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TODORELATOS » RELATOS » INSEMINADA Y FOLLADA POR TODOS (MARI MAR 16)
[ A casa de tu hermano no irás cada verano. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 12 de Mayo, 2008.
Fecha: 15-Mar-08 « Anterior | Siguiente » en Orgías (1873 de 1892)

Inseminada y follada por todos (Mari Mar 16)

Arcadia
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Mari Mar continúa atrapada en Marruecos satisfaciendo a todos los que solicitan sus servicios. DESENLACE FINAL DE LA SERIE. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

INSEMINADA Y FOLLADA POR TODOS (Mari Mar 16)

Mari Mar continúa atrapada en Marruecos satisfaciendo a todos los que solicitan sus servicios. DESENLACE FINAL DE LA SERIE.

 

 

Los 16 tíos masajeaban sus pollas ante la contemplación de mi cuerpo desnudo. Un cuerpo de hembra en celo, sexualmente excitado y dispuesto a satisfacerlos a todos.

En el centro de la sala, al lado de la mesa con las dos sillas, miré a todos por turnos, pasando alrededor de las paredes de la habitación y deteniéndome unos breves instantes en cada uno de ellos y en cada una de las pollas que iba dejar totalmente secas y exhaustas. Notaba como mi ser volvía una vez más a pedirme sexo y como mi coño latía de excitación contenida destilando continuas y abundantes cantidades de sedosas secreciones.

Me llevé la mano al clítoris y noté cómo este estaba ya totalmente fuera de cualquier protección que pudieran brindarle mis labios menores los cuales se encontraban abiertos y resbalosos por la constante excitación. Noté que estaba duro e inflamado, completamente excitado y enardecido y sentí cómo éste con tan sólo el mínimo roce de mi dedo medio sobre su expuesta superficie desencadenaba pequeños e involuntarios movimientos de mis paredes vaginales en una búsqueda por atrapar una polla a la que exprimir su jugo.

Mi culo pedía ser colmado. Saciado. Follado hasta reventar. Lo notaba expectante, preparado y ansioso por albergar en mis entrañas las pollas que le eran mostradas.

Mis pezones se encontraban completamente erizados, rígidos y duros como rocas. Las sonrosadas areolas que los envolvían se encontraban en un grado de excitación tal que parecieran que hubieran alcanzado el doble de su tamaño normal.

Toda mi piel, todos los poros de mi piel percibían el más mínimo estímulo, el más mínimo roce, la más leve caricia y lo traducían como el más y mejor experto tocamiento que incluso el más inexperimentado y patoso amante pudiera realizar.

Mi respiración se estaba acelerando por segundos, haciendo que mis pechos se elevaran y se mostraran aún más provocativos y sugerentes de lo que ya eran de por sí.

Y por mi cerebro se me cruzó una idea loca e inconsciente, maquinal y casi diría que involuntaria. Una idea que en frío hubiera rechazado de pleno y que sin embargo iba a realizar. Un pensamiento que quizás en mi fuero más interno hubiera ya decidido en cuanto vi todas aquellas pollas a mi disposición. Me encontraba totalmente trastornada, enajenada y llevada a un vértice de depravación tal que para nada me importaban las consecuencias que pudiera tener la petición que iba hacerles, cuando llegara el momento oportuno, a los agentes...

Sin duda alguna la sobredosis del preparado que utilizaba "El Profesor" para la elaboración de sus óvulos me había cambiado de forma radical. Me había moldeado y formado de tal forma que ahora tan sólo vivía por y para el sexo. Me había convertido en una adicta sexual, en una perfecta esclava no de un único amo sino del sexo como tal y poco me importaba con quién iba a tener mis indispensables raciones diarias, cada vez más apremiantes, de placer. Y fue en ese estado pseudo – cataléptico cuando fui consciente de que también era, en cierta forma, adicta al jodido preparado y de que poco me importaban las consecuencias de suministrarme más del mismo y de que, en realidad, me importaba un carajo que me liberaran o no y lo único que me importaba verdaderamente era follar y follarles hasta reventar sus pollas. Y fueron todas aquellas revelaciones, las que motivaron que cuando llegara el momento oportuno, les pidiera a los guardias que me preñaran y que hicieran conmigo lo que les viniera en gana...

 

Algunos de ellos y sin perder tiempo alguno, se masturbaban, con sus bocas entreabiertas y con la vista perdida en la contemplación de los pesados pechos que iban a disfrutar. Otros sonreían, seguros de sí mismos, de su poderío y de su potencia sexual, convencidos de que sus rígidas y férreas vergas me someterían y acabarían por hacer que les suplicase que me dejaran descansar, incapaz de poder dar satisfacción a su varonil resistencia.

Mi cuerpo era objeto de las libidinosas y lascivas miradas de los guardias, mientras pasaba por cada uno de ellos acompañada siempre a menos de un metro del guardia que portaba la mastodóntica cámara Betamax y que permanecía completamente vestido y pertrechado con la porra, canana de balas, el revólver y los grilletes. Mientras tanto, yo me concentraba en el resto de guardias que, desnudos, permanecían sin moverse en las paredes del habitáculo. Le propinaba a uno un beso lleno de deseo, a otro un breve masajeo en su inflamada y enardecida polla, a un tercero le daba a probar mis inhiestos y tiesos pezones aproximando su cabeza a los dos cántaros de sedosa y tersa piel que se le ofrecían.

A un cuarto, le identifiqué de inmediato como aquel que me había humillado tirándome la comida y burlándose de mi, le dediqué una especial nota de presentación a la sesión de sexo que se iba a iniciar en breve y me aproximé a su cuerpo tanto que mis firmes pechos se aplastaron contra su peludo torso de macho y abriendo ligeramente las piernas y poniéndome de puntillas, logré colocar su polla, sin más, en mi encharcada y mojada vulva. Sin querer penetrarme, comencé a moverme lentamente hacia delante y hacia atrás haciendo que los labios vaginales envolvieran su virilidad y la dejaran completamente mojada de mis flujos. Mi mente estaba cargada de impúdicos y sucios pensamientos lujuriosos mientras seguía moviéndome haciendo que el guardia perdiera la compostura y completamente nervioso cogiera mi culo con ambas manos para querer levantarme los escasos dos centímetros que permitieran la penetración de su polla en mi franqueable y húmeda vagina. Rápida, logré zafarme de una de sus manos impidiéndole tener el apoyo necesario para poder levantarme lo suficiente y que lograra éste su objetivo. Mientras tanto, yo continuaba moviéndome rítmicamente sobre su tronco sin que su casi reventona polla pudiera penetrarme, buscando el masajeo y frotamiento de ésta directamente sobre mi clítoris y haciendo que alcanzara el primer orgasmo de la sesión mientras él, incontinente, se corría en espasmódicas convulsiones sin haber podido catar mi sedoso receptáculo. Chorretones de blanco y níveo esperma se precipitaban al suelo de la sala a través del hueco que dejaban mis piernas abiertas depositando alguna pequeña muestra de su corrida en el agujero de mi culo mientras yo continuaba con mis vaivenes y traqueteos sobre su cada vez, menguada y disminuida polla a consecuencia de la fogosa e incontinente eyaculación.

El resto de guardias irrumpieron en sonoras y socarronas carcajadas ante lo acontecido, al tiempo que me separaba del abrazo del "Precoz". Su cara era la manifestación de la rabia contenida. Los nudillos de las manos se le ponían casi blancos de la fuerza que ejercía en sus puños cerrados mientras su nuez bajaba y subía sin control alguno por su garganta. Sin duda alguna, me había granjeado un enemigo. Un guardia que en cuanto me distrajera trataría de hacérmelas pagar todas juntas la ofensa que le había hecho con no permitirle la entrada en mi sexo. Pero mis planes eran otros y mis propósitos con él iban a ser muy concretos y definidos. Iba a ser mi víctima. Un martirizado y atormentado pelele. Un mequetrefe y títere payaso de mis propios devaneos y caprichos en el terreno en que era la reina: el sexual.

A los guardias que quedaban les dediqué pequeños y ligeros toques en sus penes, en sus pechos y en las cachas de sus oliváceos y peludos culos. Mi excitación y las ganas de follarme iban subiendo de tono por segundos y por cada uno de los pequeños toques que les iba dedicando a cada uno de ellos. De esta forma, llegué al último de los dieciséis comenzando una nueva ronda desde el número uno. Decidí que por cada una de las rondas iría subiendo el grado y el valor de mi dedicación sobre cada uno de ellos, a excepción de "El Precoz" al que trataría que se corriera sin poder catar realmente la hembra que tenía a su alcance. Mi objetivo era putearle, era hacerle pasar ante sus compañeros como un mierda por la humillación que me había proporcionado en la ducha pocas horas antes.

Masajeándome las tetas y poniendo, a bien seguro cara de puta salida, me dirigí de nuevo hacia el primero. Comencé a besarle como si me fuera la vida en el empeño para, acto seguido, ponerme de rodillas para comenzar a hacerle una de mis experimentadas mamadas. Cogí su pene con una de mis manos levantando este hacia arriba para darme fácil acceso a los huevos que, enormes y peludos, le colgaban para poder chuparlos y lamerlos convenientemente. Pasaba la lengua por cada uno de ellos al tiempo que masajeaba la polla que se me ofrecía, me metía uno de ellos completamente en la boca para, acto seguido y sin dilación alguna, tragarme por entero su lanza sexual. El tipo de la cámara Betamax se acercaba hasta tal punto con el objetivo que si me sacaba en el momento oportuno la polla de la boca cuando el guardia comenzara a correrase salpicaría el visor de la vetusta videocámara sin duda alguna. Y fue lo que me propuse hacer. Comencé a follar al moro oralmente, metiéndome su instrumento hasta las mismísimas amígdalas para sacármela por entero de nuevo a excepción de su cabeza a la que dedicaba un par de segundos de intensa y concentrada succión para inmediatamente después volvérmela a clavar hasta el interior de mi glotona garganta mientras le acariciaba la bolsa que contenían sus huevos repletos de leche. Repetí la misma operación ocho o nueve veces más antes de sacármela para poder admirar la polla completamente bañada en mi saliva y lamer como una perrita todo el tronco de la moruna verga. Después, me concentré durante apenas 10 o 15 segundos en el capullo, succionándolo, besándolo y lamiendo con la punta de mi lengüita el frenillo y el ojo del glande para poco después volvérmela a comer en toda su totalidad iniciando de nuevo el ciclo de la mamada proporcionada.

Notaba cómo en cuclillas me palpitaba el coño y cómo éste destilaba sus sedosos y resbaladizos fluidos a lo largo de todas las paredes de la vagina hasta acumularse en rutilantes gotitas en la entrada de mi cueva de placer. La danzarina cadenita del piercing hacía las veces de canal o guía de éstas hasta precipitarse hasta el suelo en un pequeño y delator charquito de mi excitación.

El tío de la cámara, dándose cuenta de todo esto no pudo por menos que tirar hacia uno de los lados de la cadenita del piercing, abriéndome más la vulva con este acto, a la vez que continuaba grabando la poderosa felación que estaba proporcionando a su compañero. En tres o cuatro minutos más, noté cómo el moro comenzaba a contraer los músculos periniales, símbolo inequívoco de la inminente corrida. Sin dilación alguna, me saqué la verga de la boca y masturbando enérgicamente la polla completamente ensalivada, la dirigí en rápida sucesión hacia el tipo de la cámara. Los chorros de esperma fueron briosos y potentes pero con escasa puntería, pues dieron de pleno al portador de la cámara y no a esta. El tío se puso farruco y chulón dejando momentáneamente el trabajo de cameraman para limpiarse mientras sus compañeros se reían de la situación.

El moro, ultrajado en su hombría, me cogió de un brazo retorciéndomelo y haciendo que cayera al suelo de costado y levantando su puño se dispuso a pegarme repetidamente con él en un intento de lavar su honra. Por suerte sus propios compañeros le detuvieron y no pasó la cosa de un par de gritos y miradas cargadas de odio y reproche. Otro enemigo me acababa de granjear, mas lejos de ver el supuesto peligro que esto pudiera ocasionarme más tarde no se me ocurrió otra cosa que coquetear y enardecer a éste más de lo que ya estaba y comencé a acariciar sus botas, pantorrillas y muslos con mi pie desnudo al tiempo que me tocaba mi chorreante coño con una de mis manos y me pasaba glotonamente la lengua por mis ansiosos e impúdicos labios. El agente no sabía en realidad cómo reaccionar ante mi actitud, mirando en rápida sucesión a cada uno de sus sonrientes y sarcásticos camaradas. Mi pie alcanzó el centro de su virilidad encontrándola completamente erecta e inflamada...

¡Nihil! Eres muy puta rubita europea, muy nihil. ¡Guarra!

¿Te gusta? –dije yo continuando con mis caricias- veo que conoces mi idioma..., se que te gusta... siii... lo se... lo siento... mmmmmnnn...

¡Nooo... noo no sigas! –dijo alarmado sin entender yo el porqué de su alarma- ¡Nihil no sigas!

¿Y porqué no? – dije metiéndome un par de dedos en mi vagina iniciando una de mis pajas y retorciéndome ligeramente uno de mis pezones- Mmmmnn ¿No te gusta? Mmmnn yo creo que sí... lo noto... aaahh ven mira fóllame delante de tu compañeros estoy muy mojada ¿lo ves?

Nooo... noo ooooohhh ¡¡Salam peid jalal!! Aaaaaaaaahhhhhhhhhh

Jajajajajaja ¡vaya! ¡Otro precoz tenemos en la fiesta! –dije notando la humedad en sus pantalones y las espasmódicas y repetidas convulsiones de la corrida- Como todos seáis así no me va a costar nada el dejaros secos.

Todos los compañeros se comenzaron a mofar del cameraman a excepción de "El Precoz" que continuaba serio y reservado, mirándome con marcado resentimiento y animosidad. Ajena al peligro que pudieran suponerme "Los Precoces" continué con las felaciones sobre cada uno de los restantes agentes que quedaban comiéndoles las pollas dos en dos o de tres en tres a veces.

Los dos precoces salieron de la habitación con evidentes muestras de resentimiento, nada querían ya conmigo y yo de momento, me había quedado sin juguetes con los que jugar, al fin y al cabo, quedaban aún los verdaderos machos.

Pasé más de una hora comiendo los rabos de los guardias, haciéndoles perder la compostura y corriéndose sin remedio con mi glotona e insaciable boca. Disfrutaba comiéndoles sus duros y rígidos miembros, me entretenía y recreaba en sus colgantes y repletos huevos de semental sintiéndome dichosa ante cada una de las potentes y vigorosas descargas que sus pistolas de placer me brindaban sobre mis pesados y perfectos pechos y me sentía realizada y consagrada como hembra ante cada una de las corridas que aquellos machos me proporcionaban en el interior de mi garganta. Por cada instante que pasaba, por cada segundo vivido en aquella situación, me iba sintiendo puta, muy puta. Y ello me gustaba, me encantaba y me satisfacía. Los óvulos habían hecho de mí una ninfómana, una desvergonzada e insolente hembra en una búsqueda casi constante del placer y la lujuria. Me habían convertido en la más depravada, perfecta y viciosa puta que hubiera existido jamás en la faz de la Tierra. Era "La Puta" y en aquellos momentos la puta necesitaba tapar urgentemente sus otros agujeros. De esta forma y en aquel estado de excitación cogí a uno de los moros y obligándole a tumbarse en el losado me clavé toda su virilidad en mi necesitado y hasta entonces vacío coño. Mis movimientos eran frenéticos y exacerbados. Me clavaba toda su virilidad en mi ansiosa cueva para sacármela casi totalmente un segundo después hasta caer de nuevo a lo largo de su maravilloso tronco al siguiente. Mis pechos saltaban locos hacia arriba y hacia abajo en una comparsa perfecta de mis delirantes vaivenes. Alternaba mis metidas con rápidos y vigorosos movimientos circulares de mis caderas cuando sentía toda su maravilla en el interior del guante que lo atrapaba al tiempo que me pellizcaba mis enardecidos e inflamados pezones y masajeaba vigorosamente las tetas que a gritos pedían también ser tratadas como se merecían. Sentí cómo de repente el guardia tensaba su cuerpo y con fuerza me cogía con ambas manos las caderas que lo estaban ordeñando...

Nooo –dije presionando mi pubis fuertemente sobre su mástil, echándome sobre su peludo y sudoroso pecho desnudo- Nooo nooo te corras aún oooohh es.. espera pu... ¿puedes esperar no? ¡Joder! -dije observando su cara de no entender ni papa de lo que pretendía- ¿no me entiendes no? ¡Tu! ¡Ven aquí! ¡Tápame el culo, venga tápame el culo! – dije al moro más cercano ofreciéndole y abriéndome con las manos el agujero posterior-

El moro enseguida comprendió que mis intenciones eran follámelos a todos por parejas en un constante y continuado sándwich de placer sin fin. De un certero y rápido meneo clavó su ensalivada y tiesa polla en el culo que se le ofrecía comenzando una rápida y vertiginosa cadencia en sus metidas sobre las entrañas que, con placer y glotonería, lo albergaban. Sentía cómo las dos inflamadas pollas casi se tocaban y acariciaban una con otra en un sincronizado y ensayado movimiento de bombeo sobre la hembra que follaban cuando al cabo tan sólo de 20 segundos después sentí cómo el moro que me follaba el coño se contorsionaba y lanzaba una potente desgarga de leche en el interior de mi vagina. Esta rápidamente fue taponada por otro guardia que, ávido y paciente, aguardaba su turno para follar a la hembra que deseaba.

De esta forma y cambiando de poses y posturas, fueron todos y cada uno de ellos ocupando los agujeros que más les complacían, en un claro disfrute y goce de la hermosa y exuberante fémina que tenían a su entera disposición. Mis orgasmos se continuaban, uno detrás de otro, en rápidas y sucesivas oleadas de éxtasis sexual.

Pasó cerca de dos horas cuando todos ellos, y por dos veces cada uno, vaciaron sus huevos en el agujero que le viniera en gana. En aquel momento me sentí realmente cansada y agotada. Las piernas me temblaban y poco más o menos me sostenían. A pesar de todo ello, aún no había cumplido con el pensamiento que, unas horas antes, había resuelto realizar. Me sentía sucia y llena de leche de macho. El semen de mi cuerpo se resecaba y extendía a lo lago de mi boca, de mi cuello, de mis pechos, de mis caderas. De mi coño y de mi culo salían blanquecinos chorros y espumarajos de licuado y disuelto esperma. Me sentía llena de leche de macho, pero aún no lo suficiente y fue el momento en que propuse a todos la petición, y casi súplica, que unas horas antes tenía en mente realizar...

¿Os ha gustado cómo os he follado? -dije recogiendo un poco de esperma alojado en el ombligo y llevándomelo a la boca para probarlo- Mmmnnn ¡qué rico!... Sí os ha gustado, pero aún quiero más. Quiero seguir follando y deseo que todos os corráis en mi coño y me preñéis como una puta. Quiero absolutamente toda vuestra leche en mi coño. Pero antes quiero que me traigáis los óvulos. Los necesito, necesito llevármelos.

El tipo gordo, "El Meón", que era el único que sabía algo de español, abrió los ojos desmesuradamente al principio para comenzar una sonora carcajada seguida por todos los demás cuando les tradujo a estos mi petición. Dos de ellos, los mismos que anteriormente se habían también encargado de mi limpieza, me volvieron a llevar a la sala de duchas iniciando una nueva limpieza "a fondo" de toda mi persona. Una vez más sentí la lanceta de la manguera follarme la vagina aunque esta vez, fui yo misma la que movía la misma en mi interior, para asombro y deleite de los dos guardias desnudos que me observaban. Sus pollas fueron ganando fuerza y dureza al ver cómo yo misma disfrutaba de la rigidez broncínea de la manguera y justo cuando iba a comerles las pollas pasó "El Meón" a la habitación, esta vez vestido y acompañado de otro guardia, al que ya había también usado antes, portando una bandeja con comida. Pollo, patatas fritas, ensalada y una botella de medio litro de vino. Me di cuenta en aquel momento que a penas había comido y comencé a devorar lo que me habían traído con hambre atrasada.

Al cabo de la hora regresaron "Los Limpiadores", vestidos esta vez. Con señas me indicaron que les acompañara. Les seguí hasta la habitación de la mesa metálica y las dos sillas. Estaba vacía, vacía de machos. No había ningún guardia para poder cubrirme. Defraudada, pensé que habían desechado mi petición, sin embargo..., ¡encima de la mesa había una bacineta con las 14 pelotas restantes del preparado! Parecía que habían aceptado mi petición, mas, allí sólo estaban aguardándome los dos "Limpiadores".

Uno de "los limpiadores" me señaló la metálica escudilla llena parcialmente de las pelotas que contenían el preparado de "El Profesor". En cierta forma, era adicta al maldito preparado y quería sentir, al menos, cerca de mí, una muestra de su malévolo y pervertido poder...

Sin mayores preámbulos me senté encima de la mesa. Subí mis rodillas apoyando las desnudas plantas de los pies en la mesa blanca metálica y separé al máximo mis piernas. Con esta postura pareciera que estuviera a punto de saltar, al igual que una rana, hacia otro de los nenúfares de su charca. Los labios de la vulva, por la postura adoptada y por el grado casi permanente de cachondez que mantenía, se abrieron como los pétalos de una flor, mostrando el comienzo de mi insaciable e insatisfecha cueva de placer, brillantes y permanentemente lubricados. Los dos guardias se miraron y, tragando saliva, intercambiaron miradas de complicidad y de renovada lujuria.

Alargué mi mano y cogí una de las pelotas que, bastantes horas antes, había llevado en mi cuerpo para pasarlas por la frontera. Con otra de mis manos separé aún más mis dilatados labios mayores para facilitar la introducción de uno de los super-óvulos. Pasé su delicada y transparente piel sobre los excitados pliegues de mi vulva, hacia arriba y hacia debajo de esta como queriendo dar la bienvenida a alguien que formara parte inherente e inseparable de ella misma y haciendo una levísima presión hacia el interior se coló rápidamente en las oquedades de mi vagina, engulléndolo y desapareciendo este completamente de la vista de los dos "limpiadores".

Manteniendo la posición, desvié la vista hacia la escudilla metálica para coger otra de las pelotas. Quería sentir sólo su proximidad, su inquebrantable dominio... cuando de improviso, sentí una profunda y rápida penetración en mi abierto coño. Uno de los "limpiadores", en su línea por follarme con los objetos que más a mano pudieran tener, me había metido profundamente una larga, gruesa y negra porra que, hasta poco antes, había estado sujeta a su cinturón. Sentí cómo rápidamente la bola era empujada hasta la mismísima matriz de mi sexo para ser aplastada a continuación por la potente y dura punta de la porra introducida sobre mi misma matriz. La salvaje e inesperada intrusión de la porra en mi sexo hizo que instintivamente hiciera el intento de cerrar las piernas, sin embargo, ya era tarde y mi vagina, dolorida por la brutal arremetida, era irremediablemente ocupada por el intruso inanimado. El otro "limpiador", con la agilidad y la premura del rayo, al ver que me doblaba y que cerraba las piernas dispuesta a bajarme de la mesa me asió de la pantorrilla de una de mis piernas obligándome a abrirme de nuevo para facilitar la penetración de la porra. Mientras tanto, el otro "limpiador" iniciaba un movimiento circular con la porra, como si quisiera descorchar una botella. En este caso, la botella era yo, pues el líquido continente en la pelota se precipitó raudamente hacia el exterior de la "botella descorchada" bañando de paso, una vez más, las paredes vaginales de mi hambriento y deseoso coño. La porra se mostró rápidamente cubierta de una fina película del brillante y oleoso líquido del preparado que contenía la pelota en casi toda su superficie. En tanto que el guardia continuaba con su labor de "descorchamiento vaginal" el otro se ocupaba de mantener bien alta y bien abierta, la pierna que, con innecesaria fuerza, me cogía. Y digo innecesaria, porque tan sólo a los 30 segundos después de esto me vi yo misma sorprendida, por propia y casi involuntaria iniciativa, subiendo de nuevo la planta del pie que mantenía libre a la mesa, abriéndome de piernas aún más y facilitando de esta forma el "descorche" de mi persona...

Oooooohh jooodeeerr – le dije al moro "descorchador" mirándole a la cara en el momento en que alzaba la pierna – mmmnn de... deja de girar ya la porrita y fólleme duro con ella cabrón... oooooooohmmmnn nnoooooooo... bom... bombéame coño...ooooooohhh... ¡Fóllame duro!

Jejejejejeje la mielajl al tivier nihil!!! Jajajajajaja – dijo el que me mantenía abierta y en alto la otra pierna-

Jajajajajaja al tivier nihil!!! –dijo el "descorchador" girando esta vez la porra hacia fuera de mi intimidad desocupando mi tierna y ya lubricadísima vagina- Al tivier nihil jalal paral yailejah!!!

¡¡¡Nooooooooo!!! –dije queriendo sujetar la porra con la mano para que me follara con ella- ¡no me la saques joder!

¡Plof! –sonó la "vagina descorchada"-

¡Mierda! ¡Cabrón moro hijo puta! –le dije- ¡Fóllame con lo que te de la gana pero no me dejes así joder!

¡Nihil! Tiannaral sijil tuak miriah fenne i tuak sarielj –dijo señalando el resto de las bolas con la porra parcialmente embadurnada con la pelota que acaba de reventar-

Estaba claro que la intención de los guardias era el darme los super-óvulos, pero no para que me los llevara conmigo de regreso sino para ser objeto de recipiente de una masiva y salvaje sobredosis del preparado. Nunca antes, en ninguna otra ocasión, había sido objeto de semejante administración de producto activo. Resignada, pero al mismo tiempo temblorosa pues podría el tío usar la porra conmigo de otra forma bien distinta, no tuve más remedio que coger otra pelota llena a rebosar de la sustancia base del preparado de "El Profesor" y llevar esta hacia la entrada de mi expectante gruta. Empuje ligeramente la bola hacia el interior con dos de mis dedos, desapareciendo por completo en mi oquedad...

¡Tiannaral sijil tuak miriah fenne i tuak sarielj! -dijo de nuevo el moro señalando alternativamente con la porra las bolas y mi coño abierto- ¡Tiannaral sijil nihil!

Yo... mira si queréis me folláis o haced conmigo lo que queráis pe...pero por favor no creo que sea necesario el... –protesté sin mucho convencimiento-

¡Tiannaral! –repitió alzando la mano para arrearme una bofetada-

¡No! ¡no me pegues! ¡No es necesario, no es necesario! –grité cogiendo otra bola e introduciéndola a continuación en mi vagina-

¡Miriah! – volvió a decir esta vez sonriendo al tiempo que su compañero dejaba mi pierna y se situaba justo detrás de mí-

¿¡Más!?... Dios mío... ¿Qué pretenderéis hacer después conmigo?... –dije cogiendo otra rebosante pelota entrando casi en pánico por las consecuencias que pudiera ocasionarme el hecho de una nueva absorción masiva de óvulos- Yo... só... sólo pretendía llevar esto a su puto dueño... yo...

 

En ese momento sentí cómo el moro que se había situado detrás de mí me cogía la vulva con ambas manos separando en extremo los labios vaginales al tiempo que con sus codos me tiraba hacia atrás de las rodillas abriéndome las piernas en un ángulo de 180º. Mi gruta quedó de esta forma estirada y totalmente franqueable. Sentí cómo la pelota del preparado, por su propia inercia e iniciativa, se desplazaba hacia interior de mi sexo y cómo la entrada de este mostraba a las claras el agujero caliente, lubricado y sedoso del canal que lo seguía. El moro de delante no pudo resistir la dulce y depravada postura de la hembra que se le ofrecía y agachándose comenzó a comerme con furia el coño. La pelota de preparado se me cayó rodando de la mano y el moro, enmorrado en mi conejo, no pudo por menos que estirar el brazo para hacerse dueño de esta. Haciendo una breve pausa en su labor lamedora, el moro "enmorraó" me insertó cómodamente la pérfida esfera en mi cueva que, receptiva, la engulló rápidamente.

Y de esta forma, y sin cambiar de técnica ni de postura, el moro lamedor, con la ayuda de su colega, logró insertarme hasta seis bolas más entre los jadeos y espasmos de placer que, incontroladamente, ya me estaban sobreviniendo. De forma sucesiva tomó una vez más la porra en sus manos y comenzó a presionar con esta en mi abierta grieta. Los super-óvulos fueron uno tras otro, y sin demasiada resistencia, cediendo y bañando una vez más el sedoso canal que los albergaban. Mis jadeos se convirtieron en gritos y los gritos en alaridos cuando el moro masturbatorio comenzó y mantuvo el movimiento de bombeo que estaba deseando desde un principio. Mis orgasmos se sucedían y encadenaban uno detrás de otro en rápidas e interminables oleadas de placer.

Al rato, y después de haber tenido yo varios orgasmos, los dos moros intercambiaron posiciones obligándome esta vez a adoptar la postura del perrito encima de la mesa y proseguir con la inserción del resto de las pelotas que aún quedaban en la escudilla, salvo que esta vez, mi expuesto culo, también se llevó su respectiva dosis de preparado y de porra.

Al cabo de los 20 minutos y tras haberme obligado a limpiar con la boca la porra que me había follado, los dos "limpiadores" se marcharon de la habitación, dejándome tirada en la metálica mesa y experimentando aún constantes, pequeños e incontrolables orgasmos. Mi organismo había absorbido una nueva, malévola y masiva dosis de la sustancia con la que "El Profesor" preparaba los óvulos de emputecimiento...

Mi cuerpo, insaciable, pedía más y más sexo y las ganas de sentirme más puta fueron acrecentándose a medida que fueron pasando los segundos. La sustancia estaba haciendo otra vez de las suyas aumentando mi libido hasta límites insospechados. De improviso, la puerta de la sala se abrió de repente dando entrada a "El Meón" seguido del resto de los guardias. A la mayor parte de ellos los conocía, otros seis o siete, unidos recientemente al grupo, eran desconocidos aún para mí. Todos y cada uno de ellos iban tomando posiciones alrededor de la mesa al tiempo que sonreían maliciosamente y se tocaban por encima de los pantalones sus pollas y los huevos repletos de leche para la puta. Sin duda habían aceptado de buen grado el volver a follarme y la idea de querer dejarme preñar sin duda les había gustado pues más guardias habían acudido a la cita con la puta, o sea, yo...

Así que tur querer ser partera de nosotros ¿no? –dijo "El Meón" en español macarrónico- ¡Vamoste a llenar bien de leche nihil!

¡Pues comenzad y folladme! –dije completamente salida y resuelta en mi decisión- ¡Folladme cómo queráis y gustéis pero correos todos en mi coño! ¡Quiero que me preñeis!

Ante esto me tumbé en la mesa y alcé las rodillas hacia mis tetas dejando franca, libre y receptiva la entrada a mi vagina. Los guardias uno a uno fueron follándome una vez más por el agujero que más les convenían y gustaban pero curiosamente ninguno de ellos se corría en mi vagina sino en el interior de una botella de leche con un gran embudo situado en una de las sillas. Por la sala iban entrando y saliendo tíos nuevos, diferentes a los guardias, los cuales, situados en la entrada de la puerta iban cobrando una tarifa por follarse a la guarra. Desesperada, veía cómo entraban tíos viejos desdentados, jóvenes altos, delgados y de piel enjuta, que previamente de sobarme y follar el agujero que querían se corrían rápidamente en el interior de la botella de leche cuando lo que yo deseaba y había pedido era que se corrieran en mi coño. Más de 50 tíos pasaron por mí cuando al cabo de un tiempo, el cual no podría definir cuánto, y tras haber experimentado decenas de orgasmos la botella estaba prácticamente llena, presentando un poco menos de la su capacidad total. Mi coño era un insaciable e incontrolable canal de placer y lujuria y al margen de mostrarse más que colmado y satisfecho me pedía más y más de lo que aquellos machos me estaban dando. Mi culo estaba completamente dilatado y mis tetas doloridas de tanto ser sobadas y mordidas y a pesar de todo, continuaba deseando más y más...

¡Sois todos unos babosos! ¡Me folláis y ninguno cumple con lo pactado! ¿Qué es lo que pretendéis? ¿Meterme toda esa crema acumulada en la botella? ¡Con eso no me vais a preñar!

Jajajajajaja ¡No pretenderas que jodernos coño de nihil en guarro no? Jajajajajaja ¡Nihil! Eso es todo para ti... ¡Ibrahim salal tiannaral miriah in nihil! – dijo "El Meón" dando instrucciones a los que allí se encontraban-

Dos de ellos me cogieron de los brazos y echándolos hacia atrás me obligaron a tumbarme de nuevo en la mesa manteniéndome inmovilizada y fijada firmemente a esta mientras que otros cuatro tipos me cogían de las piernas alzándomelas y abriéndomelas completamente. Sentí claramente cómo quedaba completamente abierta y penetrada cuando otro moraco de la fiesta me abrió con ambas manos el coño separando desmesuradamente los labios de la vulva al tiempo que otro me introducía la cánula del embudo en el abierto coño. "El Meón" fue vertiendo el asqueroso y repulsivo engrudo de las corridas de los moros acumuladas en la botella mientras el del embudo metía y sacaba la cánula para facilitar la entrada de la desagradable sustancia en la que se habían convertido las eyaculaciones de los tíos. A pesar de la repulsión que me daba lo que me estaban haciendo mi coño reaccionaba, de forma involuntaria, amoldándose, presionando y ajustándose como un perfecto guante a la ancha boca del embudo que se lo follaba. Las paredes de la vagina comenzaron, por su propia iniciativa, los movimientos característicos y ya conocidos por mí de masajeo involuntario de la "polla" que albergaba en una clara búsqueda de ser completa e íntegramente inseminada. Mis pezones, plenamente inhiestos y excitados, coronaban los movimientos que mis caderas imprimían a mis tetas en claros y obvios movimientos de comparsa a los bombeos que el moro del embudo estaba imprimiendo. Mi libido comenzó a reaccionar con frenéticos y salvajes orgasmos encadenados mientras de los bordes de mi vulva rebosaban los restos de esperma que mi vagina era incapaz de contener en su interior por la gran cantidad de líquido vertido.

Tras haber tenido una experiencia traumática con los dos "Precoces", que luego resultaron ser pareja, pude regresar por fin a España. Llegué a casa, completamente destrozada moral y físicamente pues, si bien no tenía a simple vista, desgarro ni mayores consecuencias físicas, mi ego, mi moral, mi integridad... habían quedado hecho añicos. Recogí toda la ropa que pude y dejando una nota para mi padre me largué de la casa lo más rápido que las maletas y el peso de estas me permitían.

Me trasladé al centro de la península, lejos de la costa y confundida por la gran masa de personas que una ciudad como Madrid, podía proporcionarme. Al poco tiempo encontré un trabajo en un gimnasio como fisioterapeuta y alquile junto con otra chica un pequeño ático en el centro de la capital. Pasaron dos meses desde la última aventura y encargo de "El Profesor" en el Magreb, durante los cuales, seguía trabajando y llevando una vida más que normal. Dos meses durante los cuales no había tenido contacto alguno ni con mi padre, ni con "El Cereal" y ni con, muchísimo menos, el indeseable, depravado y manipulador "Profesor". Dos meses en los cuales, vi cómo mis tetas lentamente cambiaban de forma, dos meses en los cuales ni un solo día pasaba sin que pensara en todo lo que el hijo de puta de "El Profesor" y sus malditos óvulos habían hecho de mi. Dos meses en los cuáles no me había venido finalmente la regla. Dos meses embarazada, ¿de quién? Imposible saberlo, de cualquiera y posiblemente de cualquiera de los moros que tan salvajemente me habían estado usando a su antojo y capricho amparados en los malvados efectos de los óvulos.

Al cabo de quince días más, estábamos casi a las puertas de comenzar las Navidades. Me llevaba francamente bien con mis nuevos compañeros y feliz sería realmente si no tuviera la amargura permanente de mi embarazo. Durante todo ese tiempo, no tuve contacto sexual alguno con nadie, ni tampoco tuve la tentación de tocarme yo misma. Sin embargo, en el gimnasio había un chico que me atraía bastante y ante la insistencia de las compañeras accedí a acudir a la cena de empresa de celebración de la Navidad. Para ello, me puse un vestido corto de terciopelo negro, bastante ceñido (había que aprovechar pues mi vientre pronto dejaría de ser liso, me dije), unas medias negras de rejilla del mismo color y unos zapatos acharolados de salón de tacón medio. Me puse un tanga de encaje a juego y nada de sujetador pues mis pechos, a pesar del embarazo, continuaban desafiando la Ley de la Gravedad. Salí a la calle, con el abrigo y el bolso en la mano, pues a pesar de estar ya en Diciembre no hacía demasiado frío y me dispuse a esperar ,al borde de la acera, a un taxi para que me llevara a la cena. De súbito una enorme limusina, con los cristales tintados, y negra como el carbón paró al lado mío y saliendo un chofer perfectamente uniformado de la misma me invitó a pasar a la parte trasera del vehículo. Yo no sabía qué hacer, ni qué pensar, ni qué decir. Me quedé en blanco, como ida. Totalmente perpleja y desorientada, como hacía tiempo, en mi seguridad conseguida, no me sentía. Vi unas piernas cruzadas, vestidas con un pantalón tan negro como el coche y unos zapatos del mismo color pulcramente inmaculados y brillantes. El caso es que, contraria a toda lógica, me subí al coche para encontrarme en el interior del mismo con... "El Profesor"

Hola Mar -dijo el depravado vestido con un smoking y una pajarita plateada- Te he estado buscando mucho tiempo. ¿Qué pasa? ¿Es que no quieres ver a tu jefe?

¡Maldito cabrón! – dije reaccionado cuando ya tarde, el coche se ponía en marcha y bloqueaba las puertas del vehículo- ¡Déjame salir!

De eso nada putita -dijo tan seguro como siempre- después de encontrarte... ¿Crees que voy a dejar marchar a mi mina de oro? Si piensas eso es que además de puta, eres estúpida.

¡Hijo de puta! ¡Por tu culpa y por la mierda esa que me obligabas a meterme me convertí en eso! ¡Y por eso mismo me dejaron embarazada hijo de mala madre! –dije llorando y pegándole bofetadas en la cara-

¡Estate quieta zorra! ¡Para o lo lamentarás perra! –dijo cogiéndome de las muñecas y empujándome hacia atrás del asiento- Jajajajaja ¡Preñada! Jajajaja ¡Pero qué puta eres! Te lo voy a explicar todo, Mar. Todo...

¿Qué es lo que vas a explicarme maldito bastardo cabrón? –dije entre lágrimas- ¿Que confié en ti? ¿qué te quiero? ¿Qué accedía a todas tus exigencias y peticiones por tan sólo satisfacerte? ¿qué te aprovechaste de mí suministrándome una sustancia que hacía que perdiera toda inhibición?

No tienes ni idea zorra –dijo soltándome las muñecas doloridas- Yo soy un caballero, tú una puta. No una puta cualquiera desde luego, pero al fin y al cabo una puta. Te calé desde el primer día que te conocí en clase de fisiología... ¿Recuerdas?... Estabas en lo alto de clase y aún así destacabas con tus curvas y tu aspecto de niña que nunca hubiera roto un plato. Aún así tus ojos y tu boca proclaman en todo momento lo putita que eres. Tú, a lo mejor piensas que estás enamorada de mi Mar, pero eso, no es así. Tú estás enamorada del vicio, de la depravación, de la lujuria, de sentirte dominada y experimentar que las situaciones están fuera de tu control. Eso, en gran medida, te lo proporciono yo, como bien sabes, pero no... tu no estás enamorada de mi. Estás enamorada de todo eso Mar por la simple razón de que eres una auténtica puta... y te gusta serlo... te gusta sentirlo...

¿Pero qué dices? –dije contrariada y secándome las lagrimas con la mano- ¡Eres un cerdo! ¡Me obligaste a meterme la mierda esa de óvulos!

Jajajajajaja Además de puta Mar, eres una insulsa. –dijo sacándose un pañuelo blanco, poniéndolo en el dorso de la mano sangrante a causa de un arañazo provocado por mis largas uñas- ¡Los óvulos!... ¡Los óvulos eran sólo un placebo! ¡Un experimento!

¿Quéééééé? –dije pensativa-

Lo que oyes Mar. Los óvulos no tenían ninguna sustancia inhibidora, ninguna hormona, ninguna droga, ninguna sustancia potencialmente peligrosa para ti. Tan sólo tenían una fuerte sustancia espermicida-antibiótica natural que impedía que contrajeras algo peligroso o que quedaras preñada, aunque veo que esto último ha fallado y más que por la ineficacia de la sustancia porque pienso que eres tan puta que follabas sin haberte suministrado previamente los óvulos ¿No estoy en lo cierto Mar?

¿...? –no tenía palabras-

Así es Mar, así es. Los óvulos en gran medida te protegían, tanto de la preñez como de cualquier enfermedad, dentro de unos límites claro. Piensa. Piensa cuándo te han follado, cuándo se han corrido en tu coño sin haber tomado poco antes los óvulos y encontrarás con cierta exactitud al padre del nene que crece en tu útero...

¿...?, ¿...?

¿Qué pasa que no dices nada? ¿Te has quedado más boba de lo que eres? Jajajajaja. Sí, Mar, sí. Los óvulos no tenían NADA, nada malo para ti, un poco de lubricante como excipiente y la sustancia protectora que ya te he comentado. El resto, todo lo que te ocurría, todas las reacciones de tu cuerpo, todas las sensaciones que experimentabas no eran más que las órdenes que tu cerebro, principal órgano sexual no lo olvidemos, daba a todo tu cuerpo. Recuerda Mar, recuerda... Recuerda cuándo te pedí que fueras a ser modelo de la clase de anatomía... allí tu solita te calentaste, allí no había óvulos ¿recuerdas? Y después... no se lo que pasaría después cuando saliste corriendo de la clase... ibas ya muy caliente... seguro que pasó algo... tampoco tenías óvulos ¿verdad?

¿...?, ¿...? ¿...?, ¿...? Yo... yo...

Jajajajajajaja. ¡Qué puta eres Mar! Toma anda, esto es tuyo... un trato, es un trato.

Me tiró una libreta de ahorros, abierta el mismísimo día en que habíamos sellado nuestro acuerdo-contrato en la cocina de mi casa. En ella se habían ido produciendo distintos ingresos, de diferente cuantía, algunos de ellos eran bastante fuertes, pero todos ellos siempre superiores a 1000€. ¡La libreta tenía 132.000€ en total!! Y un único beneficiario: Yo.

¿Te sorprendes tanto Mar? –siguió diciendo Antonio- ¿Te das cuenta ahora de que en ningún momento te he estado engañando? Además... si tienes buena memoria... recuerda que muchas de las situaciones en las que te encontrabas eras tú misma en las que te metías. ¡Nadie te decía ni ordenaba nada! Eras tú, y sólo tú.

Pe...pe...ro... no se cómo es esto... –traté de decir completamente confundida-

¿Posible? Ya te lo he dicho antes Mar, porque yo soy un caballero y tu... una PUTA. Una puta que me ha hecho ganar muchísimo dinero y mucho más dinero aún me vas a hacer ganar. Porque como también te he dicho antes... ¿No pretenderías que dejara escapar a la gallina de los huevos de oro verdad?

¿Qué? ... no...no comprendo –dije mirándole a él, la libreta, la limusina...-

Puedo hacer lo que quiera contigo Mar, lo que quiera. Tan sólo tengo que meterte en una situación morbosa, rara, no convencional para que empapes las bragas que lleves puestas y transijas a todo lo que se te ordene... Jejejejeje sí a sí es... Y eso me recuerda una cosa por cierto... ¡ábrete de piernas y enséñame el tesoro que tienes entre las piernas!

¡Qué! –dije asustada-

¡Que me enseñes el coño joder! –dijo abalanzándose y haciendo que abriera las piernas- ¡¿Cómo?! ¿Con bragas?... ¡ah no! Te dije que nada de bragas ni tangas ni nada que pudiera taparte el coño ¿recuerdas? -¡Zas! Me arrancó el tanga de un fuerte tirón- Sí, así esta mejor...

¡Noooooooo! ¡maldito cabrón! – dije asustadísima y cerrando las piernas tras haberme despojado de la prenda íntima- ¿qué coño piensa que está haciendo?

¡Lo que me da la gana y... te he dicho que me enseñes el coño! –dijo alzando la mano para arrearme una bofetada-

¡No! ¡No me pegue!- dije al tiempo que me abría de piernas mostrando el sexo-

Jejejejejeje, vaya, vaya, vaya... veo que aún mantienes el piercing en tu conejito... jejejeje...y que continúa depiladito. Excelente –dijo mientras separaba con sus dedos los labios de la vulva- Veo que tienes el buen gusto de mostrar tus encantos y ahora... unas breves caricias antes de que lleguemos al hotel donde me hospedo...

Ante aquello intenté permanecer impasible mientras "El Profesor" me tocaba el clítoris y este comenzaba hincharse. Pronto, penetró dos de sus dedos en la vagina que, a pasos agigantados comenzaba a destilar importantes fluidos, bañando y lubricando todas sus paredes y preparando estas para cualquier tipo de penetración que Antonio estuviera pensando realizar. Me mordí los labios y cerré los puños en un intento de controlar la líbido que comenzaba una vez más a aflorar. Comencé a arquear la espalda, a gemir y a acompañar los movimientos masturbatorios de "El Profesor" con mis caderas. Me era imposible el permanecer quieta, incapaz de permanecer impasible. Los dedos de Antonio eran demasiado expertos pellizcando, acariciando y penetrando y además... la situación. Mi sexo palpitaba y se hinchaba, completamente excitado y humedecido. Mis tetas necesitaban ser también acariciadas, agasajadas y colmadas con estímulos, mis manos fueron en busca de estas y de los pezones que duros como piedras parecieran que fueran a perforar el vestido de terciopelo. Me bajé de un tirón el vestido, dejándolo enrollado en la cintura como si de un simple trapo se tratara. Mientras, "El Profesor" masajeaba y me penetraba esta vez ya con tres dedos. De repente, la limusina paró llegando a su destino y llegando yo también a un irremediable, largo y esperado orgasmo. Un orgasmo no experimentado durante los meses en que había estado sola. Un orgasmo revelatorio de mi yo más íntimo. Sí, Antonio tenía razón. Era una puta... y me gustaba serlo...

Bajé la mirada y contemplé mi vulva. Hinchada, inflamada como un higo maduro. Los labios mayores rojos como una granada y separados como los pétalos de una flor. Húmedos y brillantes... ¡Qué aspecto tan lascivo tenía y cómo me gustaba!

Perfecto – dijo "El Profesor"- Bajemos putita, tu público y tus clientes te esperan y por cierto... deja el vestido tal y cómo lo tienes. Me gusta así, apretujadito en tu cintura.

Sí, como Vd., diga –contesté mientras aún me iba viniendo en placenteras e inacabables oleadas de placer-

 

 

FIN

 

N. de A: Quisiera no terminar la serie sin agradecer mi más sincera gratitud a todas las personas que han leído, escrito y seguido la serie. Perdonad a todos por las tardanzas en las entregas mas a veces, otras obligaciones obligan a atenderlas antes que las cosas que por simple afán de placer se hacen. Gracias, una vez más a todos, tanto por vuestras críticas como por los apoyos enviados. Por otro lado, también quisiera anunciar la publicación (no se cuándo) de toda la serie ampliada en todos aquellos puntos que han sido descartados bien por su extensión o bien por ser considerados excesivos en ciertos momentos. Capítulos nuevos y ampliaciones de algunos capítulos ya publicados. Para algunas personas que me han pedido por escrito esto, les enviaré a su mail las notas antes de ser enviadas para su publicación. ¡GRACIAS A TODOS!

 

Podéis escribirme vuestros comentarios y críticas a la siguiente dirección:

arcadia_relatos@hotmail.com

 

Relatos anteriores publicados de la serie:

La Clase de Anatomía 1 (Mari Mar 1)

La Clase de Anatomía 2 (Mari Mar 2)

Huída del Aula (Mari Mar 3)

... Y mi hermanito me jodió el culo (Mari Mar 4)

Mi primer día de trabajo (Mari Mar 5)

Espectáculo en el Sex-Shop (Mari Mar 6 y 7)

Las folladas de mi hermanito (Mari Mar 8 y 9)

Los óvulos de emputecimiento (Mari Mar 10)

Totalmente emputecida (Mari Mar 11)

Mari Mar, una perrita para un mastín (Mari Mar 12)

El enorme pollón de Cevallos (Mari Mar 13)

El traje negro de licra (Mari Mar 14)

Me los follaré a todos (Mari Mar 15)

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