Al día siguiente fui transferido a la prisión estatal con los
cargos de prostitución, obstrucción a la justicia, escándalo público y tráfico
de drogas. Total que una temporada en prisión no me la quitaba nadie, al menos
hasta que saliera mi juicio y pudiera salir libre por falta de pruebas.
Al llegar, me pusieron en una celda con un compañero grande,
con bigote y bastante tosco.
Vaya, que tenemos aquí, una nenita linda para darle
placer a su "marido"
Inmediatamente se sacó la polla del pantalón, era enorme y
estaba muy gorda.
Me excitan mucho las nenas como tu, ponte de rodillas
y demuéstrame que sabes hacer.
Yo, asustado ante la situación y la pinta del recluso, me
puse de rodillas y abrí la boca. Empecé a tragar su enorme pene. Despacio, casi
no me cabía en la boca. Lentamente, lo dejé bajar por mi garganta, en un día
había pasado de no haberlo hecho nunca a estarme convirtiendo en un experto
mamón. Sabía a rancio y a semen, pensé a cuantos como yo habría penetrado antes
por la boca.
Fui saboreando el pene despacio, pasando mi lengua por cada
uno de sus pliegues, por la cabeza, a todo lo largo. Descubrí que me encantaba
su sabor, me encantaba sentir como llenaba toda mi garganta, me encantaba
recoger con mi lengua las gotitas de semen que asomaban por la punta de su
polla, pero sobre todo me encantaba la cara de éxtasis que estaba poniendo el
recluso mientras se la comía.
Poco a poco fue subiendo el ritmo de su respiración y noté
como su polla se hinchaba lentamente, entonces, agarrando mi cabeza contra su
entrepierna empezó a bombear semen, y más semen, parecía una fuente que no se
acababa nunca. Sentí bajar el semen por mi garganta, y tuve que hacer un
verdadero esfuerzo para tragarlo todo. Me gustó su sabor, salado, caliente y un
poco dulzón, y lo saboreé con mucho gusto. Cuando terminó de eyacular, me sentía
como si me hubiera tragado un litro de semen, pero estaba muy caliente.
No le preocupo a mi compañero de celda que estuviera caliente
y no me hubiera corrido, por el contrario, se acostó en la litera y se quedó
dormido.
Cuando despertó, yo me había aseado y cambiado, había
sustituido mis ropas femeninas por el uniforme de la prisión.
Vino hacia mí hecho una furia y me dio un bofetón que me tiró
al suelo.
¿Quién te ha dado permiso para cambiarte, puta? Desde
hoy, y mientras estés aquí eres una puta, eres MI puta. Y como tal has
de vestir. Yo te conseguiré ropa, no te preocupes, no te faltará de
nada, pero debes vestir siempre como lo que eres. Por supuesto, también
deberás ser agradecida y hacer algunos "trabajos" para mí, por lo cuales
yo cobraré. ¿Está claro?
Yo, asentí llorando, mientras tomaba conciencia de lo que me
esperaba en adelante en aquel lugar. Llorando me quedé dormido.
Desperté un buen rato más tarde. A mi lado, habían dejado
unas ropas femeninas. Entendiendo lo que debía hacer, me desnudé y me vestí con
las mismas. Una peluca pelirroja, un vestido amarillo ceñido, bragas, sujetador
y liguero negros con encaje, unas medias y unos zapatos de tacón.
Cuando hube terminado, el recluso me miro de arriba abajo y
sin mediar palabra, me amordazó y me pegó la cara contra la puerta de rejas.

¡Mirad! - Dijo gritando a toda la galería- Tengo una
puta recién llegada, admito subastas por su culo. ¿Quién quiere ser el
primero en follársela? Es muy buena mamándola también. ¡ Animaos que
está caliente¡
Me sentía como un objeto. Yo no decidía, era otro el que
decidía sobre mi cuerpo. Pero, lo extraño es que me resultaba excitante pensar
en que dentro de poco tiempo iba a ser usada como puta por toda la prisión.
Fin del Capitulo segundo