Continuación de Gabriel, nombre de ángel.
Me llego hace tan solo un par de días un correo del joven
(llamado Alberto), que me encargo el relato la otra vez, en ella me adjuntaba un
scan de una carta que Gabriel le dejo antes de morir. Yo jamás pensé que algo
así podría hacerme llorar, pero lo hizo.
Me leí la carta y cogí los párrafos más bonitos y me salte
las cuestiones de herencia que Gabriel comentaba a su amado, me permito
incrementar un poco la parte picante de la carta, con permiso de Alberto.
12/10/07
Querido Alberto:
Se me hacen eternos los días sin verte, este lugar es un
desfile de médicos privados y familiares que me miran como si ya no estuviera en
este mundo. Hace tiempo que me mandaron a mi casa, desde el hospital y no he
querido verte. Estos días sin ti se han vuelto una condena intensa como el dolor
que me cercena de arriba a abajo.
No te estoy echando en cara nada… ya sabes que yo le pedí a
Alicia que no te dejara venir, no quiero que me veas así. Aunque intentes evadir
la verdad, yo se mejor que nadie que me muero y que el cáncer ha ganado mi vida.
Estoy terriblemente cansado, duermo mucho y a veces mi madre
me dice que duermo días enteros sin despertarme. No puedo moverme de la cama, me
duele la cabeza terriblemente, y si esta carta tiene letra de mujer es porque
Alicia la está escribiendo, ya que a mí me pesan las manos y apenas puedo
teclear en el portátil como es debido.
Creo que Alicia se merece más que nadie nuestro amor, está
escribiendo esta carta solo porque yo se lo he pedido y se lo he contado todo,
Alberto… Espero que puedas perdonarme, ella simplemente ha sonreído y me ha
dicho que ya se intuía algo así. Me dijo que era muy raro que yo no me hubiera
fijado en ti, porque eres muy guapo, espero que ese piropo te anime a seguir con
otras relaciones cuando yo no este.
Aunque te duela, Alberto… Tienes que afrontar la realidad y
es que yo no voy a durar mucho. Una señal de lo inminente de mi marcha de este
mundo es que como ya sabes mi familia es cristiana y hoy me han dado la extrema
unción. Esta enfermedad es así, a lo mejor estas despierto un rato y te
encuentras más o menos bien y al día siguiente tienes un pie en el otro barrio.
Es una manera poco elegante de decirlo, lo sé, pero quiero
que no llores, quiero que seas fuerte, por que las lagrimas que mas adoro no
deben ser derramadas por pena, si no por felicidad. Recuerdo perfectamente
cuando nos despertamos después de hacerlo por primera vez… Tú llorabas de
felicidad, llorabas abrazándome cuando me viste sonreír y agradecerte lo que
hiciste.
Fue el día más feliz de mi vida junto con mi compromiso con
Alicia. Recuerdo aun tus manos acariciándome el cuerpo con sutileza, y me siento
morir de placer y no de dolor. ¡Ojala estuviera un poco mejor para que vinieras
a mi casa para hacer el amor otra vez con esas manos tan dulces!
Me gustaría recordar tus labios sobre mi cuerpo y sentir de
nuevo tu aliento sobre mis ingles húmedas por tus besos. Me gustaría volverte a
sentir en mi interior, bombeando tu virilidad dentro de mí, llenando mi cuerpo
vacio. Recuerdo como si fuera ayer como hiciste presión para que tu glande
entrara dentro de mí, y aunque yo pensaba que me iba a doler lo cierto es que no
fue para tanto. Me besabas y acariciabas continuamente, tu cuerpo se
entrechocaba con el mío y hacían un sonido que me hacía gracia tanto como me
daba placer.
No en vano acabábamos de salir de la ducha y aun estábamos
húmedos en más de un sentido. Fue un alivio notarte dentro, yo pensé que no
podría aguantar a que tú me penetraras sin venirme encima, y debo reconocer que
es una de las cosas más eróticas que me pasaron en la vida.
Para erotismo el de tu mirada mientras introducías mi miembro
en tu boca, notaba tu lengua echando hacia atrás la piel y dejando al
descubierto mi glande, al que prodigaste mil y un caricias. Yo me contorsionaba
de placer, movía mis caderas hacia ti, desee mas, desee tu cuerpo, ¿recuerdas?
Si uno está enfermo, tiendes a probarlo todo, a querer
abarcar en pocos meses lo que deberías hacer en la vida. Pero amarte como aquel
día, Alberto… para mí no fue suficiente.
Cuando miraba tus ojos, encendidos por el deseo sentí una
extraña sensación de humildad, de docilidad con la que no pude luchar Tu eres la
razón por la que he sobrevivido hasta ahora, Alberto, tu eres mi razón de vivir.
Es una carta de amor, pero también de despedida, me aferro a
esos recuerdos en nuestra habitación y en la ducha porque con ellos la agonía es
más dulce. Alicia está llorando mientras escribe.
Alicia dice que esto no te va a gustar, pero yo se que al
menos te aliviara un poco… como tú me aliviaste de la tremenda soledad en la que
estaba enclaustrado (con perdón de Alicia), pero cuando comencé a enfermar todos
pensaron que yo era una pequeña muñeca de porcelana que podía romperse en
cualquier momento, incluso Alicia.
Tú fuiste el único que me siguió viendo como el Gabriel de
siempre, como un hombre.
Después de repasar nuestros mas íntimos y recientes recuerdos
juntos quiero decirte que te amo, te adoro y como ya te dije una vez: solo estas
en mi corazón tu, te amo y te deseo Alberto y eso ni la muerte puede cambiarlo.
Debo despedirme ya, Alberto…
Espero mejorar y que esta carta sea innecesaria.
Te ama:
Gabriel
Gabriel murió cuatro días después de escribir esta carta y
Alberto la recibió un día más tarde de su entierro. La carta original estaba
escrita del puño y letra de Alicia y tenía una extensión de cuatro páginas por
las dos caras que tuvieron que ser finalizadas porque Gabriel se dormía. Hay una
breve nota de Alicia al final:
Querido Alberto:
Ojala Gabriel me hubiera amado como te ama a ti.
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