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TODORELATOS » RELATOS » EN EL DESVáN (2)
[ Vino y pan andar te harán. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 08-Mar-08 « Anterior | Siguiente » en Gays (6090 de 6573)

En el desván (2)

paterbond007
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Filial Gay.- Reunión familiar, sexo desesperado, calentura, morbo al límite. Todo, tres meses después de lo que sucedió en el desván. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

EN EL DESVAN -2ª PARTE

- ¡Ohhhhhhhhhh, síiiiiii, siiiiiiiiii! -la voz de mi hijo me sorprende. Resuena ahogada por su propia carne, por el propio vergajo que se automama, enroscado sobre sí mismo hasta límites circenses.

- ¿Quieres más, putita? -me noto desatado, embrutecido, fuera de toda lógica, mientras hago restallar la palma de mi mano sobre sus nalgas ofrecidas. Con el golpe, sus testículos rebotan, y la boca del ano parece gritarme, llamarme con cantos de sirena.

- ¡¡Síii, síii, fóllameeee papá, por favor, por lo que más quieras!!

El comprobar que me ha conocido, que sabe que mi rabo es el que está apunto de culearlo, todavía me ofusca más. Escupo un salivazo que rebosa el agujero, y sin ningún otro preámbulo, comienzo a meterle la verga por el culo. Noto la presión de su intestino estrangulando mi pene. Noto la succión de su esfínter, a la par que llega hasta mis oidos el ruido de las chupadas que se autoinfringe en un frenesí imparable.

Mi verga ya se desliza sin ningún obstáculo. Mi hijo ya está totalmente dilatado. Seguramente ya lo estaba antes de que subiese yo. Tanto rato a merced de los gemelos viciosos...Sus hermanitos pequeños, adolescentes tan salidos como gatos de callejón.

Viene a mi mente una idea escandalosa, impensable, deliciosamente caduca, caliente, terrible...Sujeto el balancín con mis manos, lo atraigo hacia mí...y mi polla entra hasta la empuñadura, hasta mis propios huevos. Luego empujo hacia fuera...y el balancín se aleja, y la polla sale sigilosa hasta quedar al aire libre, vibrante, tensa, en espera del siguiente movimiento en el que el agujero llega otra vez, y mi vergajo taladra de nuevo el agujero enrojecido, la caverna filial, el pote de la miel.

El columpio viene y va, va y viene. Una y otra vez. Como si estuviésemos en el parque. Como si el hijo estuviese disfrutando con el padre, y el padre con el hijo. Justamente lo que está pasando.

Y entonces, antes de explotar, antes de inundar, antes de correrme en lo más hondo de aquella carne tan querida, oigo las voces de Daniel y David que dicen a coro:

- ¿Lo ves, Arturo, como teníamos razón?- y el susurro ahogado por la propia lefa de mi hijo mayor que contesta entrecortado:

- ¡Sí! ¡Pequeños cabrones! ¡Sí! ¡Muchísima razón!

***

- Tete. ¡Tete!. ¡¡Tete!!

- ¿Mmmmmmm?

- ¿Qué hora es?

La voz de mi hermano me ha sacado del profundo pozo en el que estaba metido. Ni siquiera me he dado cuenta de que tengo la verga -durísima- aplastada, justo, entre la raja que forman sus nalgas. Solamente sé que el corazón me late fuertemente...justamente en la punta de la polla. Esta verga que hace unos segundos estaba empotrada en el interior del culo de mi hijo mayor.

Abro un ojo. No. No estoy en el desván. Y la carne caliente contra la que me estoy restregando no es la de mi hijo Arturo, sino contra la de mi hermano mayor Pedro.

- ¡¡Tete!! ¡¡Coño, contéstame!!

- ¿Qué pollas quieres, Pedro?- la cabeza parece que me quiere estallar. Demasiado alcohol.

- ¡¡¡Que me digas la hora, cojones!!!

Una típica conversación entre mi hermano y yo. Así nos relacionábamos contínuamente mientras estábamos juntos: riñéndonos como perro y gato...o follándonos uno al otro como descosidos. Nunca hemos tenido término medio.

Asumo que no estoy en el desván. Asumo que lo de violar a mi hijo mientras estaba encadenado, colgando como un fardo de aquella “cosa” montada por sus hermanos , no ha ocurrido hace un rato (aunque en mis sueños lo he rememorado, paso a paso, exactamente igual que aquella tarde de tormenta), sino que la “bromita” que nos gastaron mis hijos gemelos, a su hermano y a mí, fue ya hace algún tiempo: exactamente tres meses.

¡Tres meses! Tres meses en los que ha ocurrido de todo. Mi hijo mayor, incapaz de mirarnos a la cara a los demás, se marchó a vivir con su novia. Desde allí también huyó con rumbo desconocido. Mis hijos gemelos soportaron mi enfado, mis castigos...y algún que otro sopapo que les caía a la más mínima. Y yo...Yo al borde de la depresión.

¿De dónde sacaron David y Daniel aquella película de vídeo porno gay de la que se “informaron” de un montón de cosas totalmente inapropiadas para su edad? Sus adolescentes mentes calenturientas elucubraron un plan que les pareció cachondísimo...pero que, a la postre, hizo trizas la convivencia de nuestra pequeña familia.

Montaron en el desván una cámara de los horrores sadomaso, utilizando un montón de elementos tomados de aquí y de allá. Luego drogaron a su hermano mayor con una mezcla de somníferos y viagra, convirtiéndolo en un bulto de carne que clamaba por ser usado.Y, a mí, estoy seguro, también me dieron algo. Porque no puedo entender mi reacción, mi desespero, mi lujuria desatada hasta límites inconcebibles, que hizo que atacase como una fiera, como un violador de la peor especie, el cuerpo de mi hijo totalmente impotente para defenderse de mis ataques, sin estar bajo el influjo de algún potente afrodisíaco.

Me encanta el olor de mi hermano. Me pone...a tono. El tacto de su piel curtida, el sabor salobre con reminiscencias a pescado. Olor a mar, a marino, a hombre...

- Las ocho-contesto finalmente a su pregunta. Pero lo sujeto entre mis brazos para que no se levante de un brinco y me deje solitario en la inmensa cama de matrimonio.

- ¿Qué haces...Tete?-sin mirarlo estoy viendo la sonrisa que insinúan sus labios.

- Nada...¿porqué lo dices?- y mis hechos desmienten mis palabras, porque ciño más mi cuerpo contra el suyo, busco el cobijo de mi nariz en su cogote, aplasto mi vientre contra su trasero y acaricio sus pezones bajo la sábana que nos cobija a ambos.

- Noto una cierta presión contra mi popa. ¿Acaso quieres meterme tu palo mayor, marinero? - mi hermano no puede evitar hacer chistes relacionados con su profesión.

- ¡Vaaaaaaaaaaaaa! -mi voz adquiere tintes infantiles-¡No seas malo! ¡Déjame que te la meta un poquito: la puntita nada más...!-y mi mano baja por su entrepierna caliente hasta que le agarra la gruesa polla, morcillona y ligeramente babosa.

- ¡Sí, sí! ¡Como si no te conociese!. Y luego dirás: “¡Nada, nada, toda ella, y los huevos además...!”.

- ¡Que no, Tete, te lo prometo!- y digo ésto mientras presiono su pene, mientras tiro de la piel arriba y abajo, buscando con el pulgar el agujerito de la punta.

- ¡Anda ya! : “Prometer hasta el meter”- y aquí mi hermano se retuerce, aparta mi polla (ya medio metida en su ano), y comenzamos una lucha que termina en tablas.

Ninguno de los dos queremos ceder. Finalmente tomamos una decisión salomónica, y mientras mi hermano queda despatarrado sobre la cama, me levanto y salgo al pasillo camino a la cocina. Nunca llevo ropa interior, así que estoy totalmente en pelotas.

Tener a mi hermano bajo el techo de mi casa, tras tanto tiempo de alejamiento, hace que tenga una alegría interior inesperada. Esta visita -que sospecho ha sido propiciada por los gemelos- ha traido, por lo menos de momento, un espíritu familiar que buena falta nos hacía.

Mi hermano Pedro no se ha presentado de vacío. Junto con él ha venido su único hijo Eusebio (Sebi para la familia), un semental de las trazas de su padre y que tiene, al igual que yo, el fetiche de los pantalones vaqueros. Además, al muy cabroncete le entusiasma ir marcando pollón, con lo que parece uno de los machos super-eróticos que salen en los comics de Tom de Fintlandia.

Han llegado esta misma madrugada. Por poco ni me entero, puesto que han sido los gemelos los encargados de abrir la puerta, ya que yo, un pelín indispuesto debido a cuestiones etílicas, estaba k.o. Tumbado en el sofá, a penas he podido abrazar a mi hermano mientras me cargaban entre él y Sebi para arrastrarme hasta la cama. Antes de volver a caer en coma, Pedro me ha informado que , junto con Sebi , venía alguien más. He dado por supuesto que su novia.

Me asomo por incercia a la alcoba de mis gemelos. Digo por incercia porque sé perfectamente como los voy a encontrar. Ya de bebés se intercambiaban los chupetes, se arrullaban el uno al otro y se pasaban el tiempo abrazados. Exactamente igual que ahora, en plena adolescencia. Simplemente lo que han cambiado son los objetos a chupar.

Enroscados en medio de la cama parecen la viva estampa del signo zodiacal “Géminis”. La cabeza de David apoyada sobre la entrepierna de Daniel, la boca de Daniel albergando el pene de su hermano. Nadie es capaz de encarnar un sesenta y nueve más perfecto. Antes se chupaban los pulgares, ahora se chupan mutuamente las pollas.

Parecen dos angelitos rubios. Dos hermosos efebos de miembros zanquilargos, de vellos insinuantes, de testículos en contínua ebullición. Dos pequeños monstruos capaces de drogar a su hermano mayor para llevar a cabo un “experimento” que terminó en una orgía incestuosa.

Me acerco a la cama. Daniel habla entre sueños. Ahora se desprenden uno del otro y quedan boca abajo, con las nalgas ligeramente elevadas, como si estuviesen esperando “algo”. El somier chirría al sentarme junto a ellos. Un rayo de sol entra por la rendija de la persiana e ilumina como un foco el trasero de David. Observo un ligero enrojecimiento en la zona anal. Me inclino, entreabro con mis dedos las filiales nalgas...y ¡lo sabía!. Ese agujero dilatado es signo inequívoco de reciente actividad sexual. Pero...¿tanta dilatación? El tamaño del agujero es verdaderamente importante. No puede haber sido debido a la introducción de un dedo, ni siquiera (aquí me fijo en el grosor de la verga de su gemelo) de la polla de Daniel. Tanteo el orificio y compruebo “in situ” que allí pueden caber hasta tres de mis dedos. Algo pegajoso me confirma que la introducción ha sido acompañada de abundante derramamiento seminal. Una polla de adulto ha dejado su carga en el culo de mi hijo. Mejor dicho: de mis hijos, porque Daniel presenta exactamente las mismas señales externas, y , supongo, también internas.

- ¡Más fuerte, primo! - la voz gangosa de David me da una pista clara de quién ha hecho el trabajito. Mi sobrino no ha perdido el tiempo, por lo que parece, en las pocas horas que lleva bajo nuestro techo.

No sé si bufar o reirme. Por lo visto mis niñitos ya están al cabo de la calle en cuestiones de sexo, así que, por lo menos, espero que sus experiencias al respecto no salgan del entorno familiar.

Entro en el baño del pasillo. Abierto de piernas dirijo mi polla semierecta para que el orín caiga dentro de la taza. El chorro es abundante, caliente, de un amarillo dorado que chispea como lluvia al dar contra el borde.

Noto un cuerpo pegado contra mi espalda. Una manaza sopesa mis testículos, los acuna y los aprisiona. Contra mis nalgas desnudas noto un abundantísimo paquete. Y una voz ronca y juvenil que me susurra a la oreja:

- ¡Hola Tito! ¡Menudo par de pelotas te gastas!

Me giro con la sonrisa en la boca. No me doy cuenta que el orín sigue saliendo, con lo que meo a mi sobrino a la altura del vientre. Los calzoncillos Calvin Klein le quedan empapados, transparentes, marcando el nabo semiempalmado que acaba de restregarme por la raja del culo.

Nos reimos ambos. Luego me pongo serio para espetarle:

- Oye, cabroncete...¿qué les has hecho a tus primos esta noche?

- ¿Yooooooo? - finge muy bien este sobrino mío- ¡A mí que me registren!

- Te digo que sí. La dilatación que llevan de culo solamente has podido hacérsela tú.

- Ppppero...¿porqué yo? -voz indignada-¿Es que estoy yo solo en la casa?

- Pues casi. Porque tu padre ha estado conmigo toda la noche, y yo, desde luego, no he sido (aunque no por falta de ganas, pienso al recordar los culitos ofrecidos)-luego añado-¡Menuda cara dura, teniendo a tu novia bajo el mismo techo!

- ¿Novia? -se extraña-¿Qué novia?

- Pues...la tuya. ¿Acaso no tienes novia allá en tu pueblo?

- ¡Claro que tengo! ¡ Y bien buena que está! Pero, como tu bien dices: “allá en mi pueblo”.

- Entonces...¿quién a venido contigo?

- ¡Pues ...papá!

- ¡Ya lo sé! - me exaspero-¡Pero también vino con vosotros alguien más! ¿O no?

Sebi abre la boca para contestarme, pero un alarido que viene de mi dormitorio lo interrumpe.

- ¡Socorro, Tete, que me violaaaaaaaánnnn! -la voz de mi hermano llega ahogada entre carcajadas.

- ¿Qué coño pasa ahora? -me dirijo hacia mi alcoba mientras Sebi se despoja del slip mojado de orín para meterse en la ducha.

Sobre mi cama hay un maremagnum de piernas y brazos. Un revoltijo de carne desnuda, de penes erectos, de rizosos vellos, de sonrisas, de lenguas, de manos que palpan...

A mi hermano Pedro apenas se le ve. Uno de los gemelos está montado sobre su pecho, sujetándole los brazos mientras pugna por meter en la boca de su tío su más que discreta verga. Espalda contra espalda, el otro gemelo cabalga sobre la barriga de Pedro, inclinándose sobre el vergajo de su tío, luchando por tomarlo entre sus labios mientras sujeta los gruesos muslos que se agitan sin cesar.

- ¡Ayuda, Tete! -las mismas carcajadas hacen que mi hermano pierda las fuerzas. Finalmente, mi hijo David introduce su polla hasta la garganta de su tío, mientras Daniel succiona entre ruidosos sorbetones la pija del adulto.

Doy media vuelta y me desentiendo del asunto. No ha querido saber nada de mí, pues que se las entienda con mis hijos.

Vuelvo al cuarto de baño. Mi sobrino Sebi, recién duchado, está ahora sentado en la taza del water. Por lo que se ve está haciendo dos trabajos a la vez. Su rostro se congestiona al apretar, mientras su mano derecha acaricia su gran vergajo. Noto un ramalazo morboso que recorre todo mi cuerpo. Tengo ganas de cerdear.

Toco mi polla delante de mi sobrino. Despatarrado, apenas alejado unos centímetros de su cara enrojecida por el esfuerzo. Paso mi glande por su labios. Un hilo de precum queda prendido de la punta de su nariz y brilla al darle la luz que entra por el ventanuco.

Agarro su polla dura. Tengo ganas. Sí, tengo muchas ganas -de repente- de sentir ese pollón en mi interior.

- ¿Puedo, sobrinete? -pregunto por preguntar.

- ¡Claro, tío, sírvete tú mismo!- y al decir esto Sebi prepara su polla para recibirme.

- Gracias.

- De nada.

Le doy la espalda, flexiono las piernas y acerco mis nalgas hasta él. Sebi toma mis caderas, dá un rápido lengüetazo al agujero de mi culo y coloca la punta de su glande en el centro del orificio. Comienzo a sentarme muy lentamente.

- ¡Tiooooo! ¡Que me estoy cagandooooooo! -gime el muchacho mientras su polla entra más y más en mi interior.

- Pues hazlo, nene. Por mí no te reprimas.

Sus manos están engarfiadas sobre mi cuerpo. Una de ellas pajea mi polla, mientras la otra retuerce uno de mis pezones. Allá abajo comienza ha salir un grueso zurullo bien perfumado, mientras mi esfínter ya está en contacto con el vello púbico del cagón.

- ¡¡Ahhhhhh, qué gustoooooooo!! - gime mi sobrino. Y no sé si lo dice por el mojón que ha caido entre chapoteos al agua del water, o porque su inmensa polla me está talandrado hasta el estómago.

Sus manazas siguen sobando mi cuerpo. Me está partiendo por la mitad, pero el dolor es apenas un rumor lejano, porque el placer morboso que estoy sintiendo lo diluye hasta hacerlo casi desaparecer. Subo y bajo por la mojada cucaña. Mi sobrino comienza un segundo apretón, y yo casi desfallezco de gusto, hasta el punto de que dejo caer mi cabeza hacia atrás, apoyándome en el hombro del muchacho. Busca mi boca con su boca. Nuestras salivas se encuentran y se mezclan. Un intenso aroma flota en el ambiente. Busco entre mis muslos y más allá, hasta encontrar el agujero del culo de mi sobrino. Mis dedos entran fácilmente, muy fácilmente, debido a lo que ustedes imaginan. Sebi dá brincos sin cesar, intentando conseguir lo imposible: que su polla se meta un milímetro más en mi interior. Un último apretón. La verga cabecea en mi intestino. El esperma quema mi interior, y, detrás, el chorro de orín que lo limpia todo.

En mi alcoba las cosas han cambiado. Mi hermano es mucho hombre para dejarse controlar demasiado rato por dos imberbes adolescentes. Ahora los tiene arracimados sobre sus muslos, azotando las nalgas semilampiñas con su enorme manaza de marino. Culos enrojecidos, lágrimas que brotan de ojos azulísimos. De vez en cuando rebusca bajo los vientres, y estira: ora una polla, ora otra polla. Y sigue con los palmoteos hasta dejarlos en carne viva. Lo miro y me sonríe. Me hace un gesto lascivo dirigido hacia los culos de mis nenes. Pienso que tiene razón: estos monstruitos se merecen un castigo.

Se levanta de improviso y los deja tirados encima de la cama, despatarrados y sollozantes. Elige uno al azar y lo obliga a ponerse a cuatro patas. La cabeza contra la almohada, las nalgas hacia arriba...Un escupitajo se rebalsa en el ano de David. Mi hermano se coloca en posición, abriendo sin grandes remilgos los muslos de su sobrino para quedar falcado entre ellos.

- ¡No, tío, no! -suplica mi hijo al notar la enorme bellota frotándose en su ano.

- No te preocupes, sobrinete. No te haré nada. Solo metértela hasta los higadillos.

- ¡¡Noooooooooooooooooooo!! -chilla mi hijo;pero ha sido sí. De un solo estoque la verga está metida hasta la empuñadura.

- ¡Papaaaaá! ¡Haz algo! -me recrimina el enculado al darse cuenta que estoy mirando.

- ¡Si, hijo, sí! Ahora mismo.

Y, mientras guiño un ojo a mi hermano, ocupo su puesto entrando de un envión en el culito más que dilatado del cabroncete de mi hijo.

Al quedar libre y con la polla en ristre, mi hermano Pedro toma de un pie a Daniel, que está todavía enroscado sobre la colcha, rogando para que no se acuerden de él. Se repite la escena, y pronto estamos los dos adultos follando acompasadamente los cálidos culos de mis gemelos.

Sonrisas y lágrimas. Gemidos y suspiros de dolor. Gustazo a tope. ¿Mis hijos querían jugar al sexo?¡Pues tomad sexo, y del bueno!

Noto una sombra tras de mí. Por el rabillo del ojo observo a mi sobrino Sebi que se acerca con el vergajo en ristre. Parece que quiere más guerra. Noto como si el culo me diese un bocado. Desde luego que entre unos y otros me están haciendo un vicioso de cojones. Relajo el esfínter, preparado para que mi sobrinete repita en mi interior la hazaña de hace un rato. Pero no. No es a mí a quien quiere. Se sube a la cama, se coloca tras su padre (que niega con la cabeza... pero que no se puede dejar de hacer lo que está haciendo), y finalmente le endiña una clavada que me deja boquiabierto. Acompasan las metidas y sacadas: para dentro del culo de mi hijo, para dentro del culo de mi hermano; para fuera, para fuera...

Tengo envidia. Cochina envidia. Estoy casi decidido a pedirle a mi sobrino que cambie de agujero; pero no hace falta...

- ¡Hola papá! ¿Puedo...?

Mi verga queda en el aire. El ano de mi hijo pequeño tan abierto como mi boca, queda latiendo enrojecido. Porque el que está tras de mí, el que está restregando contra mi culo su pollón (que no tiene nada que envidiar al de su primo Sebi) es, ni más ni menos, que...

- ¡Arturo, hijo, que alegría más grande!

- ¡La alegría te la voy a dar ahora, so mamonazo!- y en su tono alegre intuyo que me ha perdonado lo que ocurrió hace tres meses, en el desván.

Sus manos cálidas se apoyan en mis hombros. Noto su cuerpo ceñirse contra el mío, como si estuviese esperando algo. Su gruesa polla se apoya sobre mis riñones. Me da la sensación de que es como un soldado que espera el momento propicio para ponerse al paso, igual que sus compañeros de desfile. Sigo enculando a su hermano. Arturo se decide y aprovecha cuando lanzo mis nalgas hacia atrás para empitonarme con su nabo. Ya estamos el trío La-la-la, al completo. El gemelo bajo de mí, con el culo dilatado albergando mi verga. Simula que se queja, pero ya hace rato que el dolor dejó paso a un más que subido gustirrinín. Lo noto porque al retirar mi polla, su culito parece que la sigue, como no queriendo perder el contacto. Y yo, pues lo mismo. Por primera vez en mi vida estoy sintiendo la barra de carne de mi hijo mayor enclaustrada en mi interior, como un monje rojo visitando un oscuro monasterio. Pronto dejamos de bromear, porque en la alcoba se puede cortar el aire denso y sexual. Efluvios de esperma, de sudores, de lágrimas, de orín y de humores que destilan una morbosa sensualidad.

Somos una máquina perfecta resollando sobre la cama. Un monstruo de seis cabezas que jadea al unísono. Pieles contra pieles. Los gemelos se miran uno al otro. Sus sonrisas no dan a entender que lo estén pasando mal. Más bien todo lo contrario. Testículos golpeando contra testículos. Pollas que salpican humedades al rozar en los orificios anales. Las rubias cabezas de mis gemelos terminan unidas, dándose un cálido beso. Uno más de los miles que se han dado en esta vida. Y mi hermano Pedro y yo tenemos envidia de ellos. Y acercamos nuestras jetas rasposas y sin afeitar, hasta quedar morro contra morro, alma contra alma. Gotean las salivas por las comisuras. Arreciamos los embates contra los culos lacerados de mis hijos gemelos. Pollas venosas, durísimas, mojadas, entrando a saco en las juveniles fundas. Y tras nosotros, dándonos nuestro merecido, su hijo y el mío, besándose a su vez, morreando como descosidos,como posesos. Seguramente siguen la racha besucona comenzada por la noche, mientras compartían cama, mientras se follaban por primera vez a los putitos gemelos de culos en flor.

Ya se han marchado. Pedro y Sebi. Tan ojerosos como nosotros. Tan felices como nosotros.

Quedamos los cuatro. Los gemelos trastean por el desván. No quiero saber lo que estarán tramando esta vez.

Friego los platos. La moto de Arturo petardea en el patio. Ya llega. Noto el olor de su loción de afeitar. No dice nada, pero pronto siento su presencia tras de mí. Le estoy esperando.

La cremallera baja con suavidad. Abro el grifo y el jabón resbala por mis manos, desapareciendo por el desagüe. Las manos de mi hijo desabrochan mis pantalones jeans. Su carne ardiendo se frota contra mí. Muerde mi cuello. Resuella.

- ¡Papá, papá...cuánto te deseo!

No le contesto. Simplemente abro mis muslos, elevo mis nalgas, relajo mi esfinter. De todo lo demás se ocupa él. Su gran vergajo comienza a subir por mi interior, siguiendo la ruta que ya conoce muy bien.

Y una lágrima de felicidad baja por mi mejilla. Y una gota de precum brota de mi polla. Y su verga comienza la tarea de buscar su placer y el mío. Ajenos a lo que opine la sociedad.

Y arriba, en el desván, los gemelos intercambian sus chupetes.

TodoRelatos.com © paterbond007

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