Entro en la habitación dispuesta a despertarte, pero la
imagen que me encuentro ante mí me sorprende más de lo que esperaba. Estas
desnudo sobre la cama, destapado, mostrándome tu sexo semierecto; los ojos
cerrados, sonriendo, como si estuvieras en uno de tus mejores sueños.
Inmediatamente mi mente empieza a maquinar una pequeña maldad.
Me desnudo despacio tratando de no hacer ningún ruido que te
pueda despertar, aunque sé que tu sueño es bastante profundo y el ruido de la
ropa deslizándose por mis cuerpo difícilmente te despertará. Me quito la blusa,
desabrochando despacio los botones, luego el pantalón tejano, ese que tanto te
gusta y se ajusta perfectamente a mis piernas y mi culo, haciendo que este
destaque; voy dejando mi ropa junto a la tuya, me desabrocho el sujetador y me
lo quito, deslizando los tirantes suavemente por mis brazos, me quitó por fin la
braguitas y cuando estoy totalmente desnuda me deslizo despacio sobre la cama y
sobre ti. Lo hago muy lentamente, porque no quiero despertarte hasta el momento
justo, y sólo con imaginar ese instante mi sexo se humedece de deseo. Rozo tu
rodilla con mi seno y temo que te despiertes, por eso me detengo unos segundos.
Tú sigues dormido, así que continúo. Llego hasta tu sexo, lo huelo suavemente y
siento la tentación de lamerlo, pero deshecho la idea porque no es así como
quiero despertarte. Sigo avanzando, tú sigues dormido, inmóvil y con una dulce
expresión de bienestar en tu cara. Llego a tu pecho y respiro el dulce olor de
tu colonia que me embriaga. Mis senos están sobre tu pecho y al sentir el roce
de tu piel mis pezones se eriza por el deseo. Mi sexo queda por fin a la altura
de tuyo y me siento sobre él, cojo uno de los pañuelos de seda que guardo en la
mesita de noche y te ato una mano cuidadosamente, luego paso el pañuelo por los
barrotes de la cama y te ato la otra, oigo como suspiras, te conozco y sé que
estás a punto de despertarte; restriego mi sexo sobre el tuyo plácidamente
excitándome aún más de lo que ya estoy. Te beso suavemente en el cuello, luego
junto al lóbulo de tu oreja y poco a poco siento como te vas despertando, mi
plan ha salido a la perfección, te beso en los labios y tus ojos se abren por
fin.
¡Uhm, cariño ¿Qué haces?! – Preguntas aún medio dormido.
Intento despertarte – te respondo, mientras mi sexo sigue
restregándose contra el tuyo, estoy a mil y lo único que deseo es follarte
salvajemente, mientras tú permaneces atado y sin poder tocarme.
Sonrio pícaramente y entonces te das cuenta de que tienes las
manos atadas.
Vaya, ¿Pretendes torturarme? – Preguntas entrando en mi
juego.
Sí, como hiciste ayer conmigo – te respondo con una
sonrisa traviesa.
Sigo moviéndome sobre tu sexo, haciendo que mis jugos se
mezclen en él, tratando de excitarte y ponerte a mil, como a mí me gusta.
Buff, cielo, me estás poniendo a mil.
¡Uhm, es lo que pretendo! – Anunció con una sonrisa
maliciosa.
Decido descender por tu pecho, besándolo y chupeteando tus
pezones, primero uno y luego otro. Sabes perfectamente lo que voy a hacer y te
maldices a ti mismo por haberte quedado dormido completamente desnudo. Te
tortura tener las manos atadas y no poder tocarme ni acariciarme, pero a la vez
te excita pensar que yo tengo todo el poder y que voy a hacer contigo lo que
quiera.
Por fin mi boca queda frente a tu sexo, saco mi lengua y lo
lamo. Siento el sabor de mis jugos impregnados en él. Te observo y veo como te
excitas, como deseas enredar tus manos en mi pelo para obligarme a tragar tu
sexo, pero no puedes hacerlo, las ataduras no te lo permiten y un gemido de
decepción sale de tu boca. Así que sigo lamiendo tu sexo, que erguido vibra de
deseo. Lo tomo con una mano y lo acaricio sin dejar de observarte, veo como
cierras los ojos por la impotencia de no poder dominar la situación, y es en ese
preciso instante cuando rodeo tu glande con mi boca y empiezo a chupetearlo.
Oigo tu gemido de satisfacción, y sonrío para mí misma al sentirme dueña de la
situación. Sigo chupando tu miembro, deslizo mi boca sobre él, arriba y abajo, y
lo hago despacio, deleitándome en su sabor, tratando de hacerte sufrir porque no
lo hago como tú quieres. Te observo y veo como mueves tus manos atadas, tratando
de zafarte de los nudos, pero no puedes. Sigo chupeteando hasta sacar el glande
de mi boca, y entonces lamo el tronco con suavidad, desciendo hasta tus huevos y
los lamo también, a continuación los chupeteo mientras tú gimes excitado. Vuelvo
a ascender lamiendo hasta el glande y de nuevo me introduzco tu verga dentro de
mi boca. Empujas con tu pelvis haciendo que tu pene entre más en mi boca, estás
a mil, más excitado de lo que nunca has estado, lo sé porque te oigo gemir como
nunca antes te había oído. Dejo de lamer tu sexo y vuelvo a colocarme sobre él,
haciendo que mis labios vaginales lo rocen suavemente. Veo el deseo en tus ojos
y las ganas de tocarme, acariciarme, etc., pero también puedo ver tu impotencia
al no poder hacerlo. Suspiras al sentir como mi sexo se frota con el tuyo.
¡Oh, cielo, me muero por follarte! – Musitas.
Ya lo sé pero es que me encanta verte así.
Es mi venganza por tu castigo de hace un par de días, ahora
soy yo la que quiere castigarte, por eso juego contigo. Cojo tu sexo y rozo el
glande contra mis labios, lo embadurno de mis jugos y lo sitúo a la entrada de
mi sexo. Hago ademán de descender sobre él, pero inmediatamente me elevo y alejo
mi sexo del tuyo. En tu cara se dibuja la decepción. De nuevo vuelvo a colocar
tu glande en la entrada de mi sexo para a los pocos segundos volverlo a alejar,
repito el juego varias veces, mientras tu excitación va subiendo poco a poco
hasta que de nuevo me vuelves a suplicar.
Cariño, no puedo más…
Te sonrío picaramente y decido ser un poco piadosa contigo,
por eso acerco uno de mis senos a tu boca. Tú sacas la lengua y empiezas a lamer
mi pezón, dejo que te deleites saboreándolo, chupeteando mi pezón, lo que hace
que me excite y empiece a gemir. Veo en tus ojos el triunfo pintado y acerco mi
otro pecho a tu boca para que repitas la operación. Entre tanto mi mano acaricia
tu sexo arriba y abajo, quiero que sigas muy excitado, tanto que me supliques
que te deje follarme.
La pasión va subiendo poco a poco en la habitación. Cada vez
me siento más enardecida y en realidad, me muero por tenerte dentro, pero
también quiero hacerte sufrir un poco más. Me elevo quitándote mi seno de la
boca y restriego mi sexo húmedo sobre el tuyo, tú notas mi humedad sobre tu
verga, mientras yo me deleito en la sensación que la fricción entre nuestros
sexos me causa. Y mientras sigo rozándome contra tu sexo, acaricio todo mi
cuerpo desnudo. Tú me observas excitado, mis manos soban mis senos y cierro los
ojos sintiendo como el placer me llena. Y entonces me suplicas:
Quiero follarte, cielo. Quiero metértela.
Pero yo no quiero que me la metas aún – te digo
sensualmente – quiero verte sufrir un poquito más.
Me tumbo sobre ti, separando mi sexo del tuyo, te beso y
vuelvo a erguirme.
Venga, cariño – me suplicas nuevamente.
Sonrío picaramente y finalmente accedo. Guío tu sexo hasta el
mío y desciendo sobre él despacio, una, dos, tres veces, hasta que te tengo
completamente en mí. Tú sonríes victorioso. Empiezo a moverme despacio,
sintiendo como tu sexo entra y sale de mí con lentitud. Vuelvo de nuevo a
acariciar todo mi cuerpo desnudo, sobo mis senos y los estrujo, deleitándome en
la sensación de mis manos sobre ellos. Luego desciendo hasta mi sexo y comienzo
a acariciarme el clítoris. Me detengo en mis movimientos y acercando mi boca a
la tuya te beso apasionadamente y hago que tu sexo salga casi completamente de
mí. Te beso profundamente en los labios, y luego sigo por tu mejilla, desciendo
hasta tu cuello y lo lamo. Tú te estremeces y empujas hacía mí haciendo que tu
sexo entre un poco más en mí. Estas sediento de sexo y de placer, sediento de
mí, pero yo prefiero darte el elixir poco a poco. Vuelvo a erguirme y cabalgo
despacio sobre tu verga, acariciando todo mi cuerpo. Te observo; estás gimiendo
de placer, te muerdes el labio inferior y sé que deseas que vaya más deprisa,
pero yo prefiero seguir con este ritmo lento que me hace sentir como tu sexo
entra suavemente en mí y sale con la misma lentitud, rozando las paredes de mi
vagina.
Acerco mi boca a la tuya, tu sexo está de nuevo a punto de
salirse de mí, sólo tu glande permanece en mi interior y entonces te preguntó:
¿Quieres más? ¿Quieres que vaya más deprisa?
Sí – musitas tú excitado.
Vuelvo a elevarme y de nuevo cabalgo, primero lentamente y
luego acelerando los movimientos. Ambos estamos a mil, ambos deseamos llegar al
orgasmo, pero la sensación de tener el control me gusta demasiado como para
dejar que termine todo ya. Poco a poco, ambos empezamos a gemir excitados,
cabalgo sobre ti y te hago creer que esta vez llegaremos al final. Y realmente
consigo llevarte hasta el límite del placer, pero justo en ese momento me
detengo, saco tu sexo de mí y una mueca de decepción se dibuja en tu rostro.
Decido ponerme de espaldas a ti, sentándome sobre tu sexo,
que guió hasta mi húmedo sexo introduciéndomelo. Desciendo y empiezo a moverme
arriba y abajo, primero despacio, mientras me acaricio el culo. Sé cuanto te
gusta mi culo redondo, como te gusta observarlo y acariciarlo, por eso te lo
muestro obscena mientras me introduzco un dedo en el ano y sigo cabalgando sobre
tu pene. Poco a poco voy acelerando mis movimientos; ahora sí, quiero correrme,
dejar volar el placer para que atraviese todo mi cuerpo y el tuyo. Cabalgo cada
vez más deprisa sobre tu sexo, mientras apoyo mis brazos sobre la cama, entre
tus piernas abiertas. Empujo con fuerza, haciendo que tu sexo entre en mí una y
otra vez. Gimo, gimes, la habitación se llena de jadeos y gemidos placenteros,
hasta que me sobreviene el orgasmo y siento como las paredes de mi vagina
estrujan tu verga hinchada; tú también lo sientes, por eso tu pene se hincha aún
más, empujas contra mí y te corres también, gimiendo y gritando de placer,
deseando tocarme, abrazarme, pero tus manos siguen atadas a los barrotes de la
cama y eso te desespera.
Cuando dejó de convulsionarme, y mi cuerpo se tranquiliza, me
acercó a ti, te desato las manos y por fin puedes abrazarme. Acaricias mis
mejillas y me besas apasionadamente, luego me preguntas:
Y ¿ahora que?
Ahora… no lo sé.
Erotikakarenc (Autora TR de TR)
