Adriana Lima salió del avión. Sonriendo, descendió la pequeña
escalinata y abrazó a Jeff Hunter, el multimillonario. Él era el que había
escrito personalmente a la modelo, el que había ingresado una importante suma de
dinero en su cuenta, y el que había mandado a uno de sus aviones privados hasta
Nueva York para recoger a Adriana y traerla a la paradisíaca Hunter´s Island, la
isla privada del rico hombre, en pleno Pacífico.
- Me alegra verte Adriana –dijo el hombre, separándose de la
modelo brasileña y mirándola de arriba a abajo mientras seguía agarrándola de
los brazos-. Tan bella como siempre.
- Gracias Jeff –Adriana le dedicó una de sus espectaculares
sonrisas, y le besó en la mejilla-. El participar en tu primera publicación es
todo un placer.
- El placer es mío, y será el del resto del mundo también...
piensa en ello Adriana, esta publicación va a ser un bombazo, y tu carrera será
espectacular a partir de ahora. Un bombón como tú es lo que queremos para este
primer número.
Adriana sonrió, justo cuando Jeff alzó la vista. Adriana
siguió su mirada, y vio como otro de sus aviones privados se preparaba para
aterrizar.
- Bien, ha llegado tu compañera.
- ¿Compañera? –Adriana se extrañó. Ella había imaginado que
ella sería la única en aparecer en este número, pero realmente Jeff nunca había
dicho tal cosa-. ¿Quién es?
- Una compatriota tuya... amiga tuya si no me equivoco –dijo
Jeff, soltando a Adriana y caminando hacia el avión, que acababa de aterrizar y
ya empezaba a frenar su velocidad. Adriana siguió al hombre, pensando en quién
podía ser.
- Bienvenida a Hunter´s Island, bombón –decía poco después
Jeff, esperando bajo la escalinata del avión. La puerta se acababa de abrir, y
allí, deslumbrante, estaba Alessandra Ambrosio.
- Gracias Jeff, te agradezco mucho... –empezó a decir la
brasileña, descendiendo, pero calló al ver a Adriana junto a Jeff-. ¿Adriana?
- Hola Alessandra –sonrió la aludida, y Alessandra descendió
la escalera para fundirse en un abrazo con la otra mujer-. Vaya, no te esperaba
aquí –con estas palabras, Alessandra miró a Jeff directamente. Era obvio que
ella había pensado en que iba a estar sola en esta publicación.
- Bueno, mis dos bombones listos para la primera publicación
de Jeff Hunter –sonrió el multimillonario-. Estaréis cansadas, así que os
llevaran a vuestras habitaciones en mi mansión.
Adriana Lima y Alessandra Ambrosio se sonrieron, aunque aún
estaban algo sorprendidas por la presencia de la otra.
Alessandra salió del baño. Habían pasado varias horas desde
su llegada, y tras dormir bastante, comer y ahora bañarse en una enorme bañera,
la brasileña debía vestirse para una rueda de prensa donde Jeff presentaría el
nombre de su publicación, y a las dos modelos de su primer número.
Desnuda, la mujer se acercó a su cama: allí estaba la ropa
con la que se vestiría: ropa interior de elegante y caro diseño, de color azul;
unos jeans blancos; una fina blusa azul que desprendía ligeros brillos a la luz,
con un largo escote que alcanzaba casi el ombligo; una cinta del mismo color de
la blusa para atarla alrededor de la cintura y cerrar el escote de la misma; y
unos tacones no muy altos.
Sonriendo al pensar en lo estupenda que estaría con todo
ello, Alessandra empezó a vestirse.
Varios fotógrafos y periodistas esperaban en la lujosa sala
de la mansión. Allí, Jeff Hunter hablaba sobre el objetivo de su publicación –la
cual presentó como Hunter´s Angels- y sobre las dos supermodelos elegidas para
el primer número. A su derecha se sentaba Adriana Lima, y a su izquierda
Alessandra Ambrosio. Ambas habían contestado con cortesía las pocas preguntas
lanzadas a ella, hablando del honor de trabajar para Jeff y del deseo de hacerlo
lo mejor posible.
Pero había algo que, aunque no habían dicho, no entendían:
¿por qué Jeff las había vestido casi de la misma forma? Adriana llegó al lugar
vestida con la misma ropa que Alessandra, con la única diferencia de que el
sostén que se intuía en su generoso pecho era de un tono más oscuro que el de su
compañera, y que sus jeans eran de color azul.
Ambas pensaban en lo mismo: ¿es que Jeff las quería comparar?
Y ese pensamiento derivó en otro: ¿es que Jeff pretende elegir a una de nosotras
como portada? Esto las hizo enojarse, aunque enseguida apartaron el pensamiento
de la cabeza, pues, al fin y al cabo, se suponía que eran amigas.
Y llegó el momento de las fotos: las dos modelos brasileñas
se levantaron y posaron juntas, una junto a otra, sonrientes. Maquilladas, ambas
lucían espectaculares. La mano izquierda de Adriana se posó tras la cintura de
Alessandra, y la mano derecha de Alessandra tras la de Adriana. Ambas dieron su
mejor sonrisa, y su mejor mirada.
Entonces Adriana se giró hacia Alessandra y la abrazó por los
hombros en un gesto de amistad. Alessandra respondió al abrazo, y ambas miraron
a las cámaras, sonrientes, mejilla a mejilla.
Sus pechos, elevados gracias a sus sostenes, se juntaron
suavemente. Instintivamente, Adriana empujó adelante levemente, y por instinto
también, Alessandra replicó echando su pecho adelante con suavidad. Entonces,
sin dejar de sonreír, Adriana bajó sus brazos desde los hombros de su compañera
hasta alcanzar la mitad de su espalda. Alessandra la imitó, bajando sus brazos
hasta su cintura, por detrás. Apretándose levemente más, ambas sonrieron ante
los flashes de las fotografías.
La sensación era extraña para ambas: sus pechos se aplastaban
suavemente, aunque sin que ninguna apretara demasiado. Ninguna sabía cómo había
empezado esto, ni porqué, pero lo único que sabían es que no querían retirar el
contacto antes que la otra. Disimuladamente, ambas subieron y bajaron muy suave
y lentamente sus torsos superiores, con movimientos de apenas milímetros, que
hacían que sus pechos cubiertos se frotasen con calidez.
- ¿Qué haces Adriana? –susurró Alessandra, sin dejar de
sonreír a las cámaras.
- ¿Qué haces tú Alessandra? –susurró como réplica Adriana,
mostrando una enorme sonrisa a los fotógrafos.
Ambas se dieron un ligero estrujón mutuo, y se separaron
entonces. Pasaron un minuto más posando juntas, una al lado de la otra. Adriana
lanzó en una ocasión una extraña mirada a Alessandra, que ésta no supo
identificar. Alessandra también devolvió la mirada a Adriana algo más tarde,
pero Adriana tampoco supo qué ocultaba esa mirada. Realmente, ni una ni otra
sabían que significaba su propia mirada, pues no entendían qué había pasado en
ese abrazo.
Adriana Lima no paraba de dar vueltas en su cama. Se había
acostado temprano, pues a primera hora del día siguiente habría una sesión
fotográfica en una playa de la isla. Pero no podía dormir. No dejaba de pensar
en lo que había ocurrido en la rueda de prensa. No entendía porqué había hecho
eso, y porqué Alessandra también lo había hecho. Era ilógico.
Pero no sólo le preocupaba eso, sino que también pensaba, y
mucho, sobre algo: ¿quién de ellas sería la portada de la revista? ¿O serían
ambas? Adriana pensó en Alessandra; era su amiga, y desearía compartir la
portada con ella. Sin embargo, un pensamiento egoísta aparecía a veces por su
cabeza: ella sola, en la portada de la revista más importante del momento...
Sin aguantar más, Adriana se levantó, y salió de su cuarto,
para ir a buscar a Jeff y preguntarle sobre la portada. Descalza, y vestida con
un suave y sedoso pijama rosa de una pieza, Adriana descendió las escaleras como
un fantasmal ángel hasta el dormitorio de Jeff. Allí se encontró con la puerta
entreabierta, y con la luz encendida.
"Trabaja hasta tarde", pensó la brasileña, y se dispuso a
llamar con sus suaves nudillos a la puerta. Sin embargo, oyó una voz femenina en
el interior, hablando con Jeff. "¡Alessandra!"
Adriana miró por el huevo de la puerta, y allí estaba:
Alessandra, vestida con un pijama idéntico al suyo -¿idea de Jeff de nuevo?-
aunque de tono blanco. La modelo estaba de pie, hablando con Jeff, que estaba
sentado en un amplio y caro sillón de cuero negro, con una copa de vino en la
mano.
- ... bajé del avión –decía en esos momentos Alessandra-. Por
eso tengo esta duda: ¿quién será portada de la revista?
Adriana abrió sus bellos ojos azul-grisáceos, sorprendida.
¡Alessandra también pensaba en ello! Tras una instintiva mirada de asco a la
otra modelo, Adriana se concentró en la respuesta de Jeff.
- Ya te lo he dicho, es algo que no he decidido aún –el
hombre agitó la copa de su mano, viendo como el vino giraba-. Lo que sí sé es
que no quiero una portada compartida... quiero la foto de una de vosotras.
- Entiendo –dijo Alessandra, que agarró el cinto de su pijama
y tiró levemente de él. El pijama cedió un poco, y Alessandra aprovechó para
agacharse levemente y dejar a Jeff una buena vista de su escote-. Bueno, no me
importaría compartir portada con mi amiga Adriana, pero en este caso espero ser
la elegida –la mujer susurró en voz sensual y baja, mirando directamente a los
ojos de Jeff. Alessandra sonrió, y Jeff le devolvió la sonrisa.
- Ya veremos, bombón –dijo el millonario-. Si me dejas ahora,
tengo que seguir trabajando.
- Claro –dijo Alessandra, ajustándose el pijama de nuevo con
algo de frustración en su rostro al no haber logrado nada.
Fuera, una sorprendida Adriana se apartó de la puerta con
prisa, intentando ocultarse en algún sitio. Finalmente, se colocó junto a la
escalera, en un hueco. Alessandra salió enojada visiblemente de la habitación de
Jeff, y subió las escaleras. Adriana entonces salió de su escondite, con el
pensamiento de hablar con Jeff.
- Adelante –dijo el hombre cuando llamaron a la puerta.
Alzando la cara levemente, al hombre no pareció sorprenderle que Adriana
estuviera allí-. Adriana, pasa. ¿Qué te preocupa?
- Jeff, quería hablar contigo sobre la portada de Hunter´s
Angel...
- Entiendo bombón, veo que tú también tienes esa duda.
- ¿También? –Adriana decidió hacerse la tonta.
- Sí, Alessandra acaba de estar aquí para preguntarme quién
sería la portada...
- ¿Y qué le has dicho? –Adriana se acercó al hombre.
- Que no lo he decidido aún, pero que lo que sé es que sólo
una de vosotras estará en esa importante portada –Jeff se bebió de un sorbo el
vino restante, y dejó la copa en la mesa de cristal de su lado.
- ¿Y qué tengo que hacer para lograr esa portada? –susurró
sensualmente Adriana, poniendo su bella pierna derecha sobre el brazo del sillón
de Jeff-. Estoy realmente muy interesada.
- Claro –Jeff miró de arriba a abajo la sensual pierna y el
suculento muslo de la brasileña, pero enseguida apartó la vista-. Mañana habrá
una sesión de fotografía... quizás decida algo al ver los resultados.
Adriana bajó la pierna, y tras una sonrisa forzada, se marchó
de la sala. No sabía si estaba enojada por el rechazo de Jeff, por su actitud de
vender su cuerpo por una portada, o por no haber logrado lo que Alessandra
tampoco había conseguido.
La modelo brasileña subió las escaleras, y su sorpresa fue
mayúscula al ver al final de ellas a Alessandra Ambrosio.
- Hola Adriana –dijo con aire inocente Alessandra.
- Hola Alessandra –dijo Adriana, alcanzando el final de la
escalera y colocándose al lado de la otra modelo-. ¿Qué haces aquí?
- Justo eso iba a preguntarte –sonrió Alessandra-. Pero mejor
hablemos en mi cuarto... ¿quieres una copa?
- Mañana tenemos que madrugar bastante para la sesión de
fotos –empezó a decir Adriana, pero al ver la fija mirada de la otra brasileña,
decidió aceptar, sin saber porqué-, pero tengo unos minutos para ti.
- Perfecto –Alessandra se giró, y caminó hacia su habitación.
Adriana se encontró mirando el contoneante movimiento de las caderas y el
trasero de su compatriota.
"Esa sensualidad podría valerle la portada", pensó, pero
enseguida apartó el pensamiento y, moviendo sus caderas, la siguió con orgullo.
Abajo, Jeff sonrió y cerró la puerta.
Un ligero "click", y la llave de Alessandra abrió la puerta
de su dormitorio. Con un gesto y una sonrisa, la chica invitó a Adriana a
entrar, y ésta lo hizo con un genial movimiento de cadera, que hizo dudar
momentáneamente a Alessandra de quién lograría finalmente la portada. Cerrando
la puerta, Alessandra controló la venenosa bilis de celos que subía por su
garganta, y se dirigió al pequeño mueble-bar, de donde cogió dos copas de fino
cristal y una botella de exquisito vino importado.
Adriana entonces se subió sobre la cama, con ambas rodillas
sobre ella, y Alessandra se colocó junto a ella, sentada en el borde. Alessandra
sirvió ambas copas, pasándole una a Adriana y dejando la botella en el suelo.
- Por Jeff y su revista –Alessandra alzó su copa y sonrió;
Adriana aceptó el brindis, y ambas bebieron mirándose fijamente a los ojos: unos
ojos color café frente a unos ojos azul-grisáceos. Ambas se terminaron la copa
de un solo sorbo, y Adriana, lamiendo sensualmente sus labios con su lengua –lo
cual atrajo la atención de los bellos ojos de Alessandra hacia los sensuales
labios de Adriana-, ofreció su copa a la otra mujer para que volviera a
llenarla.
- Bien, otra copa y otro brindis –dijo Alessandra, llenando
las copas de nuevo.
- Por la portada de Hunter´s Angels –dijo repentinamente
Adriana, que al ver la reacción en los ojos de su compatriota, agregó con una
sonrisa-. Por una portada conjunta, por supuesto.
- Así sea –sonrió Alessandra, y ambas le dieron un ligero
sorbo a la copa-. Pongámonos más cómodas, ¿quieres? –sin esperar respuesta,
Alessandra dejó su copa en la mesita de noche y abrió su pijama, mostrando su
sostén amarillo-verdoso y sus bragas a juego. Adriana, que sintió que ello era
una especia de competición, estiró sus piernas y se sentó junto a Alessandra.
Entonces dejó su copa en el suelo, y mientras se enderezaba abrió su pijama para
mostrar un bello conjunto interior de sostén y bragas rosas con estampaciones de
flores amarillas.
Sin darse cuenta de lo que hacían, Alessandra y Adriana se
miraron los conjuntos de arriba a abajo.
- Eres una mujer muy bella –dijo Adriana.
- Tú también lo eres –respondió Alessandra. Pero ni una ni
otra se atrevió a decir lo siguiente que pensaron: "pero yo lo soy más".
Realmente nunca habían sentido la necesidad de compararse: simplemente eran dos
mujeres de la misma edad, de la misma nacionalidad, que eran modelos y que
cuando coincidían compartían una sana amistad. Pero en esta isla todo parecía
cambiar: era como si tuvieran que compararse en todo, y ambas parecían disfrutar
maliciosamente del juego. Y, secretamente, ansiaban ver hasta donde llegaría.
- Respecto al abrazo de hoy... –empezó a decir de repente
Adriana.
- ¿Sí? –Alessandra alzó una ceja, y ambas notaron como sus
respiraciones se aceleraban.
- Bueno... –Adriana pareció entonces dudar, e incluso tuvo
miedo. Alessandra tembló suavemente, y su mirada mostró también cierto miedo por
el rumbo de los acontecimientos.
- Creo que deberíamos dormir, mañana será un día duro –dijo
finalmente Alessandra, y ambas parecieron respirar aliviadas ante la salida
abierta.
- Sí, es hora de dormir.
Adriana se levantó, cogiendo su pijama y poniéndoselo,
mientras Alessandra hacía lo mismo. Adriana se acercó a la puerta, y agarró el
picaporte... y se detuvo. Alessandra la observó, y comenzó a notar como su
corazón latía más y más rápido, y su respiración se aceleraba lentamente.
Deseaba que Adriana se girase, y se quedase allí. Y decirle lo que pensaba
realmente de ella. Pero al mismo tiempo deseaba que se fuera, temiendo que se
quedara. Y, mientras agarraba el picaporte, Adriana pensaba lo mismo.
Segundos después, el picaporte fue girado y Adriana se
marchó. Alessandra, tras soltar todo el aire de su cuerpo repentinamente, se
dejó caer sobre la cama, confusa. Necesitaba descargar toda la tensión
acumulada, o no podría dormir.
Así, lentamente, bajó su mano derecha hasta su entrepierna...
El sol brillaba sobre el mar en una estampa de postal. Y
sobre esa imagen, otra estampa de postal: Adriana Lima. Vestida con su bikini
blanco, la belleza brasileña posaba sobre la clara arena. Tumbada sobre ella, la
escultural modelo movía sus curvas de un lado para otro, mirando con hambre a la
cámara fotográfica... y a Alessandra Ambrosio. Y Alessandra devolvía cada
viciosa mirada de Adriana con otro de igual intensidad.
Sin embargo, a pesar de este duelo de miradas, constantemente
una y otra parecía arrepentirse de sus acciones, y dejaban de observarse...
hasta que una ardiente mirada de alguna despertaba el duelo: una mirada de
Adriana a los ojos de Alessandra, una mirada de Alessandra a los pechos de
Adriana...
Y llegó el turno de Alessandra: los papeles se cambiaron pero
no el duelo de miradas. Alessandra posó sensualmente en la fina arena, con su
bikini también blanco -¿otra casualidad?-, comiéndose la cámara con su caliente
mirada y contoneando su perfecto cuerpo de un lado para otro. Y por supuesto,
Adriana se comió también con la mirada a Alessandra. Sus miradas se cruzaron de
nuevo en infinidad de ocasiones, aunque esta vez apenas se echaron atrás como
antes. Ambas recordaban la noche anterior, cómo habían perdido una inmejorable
ocasión de resolver el problema que empezaba a nacer, cómo habían envidiado a la
otra, cómo habían dudado de lograr ser elegida para la portada, cómo se habían
masturbado varias veces para recuperar el control...
- Bien, haremos algunas fotografías de las dos juntas –dijo
repentinamente el fotógrafo, despertando a ambas de sus ensoñaciones. Adriana se
había llevado la mano cerca de su entrepierna instintivamente, y ahora la apartó
disimuladamente.
Las dos modelos de Brasil se pusieron juntas en la playa con
el sol ahora más alto mientras la mañana avanzaba. El fotógrafo pidió que ambas
posasen, y ellas lo hicieron una al lado de la otra durante algunos minutos,
lanzándose ocasionalmente miradas lujuriosas o rozándose con dedos o traseros.
- Y ahora, abrazaros, y mirad a cámara –dijo el fotógrafo.
Las palabras del hombre provocaron un intercambio de
chispeantes miradas entre los ojos azul-grisáceos de una y los ojos color café
de la otra. Sin embargo, encaradas, ambas dudaron. Había llegado el momento,
pero ni una ni otra se atrevía a dar el primer paso. Una cosa eran las miradas,
y otra... esto.
- Vamos chicas, no tenemos todo el día.
Mirándose ahora duramente, ambas dieron un paso adelante,
quedando a escasos centímetros. Alessandra, tras lamerse el labio superior, dio
un paso adelante, yendo teta a teta con Adriana, que mordiéndose el labio
inferior avanzó un paso. Entonces, se abrazaron, mejilla a mejilla, y miraron a
cámara.
El fotógrafo empezó a hacer su trabajo, pero no se dio cuenta
de lo que sucedía ante sus ojos. Alessandra y Adriana empezaron a moler muy
lentamente sus pechos, arriba y abajo, a un lado y a otro, y en diagonal.
Realmente, ni una ni otra sabía cómo habían llegado a esto, pero ahora que
estaban en este punto, ambas deseaban más que nada hacerlo. ¿Hacer qué?
Ciertamente, ni ellas lo sabían. Sólo pensaban en frotar sus tetas juntas, y ver
qué pasaría luego. Era lo que más deseaban en este momento, y la envidia que
subía por sus gargantas era insoportable.
Ambas llegaron a un momento en el que el frotarse ligeramente
no era suficiente, por lo que tuvieron al mismo tiempo la misma idea. Estando de
perfil ante el fotógrafo, el pecho izquierdo de Adriana y el derecho de
Alessandra quedaba fuera de la vista del hombre, así que ambas decidieron
explotar eso.
A la vez ambas empujaron con esos pechos ocultos, y en sus
rostros apareció un ligerísimo temblor de dolor y frustración que la cámara no
captó. Una ligera crispación en sus ojos apenas perceptible. Pero ello no las
frenó, y ambas volvieron a batallar con esas tetas.
Las dos modelos brasileñas fueron calentándose más y más, y
eso se reflejó en sus rostros, donde se podía ver quién tomaba ventaja en cada
choque. Así, Alessandra apareció en una fotografía mordiéndose el labio inferior
ante una efectiva embestida de Adriana, mientras que en la siguiente captura
Adriana guiñaba el ojo derecho con el duro contragolpe de Alessandra.
- ¡Wow! ¡Estas fotos son muy calientes chicas, muy bien! –se
asombró el fotógrafo, mientras ambas modelos ajustaban sus brazos para una mejor
palancada, y comenzaban a jadear suavemente.
- ¿Qué crees qué haces Alessandra? –susurró Adriana, mientras
ambas se empujaron adelante y dejaron sus pechos ocultos presionados juntos bajo
una increíble tensión.
- ¿Y tú Adriana? –ambas relajaron la presión, y posaron ante
la cámara con una forzada sonrisa durante un segundo antes de volver a ajustar
sus tetas juntas-. Desde que estamos en esta isla no eres la misma.
- Tú tampoco. Sólo te interesa salir en la portada, a
cualquier precio.
- Mira quien habla... la que intentó follarse a Jeff anoche.
- Igual que tú –gruñó Adriana mientras ambas intercambiaron
un rabioso choque de tetas que llamó la atención al fotógrafo. Ambas dejaron de
pelear durante un momento y posaron con naturalidad fingida. El hombre, creyendo
que era cosa de su imaginación, siguió fotografiando.
- Tú has empezado esto Adriana, pero yo lo acabaré –amenazó
repentinamente Alessandra.
- Te equivocas Alessandra, yo acabaré esto que has empezado
tú –Adriana y Alessandra frotaron sus tetas juntas de nuevo, lentamente-. Y por
cierto, con esas patéticas tetas no podrás ser portada.
- Son tus patéticas tetas las que no te dejarán conseguir la
portada –concluyó Alessandra, y ambas se separaron bruscamente.
- ¡Eh, no hemos acabado! –se quejó el fotógrafo, pero las dos
chicas se marcharon, cada una hacia un lado de la paradisíaca playa.
Alessandra estaba muy enojada. ¿Cómo se atrevía Adriana a
decir que ella empezó esto? ¿Y cómo le decía eso acerca de sus pechos? La
brasileña se miró las tetas, y vio dos perfectos orbes.
- ¡Mejores que las tuyas! –gritó, pateando un puñado de
arena. Entonces se dejó caer, y sentada en la playa, se relajó-. ¿Qué me está
pasando? Me estoy dejando obsesionar con esa maldita portada –la modelo pensó en
sus palabras usadas contra Adriana... en su vida había recurrido a eso, y no
entendía como ella había llegado a decir esas cosas tan sucias, esas palabras
tan impropias-. Iré a disculparme con Adriana.
Dicho esto, la bella brasileña se levantó, y se encontró
repentinamente con Adriana Lima, que acababa de salir de detrás de una duna.
- Oh, aquí estás... –dijo Adriana.
- Sí –dijo escuetamente Alessandra.
- Te estaba buscando –dijo Adriana, y Alessandra se puso a la
defensiva-, para pedirte perdón por mi actitud.
- ¿En serio? –dijo Alessandra-. Yo iba a buscarte para lo
mismo. Creo que ambas nos hemos equivocado.
- Cierto –Adriana alargó su mano derecha-. ¿Amigas de nuevo?
- Amigas –sonrió Alessandra, aceptando la mano. Entonces se
abrazaron –aunque ambas tuvieron cuidado de mantener sus pechos separados y
juntas, volvieron a la sesión fotográfica.
El sol empezaba a caer lentamente, pero aún quedaba al menos
una hora de suave sol en la isla. Ambas bellezas se dirigían ahora hacia un
pequeño barco, donde Jeff les había preparado una sorpresa.
- ¿Qué crees que será? –dijo Alessandra, mientras ambas veían
el barco en el pequeño puerto. La mujer vestía una corta falda blanca y roja con
decoración floral y una blusa de seda rosa que dejaba al descubierto su plano
vientre y sus delicados hombros con unos tirantes laterales. Sus pies lucían
unas ligeras sandalias. Su pelo largo y suelto ondeaba bajo el juguetón viento.
- Conociendo a Jeff... quien sabe –respondió Adriana. La
modelo vestía por su parte una falda más larga que su compañera, de color verde,
y una blusa oscura y sedosa con un interesante escote, y cuyos finos tirantes
mostraban sus suaves hombros y brazos. Como Alessandra llevaba unas sandalias
livianas, y su moreno cabello largo también volaba dulcemente bajo el viento.
Esta vez ambas habían decidido buscar ropa por su cuenta.
Siempre que accedían a ponerse la ropa que Jeff les ofrecía, acababan vestidas
prácticamente iguales... y eso no les gustaba.
Poco después, ambas montaban en el barco. Jeff con una
omnipresente sonrisa se negó a decir a donde iban, por lo que ambas muchachas se
limitaron a esperar expectantes los acontecimientos mientras la nave comenzaba a
surcar el mar.
Y cinco minutos después, bordeando la costa, ambas vieron
como una pequeña cala aparecía ante ellas. Unas pequeñas chozas de aspecto
indígena estaban colocadas en la playa, y varios fuegos brillaban tenues en la
arena, mientras el sol era ahora más suave, cercano a su desaparición en el
horizonte. Varias personas esperaban en la pequeña aldea.
- ¿Son indígenas? –se extrañó Alessandra.
- Realmente, en esta isla no habitaba ningún indígena. Así
que he traído a algunos actores y bailarines de rasgos indígenas para montar
esta pequeña... fiesta pagana –sonrió Jeff ante su ocurrencia,
- Una fiesta –susurró Adriana, y sonrió enseguida. Le
encantaba bailar: su sangre brasileña hacía que amase mover sus caderas al ritmo
de la música. Con sus ojos chispeantes, miró a Alessandra, y vio en su mirada
que ella también disfrutaba con la sorpresa. Ambas se sonrieron, y se colocaron
en el costado de babor, por donde podrían salir una vez que el barco se
detuviese en el pequeño fondeadero que se adivinaba más allá de la cala.
- Esto será muy divertido –dijo Alessandra.
- Sí, será una gran noche –respondió Adriana. Ambas mujeres
se encararon y empezaron a hablar rápidamente sobre lo bien que se lo pasarían.
Jeff sonrió maliciosamente al oírlas, e hizo una señal al
capitán del barco y se agarró fuertemente a una barandilla. Poco después, cerca
del fondeadero, el barco frenó bruscamente.
Sorprendidas, las dos modelos perdieron el equilibrio con un
gemido. Adriana fue a chocar con todo su cuerpo contra Alessandra, y ambas
cayeron al suelo. La espalda de Alessandra se golpeó duramente al caer, y la
modelo gimió dolorida al sentir como el cuerpo de Adriana chocaba totalmente
contra el suyo, haciéndole perder el aire bruscamente. Los pechos de Adriana
aplastaron los suyos, y ello le impidió recuperar el precioso aire.
- ¿Estáis bien? –dijo Jeff acercándose a ambas.
- Sí –jadeó algo dolorida y sin aliento Adriana, que también
había quedado algo conmocionada por el duro choque. Sus labios casi rozaban los
de Alessandra, y el aliento de sus jadeos calientes era percibido claramente por
la otra muchacha. Ambas se miraron un segundo a los ojos, y entonces empezaron a
moverse para incorporarse. Tras un pequeño empujón ascendente de Alessandra con
sus pechos, la mujer agarró los finos antebrazos de Adriana para apartarla de
ella. Mientras Adriana apoyaba sus manos en el suelo para alzarse. Sus pechos se
despegaron y ambas soltaron una exhalación al poder respirar con normalidad
nuevamente.
Con la ayuda de Jeff y un marinero, ambas chicas pudieron
levantarse de nuevo. Algo jadeantes aún por el susto y el golpe, las dos modelos
se observaron con una irreconocible mirada, al mismo tiempo que Jeff pedía
explicaciones al capitán del barco, sin demasiado interés realmente.
- ¿Te has hecho daño Alessandra? –preguntó Adriana. Lo que
parecía una pregunta de preocupación, sonaba más como una especia de desafío.
- Apenas –contestó Alessandra en el mismo tono frío-. ¿Te has
hecho daño tú, Adriana?
- Estoy perfectamente, gracias por el interés.
- Gracias por el tuyo.
Jeff enarcó una ceja, e indicó a las modelos que la fiesta
esperaba.
La noche ya había caído hacía tiempo sobre la cala. Y la
fiesta había alcanzado su auge. Una veintena de personas bailaba alrededor de
las diversas fogatas, bebiendo exóticos cócteles en exóticos recipientes,
tocando una salvaje música con percusiones. Hombres y mujeres de rasgos
indígenas, vestidos como indígenas, disfrutaban de la ardiente noche. Y en medio
de ello había dos bellezas increíbles: Alessandra Ambrosio y Adriana Lima.
Las mujeres habían bebido, habían reído, habían bailado. Y
seguían haciéndolo. Adriana estaba en estos momentos danzando con un fornido
chico de torso desnudo, mientras Alessandra hacía lo mismo al otro lado de la
falsa aldea, con un exótico hombre de largas rastas castañas. Ambas bailaban
sensualmente, dejando con la boca abierta a sus compañeros de baile y a todos
los que las observaban. Incluso alguno había intentado besarlas en un momento de
calentura, pero las dos modelos brasileñas se habían negado con una sonrisa y un
gesto de cabeza, y una ambigua mirada de sus preciosos ojos, que decían "sí" y
"no" a la vez.
Apartado del jaleo principal, el multimillonario Jeff estaba
sentado en un banco de madera junto a dos bellas chicas, las cuales ahora
llevaban un par de colgantes artesanales de madera regalados por los
"lugareños". Parecía disfrutar de la conversación con ellas, pero realmente
estaba atento exclusivamente a los dos "bombones". Y cada vez que veía que la
mirada de las dos modelos se cruzaba brevemente, sonreía y besaba a una de sus
dos acompañantes con pasión.
Y sí, así era: Adriana y Alessandra no dejaban de fijarse
cada vez más en la otra chica. Con cada minuto que pasaba, estaban menos atentas
a su pareja y más a la otra brasileña. Ninguna sabía porqué, pero de nuevo
tenían esa extraña sensación que las había invadido varias veces en esta isla:
una especie de fascinación y rivalidad, al mismo tiempo, por su amiga. Porqué
eran amigas ¿no? Ahora incluso se lo preguntaban.
Pero no era lo único que rondaba por sus cabezas: el choque
en el barco volvía a aparecer una y otra vez en sus pensamientos, como algo que
no querían recordar pero que era imposible de apartar. Adriana y Alessandra aún
sentían el caliente cuerpo de la otra sobre o debajo de ella; sus pechos
totalmente aplastados juntos; sus labios casi rozándose; sus ardientes jadeos en
la otra cara; la extraña mirada en sus ojos...
Y esa mirada volvía a estar presente. Adriana miraba a
Alessandra, y ésta lo notaba. Alessandra miraba poco después a Adriana, y ésta
lo percibía. Una y otra vez, cada vez más frecuentemente.
Y Jeff sonreía cada vez más.
Finalmente, sin saber muy bien porqué lo hacían –era como si
sus cuerpos actuaran por ellas-, las dos modelos dejaron plantadas a sus parejas
y se acercaron la una a la otra. Atravesando toda la fiesta, Alessandra y
Adriana avanzaron lentamente hacia la otra mujer, bailando sensualmente por el
camino durante unos segundos con cualquiera que se cruzase con ellas, fuera
hombre o mujer, sin apartar ni un momento la mirada de su "amiga". Sus ojos
parecían decirse que aquello era una muestra de lo que iban a hacer cuando se
encontrasen.
Cinco metros. Los corazones de ambas empezaron a latir
extremadamente rápidos. Tres metros. Sus cada vez más calientes cuerpos
empezaron a desprender gotas de sudor. Un metro. Las dos bellezas apartaron a
los últimos bailarines y dieron un rápido paso adelante. Alessandra agarró a
Adriana por la muñeca izquierda y de un tirón atrajo su cuerpo hacia el suyo.
Mientras sus cuerpos chocaban juntos, teta a teta, mientras ambas gemían
sensualmente, Jeff rió y besó apasionadamente a sus compañeras.
Adriana y Alessandra se miraron a los ojos durante unos
segundos interminables, en los que todo el mundo exterior desapareció. No había
nada más allí para Alessandra que no fueran los ojos azul-grisáceos de Adriana.
No había nada más allí para Adriana que no fueran los ojos color café de
Alessandra.
Adriana abrazó lentamente a su rival –¡ahora pensaba en ella
como rival en lugar de cómo amiga!- por los hombros, al mismo tiempo que
Alessandra abrazaba a su oponente -¡oponente!- por la cintura. Cerrando sus
cuerpos juntos, ambas se trituraron suavemente durante un segundo, antes de que
Alessandra acercara sus bellos labios pintados con carmín rojo al delicado oído
de Adriana.
- ¿Quieres bailar conmigo? –susurró Alessandra, rozando su
oreja y sus cabellos negros con sus labios.
Adriana acercó sus sensuales labios barnizados de rosa al
oído de Alessandra, traspasando el sedoso cabello castaño de la modelo.
- Sólo hasta que una de las dos no pueda más –musitó Adriana,
casi lamiendo su oreja con su lengua.
Encarando sus perfectos rostros de nuevo, chocando nariz a
nariz, entrecerrando los ojos, Adriana y Alessandra empezaron a mover sus
cuerpos juntos, arriba y abajo, a un lado y a otro. Poco a poco aumentaron el
ritmo de la erótica danza, moviéndose a un lado y otro de la fiesta. Nadie notó
–o eso creyeron- su guerra secreta.
Tras colocarse cerca de una hoguera, Alessandra bajó sus
manos desde la estrecha cintura de Adriana hasta su trasero. Agarrándolo
firmemente, Alessandra los exprimió suavemente. Adriana echó atrás su cabeza,
cerrando los ojos y abriendo la boca, soltando un leve gemido.
- ¿Qué haces? –jadeó Adriana, que inmediatamente alzó sus dos
manos desde los hombros de Alessandra hasta su largo pelo, tirando levemente de
él y haciendo que la cabeza de la brasileña se echase atrás por el tirón.
Alessandra fue ahora la que cerró los ojos y abrió su boca para gemir
brevemente.
- ¿Qué haces tú? –susurró entonces Alessandra, y ambas
soltaron sus agarres para volver a la cintura y a los hombros de la otra
respectivamente. Adriana pegó entonces sus pechos, embellecidos por su escote,
contra los pechos tapados por la blusa rosa de Alessandra, y ésta replicó
pegando su desnudo vientre contra el vientre tapado por la blusa oscura de
Adriana.
- ¿Por qué necesitas tapar tus tetas? –dijo Adriana en el
oído de Alessandra en referencia a que ella no llevaba escote.
- No tiene mejores tetas la que más enseñe –respondió
Alessandra en el oído de Adriana-. ¿Por qué no muestras tu vientre? –añadió
entonces, en referencia a que la blusa de Adriana tapaba su barriga.
- No tiene mejor vientre el que más lo enseñe –dijo
burlonamente Adriana, y ambas juntaron con demasiada fuerza sus vientres y
pechos juntos.
- Aquí llamaremos la atención, hagámoslo lejos de las
hogueras –jadeó Alessandra calientemente.
- ¡Vamos! –dijo con apremio Adriana, mientras ambas se
separaban y, tras una mirada alrededor, se dirigían tras una cabaña por
distintos caminos para no alertar a nadie de sus planes.
En plena noche, y sin hogueras cercanas, la oscuridad rodeó a
las modelos cuando alcanzaron la parte trasera de la "aldea". Aún así, los
jadeos de excitación y ansiedad de las muchachas hicieron que se localizasen en
la oscura noche. Con sus pupilas engrandecidas en busca de visión, ambas
avanzaron lentamente hacía donde notaban la presencia rival.
La mano derecha de Adriana tocó piel suave, y supo que había
localizado a Alessandra. Ésta, en respuesta, apartó la mano de su oponente de su
antebrazo –que es lo que Adriana había tocado- y envolvió los brazos alrededor
del torso superior de Adriana, al mismo tiempo que Adriana hacía lo mismo
alrededor del torso de Alessandra. Con sus pechos aplastados duramente juntos,
las dos chicas se abrazaron con hambre, hambre por el otro cuerpo.
Oyendo la música que sonaba algo más lejana ahora, ambas
empezaron a moverse rítmicamente, frotando sus muslos, vientres, pechos y
mejillas ásperamente. Gimiendo cada vez más alto, las chicas intentaron alcanzar
el límite de la otra modelo, la máxima capacidad del otro cuerpo para tolerar la
sensación sexual que emitían en su ardiente baile.
Hacia delante y hacia atrás, Alessandra y Adriana batallaron
con sus cuerpos, usando cada vez más sus pechos para desequilibrar el duelo a su
favor. Ambas se retorcieron mutuamente, perdiendo sus sandalias en la arena y
dejando las marcas de sus pies en la zona. Alessandra gruñó dolorida ante la
presión del cuerpo de Adriana, y varios segundos después fue Adriana quien lo
hizo.
El baile había quedado olvidado. Ahora sólo se estrujaban
cuerpo a cuerpo, empujando las tetas muy juntas. Sin aliento, y sin sitio ahora
para maniobrar y atacar con sus cuerpos, las modelos sólo se dedicaron a apretar
más y más con sus brazos, y a empujar más y más con sus pechos. Sus jadeos
aumentaron de intensidad, mientras Adriana deslizó su pierna derecha más allá de
la pierna izquierda de Alessandra. Ésta respondió llevando su pierna derecha
adelante y envolviéndola alrededor de la pierna derecha de Adriana. Aún más
apretadas por esto, ambas juntaron sus frentes y se miraron a los ojos
apasionadamente. Sus muslos se frotaban juntos, cerca de unas entrepiernas que
empezaban a humedecerse, aunque ni una ni otro notaba esto, tan concentradas en
su apretado duelo de pechos.
Su fricción caliente siguió mientras ambas juntaban sus
sudorosas mejillas y aplicaban cada onza de su fuerza en estrujar a la rival. Ni
Alessandra ni Adriana habían peleado antes, y menos de esta manera. Por ello, la
confusión empezó a llenar sus cabezas, y el miedo llenó sus ojos: miedo ante lo
que estaban haciendo, miedo ante el sensual y duro cuerpo rival, miedo ante el
erotismo que empezaba a tomar el combate, y sobre todo miedo a ser folladas por
la otra brasileña, cuyas tetas perforaban las propias con firmeza,
Y de repente, todo acabó tras cruzarse sus miradas. Ambas
aflojaron sus abrazos, y agotadas y sudorosas, se sostuvieron. En sus ojos
apareció la indecisión, y la sorpresa.
- ¿Qué estamos haciendo? –susurraron al unísono entre jadeos.
Adriana soltó su abrazo lentamente, decidida a irse de allí,
confusa por lo ocurrido. Alessandra tampoco quería continuar, y sus brazos
también dejaron de estrujar a Adriana.
Y repentinamente, tras un nuevo cruce de miradas, Alessandra
levantó sus brazos y exprimió el cuerpo de Adriana entre sus brazos con una
enorme fuerza. Adriana gritó de dolor y de sorpresa, y respondió estrujando el
torso superior de Alessandra con sus brazos.
- ¡No! ¡Acabaré con esto! –gimió Alessandra, empujando a su
rival contra la pared trasera de la cabaña de madera. El golpe dañó los brazos
de Alessandra, pero hizo gemir a Adriana al perder todo el aire de su cuerpo
tras recibir el impacto del vientre y del pecho de su oponente.
- ¡Zorra! –insultó Adriana.
- ¿Duele puta? –jadeó Alessandra en su oído, mientras ambas
se prensaban duramente.
Antes de que Adriana replicara, Alessandra soltó su abrazo y
agarró el cabello de su rival por los lados, estampando su cabeza contra la
pared de madera. Adriana gimió dolorida, quedando atontada y soltando su abrazo
sobre Alessandra. Ésta aprovechó para, sin soltar el cabello oscuro de Adriana,
estampar una y otra vez sus tetas contra los pechos de Adriana, con una dureza y
una rabia increíble.
Lentamente, Adriana fue cayendo por la pared, derrotada, pero
cuando estaba a la altura de los orbes de su rival, Alessandra los estampó
humillantemente contra la bella cara de Adriana.
- ¡Ya sabes quién saldrá en la portada cariño! –se mofó
Alessandra, que movió sus tetas a derecha e izquierda un par de segundos antes
de apartarse y dejar que Adriana cayera al suelo. Allí, Adriana jadeó casi
inconsciente mientras se masajeaba las doloridas tetas. Alessandra la miró desde
las alturas, con desprecio y orgullo, antes de dar media vuelta y regresar a la
fiesta.
Adriana, sola y vencida, empezó a sollozar amargamente,
humillada.
Esa noche, Alessandra Ambrosio folló con Jeff una y otra vez,
sin descanso. El hombre apenas pudo mantener el alto ritmo de la brasileña, que
estaba pletórica. Tras su victoria, Alessandra había agarrado a Jeff de la mano
y se lo había llevado a otra parte de la playa, donde habían hecho el amor
varias veces sobre la arena, antes de volver a la mansión y seguir fornicando
como conejos hasta el amanecer.
Alessandra no había dejado de hablar de su victoria sobre
Adriana, algo que excitó mucho al millonario, pero más a la propia modelo.
Además, Alessandra preguntó siempre sobre la portada de su revista, pero Jeff
logró evitar la pregunta con eróticos besos.
La mañana siguiente, las dos modelos estaban sentadas en las
sillas de maquillaje, en una playa cercana a la mansión. Sólo habían cruzado una
mirada al llegar, una mirada que Adriana no había podido sostener ante la
exultante sonrisa de Alessandra.
Ahora, la maquilladora se quejaba sobre el estado de ambas.
- ¡Estáis fatal! ¿No habéis dormido o qué? Tendré mucho que
tapar –dijo, viendo las evidencias de una larga noche sin dormir. Alessandra
volvió a sonreír, y miró de reojo a Adriana.
- Tras la fiesta de anoche, que fue bastante divertida
–Alessandra soltó entonces una carcajada, mirando descaradamente a Adriana-,
estuve con Jeff... divirtiéndonos más.
Adriana miró entonces a Alessandra, deseando que mintiera...
pero sabía que era verdad. Cuando una mujer ha sido satisfecha en la cama, se
nota en su cara, en su cuerpo. Y Alessandra lo estaba.
Por su parte, Adriana no dijo nada. Ella apenas había
dormido, ya que había estado sollozando gran parte de la noche. La derrota aún
le escocía en el orgullo. Y no sólo eso, aún se preguntaba cómo habían llegado a
aquello. Era duro para ella reconocer que había disfrutado con el duelo, al
mismo tiempo que le atemorizaba la derrota, como finalmente aconteció. Sin
embargo, también sabía que era demasiado tarde para volver a tras, y que debía
devolver a Alessandra el favor, y cuanto antes.
Por su parte, Alessandra sólo pensaba en la portada, y en su
victoria. Realmente había temido el cuerpo de Adriana, y durante la lucha había
pensado seriamente en la derrota. Pero finalmente se había impuesto, y ello le
daba un aura de seguridad y orgullo que nunca antes había sentido. Lo que aún no
sabía era que hacía aún en la isla Adriana: ella había pensado que huiría para
refugiarse en algún oscuro rincón de alguna lejana ciudad.
El momento de las fotografías llegó. Ambas posaban juntas,
ambas vestidas con el mismo bikini, elección de Jeff; una combinación de tres
colores: blanco, rojo y azul. Aunque había una ligera diferencia –por decisión
de Jeff también-; el bikini de Adriana era escotado, mientras que el de
Alessandra era de líneas más rectas y tapaba por completo su pecho. Esto molestó
a Alessandra, pero decidió no dar a su rival ningún motivo de mofa.
Juntas, ambas posaban de frente a la cámara. El fotógrafo les
pedía sus mejores miradas y poses, mientras Jeff, tras él, ordenaba
silenciosamente a todos que se tomasen el día libre. Tras esto, sonrió, y se
marchó, dejándolo solos al fotógrafo y a las dos modelos.
Mientras, ambas siguieron posando, una al lado de la otra. En
un momento dado, Alessandra empujó suavemente con su brazo izquierdo el brazo
derecho de Adriana. Ésta, aún pensando en la humillación de la noche anterior,
lo dejó pasar, mientras Alessandra sonreía: tenía su dominio asegurado. Así, dio
un segundo y leve empujón, inadvertido para el fotógrafo, y ésta vez Adriana
replicó con su propio golpe de brazo.
- Vaya, la gatita aún tiene uñas –sonrió Alessandra, mientras
ambas posaban con naturalidad ante la cámara. No querían ser interrumpidas o
descubiertas por el fotógrafo.
- Tengo más que uñas para ti, cariño –susurró con enojo
Adriana, y ambas se empujaron sutilmente con los brazos a la vez.
- Eso no es lo que vi anoche.
- Anoche tuviste suerte –gruñó Adriana, que volvió a chocar
con su brazo el de su oponente-. Golpeaste mi cabeza contra la pared, si no
sabes que no hubieras ganado.
- Excusas de perdedora –se enfadó ahora Alessandra. Pensaba
que la humillación había hundido a Adriana, pero la encontraba totalmente
desafiante-. Mis tetas destrozaron a las tuyas, y lo sabes.
- Si tus tetas son mejores ¿por qué me han dado el bikini
escotado a mí? –Adriana dio en el punto más doloroso para su rival.
- Ese bikini debería ser mío –ambas se empujaron de nuevo, y
colocaron sus brazos por detrás de la espalda rival, como si posaran juntas como
dos amigas cualesquiera. Sus manos bajaron al otro trasero, donde tantearon los
firmes culos rivales. Varios pellizcos fueron intercambiados, pero ninguno con
tanta fuerza como para quitar la sonrisa falsa ante la cámara.
- Esta noche, ven a mi habitación –mascullaron calientes
ambas al mismo tiempo, llenando sus manos con la carne del otro trasero y
dándose un último y duro estrujón.
- ¡Vaya! –dijo el fotógrafo. Ambas mujeres se asustaron al
pensar que habían sido descubiertas-. Alguien se ha llevado mis rollos
fotográficos, me he quedado sin fotos... ¿y dónde están todos? –se extrañó,
mirando tras de él-. Tendré que ir a la mansión a por más rollo fotográfico.
Esperadme aquí, no tardaré mucho.
El hombre se dio media vuelta, y se marchó a paso acelerado.
Las dos mujeres lo siguieron con la vista, hasta que se perdió por el camino a
la mansión. Y, entonces, se encararon con un brusco choque de cuerpos.
- Bien, parece que no tendré que esperar a esta noche –dijo
Alessandra, mientras ambas estrujaban juntas sus tetas.
- Vamos detrás de esas rocas –respondió Adriana, juntando su
frente con la de Alessandra y mirándola con odio.
Realmente ansiosa por devolver el favor a Alessandra, Adriana
casi corrió tras un conjunto de rocas que separaba la playa donde se encontraban
de la siguiente playa. Allí el fotógrafo no las vería al volver.
Y tan ansiosa como Adriana estaba Alessandra. Ella había
esperado ver hundida a la otra modelo, pero su desafiante actitud la había
sacado de quicio. Ahora volvería a demostrarle quien era la mejor de las dos.
Y más ansioso que ambas estaba Jeff, que tras unos árboles
observaba a ambas bellezas...
- No sé cómo te atreves a encararme otra vez, zorra –clamó
enojada Alessandra mientras ambas se circundaban lentamente en la arena-. Creo
que dejé todo claro anoche.
- La suerte no te acompañará esta vez, puta –replicó enfadada
Adriana.
- ¿Suerte? ¿Llamas suerte a mis tetas superiores?
- Si no hubieras golpeado mi cabeza contra la cabaña,
tramposa, no habrías ganado.
- De nuevo esa excusa... ¿no notaste como mis tetas
traspasaban las tuyas? –Alessandra se tocó ambos pechos con orgullo.
- Sólo noté como mis pechos aplastaban los tuyos –Adriana
señaló sus orbes con presunción-. Por cierto, sé que quieres este bikini...
- Sí, debería tenerlo yo –gruñó su rival.
- Pues entonces, juguemos a algo –Adriana echó las manos
atrás y empezó a desatarse el bikini. Alessandra abrió los ojos, sorprendida, y
también ansiosa, aunque esto no lo quería reconocer. Adriana lo desató entonces,
y lentamente liberó sus pechos. Alessandra no pudo evitar gruñir con envidia,
mientras Adriana arqueó su espalda suavemente y mostró sus pechos desnudos.
Alessandra los miró de arriba abajo, una y otra vez.
Redondos, llenos, firmes, morenos, perfectos. Sus oscuros pezones estaban duros
desde hacía muchos minutos, y apuntaban peligrosamente hacia Alessandra. Los
ojos café de una miraron los ojos azul-grisáceos de la otra, y Adriana sonrió
confiada.
- ¿Por qué ocultas aún tus pechitos Alessandra? ¿Miedo
quizás?
- Es pronto para creértelo Adriana –sonrió entonces
Alessandra, y empezó a desatarse el bikini con intencionada lentitud. Los ojos
de Adriana observaron los bamboleantes pechos de su rival con avidez, hasta que
éstos quedaron al aire. Adriana también gruñó con envidia: unos pechos tan
redondos como los suyos, tan llenos, tan firmes, algo menos morenos... pero tan
perfectos como los suyos. Como Adriana, los pezones de Alessandra destacaban por
la excitación de la modelo, y aparecían amenazantes ante Adriana.
- No están mal –dijo Adriana con un gesto de asco en sus
labios, gesto que Alessandra le devolvió.
- Las tuyas tampoco. ¿Cuál es el juego? –preguntó Alessandra.
Ni una ni otra quitaba sin embargo su vista de los otros pechos, buscando
cualquier defecto, cualquier debilidad.
- Éste –dijo Adriana, tirando el bikini a la arena, justo
entre ellas. Alessandra miró el bikini, y sonrió sabiendo qué iban a hacer. Así,
Alessandra lanzó a un lado su propio bikini, y puso sus manos en sus bellas
caderas.
- Esto será interesante –sonrió Alessandra.
- La que se ponga el bikini se quedará con él –sonrió
Adriana, cruzando sus brazos bajo su pecho y alzando su barbilla-. Por supuesto,
no podemos lastimarnos o sabrán qué ha pasado.
- Nada de puñetazos, ni codazos, ni patadas...
- Ni tirones de cabello. Sólo un poco de lucha cuerpo a
cuerpo, si te atreves...-desafió Adriana mirando a los ojos de su rival.
- La pregunta es... ¿te atreves tú? –Alessandra dio un paso
adelante, y Adriana hizo lo mismo.
Entonces, ambas saltaron hacia el bikini, alargando sus manos
hacia él y chocando cuerpo a cuerpo.
Jeff sonreía. No podía creer que su plan estuviera
funcionando tan bien. Mientras veía los semidesnudos cuerpos de Adriana Lima y
Alessandra Ambrosio rodar por la arena de la playa, mientras las veía gruñir,
sudar e insultar, el multimillonario pensaba en las ventas... pero no en las de
esa falsa revista que había anunciado.
Mientras Adriana y Alessandra se gritaban al unísono
"¡Puta!", Jeff bajó su mano a su entrepierna. Además de lo que estaba
preparando, tendría un poco de diversión extra por sí mismo.
- ¡Puta! –gritaron las dos bellezas a la vez, rodando
abrazadas a un lado y otro de la playa. La arena llenaba sus espectaculares
cuerpos, y el sudor hacía que ésta se pegase a ellos. El bikini había sido
tironeado varias veces, para acabar cayendo a un lado. Las modelos parecían
haberse olvidado de él, mientras quedaban estancadas sobre sus costados:
Alessandra sobre su lado derecho, y Adriana sobre su costado izquierdo. Ambas
tomaron rápidamente una bocanada de aire, y con sus brazos alrededor del otro
cuerpo, estrujaron con todas sus fuerzas.
Adriana y Alessandra gritaron de dolor. La compresión total
duró apenas un segundo, pero bastó para que sus columnas crujieran por la
presión de sus delgados brazos. Sus tetas se aplastaron de igual manera, con sus
pezones clavándose firmemente en la otra carne de pecho. Sus vientres se
soldaron juntos, y sus muslos y piernas lucharon por inmovilizarse mutuamente.
La lucha siguió, abrazadas, sobre sus costados, unos segundos
más, hasta que Alessandra logró empujar a Adriana y tumbarla, con ella encima.
Adriana intentó empujar a Alessandra para seguir rodando, pero Alessandra logró
inmovilizarla bajo ella.
- Parece que no eres rival para mí –masculló Alessandra,
mientras ambas estrujaban sus cuerpos con rabia y se miraban a los ojos con
odio.
- Soy más fuerte que tú –gruñó Adriana.
Tras estas palabras, Adriana, luchando y gimiendo
poderosamente, arqueó arriba su pelvis para intentar desalojar a Alessandra.
Ésta contradijo cada este ataque con su propia pelvis, al mismo tiempo que
empujaba con sus tetas abajo, intentando aplastar los pechos de Adriana, que
replicó empujando también con sus pechos arriba.
Así, pelvis contra pelvis, pechos contra pechos, las dos
bellas brasileñas batallaron duramente, sudorosas. Usando cada onza de fuerza,
Adriana comenzó lentamente a rodar encima de una sorprendida Alessandra. El
dolor en ambos cuerpos fue terrible, pues el contradecir cada empuje rival era
una agonía para cada músculo implicado. Además, sus endurecidos pezones
apuñalaban viciosamente, causando una asquerosa sensación de martirio en ellas.
Estaban abrazadas tan fuertes que desde la distancia, Jeff no sabía decir donde
acababa Alessandra y donde empezaba Adriana.
Tras una cantidad agonizante de tiempo, Adriana logró
finalmente hacer rodar sus cuerpos firmemente abrazados, quedando ella sobre su
rival. Ansiosamente, Adriana machacó sus tetas, su vientre y su entrepierna
profundamente sobre las contrapartes del cuerpo de Alessandra, como venganza.
- Realmente, tú no eres rival para mí –graznó Adriana.
- Esto no ha acabado aún, pronto estarás debajo mía de nuevo
–Alessandra estrujó con todas sus fuerzas el cuerpo de Adriana, luchando teta a
teta, vientre a vientre, pelvis a pelvis.
La lucha siguió, lenta y sudorosa, y muy gradualmente
Alessandra logró hacer que sus cuerpos volviesen a rodar sobre la arena. El
esfuerzo de Alessandra por hacerlas rodar y el de Adriana por inmovilizar a su
rival bajo ella hizo que ambas gritasen y gimiesen, entre jadeos, por el dolor y
el esfuerzo. Alessandra logró finalmente colocarse sobre Adriana de nuevo.
- Ya te dije que... –las palabras de Alessandra se cortaron,
ya que Adriana gritó con energía y rodó sobre Alessandra de un fuerte tirón.
- Y yo te dije que... –ahora fueron las palabras de Adriana
las que fueron interrumpidas tras un férreo tirón y el correspondiente grito de
esfuerzo de Alessandra, que las hizo rodar de nuevo por la calurosa playa.
Ambas modelos continuaron rodando repetidamente, muy
lentamente, bajo el sol. Luchando, gruñendo, jadeando, maldiciendo, sufriendo.
Sus tetas llevaban mucho tiempo atoradas juntas, y ello provocaba en ambas un
agudo dolor que empezaba a alcanzar niveles insoportables. Sus entrepiernas, a
pesar de estar tapadas por los bikinis, también estaban maltratadas por los
continuos choques y fricciones. Ásperamente, las brasileñas rodaron hasta quedar
cerca del bikini por el que luchaban.
Finalmente Adriana tuvo bastantes fuerzas de reserva para
inmovilizar a Alessandra bajo ella, y el combate tuvo una necesitada pausa.
Mejilla a mejilla, respiraron pesadamente, descansando con sus ojos cerrados y
sus bocas calientemente abiertas.
Adriana entonces alargó su brazo derecho hacia el bikini.
Alessandra notó su movimiento y agarró la muñeca de su rival.
- Zorra –jadeó sin fuerzas Adriana, y alzando levemente su
pecho, lo dejó caer sobre los orbes de su rival, causando un grito de asombro y
dolor a Alessandra, que soltó la muñeca de su oponente. Entonces Adriana, al ver
que su mano no alcanzaba el bikini, decidió demostrar a Alessandra que ella
también sabía jugar sucio. Aquí no había una pared para golpear la cabeza de su
contrincante, pero había algo en gran cantidad.
Así, Adriana cogió un montón de arena con su mano libre, y
sin dudarlo la estampó contra la boca abierta y jadeante de Alessandra. Ésta
gimió y tosió, con los ojos muy abiertos, ante la agresión, mientras su rival
aprovechaba para rodar lejos de ella y alcanzar el bikini.
Alessandra se sentó, aliviada por librarse del peso del
cuerpo de Adriana, pero tosiendo ahogadamente por la arena que había tragado, y
la cual escupía ahora. Adriana, viendo su oportunidad, se levantó tambaleante y
retrocedió, poniéndose el bikini lo más rápido posible.
Cuando Alessandra se levantó, algo recuperada, ya era tarde.
- He ganado furcia –sonrió Adriana entre jadeos.
- Maldita zorra tramposa –gruñó Alessandra, que volvió a
escupir arena mientras caminaba directa hacia la otra brasileña.
- Sólo te he devuelto lo que me diste anoche, pero si quieres
más, ven a por ello –Adriana se agachó levemente, flexionando sus rodillas y
extendiendo sus garras. Alessandra imitó su posición, y ambas empezaron a
circundarse. Ambas olvidaron que no debían herirse, pero ambas estaban tan
calientes por el largo combate cuerpo a cuerpo que sólo pensaban en destrozar a
la otra.
Al mismo tiempo, ambas patearon arena contra su rival, y
embistieron. Chocando cuerpo a cuerpo, las modelos gimieron de dolor. Los pechos
de Adriana, ahora cubiertos y reafirmados por el bikini, colisionaron contra las
desnudas tetas de Alessandra, y gracias a esa ventaja Alessandra cayó atrás, con
Adriana encima.
- ¡Esta te la debía! –gimió Adriana, que agarrando el cabello
de Alessandra, dio un duro tirón y ascendió su cuerpo, colocando enseguida sus
perfectos pechos sobre la boca y la nariz de Alessandra-. ¡Yo probé tus tetas,
ahora prueba tú las mías!
Alessandra gritó, pero su voz sonó amortiguada por las
asfixiantes tetas de Adriana. Mientras Adriana frotaba sus pechos a un lado y
otro, Alessandra pateaba el aire.
- ¡Chicas!, ¿dónde estáis? –se oyó entonces la voz del
fotógrafo.
- Un momento, ahora salimos. Teníamos que hacer nuestras
necesidades –dijo Adriana, que con una sonrisa se apartó de Alessandra. Ésta
quedó tirada en el suelo, jadeante, mientras Adriana se levantaba y con
sensuales movimientos, se marchaba del lugar.
- Zorra –jadeó Alessandra.
- Ya sabes... la portada será mía... y Jeff será mío también,
ahora –dijo Adriana, antes de desaparecer tras las rocas, dejando a Alessandra
derrotada, y sollozante. Y humillada.
La mañana fue increíble para Jeff. No sólo sus planes
marchaban bien, sino que había estado varias horas haciendo el amor con Adriana
Lima. La brasileña lo había llevado casi a empujones a su dormitorio, y allí
había hecho que el multimillonario se sintiera el hombre más feliz del mundo. El
hombre acabó destrozado, pero supo que no olvidaría la pasión de Adriana en su
vida.
Adriana le había contado con pelos y señales su victoria
sobre Alessandra, y Jeff, a pesar de haberlo visto con sus propios ojos, hizo
como si se hubiera enterado de la noticia en ese momento. Adriana nunca dejó de
hablar sobre su superioridad, y sobre la portada de la revista. Pero Jeff, como
hizo con Alessandra, ignoró ese tema.
Para esa tarde, Jeff decretó que las modelos fueran
fotografiadas por separado, en distintos lugares: mientras Alessandra Ambrosio
fue vestida como si fuera una salvaje mujer de la Prehistoria, y fotografiada en
una pequeña cueva de la isla, Adriana Lima vestía de Blancanieves, siendo
fotografiada en un bosque de altos árboles y verdes manzanas.
Las dos modelos, sin embargo, no dejaron de pensar en la
otra. Alessandra deseaba verla, para devolverle la derrota sufrida ese mismo
día. Quería volver a sentirse superior, como la noche anterior. Adriana, por
otro lado, deseaba ver a Alessandra para mofarse más aún de ella, de su derrota,
y para desempatar la cuenta. Pues, tanto una como otra, sabían que el tanteador
marcaba un claro empate a una humillación.
Y no había nada más importante para ellas que romper ese
equilibrio. Por ello, con ese pensamiento, ambas posaron más sensualmente y
calientes que nunca, pensando en qué harían a su rival, en cómo lo harían, y en
las mofas y los desprecios que dirían una vez hubieran logrado la humillación
rival.
Si alguna vez había existido realmente amistad entre ellas,
desde luego esta isla había acabado con ella.
Adriana Lima salió de la ducha, mientras la noche empezaba a
caer sobre la isla. Con la toalla enrollada alrededor de su sensual cuerpo, la
modelo se acercó al armario para elegir qué ropa ponerse.
Entonces, un ruido atrajo su atención. Mirando a la puerta,
vio como alguien había deslizado una llave por debajo de ella. Allí, plateada,
esperaba a ser recogida.
Adriana se agachó, y extrañada la recogió. Era una llave
similar a la que Jeff le había dado para su habitación. Y, como su llave, la
cual tenía inscrito el número de habitación que abría, ésta tenía su propia
inscripción tallada.
- 17 –murmuró Adriana, y entonces abrió los ojos, al
comprender de quién era esa habitación-. ¡Esa puta!
Muy enojada, Adriana dejó caer la toalla y fue hacia el
armario de nuevo, desnuda. Allí buscó el conjunto de ropa interior más sensual
que hubiera.
- Si esa zorra quiere guerra, la tendrá –masculló, escogiendo
un conjunto de lencería de seda azul, con sujetador, braguitas y un liguero a
juego. Vistiéndose lentamente, Adriana pensó en Alessandra, en su atrevimiento
para retarla. Y, también, con cierta excitación, pensó en el hecho de estar
totalmente a solas, en su habitación, con toda una noche por delante.
Terminándose de vestirse, Adriana se colocó unas medias
oscuras, y unos tacones de media altura. Finalmente, cubrió su cuerpo con una
gabardina, y sonrió ante la sorpresa que se llevaría su rival al verla descubrir
su cuerpo. Peinándose con prisas –pues la ansiedad podía con ella-, Adriana
salió del cuarto. Tras cerrar la puerta, caminó hacia la cercana habitación de
Alessandra: la número 17.
Adriana acercó la llave a la cerradura, y observó como su
mano temblaba. Las ansias y el nerviosismo se apoderaban de ella. Así, con
valor, metió la llave y con un chasquido, la puerta se abrió.
Adriana suspiró para calmarse, y entró con firmeza, queriendo
mostrar máxima seguridad ante Alessandra. Lo que no sabía es que Alessandra
también había tomado aire, y lo había expulsado sonoramente, al oír la llave
entrar en la cerradura. Sus nervios también estaban a flor de piel, a pesar de
ser ella la que había hecho el reto.
- Hola, Adriana –dijo con una voz inquebrantable Alessandra.
Adriana vio a su rival sentada en un largo sofá de
terciopelo. La recién llegada estudió con la vista la habitación –idéntica a la
suya, aunque con una decoración diferente: aquí los tonos rosados predominaban,
mientras que en su dormitorio destacaban los azules-. Al fondo podía ver la
cama, enorme, donde hacía un par de noches habían compartido una copa, y donde
ni una ni otra se había atrevido a dar un paso en la dirección en la que ahora
iban cuesta abajo y sin frenos. Esa noche Adriana apenas se había fijado en la
sala, y ahora lo hacía con el único objetivo de tranquilizarse antes de encarar
a Alessandra.
Al fin, fijó su bella mirada en ella. Sorprendida, la vio
vestida con una larga gabardina y unos tacones. Por la mirada de Alessandra,
tampoco ella esperaba ver a Adriana vestida así.
- Supongo que esta llave –Adriana levantó el objeto, y lo
tiró sobre una mesa-, llegó a mi habitación de casualidad... así que he venido a
devolvértela.
- Muy amable –sonrió Alessandra, mientras Adriana se detenía
junto a ella. Alessandra se levantó, y encaradas, ambas se miraron a los ojos
con firmeza-. Parece que hemos tenido la misma idea con las gabardinas.
- Así es –Adriana se lamió los labios en anticipación-. La
pregunta es... ¿qué encontraremos debajo?
- Veámoslo...
Alessandra dio un paso adelante, y agarrando el frente de la
gabardina de Adriana, dio un fuerte tirón para abrirla. Alessandra, consciente
de que Adriana mantenía sus bellos ojos azul-grisáceos fijos en su reacción,
supo ocultar sus pensamientos y mantener su cara imperturbable. Porque, en
realidad, lo que veía le quitaba el aliento, y le causaba una envidia –y,
también, un gran miedo- enorme. Así, Alessandra forzó su agraciado rostro para
mostrar una expresión de asco y repulsa.
Adriana, enojada por la mirada de Alessandra y su desprecio,
agarró con rapidez su gabardina, y la abrió sin miramientos. Como ocurrió con
Alessandra, ella tuvo que ocultar sus celos, sus temores, para no mostrarlos
ante su oponente, ante los preciosos ojos café que la observaban con firmeza.
Como venganza, su exótico rostro mostró tanto asco y desprecio como la cara de
Alessandra había mostrado poco antes.
Enojadas ambas ahora, tanto por la visión de tal estupendos
cuerpos como por la repulsa mostrada por la enemiga, las dos modelos terminaron
de quitarse sus propias gabardinas para mostrar en todo su esplendor sus
cuerpos. Frente al conjunto azul de Adriana, Alessandra exhibía unas bragas, un
sostén y un liguero rojos; y como Adriana, también cubría sus sensuales piernas
con unas medias oscuras, y calzaba unos tacones.
- Voy a quitarte esa cara de asco enseguida puta –susurraron
a la vez, con el mismo tono mortífero, yendo directas al grano. El que ambas
dijeran la misma frase, tras vestirse prácticamente igual, las enojó. No sólo
tenían enfrente a una gran belleza, sino que además tenían los mismos
pensamientos. Esto era demasiado para ambas.
- Tú ya me propusiste un juego en la playa –gruñó con odio
Alessandra-. Ahora soy yo la que te propongo otro juego distinto.
- Dispara –Adriana clavó sus bellos ojos en Alessandra, con
atención y envidia.
- Tú y yo, luchando cuerpo a cuerpo en la cama, hasta que una
logre fijar la espalda de la otra durante tres segundos -dijo Alessandra,
pensando en el duelo que habían tenido en la playa, recordando sus cuerpos
rodando muy juntos-. Por supuesto, sin golpes, pues cualquier moratón acabaría
con nuestras carreras.
- Me gusta la idea. ¿Qué te parece si para la cuenta usamos
la palabra "humillación"? –sonrió Adriana, segura de sí misma.
- Me parece perfecto –sonrió con la misma seguridad
Alessandra.
Y, en ese momento, aunque ninguna podía oírlo, un "clic" hizo
que un par de cámaras ocultas empezasen a grabar lo que acontecía en la
habitación. El botón había sido apretado, y el plan maestro de Jeff Hunter
empezaba...
- ¡Estarás fijada en unos segundos puta! –gruñó Adriana.
- ¡En tus sueños zorra! –replicó Alessandra.
En el centro de la cama tamaño reina, arrodilladas, las dos
modelos en ropa interior forcejeaban, con los dedos de sus manos entrelazados
fuertemente y sus pechos aplastados totalmente juntos. Llevaban así poco más de
dos minutos, sin avanzar ni retroceder desde que el combate empezase.
Sus caras estaban frente a frente, con sus ojos observándose
desde muy cerca, como a ambas le gustaba. Y sus bellos labios no dejaban de
rozarse, mientras sus narices se molían juntas, batallando al igual que lo
hacían sus pechos y sus vientres, y sus tensos brazos.
- ¡Furcia barata! – susurraron al unísono, y en ese momento,
con una gran explosión de fuerza y un gemido de esfuerzo y dolor, Alessandra
derribó a Adriana.
Cayendo sobre la suave superficie del colchón de la cama,
Adriana jadeó al sentir el peso del cuerpo –y de las tetas- de Alessandra caer
sobre ella. Con sus manos entrelazadas aún, las dos pelearon entre jadeos y
gruñidos, una por escapar y otra por fijar. Sus piernas tomaron un papel
fundamental en la lucha ahora, y las cuatro se adhirieron como serpientes. Sus
tetas, cubiertas por sostenes, se frotaron mutuamente, calentando a ambas.
Finalmente, Alessandra fijó totalmente la espalda de Adriana
sobre la cama, y comenzó la cuenta:
- Una humillación, dos hu...
Adriana logró empujar su espalda arriba, y al mismo tiempo
desequilibró a Alessandra, que cayó de costado al lado de su oponente. Adriana
no perdió tiempo y se empujó sobre ella. A pesar de la oposición de Alessandra,
Adriana logró colocarse sobre ella, y ambas volvieron a repetir el duelo de
segundos antes, pero con las posiciones invertidas.
Los jadeos, los gemidos y las quejas aumentaron de intensidad
mientras el duro y angustioso duelo siguió tomando su peaje en ambas. El sudor
empezó a caer de sus perfectos cuerpos, y poco después Adriana lograba fijar a
Alessandra, usando sobre todo sus tetas para aplastar los pechos de la otra
modelo.
- Una humillación, dos humilla...
Pero la cuenta de Adriana fue interrumpida por un duro
empujón de Alessandra, que lanzó a su enemiga a un lado. Separándose por primera
vez, las dos brasileñas rodaron, cada una a un lado.
Sin perder un segundo, las dos se arrodillaron y saltaron
contra la otra, enlazando de nuevo sus dedos juntos y estampando con ansia sus
redondos orbes juntos en una sonora bofetada. Gruñendo de dolor por el golpe de
cuerpos, ambas juntaron sus frentes y, observándose con odio directamente a los
ojos, empezaron a empujar para derribar a la otra.
- ¡Debimos haber resuelto esto hace tiempo Adriana! –jadeó
Alessandra, tomando algo de ventaja.
- ¡Cierto Alessandra, nunca reconocimos nuestra rivalidad!
–gruñó Adriana, que recuperó los centímetros perdidos-. ¡Pero ahora que esto ha
salido, lo acabaremos!
- ¡Zorra! –replicó Alessandra, notando como Adriana tomaba
ahora una leve ventaja-. ¡Seré yo la que lo acabe, y me proclamaré la brasileña
más sensual del mundo!
- ¡Furcia! –jadeó Adriana, mientras su oponente recuperaba
terreno y el duelo volvía a quedar empatado-. ¡Yo soy la brasileña más sensual!
¡No, soy la mujer más sensual del mundo!
- ¡Asquerosa engreída, yo lo soy, y te lo demostraré!
- ¡Maldita arrogante, demuéstramelo!
Con sus últimas palabras, Adriana gritó con fuerza y logró
derribar a Alessandra. Ahora fue el turno de ésta para jadear ante el peso del
cuerpo –y de los pechos- de Adriana.
En el colchón la lucha se encendió, alcanzando gran
intensidad, pero con Adriana siempre sobre Alessandra. Manos, pechos, vientres,
ingles, muslos y piernas batallaron muy estrechamente, sudorosos.
- ¡Te tengo! –masculló Adriana, logrando inmovilizar un
segundo después de sus palabras a Alessandra-. ¡Una humillación, dos
humillaciones, tres...!
- ¡No! –gritó Alessandra, que se empujó a sí misma hacia
arriba y derribó a Adriana, cayendo sobre ella-. ¡Eres mía!
Alessandra empujó su cuerpo sobre el de Adriana, y ambas
batallaron cercanamente durante un intenso minuto, momento en el que Adriana
quedó fijada bajo el curvilíneo cuerpo de Alessandra.
- ¡Una humillación, dos humillaciones, tres humi...!
Pero, de nuevo, una nueva cuenta fue frustrada con un nuevo
empujón. La fuerza de éste logró hacer que ambas modelos rodasen abrazadas por
el colchón. Ninguna pudo frenar el impetuoso duelo, y cayeron duramente al
suelo. Sin embargo, el golpe no las separó, aunque las hizo gemir doloridas.
Decididas a acabar la pelea, aunque fuera en el frío suelo,
las dos bellezas apretaron sus abrazos y, estrujándose cuerpo a cuerpo, rodaron
a un lado y otro. Sin aire, y agotadas por el esfuerzo, fueron lentamente
rodando con mayor lentitud. Constantemente lograban fijar a la otra, logrando
contar una o dos humillaciones, y en alguna ocasión casi tres, pero ninguno pudo
imponerse.
Frustradas, Adriana y Alessandra quedaron finalmente sobre
sus costados, abrazadas aún. Ardiendo por el constante frotamiento de sus
sudorosos cuerpos, ambas juntaron sus ingles inconscientemente, y bajo sus
ligueros y bragas las dos modelos brasileñas notaron un cosquilleo placentero.
Sin pensar en lo que hacían, ambas empezaron a frotar sus entrepiernas juntas,
jadeantes, lentamente. Perdidas, con una neblina que cubría sus mentes, ambas
lanzaron sus labios adelante, y se besaron suavemente mientras frotaban ahora
también sus orgullosos pechos.
Y, cuando Alessandra empezaba a sacar su lengua, el teléfono
sonó.
Fue como un inoportuno despertador. Ambas se empujaron a la
vez, con asco, y quedaron sentadas en el suelo. Jadeando, sudando, y ardiendo,
ambas se miraron, sorprendidas de lo que habían hecho. El teléfono siguió
sonando.
Alessandra se levantó, sin dejar de mirar a Adriana a los
ojos. Entonces agarró el teléfono, y esperó unos segundos para recuperar su
aliento.
- ¿Sí? –dijo la modelo, y tuvo que callar enseguida para no
jadear. Mientras la mujer atendía silenciosamente la llamada, Adriana se levantó
y se sentó en la cama, agotada, mientras calmaba su caliente cuerpo. La
brasileña no pudo dejar de mirar el curvilíneo y sudoroso cuerpo de Alessandra,
de arriba a abajo, mientras ésta contestaba con monosílabos a la llamada.
Realmente no entendía qué había pasado: estaba peleando con su rival más odiada,
cuerpo a cuerpo, queriendo demostrarle que ella era la mejor... y entonces...
habían empezado a follarse mutuamente, y a besarse.
Realmente a ella no le atraían las mujeres. Estaba segura de
eso. ¿Entonces qué había pasado ahí? Viendo a Alessandra colgar el teléfono,
Adriana soltó su frustración y confusión en unas duras palabras dirigidas a
Alessandra:
- Jodida lesbiana de mierda –masculló, y se levantó.
- Tú eres la puta lesbiana, zorra –gruñó Alessandra, mirando
a Adriana de arriba a abajo-. Si vuelves a poner tu coño contra el mío...
- ¿Qué vas a hacer? –desafió Adriana.
- Mejor no quieras saberlo –replicó con seguridad Alessandra.
Las dos bellas brasileñas quedaron inmóviles, mirándose a los
ojos directamente, en una clara pugna de voluntades. Los ojos café de Alessandra
Ambrosio se entrecerraron levemente al mismo tiempo que lo hacían los ojos
azul-grisáceos de Adriana Lima.
- Me ha llamado la secretaria de Jeff para que bajemos a una
fiesta en la que habrá importantes hombres de negocios venidos de todo el mundo
–empezó a decir Alessandra-. Te han llamado, pero no estabas en tu habitación...
- Estaba ocupada dándole una lección a una zorra –masculló
Adriana.
- Ha sido más bien al revés, puta –gruñó Alessandra, que
siguió hablando de la llamada-. Pues bien, es obligatoria nuestra presencia. De
hecho, ya llegamos tarde.
- Bien, pues allí estaré. Arréglate todo lo que puedas –dijo
con odio Adriana, mirando de arriba a abajo a su rival-, porque voy a
demostrarte ante todos que soy la más bella de las dos.
- Seré yo la que atraiga más miradas, foca –respondió con
enfado Alessandra-. No necesito vestir como una vulgar zorra y enseñar mis tetas
para quedar por encima de ti.
- No seré yo la que vista así, vaca. Te demostraré que puedo
vestir elegantemente, sin escote ni falda, y llamar más la atención que tú.
- Bien, pues que así sea –aceptó el reto Alessandra-. Sin
escote alguno, ni falda. Veremos quién es la reina esta noche.
- Estoy impaciente.
Jeff estaba realmente enojado. Había preparado esa fiesta con
una clara intención; la misma intención con la que llevaba maquinando todo desde
hacía días, incluso antes de que las modelos llegasen a la isla. Incluso había
mandado preparar dos trajes de noche idénticos para las mujeres, como había
hecho varias veces ya, como continuidad de su plan. Pero los acontecimientos
habían ido más rápido de lo que esperaba, y a través de sus cámaras ocultas
había visto a Alessandra dejando una llave en la habitación de Adriana como
claro desafío, y como ésta había ido al encuentro de su compatriota.
La fiesta ya no importaba, pues las piezas se movían solas en
la dirección que él quería. La dirección que él había marcado, el camino hacia
donde él las había empujado sutilmente.
Pero no había contado con su efectiva secretaria. La llamada
de ésta avisando a las modelos de la fiesta interrumpió el duelo cuando más
interesante se ponía. Con un gruñido, Jeff Hunter apagó la grabación de sus
cámaras. Y, poco a poco, se fue calmando. Había sido su error no avisar a su
secretaria, pero aún las piezas estaban en su sitio.
Levantándose, Jeff se dirigió a la fiesta, donde tendría los
ojos muy abiertos. Antes de irse, y tras pulsar varios botones, dejó las cámaras
de la fiesta grabando...
Alessandra Ambrosio salió de su habitación, espectacular.
Aunque un empleado había traído un bello vestido de noche oscuro, regalo de
Jeff, Alessandra no había querido aceptarlo. Intuía que Adriana había recibido
otro igual –Jeff lo había hecho varias veces antes, y suponía que ahora no sería
diferente-, y por lo tanto había buscado en el gran armario de su habitación,
lleno de todo tipo de ropa cara.
Tras cerrar la puerta, la brasileña avanzó hacia la
majestuosa escalera que daba al gran salón de la mansión, donde la fiesta se
celebraba desde hacia una hora. Queriendo aparecer espectacularmente, Alessandra
se detuvo en lo alto de ésta, esperando llamar la suficiente atención para
empezar a descender.
Y así empezó a hacerlo no mucho después, con paso
deliberadamente lento. Con unos cómodos zapatos, la modelo portaba unos
elegantes pantalones violetas, ajustados perfectamente a su figura con un
sencillo cinturón fino. Su blusa sin mangas rosa, y brillante, se adaptaba
perfectamente a su bello torso superior, con los pechos empujando hacia fuera de
la blusa. Un cuello alto y cerrado daba paso a un bellísimo rostro maquillado
suavemente: unos labios rojos, unos ojos delineados de negro, unas cejas finas y
un cutis perfecto, todo enmarcado por un cabello castaño y muy liso, dividido en
dos por una raya casi central.
Los comentarios –entre susurros o en clara voz- llegaron a
oídos de la modelo brasileña, que orgullosamente descendió mientras buscaba con
la mirada a Adriana. Sin embargo, no la encontró, aunque sus ojos se cruzaron
con los de Jeff, que la miraba embelesado. Incluso Alessandra diría que la
miraba con otros ojos, casi como si supiera su secreto más oculto.
Y, justo cuando llegó al final de le escalera, cuando
Alessandra esperaba ser avasallada por los numerosos hombres de la fiesta, la
atención de los presentes se dirigió arriba, de nuevo a la zona más alta de la
escalera.
Alessandra volvió su cabeza, y allí, increíblemente bella,
estaba Adriana Lima. Alessandra frunció el entrecejo, enojada. Y frustrada.
Adriana había esperado intencionadamente a que Alessandra llegase primero, para
ahora robarle la atención ganada. Mientras empezó a descender con parsimonia,
Alessandra la observó, notando como una bilis venenosa de odio y envidia surgía
de su garganta.
Adriana iba tan elegante como Alessandra. Calzada con zapatos
negros, vestía unos pantalones oscuros y ajustados, mantenidos en su sitio por
un exquisito cinto. Una blusa fina, de cortas mangas, y de tono verde refulgente
envolvía delicadamente su curvilíneo cuerpo y su llamativo y destacado pecho.
Con un cuello alto y cerrado, idéntico al de Alessandra, la belleza de la
brasileña se completaba con un exótico rostro bien maquillado, con labios
pintados de rosa, ojos resaltados con negro, pestañas realzadas y suave cutis
sin errores. Su cabello negro, con raya a la derecha, caía lisamente sobre sus
hombros, y más allá.
Adriana miró a un lado y otro, creciéndose ante los elogios
que oía. Incluso Jeff parecía sorprendido ante la elegancia y belleza
desprendida por la modelo, aunque ella también notó que Jeff sabía más de ella
de lo que creía. Casi al final de su triunfal descenso, Adriana vio a
Alessandra. Sus ojos mantuvieron una desafiante mirada, como Adriana se acercó a
ella, al pie de la escalera.
- Creo que ya tenemos ganadora –masculló en voz baja Adriana,
mientras ambas se encaraban junto al primer escalón.
- De eso nada, tramposa –susurró Alessandra-. Esto acaba de
empezar. Yo no necesito trucos baratos para llamar la atención.
Mirándose de arriba a abajo durante unos tensos segundos,
ambas bellezas se separaron con una mueca de desprecio ante la visión de la
belleza y elegancia de la rival. Jeff, que las observó a distancia sonrió.
Quizás, después de todo, su secretaria no lo había hecho tan mal, pues la
rivalidad entre las brasileñas aumentaba más y más, acercándose a la ignición
final.
Una hora después, la fiesta estaba en su apogeo. Mientras
varios fotógrafos contratados por Hunter inmortalizaban el evento, los numerosos
hombres de negocios negociaban pactos, traspasos, rupturas, compras y ventas.
Los camareros y las camareras no dejaban de ir y venir con copas de caro vino
importado de Europa, de exóticos y olorosos licores de las Américas y, como no,
del omnipresente y clásico champagne francés. Los canapés no podían faltar, y
fueron consumidos por los finos –y no tan finos- paladares de la fiesta.
Y entre tanto gris y negro, el verde de Adriana Lima y el
rosa de Alessandra Ambrosio brillaron como estrellas en una oscura noche
sombría. Las mujeres repartieron lindas sonrisas aquí y allá, afectuosos abrazos
a importante hombres de negocios y gráciles miradas a los hombres más jóvenes.
Ambas temblaron interiormente de envidia al oír comentarios sobre la belleza,
elegancia o sensualidad de la otra modelo brasileña, y más aún cuando la gente
se lo comentaba directamente, como dando por sentado que eran amigas. Buenas
amigas.
El simple hecho de estar compitiendo indirectamente las
estaba calentado muchísimo: las brasileñas notaban un ardor en su interior,
ardor que aumentaba al ver la curvilínea y destacada figura de la otra mujer,
deslumbrando entre tanto hombre enchaquetado. Tanto era ese hervor interior, que
ambas desearon fervientemente agarrar a la otra del cabello y arrojarla al suelo
para destrozarla. Pero ambas supieron controlarse, y seguir en el juego de
obtener atenciones, intercambiando sólo alguna mirada iracunda de vez en cuando.
Adriana terminó de hablar con un joven empresario muy
apuesto, cuando se giró para coger una copa de champagne. Entonces vio a
Alessandra, cerca de la salida al jardín, hablando con Jeff. Ambos estaban, al
parecer, muy acaramelados. El corazón de Adriana empezó a latir muy rápido, con
enojo. Desde luego, hasta ese momento podía decirse que a