Seguía contoneándome según veía la cara de gusto que iba
poniendo. Luego se puso de pie y fue hasta donde estaba, al ver que aun lloraba,
beso mis mejillas adoloridas y me susurro al oído:
-Si quieres que te mire con lascivia, con gusto lo haré, pero
debes prometerme algo.
Lo escuche atentamente, mi corazón palpitaba a mil, no sabia
que esperar en ese momento.
-Quiero que seas mi puta. Todo lo que te pida así lo harás.
A todo esto acariciaba mi cabello con una mano y mi cintura
con otra.
-Serás una niña obediente, te enseñare cosas que nunca antes
has experimentado. ¿Qué dices?
Transcurrieron al menos cinco minutos antes de darle
respuesta, pero tenia un buen punto, si quería que me viese con esos ojos, iba
tener que darle algo a cambio.
-Esta bien- dije en tono muy sumiso.
-Así me gusta. Ahora ven aquí.
Me tumbo en la cama y separo mis piernas. Empezó a besar mis
muslos, los chupaba, los mordía. Disfrutaba cada centímetro, los aprisionaba
fuertemente con sus manos hasta hacerme sentir dolor. Mis quejidos lejos de
hacerle parar lo excitaban, me daba cuenta por lo erecto de su verga.
Luego acercó su rostro al mío y empezó a besar mis labios,
mis orejas, mi cuello. Sentía como ya estaba húmeda y sin perder tiempo
introducía uno y dos dedos dentro mi chocha. Mis quejidos aumentaban. El los
trataba de meter más a fondo. Lo disfrutaba.
-Eres hermosa ¿Sabes? No sé a qué hombre no se le ocurriría
cojerte o hacerte sentir placer, eres toda una gatita.- me susurraba al oído, al
compás de que me cojia con sus dedos.
La intensidad de sus arremetidas era cada vez más fuerte, a
tal punto que empezaba a dolerme.
-Por favor, me estas haciendo daño, para.
-Cállate puta. Haré lo que quiera contigo. Ya vas a ver lo
que es bueno.
No se por que, pero mientras mas perro era conmigo, mas
placer sentía aunque me doliera.
-Es mas, para que veas lo buen novio que soy contigo te
dejaré tranquila.
Media desorbitada, me sentí un poco aliviada, pero
confundida. Algo no andaba bien.
-Me voy, tengo que reunirme con mis amigos hoy.
Algo dentro de mí decía que no podía dejarlo ir y mucho menos
con esa erección entre las piernas.
-Espera...- Alcance a decirle justo cuando estaba en el marco
de la puerta.
-Haré lo que me pidas. Te lo prometo.
Sin decir una palabra se acercó a mí, me tomo del cabello y
me dio un beso con lengua, de esos que te hacen babear.
-Mi amor, quiero culearte- Me dijo con una voz jadeante y
suplicante.
Nunca imagine que a él le gustaran ese tipo de cosas, siempre
en el sexo había sido muy tradicional. Pero si fue capaz de abofetearme, ¿De que
más no seria capaz mi novio?
-Nunca me lo han hecho- Le conteste con cierto temor.
-Está bien, no te preocupes, te va gustar- decía con cara de
malicia.
Me puso en cuatro patas sobre la cama y empezó a lamerme el
culo. Nunca me había hecho eso antes, se sentía diferente pero rico.
No podía dejar de gemir, me encantaban los lengüetazos que mi
novio me daba en el culo, me hacia sentir bien puta, su puta.
Entonces, con mis fluidos y su saliva lubrico su verga. Sentí
como empezó a meterme la puntita.
-Ouch- alcance a decir.
Me cacheteaba las nalgas con su mano derecha mientras me
bombeaba.
-Que culo más delicioso tienes, bien apretadito. Te voy a
coger bien rico.
Podía escuchar sus gemidos, mientras yo soportaba cada
bombeo, y su verga estaba cada vez mas adentro. Una vez la metió toda, así mismo
la sacó. Sentí un dolor punzante en mi ano.
-Ay ya por favor, me duele, Duch.
Pero el seguía bombeando, metiendo y sacando, ahora mas
rápido y mientras lo hacia, pellizcaba mis nalgas.
Sentir como jadeaba y el gusto que estaba sintiendo, me
excitaron bastante, en el fondo me daba satisfacción saber que mi hombre se iba
a correr como un animal porque me culeaba. Así que no le dije nada y le deje
hacer.
-Sigue papi, sigue- Decía entre jadeos.
Sus embestidas se volvieron más profundas y más rápidas.
Sentía mi ano destrozado, pero más pudo mi interés de que se corriera que mi
propio dolor.
-Así putica, que rico tu culo apretadito, me vas a sacar toda
la leche.
Entonces apreté un poco más el ano y no paso más de un minuto
hasta que sentí como un líquido caliente llenaba mi interior. El jadeaba del
gusto, las piernas empezaron a flaquearle, no podía sostenerse. Esperó a que su
pene estuviese flácido para sacarlo de mi culo. Cuando lo hizo sentía como si me
hubiesen partido en dos.
Me tumbé en la cama de espaldas y así lo hizo él también. La
luz de la luna se filtraba por las persianas de la habitación. Podía apreciar
las gotas de sudor en su pecho, su pubis mojado con sus fluidos y los míos.
Luego, por ninguna razón en específico, más bien por instinto
me acerque a él y le dije:
-¿Soy tu puta verdad?
El, sonriente y divertido por mi pregunta me contestó:
-Lo eres. Te dejaste culear como toda una experta.
No pude evitar sonreír maliciosamente.
Continuará.