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TODORELATOS » RELATOS » DE ESPOSA EJEMPLAR A PERRA SUMISA (11) |
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[ ¿Si hay mas allá, hay menos acá? ] |
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TODORELATOS.COM |
Fecha: 17 de Mayo, 2008.
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| Fecha: 12-Mar-08 |
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| El Sr.Davidson en persona retoma mi camino de doma y adiestramiento, pronto me convierte en lo que él quiere. Me pervertirá y dominará de formas que nunca me creí capaz. |
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Capítulo XI
Dicen que lo más difícil de cualquier empresa es dar el
primer paso, y yo di muchos primeros pasos que me convirtieron en una perra
insaciable. Poco a poco, paso a paso, fui transformada en una puta viciosa,
sumisa y degenerada, capaz de gozar con las cosas más degradantes y dolorosas.
Ya casi no quedaba nada de esa antigua ama de casa, madre amorosa y esposa fiel
y castísima. De lo poco que conservaba, era gracias a mi marido y a mis hijos…
pero hasta eso me sería quitado…
Pasaron otras 2 semanas más, esta vez fue James Davidson en
persona quien se encargó de mi doma y adiestramiento. A Marvin no lo volví a ver
en ese tiempo, tampoco a Elisa, y no verla a ella si me dolía mucho. Pero creo
que hasta la comprendía, así debía ser, esa erala vida de una esclava, la vida
que yo misma había elegido. Ese fue tiempo más que suficiente para que el negro
me pudiera pervertir aun más, a la fecha, me cuesta creer todas las cosas que
hice bajo su mandato.
Mi vagina, ano y boca habían alojado a su poderoso pene, le
pertenecían ya, no quedaba de mi ni un solo rincón virgen, todo se lo había dado
a él, no había nada que le pudiera negar. Ese día fatal, el día que tanto temía,
me hallaba cogiendo con él, exactamente 2 semanas después de la segunda
"evaluación" y a 2 meses de la primera vez que me tomó. Respiraba muy acelerada,
nos hallábamos sobre su lecho, en su penthouse, yo boca arriba frente a él,
apoyada en mis codos en medio de sus piernas abiertas y con mis piernas sobre
sus poderosos muslos, dándole la espalda. El negro me masturbaba enérgicamente
mientras su descomunal maza se albergaba cálidamente dentro de mi ano distendido
en un gran boquete. Sudábamos copiosamente, habíamos estado cogiendo ya por
cerca de una hora y yo ya iba por mi tercer orgasmo.
¡¡¡OOHH!!! ¡¡¡OOHH!!! ¡¡¡OOHH!!!… ¡¡¡¡¡AAAAAAAAMMOOOOOOGGGGHHHH!!!!!
Acabé por tercera vez, del fondo de mi garganta salió un
grito acompañado de un largo chorro de orina que él me provocó de tanto frotarme
el clítoris y mi punto G al mismo tiempo. Esa era otra de las cosas que me había
enseñado (o en lo que me había "amaestrado"), la eyaculación femenina, la
aprendí con Elisa y la perfeccioné con él. La intensidad de mi orgasmo hizo que
me derrumbara sobre su pecho al mismo tiempo que el Amo me llevaba sus manos a
mi rostro en donde se las limpié con la lengua de mis propios fluidos.
Habíamos quedado muy de mañana aprovechando que mi esposo
tuvo que hacer un turno de noche. Yo misma llegué a su penthouse y abrí la
puerta con una llave que él me dio. Cuando mi amo llegó minutos más tarde, se
dirigió resueltamente hacia la habitación y me halló desnuda completamente y con
un collar de perro en el cuello, de cuero negro, la correa estaba enrollada en
una de las patas del lecho. Así le gustaba a él encontrar a sus perras. Me
encontró masturbándome (tal y como me lo ordenó) y con los dedos dentro de mi
boca, saboreando mis propios jugos. Era increíble, pero ya hasta a eso me había
enviciado ese hombre. Mis senos delicados se mecían suavemente al compás de mi
respiración.
¡Pamela, qué visión tan sorprendente, nunca me dejará de
dar sorpresas!
Pues aquí me tiene Amo, hágame lo que usted quiera… como
siempre…
Me tomé de las manos y me puso de pié, me contempló entera,
erguida, era un espectáculo. Prendió el equipo de la habitación y comenzó a
sonar "La Gasolina" de Daddy Yankee, y yo, adivinando
sus deseos, la empecé a bailar, contoneando cadenciosamente las caderas. Al él
le encantaba mi cuerpo diminuto y moreno, con mis
pequeños senos bamboleándose al compás de la música y de mi propia respiración
agitada. Mis pezones oscuros, erectos y puntiagudos parecían hipnotizarlo,
abajo, mi vientre plano marcaba el camino en donde, otrora, se hallara una mata
espesa de vellos que custodiaban la puerta al soberbio templo de mi cuerpo, pero
que ahora estaba totalmente depilada, milagrosamente convencí a Fer que me
depilé para él.
Mi cuerpo era hermoso sin duda, chico pero fuerte y bien
construido, con unas caderas no muy amplias pero compensadas por una cintura muy
estrecha y por un magnífico par de nalgas, grandes, paraditas y duras. Y todo
ese conjunto estaba rematado por un par de piernas largas y fuertes, esbeltas,
preciosas.
Mi piel empezaba a brillar por el sudor que la cubría, ya no
soportaba más, me pervirtió tan bien que ya no podía estar frente a él mucho
tiempo sin que una calentura enfermiza se apoderaba de mi inmediatamente y me
llevara a hacerle algo. Me arrodillé dócilmente con las manos tomadas en mi
espalda esperando su autorización, quería tener su pene entre mi cálida y húmeda
boquita, estaba nerviosa, hasta parecía primeriza. Él se desabrochó el cinturón
y el cierre del pantalón, bajándoselo de un fuerte jalón, se quedó solo en
calzoncillos. No tardé en meter la mano para comprobar el estado de su aparato,
sentí un escalofrió cuando rocé su glande con los dedos. Fuera de mi le bajé la
última prenda, dejando frente a mi su ciclópeo pene parado, el cuál tomé por la
base y lo empecé a pajear.
Amo… Amo… soy suya Amo… le pertenezco… – susurraba en voz
baja.
Me lo metí a la boca, principié chupándole el glande como un
bombón, para encajármelo poco a poco hasta el fondo de la garganta en donde lo
dejaba por un momento. Se la mamaba como una poseída, trataba de metérmela hasta
los huevos con succiones descontroladas, profundas, fortísimas, tenía los ojos
en blanco como en un profundo trance. Él no quiso una felación larga, no demoró
mucho su primer orgasmo y acabó muy rápido. Sujetándome de la cabeza con fuerza
me ensartó su enrojecido y palpitante mástil hasta el cogote y se vació
iracundamente.
¡¡¡¡AAAAGGGHHHHHHH!!!! – bramó como un toro embravecido
mientras yo apenas lograba hacer ruidos guturales de ahogo, pero igual no
traté de separarme.
No paré y seguí chupándosela, con su semen derramándose por
las comisuras de mi labios y bañando el cuello y pechos. Conseguí, en menos de 5
minutos, ponerlo duro de nuevo. Casi por la fuerza me separó y me tiró boca
arriba sobre la cama, me abrió de piernas y se quedó un momento contemplando mi
vulva inundada, pelona y brillante, enrojecida e hinchada. Mansamente lo dejé
restregarme la verga de arriba abajo sobre mi sexo hasta que me la metió de
golpe. Por supuesto que grité, y fuerte, una verga como esa no pasa sin darse a
notar.
Inició como un salvaje, dándome por todos lados en donde se
me podía dar y yo feliz le pedía más como una perra desesperada y necesitada. Lo
rodeaba con las piernas, empujándolo contra mi cuerpo para que me clavara con
más fuerza y violencia. La visión de mis chiches meciéndose de un lugar a otro
como 2 flanes lo excitaba más todavía y lo incitaba a penetrarme con más
potencia cada vez, quería ver a su hembra cubierta en sudor, ver como sus
embates estremecían todas mis carnes, oírme suplicar por piedad al mismo tiempo
que le pedía más.
Y así continuamos hasta que me colocó en 4 sobre la cama y me
volvió a coger. Así llegamos al momento en que, tras mis 2 primeros orgasmos,
rodamos y quedé arriba de él, aprovechando para clavármela por el culo. Chillé y
me retorcí de placer y de dolor. Luego me cambio de pose sin sacármela, me dio
la vuelta y me dejó mirándolo de frente, me apoyó en la cama sobre mis codos, en
medio de sus piernas, y subió las mías sobre sus muslos, me comenzó a dar duro,
ya deseaba acabar y yo sentía que mi tercer clímax estaba cerca, gimiendo fuerte
mientras gruesos goterones de sudor resbalaban por mi frente. Paraba a ratos
para levantarme con todo y caderas, sacarme la paloma y ver mi hoyo abierto y
dilatado laxamente. Sufría de incontinencia tras cada sesión con él,
sencillamente cuando te dejan el culo como un tubo de PVC, no podés retener nada
adentro.
Todo mi cuerpo se estremecía ante cada nuevo embate, mis
tetitas se sacudían con violencia, mi rostro se veía tenso, pero feliz y
caliente; mi larga cabellera caía sobre mi cara, empapada en sudor; mis ojos muy
abiertos estaban perdidos en la nada, en otro mundo, un mundo de placer. Y así,
tras otra media hora de un inmisericorde, pero placentero, mete y saca, anuncié
mi orgasmo con un fuerte rugido que salió de lo más profundo de mi ser.
¡¡¡¡PAMELA, PAMELA, PUTA!!!!… ¡¡¡¡PUUUUTTTTAAAAAHHH!!!! –
me gritaba enloquecido.
¡¡¡¡¡MI AMO, MI AMO!!!!! ¡¡¡¡¡SOY SUYA AMOOOOO!!!!!…
¡¡¡¡¡SOY TODA SUYAAAAAAAAA!!!!!
¡¡¡OOOJJJJJ!!! ¡¡¡OOOJJJJJ!!! ¡¡¡OOOJJJJJ!!!
¡¡¡¡¡OOOOOUUUUUUURRRRRRGGGHHHHH!!!!! ¡¡¡¡¡AAAAAAGGGGGGHHHHHMMMMMFFFFFFF!!!!!
– regó con fuerza las entrañas de su puta que pegó un fuerte suspiro y un
potente alarido de placer al sentir sus clientes jugos inundarla –
¡¡¡¡¡¡AAAAAAAARRRRRRRRGGGGGGGHHHHHHHH!!!!!!
Su semen se escurría de mi vagina y caía entre sus piernas,
yendo a dar su vientre, nuestras pieles mojadas se pegaban una a la otra como
calcomanías. Tan solo me quedé encima de él, sintiendo su cuerpo bajo el mío,
fuerte y duro, su respiración agitada y profunda era como un cálido masaje. Toda
la habitación olía a mujer embramada, a sexo. Nos quedamos así hasta que, tras
15 minutos, él se puso de pié y salió del cuarto, poco después salí a ver si
necesitaba algo (a mi por ejemplo), se hallaba sentado en la sala con su enorme
péndulo de carne colgando entre sus piernas.
Bueno Pamela, quiero decirle que estoy muy orgulloso de
usted, es una de las mejores putas que he tenido, sencillamente una de las
mejores. Estas 2 semanas me ha demostrado lo buena perra que puede llegar a
ser…
…más bien de lo perra y sucia que me puede llegar a
convertir. – le dije interrumpiéndolo.
Es lo mismo, ¿no?
¡Claro que no! – estuve a punto de estallar en llanto,
pero aun logré contenerme – ¡Usted me ha convertido en algo que no era! ¡No
sé cómo lo ha hecho! – le dije, esos estallidos de dolor ya no eran muy
comunes en mi, pero el Amo no intentaba reprimirlo, es más, parecía gozar
cada vez que me veía así.
¿De verdad quiere que pare? Su vulva mojada me decía otra
cosa hace unos momentos… y ahora también me está diciendo algo muy
diferente…
Cállese… – le dije casi en un susurro.
¿Y su ano Pamela, cómo está su ano? Está lleno de mi
leche, ¿no? ¿O ya se le está saliendo? ¿La siente resbalando despacio por
entre sus muslos? – maldito, era cierto, su semen se me estaba saliendo del
culo en lentas líneas – ¿No lo siente abierto?, dígame Pamela, ¿siente que
le dejé el culo abierto? – asentí en silencio – Pero quiero que me lo diga
perra…
Si Amo, me lo dejó muy abierto…
¿Cómo un boquete? Vamos, llévese una mano al culo y
respóndame… ¿parece un boquete? – increíblemente lo hice, llevé una mano
hacia mi adolorido ano.
Si… está abierto…
¿Cómo un boquete? – asentí con la cabeza – ¿Y te caben
los dedos adentro?
Si señor…
¿Cuántos te caben?
3… no, perdón… 4 dedos…
¿Y le cuesta metértelos?
No Amo… me entran muy fácil…
Si los dedos le quedaron llenos de semen, límpieselos con
la boca perra… – lo hice, me llevé los dedos impregnados de su simiente a la
boca y los chupé con delectación, no lo podía creer, casi sin esfuerzo
alguno me tenía dominada nuevamente – ¿Ya ve perra? Yo lo único que hice fue
mostrarle tal y como es, como la perra sucia, viciosa e insaciable que
siempre fue. Sé que ahora quisiera que se la volviera a meter, que la
volviera a coger como el animal que es, como la noble bestia ávida de carne
que siempre fue. – les juro que, ante mi horror y asombro, de mi boca cayó
sin poderlo evitar, una larga liga de babas que fue a dar sobre mis ingentes
pechos, a la vez que de mi inflamadísimo sexo caían largas líneas de
fluidos, ¡de solo oírlo me estaba derritiendo! – Respóndame Pamela, ¿quiere
que la vuelva a coger? – asentí con la cabeza – Pídamelo entonces, quiero
escucharla rogándome.
Amo… ¡quiero que me vuelva a coger otra vez, que me haga
su objeto de deseo y de placer, QUE ME ROMPA EN MIL PEDAZOS!
Si, lo sabía… pero no hoy, por hoy hemos terminado. – se
me hizo un nudo en el estómago, estaba tan caliente – Pamela, como le decía
hace unos momentos antes que me interrumpiera con sus inútiles gimoteos,
estoy muy impresionado y orgulloso de lo puta que es, y creo que ha llegado
la hora…
¿La hora de qué?
De convertirla en mi perra sumisa y mi esclava sexual
para siempre… – me estremecí, no pude decir nada, pero mi cara de horror
habló por mi.
A partir de este momento pasará a ser mi esclava de
tiempo completo… recuerde el acuerdo que teníamos, a cambio de su vida le
pagaba el tratamiento completo a su hijo y me abstenía de tocar a su marido…
y lo he cumplido al pié de la letra, ¿no es así? – para mi desgracia era
cierto, Fernandito ya casi estaba curado y a Fernando le estaba yendo mejor
con su nuevo trabajo e ignoraba todo lo que tuve que hacer con ese hombre.
¡Dios mío! – exclamé y me derrumbé en el suelo,
comenzando a llorar.
Tranquilícese señora que tiene muchas que hacer aun… esta
noche iré por usted a su casa.
¡A mi casa, no allí no, mi marido va a estar esta noche,
no puede ser en mi casa!
¡Allí será perra! – me dijo levantándome la voz, me
sentía tan apabullada que bajé la mirada – Es más Pamela, quiero que su
esposo se entere de nuestro trato y que vea cómo me la llevo.
¡No, no por favor, eso no… lo que sea menos eso!
Pues esa es mi voluntad… su marido tiene que verlo. Pero
no creo que es solo un capricho mío sin justificación alguna, al contrario,
es así como debe ser. Su usted simplemente desaparece, él la buscará hasta
por debajo de las piedras y eso no me conviene, como comprenderá, me muevo
entre las sombras, la discreción es indispensable en mi mundo. Por ello el
lo tiene que saber, tiene que estar al tanto que su mujer fue convertida en
una perra sucia y viciosa por un macho de verdad y todo por él, para
salvarlo del mismo destino. Y, sobre todo, debe saber que su amada mujer ya
no le pertenece más, que ahora tiene otro dueño que puede hacer con su vida
lo que se le de la gana. Él debe entender que lo mejor es que la deje ir y
se olvide de ella para siempre, de lo contrario algo muy malo le puede
pasar…
¡¿Cómo dice?!
Lo que escuchó Pamela… pongamos las cosas en claro, usted
me pertenece, pagué por su vida y pagué caro. Es una inversión que no pienso
perder por un marido celoso, así que él tiene que entender, de lo contrario
YO lo haré entender a como de lugar… esto es lo que hará, le dirá que esta
noche estoy invitado a cenar a su casa, le daremos una potente droga en la
bebida y usted le escribirá una carta en donde le explicará todo y que la
debe dejar ir, de lo contrario ya sabe lo que le pasará. Luego usted se irá
conmigo para siempre… y él, al despertar, ya no la encontrará más.
Se puso de pié y entró a su habitación, me dejé de rodillas
en el suelo, temblando. Salió vestido y con un gesto muy serio, me vio fijamente
y me repitió con una frialdad que me heló la sangre:
Esta noche Pamela, esta noche… recuérdelo bien, esta
noche… – y se retiró, dejándome sola.
¡Dios mío, entré en una terrible desesperación, sabía que ese
día llegaría pero no estaba preparada ni remotamente!
CONTINUARÁ…
Garganta de Cuero.
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