Después de esta experiencia vino otra que, en su momento, era
lo más salvaje que había hecho nunca. Por entonces salía con un chico, y estaba
bien, y me gustaba cómo me follaba, pero era poco para mí. Y un día una amiga
vino con la solución. Ella también es un putón de cuidado, pero es bastante más
mayor que yo y tiene mucha experiencia. Nos habíamos acostado juntas un par de
veces y era fantástica, siempre en su casa, claro. Comparte un piso con otras
chicas, y me encanta su habitación. Iba allí a menudo, hablábamos, bebíamos,
fumábamos e incluso alguna vez nos metimos algo más fuerte; intercambiábamos
nuestras experiencias de zorras con otros hombres, y como he dicho, a veces
acabábamos desnudas follando como dos perras. Tenía una colección estupenda de
lencería, que me dejaba probar, y de consoladores, que también probaba compartía
conmigo.
El día que digo me contó de un club al que iba ella y me dijo
si quería ir, pero no me dijo qué tenía de especial. Quedamos en la puerta del
local una noche. Yo iba super provocativa, como a mí me gusta, como un putón, y
ella también iba tremenda. Yo llevaba un vestido rojo de manga larga muy
ajustado y escotado y unos zapatos negros de tacón. Me sentía como Caperucita en
busca de un lobo que saciara mis ansias de sexo.
El local por fuera tenía todo el aspecto de una discoteca
para mayores. Entramos y me quedé alucinada con el ambiente que vi: era muy
espacioso, con dos barras pequeñas a ambos extremos de la sala principal; muchos
silloncitos y mesitas bajas y un espacio para bailar. El lugar estaba lleno,
pero curiosamente el ambiente era muy tranquilo y relajado, y con la luz muy
tenue. La música era tranquila y no sonaba fuerte. Pero lo más curioso era la
gente: había de todo. Pequeños grupos de chicos y chicas, pero sobre todo gente
madura. Mucha gente sola, estaba claro que era un lugar de encuentro, e incluso
vi a algún travesti y a algún hombre travestido. Era un ambiente de lo más
extraño y seductor. Mi amiga me explicó que era un local de intercambios y de
encuentros, pero lo mejor era que en la parte de atrás había una serie de
pequeñas habitaciones con una cama para que los que se conocieran en la sala
principal fueran allí a conocerse más a fondo, pagando un módico precio. Aquello
me excitó muchísimo. Me dijo que era el mejor sitio para follar con un
desconocido, y allí había de todo para elegir: mujeres, hombres, travestis,
jóvenes, mayores, …
Así que nos pusimos a hablar con la gente, me presentó a
algunas personas, y al rato estaba cada una hablando con alguien diferente. Yo
tomaba una copa y hablaba con todos los que se acercaban a presentarse y hablar
conmigo. Pero no me acababa de convencer nadie hasta que un hombre joven me vio
sola y se acercó a saludarme. Era mono, fuerte, alto, y en seguida me gustó;
estaba con unos amigos y me presentó a uno de ellos. Cogimos las copas y nos
sentamos en una mesa. Al rato nos reíamos y hablábamos de forma picante. Uno de
ellos me puso la mano en un muslo y yo le dejé, la fue subiendo y decidí que esa
noche iba a follar con unos desconocidos. Me dijeron si sabía que había
habitaciones privadas en el local y que si quería que fuéramos los tres. Yo
estaba como loca de excitación y les dije que sí.
Fuimos por un pasillo oscuro y entramos en la habitación que
habían alquilado: era muy simple, una cama grande, un par de butacas y una
mesilla con una lámpara, la iluminación era roja, como en un mal puticlub.
Cerraron la puerta y no perdieron el tiempo, uno me cogió por detrás y empezó a
sobarme el culo y las tetas, y el otro delante de mí me besaba en la boca y me
sobaba también las tetas. Uno me metió la mano debajo de la falda y empezó a
hurgar debajo de mis bragas, el otro seguía besándome y me pellizcaba con fuerza
los pezones por encima del vestido. Yo estaba en éxtasis, cerré los ojos y me
dejé llevar; estaba experimentando lo que quería, que uno, dos en este coso,
desconocidos me utilizaran sexualmente, como un objeto, en una habitación
desconocida.
Casi consiguieron que me corriera, pero antes me pusieron de
cuclillas, se abrieron las braguetas y me hicieron chuparles las pollas; eran
grandes, carnosas, húmedas y calientes y entraban y salían de mi boca
alternativamente, era una gozada; les chupé los testículos, me los metía en la
boca y los succionaba, les recorría las pollas con la lengua, incluso me
hicieron lamerles el agujero del culo. Pero no sé corrieron, me desnudaron y me
tumbaron en la cama, se desnudaron y empezaron a meterme mano de forma más
fuerte; a veces me hacían daño, y si me quejaba me decían que me callara, que a
una puta como yo podían hacerle lo que quisieran. Esa reacción me asustó un
poco. Hasta ahora siempre había follado con gente más o menos conocida y nunca
nadie había hecho nada que yo no quisiera o no me apeteciera, pero me di cuenta
que esta vez iba a ser diferente, y que esos hombres iban a follarme y a hacer
conmigo lo que quisieran sin importarles lo que yo dijera. Entonces uno de ellos
se tumbó encima de mí y me penetró mientras el otro me hacía chupársela. Sus
sacudidas eran tremendas y no tardó en correrse, se levantó y ocupó su lugar el
que me la metía en la boca, y el que me había follado me la metió en la boca. De
nuevo un animal me estaba reventando el coño, y de nuevo me lo llenaron de
semen. Era la primera vez que me follaban dos hombres a la vez en serio y la
experiencia era de humillación total por cómo me estaban tratando, pero eso me
gustaba y cuando me llamaban puta y zorra y me decían otras guarradas y se
corrían dentro de mí, me ponía a cien y me corría también.
Se tumbaron y me puse encima de ellos para chupárselas hasta
que recuperaran el tamaño. Entonces se abrió la puerta y entró otro más de sus
amigos, se acercó y empezó a sobarme el culo y el coño empapado de semen. Yo
dije que no, que tres pollas era demasiado pero uno de ellos me agarró y me hizo
tumbarme sobre él para volver a follar y el otro se acercó por detrás y me la
clavó en el culo. Ahora tenía dos pollas dentro de mí a la vez, nunca antes lo
había hecho así y empecé a gritar de dolor, pero el recién llegado se desnudó,
se puso de pie en la cama y me metió la polla en la boca. Ya no podía gritar y
lágrimas de desesperación corrían por mis mejillas. Eso parece que les excitó
aún más y siguieron follándome con más fuerza. Creía que iban a romperme por
dentro, a desgarrarme el coño y el culo, pero poco a poco el dolor se fue
volviendo placer, y los gritos, gemidos y jadeos. A ellos les excitaba pensar
que me estaban follando contra mi voluntad, que me estaban violando, pero la
cosa cambió.
El que me follaba el culo se corrió dentro y dejó su lugar al
que me follaba la boca. Estuvieron así mucho rato, intercambiando los lugares,
hasta que se pusieron los tres de pie delante de mí y se corrieron por turnos
por todo mi cuerpo. Tragué todo el semen que pude y que me obligaron, pero tenía
todo el cuerpo lleno de ese líquido caliente y viscoso: mis tetas, mis muslos,
mi cara, el pelo.
Me echaron por encima hasta la última gota que tenían dentro
y empezaron a vestirse, diciéndome lo buena puta que había sido. Yo estaba
agotada, me dolía el culo, el coño, las mandíbulas, me sentía sucia y humillada,
pero satisfecha; había venido a por esto y lo había conseguido, y en el fondo me
había gustado mucho. Cuando llegara a casa y me duchara y me metiera en la cama
me masturbaría pensando en esos tres animales.
Me arreglé y lavé como pude y volví al local. No vi a mi
amiga, estaría follando dentro. Salí a la calle. Tenía el pelo pegajoso y notaba
cómo resbalaba semen por mis muslos. Cogí un taxi y volví a casa.
Dedicado con pasión y con mi rajita húmeda a todos mis fans.