Después de ese verano todo pasó aparentemente a la
normalidad, yo seguí estudiando y Adri siguió con su trabajo. Y digo
"aparentemente" porque es lo que intentábamos día a día mientras el resto del
mundo nos observaba. Las noches eran diferentes, esperando, como si de un juego
se tratase, a que el resto de la casa se fuese a dormir, para poder
encontrarnos. Poco a poco la relación empezó a cambiar, era algo más que sexo,
nos buscábamos conscientes de que lo que hacíamos no era lo normal, pero
necesitábamos sentirnos, olernos, saborearnos poco a poco mientras nos
ocultábamos en la penumbra de cualquiera de los dormitorios.
Mi relación con las chicas se enfrió un poco, yo lo achacaba
a la necesidad de tiempo para emplearlo en mis estudios pero sólo mi hermano y
yo sabíamos lo que realmente sucedía. Para evitar malos entendidos decidimos
buscar pareja. Yo intenté centrarme en alguien de la facultad, tampoco era
demasiado complicado porque nunca me ha costado que algún chico se fijase en mí,
pero claro, también quería que la pareja de Adri fuese de mi entorno, tenía que
tener a mi oponente bien vigilada.
Fue así como entró en juego Susi, compartíamos alguna clase.
Era más alta que yo, de buena familia (cosa que agradó bastante a mi madre), su
cabello era rizado y tornaba a pelirrojo, algunas pecas adornaban sus mejillas,
tez clara, poco pecho y eso si, un buen trasero, en fin la chica ideal. Yo por
el contrario empecé a salir con Pedro, me resultó lo más cómodo ya que la noche
de mi cumpleaños me lo puso bastante fácil así que tampoco me compliqué
demasiado la vida y decidí liarme con él.
Un viernes por la mañana, recogiendo el dormitorio de Adri,
encontré una nota, la letra era claramente de chica así que supuse que era de
Susi y aunque al principio hice el esfuerzo de dejarla en su sitio, al rato me
arrepentí y fui a ver de qué se trataba.
La nota decía:
"Todavía recuerdo la noche del domingo y me estremezco.
Necesito que me roces, que me beses, sentir tu boca en mi piel, sentirte
dentro…"
¡¡Se la estaba follando!! No me lo podía creer, supuestamente
el rollo de tener parejas era sólo para aparentar y por lo visto había alguien
que se lo estaba tomando muy en serio así que decidí tomar cartas en el asunto y
lo primero que hice fue llamar a Pedro.
¿Pedro?
Si, dime preciosa.
Buenos días, qué tal estás.
Bien, bien, esperando tu llamada, como desde este
finde no sabía nada de ti…
Ya, bueno, es que he estado algo liadilla con algunas
cosillas pero ya estoy disponible.
Mmmm me gusta como suena eso. Y dime, ¿qué te apetece
hacer?
Pues para eso mismo te llamo, verás me gustaría que
fuésemos a algún sitio no se, especial…
Ahh y ¿Lo has mirado ya con Adrián?
No, no, verás, la idea es que fuésemos los dos solos.
Si te apetece, claro.
Se hizo un breve silencio y al momento Pedro reaccionó.
Pues verás, ¿Recuerdas la casa que tenían mis padres
en Sitges? Si quieres podría disponer de ella este fin de semana ¿Cómo
lo ves?
Me ardían las entrañas sólo de imaginarme a Adrián en la cama
con Susi. Sé que fue una reacción infantil, quizás me cegué por los celos, pero
hay ocasiones en las que tomo decisiones sin pensar en las consecuencias y esta
fue una de ellas, así que contesté rápidamente.
Me parece perfecto, ¿A qué hora me pasas a buscar?
Esa misma mañana la dediqué a prepararme para la cita. Sabía
que Pedro llevaba mucho tiempo esperando este momento y no quería defraudarle
así que me puse manos a la obra. Puse poca cosa en un macuto, sólo prendas
cómodas, lo suficiente para dos días y esperé a que sonara el timbre de la
puerta. Me gusta hacer ese tipo de locuras, decir como quien no quiere la cosa…
"Me largo a la playa" o "Vamos a esquiar" y no tener complicaciones para
hacerlo, mis padres ya están acostumbrados así que no se extrañaron al encontrar
la nota "Regreso el domingo. Me voy con Pedro" pegada con un post-it en la
nevera. El que no se lo esperaba era Adrián.
Dieron las cuatro de la tarde y puntual como un reloj
apareció Pedro en la puerta.
¿Lista para un fin de semana diferente?
Por supuesto.- dije mientras sonreía a Pedro
arqueando ligeramente una ceja.
Pues ya estamos tardando, que nos quedan casi tres
horas de camino todavía.
Salí yo primero, y lo hice contoneando mis caderas, sabía que
Pedro no me quitaba ojo porque ya lo había pillado más de una vez mirándome el
trasero, sabía que era su perdición. Me había puesto para el viaje mis botas sin
tacón que uso para ir a la facultad, una falda vaquera tableada que me llegaba a
medio muslo y una camisa de tirantas blanca de lino, pasé de ponerme sujetador,
todavía eran mediados de septiembre así que hacia calor. Esperé a que se montara
primero Pedro y cuando lo hizo me dispuse a hacerlo yo, de esa forma le dejaría
ver mis piernas en un primer plano al montarme en el coche. Al sentarme busqué
acomodarme y dejé que la falda se subiera un poco, Pedro no me quitaba ojo de
los muslos y quise ir un poco más allá. No puse el macuto en la parte de atrás
sino que lo dejé en el suelo en la parte delantera del asiento, para lo que tuve
que abrir mis piernas un poco más de la cuenta para hacerle sitio. Este gesto
hizo que la voz de Pedro temblase.
Eee… ¿estás lista?
Cuando quieras.
Y comenzamos el viaje.
Llevábamos unas dos horas de trayecto, cuando Pedro puso un
rato el aire del coche… Tenía calor, y mi piel empezaba a dejar ver pequeñas
gotas de sudor, intenté acomodarme y probé cambiar de postura. Habíamos estado
hablando de cine, música y no paramos de reír haciendo bromas desde que salimos.
Giré la cabeza hacia Pedro que llevaba unos minutos sin hablar, supuso que me
había quedado dormida pero por el contrario estaba muy pendiente de todos sus
movimientos, nunca antes me había fijado en él de esa forma, despacio, con
detenimiento. Realmente era atractivo, pelo castaño, ojos claros, brazos
musculados… fue entonces cuando empecé a imaginarme refugiada en ellos, a pensar
en todo lo que podría pasar ese fin de semana en la casa de la playa.
A los pocos minutos llegamos a Sitges. De pequeños habíamos
pasado alguna temporada Adrián y yo en aquella casa con Pedro y sus padres.
Sorprendentemente estaba todo como entonces, me reconfortaba estar en esa casa,
me recordaba las largas tardes en la playa de pequeños y las noches
interminables.
Tardé poco en acomodar mis cosas y decidimos salir a cenar
fuera. El ambiente de las calles era impresionante, había gente por todos lados.
Nos metimos en un restaurante italiano cercano a la playa. Estaba nerviosa,
siempre salíamos las dos parejas juntas y con Pedro no había pasado todavía de
los besos y magreos típicos, toda aquella situación era extraña, y quedaban dos
días completos por delante. Empecé a pensar en Adri, ni siquiera me había
llamado por teléfono para preguntarme dónde estábamos, eso hizo que me centrase
en el momento, en Pedro y en la situación así que decidí dejarme llevar. Pedimos
una botella de Lambrusco y entre una cosa y otra cuando me vine a dar cuenta ya
estábamos pidiendo la cuenta, realmente la velada no me resultó cargante, por el
contrario cada vez me encontraba mejor en compañía de Pedro, sabía hacerme
sentir bien, era galante, cosa a la que no estaba acostumbrada, con Adri era
todo más directo, con Pedro, por el contrario todo se basaba en las caricias, y
los consentimientos. Solía referirse a mi como cielo, princesa, y demás
adjetivos que me hacían sentir especial.
Después de la cena nos fuimos un rato a disfrutar de la noche
y estuvimos en varios locales donde bailamos como locos, pero fue en el último
local donde me desconecté por completo de vanas comparaciones.
Pedro me trajo una copa, diciendo sonriente "Esta será la
última ¿vale?". Justo al lado de nosotros había una pareja formada por dos
hombres. Bailaban, se besaban, y yo no podía parar de mirarlos, me excitaba ver
cómo se movían buscando el roce casual a veces y no tan casual otras tantas,
poco a poco noté como empezaba a responder mi cuerpo ante tal estímulo y también
yo empecé a buscar a Pedro. Empecé a bailar para él, movía mis caderas mientras
me miraba y casi sin darme cuenta la pareja que me tenía embobada se fue
acercando a mí, se percataron de mis intenciones y se dispusieron a ayudarme. Me
rodearon y empezamos a bailar los tres ante la atenta mirada de Pedro. Uno
delante, el otro detrás. Siempre pendientes de la reacción de mi pareja,
buscando la aprobación que su silencio daba. De pronto sobre mi cuerpo manos que
no sabía bien de dónde salían y mi pareja que no apartaba la vista de mí.
Acariciaban mi cuello, mis pechos, mi trasero, de pronto sentí que no era la
única que estaba caliente, ellos también estaban tan excitados que se podía
notar a simple vista sus erecciones. Fue entonces cuando el que estaba justo
detrás de mi empezó a susurrarme al oído mientras me desabrochaba los primeros
botones de la camisa, notaba mis pezones duros ante la situación y mi sexo
empezó a estremecerse. En ese momento tuve que ir un segundo al servicio, me
mojé el pelo, hacia mucho calor y me deshice de mi ropa interior, todavía no se
exactamente qué fue lo que hice con ella. Cuando salí los busqué y los encontré
al fondo del local en un rincón oscuro. La música tecno bombardeaba mi cabeza.
Pedro también estaba allí, esperándome.
Cuando llegué, la pareja me empujó hacia Pedro. Se pusieron
justo delante nuestra para intentar taparnos un poco y seguí moviéndome otra vez
para mi chico. Ellos por su cuenta siguieron bailando y metiéndose mano. En unos
de mis movimientos puede notar que Pedro estaba empalmado así que me acerqué a
él y empecé a besarlo, a comerle la boca mientras él me pegaba a su cuerpo
fuertemente y me magreaba el culo, noté su entrepierna completamente dura y me
di la vuelta, dándole la espalda, pegué mi trasero a él para sentirlo bien y
seguí moviéndome. Pedro metió su mano por debajo de mi falda, la levantó lo
suficiente y cuando se percató que no llevaba ropa interior se sorprendió.
Ohh Nenu… me estás poniendo malo, ¿dónde están tus
bragas?
No lo sé, las perdí.- dije mientras me reía mirándolo
por encima de mi hombro.
Me fijé en la otra pareja que ya sin vergüenza había empezado
a masturbarse delante nuestra, esa visión de dos hombres meneándosela el uno al
otro mientras se besaban subió todavía un poco más mi temperatura, y sin
pensarlo dos veces desabroché los botones necesarios del pantalón de Pedro, lo
suficiente para dejar libre su polla que pedía a gritos un poco de "cariño". No
sabia hasta que punto estaba dispuesto a seguir así que dejé que fuese él el que
manejase el asunto, me tenía ahí, para lo que quisiera. Me giré para poder
seguir mirando a los otros, que parecía que estuvieran ya en otro mundo y en ese
momento Pedro me atrajo a él y volví a sentir su verga dura en mi culo, empezó a
rozarse conmigo y decidí ponérselo más fácil, levanté mi falda y el contacto de
su miembro con mi piel nos estremeció a los dos, me abrí un poco, lo suficiente
para colocar su polla entre mis piernas, acto que Pedro agradeció con un gemido,
empezó a rozarse, a abrirse camino por mi rajita que se presentaba completamente
húmeda pero sin llegar a meterla, me gustaba sentirlo ahí, detrás de mi, a las
puertas del cielo, mientras introducía una de sus manos por debajo de mi camisa
para alcanzar mis pechos y con la otra buscaba mi sexo desesperado, todo eso me
tenia al límite y no pude aguantar más cuando decidido empezó a morderme la
nuca, no me resistí y me corrí sobre su polla mientras que sus fuertes brazos me
sujetaban para que no me cayese al suelo.
Ahora me toca a mi.- dijo.
Y sin pensarlo dos veces, en la misma posición en la que
estábamos me embistió. Sentir el pulso de Pedro dentro de mi era delicioso, dejó
que me apoyase en la pared, me sujetó fuerte por las caderas y siguió con el
ritual. Ante esta visión la otra pareja llegó al orgasmo. No podía creer lo que
estaba pasando, estaba follando en una discoteca mientras otras personas me
miraban y se corrían al vernos. Pedro tampoco pudo soportar mucho aquella
situación y justo cuando me fui a correr por segunda vez él lo hizo conmigo. Me
temblaban las piernas, sentía el cuerpo de Pedro en mi espalda, jadeante,
sudoroso.
Creo que tengo que ir al servicio otra vez…- dije
mientras sonreíamos los cuatro.
Cuando salí, los encontré a los tres en la barra tomando una
copa, Pedro me había pedido otra, nos quedamos un rato charlando y fue cuando me
enteré de sus nombres. Eran Javi y Ricardo. Era tarde así que en cuanto nos
terminamos la copa, nos despedimos y decidimos irnos a casa. Daban las seis de
la madrugada.
Al día siguiente cuando desperté Pedro acababa de ducharse,
vino hasta la cama y me besó.
Voy a ir a por algo para desayunar, ¿te apetece
alguna cosa?- dijo mientras me acariciaba el pelo.
La verdad es que no, pero si me traes alguna revista
o algo para leer te lo agradezco.
Mientras que Pedro estaba fuera aproveché para darme un baño.
Al recogerme el pelo para no mojármelo me fijé en que tenía en el cuello una
marca, me resultaba gracioso el hecho de ni siquiera recordar quién de los tres
me lo había hecho.
Cuando terminé Pedro ya había llegado, todavía en albornoz,
me senté en uno de los sillones para leer mientras que él terminaba de
desayunar. Cogió su tazón de cereales y se vino al pie del sillón donde yo
estaba y allí desde el suelo siguió desayunando en silencio, mirándome.
Realmente eres preciosa.
No me digas esas cosas, que terminaré creyéndote.
Déjame verte bien, anoche no pude hacerlo. Retírate
el albornoz.
Dejé la revista en el suelo, junto a su tazón de cereales. Y
me destapé ante él. Primero no hacia nada, sólo me miraba, recorría cada
centímetro de mi cuerpo con su mirada. Toda aquella situación me empezaba a
gustar, me sentía cómoda y mi respiración empezó a agitarse.
Suéltate el pelo.- dijo
Alargó su mano hasta mi cuello, sonrió cuando vio la marca y
siguió bajando su mano.
Lo pasamos bien anoche.- dijo mientras sus dedos
empezaban a jugar con mis pechos.
Tienes unos pechos preciosos y un vientre que me
enloquece.
Sentí como seguía bajando su mano, y abrí mis piernas dejando
a su disposición el resto de mi cuerpo.
Subió su mano de nuevo y me introdujo uno de sus dedos en la
boca, volvió a bajar y empezó a hurgar en mi sexo, como un joven que descubre
por primera vez el cuerpo de una chica. Cerré los ojos y me dejé llevar.
Recorrió cada pliegue y se centró en mi ya abultado clítoris. Cada vez estaba
más excitada y sin vacilar introdujo sus dedos en mi. Fue lento, cada movimiento
de su mano iba acompañado de un beso en los labios, el cuello, mis pechos, me
estaba dando un placer que hacia tiempo no tenía. Hasta que de repente hizo algo
que no esperaba. Jugando con sus dedos encontró lo que antes otros habían
intentado buscar en vano.
Vaya, ¿qué tenemos aquí?.- dijo cuando notó mi
considerable reacción mientras se reía orgulloso de su hallazgo.
Empezó a centrarse entonces en ese punto levemente abultado
de mis entrañas. Con cada roce sentía cómo me ardía el cuerpo, era una sensación
que sólo yo había podido experimentar sola y las consecuencias de ese hecho no
tardaron en aparecer. Justo en el momento en el que me sobrevino el orgasmo
Pedro estaba ahí, jugando con su lengua entre los labios de mi sexo así que pudo
degustar mi sabor más íntimo.
- Ahora te toca a ti.- dije riéndome haciendo
referencia al comentario de la noche anterior.
Le pedí que se sentara en mi lugar, que se pusiera cómodo, le
bajé los pantalones y se los quité mientras no paraba de mirarle, realmente me
cautivaba, no me podía explicar cómo era capaz de hacerme sentir tantas cosas si
antes no llamaba mi atención. Me acomodé encima suya a horcajadas y fui
dejándome caer poco a poco, todavía me temblaban las piernas pero eso no impidió
que me moviese como nunca. Notar el miembro de Pedro dentro mientras le miraba
directamente a los ojos era una experiencia única, él se dejó llevar, me
acariciaba los pechos mientras mordía suavemente mis pezones, baja sus manos por
mi espalda, marcaba el ritmo y yo me dejaba hacer. Me gustaba sentir cómo
respiraba, cómo gemía con la boca entreabierta mientras el movimiento de mis
caderas le hacían llegar al séptimo cielo y no pude contenerme, acerqué mis
labios a los suyos y fui perfilando su boca con mi lengua lentamente. Esto le
provocó un gemido mayor.
Sigue cielo, sigue… - me decía al oído.
Me tenía loca, sólo deseaba tenerlo dentro así que seguí, sin
parar, cada vez más rápido sin control dejando que Pedro me sujetase las caderas
para hacer cada penetración más profunda hasta que llegamos juntos al orgasmo.
Nos quedamos un rato así, sin movernos, hasta que decidimos que era buena hora
para ir a tomar algo a la playa.
- ¿Sabes que tengo el teléfono de Ricardo? Si quieres
podemos llamarlos para que se vengan esta noche. ¿Qué te parece?
No pude evitar reírme mientras me ponía el bañador, no sabía
que a Pedro le gustase verme con otros chicos, pero no podía dejar pasar esa
oportunidad.