Capítulo IV
Pame… Pamela… amor… ¿qué… qué te hicieron mi vida? – yo
solo negué con la cabeza sin poder articular palabra, Fernando insistió.
Nada… no me hizo nada más…
Pero… ¿entonces?
Me paseó por la ciudad… me… me dijo un montón de cosas…
¿Qué cosas?
Que… que me convertiría en una perra viciosa y adicta a
él… – entonces rompí en un llanto incontrolable, lleno de dolor y de
vergüenza.
¡Nunca debimos hacer esto, jamás debimos entregarnos a
ese degenerado de mierda!
No, era inevitable, – le respondí casi sin voz, él se
sorprendió – solo así podíamos salvar a Fernandito… si tengo que degradarme
hasta los extremos por él, lo haré con gusto… – mi esposo vio en mis ojos,
bañados en llanto, una firme resolución, y los suyos vi duda y confusión,
Fernando hubiese querido decirme algo, pero no habían palabras; yo seguí –
Fer, quiero pedirte algo… 2 cosas… – le dije.
¿Cuáles amor, lo que querrás?
Recordá que siempre, no importa lo que pase, te amaré
como una loca…
Yo también mi vida… te amaré hasta después de muerto… ¿y
la otra cosa? – cerré los ojos e hizo una pausa para tomar fuerzas y poder
continuar.
Fernando, por favor… nunca me vayás a preguntar sobre las
cosas que me haga el negro… sean lo que sean, no quiero que lo sepás…
¡¿Cómo?, pero me lo tenés que contar, para eso soy tu
esposo! ¡"En las buenas y en las malas", ¿todavía te acordás de eso?!
¡No tenés que ser hiriente! – le dije llorando, pero
debía comprenderlo, tampoco era fácil para él – No se me ha olvidado, pero
no es tan fácil… no tenés idea de la vergüenza que siento ahora.
Es que necesito saberlo amor… – me dijo más calmado.
¡¿Y para qué, qué va a cambiar?! ¡Eso no hará las cosas
más fáciles ni las arreglará!
¡Pero yo lo necesito saber!
¡Y yo necesito que no lo sepás! ¡No quiero que lo sepás,
no soportaría la vergüenza!
¿Fue acaso algo tan sucio y asqueroso?
Dejarme tocar y poseer por un desgraciado que no es mi
esposo es suficientemente sucio y asqueroso para mi… – me dio la vuelta y
salí envuelta en llanto, pero haciéndome la enojada para que no siguiera.
Trató de detenerme pero no lo dejé, me metí al baño dejándolo
sentado en la cama, confuso y furioso, creo que lo dejé peor de cómo lo
encontré. Sabía que no lo convencerían mis razones, que a él lo mataba más la
duda que la verdad, pero era necesario e inevitable que se sintiera así ahora.
Por mi parte me metí bajo la ducha y abrí el grifo, dejé que el agua fría
recorriera mi cuerpo lavándome de la podredumbre que ese hombre me dejó encima.
Además, el ruido de la regadera amortiguaba mis incontrolables sollozos, esa
noche le había dicho la mentira más grande de mi vida al hombre que más he amado
y que no he podido, ni podré, olvidar… me quería morir.
No le dije ni siquiera a qué hora había vuelto, nada,
sencillamente al día siguiente hicimos como si nada hubiese pasado, aunque con
una frialdad entre los 2 que jamás había existido, se me hacía insoportable. Era
domingo y nos quedamos en la casa junto a nuestros hijos, al día siguiente él
salió de nuevo salí a buscar trabajo, ahora se sentía más presionado. Yo me
quedé en la casa, tratando de que los quehaceres me sacaran de la realidad, una
realidad dura de la que quería salir huyendo… pero Davidson no me dejaría.
¿Aló? – dije, contestando el teléfono.
Buenos días señora, le habla Marvin Batres… – me dijo y
me estremecí.
…-… – me quedé sin habla por un minuto.
Buenos días… ¿está allí Pamela?
Si… bueno… buenos días… – le respondí.
Espero que haya dormido bien para esta mañana…
¿Cómo dice?
Que espero que haya dormido bien… pasaré por usted en 30
minutos…
¿Qué, cómo dice?
¡Bueno, ¿es usted sorda o solo se está haciendo la
estúpida?! ¿Escuchó lo que le acabo de decir mujer?
¡Pero… ¿qué tiene que estar pasando por mi usted?! ¡Mi
trato es con el Sr. Davidson!
Si cree que soy tan estúpido de contactarla a espaldas de
mi jefe, está muy equivocada, no me conoce ni lo conoce a él.
Entonces… ¿el Sr. Davidson está al tanto de esto?
¡Claro que si, ¿no se lo estoy diciendo?!
Pero… pensé que…
…¿qué solo con él lo tendría que hacer? Mire señora, me
esté colmando la paciencia, de verdad, no me entra en la cabeza que usted
pueda ser tan imbécil. Usted es propiedad del señor James Davidson, ¡que se
le meta en la cabeza de una vez! Él puede dársela a quien se le de la puta
gana, incluyéndome a mi. – tragué saliva, tenía ganas de llorar – El día de
hoy va a comenzar su doma y adiestramiento…
¿Doma y adiestramiento, como si fuera un animal?
Señora Lozano… US-TED-ES-UN-A-NI-MAL, dejó de ser persona
desde el momento en que aceptó el trato de mi patrón. Pero no sé porqué
pierdo saliva con usted, en 30 minutos pasó por usted y más le vale estar
lista, porque de esta sesión voy a levantar un reporte que el Sr. Davidson
leerá muy detenidamente. Debe estar vestida con la ropa más provocativa que
tenga, no importa si raya en lo vulgar. Y recuerde que el destino de su hijo
y de su marido está en sus manos… – clanc, me colgó.
¡Qué hombre tan imbécil y qué mala suerte la mía! Me quedé
paralizada por unos 5 minutos, no atinaba a hacer algo, hasta que en mi mente
retumbaron sus palabras, "…recuerde que el destino de su hijo y de su marido
está en sus manos…". No había nada más qué pensar, corría al baño y me duche a
mil por hora, luego me puse lo primero que encontré, justo en ese momento
tocaron el timbre.
Bajé rápidamente y me encontré con Marvin de pié en la
entrada, me saludo cortésmente y me indicó que subiéramos a su vehículo. No me
dijo nada en todo el camino, yo tampoco me atreví a romper el silencio, iba casi
temblando y muy asustada, no sabía lo que ese tipo iba a hacerme con eso de mi
"doma y adiestramiento". Llegamos a un motel y entramos al cuarto, el portón
eléctrico se cerró detrás de nosotros.
Entremos a la habitación… allí podremos hablar… – así lo
hicimos, inmediatamente me comenzó a hablar – Bueno Pamela, debo decir que
me siento defraudado de este primer encuentro, usted no hizo lo que le pedí.
Pero…
¡Sin peros, acostúmbrese a hablar solo cuando se le
indique! Le pedí que se vistiera con la ropa más provocativa que tuviera,
sin importar que rayara en lo vulgar, ¿qué pasó?
No tengo ropa provocativa, – eso era cierto, siempre fui
recatada y en vestir – pero no me puse brasier… – dije para defenderme.
Eso es irrelevante si viene como una monja… – no iba como
una monja, pero distaba mucho de verme provocativa, tenía una blusa de
tirantes verde y una falda a medio muslo anaranjada, aparte no me dio tiempo
de maquillarme – tendrá que conseguir ropa digna de la perra viciosa y sucia
que es usted.
No tenemos dinero para comprar nada…
No importa, tiene suerte que el Sr. Davidson cuide bien
de sus animales… ahora bien, espero que no le tenga que explicar que el
proceso de doma y adiestramiento también conlleva castigos cuando usted
incurra en alguna falta…
En ese instante, la cara de Marvin Batres cambió, de la
parquedad y gris formalidad del principio, a un gesto raro, famélico para
decirlo en una sola palabra, en que me veía de pies a cabeza con los ojos muy
abiertos y casi comiéndome viva. Se me acercó y no se fue con delicadezas,
empezó a manosearme, agarrándome los senos y las nalgas. Yo entré en una especie
de estado de shock, no atinaba a hacer nada. El tipo me despojó de la ropa que
dejó tirada en el suelo, por segunda vez en mi vida iba a ser poseída por un
hombre que no era mi marido. Me jaló y se sentó en la orilla de la cama, me
obligó a sentarme en sus piernas.
¡Ah, perra maldita! ¡Vas a aprender a contestar las
mierdas que te preguntan rápido y sin vacilar! ¡Y también a cumplir con tus
órdenes siempre! – ¡zap, zap!, me dio 2 fuertes nalgadas – ¡¿Entendiste
perra?! – asentí con miedo.
Ese topo inmundo me dio otros 2 fuertes azotes en el culo y
yo estaba casi temblando, ¿qué hice, con quién me metí? Luego me jaló del pelo
con una mano y me estampó el beso más sucio que he probado, ni siquiera se lavó
los dientes el infeliz. "Sos una ramera", me decía a cada rato, metiéndome la
mano entre las piernas y empezando a restregarme el sexo, metiéndome los dedos
sin ninguna delicadeza, como si estuviera hecho de hule. Luego se los llevaba a
la boca y los saboreaba. "Sabés a hembra caliente, perra, a hembra en celo"
decía. Súbitamente se levantó y me tiró al piso, se bajó el pantalón y el bóxer
dejando a la vista una densa mata de pelos negros y desordenados, en medio de
los cuales, había una verga ya en pié de guerra, larga, gorda y dura, estaba
bien dotado el hijo de puta.
Ramera, chupámela… – me ordenó y volvió a sentarse.
No iba a darle más razones para pegarme, así que arrodillada
me acerqué y me metí su verga en la boca para chupársela como si fuera un
caramelo, succionando al mismo tiempo que le pasaba la lengua sobre el glande,
me imaginé que así podría gustarle.
¡Perra de mierda, qué rico, se ve que te encanta, hija de
puta… amante de las vergas!
Su glande era grueso y ancho como un hongo, me concentré en
él, lo lamía como un helado, chupándolo despacio y con fuerza. Simultáneamente
otra cosa pasaba, la humedad de mi vagina aumentaba lentamente, como si me
estuviese calentando. Pero eso no podía ser, lo justifiqué diciendo que era una
reacción natural de mi cuerpo ante la inminente cogida.
Me saqué el miembro de la boca, lo vi impresionada, era largo
y grueso, duro y venoso. Pero él, impacientándose, me agarró del pelo y me hizo
a volver a la faena, esta vez me dirigía la cabeza, haciendo que bajara y
subiera por su fierro al rojo vivo. Me cogía literalmente por la boca, casi me
lo lograba meter hasta la garganta provocándome arcadas. Luego lo sacó y lo
restregó por toda mi cara, sorprendiéndome yo sola al ir instintivamente tras
el. Volvió a dármelo y lo chupé y lamí como a un helado, siempre teniéndome
asida del pelo. Trataba de hacerlo lo mejor que podía para que no me lastimara y
para terminar rápido. Estaba muy asustada, pero extrañamente excitada, mi cuerpo
me traicionaba y no me imaginaba porqué.
Lo escuchaba gemir, cada vez lo hacía más y más fuerte, hasta
que eyaculó raudales de semen en mi boca, manteniéndomela abierta por la fuerza.
Me la rebalsó hasta que gruesas gotas caían por mi cuello. Además, sus potentes
lechazos me cubrieron la cara por completo.
¡¡¡¡AAAARRRRGGGHHH!!!! ¡¡¡¡PERRAAAAGGGHHH!!!! – gritaba,
enloquecido de placer, luego se derrumbó en la cama, jadeante, sudoroso,
mirándome y sin soltarme la cara, no permitió que escupiera ni una gota, sus
ojos brillaban con furia, con calor y excitación enfermizos – Señora – dijo,
recuperando su tono formal – quiero verla tragárselo todo, no vaya a dejar
ni una sola gota sin tragar. Pero antes quiero que lo saboree…
Mansamente hice lo que me ordenó, para entonces sentía mi
vagina palpitando, pidiéndome a gritos un buen trozo de carne caliente. Como
dije, mi cuerpo me traicionaba y ya no podía dar marcha atrás, no entendía
porqué, pues ese tipo de verdad me daba asco. Y él se dio cuenta cuando estiró
su mano y la metió bajo mis piernas, acariciándome la vulva sin que yo no
opusiera la menor resistencia a esas caricias intrusas. La halló caliente y
mojada.
¡Je, je, je, je! Usted es
de ese tipo de perras que les gusta que las traten mal, que les den duro,
je, je, je… Póngase en cuatro patas perra… – no lo podía creer, ya tenía la
verga parada de nuevo, ¿cómo era eso posible?
Me levantó violentamente del pelo y me tiró en la cama,
dándome la vuelta con brusquedad. Separó mis piernas y me pegó una tremenda
nalgada, recordándome su orden anterior. Lo obedecí sumisamente, me coloqué en 4
con mi precioso culito al aire. El asqueroso me metió un par de dedos entre la
vagina, los sacó y se los llevó a la boca, los chupó con deleite, "me encanta tu
sabor" me dijo.
Colocó la cabeza de su larga paloma justo sobre mis labios
menores, me sujetó del pelo y empujó mi cintura hacia abajo para dejarme con el
culo en pompa. Empujó entonces con ímpetu y me penetró hasta el fondo,
provocándome un agudo y largo grito. Me dolió mucho, el hijo de puta no paró, me
llenó por completo, mucho más de lo que marido hacía. Entonces, me agarró como
piñata, no esperó ni medio minuto para comenzar a darme como un animal. Gritaba
y le pedía compasión, pero lo que recibí fue más brutalidad pues eso lo
enardecía más. Ese gordo sucio me cogía como si tuviera algún tipo de motor,
metiéndomela hasta el fondo con furor y a un ritmo infernal. Y yo, para no
llamar la atención, intenté acallar mis gritos, pero me fue imposible, sentir lo
violentos corrientazos que el mete y saca de ese aparato dentro de mi vagina me
provocaban casi me obligaba a pegar de alaridos.
Sin embargo el dolor inicial pronto se convirtió en placer,
no lo entendía ni me di cuenta de cuando, pero de repente me vi tensada en medio
de un poderoso espasmo de placer que me recorría completa. Estaba teniendo un
orgasmo en las manos de ese animal salvaje que me dio duro por más de 15
minutos, tuve otro orgasmo que me dejó casi desmayada. Lo siguiente ya no lo
recuerdo bien, pues estaba en una condición como de trance, eso si, loca de la
calentura y del placer. Recuerdo que me cambió varias veces de posición,
moviéndome y manejándome como una muñequita de plástico. Y al final, ese
infeliz, me tiró al suelo y, de pié, eyaculó con fuerza sobre mi cara en medio
de gritos y alaridos, esparciéndome después el semen sobre toda mi faz con su
misma verga… jamás me sentí tan sucia y humillada.
Cuando volví en mi, aun estaba tirada en el suelo, cubierta
de una asquerosa mezcla de esperma y sudor. Mi cuerpo estaba marcado con
moretones, producto de pellizcos, mordidas y golpes. Me sentía adolorida y
magullada… pero extraña y enfermizamente bien, con una horrenda sensación de
confort. Me puse de pié temblando, confundida, sin poder entender lo que había
pasado realmente. Busqué mi ropa y me la puse, cuando ya estaba vestida me di
cuenta que Marvin fumaba sobre una silla y leía una revista.
El día de mañana nos veremos de nuevo señora, – me dijo
sin despegar los ojos de la revista – ¿le parece bien si acordamos que
nuestras reuniones se lleven a cabo a una hora específica?
Si… si… es lo mejor…
Muy bien, entonces a las 9 de la mañana todos los días,
serán sesiones de una hora. – no dije nada, solo bajé la cabeza – Y espero
que de ahora en adelante no se repitan más sus desobediencias y faltas de
atención, ¿está claro?
Si señor…
Yo mismo la proveeré de ropa adecuada a su nuevo estatus
de perra…
No dije nada, tan solo lo dejé que me tomara del brazo y me
sacara de la habitación, 15 minutos después me estaba dejando en la puerta de mi
casa. Y a medida que entraba y avanzaba adentro de ella, el llanto se iba
apoderando de mi. ¡Otra vez, Dios mío, otra vez! ¿Qué había hecho, qué habría
pensado mi marido de mi?
CONTINUARÁ…
NOTA: A veces una imagen vale más que mil palabras, algunas
personas dicen que me parezco a cierta modelo colombiana que destacó en las
páginas de Play Boy, llamada Maria Checa, especialmente en cuando al cuerpo y un
poco al rostro. Bueno, les mando una foto que bajé de red de esta modelo.
Aclaro, no me estoy apropiando de nada ni apoyándome en imágenes, es solo para
pues solo para que se hagan una idea de cómo me vería en persona.
Garganta de Cuero.
Pueden mandarme sus comentarios y sugerencias a mi correo
electrónico, con gusto los leeré y contestaré.