De nuevo con vosotros para seguir con mis historias.
Saber por el relato del vigilante de seguridad de las
aficiones sexuales de tres de mis compañeros de trabajo me hizo que a partir de
ese momento los mirara con otros ojos. Yo sospechaba que Juan era homosexual por
su actitud algo extraña cuando había alguna celebración el la oficina. Siempre
se excusaba el primero, no quería bailar con las chicas, no sé, pequeños
detalles que te hacen sospechar. Pero el relato de Alberto hizo que la sospecha
se tornara en certeza, aunque también podría darse el caso de que fuera magoya
como yo.
A la semana siguiente teníamos un congreso de una de las
empresas suministradoras y, como les habíamos hecho una buena compra ese año por
la renovación de varios de los sistemas habían invitado a dos personas de la
empresa. Un poco como premio por el buen trabajo realizado y otro poco por
favoritismo, los designados por el director fuimos Juan y yo. Creo que también
influyó en la decisión, y el motivo primordial de que no fuera Isabel, las
restricciones presupuestarias. Al ser dos chicos los que íbamos podíamos
compartir habitación en el hotel, algo impensable si íbamos un chico y una
chica.
El congreso era en Sevilla y empezaba el lunes por la tarde
para poder viajar el lunes por la mañana o el domingo, a elección. Yo, como no
conocía Sevilla, le propuse a Juan viajar el domingo por la mañana, así
tendríamos el domingo por la tarde y el lunes por la mañana para conocer la
ciudad. A Juan le pareció bien la idea, pues aunque conocía Sevilla le apetecía
hacer algo de turismo y de paso me servía de guía.
Llegamos en el AVE y nos dirigimos al hotel donde tomamos
posesión de nuestra habitación y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad y
comer.
Me enseñó el Parque de María Luisa con la plaza de España y
pudimos observar el revoloteo de mariposones por los alrededores de los
servicios públicos del parque, había desde señores mayores impecablemente
vestidos hasta chaperos jovencitos. Paseamos por el barrio de Santa Cruz,
comimos de tapas y pasamos un domingo muy agradable.
A la noche le propuse si conocía algún local de copas donde
tomarnos una antes de irnos a dormir y me llevó a uno en el que el ambiente era
algo extraño. Había chicos y chicas pero no estaban mezclados o tan sólo alguna
pareja mixta, casi todos los grupos y parejas eran de un solo sexo. De todos
modos no vi nada raro. Tomamos unas copas y nos fuimos al hotel.
Al desnudarnos no pudo disimular una mirada golosa hacia mi
polla, yo me percaté del asunto y sin ponerme el pijama me fui desnudo al cuarto
de baño para darme una ducha y sacarme el cansancio del cuerpo.
Mientras estaba en la ducha golpeó la puerta y me preguntó si
no me importaba que entrara a mear y a lavarse los dientes. Le dije que no tenía
ningún inconveniente, que la puerta estaba abierta. La ducha no tenía cortina
sino una mampara de cristal transparente, con lo cual pudo observarme cómo me
duchaba y yo a él verle lavarse los dientes. Yo estaba enjabonándome entero y
como el miraba de reojo aproveché para provocarle un poco. Dejé caer un
chorretón de gel sobre mi polla y empecé a frotar el jabón con movimientos
masturbatorios que hicieron que poco a poco fuera ganando en tamaño. El acabó de
lavarse los dientes sin quitarme ojo de encima y se fue a mear. Al sacársela del
pijama pude observar que se le estaba poniendo dura con el espectáculo que yo le
proporcionaba. ME abrí de piernas y con la otra mano empecé a meterme un dedo
por el culo mientras seguía con mi paja. El pobre Juan no atinaba a decir nada y
se sostenía la polla en la mano bastante dura ya.
Le miré a los ojos y le dije.
Con la polla tan dura no vas a poder atinar en el
water con tu meada, será mejor que mees en la ducha.
Pe pe pero, estás tú dentro – tartamudeó.
Te hago sitio. Además no te vendría mal una ducha
calentita, dormirías mucho mejor.
Medio temblando se quitó el pijama y se acercó a la ducha. "Mea"
le ordené arrodillándome y agarrando su verga para poner su capullo enfrente de
mi boca. Era la primera vez que me iban a hacer una lluvia dorada y no sabía si
me iba a gustar, pero ya había dado el paso y no tenía vuelta atrás. Abrí los
labios y esperé. Soltó el chorro y me rebotó en la cara hasta que conseguí
dirigirlo dentro de la boca. Era agrio pero venciendo un poco el asco que me
daba me tragué todo lo que pude. Cuando acabó de soltar su chorro me la metí en
la boca y empecé a chuparla y masturbarle a la vez. Casi sin tocarle se corrió
en mi boca. De nuevo tuve que tragar, pero al sabor del semen estaba
acostumbrado. Cogí jabón en las manos y empecé a frotarle por todo el cuerpo,
prestando especial atención a su culo. El reaccionó y me correspondió sobándome
todo el cuerpo y en especial mi polla que estaba superdura. Juan era un tipo
delgado pero el culo lo tenía redondito, de formas casi femeninas. Le di la
vuelta y le hice agacharse para que dejara su culo a mi disposición, tenía el
ano muy dilatado señal inequívoca de que había recibido mucho. Le apoyé la verga
en la entrada y al empujar la absorbió sin dificultad. Dio un suspiro y dijo:
Lo he soñado tantas veces y por fin es verdad. Por
favor dame duro.
Soñabas conmigo?
Sí, estás tan bueno. Y como el vigilante me dijo que
también entendías.
Será cabrito, o sea que se lo ha contado a todo el
mundo.
No lo creo. A mí me lo dijo porque me folló una noche
que me pilló masturbándome en la oficina mientras miraba una página de
tíos en internet. Pero no creo que se lo haya dicho a nadie más.
Y tú a cuánta gente se lo has dicho.
Te juro que a nadie.
No sé si creerte.
Esta conversación había cortado mi erección por completo y
había hecho que se saliera de su culo.
Salí de la ducha algo cabreado con el vigilante de seguridad
de la empresa, por bocazas. Me sequé y me tiré encima de la cama en pelotas.
Al momento salió Juan del baño, también desnudo, con el
pijama en la mano. Lo tiró al suelo a los pies de su cama y vino hacia mí.
Por favor, Carlos, no te enfades con Alberto. Yo le
chantajeé para que me lo dijera. En la empresa hay mucha gente que sabe
o cree saber que yo soy homosexual. Le dije que con mi fama no me sería
difícil pasar el bulo de que me lo hacía con él.
Y qué querías saber.
El me había dicho que era la segunda persona de la
empresa que caía en sus garras y yo le pregunté quién había sido la
primera. Cuando me lo dijo no me lo podía creer. De hecho estaba muy
nervioso con lo de compartir la habitación contigo. Si intentaba algo y
era mentira podía jugarme el prestigio en la empresa. Y si era verdad y
no lo intentaba, me iba a comer los puños el resto de mi vida.
Pues te voy a contar algo. Alberto ha escrito una
historia con las cuatro relaciones que ha tenido en la oficina y..
Cuatro? – preguntó sorprendido.
Sí cuatro, dos chicos y dos chicas.- le repuse. – Y
yo la he publicado en internet.
Con nombres y apellidos? – preguntó horrorizado.
Sí, claro, con nombres, pero imaginarios.
Uf. – suspiró aliviado.- Y quienes son las dos
chicas, si se puede saber?
Léelo y luego me lo cuentas.
Me levanté y me acerqué al maletín donde llevaba los papeles
de trabajo y le lancé los folios que me había dado Alberto con su historia.
Los leyó con avidez y se iba empalmando mientras seguía la
historia.
El primero eres tú, claro y el segundo soy yo
Es evidente.
E Isabel y Maite son ...
No me cabe duda de que lo has adivinado.
Qué fuerte, no! Y cómo se le ocurrió escribirlo?
Muy sencillo, descubrió su historia conmigo publicada
en una web de relatos eróticos.
La habías publicado tú?
Sí. Ya llevo dieciséis relatos publicados.
Y todos son con tíos de la oficina?
No hombre. Son con tíos y tías de muchos sitios, mi
gente.
Ah! Tú eres bisexual. – dijo algo decepcionado.
Tú no?
No lo sé. Siempre he estado con tíos. Nunca he tenido
oportunidades con una tía. Como soy tan tímido, las chicas me echan para
atrás. Además no soy nada atractivo, como tú lo eres y ellas nunca se
fijan en mí.
Seguro que si te lo propones ligas más que yo. Vence
tu timidez y las llevarás de calle con esa carita de niño bueno que
tienes.
Estaba sentado sobre mi cama con cara compungida y yo me
acerqué a él, le alcé la cara y le deposité un dulce beso sobre sus labios. Vi
cómo se le alegraban los ojos con mi acción y volví a poner mis labios sobre los
suyos. El los abrió y dejó que tímidamente su lengua llamara la puerta de mi
boca. La dejé entrar y la recibí con mi lengua. Empezó un forcejeo entre ambas
por ganar la boca contraria en el cual no hubo ni vencedores ni vencidos.
Nuestros miembros empezaron a crecer con el estímulo. El seguía sentado sobre mi
cama y yo de pie frente a él. Dejó mis labios y cogiéndome con dulzura el
miembro empezó a llenarlo de besos y a darle lametones, mordisquitos y pequeños
chupones. Pronto alcanzó su máxima expresión con el glande rojo de la sangre
acumulada. El se lo metió en la boca y lo acariciaba con su lengua mientras
entraba hasta el fondo de su garganta. Sabía tragar una verga y lo hacía con
mucho cuidado de no hacer daño con los dientes.
La quiero dentro.- me pidió con mirada suplicante.
Es toda tuya.
Se puso a cuatro patas sobre mi cama y con la mano se abrió
las nalgas para dejarme ver su dilatado ano que palpitaba por la expectación.
Fui a ponerme un condón pero me pidió que no me lo pusiera, que quería sentir mi
leche dentro de sus entrañas. Así que se la metí con suavidad otra vez y empecé
el movimiento oscilatorio adelante y atrás mientras con la mano le masturbaba.
Gemía de placer y movía sus caderas adelante y atrás acompasando su cadencia con
el ritmo que yo imprimía a mis movimientos. De vez en cuando apretaba los
músculos de su esfínter de forma que al entrar y salir le daba un masaje extra a
mi polla que lo disfrutaba de lo lindo. Cuando noté que iba a correrme aceleré
el ritmo de la masturbación que le estaba dando para que ambos alcanzáramos el
orgasmo a al vez y lo logramos con apenas unos pocos segundos de diferencia. El
empezó a expulsar semen y contrajo su ano para exprimir todo el jugo a mi polla.
Reventé dentro de él en una gran corrida. Juan casi lloraba de la emoción que
sentía, mezclada con el placer. Nos tumbamos ambos sobre mi cama, pero como
estaba llena de su leche nos fuimos a duchar y decidimos dormir en la suya que
estaba limpia. Desnudos y abrazados nos dormimos yo con su verga entre mis
nalgas.
A la mañana siguiente decidimos ver la Catedral y subir a la
Giralda y después ir a ver la Torre del oro y pasar a la calle Betis para comer
de tapas por los bares de la zona y volver al hotel para cambiarnos de ropa para
el inicio del congreso.
Volvimos al hotel bastante cansados por el pateo que habíamos
dado por toda la ciudad y nos tiramos cada uno en nuestra cama. Teníamos más de
dos horas hasta que empezara el congreso a las seis de la tarde.
El inicio del congreso consistía en la recogida de las
acreditaciones y un vino español que permitía conocer gente de otras empresas
que hacían tu mismo trabajo, lo cual permitía intercambiar experiencias y
aprender un montón de ellas.
Juan y yo entramos juntos, recogimos nuestras acreditaciones
y nos tomamos unas cervezas de la amplia variedad de bebidas que ofrecían los
camareros. Dando una vuelta por el salón me llevé una grata sorpresa al ver
entre los asistentes a una compañera mía de clase con la que me había unido un
buen trato. Tenía fama de ser bastante atrevida entre los compañeros, pero yo
nunca tuve oportunidad de comprobarlo.
Elena, qué alegría verte después de tanto tiempo.- la
saludé con verdadera alegría.
Carlos. Cuánto tiempo sin saber nada de ti.
Diciendo eso se me colgó del cuello y me dio dos besos en las
mejillas, pero tan cerca de la boca que me rozó los labios.
Estás guapísima – la piropeé. La verdad es que estaba
impresionante.
Pues tú, como los buenos vinos, has ganado con los
años. No te recordaba yo tan impresionante.
Vas a conseguir que me ponga colorado. – le dije con
una mirada pícara.
Mejor morado. –y me guiñó un ojo.
Elena, te voy a presentar un compañero de trabajo que
ha venido conmigo – le dije tomando a Juan de un brazo y acercándolo
hacia nosotros, pues se había quedado en un discreto segundo plano.
Elena le echó una mirada de arriba abajo y le dio otros dos
besos como los que me había dado a mí. Juan se quedó algo nervioso con el
contacto.
Yo también he venido acompañada por otra compañera.
Qué casualidad. –dijo haciendo una seña a otra chica que estaba hablando
con alguien de la organización.
Mira Berta, estos son Carlos y Juan. Carlos es
compañero mío de la facultad y Juan trabaja con él.
Encantada de conoceros - y nos besamos también en las
mejillas, pero sin tanto morbo como con Elena.
Qué pasa que en vuestra empresa todas sois chicas, o
es que son tan cutres como en la nuestra que para reducir gastos mandan
dos chicos y así ahorran en hotel. – les pregunté para encauzar un poco
la conversación.
No, no somos todas chicas. Pero algo de ahorro debe
de haber, pues nos hacen compartir habitación. – dijo Berta.
Y sigue siendo tan insoportable como en la facultad?
- le pregunté a Berta haciendo un guiño a Elena.
Qué va es encantadora. Yo llevo muy poco tiempo en la
empresa y estoy aprendiendo muchísimo con ella – dijo y me dirigió una
sonrisa cautivadora.
Elena era una mujer de treinta años que tenía un buen cuerpo,
lo sabía y sabía sacarle partido. Siempre vestía con un gusto exquisito. En esta
ocasión llevaba un traje de chaqueta negro con solapa de smokin sin blusa debajo
adornado con un sencillo collar de perlas en el escote. Los movimientos de los
brazos no permitían adivinar si llevaba sujetador debajo o no, de tan buen corte
era el traje y de lo bien que le sentaba. Me jugaría algo a que era a medida y
de algún buen modisto. Berta llevaba un traje cóctel cortito de color champán
que realzaba sus escasa curvas, pues era bastante delgada y menudita. Destacaba
sobre todo por el color de su piel, que era muy morena, casi agitanada y el
conjunto de su pelo negro y sus ojos marrones. Era guapa y con la nariz algo
respingona. Tendría unos veintipocos años.
Formamos un grupo cerrado, de vez en cuando nos saludábamos
con algunos conocidos de otras empresas o con alguno de los empleados de la
empresa organizadora con los que teníamos más contacto.
Al cabo de una hora o más de tomar jamón de pata negra, beber
cervezas y finos, el ambiente empezó a decaer.
Qué plan tenéis - les pregunté.
Como Berta conoce muy bien Sevilla, pues su abuela es
de aquí y tiene familia, pensábamos darnos un recorrido por los mejores
sitios de marcha nocturna, a ver si encontramos un par de sevillanos con
los que disfrutar un poquito. – dijo Elena desinhibida.
Y si son dos madrileños los que os acompañan?
–pregunté a Berta.
Por mi parte encantada. Hoy es lunes y es difícil que
encontremos mucha marcha, pero si vamos acompañadas, mejor.
Nos cambiamos de ropa o salimos de escaparate –les
dije señalando nuestras corbatas.
Mejor nos cambiamos. – dijeron al unísono.
Nos dirigimos a los ascensores y resultó que tenían la
habitación de al lado de la nuestra, pero ellas habían llegado en avión con el
tiempo justo para cambiarse y llegar al congreso, por ese motivo no habíamos
coincidido con ellas antes.
Los que primero estén listos que llamen a la otra
puerta. – propuso Elena.
De acuerdo.- contestamos nosotros.
Nos cambiamos rápidamente de ropa y nos pusimos de vaqueros y
camiseta con cazadoras. No hay que olvidar que las fechas en las que estamos,
aunque se trate de Sevilla, por la noche hace fresquito.
Nosotros fuimos los primeros en estar listos y tocamos en la
puerta de la chicas. "Pasad, está abierta" se oyó decir desde adentro. Y
entramos.
Jo, qué rápidos – dijo Elena saliendo en camiseta del
baño – Como seáis igual de rápidos para todo apañadas vamos.
Nosotros nos quedamos un poco descolocados al verla con las
piernas desnudas, se notaba además que no llevaba sujetador pues sus pechos
oscilaban alegremente dentro de la camiseta. Se sentó en la cama y se puso unos
vaqueros. Al instante salió Berta del baño algo más cortada pues iba en
sujetador y braguitas. No eran tanga pero eran la mínima expresión. Se puso
corriendo una camiseta y algo más relajada buscó en el armario los vaqueros. Se
los puso, se calzó una deportivas blancas y estuvimos todos dispuestos para
salir. Cogieron sus cazadoras y nos dirigimos a los ascensores.
Cuando llegamos a la calle le cogí de la mano a Berta y le
dije:
Tú pilotas, así que marca el rumbo.
Como todavía es pronto y hace bueno vamos a ir dando
un paseo hacia Triana, donde conozco un par de sitios, luego seguimos
por la calle Betis, que al final también conozco un par de sitios. Y a
la vuelta cogemos un taxi.
Estupendo, pues vamos. – dijo Elena y se colgó del
brazo de Juan.
Fuimos dando un paseo, yo hablaba con Berta sobre su trabajo
y su vida. Me contó que había terminado la carrera el año anterior y llevaba
pocos meses trabajando, que había entrado con un contrato temporal de prácticas,
pero que Elena se había apoderado de ella y la había tomado bajo su cuidado
consiguiendo que al final de las prácticas le hicieran un contrato en mejores
condiciones. Que le estaba muy agradecida. Que no tenía novio, acababa de romper
con el chico con el que estaba saliendo en los dos últimos años. El era médico y
había decidido enrolarse en una ONG para largarse a Sudamérica. Quería que le
acompañara, pero ella no estaba por la labor. Que lo llevaba mal a ratos. Le
sonsaqué un poco sobre Elena. Qué vida hacía. Si se había casado.
Berta no acababa de lanzarse en las confesiones. Yo le conté
que tenía fama de lanzada durante la carrera y le insinué que también se decía
que era bisexual, que se lo hacía con chicas y con chicos indistintamente, pero
que claro eso sólo eran rumores. Al oír mis comentarios se puso colorada como un
tomate.
Perdona si he dicho algo que te ha ofendido, no era
mi intención – me disculpé al darme cuenta de su reacción a mis
palabras.
No, no me has ofendido, es que..
He tocado alguna fibra sensible, sin querer...
Digamos que sí. – pretendió concluir. Pero yo
insistí.
No habrá intentado abusar de ti, no? Porque tienes un
aspecto de chica frágil y la creo capaz de cualquier cosa.
Qué burro eres - dijo riéndose - Claro que no ha
abusado de mí.
Entonces es que te he despertado algún secreto de la
conciencia. –seguí insistiendo.
Pues sí, mira, Elena es una mujer muy atractiva y muy
liberal. Por lo que yo sé sí es bisexual, pero todavía no he tenido
ocasión de comprobarlo, pero no me importaría lo más mínimo.
Pues yo también lo soy y tú te acabas de confesar,
así que si me ayudáis con Juan, que todavía no lo ha probado con una
chica, esta noche podríamos pasarlo muy bien los cuatro juntos.
Que Juan es virgen? – me preguntó sorprendida.
Yo no he dicho eso, he dicho que todavía no ha
probado con chicas. Con chicos sí y no lo hace nada de mal, por cierto.
Qué cabrito –me dijo riéndose – por mí encantada. Yo
me encargo de Juan, si me deja Elena, claro.
Nos volvimos a mirarles, pues iban unos pasos más atrás de
nosotros y estaban parados bastante más atrás besándose apasionadamente y Elena
le apretaba a Juan del culo haciendo que su verga se frotase contra su pubis,
mientras él estaba con las manos colgando sin saber muy bien qué hacer con
ellas.
Joder – dije yo – y se quejaba de que éramos muy
rápidos. Venga chicos, que a este paso no vamos a llegar – les grité.
Continuamos andando hasta llegar el primero de los locales
que conocía Berta. Había muy poca gente y el ambiente era un poco raro, como de
trapicheo. Decidimos no quedarnos y probar suerte con el siguiente. Allí, aunque
había también muy poca gente, apenas una docena y media, el ambiente era genial.
Todo el mundo bailaba y reía al son de música española de cualquier año, desde
joyas folclóricas hasta la última de los cantantes de moda.
Pedimos unas copas y nos unimos a la fiesta. Yo me lancé a
por Elena y Berta y Juan se pusieron junto a la barra a conversar.
Me vas a pervertir al muchacho –le dije
Según me ha contado, ha habido alguien que le ha
pervertido antes.
Ah, sí, y quién ha sido.
Pues según me ha explicado el primero fue un
compañero de colegio, después su primo, luego otro compañero de la
universidad, el vigilante de seguridad de su empresa y por último tú.
Tiene la lengua muy larga este chico.
Y según parece tú lo que tienes largo es otra cosa
–dijo entre carcajadas. – Lo que me sorprende bastante es que tú seas
gay. No era esa la fama que tenías en la universidad.
Es que no lo soy. En realidad soy bisexual.
Ya me parecía a mí. Bueno pues nos hemos encontrado
dos almas gemelas, por lo que parece.
Eso es lo que se decía de ti, así que es verdad?
Sí. Hace muchos años que descubrí que el placer se
podía obtener de muchas formas y que no había que cerrarse sin motivo
ninguna puerta. Y tú hace mucho que lo has descubierto?
En realidad hace apenas unos meses, pero no vamos a
enrollarnos en contarnos nuestras vidas ahora, que hay dos personas que
desean descubrir lo mismo que nosotros ya tenemos claro.
Ah, sí.?
Juan nunca ha probado con una chica y Berta está
deseando follar contigo, según me ha confesado, así que tienes mucho
trabajo esta noche. Yo me temo que me quedaré de mero espectador.
No te preocupes, que tú también disfrutarás.
Nos acercamos a la pareja que seguía hablando en la barra y
les dijimos que teníamos ganas de volver al hotel. Apuramos nuestras copas y
fuimos a tomar un taxi para regresar al hotel.
En esta ocasión era una taxista joven y con pinta de heavy.
Yo me senté delante y Juan quedó aprisionado entre las dos chicas. Elena le
cogió la mano a Berta y entre ambas le bajaron la cremallera del pantalón a Juan
y empezaron a masturbarlo. La taxista que se percató por el espejo retrovisor
dijo.
Por mí podéis hacer lo que queráis, pero no manchéis
el coche de leche, que es de mi padre y luego se piensa que lo uso yo
para follar con mis amigos.
Al oír estas palabras me di la vuelta y vi la cara de Juan
que tenía el aspecto de estar alcanzando la gloria eterna. Yo me decidí a
intentar algo con la taxista y le metí la mano por debajo de la camiseta de Mago
de Oz que llevaba y descubrí unos pechos turgentes sin sostén que disfruté
bastante durante el camino. Ella que llevaba la mano apoyada en el cambio de
marchas me agarró la polla sobre el pantalón y así llegamos al hotel.
Pero eso os lo cuento otro día.
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