Capítulo V
Pasé toda la mañana llorando desconsoladamente, sumida en la
desesperación y el miedo, pero ya no había vuelta atrás, no podía decirle que
siempre no al Sr. Davidson, temía que dejara de darle el medicamento a mi hijo.
No, no me podía derrumbar, ahora que la obra había empezado debía llevarla al
final, sin importar las consecuencias para mi. Me puse de pié y empecé a
arreglar la casa, los quehaceres estaban atrasados por mi ausencia, pero
rápidamente me puse al día.
Al mismo tiempo me preparé para la llegada de mi marido por
la noche, encontró nuestro hogar muy bien arreglado y con la mesa hecha como si
fuésemos a hacer fiesta. Lo quería compensar, lo tenía que compensar, aunque él
no supiera que lo estaba haciendo y yo no se lo dijera. En cuanto nos vimos me
tiré a su cuello y lo besé largamente, casi con desesperación.
Fernando, no quiero que esta situación nos vaya a
destruir… todavía somos pareja y yo te sigo amando, y seguiré haciéndolo
pase lo que pase… – le dije con los ojos mojados.
Yo también amor… yo también… ¿pasó algo Pame? – me
preguntó, me conocía muy bien.
No, nada… ya sé que esto parece sospechoso, pero no pasó
nada, Davidson no llamó en todo el día. – le mentí – Lo hice por mi propia
iniciativa, creo que debemos ofrecernos atenciones extras si queremos llegar
hasta el final unidos aun.
Si, tenés toda la razón… – me dijo un poco más tranquilo.
Me esmeré en preparar una cena regia que comimos con deleite,
platicamos cosas sin importancia, reímos de sus ocurrencias, en fin, fue una
cena romántica como si nada malo pasara a nuestro alrededor. Él se disculpó
conmigo por lo de anoche, le dije que no hacía falta, comprendía que para él
también era duro. Por la noche tuvimos una sesión de sexo como hacía mucho no
hacíamos, entre caricias y arrumacos gozamos como si tuviésemos la certeza de
que un destino duro y cruel nos separaría tarde o temprano.
Sin embargo apenas logré dormir, mi mente no dejaba de
torturarme con imágenes de lo que había hecho horas antes. ¿Cómo pude estar con
ese animal y cómo pude aceptar esta propuesta? Lo peor era que me gustó, me
excité y lo gocé. ¿Y ahora qué, qué seguía? No lo sabía, solo tenía claro que no
podía echarme para atrás.
A la mañana siguiente todo amaneció igual, Fernando se fue
temprano porque tenía algunas entrevistas y yo me quedé sola en mis quehaceres…
supuestamente, porque en cuanto se fue corrí a bañarme y a arreglarme. Ese día
elegí con más cuidado mi ropa, revolví mi armario en encontré algo que me podría
servir. Era un viejo y sobrio traje sastre gris oscuro al que le subí el ruedo a
la falda, dejándola hasta medio muslo y se ceñía bien a mis caderas y glúteos;
arriba, solo me puse la chaqueta, dibujando un escote de dejaba adivinar que no
llevaba nada debajo. Marvin me llamó puntualmente…
Buenos días Pamela… ¿está lista?
S… Si… si… – salí y me subí al carro, hicimos el mismo
recorrido y de nuevo no me dijo ni una palabra en todo el camino, llegamos y
entramos al cuarto.
Bien Pamela, reconozco que en esta ocasión ha sabido
prepararse mejor. – sin podérmelo creer me sentí "halagada" con sus palabras
– Sin embargo la ropa es un asunto que deberemos ver con mayor detalle.
Usted dijo que el Sr. Davidson me daría la ropa…
Así es, de hecho traigo una maleta con algunas prendas
que usará de ahora en adelante. Pero antes de proseguir, debo señalarle que
de ahora en adelante deberá dirigirse al Sr. Davidson como su Amo, no quiero
volver a repetirlo. – asentí con la cabeza – Bueno señora, dejemos las
palabras a un lado, vamos a empezar…
El hombre me clavo los ojos y cambió de pronto su expresión
de la elegante y fría indiferencia del principio, salpicada con una buena
cantidad de soberbia, a una llena de calentura y mirada famélica con los ojos a
punto de saltársele. Quién iba a decir que detrás de un traje de $400 se
escondía un animal salvaje, vulgar y bajo.
¡Muy bien perra, te mirás deliciosa! – me dijo cerrando
la puerta tras de si – Ahora puta de mierda, – dijo liberando su enorme
verga – me la vas a mamar rico… – no lo hice esperar para no enojarlo, me la
metí a la boca y empecé a mamar con fruición – Te gusta, ¿verdad?
Si… me gusta… – le respondí, pero no le dije lo que él
quería escuchar.
¿Si qué?
Si… señor…
¡¿Si QUÉ perra?!
Si… amo… – ¡ZAP, ZAP, ZAP!, me volteó la cara 3 veces con
3 fuertes bofetadas que casi me tiran al suelo – ¡¿Es que sos estúpida o qué
putas, no entendés que amo solo tenés uno, perra de mierda?! – ¡ZAP, ZAP,
ZAP! – ¡A mi me decís señor Batres cuando nos veamos, y papito cuando te
esté cogiendo, ¿entendiste?! – y ¡ZAP, ZAP, ZAP!, del último golpe me hizo
caer.
¡Si papito, lo que tu digás, pero no me sigás pegando!
¡Maldito desgraciado, pegarle a una mujer! Aunque la verdad
no sé de qué me extrañaba, no me consideraba más que una mercancía que lo tenía
que satisfacer. Se la chupé por unos 10 minutos hasta que sentí sin previo aviso
su semen saliéndole e inundándome la boca. A esas alturas conocía bien el sabor
del semen pero aun no me acostumbraba y me dio asco, pero extrañamente también
me gustó, lo saboreé como si fuera un manjar de la forma más vulgar que podía,
sospechaba que eso quería. Y aunque traté de tragármelo no pude, era demasiado,
una cantidad exagerada.
Acto seguido me levantó bruscamente del pelo y empezó a
tocarme y estrujarme senos y nalgas, diciéndome lo rica que estaba y que no era
más que una gran perra en celo. Casi me arrancó el vestido y me tiró sobre la
cama, se colocó un condón, para mi sorpresa y asombro su pene no había perdido
ni un ápice de su tamaño y dureza. Y esa misma sorpresa no solo se debía a eso,
pues a pesar de esos tratos tan duros y degradantes estaba que me quemaba de la
excitación.
El hombre me arrancó el calzón y me clavó de un golpe con su
poderoso pene y yo comencé a gemir de dolor y placer. Haré una pausa en este
momento porque me doy cuenta que a estas alturas aun no he descrito a Marvin
Batres. Era un hombre como de 45 años, blanco, de 1.70 y de complexión gruesa,
con una gran panza cervecera. Era feo, con una creciente calva en la coronilla,
nariz gruesa y aguileña y boca pequeña de labios gruesos. Eso si, tenía una
verga hermosa, por lo menos 19 cm de largo y un diámetro de 5, una verga
terrible, suficientemente larga y gruesa para hacerme sentir cada centímetro de
esta abriéndose paso dentro de mi cuando me la metía.
Empezó a moverse rápido y duro desde el principio, el dolor
fue intenso, el hijo de puta no me dio tiempo a mojarme bien, pero ¿para qué se
iba a tomar la molestia de preparar adecuadamente a un pedazo de carne como yo
para podérsela coger sin dolor? Infeliz. Me sostenía las piernas en el aire
clavándome los dedos en los muslos, se divertía mirando estremecer mi cuerpo
diminuto ante cada nueva arremetida, como mi senos se zarandeaban de forma
violenta y como todo mi cuerpo estaba tensado al máximo y cubriéndose de sudor.
Pero también debo admitir que sentí un enorme placer, no me lo explicaba en ese
momento, pero al parecer ser maltratada de esa forma funcionó como una especie
de afrodisíaco para mi persona, tal y como Menjívar me lo dijo.
¡¡¡AAAAHHHH, AAAAHHHHH!!! ¡¡¡ANIMAAAAALLLLL,
ANIMAAAAALLLLGGGHHHH!!!
¡¡¡TE GUSTA PERRA, YO SÉ QUE TE GUSTA PERRA DE
MIERDAAAAAHHHH!!!
Aceleró las embestidas comenzó a revolverme bruscamente sobre
la cama, parecía mentira que ese tipejo tuviera la fuerza suficiente para
zarandearme como si yo fuese una muñeca inflable. Estaba consciente que ese
imbécil estaba fuera de control y que no lo podría detener, y eso fue, para mi
mayor vergüenza, un fuerte estímulo gracias al morbo que sentía de verme
dominada y sometida, acabé ardiendo sin control. Entre sus fuertes brazos
terminé rendida en el piso, toda desmadejada.
Me veía con la mirada desencajada, ávida de carne, yo aun
traté de acabar con ese encuentro, pero cuando abrí la boca no salió más que un
susurro casi imperceptible que decía "más"… por desgracia el sí lo escuchó. Se
me acercó despacio, me levantó de las axilas rudamente y me tiró en la cama,
esta vez boca abajo. Me azotó duramente en las nalgas, insultándome,
humillándome, y yo cada vez me calentaba más, terminé perdiendo el control y
pidiéndole más casi a gritos, no sabía qué me pasaba. Entonces un toque de
electricidad recorrió mi cuerpo y sentí la punta de su garrote rozando mi culo,
le supliqué que por allí no, que de seguro me iba a destrozar el ano, que me
tuviera piedad, pero ni me oyó, solo me abofeteó varias veces hasta tirarme
sobre la cama.
Metió sus manos debajo de mi vientre, me paró la cola y me
empezó a meter y sacar, rápido y con fuerza, un par de dedos entre el culo. Y
como aun me seguía revolviendo, me puso un pié sobre la nuca y me sujetó con
fuerza de un brazo con su mano libre. Me sacó los dedos entonces y colocó su
poderoso ariete en posición de asedio. Empujó con fuerza y, entre súplicas de
piedad y desgarradores alaridos, fui llenada por ese trozo de carne en medio de
un terebrante y desgarrador dolor. Sin embargo, ese dolor no tardó en volverse
placer, no entendía qué me pasaba.
¡¡¡ESTÁS GOZÁNDOLO PERRA, LO ESTÁS GOZANDO, YO LO SÉ!!!
¡¡¡¡AAAAGGGGGHHHHHHH!!!! ¡¡¡¡MMMNNNFFFFFFGGGGGRRRRMMMMMMM!!!!
¡¡¡DECÍMELO PERRA, ¿ESTÁS GOZANDO O NO!!!
¡¡¡¡SSSIIIIIIIII!!!!… ¡¡¡¡ESTOY GOZANDO!!!! ¡¡¡¡AAAYYY!!!!¡¡¡¡AAAYYYY!!!!…
– gritaba.
¡¡¡SOS MI PERRA, MI PUTA SUCIA!!! ¡¡¡SOS MI RAMERA Y SOLO
MÍA!!!
¡¡¡¡AAAAYYYYY, AAAAYYYYY!!!!… ¡¡¡¡SIII, SOY SU
RAMERAAAAGGGGHHH!!!
Ese desgraciado terminó dentro de su condón mientras me
enculaba, cuando me la sacó me jaló con fuerza y me dejó tirada en el suelo, un
terrible dolor invadía mis cavidades, y una humillación horrible me envolvía por
completo. ¿Cómo me habré visto allí, tirada a los pies de esa cama? Seguramente
como una puta esquinera, sudada y decadente. Y peor todavía, ¿cómo me habría
visto berreando y pidiéndole más a ese maldito?
Exprimió el condón en mi rostro y luego me regó todo su
semen, me la cara toda embadurnada. Y mientras lo hacía, yo, fuera de mis
cabales, sacaba la lengua para poder lamer tanto como podía, su esperma me supo
a manjar. Luego no supe más de él por un rato, hasta que yo, como sumida en una
especie de letargo, me puse de pié y me vestí despacio. Salí y abordé su carro,
y mientras me iba a dejar no dejaba de llorar, preguntándome cómo pude excitarme
con ese trato salvaje…
CONTINUARÁ…
Garganta de Cuero.
Pueden mandarme sus comentarios y sugerencias a mi correo
electrónico, con gusto los leeré y contestaré.