que se me ofrecía,
me metía uno de ellos completamente en la boca para, acto seguido y sin dilación
alguna, tragarme por entero su lanza sexual. El tipo de la cámara Betamax se
acercaba hasta tal punto con el objetivo que si me sacaba en el momento oportuno
la polla de la boca cuando el guardia comenzara a correrase salpicaría el visor
de la vetusta videocámara sin duda alguna. Y fue lo que me propuse hacer.
Comencé a follar al moro oralmente, metiéndome su instrumento hasta las
mismísimas amígdalas para sacármela por entero de nuevo a excepción de su cabeza
a la que dedicaba un par de segundos de intensa y concentrada succión para
inmediatamente después volvérmela a clavar hasta el interior de mi glotona
garganta mientras le acariciaba la bolsa que contenían sus huevos repletos de
leche. Repetí la misma operación ocho o nueve veces más antes de sacármela para
poder admirar la polla completamente bañada en mi saliva y lamer como una
perrita todo el tronco de la moruna verga. Después, me concentré durante apenas
10 o 15 segundos en el capullo, succionándolo, besándolo y lamiendo con la punta
de mi lengüita el frenillo y el ojo del glande para poco después volvérmela a
comer en toda su totalidad iniciando de nuevo el ciclo de la mamada
proporcionada.
Notaba cómo en cuclillas me palpitaba el coño y cómo éste
destilaba sus sedosos y resbaladizos fluidos a lo largo de todas las paredes de
la vagina hasta acumularse en rutilantes gotitas en la entrada de mi cueva de
placer. La danzarina cadenita del piercing hacía las veces de canal o guía de
éstas hasta precipitarse hasta el suelo en un pequeño y delator charquito de mi
excitación.
El tío de la cámara, dándose cuenta de todo esto no pudo por
menos que tirar hacia uno de los lados de la cadenita del piercing, abriéndome
más la vulva con este acto, a la vez que continuaba grabando la poderosa
felación que estaba proporcionando a su compañero. En tres o cuatro minutos más,
noté cómo el moro comenzaba a contraer los músculos periniales, símbolo
inequívoco de la inminente corrida. Sin dilación alguna, me saqué la verga de la
boca y masturbando enérgicamente la polla completamente ensalivada, la dirigí en
rápida sucesión hacia el tipo de la cámara. Los chorros de esperma fueron
briosos y potentes pero con escasa puntería, pues dieron de pleno al portador de
la cámara y no a esta. El tío se puso farruco y chulón dejando momentáneamente
el trabajo de cameraman para limpiarse mientras sus compañeros se reían de la
situación.
El moro, ultrajado en su hombría, me cogió de un brazo
retorciéndomelo y haciendo que cayera al suelo de costado y levantando su puño
se dispuso a pegarme repetidamente con él en un intento de lavar su honra. Por
suerte sus propios compañeros le detuvieron y no pasó la cosa de un par de
gritos y miradas cargadas de odio y reproche. Otro enemigo me acababa de
granjear, mas lejos de ver el supuesto peligro que esto pudiera ocasionarme más
tarde no se me ocurrió otra cosa que coquetear y enardecer a éste más de lo que
ya estaba y comencé a acariciar sus botas, pantorrillas y muslos con mi pie
desnudo al tiempo que me tocaba mi chorreante coño con una de mis manos y me
pasaba glotonamente la lengua por mis ansiosos e impúdicos labios. El agente no
sabía en realidad cómo reaccionar ante mi actitud, mirando en rápida sucesión a
cada uno de sus sonrientes y sarcásticos camaradas. Mi pie alcanzó el centro de
su virilidad encontrándola completamente erecta e inflamada...
¡Nihil! Eres muy puta rubita europea, muy nihil.
¡Guarra!
¿Te gusta? –dije yo continuando con mis caricias-
veo que conoces mi idioma..., se que te gusta... siii... lo se... lo
siento... mmmmmnnn...
¡Nooo... noo no sigas! –dijo alarmado sin
entender yo el porqué de su alarma- ¡Nihil no sigas!
¿Y porqué no? – dije metiéndome un par de dedos
en mi vagina iniciando una de mis pajas y retorciéndome ligeramente
uno de mis pezones- Mmmmnn ¿No te gusta? Mmmnn yo creo que sí... lo
noto... aaahh ven mira fóllame delante de tu compañeros estoy muy
mojada ¿lo ves?
Nooo... noo ooooohhh ¡¡Salam peid jalal!!
Aaaaaaaaahhhhhhhhhh
Jajajajajaja ¡vaya! ¡Otro precoz tenemos en la
fiesta! –dije notando la humedad en sus pantalones y las
espasmódicas y repetidas convulsiones de la corrida- Como todos
seáis así no me va a costar nada el dejaros secos.
Todos los compañeros se comenzaron a mofar del cameraman a
excepción de "El Precoz" que continuaba serio y reservado, mirándome con marcado
resentimiento y animosidad. Ajena al peligro que pudieran suponerme "Los
Precoces" continué con las felaciones sobre cada uno de los restantes agentes
que quedaban comiéndoles las pollas dos en dos o de tres en tres a veces.
Los dos precoces salieron de la habitación con evidentes
muestras de resentimiento, nada querían ya conmigo y yo de momento, me había
quedado sin juguetes con los que jugar, al fin y al cabo, quedaban aún los
verdaderos machos.
Pasé más de una hora comiendo los rabos de los guardias,
haciéndoles perder la compostura y corriéndose sin remedio con mi glotona e
insaciable boca. Disfrutaba comiéndoles sus duros y rígidos miembros, me
entretenía y recreaba en sus colgantes y repletos huevos de semental sintiéndome
dichosa ante cada una de las potentes y vigorosas descargas que sus pistolas de
placer me brindaban sobre mis pesados y perfectos pechos y me sentía realizada y
consagrada como hembra ante cada una de las corridas que aquellos machos me
proporcionaban en el interior de mi garganta. Por cada instante que pasaba, por
cada segundo vivido en aquella situación, me iba sintiendo puta, muy puta. Y
ello me gustaba, me encantaba y me satisfacía. Los óvulos habían hecho de mí una
ninfómana, una desvergonzada e insolente hembra en una búsqueda casi constante
del placer y la lujuria. Me habían convertido en la más depravada, perfecta y
viciosa puta que hubiera existido jamás en la faz de la Tierra. Era "La Puta" y
en aquellos momentos la puta necesitaba tapar urgentemente sus otros agujeros.
De esta forma y en aquel estado de excitación cogí a uno de los moros y
obligándole a tumbarse en el losado me clavé toda su virilidad en mi necesitado
y hasta entonces vacío coño. Mis movimientos eran frenéticos y exacerbados. Me
clavaba toda su virilidad en mi ansiosa cueva para sacármela casi totalmente un
segundo después hasta caer de nuevo a lo largo de su maravilloso tronco al
siguiente. Mis pechos saltaban locos hacia arriba y hacia abajo en una comparsa
perfecta de mis delirantes vaivenes. Alternaba mis metidas con rápidos y
vigorosos movimientos circulares de mis caderas cuando sentía toda su maravilla
en el interior del guante que lo atrapaba al tiempo que me pellizcaba mis
enardecidos e inflamados pezones y masajeaba vigorosamente las tetas que a
gritos pedían también ser tratadas como se merecían. Sentí cómo de repente el
guardia tensaba su cuerpo y con fuerza me cogía con ambas manos las caderas que
lo estaban ordeñando...
Nooo –dije presionando mi pubis fuertemente sobre
su mástil, echándome sobre su peludo y sudoroso pecho desnudo- Nooo
nooo te corras aún oooohh es.. espera pu... ¿puedes esperar no?
¡Joder! -dije observando su cara de no entender ni papa de lo que
pretendía- ¿no me entiendes no? ¡Tu! ¡Ven aquí! ¡Tápame el culo,
venga tápame el culo! – dije al moro más cercano ofreciéndole y
abriéndome con las manos el agujero posterior-
El moro enseguida comprendió que mis intenciones eran
follámelos a todos por parejas en un constante y continuado sándwich de placer
sin fin. De un certero y rápido meneo clavó su ensalivada y tiesa polla en el
culo que se le ofrecía comenzando una rápida y vertiginosa cadencia en sus
metidas sobre las entrañas que, con placer y glotonería, lo albergaban. Sentía
cómo las dos inflamadas pollas casi se tocaban y acariciaban una con otra en un
sincronizado y ensayado movimiento de bombeo sobre la hembra que follaban cuando
al cabo tan sólo de 20 segundos después sentí cómo el moro que me follaba el
coño se contorsionaba y lanzaba una potente desgarga de leche en el interior de
mi vagina. Esta rápidamente fue taponada por otro guardia que, ávido y paciente,
aguardaba su turno para follar a la hembra que deseaba.
De esta forma y cambiando de poses y posturas, fueron todos y
cada uno de ellos ocupando los agujeros que más les complacían, en un claro
disfrute y goce de la hermosa y exuberante fémina que tenían a su entera
disposición. Mis orgasmos se continuaban, uno detrás de otro, en rápidas y
sucesivas oleadas de éxtasis sexual.
Pasó cerca de dos horas cuando todos ellos, y por dos veces
cada uno, vaciaron sus huevos en el agujero que le viniera en gana. En aquel
momento me sentí realmente cansada y agotada. Las piernas me temblaban y poco
más o menos me sostenían. A pesar de todo ello, aún no había cumplido con el
pensamiento que, unas horas antes, había resuelto realizar. Me sentía sucia y
llena de leche de macho. El semen de mi cuerpo se resecaba y extendía a lo lago
de mi boca, de mi cuello, de mis pechos, de mis caderas. De mi coño y de mi culo
salían blanquecinos chorros y espumarajos de licuado y disuelto esperma. Me
sentía llena de leche de macho, pero aún no lo suficiente y fue el momento en
que propuse a todos la petición, y casi súplica, que unas horas antes tenía en
mente realizar...
¿Os ha gustado cómo os he follado? -dije
recogiendo un poco de esperma alojado en el ombligo y llevándomelo a
la boca para probarlo- Mmmnnn ¡qué rico!... Sí os ha gustado, pero
aún quiero más. Quiero seguir follando y deseo que todos os corráis
en mi coño y me preñéis como una puta. Quiero absolutamente toda
vuestra leche en mi coño. Pero antes quiero que me traigáis los
óvulos. Los necesito, necesito llevármelos.
El tipo gordo, "El Meón", que era el único que sabía algo de
español, abrió los ojos desmesuradamente al principio para comenzar una sonora
carcajada seguida por todos los demás cuando les tradujo a estos mi petición.
Dos de ellos, los mismos que anteriormente se habían también encargado de mi
limpieza, me volvieron a llevar a la sala de duchas iniciando una nueva limpieza
"a fondo" de toda mi persona. Una vez más sentí la lanceta de la manguera
follarme la vagina aunque esta vez, fui yo misma la que movía la misma en mi
interior, para asombro y deleite de los dos guardias desnudos que me observaban.
Sus pollas fueron ganando fuerza y dureza al ver cómo yo misma disfrutaba de la
rigidez broncínea de la manguera y justo cuando iba a comerles las pollas pasó
"El Meón" a la habitación, esta vez vestido y acompañado de otro guardia, al que
ya había también usado antes, portando una bandeja con comida. Pollo, patatas
fritas, ensalada y una botella de medio litro de vino. Me di cuenta en aquel
momento que a penas había comido y comencé a devorar lo que me habían traído con
hambre atrasada.
Al cabo de la hora regresaron "Los Limpiadores", vestidos
esta vez. Con señas me indicaron que les acompañara. Les seguí hasta la
habitación de la mesa metálica y las dos sillas. Estaba vacía, vacía de machos.
No había ningún guardia para poder cubrirme. Defraudada, pensé que habían
desechado mi petición, sin embargo..., ¡encima de la mesa había una bacineta con
las 14 pelotas restantes del preparado! Parecía que habían aceptado mi petición,
mas, allí sólo estaban aguardándome los dos "Limpiadores".
Uno de "los limpiadores" me señaló la metálica escudilla
llena parcialmente de las pelotas que contenían el preparado de "El Profesor".
En cierta forma, era adicta al maldito preparado y quería sentir, al menos,
cerca de mí, una muestra de su malévolo y pervertido poder...
Sin mayores preámbulos me senté encima de la mesa. Subí mis
rodillas apoyando las desnudas plantas de los pies en la mesa blanca metálica y
separé al máximo mis piernas. Con esta postura pareciera que estuviera a punto
de saltar, al igual que una rana, hacia otro de los nenúfares de su charca. Los
labios de la vulva, por la postura adoptada y por el grado casi permanente de
cachondez que mantenía, se abrieron como los pétalos de una flor, mostrando el
comienzo de mi insaciable e insatisfecha cueva de placer, brillantes y
permanentemente lubricados. Los dos guardias se miraron y, tragando saliva,
intercambiaron miradas de complicidad y de renovada lujuria.
Alargué mi mano y cogí una de las pelotas que, bastantes
horas antes, había llevado en mi cuerpo para pasarlas por la frontera. Con otra
de mis manos separé aún más mis dilatados labios mayores para facilitar la
introducción de uno de los super-óvulos. Pasé su delicada y transparente piel
sobre los excitados pliegues de mi vulva, hacia arriba y hacia debajo de esta
como queriendo dar la bienvenida a alguien que formara parte inherente e
inseparable de ella misma y haciendo una levísima presión hacia el interior se
coló rápidamente en las oquedades de mi vagina, engulléndolo y desapareciendo
este completamente de la vista de los dos "limpiadores".
Manteniendo la posición, desvié la vista hacia la escudilla
metálica para coger otra de las pelotas. Quería sentir sólo su proximidad, su
inquebrantable dominio... cuando de improviso, sentí una profunda y rápida
penetración en mi abierto coño. Uno de los "limpiadores", en su línea por
follarme con los objetos que más a mano pudieran tener, me había metido
profundamente una larga, gruesa y negra porra que, hasta poco antes, había
estado sujeta a su cinturón. Sentí cómo rápidamente la bola era empujada hasta
la mismísima matriz de mi sexo para ser aplastada a continuación por la potente
y dura punta de la porra introducida sobre mi misma matriz. La salvaje e
inesperada intrusión de la porra en mi sexo hizo que instintivamente hiciera el
intento de cerrar las piernas, sin embargo, ya era tarde y mi vagina, dolorida
por la brutal arremetida, era irremediablemente ocupada por el intruso
inanimado. El otro "limpiador", con la agilidad y la premura del rayo, al ver
que me doblaba y que cerraba las piernas dispuesta a bajarme de la mesa me asió
de la pantorrilla de una de mis piernas obligándome a abrirme de nuevo para
facilitar la penetración de la porra. Mientras tanto, el otro "limpiador"
iniciaba un movimiento circular con la porra, como si quisiera descorchar una
botella. En este caso, la botella era yo, pues el líquido continente en la
pelota se precipitó raudamente hacia el exterior de la "botella descorchada"
bañando de paso, una vez más, las paredes vaginales de mi hambriento y deseoso
coño. La porra se mostró rápidamente cubierta de una fina película del brillante
y oleoso líquido del preparado que contenía la pelota en casi toda su
superficie. En tanto que el guardia continuaba con su labor de "descorchamiento
vaginal" el otro se ocupaba de mantener bien alta y bien abierta, la pierna que,
con innecesaria fuerza, me cogía. Y digo innecesaria, porque tan sólo a los 30
segundos después de esto me vi yo misma sorprendida, por propia y casi
involuntaria iniciativa, subiendo de nuevo la planta del pie que mantenía libre
a la mesa, abriéndome de piernas aún más y facilitando de esta forma el
"descorche" de mi persona...
Oooooohh jooodeeerr – le dije al moro
"descorchador" mirándole a la cara en el momento en que alzaba la
pierna – mmmnn de... deja de girar ya la porrita y fólleme duro con
ella cabrón... oooooooohmmmnn nnoooooooo... bom... bombéame
coño...ooooooohhh... ¡Fóllame duro!
Jejejejejeje la mielajl al tivier nihil!!!
Jajajajajaja – dijo el que me mantenía abierta y en alto la otra
pierna-
Jajajajajaja al tivier nihil!!! –dijo el
"descorchador" girando esta vez la porra hacia fuera de mi intimidad
desocupando mi tierna y ya lubricadísima vagina- Al tivier nihil
jalal paral yailejah!!!
¡¡¡Nooooooooo!!! –dije queriendo sujetar la porra
con la mano para que me follara con ella- ¡no me la saques joder!
¡Plof! –sonó la "vagina descorchada"-
¡Mierda! ¡Cabrón moro hijo puta! –le dije-
¡Fóllame con lo que te de la gana pero no me dejes así joder!
¡Nihil! Tiannaral sijil tuak miriah fenne i tuak
sarielj –dijo señalando el resto de las bolas con la porra
parcialmente embadurnada con la pelota que acaba de reventar-
Estaba claro que la intención de los guardias era el darme
los super-óvulos, pero no para que me los llevara conmigo de regreso sino para
ser objeto de recipiente de una masiva y salvaje sobredosis del preparado. Nunca
antes, en ninguna otra ocasión, había sido objeto de semejante administración de
producto activo. Resignada, pero al mismo tiempo temblorosa pues podría el tío
usar la porra conmigo de otra forma bien distinta, no tuve más remedio que coger
otra pelota llena a rebosar de la sustancia base del preparado de "El Profesor"
y llevar esta hacia la entrada de mi expectante gruta. Empuje ligeramente la
bola hacia el interior con dos de mis dedos, desapareciendo por completo en mi
oquedad...
¡Tiannaral sijil tuak miriah fenne i tuak
sarielj! -dijo de nuevo el moro señalando alternativamente con la
porra las bolas y mi coño abierto- ¡Tiannaral sijil nihil!
Yo... mira si queréis me folláis o haced conmigo
lo que queráis pe...pero por favor no creo que sea necesario el...
–protesté sin mucho convencimiento-
¡Tiannaral! –repitió alzando la mano para
arrearme una bofetada-
¡No! ¡no me pegues! ¡No es necesario, no es
necesario! –grité cogiendo otra bola e introduciéndola a
continuación en mi vagina-
¡Miriah! – volvió a decir esta vez sonriendo al
tiempo que su compañero dejaba mi pierna y se situaba justo detrás
de mí-
¿¡Más!?... Dios mío... ¿Qué pretenderéis hacer
después conmigo?... –dije cogiendo otra rebosante pelota entrando
casi en pánico por las consecuencias que pudiera ocasionarme el
hecho de una nueva absorción masiva de óvulos- Yo... só... sólo
pretendía llevar esto a su puto dueño... yo...
En ese momento sentí cómo el moro que se había situado detrás
de mí me cogía la vulva con ambas manos separando en extremo los labios
vaginales al tiempo que con sus codos me tiraba hacia atrás de las rodillas
abriéndome las piernas en un ángulo de 180º. Mi gruta quedó de esta forma
estirada y totalmente franqueable. Sentí cómo la pelota del preparado, por su
propia inercia e iniciativa, se desplazaba hacia interior de mi sexo y cómo la
entrada de este mostraba a las claras el agujero caliente, lubricado y sedoso
del canal que lo seguía. El moro de delante no pudo resistir la dulce y
depravada postura de la hembra que se le ofrecía y agachándose comenzó a comerme
con furia el coño. La pelota de preparado se me cayó rodando de la mano y el
moro, enmorrado en mi conejo, no pudo por menos que estirar el brazo para
hacerse dueño de esta. Haciendo una breve pausa en su labor lamedora, el moro
"enmorraó" me insertó cómodamente la pérfida esfera en mi cueva que, receptiva,
la engulló rápidamente.
Y de esta forma, y sin cambiar de técnica ni de postura, el
moro lamedor, con la ayuda de su colega, logró insertarme hasta seis bolas más
entre los jadeos y espasmos de placer que, incontroladamente, ya me estaban
sobreviniendo. De forma sucesiva tomó una vez más la porra en sus manos y
comenzó a presionar con esta en mi abierta grieta. Los super-óvulos fueron uno
tras otro, y sin demasiada resistencia, cediendo y bañando una vez más el sedoso
canal que los albergaban. Mis jadeos se convirtieron en gritos y los gritos en
alaridos cuando el moro masturbatorio comenzó y mantuvo el movimiento de bombeo
que estaba deseando desde un principio. Mis orgasmos se sucedían y encadenaban
uno detrás de otro en rápidas e interminables oleadas de placer.
Al rato, y después de haber tenido yo varios orgasmos, los
dos moros intercambiaron posiciones obligándome esta vez a adoptar la postura
del perrito encima de la mesa y proseguir con la inserción del resto de las
pelotas que aún quedaban en la escudilla, salvo que esta vez, mi expuesto culo,
también se llevó su respectiva dosis de preparado y de porra.
Al cabo de los 20 minutos y tras haberme obligado a limpiar
con la boca la porra que me había follado, los dos "limpiadores" se marcharon de
la habitación, dejándome tirada en la metálica mesa y experimentando aún
constantes, pequeños e incontrolables orgasmos. Mi organismo había absorbido una
nueva, malévola y masiva dosis de la sustancia con la que "El Profesor"
preparaba los óvulos de emputecimiento...
Mi cuerpo, insaciable, pedía más y más sexo y las ganas de
sentirme más puta fueron acrecentándose a medida que fueron pasando los
segundos. La sustancia estaba haciendo otra vez de las suyas aumentando mi
libido hasta límites insospechados. De improviso, la puerta de la sala se abrió
de repente dando entrada a "El Meón" seguido del resto de los guardias. A la
mayor parte de ellos los conocía, otros seis o siete, unidos recientemente al
grupo, eran desconocidos aún para mí. Todos y cada uno de ellos iban tomando
posiciones alrededor de la mesa al tiempo que sonreían maliciosamente y se
tocaban por encima de los pantalones sus pollas y los huevos repletos de leche
para la puta. Sin duda habían aceptado de buen grado el volver a follarme y la
idea de querer dejarme preñar sin duda les había gustado pues más guardias
habían acudido a la cita con la puta, o sea, yo...
Así que tur querer ser partera de nosotros ¿no?
–dijo "El Meón" en español macarrónico- ¡Vamoste a llenar bien de
leche nihil!
¡Pues comenzad y folladme! –dije completamente
salida y resuelta en mi decisión- ¡Folladme cómo queráis y gustéis
pero correos todos en mi coño! ¡Quiero que me preñeis!
Ante esto me tumbé en la mesa y alcé las rodillas hacia mis
tetas dejando franca, libre y receptiva la entrada a mi vagina. Los guardias uno
a uno fueron follándome una vez más por el agujero que más les convenían y
gustaban pero curiosamente ninguno de ellos se corría en mi vagina sino en el
interior de una botella de leche con un gran embudo situado en una de las
sillas. Por la sala iban entrando y saliendo tíos nuevos, diferentes a los
guardias, los cuales, situados en la entrada de la puerta iban cobrando una
tarifa por follarse a la guarra. Desesperada, veía cómo entraban tíos viejos
desdentados, jóvenes altos, delgados y de piel enjuta, que previamente de
sobarme y follar el agujero que querían se corrían rápidamente en el interior de
la botella de leche cuando lo que yo deseaba y había pedido era que se corrieran
en mi coño. Más de 50 tíos pasaron por mí cuando al cabo de un tiempo, el cual
no podría definir cuánto, y tras haber experimentado decenas de orgasmos la
botella estaba prácticamente llena, presentando un poco menos de la su capacidad
total. Mi coño era un insaciable e incontrolable canal de placer y lujuria y al
margen de mostrarse más que colmado y satisfecho me pedía más y más de lo que
aquellos machos me estaban dando. Mi culo estaba completamente dilatado y mis
tetas doloridas de tanto ser sobadas y mordidas y a pesar de todo, continuaba
deseando más y más...
¡Sois todos unos babosos! ¡Me folláis y ninguno
cumple con lo pactado! ¿Qué es lo que pretendéis? ¿Meterme toda esa
crema acumulada en la botella? ¡Con eso no me vais a preñar!
Jajajajajaja ¡No pretenderas que jodernos coño de
nihil en guarro no? Jajajajajaja ¡Nihil! Eso es todo para ti...
¡Ibrahim salal tiannaral miriah in nihil! – dijo "El Meón" dando
instrucciones a los que allí se encontraban-
Dos de ellos me cogieron de los brazos y echándolos hacia
atrás me obligaron a tumbarme de nuevo en la mesa manteniéndome inmovilizada y
fijada firmemente a esta mientras que otros cuatro tipos me cogían de las
piernas alzándomelas y abriéndomelas completamente. Sentí claramente cómo
quedaba completamente abierta y penetrada cuando otro moraco de la fiesta me
abrió con ambas manos el coño separando desmesuradamente los labios de la vulva
al tiempo que otro me introducía la cánula del embudo en el abierto coño. "El
Meón" fue vertiendo el asqueroso y repulsivo engrudo de las corridas de los
moros acumuladas en la botella mientras el del embudo metía y sacaba la cánula
para facilitar la entrada de la desagradable sustancia en la que se habían
convertido las eyaculaciones de los tíos. A pesar de la repulsión que me daba lo
que me estaban haciendo mi coño reaccionaba, de forma involuntaria, amoldándose,
presionando y ajustándose como un perfecto guante a la ancha boca del embudo que
se lo follaba. Las paredes de la vagina comenzaron, por su propia iniciativa,
los movimientos característicos y ya conocidos por mí de masajeo involuntario de
la "polla" que albergaba en una clara búsqueda de ser completa e íntegramente
inseminada. Mis pezones, plenamente inhiestos y excitados, coronaban los
movimientos que mis caderas imprimían a mis tetas en claros y obvios movimientos
de comparsa a los bombeos que el moro del embudo estaba imprimiendo. Mi libido
comenzó a reaccionar con frenéticos y salvajes orgasmos encadenados mientras de
los bordes de mi vulva rebosaban los restos de esperma que mi vagina era incapaz
de contener en su interior por la gran cantidad de líquido vertido.
Tras haber tenido una experiencia traumática con los dos
"Precoces", que luego resultaron ser pareja, pude regresar por fin a España.
Llegué a casa, completamente destrozada moral y físicamente pues, si bien no
tenía a simple vista, desgarro ni mayores consecuencias físicas, mi ego, mi
moral, mi integridad... habían quedado hecho añicos. Recogí toda la ropa que
pude y dejando una nota para mi padre me largué de la casa lo más rápido que las
maletas y el peso de estas me permitían.
Me trasladé al centro de la península, lejos de la costa y
confundida por la gran masa de personas que una ciudad como Madrid, podía
proporcionarme. Al poco tiempo encontré un trabajo en un gimnasio como
fisioterapeuta y alquile junto con otra chica un pequeño ático en el centro de
la capital. Pasaron dos meses desde la última aventura y encargo de "El
Profesor" en el Magreb, durante los cuales, seguía trabajando y llevando una
vida más que normal. Dos meses durante los cuales no había tenido contacto
alguno ni con mi padre, ni con "El Cereal" y ni con, muchísimo menos, el
indeseable, depravado y manipulador "Profesor". Dos meses en los cuales, vi cómo
mis tetas lentamente cambiaban de forma, dos meses en los cuales ni un solo día
pasaba sin que pensara en todo lo que el hijo de puta de "El Profesor" y sus
malditos óvulos habían hecho de mi. Dos meses en los cuáles no me había venido
finalmente la regla. Dos meses embarazada, ¿de quién? Imposible saberlo, de
cualquiera y posiblemente de cualquiera de los moros que tan salvajemente me
habían estado usando a su antojo y capricho amparados en los malvados efectos de
los óvulos.
Al cabo de quince días más, estábamos casi a las puertas de
comenzar las Navidades. Me llevaba francamente bien con mis nuevos compañeros y
feliz sería realmente si no tuviera la amargura permanente de mi embarazo.
Durante todo ese tiempo, no tuve contacto sexual alguno con nadie, ni tampoco
tuve la tentación de tocarme yo misma. Sin embargo, en el gimnasio había un
chico que me atraía bastante y ante la insistencia de las compañeras accedí a
acudir a la cena de empresa de celebración de la Navidad. Para ello, me puse un
vestido corto de terciopelo negro, bastante ceñido (había que aprovechar pues mi
vientre pronto dejaría de ser liso, me dije), unas medias negras de rejilla del
mismo color y unos zapatos acharolados de salón de tacón medio. Me puse un tanga
de encaje a juego y nada de sujetador pues mis pechos, a pesar del embarazo,
continuaban desafiando la Ley de la Gravedad. Salí a la calle, con el abrigo y
el bolso en la mano, pues a pesar de estar ya en Diciembre no hacía demasiado
frío y me dispuse a esperar ,al borde de la acera, a un taxi para que me llevara
a la cena. De súbito una enorme limusina, con los cristales tintados, y negra
como el carbón paró al lado mío y saliendo un chofer perfectamente uniformado de
la misma me invitó a pasar a la parte trasera del vehículo. Yo no sabía qué
hacer, ni qué pensar, ni qué decir. Me quedé en blanco, como ida. Totalmente
perpleja y desorientada, como hacía tiempo, en mi seguridad conseguida, no me
sentía. Vi unas piernas cruzadas, vestidas con un pantalón tan negro como el
coche y unos zapatos del mismo color pulcramente inmaculados y brillantes. El
caso es que, contraria a toda lógica, me subí al coche para encontrarme en el
interior del mismo con... "El Profesor"
Hola Mar -dijo el depravado vestido con un
smoking y una pajarita plateada- Te he estado buscando mucho tiempo.
¿Qué pasa? ¿Es que no quieres ver a tu jefe?
¡Maldito cabrón! – dije reaccionado cuando ya
tarde, el coche se ponía en marcha y bloqueaba las puertas del
vehículo- ¡Déjame salir!
De eso nada putita -dijo tan seguro como siempre-
después de encontrarte... ¿Crees que voy a dejar marchar a mi mina
de oro? Si piensas eso es que además de puta, eres estúpida.
¡Hijo de puta! ¡Por tu culpa y por la mierda esa
que me obligabas a meterme me convertí en eso! ¡Y por eso mismo me
dejaron embarazada hijo de mala madre! –dije llorando y pegándole
bofetadas en la cara-
¡Estate quieta zorra! ¡Para o lo lamentarás
perra! –dijo cogiéndome de las muñecas y empujándome hacia atrás del
asiento- Jajajajaja ¡Preñada! Jajajaja ¡Pero qué puta eres! Te lo
voy a explicar todo, Mar. Todo...
¿Qué es lo que vas a explicarme maldito bastardo
cabrón? –dije entre lágrimas- ¿Que confié en ti? ¿qué te quiero?
¿Qué accedía a todas tus exigencias y peticiones por tan sólo
satisfacerte? ¿qué te aprovechaste de mí suministrándome una
sustancia que hacía que perdiera toda inhibición?
No tienes ni idea zorra –dijo soltándome las
muñecas doloridas- Yo soy un caballero, tú una puta. No una puta
cualquiera desde luego, pero al fin y al cabo una puta. Te calé
desde el primer día que te conocí en clase de fisiología...
¿Recuerdas?... Estabas en lo alto de clase y aún así destacabas con
tus curvas y tu aspecto de niña que nunca hubiera roto un plato. Aún
así tus ojos y tu boca proclaman en todo momento lo putita que eres.
Tú, a lo mejor piensas que estás enamorada de mi Mar, pero eso, no
es así. Tú estás enamorada del vicio, de la depravación, de la
lujuria, de sentirte dominada y experimentar que las situaciones
están fuera de tu control. Eso, en gran medida, te lo proporciono
yo, como bien sabes, pero no... tu no estás enamorada de mi. Estás
enamorada de todo eso Mar por la simple razón de que eres una
auténtica puta... y te gusta serlo... te gusta sentirlo...
¿Pero qué dices? –dije contrariada y secándome
las lagrimas con la mano- ¡Eres un cerdo! ¡Me obligaste a meterme la
mierda esa de óvulos!
Jajajajajaja Además de puta Mar, eres una
insulsa. –dijo sacándose un pañuelo blanco, poniéndolo en el dorso
de la mano sangrante a causa de un arañazo provocado por mis largas
uñas- ¡Los óvulos!... ¡Los óvulos eran sólo un placebo! ¡Un
experimento!
¿Quéééééé? –dije pensativa-
Lo que oyes Mar. Los óvulos no tenían ninguna
sustancia inhibidora, ninguna hormona, ninguna droga, ninguna
sustancia potencialmente peligrosa para ti. Tan sólo tenían una
fuerte sustancia espermicida-antibiótica natural que impedía que
contrajeras algo peligroso o que quedaras preñada, aunque veo que
esto último ha fallado y más que por la ineficacia de la sustancia
porque pienso que eres tan puta que follabas sin haberte
suministrado previamente los óvulos ¿No estoy en lo cierto Mar?
¿...? –no tenía palabras-
Así es Mar, así es. Los óvulos en gran medida te
protegían, tanto de la preñez como de cualquier enfermedad, dentro
de unos límites claro. Piensa. Piensa cuándo te han follado, cuándo
se han corrido en tu coño sin haber tomado poco antes los óvulos y
encontrarás con cierta exactitud al padre del nene que crece en tu
útero...
¿...?, ¿...?
¿Qué pasa que no dices nada? ¿Te has quedado más
boba de lo que eres? Jajajajaja. Sí, Mar, sí. Los óvulos no tenían
NADA, nada malo para ti, un poco de lubricante como excipiente y la
sustancia protectora que ya te he comentado. El resto, todo lo que
te ocurría, todas las reacciones de tu cuerpo, todas las sensaciones
que experimentabas no eran más que las órdenes que tu cerebro,
principal órgano sexual no lo olvidemos, daba a todo tu cuerpo.
Recuerda Mar, recuerda... Recuerda cuándo te pedí que fueras a ser
modelo de la clase de anatomía... allí tu solita te calentaste, allí
no había óvulos ¿recuerdas? Y después... no se lo que pasaría
después cuando saliste corriendo de la clase... ibas ya muy
caliente... seguro que pasó algo... tampoco tenías óvulos ¿verdad?
¿...?, ¿...? ¿...?, ¿...? Yo... yo...
Jajajajajajaja. ¡Qué puta eres Mar! Toma anda,
esto es tuyo... un trato, es un trato.
Me tiró una libreta de ahorros, abierta el mismísimo día en
que habíamos sellado nuestro acuerdo-contrato en la cocina de mi casa. En ella
se habían ido produciendo distintos ingresos, de diferente cuantía, algunos de
ellos eran bastante fuertes, pero todos ellos siempre superiores a 1000€. ¡La
libreta tenía 132.000€ en total!! Y un único beneficiario: Yo.
¿Te sorprendes tanto Mar? –siguió diciendo
Antonio- ¿Te das cuenta ahora de que en ningún momento te he estado
engañando? Además... si tienes buena memoria... recuerda que muchas
de las situaciones en las que te encontrabas eras tú misma en las
que te metías. ¡Nadie te decía ni ordenaba nada! Eras tú, y sólo tú.
Pe...pe...ro... no se cómo es esto... –traté de
decir completamente confundida-
¿Posible? Ya te lo he dicho antes Mar, porque yo
soy un caballero y tu... una PUTA. Una puta que me ha hecho ganar
muchísimo dinero y mucho más dinero aún me vas a hacer ganar. Porque
como también te he dicho antes... ¿No pretenderías que dejara
escapar a la gallina de los huevos de oro verdad?
¿Qué? ... no...no comprendo –dije mirándole a él,
la libreta, la limusina...-
Puedo hacer lo que quiera contigo Mar, lo que
quiera. Tan sólo tengo que meterte en una situación morbosa, rara,
no convencional para que empapes las bragas que lleves puestas y
transijas a todo lo que se te ordene... Jejejejeje sí a sí es... Y
eso me recuerda una cosa por cierto... ¡ábrete de piernas y enséñame
el tesoro que tienes entre las piernas!
¡Qué! –dije asustada-
¡Que me enseñes el coño joder! –dijo
abalanzándose y haciendo que abriera las piernas- ¡¿Cómo?! ¿Con
bragas?... ¡ah no! Te dije que nada de bragas ni tangas ni nada que
pudiera taparte el coño ¿recuerdas? -¡Zas! Me arrancó el tanga de un
fuerte tirón- Sí, así esta mejor...
¡Noooooooo! ¡maldito cabrón! – dije asustadísima
y cerrando las piernas tras haberme despojado de la prenda íntima-
¿qué coño piensa que está haciendo?
¡Lo que me da la gana y... te he dicho que me
enseñes el coño! –dijo alzando la mano para arrearme una bofetada-
¡No! ¡No me pegue!- dije al tiempo que me abría
de piernas mostrando el sexo-
Jejejejejeje, vaya, vaya, vaya... veo que aún
mantienes el piercing en tu conejito... jejejeje...y que continúa
depiladito. Excelente –dijo mientras separaba con sus dedos los
labios de la vulva- Veo que tienes el buen gusto de mostrar tus
encantos y ahora... unas breves caricias antes de que lleguemos al
hotel donde me hospedo...
Ante aquello intenté permanecer impasible mientras "El
Profesor" me tocaba el clítoris y este comenzaba hincharse. Pronto, penetró dos
de sus dedos en la vagina que, a pasos agigantados comenzaba a destilar
importantes fluidos, bañando y lubricando todas sus paredes y preparando estas
para cualquier tipo de penetración que Antonio estuviera pensando realizar. Me
mordí los labios y cerré los puños en un intento de controlar la líbido que
comenzaba una vez más a aflorar. Comencé a arquear la espalda, a gemir y a
acompañar los movimientos masturbatorios de "El Profesor" con mis caderas. Me
era imposible el permanecer quieta, incapaz de permanecer impasible. Los dedos
de Antonio eran demasiado expertos pellizcando, acariciando y penetrando y
además... la situación. Mi sexo palpitaba y se hinchaba, completamente excitado
y humedecido. Mis tetas necesitaban ser también acariciadas, agasajadas y
colmadas con estímulos, mis manos fueron en busca de estas y de los pezones que
duros como piedras parecieran que fueran a perforar el vestido de terciopelo. Me
bajé de un tirón el vestido, dejándolo enrollado en la cintura como si de un
simple trapo se tratara. Mientras, "El Profesor" masajeaba y me penetraba esta
vez ya con tres dedos. De repente, la limusina paró llegando a su destino y
llegando yo también a un irremediable, largo y esperado orgasmo. Un orgasmo no
experimentado durante los meses en que había estado sola. Un orgasmo revelatorio
de mi yo más íntimo. Sí, Antonio tenía razón. Era una puta... y me gustaba
serlo...
Bajé la mirada y contemplé mi vulva. Hinchada, inflamada como
un higo maduro. Los labios mayores rojos como una granada y separados como los
pétalos de una flor. Húmedos y brillantes... ¡Qué aspecto tan lascivo tenía y
cómo me gustaba!
Perfecto – dijo "El Profesor"- Bajemos putita, tu
público y tus clientes te esperan y por cierto... deja el vestido
tal y cómo lo tienes. Me gusta así, apretujadito en tu cintura.
Sí, como Vd., diga –contesté mientras aún me iba
viniendo en placenteras e inacabables oleadas de placer-
FIN
N. de A: Quisiera no terminar la serie sin agradecer mi más
sincera gratitud a todas las personas que han leído, escrito y seguido la serie.
Perdonad a todos por las tardanzas en las entregas mas a veces, otras
obligaciones obligan a atenderlas antes que las cosas que por simple afán de
placer se hacen. Gracias, una vez más a todos, tanto por vuestras críticas como
por los apoyos enviados. Por otro lado, también quisiera anunciar la publicación
(no se cuándo) de toda la serie ampliada en todos aquellos puntos que han sido
descartados bien por su extensión o bien por ser considerados excesivos en
ciertos momentos. Capítulos nuevos y ampliaciones de algunos capítulos ya
publicados. Para algunas personas que me han pedido por escrito esto, les
enviaré a su mail las notas antes de ser enviadas para su publicación. ¡GRACIAS
A TODOS!
Podéis escribirme vuestros comentarios y críticas a la siguiente
dirección:
arcadia_relatos@hotmail.com
Relatos anteriores publicados de la serie:
La Clase de Anatomía 1 (Mari Mar 1)
La Clase de Anatomía 2 (Mari Mar 2)
Huída del Aula (Mari Mar 3)
... Y mi hermanito me jodió el culo (Mari Mar 4)
Mi primer día de trabajo (Mari Mar 5)
Espectáculo en el Sex-Shop (Mari Mar 6 y 7)
Las folladas de mi hermanito (Mari Mar 8 y 9)
Los óvulos de emputecimiento (Mari Mar 10)
Totalmente emputecida (Mari Mar 11)
Mari Mar, una perrita para un mastín (Mari Mar 12)
El enorme pollón de Cevallos (Mari Mar 13)
El traje negro de licra (Mari Mar 14)
Me los follaré a todos (Mari Mar 15)