Una noche en que estaba sin hacer nada, me puse a navegar por
internet e ingresé a un chat de mi ciudad, que es más que todo para encuentros
entre hombres: Se hablan un rato, quedan en verse, y casi siempre terminan
teniendo sexo.
Tenía un buen rato conectado, pero a pesar de ello… Los nicks
de quienes estaban, no me llamaban la atención, hasta que leo uno "MaduroCurioso",
no podía ser más evidente. Hablé con él, y me dijo que quería experimentar el
estar con otro hombre. Dijo tener 41 años y ser de mi misma ciudad. Su edad me
gustó mucho. Siempre he tenido buenas experiencias con hombres maduros. Y esta
vez, no fue la excepción.
Le hablé un poco sobre mí, qué me gusta en la cama, qué no…
Esas cosas. Intercambiamos teléfonos y quedé de llamarle a la mañana siguiente
porque me dijo que estaba muy cansado como para salir. Al otro día, cuando le
llamo, escucho una voz un tanto aplomada, muy sexy, me dijo llamarse Erick,
estar casado, y que lo único que quería era probar por primera vez, que tenía
varios meses con esa curiosidad. Cuadramos, y quedamos de vernos al mediodía en
un lugar céntrico de la ciudad para tomarnos algo, y conocernos. En caso tal de
que no me gustara, o él no se animase, no pasaría nada.
Llegué donde quedamos, y le vi en persona. Guao, era un tipo
grande, bastante grande, se veía que le daba duro al ejercicio, moreno, con el
cabello corto estilo militar. No pude evitar ver su paquete, se veía sabroso,
algo allí adentro estaba latiendo. Empezamos a hablar sobre "tonterías", él
estaba algo nervioso, pero de pronto me dice "¿Sabes? Me pareces un chico serio,
¿Porqué no nos vamos?".
En su coche, aprovechó de mirarme, me preguntó si tenía
experiencia con hombres, le respondí que la necesaria. Le dije que tenía un
cuerpo muy lindo, me respondió que hace ejercicio desde hace algún tiempo,
aunque lo tenía muy descuidado por estar pendiente de la familia y el trabajo.
Le pregunté adónde iríamos, y me dijo que ya tenía visto el
sitio desde hace días para cuando encontrara a alguien que le gustara, pero que
primero pasaríamos comprando "material" (Entiéndase: Condones y lubricante). El
hotel estaba algo apartado de la ciudad, era uno de esos moteles de carretera,
pero era el sitio perfecto. Al pasar a la habitación, él estaba temblando un
poco, le abracé por detrás y comencé a sobarle el pecho, le decía que estuviera
tranquilo, que éramos hombres, y que es normal que dos chicos quieran hacerse
cariño cuando las cosas se calientan. Le soplaba muy suavemente en su nuca,
mientras que con una mano acariciaba su barba, y con la otra recorría el camino
hacia su bulto, que estaba un poco dormido.
Cuando notó que mi bulto empezó a crecer justo detrás de su
culo, se volteó y me dijo que no confundiera las cosas, que él no quería que lo
penetraran. No le presté atención, lo empujé hacia la cama y me senté en sus
piernas, cerré mis ojos y empecé a besarle, le besaba sus orejas, su frente,
mordía suavemente su barbilla y besaba sus mejillas, le abrazaba con fuerza, él
estaba muy caliente, su corazón estaba a mil, parecía que iba a salírsele del
pecho.
Él con sus enormes manos me acariciaba despacio la espalda,
un poco nervioso, no sabía bien qué hacer, yo para enseñarle, le fui masajeando
la espalda muy despacito, él empezó a hacer lo mismo, primero con cautela, y
luego con bastante ternura, se veía que le estaba gustando. Le miré a los ojos
directamente, y le di un pequeño besito en los labios, él me correspondió, me
agarró con fuerza la cabeza y empezó a besarme, ufffff… ¡Qué beso!, su lengua
luchaba con la mía dentro de nuestras bocas, su piel estaba cada vez más
ardiente, sus labios buscaban los míos como si de eso dependiera su vida, podía
sentir su respiración, y cómo deseaba mis labios nuevamente cuando yo me
separaba de él.
Su bulto había crecido. Ya no era esa discreta carpa que
tenía cuando empezamos a hablar en aquel sitio. No, ahora era una montaña muy
dura, podía tocarlo, masajearle por encima de la cremallera, mientras le besaba,
podía sentir cómo ese bulto crecía y crecía hasta ponerse de piedra. Dejamos de
besarnos, y me vio con una sonrisa inmensa, me preguntó que qué haríamos ahora,
le dije "Déjame eso a mí, levántate".
Le dije que me desvistiera, torpemente, y con las manos aún
temblándole, desabrochó mi pantalón y me quitó la camisa, puso sus manos cerca
de mi abdomen, quería tocarlo… Pero en ese momento no se atrevió, yo con total
maestría en hombres, desabotoné su camisa, y le saqué el pantalón, guao, que
belleza de bulto. Sus bóxers negros marcaban un impresionante paquete, como para
volverse adicto a él. Su olor a hombre casado, a papá, a hombre con experiencia
en la vida… Me puso aún más caliente, lamí ese bulto de arriba abajo, sentía los
pliegues de sus bolas, y la firmeza de su miembro, tenía una pequeña mancha de
precum que lamí con sumo placer.
Le saqué el bóxer y saltó sobre mi cara un mástil de 17 cms,
rasurado, con una cabeza bastante grande, y unas bolas que merecían ser mamadas
toda la noche. No quise ser predecible con él, y le pedí que se acostara de
nuevo, esta vez, con sus brazos y piernas abiertos. Lamí sus axilas primero que
nada, estaba sudando, pero no me importó, beber aquellas gotas de sudor me
excitó muchísimo, él estaba completamente depilado, por lo que pude captar y
guardar para siempre en mi memoria, todo el sabor de su piel, de su piel de
hombre, de un auténtico varón que aunque estaba con algo de miedo, decidió
entregarse al placer de mi lengua.
Seguí, lamí todo su brazo, completo, besé sus manos, chupé
cada uno de sus dedos como si yo fuese un niño pequeño, me dediqué especialmente
en el pulgar, ni hablar de su dedo medio, cuando lo introduje en mi boca hasta
el fondo, soltó un gemido, eso me indicó cuánto deseaba que le comiera su verga,
repetí en el otro brazo, y empecé a bajar. Llegué a su pecho, estaba muy cálido,
sus pectorales me encantaron, él en realidad no estaba muy definido, pero tenía
masa muscular, lamí con la punta de mi lengua el borde de su pecho, y mordí con
muchísimo cuidado sus pezones, cuando lo hice, suspiró profundamente, tenía los
ojos cerrados, estaba en éxtasis, su frente sudaba como un obrero en plena
construcción, subí y la lamí con delicado placer, pero bajé rápidamente para
seguir disfrutando de ese hombre.
Comí su abdomen con salvaje lujuria, le pasaba el borde de
mis dientes, introduje mi lengua en su ombligo, hice como si estuviese
comiéndole el culo, tenía todo su abdomen lleno de mi saliva, la cual restregué
sobre mi cara como un cerdo, deseaba más, y más de ese hombre, llegué a sus
piernas. No empecé por su verga (como supongo que él quería), empecé a besarle y
a lametearle el interior de sus muslos, mientras mi cara usaba su durísima verga
como almohada, él se movía frenéticamente, parecía un resorte, estaba cegado de
placer, yo podía sentir su glande en mi oído, era algo raro, pero especial.
Seguí lamiendo sus piernas, lengua iba y lengua venía,
descubrí que tenía la parte próxima a sus tobillos muy sensible, vi sus pies,
tan lindos, tan grandes, tan de hombre… Nunca me había provocado comerle los
pies a un tipo, pero con él me pasaba algo: Estaba decidido a hacer que su
primera vez fuese inolvidable.
Lamí el borde de sus pies, para luego enfocarme en sus
talones, le pasé la punta de mi lengua de arriba abajo, besando luego el centro
de sus pies. Comí con suavidad sus dedos, mordiéndolos muy despacio. Él me dijo
algo en ese momento entre gemidos, pero no pude entenderle, él estaba demasiado
excitado, su cuerpo estaba hirviendo. Detuve y me levanté para admirarlo, él se
quedó a la expectativa, me miró a los ojos con deseo, no sabía qué podía
hacerle, con mis manos acaricié su pecho, y luego pasé la punta de mis dedos
sobre su verga, la cual se movió.
Me tumbé sobre él y le besé, respondió sin tener ya ningún
nerviosismo o miedo. Me abrazó como todo un hombre de verdad, sus manos ya
recorrían cada poro de mi espalda, hasta llegar a mi culo, lo tocó, trató de
abrirlo, de jugar un poco con él, cuando sentí que quiso tocar mi hueco, le paré
suavemente, y me senté sobre sus hombros, poniendo mi verga en su cara. Me vio
con sorpresa, pero con agrado, besó mi tronco. Le pregunté "¿Quieres?", me dijo
"No sé, ¿No me va a doler?", le dije que no, que él me lo mamaría, que yo en
ningún momento le obligaría a que me hiciera nada. Dicho esto, empezó a lamer el
medio de mi tronco, me eché hacia atrás, ofreciéndole la cabeza, que manaba
litros de precum, lamió un poco la cabeza, y luego se impulsó para meterse mi
verga, la mamaba torpemente, pero me gustaba enormemente su modo de mamar. Me
hizo señas de que la quería toda. La introduje hasta el fondo, su cara se
encendió, se puso muy rojo, pero se veía que estaba disfrutándolo inmensamente,
se lo saqué, y me dijo "Buena verga, muchacho". Le pedí que cerrara los ojos. Me
volví a levantar.
Esta vez, iba a su miembro, pero no a su verga, quería dejar
lo mejor para el final, empecé a comerle las bolas, lanzó un gran suspiro, un
gemido total, sus bolas eran grandes, muy redondas, sin un solo vello encima,
olían a varón, a ropa interior limpia, a placer, me comía las dos al mismo
tiempo, las lamía, e incluso, apliqué una técnica que aprendí con un militar:
Las introduje todas en mi boca, y succionándolas, las jalé hacia abajo, él se
arqueó, pero no me importó, seguí haciéndole eso, acercó una mano a su verga
para masturbarse, la quité y lo agarré fuertemente con la mía, sería un crimen
si se corría en ese momento. Quedaba lo mejor. Alterné la mamada de bolas con
sus pies, hasta que, fui subiendo la punta de mi lengua poco a poquito por su
verga, despacio… Como quien disfruta de un buen dulce, le bajé el prepucio, y me
la introduje toda de buenas a primeras.
Él saltó, suspiró de nuevo, me dijo "Sí mi campeón, tienes
una lengua maestra, sigue", me dediqué a comérselo entero unas tres o cuatro
veces (tengo experiencia mamando, la garganta profunda se me da fácilmente), me
lo saqué y recorrí su capullo con mi lengua, como si disfrutase de un helado, le
di un mordisco algo fuerte (a propósito), para hacerle gemir de nuevo, me
encantaba oírle hacer así, con su miembro en la mano, golpeé mi cara,
castigándome el rostro con semejante macho que estaba comiéndome, tomé su mano y
la llevé a su miembro, tomé su dedo medio, y me lo mamé junto con su rica verga,
le excitó aún más, tenía su dedo por un lado, y su verga en otra, lamía su
precum con muchísimo gusto, con la otra mano me acariciaba el cabello, me dijo
"¿Quién te enseñó a mamar así?", no le respondí, seguí con mi trabajo.
Pregunté si podía mamarle el culo, se quedó frío, me dijo que
no, que él era hombre. Le dije "Tranquilo, los hombres también maman la verga de
otros hombres" (Debido a que él me la mamó hace un rato), se rió y dijo "Sí, es
cierto jejeje", se puso de espaldas, le dije que levantara su culo, lo hizo,
besando primero esas preciosas y perfectas nalgas, lamiéndolas con mucho
cuidado, no quería que sintiese que mis intenciones eran otras, las abrí con
precaución, y empecé primero a lamerle la parte superior de su hueco. Con la
punta de mi lengua "le pedí permiso" para entrar allí, lamí su muy cerrado
huequito de arriba abajo, él tembló, pasaba mi lengua horizontalmente (Así los
hombres disfrutan el doble). Con mi lengua intenté cojérmelo, la introducía lo
más adentro posible, pero él sólo se dedicaba a gemir, a decir con su
respiración entre cortada "Ay", "Sí, dale", "Oooh, que bien", "Qué rico chamo",
"Tienes una lengua bendita". Con una mano le tenía agarrado el miembro, que
parecía que iba a estallar con por la mamada de culo que le estaba dando a
Erick, con mis dientes acaricié el camino entre sus bolas y su culo. Pero, su
verga iba a explotar de un momento a otro.
Noté que la tenía demasiado hinchada, me detuve, y me acosté
a su lado, le pedi que me abrazara, y en vez de eso, se acostó sobre mí, besando
mis mejillas. Estuvimos así un rato, hasta que me preguntó "¿Te gustaría que te
cojiera?", Le besé en respuesta.
Se paró de la cama y buscó el lubricante, cuando se acercó a
la orilla de la cama, noté que la tenía un poco baja, se la volví a mamar
nuevamente, esta vez sentí cómo su verga se puso durísima dentro de mis labios,
él me la empujaba hasta adentro, me decía "Trágatela toda, dale que todavía
queda más afuera", si él hubiera podido, me hubiera metido su verga y sus bolas
en mi boca, se ponía como fuera de sí cuando se la comía. Le quité el condón de
la mano, lo puse en mi boca, y al tener su mástil frente a mi cara, empecé a
colocárselo. Suspiraba, me decía "Ufff, sí, así, sigue papá, sigue", Con el
condón puesto, me preguntó que cómo quería que se la guardara.
Me puse boca arriba en la cama, levanté mis piernas y le dije
"Listo", vio mi culo y sorpresivamente, ¡Lo lamio!, pasó velozmente su lengua
por mi agujero, haciendo que yo casi llorara de placer. Me dio el lubricante,
poniéndome yo un poco, y luego él cubrió su mástil con ese gel, puso su cabeza
en mi entrada, y empezó a meterlo, se inclinó para besarme, haciendo que su
verga me entrase completa, yo grité un poco porque me dolió, pero eso a él no le
importaba mucho, me besaba con lujuria, con mucho deseo, nos mantuvimos así
hasta que él empezó a cojerme frenéticamente, con desespero animal, estaba
excitado a rabiar, en su cara veía la violenta pasión que estaba viviendo,
empezó un mete-saca brutal, me dolía por lo rápido, pero yo estaba gozándolo
muchísimo, cuando dejó de dolerle, le dije "Azótame papá", tomó mi palabra. Lo
hizo durísimo, con ganas, quería violarme, cojerme, poseerme, hacerme saber que
él era un hombre y que por fin había encontrado a alguien dispuesto a aguantar
su masculina embestida.
Sentía sus bolas golpeando la entrada de mi culo. Él con su
machete me penetraba sin piedad alguna, diciéndome "Eso papi, disfrútalo", yo le
respondía, hablándole sucio y haciéndole molestar un poco, pegándole en el
orgullo "Dame duro, ¿Tú no dices que eres hombre?, ¿Porqué no siento tu verga?"
a pesar de tenerlo todo adentro, me cojía fuerte, me hacía saber quién mandaba.
Le dije que quería cambiar de postura.
Me acosté boca abajo, y le pedí que me diera así, cuando
comenzó a meterla, le dije "Cójeme pues, como se nota que no tienes hombría",
eso le enfureció y me tomó las caderas y empezó a darme con fuerza, la sacaba
toda y la metía de un solo golpe, luego lo metía y lo sacaba muy rápido, yo
gemía de placer y de dolor, quería sentirlo así para siempre, hasta que sentí su
corazón en mi espalda latir aún más fuerte, cómo su respiración se tornaba
pesada, entre sus gemidos me gritó "Me corroooo!!!!!!"… Se tumbó como un pesado
bloque de carne sobre mí, y sentí cómo su verga convulsionaba dentro de mi culo.
No sé cuántas veces acabaría ese monstruo tan macho en mi
pobre culito, sólo sé que al terminar, sudábamos mucho, él se reía como un bobo,
y yo me sentí a feliz, satisfecho, me sentía en las nubes, puesto que yo había
acabado sin tocarme, su pecho se inflaba, él había experimentado un verdadero
orgasmo, él estaba en éxtasis.
Pasó un rato antes de que me lo sacara, su condón estaba
repleto de semen muy blanco, espeso, bastante cremoso, lo tomé entre mis manos,
y eché un poco de su leche en su abdomen, me preguntó "Hey, ¿Qué haces?", a lo
que le respondí lamiendo su leche, la cual estaba bastante dulce, traté de
meterme toda la leche de su condón en mi boca, y me aproximé para besarle, cosa
que aunque él parecía no estar muy seguro de hacer, lo hizo, nos compartimos su
leche a través de nuestras lenguas. Él me dijo que no tenía idea de que el
semen, y más aún el suyo, supieran tan bien.
Descansamos un rato, me dijo que de verdad que no esperó
nunca disfrutar tanto con otro hombre, que era la mejor experiencia que había
vivido. Se levantó para ir a orinar, le seguí, puesto que estaba dispuesto a
darle una última gota de placer. Se paró frente al wáter, y yo me arrodillé al
lado con mi boca abierta, me dijo riéndose "¿Qué?, ¿Quieres que te mee?", asentí
con mi cabeza. Giró su miembro, y empezó a orinarme la cara, su caliente y
dorado néctar de hombre chorreaba hacia mi boca, aguantando allí un poco, hasta
que su chorro precioso cesó. Me miró por unos segundos y se arrodilló frente a
mí, besándome rápidamente, luego de eso me dijo "Ya que probé mi leche, ¿Qué más
da?".
Nos metimos a bañarnos, hasta que luego salimos de allí y
volvimos a vestirnos. Cuando salimos, me abrazó y me dijo que esperaba volverme
a ver, que él recordaría siempre esa primera experiencia tan maravillosa.
Le indiqué más o menos por dónde quedaba mi casa, era algo
tarde ya, pero aún así preferí que me dejase cerca y no en mi propia casa.
Quedamos en que le llamara de nuevo cuando tuviera oportunidad. Le dije que no
lo dudara ni por un minuto.
Luego de aquella primera vez, hemos experimentado de nuevo,
esta vez estuvo más decidido, dispuesto a seguir disfrutando de la delicia de
tener a otro hombre en sus manos.
Nos vemos, ¡Gracias por sus comentarios! =)