La primera vez que nos vimos, ella estaba conectada a su
ordenador sobre una de las mesas escritorio de la habitación del campus
universitario y yo entraba, cargada con cajas de cartón, llenas de libros,
helada y fatigada por la lluvia que no había cesado en días. Nos sonreímos
amablemente, ambas sorprendidas de encontrarnos tan de repente y descubrirnos
mutuamente complacidas. "De hecho, esperaba que llegaras para ponernos de
acuerdo sobre los muebles"- dijo ella quitándose las gafas y perdiendo de golpe
un aire demasiado serio para su edad. Tenía el cabello negro, rizado y sujeto en
moño sobre la nuca, unos cuantos rizos se le escapaban enmarcando su cara oval,
de color marmóreo de la cual resaltaban unos inmensos ojos negros, con largas
pestañas enmarcados con un par de cejas gruesas pero bien delineadas. Yo dejé
las cajas por ahí, sentándome en una de las camas y desabotonando mi abrigo me
presenté: "Soy Tina Ross y me parece que elijo el lado de la ventana". "Hola
-agregó ella sonriendo tímidamente- me llamo Maia Ullami, futura arquitecta….."
Ambas reímos y a partir de ese momento esa relación que
estaría marcada por movimientos complementarios, como si se tratase de dos caras
de una misma moneda: una rubia, la otra morena, una decidida y clara y la otra
suave y tímida, partiría en la búsqueda desconocida de una misma pasión.
Esa noche, la oí llorar, en plena madrugada, intentando
refugiarse en el sonido d el a lluvia y los truenos que acompañaban la tormenta
de primavera. Me levanté d ela cama y suavemente me acerqué a la suya. Sollozaba
amargamente debajo de las mantas.
"Maia….."- dije sentándome al borde de su cama- ¿qué te pasa?
¿Tienes miedo? – pregunté inocentemente. "¡No!"- respondió sin salir de su
escondite, sollozando mas aún. "¡No sé qué hacer Maia!- le dije declarando mi
imposibilidad de actuar ante tal situación. "No me gusta que llores pero no me
atrevo a meterme donde no me llaman"- agregué preocupada. Y dando un giro
inesperado, se lanzó sobre mi llorando en mi regazo. Yo la abracé acariciando su
cabello rizado, ahora suelto, que le cubría la mitad
de la cara. "Tranquila….no llores más, seguro que sea lo que
sea, se resolverá….."- dije sintiéndo lo frágil y suave que era. Ella se acostó
sobre mis senos, empapando mi camisón de lágrimas y comenzó a hablar en un
idioma que no entendía al tiempo que me besaba, entre palabra y palabra, se
deslizó por mi hombro izquierdo desnudo, pasando suavemente a mi cuello,
siguiendo por mi mejilla y terminando en mi boca. La luz de la luna, le daba a
su rostro una textura plateada y sobrenatural que me hicieron sentir conmovida y
profundamente excitada al sentir su mano sobre mi seno izquierdo apretarlo con
cierta ansiedad. Comencé a besarla también, alejando sus lágrimas, besando sus
ojos, sintiendo sus mejillas rosadas y sus labios coral, deliciosamente húmedos
y tiernos, seguí por su cuello, mirando sus dedos desabotonar su camisón y
tocando sin poder detenerme un par de senos generosos, perfectos, de pezones
marrones que se empequeñecían a mi tacto, mientras mi boca se introducía en
ellos mamándolos suavemente. Mi cabeza giraba entre las luces de los rayos, el
estertor de los truenos acompañado de flashazos intermitentes y el olor a jazmín
que emanaba de su piel.
Se tumbo sobre la cama mientras que yo la recorría con mi
boca y mis manos, descubriéndose por completo y mostrándome su sexo
perfectamente rasurado, dejándome incursionar en el con mi lengua, mientras ella
se convulsionaba de placer. Abrió las piernas poco a poco, mirándome lamerla,
chuparla, succionar su clítoris, mientras pequeños jadeos remplazaban sus
interminables sollozos de llanto.
Sentí su flujo en mi boca, e intenté que mi lengua fuera
hacia adentro, cada vez más sin dejar de frotarla, acelerando el ritmo de mi
fricción, sintiendo, plenamente excitada, que estaba apunto del orgasmo. Sin
embargo, de pronto, me detuve, me quité el camisón frente a ella y la levanté un
poco, acercando su tronco a mi pecho e invitándola a sentarse a horcajadas sobre
una de mis piernas. Ella medio poseída se colocó y comenzó a masturbarse
frotando su sexo contra mi muslo, y moviéndose acompasadamente hacia delante y
hacia atrás. Yo seguía besándola, sintiendo sus manos frotar mis senos y
paseando mis manos por su deliciosa espalda y sujetándola al final por las
nalgas, apretándolas y pellizcándolas con cuidado. En el momento de mayor
placer, lanzó la cabeza hacia atrás gimiendo sin parar y yo la miré, demasiado
fascinada como para reparar en el mío propio. Cuando se vino, me tumbó en la
cama, me levantó el camisón de dormir y besó mi sexo desenfrenadamente primero
sobre mis bragas y después arrancándomelas internó su cara en él, lamiendo mis
labios y succionando mi clítoris. Cuando intuyó que estaba a punto, se subió
sobre mi, colocando su sexo desnudo contra el mío y cabalgándome, se volvió a
masturbar , mirándome fijamente con los ojos entrecerrados, jadeante, con las
tetas moviéndose al ritmo de su galope y causándome un orgasmo repentino. En mi
gran exhalación de un Ahhhh…! profundo, no se detuvo, aminoró su ritmo, y con la
palma de la mano acarició suavemente mis tetas, las lamió y deslizándose hacia
el sur, comió mis sexo mientras introducía un par de sus finos dedos en él,
provocándome un segundo orgasmo que me transportó directamente a las estrellas.
Yo acaricié su cabello, ambas aún jadeantes, ella me miró
desde abajo y subiendo lentamente sin dejar de acariciarme, se colocó detrás de
mí, besando mi nuca, mientras yo me giraba para sentir su lengua entrar en mi
boca. Se colocó detrás y abrazándome acarició mis senos, jugando con los pezones
mientras yo me volvía a masturbar por debajo de la única manta que nos medio
cubría.
"¿Quieres más?" – preguntó suavemente – llevando su mano a mi
sexo, colocándola sobre las mías y ayudándome a hacerlo otra vez, mientras ella
frotaba su sexo contra mis glúteos. La sentí cubrirme con su pierna, y besarme
el oído al tiempo en que yo volvía a gemir ahogadamente mientras ella misma, con
su otra mano se frotaba al mismo tiempo y al mismo ritmo que yo causándonos el
éxtasis al unísono.
Dormimos así, entrelazadas y a la mañana siguiente juntas en
la ducha le pregunté:
"¿Porqué llorabas anoche?, "Es que no sabía cómo decirte que
soy lesbiana…"- dijo mirando al suelo, el agua correr. "Todos tenemos algo que
es difícil de confesar- dije pensando en mi propia obsesión- pero no podemos
vivir en contra de lo que queremos y sentimos….sólo hay que encontrar la
forma…..¿no crees? Ella abrazándome, otra vez, comenzó a llorar.