Llevábamos horas de viaje. Mi cuñado es de los que no
encuentra nunca el momento de pararse a descansar. Había oscurecido, mi hermana
se había dormido en el asiento del acompañante y mi sobrino estaba en el asiento
de atrás conmigo. Yo iba dando cabezadas y aguantando como podía el largo de
viaje de vuelta a casa desde la playa.
Supongo que me habría dormido un rato o quizás solo estaba
medio adormilada. Se que estaba soñando algo placentero y que de pronto pensé
que aquello no era un sueño, abrí un ojo sin apenas moverme y me di cuenta que
mi sobrino tenía su mano en mi pierna, justo por encima de la rodilla, y que la
estaba entrando poco a poco por debajo de la falda. La sensación de aquella mano
me había despertado.
Era ciertamente una sensación muy sensual pero aquello no
estaba bien. Mi sobrino se estaba aprovechando de mi! ¡Y eso ocurría para más
desfachatez en el coche en el que viajaban sus propios padres! Al parecer mi
hermana seguía dormida y mi cuñado iba con la vista fija en la carretera. ¿Dios
mío qué hacer?. La verdad es que la situación tampoco era para armar un
escándalo y además mi relación con mi sobrino era estupenda y tampoco quería
estropearla por algo así. Hiciera lo que hiciera mi reacción quería que fuese
delicada. No iba a dejar a mi sobrino preferido en un brete delante de sus
padres.
Mientras tanto mi sobrino iba subiendo su mano por la pierna,
muy poco a poco, pensando que yo dormía. Yo tenía las piernas un poco
entreabiertas, justo lo suficiente como para notar que la mano se deslizaba
entre las dos. Cielos! La situación tenía su morbo. De hecho ahora entendía
todos los juegos y toqueteos inocentes que mi sobrino me había prodigando
aquella tarde en la playa.
Mi sobrino había seguido subiendo la mano hasta encontrar las
dos piernas juntas cerrándole el paso. Ahora no sabía como seguir. ¿Forzar un
poco a ver si yo abría las piernas involuntariamente o seguir deslizando la mano
por encima de las dos hasta alcanzar mi vientre? Pensar que lo que mi sobrino
quería era explorar entre mis piernas me provocó una excitación instantánea.
Noté avergonzada cómo mi coño se humedecía. Mi sobrino se decidió por fin y
movió la mano suavemente, haciendo sólo una ligera presión, intentando que
yo separara las piernas. Y sin darme cuenta eso es lo que hice, separarlas
dejándole el camino libre.
¡Pero como podía ser tan fresca! No sólo dejaba que mi
sobrino se aprovechara de mí sino que además se lo facilitaba. La verdad es que
el hecho de dejar que mi sobrino me abriera las piernas aumentó aún más mi
excitación. Noté su mano subiendo entre ellas hasta tocar la tela de mis bragas.
Notaba que estaba empapada y que los labios de mi vulva respondían a mi
excitación aumentando su sensibilidad, como esperando el momento en que las
puntas de los dedos de mi sobrino se posaron en la tela de mis bragas. Fue como
un chispazo de calor que empezó en mi clítoris y recorrió todo mi cuerpo hasta
dejarme las orejas rojas de excitación
Por el rabillo del ojo veía la cara de concentración de mi
sobrino intentando adivinar lo que su mano tocaba por debajo de mi falda. Pasaba
la punta de un dedo arriba y abajo entre mis piernas. Ante la presión y la
excitación los labios de mi vulva cedieron marcándose una depresión que señalaba
empapada mi raja. El dedo de mi sobrino marcaba el surco una y otra vez. Cuando
llegaba a la punta pasaba por encima de donde estaba mi clítoris y yo sentía un
ramalazo de excitación.
Seguía haciéndome la dormida pero me parecía cada vez más
difícil que la mi respiración no me delatase. Notaba en la cara de mi sobrino,
que entreveía a través de mis párpados, la curiosidad y la excitación. De
pronto vi en sus ojos un punto de decisión y al mismo tiempo noté como sus dedos
buscaban torpemente el borde de mis bragas. Para agarrar y apartar el borde de
las bragas mi sobrino tuvo que hacerme separar un poco más las piernas. Le dejé.
¡Pero que zorra me sentía abriéndome de piernas para que mi sobrino me tocara a
su gusto!
Noté que un dedo se entraba por el borde y encontraba
enseguida los labios de mi vulva completamente mojados. Luego suavemente, muy
suavemente el dedo empezó a moverse por entre los labios que se abrieron para
recibirlo.
A duras penas contenía los jadeos. Mi sobrinito me estaba
volviendo loca. En un momento dado noté cómo el dedo se adentraba sin
obstáculos en mi coño. De hecho fue como si mi raja succionara su dedo. Mi
sobrino lo saco un poco asustado y me miró como temiendo despertarme. Cuando vio
que no era así volvió a meter el dedo con cuidado. Luego poco a poco empezó a
meterlo y a sacarlo. Yo intentaba que no se notara mi excitación pero aquello se
estaba volviendo insoportable. ¡Al final me iba a correr con el dedo de aquel
crío!
De pronto no pude más. Cerré las piernas atrapando el dedo en
mis entrañas y tuve un orgasmo feroz al mismo tiempo que abría los ojos y veía
la cara de mi sobrino mirándome espantado. Me puse un dedo en los labios
indicándole que callara mientas el placer del orgasmo me dominaba sin dejar que
mi sobrino sacara el dedo de entre mis piernas. Poco a poco la sensación se fue
apagando lo suficiente como para recuperar el control. Miré a mi sobrino y le
sonreí lo que hizo que relajara la cara aliviado. Relajé yo también la pinza de
mis piernas con lo que pudo sacar su dedo de debajo de mi falda. Lo sacó
completamente empapado. Ya más relajada eché la cabeza hacia atrás y en ese
momento el mundo se me vino abajo. A través del espejo retrovisor mi cuñado me
miraba con una sonrisa lasciva. Lo había visto todo.