"Vámonos Mario, pide un taxi y volvamos al hotel, por
favor" – la noté crispada, impaciente por acabar aquella velada; No
quise insistirle mas y comenzamos a caminar hacia la entrada principal,
bordeando el edificio y dejando a un lado la entrada a la discoteca.
El silencio se tornaba incómodo por momentos, no sabía como
arrancar una conversación; Carmen caminaba a mi lado con los brazos cruzados
mirando al frente, muy lejos.
Las imágenes se me venían a la cabeza como ráfagas, ¿cómo era
posible que hubiera llegado tan lejos? No tenía ninguna intención de hacer algo
así, jamás se me había pasado por la cabeza engañar a Carmen y sin embargo
acababa de hacer el amor con Elena, sobre el césped, como un adolescente.
La preocupación por encontrar la forma y el momento de
contárselo se veía distorsionada por la reacción que mi cuerpo manifestaba ante
los recuerdos. Si me arrepentía de algo era de no haber tenido ocasión de
reposar junto a ella, de desnudarla y hacerla le amor largamente.
Llegamos a la recepción sin hacer dicho una sola palabra; No
había nadie y aun tardaron un momento en atender nuestra llamada; mientras tanto
Carmen daba pasos sin rumbo por la recepción mirando al suelo con los brazos aun
cruzados.
"¿Carmen, qué ha pasado?" – Se detuvo y volvió sus
ojos hacia mi, su mirada era fría, estaba llena de preocupación.
"Buena pregunta, ¿Qué ha pasado? Dímelo tú porque
creo que también tienes cosas que contar ¿no es cierto?" – su tono no
denotaba enfado pero si exigía una respuesta, Carmen intentaba reprimir
sin demasiado éxito su enfado aunque yo no lograba saber si era debido a
mi comportamiento con Elena en el baile o a lo que hubiera podido
suceder con Carlos. Aun así, una chispa de peligro se encendió en mi
cabeza, me sentía culpable y aunque en ese momento no podía saber que me
había visto en el césped con Elena, mi culpabilidad me quitaba
espontaneidad.
"¿Qué quieres decir?" – acerté a preguntar sin mucha
decisión, me sentía inseguro y temía que Carmen, que me conoce muy bien,
lo notara.
"Os he visto" – la frase cayó como una bomba; No
debía precipitarme, aun no sabía lo que en realidad había visto, pero si
la peor de mis hipótesis se confirmaba se avecinaba una discusión como
jamás habíamos tenido; por un momento imagine la impresión que le habría
causado verme sobre Elena haciendo el amor con ella en el césped; Otra
posibilidad es que no hubiera llegado a tanto y solo nos hubiera visto
tonteando en el césped. Pero no lo sabía. Intenté ganar tiempo.
"Me has visto, bien, y yo a ti, ambos nos hemos visto
y desde luego no parecías molesta" – Carmen se detuvo y se volvió hacia
mi.
"Te he visto tumbado con ella en el jardín,
acariciándola, yo buscándote y te encuentro así" – aun no tenía la
seguridad absoluta, pero todo apuntaba a que no me había llegado a ver
follando.
"Pues estamos igual, yo salí a buscarte, de pronto no
os vi en el baile y me preocupé…" – Carmen me interrumpió irónica
"Ya veo yo que preocupación tenías"
"¿Estás celosa?"
"No Mario, no estoy celosa, estoy enfadada, no quería
llegar a esto y tu me has empujado…" – la llegada del personal del hotel
detuvo nuestra discusión.
Pedimos un taxi y nos dirigimos a la discoteca a recoger
nuestras cosas, en silencio, sin pronunciar una sola palabra, recorriendo el
camino mas largo que jamás he hecho, devanándome los sesos buscando la frase que
rompiera el hielo que nos separaba.
Estábamos en el guardarropa cuando apareció Carlos que nos
había visto desde la pista, Elena le seguía unos pasos por detrás, de nuevo
ninguneada por él.
"¿Qué pasa, no me irás a decir que te vas?" – se
dirigía a Carmen y su expresión rozaba la desesperación, le miré en
silencio antes de contestarle.
"Carmen no se encuentra bien, hemos pedido un taxi,
no te preocupes"
"Pero Mario, no hace falta, ya te dije que tengo
reservadas dos habitaciones"
Carmen se volvió hacia mí, furiosa y no intentaba ocultarlo.
"¿Cuándo pensabas decírmelo?" – me sentí
tremendamente violento por esta escena delante de ellos, lo ultimo que
quería es que descubrieran nuestro juego.
"Carmen, cálmate, lo había olvidado… no le di
importancia" – Elena y Carlos nos miraban sorprendidos, yo intentaba
zanjar la discusión antes de que fuera demasiado tarde. Pero ella estaba
encendida.
"No, si es por hacerme una idea de cuales eran
vuestros planes" – todos nos mantuvimos en silencio ante este arranque
de genio, entonces Carmen zanjó la bronca – "Venga vámonos" – tomó el
bolso de la repisa del guardarropa y comenzó a caminar hacia la salida,
entonces se detuvo, se volvió a Elena y se despidió de ella – "Lo
siento, no ha sido la mejor manera de conocernos" – Elena le respondió
algo breve que no alcancé a escuchar, Carmen le dijo adiós a Carlos sin
acercarse y continuó caminando sin esperarme. Los tres no miramos
intentando excusarnos sin palabras y la seguí.
Al salir al jardín tuve que acelerar el paso para alcanzarla.
"Carmen, espera, espera por favor" – cuando logré
ponerme a su altura intenté detenerla pero retiró mi mano con una
brusquedad que me sorprendió.
"¡Déjame en paz!"
"¡Te equivocas, por favor, escúchame!" –
inesperadamente se detuvo y se enfrentó a mi.
"¿Qué mas sorpresas me teníais preparadas? ¿Cuándo me
pensabas decir lo de las habitaciones, antes o después de que Carlos me
quitara las bragas?" – miré a mi alrededor preocupado por si alguien nos
estaba escuchando, ella detectó mi mirada y continuó atacando – "¿Ahora
te preocupas por lo que pueda alguien pensar de tu mujer? ¿un poco
tarde, no?" – continuó andando decididamente hacia la entrada principal;
Divisé un taxi que llegaba en ese momento y que se detenía en la
entrada, Carmen se dirigió a él y se montó dejando la puerta abierta,
cuando llegué, le di el nombre de nuestro hotel y partimos en silencio.
Hubiera querido poder seguir hablando con ella, explicarle
que todo había sido un malentendido, pero el taxi nos privaba de la intimidad
necesaria. Hicimos todo el camino en silencio, en mi cabeza bullían las
imágenes, Carmen entornando los ojos mientras Carlos besaba su cuello, el roce
del vientre de Elena en mi sexo, el olor de su pelo, sus pechos desnudos tendida
en el césped, el calor tibio de su sexo, carmen vencida en el banco del jardín y
Carlos sobre ella…
Entramos en el hotel y pedimos la llave en recepción; Si
durante el trayecto había deseado hablar con ella, ahora un sentimiento
fatalista me dominaba y me rendía ante los hechos: Carmen estaba enojada conmigo
como jamás lo había estado y a mi me faltaban argumentos creíbles incluso para
mi mismo,
Cerré la puerta tras de mi mientras la miraba avanzar hacia
el interior de la habitación; No podía dejar de admirar su forma de andar, esa
suave danza ondulante de sus caderas. Se descalzó sin agacharse, elevando
alternativamente sus piernas y dejando caer sus zapatos en desorden, se mantenía
de espaldas a mi y al no sentirme entrar se volvió, sus ojos fríos se clavaron
en los míos.
- "¿Te vas a quedar toda la noche ahí?"
Se volvió de nuevo sin esperar respuesta y empezó a
desprenderse del vestido, yo avancé hacia el sillón y empecé a desnudarme. Eran
casi las cuatro de la madrugada y a pesar del exceso de alcohol estaba
totalmente despejado, necesitaba una ducha pero no era el momento para proponer
una ducha conjunta. Carmen se dirigió hacia el baño tan solo con el tanga puesto
y cerró la puerta tras de si, señal inequívoca de que no quería mi compañía.
Terminé de desnudarme y me dirigí al minibar, al otro lado de
la puerta sonaba el agua de la ducha, destapé un botellín de ron y una Coca
Cola, tomé dos hielos en un vaso y bebí aun sabiendo que había superado
ampliamente el nivel de alcohol a partir del cual sufriría de jaqueca a la
mañana siguiente.
La mañana siguiente, a menos de tres horas, la jornada en la
que se clausuraba el curso y en la que tendría que dar algún tipo de explicación
a Carlos. La tentación de evitar ese desagradable momento casi me vence pero un
atisbo de sensatez me hizo sobreponerme.
Cesó repentinamente el sonido del agua en el baño, unos
minutos después apareció secándose el pelo envuelta en una toalla que marcaba
otra vez las distancias, jamás se tapa al salir del baño, excepto esa noche.
Sin decirnos nada, entré en el baño con el vaso en la mano,
una mirada de Carmen censuró en silencio esa ultima copa. Cerré la puerta y abrí
el grifo de la ducha dejando que se refrescase el ambiente cargado de vapor que
había dejado Carmen.
Tirado en el bidet estaba su tanga, doblado cuidadosamente
formando un pequeño paquete, por un momento pensé si mi sospecha de que Carlos
tocaba su sexo cuando llegamos Elena y yo habría sido cierta, mi intuición me
decía que en el momento que aparecimos Carlos tenía su mano entre sus muslos,
pensé que Carmen estaría excitada desde el baile, desde que le cedió
abiertamente su cuello, se bien como reacciona su sexo antes esos besos, lo he
sentido en mis dedos mil veces y hoy no habría sido una excepción.
Sin pararme a pensar lo que hacía, recogí su tanga del bidet
y lo desdoblé, aun estaba caliente; Miré su interior y distinguí claramente una
gruesa línea de humedad atravesando la base de la prenda, pude imaginar los
dedos de Carlos presionando el tanga entre los labios de su coño, empapándolo
con la humedad que él mismo había provocado en mi esposa, mi polla comenzó a
reaccionar al tiempo que llevaba la prenda a mi nariz para olfatear como un
animal el rastro de la hembra.
La puerta del baño se abrió repentinamente, antes de que mis
reflejos abotargados por el alcohol pudieran reaccionar, Carmen me sorprendió
con su tanga en mi nariz y mi mano masturbando lentamente mi polla.
"¡Estás enfermo!" – tiró con desprecio la toalla al
suelo, cogió su cepillo del pelo y salió dando un portazo.
Tras la ducha tardé aun veinte minutos en salir del baño.
Carmen había apagado las luces y me deslicé en mi lado de la cama intentando no
rozarla.
El teléfono sonó, como cada mañana, a las siete en punto,
apenas había maldormido dos horas, me dolía la cabeza, me dolía todo el cuerpo.
Habitualmente Carmen se despierta conmigo y aunque se queda en la cama charla
conmigo, aun adormilada, mientras me arreglo. Aquella mañana fue diferente, me
duche y me vestí en soledad.
"Luego hablamos" – dije desde la puerta, aguardé un
momento pero no hubo respuesta.
Esperé un taxi en la puerta del hotel agradeciendo el frescor
de la mañana, me sentía hecho polvo físicamente y destrozado anímicamente.
Llegué al aula veinte minutos antes del inicio del curso, al
fondo del corredor vi a Carlos que había madrugado mas de lo acostumbrado. Le
miré pero no hice intención de avanzar hasta donde se encontraba, no tenía
ninguna gana de comenzar una explicación dudosa. Carlos, al ver que me detenía
en la puerta del aula caminó despacio hasta mí
"¿Tienes la misma resaca que yo?" – no esperaba esa
entrada y me hizo darme cuenta de que no tenía motivos para estar
enfadado con él, a fin de cuentas éramos nosotros quienes habíamos
jugado con él.
"Necesito una aspirina" – nos dirigimos hacia la
cafetería que estaba abriendo sus puertas.
"Lamento mucho haber metido la pata con lo de las
habitaciones, fue una torpeza por mi parte Mario, lo siento" – De nuevo
me desarmaba, me sentía empáticamente unido a él
"Carmen odia las mentiras y las encerronas y se lo
tomo así"
"Lo comprendo pero… no se, Mario, me pareció excesiva
su reacción, te trató como si fueras… su marido, joder! Te asignaba una
responsabilidad que no tienes, coño!" – No sabia que responder, aquellas
frases eran algo mas que un argumento, eran una red echada al mar para
ver qué caía dentro; Lo que contestase a continuación iba a ser
escrupulosamente analizado, estaba claro que había una sospecha en el
aire. Me entretuve buscando la atención del camarero mientras preparaba
una respuesta convincente
"A veces pienso que toda la magia de la relación que
tenemos Carmen y yo se perdería si estuviésemos casados, es demasiado
posesiva, muy mandona, fíjate que han sido cuatro días y ya estamos de
bronca" – Me gustaba mi argumento y por la reacción de Carlos supe que
le había convencido.
"Es cierto, es una mujer acojonante, pero para un par
de noches o tres" – bebió de su café y continuó – "¿me voy a quedar con
las gana de follármela?"
"Me temo que si, está cabreadísima, no creo que
aparezca hoy a mediodía, lo mas probable es que salgamos de viaje esta
misma tarde" – argumenté lo que realmente pensaba, en estas
circunstancias no me apetecía nada pasar el sábado en Sevilla.
"¡Joder, la tuve a punto anoche! Si no llegáis a
aparecer lo habría conseguido" – me sorprendió su seguridad, ¿Tan
entregada la había tenido? Necesitaba saber mas.
"Muy seguro estás, pero no creo que te hubiera sido
tan fácil llevártela al hotel" – entonces oí la confirmación de mis
sospechas, lo que deseaba y a la vez temía escuchar.
"Joder Mario, Estaba a punto de bajarle las bragas,
las tenía ya en mis manos, empapadas tío, empapadas!, y ella abrió las
piernas, iba a meterme por dentro de las bragas y cuando estuviera
tocándola el coño la habría dejado lista para irnos al hotel, joder!
Entonces aparecéis vosotros!" – hablaba exagerando un tono lastimero,
buscando la broma que relajara la frustración que sentía.
Pero mientras hablaba, yo me excitaba progresivamente
imaginando su cuerpo entregado, sus piernas abiertas aceptando la caricia en su
coño, mojándose, dispuesta a follar con Carlos.
"Si llego a tener cinco minutos mas te aseguro que me
la llevo a la cama"
"Te equivocas" – Carlos me miró con cierta
superioridad en sus ojos y sonrió.
"Mario, la tenía ganada, le bajé vestido, le saqué
las tetas en el jardín y no protestó, le subí la falda y le acaricié el
culo y lo único que dijo fue que tuviera cuidado que nos podían ver…" –
hizo una pausa viendo la impresión que causaban sus palabras en mi – "…
te digo que faltaba muy poquito para que me pidiera que la follase" –
sentía una presión en el pecho que me ahogaba, al mismo tiempo mi polla
luchaba contra la presión de la ropa.
"No se qué decirte, no suele acostarse tan pronto con
la gente"
"Pues conmigo si y si me ayudas, esta noche me la
follo…" – me miró acercándose a mi rostro – "… o nos la follamos juntos,
¿qué te parece?" – un disparo de excitación me sacudió, esa era una
imagen que me asaltaba desde que comencé a pensar en el intercambio:
verme con ella y otro hombre en la misma cama. Pero sabía que era
demasiado pronto.
"Ya veremos, según esté a mediodía, ya te diré"
"¡No, joder! Intenta que podamos irnos a comer
juntos, dile que quiero invitaros por lo de ayer" – Carlos no estaba
dispuesto a conformarse con mis argumentos.
"Lo intentaré pero no va a ser fácil" – quería
dejarle tranquilo, confiado y evitar así que tomase alguna iniciativa
que Carmen no deseaba.
"Estoy pensando en irme para el hotel e invitarla aun
café de desagravio, seguro que no me lo rechaza"
"Ni se te ocurra" – mi respuesta brotó rápida, en un
tono seco y cortante. No estaba dispuesto a causarle a Carmen ni un solo
mal rato mas. Carlos me miró sorprendido por mi frase pero algo vio en
mi expresión que le frenó.
"Joder Mario, solo un café" – le corté en seco.
"Carlos, he dicho que no" – la seguridad de mi voz y
el tono beligerante de mi expresión volvieron sorprenderle.
"No entiendo por que te lo tomas así"
"Tu déjame a mi, de momento no quiero que
intervengas, Carmen además de todo es una buena amiga y se que ahora lo
ultimo que necesita es verte" – intenté suavizar un poco la situación –
"Créeme, si tienes alguna oportunidad yo se cómo conseguírtela" – Carlos
sonrió y cedió, justo lo que yo buscaba con mi maniobra de dilación.
"De acuerdo, lo dejo en tus manos"
Entramos en al aula, intentaba concentrarme en la sesión pero
mi cansancio y la multitud de imágenes que me desbordaban impedían que prestara
atención. Una hora mas tarde me levanté excusándome con un gesto hacia el
ponente y salí del aula, Carlos me miró interrogativamente pero le hice una seña
de que esperase, necesitaba espabilarme y estar solo.
Me dirigí hacia la cafetería pero retrocedí y salí a la
calle, no deseaba que Carlos me encontrase si es que cedía a la idea de seguirme
fuera.
Camine unas calles y entré en un bar semivacío, me senté en
una mesa pegada a una cristalera y pedí un café,
Me sentía abatido, triste por este enfado, preocupado por la
reacción de Carmen, temía que lo que me había contado Carlos la afectara tanto
como para culparse por lo sucedido y, si su sensación de culpa perduraba, podía
ser algo que se interpusiera entre nosotros como nada antes lo había conseguido.
Estaba inmerso en estos pensamientos cuando noté vibrar mi
móvil, lo tenia silenciado en el aula y apenas lo había notado en mi bolsillo;
Cuado lo descolgué Carmen ya había cortado. Detuve mi primera reacción para
devolver la llamada y me concedí un tiempo para analizar la situación.
Carmen estaba enfada conmigo, ofendida por lo que ella
consideraba una ocultación por mi parte y una trampa tramada con Carlos; Llevaba
sin dirigirme la palabra desde la noche anterior; Ahora me llamaba al móvil, a
media mañana cuando sabía que aun no estaba en el descanso.
¿Qué me podía encontrar? Si Carmen no mantenía su silencio me
hacia pensar que quizás quería suavizar las cosas, era lo mas probable, jamás
habíamos mantenido un enfado mas de unas horas, pero también cabía la
posibilidad de que hubiera estado dándole vueltas a lo sucedido y estuviera tan
enfadada que quisiera ponerme las cosas claras, no lo podía saber. Cogí el móvil
y la llamé.
"Hola" – su voz sonaba suave, aun seria pero sin
rastro de la dureza del dia anterior, sentí como un peso desaparecía de
mi.
"¿Me acabas de llamar?"
"Si, ¿te interrumpí la clase?"
"No, acababa de salir a la calle a tomarme un café"
"Estarás cansado, claro" – la alegría me desbordaba
pero no quería que me lo notase.
"Un poco, no conseguía concentrarme"
Hubo una pausa, sentía su respiración al otro lado
"Creo que no me tenia que haber puesto como me puse"
– comprendí que le debía haber costado mucho pronunciar esa velada
disculpa.
"Era lógico que pensases que era una encerrona, te lo
tenía que haber dicho cuando me lo contó"
"Estaba muy nerviosa, quería irme y no te encontraba
y cuando te vi allí tumbado con Elena… no se qué sentí"
"Celos, supongo" – le lancé un cebo que sabía que
mordería, su orgullo no iba a admitir que se había sentido celosa y la
obligaría a desvelar sus verdaderas sensaciones.
"En absoluto, ¿Cuándo me has visto celosa? Fue… otra
cosa"
"¿Qué fue?" – tardó en contestar.
"Miedo"
…
"Inseguridad"
"¿Qué mas?"
"Peligro"
….
"Rencor hacia Elena"
"¿Todo muy primario, verdad?"
"Si"
"¿Y ahora, que sientes?" – de nuevo hubo una larga
pausa
"Ven y te lo digo" – el corazón me dio un vuelco
"Estoy ahí en diez minutos"
"No tardes"