El placer de estar llena
Hola a tod@s, soy una mujer de 25 años, me llamo Gisela y
estoy casada con Arturo de 27. Me considero bastante atractiva, no soy muy alta,
mido 1.63 sin tacones, con unos pechos grandes, quizás demasiado, aureolas
redondas y unos pezones largos y gordos como un dedo meñique. Mi coño esta
rasurado, de labios gruesos y salidos y posee una larga raja.
En la cama soy una mujer muy caliente que siempre pide más,
pero cuando mi marido, aprovechando esta evidente calentura mía y creyendo que
él no llegaba a satisfacerme por completo, me propuso el trío, que no me hizo
ninguna gracia, pero tanto insistió, tan guapo me lo pintó todo que acabe
cediendo.
El primer encuentro que tuvimos con un amigo suyo, a pesar de
mis nervios iniciales y superada la vergüenza de mi desnudez total ante otro
hombre que no era mi marido, acabo gustándome mucho. Con ello descubrí que
aumentaba mi placer pero no disminuía mi amor por mi marido. Al contrario. Ni
tampoco el suyo por mi. Era magnifico ver como se excitaba Arturo, mi marido, al
verme follada por otro hombre mientras el me follaba también o sólo miraba. De
esta manera pudo mi marido, al estar mi coño ocupado por la polla del amigo,
metérmela por el culo cuando yo, antes, siempre me había negado.
Al principio me hizo mucho daño pero cuando ya la tuvo toda
dentro, con mi agujero anal completamente dilatado, ya que mi esposo posee una
polla de solo 18 cm. pero muy gorda, al revés que su amigo que la tenia larga y
fina, y empezar el doble mete y saca, comencé a gritar de un gusto que me estaba
matando. Me daba la sensación de que me estaba corriendo por coño y por el culo
a la vez. Me insultaban y decían guarradas como que era una puta viciosa y que
me tragaba todo.
Luego, casi un año después de practicar el trío, acostumbrada
a estar desnuda delante de los hombres, de tocar y mamar sus pollas, de
sentirlas en el coño o en el culo, fue a mi quien a quien le entraron ganas de
hacerlo con un hombre más.
Había encontrado placer en meterme pollas en la boca, en el
coño y en el culo, pero encontraba que me faltaba algo cuando dos hombres me
follaban, pues uno de mis agujeros permanecía libre. Eso era para mí, casi una
frustración.
Una noche, estando en casa con un nuevo amigo, desnudos los
tres y follándome en el salón, sobre la moqueta, tuve que soltarlo. Mi marido
estaba tendido en el suelo, yo cabalgándolo, con su polla bien metida en mi coño
y el amigo dándome por el culo, cuando al mismo tiempo que reventaba de placer
por mis dos agujeros, sintiendo la leche de los machos llenarme el cuerpo,
grite:
-. ¡Quiero una polla que tape mi boca y poder mamarla!
Quedamos los tres quietos, jadeantes, tal y como estábamos
haciendo un bocadillo y con sus pollas aún dentro de mi.
Cuando el amigo se hubo marchado mi marido, que había
entendido mi lamento, y ya los dos en la cama acariciándonos, me dijo:
-. Te gustaría que fuéramos tres en joderte, ¿verdad amor?
-. Si querido, me encantaría.- le conteste con voz mimosa -.
Tu me has enseñado lo bueno que es tener dos pollas en mi cuerpo, barrenando mis
dos agujeros y matándome de gusto, pero tres… ¡seria mortal!
-. No te preocupes mi vida, que voy a darte esta
satisfacción.- añadió besándome amorosamente.
A la tarde siguiente mi marido me llamó desde el despacho
diciéndome que me preparara, pues iba a traer dos amigos a cenar. Supe en el
acto lo que quería decir y me prepare vistiéndome con una bata transparente,
debajo no llevaba nada salvo un ligero negro, muy fino, y unas medias del mismo
color. Mis grandes tetas quedaban desnudas, igual que mi coño y gordo culo de
nalgas redondas y muy respingonas.
A la hora indicada se presento Arturo con sus dos amigos.
Tendrían una edad cercana a los cuarenta y eran atractivos, como él sabe que me
gustan los hombres que van a follarme. Por sus miradas, supe que yo les atraía,
cosa nada anormal ante mi desnudez y, por tanto, el despliegue que yo hacia de
todas mis mas íntimos encantos sin disimulo alguno.
Les preparé una bebida y unas tapas para ir haciendo boca
hasta loa hora de la cena. Sentada entre los dos nuevos invitados, hablamos de
todo sintiendo el calor de sus cuerpos y sus ardientes miradas sobre el mío.
-. ¿Por qué no te sacas la bata? - dijo mi marido al terminar
el aperitivo -. Sirve la mesa de manera de calentar aún más a mis amigos.
Obedecí en el acto y sacándome la transparente prenda, me
ofrecí a ellos en toda mi desnudez, realzada por el negro las pocas prendas que
yo llevaba puestas. Los ojos de los dos amigos me miraban lentamente de arriba a
abajo, deleitándose con todo lo que yo les mostraba sin recato alguno. Me sentía
admirada y muy feliz por ello.
-. ¿Os gusta mi mujer? - les pregunto mi marido.
El primero en contestar fue Jorge, un hombretón elegante y
muy simpático.
-. ¡Soberbia! - exclamo.
José, el compañero, no quiso ser menos y añadió:
-. ¡Magnifica!
Mi marido sonrío satisfecho, me cogió con un brazo por la
cintura y mientras sobaba una de mis tetas con la otra mano, apretándola como si
me ordeñara y tirándome del largo pezón, les dijo:
-. Pues al acabar la cena este putón es todo vuestro, debéis
olvidar que es mi mujer y podréis tratarla como os de la gana, aun que si
queréis empezar ahora haciéndole algo, podéis meterle mano sin problemas.
Ninguno de los dos amigos se lo hizo repetir. Cada vez que me
acercaba a ellos para cambiarles el plato o llenárselo, aprovechaban para
tocarme tetas, coño y culo sin disimulo alguno, cosa que me iba poniendo mas
encendida que un volcán. Cuando al fin me senté a la mesa, tenia todo el coño
mojado y mis pezones aparecían totalmente erectos, prueba de mi enorme
calentura.
A la hora de los postres José, incapaz de aguantar más, me
agarro una teta y me dio un beso apasionado, metiéndome su lengua hasta la
garganta mientras que separándome todo lo que pudo los muslos, con tres de sus
dedos me perforo el coño de golpe haciéndome gemir, primero de cierto dolor,
pero luego, al empezar a moverlos de dentro a fuera en una lenta masturbación,
de gusto.
José acabo levantándose para poder tocarme mejor y cuando me
entregaba a él suspirando a punto de mi primer orgasmo, otras manos, ahora las
de Jorge, empezaron a acariciar mis salidas nalgas, abriéndolas y pasando sus
dedos por mi dilatado ojete. Mientas yo caía en una corrida bestial, allí de
pie, entre los dos amigos, uno tocándome el culo en cuyo agujero incluso había
metido dos o tres dedos y el otro follándome el coño sin parar, la boca de mi
marido se apoderó de mis pechos y me los succionaba como si deseara tragárselos
enteros.
A mi segundo orgasmo en la misma postura, acabe perdiendo la
noción de las cosas. No sé como me encontré a cuatro patas sobre la moqueta y
solo recuerdo que ante mí tenía los cuerpos completamente desnudos de tres
machos imponentes. Deje que todas aquellas pollas, a cual mas gorda, a cual mas
larga y dura, se me acercaran y cogiendo dos con mis manos y la otra con mi
boca, me entretuve en lamerlas, acariciarlas y chuparlas con ansia.
Al cabo de un momento, con las tres vergas tan duras como
barras de hierro, mi marido me hizo sentar sobre uno de sus amigos, que se había
tendido en el suelo, y así me metió su enorme polla de un solo golpe en el coño
hasta los cojones. Él, colocándose a mi espalda e inclinándome hacia delante
hasta que mis tetas quedaron aplastadas contra el torso de mi follador, hizo lo
que tanto le gusta, es decir, encularme mientras me agarraba las tetas y me
retorcía los pezones.
-. ¡Toma guarra! - me insultaba mientras me reventaba el
culo.
-. Así te gusta estar, ¿verdad, putón? ¡Una buena polla en tu
caliente coño de zorra y otra en el culo!, ¡Pero tranquila, que también te van a
llenar la boca de mamona que tienes!
-. ¡Siiiii… joderme como lo puta que soy, llenarme de polla!
- dije lejos de molestarme por las palabras que me había dicho mi marido,
me excitaban y encendían aún más.
Entonces otra polla se introdujo entre mis labios ahogando
mis palabras y gemidos mientras yo mantenía los ojos bien cerrados, saboreando
mi placer total. Tenía una polla en el coño, otra perforándome el culo y la
ultima en la boca. Al fin me hacían lo que yo tanto tiempo llevaba soñando. Tres
hombres, tres machos de polla enorme me estaban jodiendo para su placer y el
mío.
Era terriblemente placentero. Continuamente sentía ganas de
correrme, pero ellos, si llegaban a notarlo, paraban en sus movimientos para
alargar y aumentar, con mi sufrimiento, el posterior placer. A pesar de todo,
mis corridas se sucedían mientras ellos siguieron fallándome con unos mete y
saca frenéticos y enloquecedores.
Como digo me corrí no sé cuantas veces ya que ellos,
aguantando su eyaculación, cambiaron de posición varias veces para que yo
pudiera mamarles la polla a los tres, pudieran metérmelas los tres en el culo y
también en el coño. Cansada y agotada recibí un número infinito de orgasmos de
aquellos hombres y entonces, dedicándome a ellos les devolví, uno a uno, el
gusto que me habían dado.
Agarre pollas, las mamé y lamí con estupenda maestría
rogándoles que me entregaran su caliente leche como recompensa. Y como volví a
ponerme caliente, me metí mis dedos en la raja y me masturbe con la misma
maestría con la que se lo estaba haciendo a ellos. Recibí la leche de aquellos
soberbios machos en todo mi cuerpo, bebí leche, la lamí y tragué y me
corrí como nunca hasta quedar rendida, destrozada, pero completamente feliz y
relajada. A pesar de mis sueños, nunca me hubiera imaginado que fuera tan
maravilloso.
Desde este día y viendo mi esposo lo que yo gozaba con tener
varias pollas a mi disposición, decidió continuar con el juego. Cada día él me
follaba al menos dos veces, una por la mañana al marcharse al trabajo y otra por
la noche, después de cenar, en todas ellas incluyendo juguetes sexuales. Dos o
tres veces por semana hacemos un trío con algún amigo suyo o con alguien que
contacta a través de una revista de contactos, y todos los fines de semana los
pasamos en compañía de dos buenos y nuevos machos para que me revienten mis tres
agujeros, llenen de esperma caliente mis entrañas y también me hagan relucir,
con este licor de hombre, toda la piel de mi cuerpo.
Ahora estoy pensando seriamente en meter a otros dos machos
en mi cama, pues mis manos están vacías mientras los tres hombres me follan
todos mis agujeros. Mi marido también esta encantado con esta idea y está
decidido a llevarla a cabo. Pero eso será después de dar a luz, ya que estoy
embarazada de cuatro meses y como comprenderéis no es muy conveniente practicar
sexo estamos en cinta. Por otra parte no estamos seguros de que el bebe sea de
mi marido, pero tampoco lo queremos comprobar, casi siempre tomamos
precauciones, pero evidentemente hay veces que fallan. Ya sabemos que es niña y
como sea tan caliente como su madre, cuando crezca promete.
Esta historia es ficticia y en realidad soy soltera, pero si
que he probado la penetración múltiple y si hay alguna mujer con mis mismos
deseos pero temerosa de llevarlos a cabo, se anime sabiendo el inmenso placer
que yo siento con ello. Siempre y cuando si esta casada el marido este de
acuerdo, naturalmente.
Si queréis podéis mandarme vuestros comentarios a
golfilla83@yahoo.es. Gracias por leerme
y espero que os aya gustado. Besos y hasta pronto.