Mi vida no ha sido nunca del todo fácil. Desde temprana edad
he sido victima de violaciones por parte de los amigos de mi hermano mayor. Él
siempre ha estado enterado, pero valora más sus amistades que a su hermana. Con
unos antecedentes así, nunca imaginé ser capaz de hacer lo que hice aquel día…
Después de un largo verano lejos de casa, volví con ganas de
volver a ver a todo el mundo, en especial a mi mejor amiga. Pasamos la tarde
juntas, paseando y contándonos cientos de cosas que nos habían sucedido.
Decidimos dormir juntas para aprovechar el tiempo, cenamos y estuvimos charlando
en la cama hasta bien entrada la madrugada. Estaba feliz de estar con ella, la
había echado tanto de menos…
Al día siguiente, cuando nos estábamos despidiendo recibió
una llamada. Yo la miraba y escuchaba atenta, para intentar averiguar con quien
hablaba, sentía curiosidad, así que esperé a que terminara. Cuando lo hizo, me
contó que era un amigo suyo llamado Juan que le estaba invitando a una fiesta
ese mismo sábado, era una gran fiesta en una de las mejores discotecas de la
cuidad, para despedir el verano. Las dos estábamos invitadas, aunque yo no
conocía al chico, aún…
Y el sábado llegó. Por supuesto, mi amiga y yo quedamos para
arreglarnos juntas, opinar sobre la ropa que nos pondríamos y ayudarnos a
maquillarnos mutuamente. Estábamos acostumbradas a hacerlo así y era genial. Una
vez listas nos dirigimos al centro de la cuidad, tarde como siempre. Cuando
llegamos, Juan estaba de pie en el exacto lugar donde habíamos quedado con él,
vestido con unos vaqueros ajustados que marcaban perfectamente su culo y su
parte delantera y una camisa blanca desabrochada hasta la mitad. Su piel morena
destacaba junto a esa tela blanca, la verdad es que cuando le vi me gusto mucho,
pero no le di importancia, solo iba a pasarlo bien en una fiesta impresionante.
Entramos en la discoteca, la música estaba muy alta y las luces no me dejaban
ver bien a la gente de mi alrededor, tanto por la excesiva oscuridad como por
los efectos de flash que el responsable de iluminación hacia destellar a lo
largo de toda la sala. Esa sensación solo me duro unos segundos, en seguida me
acostumbré. Y allí estábamos los tres: Juan, mi amiga y yo. Los miré a los dos y
les sonreí. A continuación saqué un cigarro de mi bolso, y mirando a Juan con
mirada lasciva, entreabrí mis labios y coloque el cigarrillo entre ellos. Luego
lo encendí y volví a sonreírle. Él se estaba empezando a excitar, lo pude notar.
La noche transcurrió tranquila, pero aproximadamente a las 5 de la mañana mi
amiga cambió. De repente no estaba a gusto en ese sitio, todo le parecía mal, en
su cara pude percibir envidia, celos…entonces entendí todo: sí, Juan era solo su
amigo, pero ella deseaba que fuese algo más.
Y yo había pasado más tiempo con él que con ella. Decidí no
hacer caso al chico, pero ya era tarde… Después de todo, el me había excitado
con sus miradas y roces disimulados mientras bailábamos juntos. Con el pretexto
de estar demasiado cansada nos dirigimos a casa de Juan los tres. Nos acostamos
en la cama y apagamos la luz. La habitación estaba completamente a oscuras. Juan
empezó a acariciar la parte superior de mis pechos, q sobresalían de mi largo y
ajustado vestido negro. Lo hacia muy despacio, y el morbo de saber que si mi
amiga (que estaba acostada en la misma cama a nuestro lado) se enteraba se
enfadaría mucho, hizo que solo unas caricias por encima de las medias me
excitaran como hacia mucho tiempo no sentía. Empecé a notar como mi sexo
aumentaba de temperatura rápidamente y se humedecía a la vez. Mi respiración
también se tornó más apresurada, aunque intentaba contenerla, pues en el
absoluto silencio de la habitación en la que nos encontrábamos podría alertar a
mi amiga de lo que estaba ocurriendo. Mi mano, descontrolada, se dirigió al
miembro de Juan, que estaba tan cerca de mí que ya lo había podido sentir grande
y duro rozando mi trasero. Froté mi mano sobre su pantalón varias veces, y esa
dureza casi insuperable me estaba volviendo loca. Pensaba que si mi amiga no
estuviese allí, no habría tardado ni diez segundos en introducir su preciosa
polla en mi boca, me moría de ganas de saborearla cm. a cm., de sentir como se
introducía lentamente hasta llegar al fondo de mi garganta… imaginar aquello
incrementaba mi deseo sexual por aquel chico. Minutos después supe que no podía
esperar más, necesitaba que Juan me follara tan fuerte como nadie me lo había
hecho jamás y sabía que daría la talla, así que lo único que se me ocurrió fue
voltearme hacía mi amiga y decirle:
- Nena… ¿cómo estás?
- ¿Acaso creéis que soy estúpida? Estamos los tres en la
misma cama y no ha habido ni siquiera un momento en el que hayáis parado de
acariciaros y calentaros, ¡y yo aquí al lado! No puedo creer que me estés
haciendo una cosa así.
- Lo siento – añadí con la cabeza inclinada hacia el suelo-
no hemos podido evitarlo… Pero creo que sería una buena idea que acabásemos la
noche bien, los tres juntos podemos divertirnos, ¿no crees? – pregunté, y busqué
la mirada de Juan pidiendo su aprobación.
Sus ojos se abrieron como platos, se iluminaron de una manera
extrema. Sin duda mi idea le había parecido estupenda. El problema es que a mi
amiga no. Ella se echó a reír irónicamente, y contestó que nunca haría una cosa
así.
- Jajaja – mis carcajadas burlonas resonaron en aquella
habitación.- ¿qué no?
Sin ni siquiera pensar lo que estaba haciendo me coloqué de
rodillas encima de ella, que yacía boca arriba sobre la cama, apoyando mis
piernas sobre sus brazos que extendí previamente, impidiendo así que pudiera
soltarse. Miré a Juan; él estaba quieto, solo observando mi próximo movimiento.
Mi amiga gritaba como una loca que qué coño me creía que estaba haciendo, que la
soltara inmediatamente…pero, sinceramente, no me molesté en escucharla.
En esa postura, mi sexo quedaba situado excesivamente cerca de su boca. Con una
mano levanté mi vestido, mientras introducía la otra por debajo de mi tanga
realmente mojado. Mis dedos se deslizaban por mi rajita hábilmente gracias a la
excesiva lubricación. Metí dos de mis dedos ligeramente en mi vagina, y jugueteé
por unos segundos gimiendo levemente. Los saqué, volví a mirar a Juan sonriendo
pícaramente y acto seguido acerqué mis dedos entreabiertos, unidos por hilillos
de flujo semitransparente, a la boquita de mi amiga. Ella cerró los ojos
asqueada, y selló sus labios, impidiéndome que se los metiera dentro. Le pedí
que los lamiera, pero ella solo ladeaba su cabeza, de un lado para otro
evitándolo. Yo me entretuve restregando mi mano mojada por toda su delicada
cara. Pero mi paciencia se estaba acabando, y me estaba empezando a enfadar
tanta tontería. ¡Lo fácil que hubiera sido divertirnos los tres! La miré con
rabia, y entre gritos la advertí que sería mejor que hiciera lo que le estaba
pidiendo. Ella todavía no daba crédito a mi forma de actuar, estaba descolocada,
pero no obedecía. No podía más, alcé mi brazo y estrellé la palma de mi mano
abierta en su linda y blanquecina mejilla. Ella gritó. Una lágrima resbaló por
su ahora caliente y enrojecida mejilla. Me dedicó una mirada, en la que
entremezcló el odio, con el miedo y la pena. Ahora empezaba a darse cuenta de
que no estaba bromeando.
De nuevo, aunque esta vez más rápido, volví a meter mis dedos en mi coñito, que
cada vez estaba más excitado, y le pedí "amablemente" que abriera esa preciosa
boquita que me tenía loca desde hacía tiempo. Sus labios temblaban mientras se
abrían lentamente dejando paso a mis dedos, perfectamente impregnados en mis
flujos.
- Lámelos como una perra, sé que sabes hacerlo. Y, por
cierto, no cierres los ojos…quiero ver como disfrutas mientras lo haces.
Juan estaba realmente excitado. Su miembro, recorrido de arriba abajo por
grandes venas, se alzaba sobre la cremallera de su pantalón. Me incliné
lateralmente hacia ella y la metí en mi boca de una sola vez, de reojo miraba a
la nena y supe que se moría de ganas por sentirla como yo lo estaba haciendo.
Por supuesto que la iba a probar, pero aún quería que esperase un poco. Seguí
chupando semejante polla, cada vez más ansiosa, con más ritmo. Sus gemidos
también se hacían mas fuertes e intensos, lo que me incitaba a seguir aumentando
la marcha. Paré. Los dos me miraron, intentando adivinar lo que iba a hacer.
Aproveché para desprenderme de las medias y el tanga, que a estas alturas ya
empezaban a estorbarme. Retomé mi postura inicial, quizás un poco más cerca de
la cara de mi amiga. Y sin decir nada, la agarré del pelo y puse en contacto su
rostro con mi sexo que chorreaba sobre ella. Gimió, por la brusquedad de mi
movimiento y por el tirón de pelos que le acababa de regalar. Me acerqué a su
oído y la dije que quería sentir como su lengua me recorría y me inundaba.
Comenzó a besar, muy lentamente, con reparo. Después sacó su lengua, rosada y
húmeda haciendo que me estremeciera de placer mientras yo hacía leves
movimientos de cadera para tratar de no despegarme de ella. Le pedí a Juan que
mientras tanto me dejara seguir saboreando su cosita, y me penetró la boca,
mientras disfrutaba de aquel espectáculo formidable. Seguimos así un buen rato,
yo estaba a punto de terminar cuando noté que Juan estaba en la misma situación.
Unos segundos después un río de semen llenaba mi boca, di los últimos
lengüetazos y me aparté ligeramente de mi amiga para besarla sensualmente y
dejar que saboreara conmigo aquel líquido espeso. Aunque ella no estaba
disfrutando aquello como siempre había imaginado que lo haría.
A Juan no le hicieron falta ni 10 segundos para recuperarse,
nunca se había visto envuelto en una situación parecida, y pensaba para sí que
era muy afortunado, lo estaba pasando en grande. Pero quería continuar sin
pensar en nada… Rápidamente acercó su polla a la boca de mi amiga, y se la metió
entera. Ella en un acto reflejo se intentó apartar, echando la cabeza hacia
atrás, pero Juan no la dejó. Sujetando su cabeza por los pelos la empujaba con
fuerza contra él, como si quisiera asfixiarla. Yo podía ver su cara, cada vez
más roja. La falta de aire hizo caer una lágrima que acabó en la sábana que
teníamos colocada debajo, y el rimel de sus pestañas dejaba un surco negro por
el exacto lugar por donde había pasado. Movía la cabeza desesperadamente, de un
lado a otro intentando que aquel miembro saliera de su boca y se ayudaba de las
manos contra las musculosas piernas de Juan para soltarse, empujándolas,
golpeándolas, pero sin éxito. Cuando la sacó, mi amiga respiró con ansias,
llorando, y pidió que la dejáramos irse. Nosotros no habíamos hecho más que
empezar, teníamos tantas ideas en la cabeza…
Me desnudé completamente y obligué a mi amiga a hacer lo
mismo, Juan ya lo estaba desde hacía un rato. Me había gustado mucho sentir su
lengua en mi coñito, y también quería saborear el suyo, así que me coloqué a
cuatro patas sobre ella, en la postura de 69. Descendí mi sexo hasta su boca,
despacio y no hizo falta decirle nada más. Yo comencé a lamer, succionar su
clítoris y me encantó sentir su respiración en mí, tenía la nariz tan cerca de
mi cuerpo… y mientras tanto metía uno, dos y tres dedos en su vagina, tan solo
ligeramente humedecida. Costaba introducirlos, la hacía daño, pero quería
tenerlos dentro, me gustaba esa sensación, notaba como su carne los envolvía y
por los nervios apretaba y cerraba la abertura genital, produciendo una presión
extraordinaria.
Juan había estado observando, pero no podía más. Se colocó
detrás de mí, casi sobre la cara de mi amiga y me embistió. Mmmmm…cada vez que
recuerdo ese momento… no me lo esperaba, y de repente tenía esa gran polla
dentro. Noté como llegó hasta el fondo, me sujetó de las caderas y me golpeaba
en las nalgas mientras seguía introduciéndome su rabo, cada vez más rápido, más
fuerte. Mi amiga desde abajo seguía lamiendo mi clítoris, sin parar y yo el
suyo. Cuando sentí que me iba a correr, entre gemidos, Juan me follaba más
fuerte aún y nos corrimos a la vez. El sacó ligeramente su polla y dejó que
cayera todo sobre la cara de mi amiga, diciéndola que abriera bien la boca.
Estaba preciosa con todo el semen semitransparente, blanquecino en sus párpados,
nariz y lengua. Su cara de asco permitía averiguar que para ella no había sido
tan gratificante como para nosotros dos. Nos acercamos y lamimos su carita, Juan
y yo, extasiados aún…y nos besábamos compartiendo su propia leche. Ella no se
podía creer lo que estaba viendo, pero con temor se dejaba hacer.
La pedí que levantara las piernas abriéndolas excesivamente.
No quería, pero Juan me ayudó a que lo hiciera. Así, con una pierna a cada lado
de su cabeza, tenía su coñito totalmente expuesto para hacer lo que quisiera con
él. Chupé todos los dedos de mi mano, y escupí en su sexo. De manera violenta y
apresurada restregué mi mano por su coño, para extenderlo y lubricar bien. Metí
uno de mis dedos mirándola a los ojos fijamente. Ella se resistía ligeramente.
Metí dos sin demasiada dificultad. Los metía y los sacaba, despacio, haciéndola
sentir como la penetraba con mis dedos en toda su extensión. Tres…empezaba a
costarme, ella empezó a sentirse llena.
¡Quiero meterte el puño entero puta, así que deja de
cerrar el coñito o te va a doler…!
Abrió los ojos y empezó a patalear como un niño pequeño,
llorando y pidiéndome que no le hiciera eso…pero yo lo necesitaba, imaginaba
toda mi mano dentro de su coño y como se lo iba abriendo, empujando aunque no
entrara y…Le di un bofetón para que se callara. Juan seguía sujetando sus
piernas, ahora con más fuerza y no quitaba la vista del coñito de mi amiga ni un
segundo. Él también quería ver el espectáculo.
Junté bien cuatro de mis dedos y los metí muy fuerte, mi
amiga dio un grito de dolor, y pude notar como contraía sus músculos vaginales,
con mis dedos dentro. Los volví a sacar, y escupí de nuevo, ahora sí iba a hacer
falta de verdad. Coloqué mi dedo pulgar enfrentado al dedo corazón y junté los
demás lo mejor que pude. Metí despacito, el principio entró muy bien,
deslizándose, pero cuando llegué a la altura de los nudillos no podía avanzar.
Acaricié su clítoris con la otra mano para estimular mientras empujaba fuerte
con el puño cerrado, ella se inclinaba hacia arriba, para que no le metiera más
y soltaba unos gemidos de dolor que me encantaba escuchar. Seguí empujando con
fuerza y pude notar como iba cediendo, un poco mas, un poco más…así!
Dios, ya tengo toda mi mano dentro de tu coño
nena…¡dime que no te gusta!
Obviamente no, pues su coño sangraba discretamente, se había
desgarrado el periné.
Sin sacar mi mano, Juan colocó la punta de su polla, de nuevo
erecta en el culo de mi amiga. Ella lloraba ya casi sin energía, pero sin poder
parar de hacerlo. Yo la conocía bien, nunca había realizado sexo anal, una vez
me había contado que lo intentó con su ex, pero que solo le metió el capullo un
poquito y la hizo ver las estrellas de dolor, así que se había negado siempre. Y
ya sabía lo que se le avecinaba… Juan pensó que con mi puño en su coño,
metérsela en el culo sería una sensación increíble, más prieto que nunca, así
que no podía desaprovechar esa oportunidad, y le daba igual que ella quisiera o
no, por supuesto. Empujó hasta colar media polla. Mi amiga no soportaba ese
dolor, gritó, estrechó su vagina, se encogió por completo. Intentaba agarrar con
su mano la polla de Juan para sacarla de su dolorido culo, pero no podía. Él
separó bien sus dos nalgas, y le pegó un segundo estacazo para clavársela
entera. Pude ver como su gran rabo desaparecía en el orificio anal de mi amiga.
Juan gemía sin parar, me miraba y me pedía que moviera la mano dentro del coñito
de mi amiga, lo notaba a través de las paredes internas de mi amiga. Le folló el
culo durante cinco interminables minutos, sin compasión, hasta que se corrió.
Cuando la sacó pude observar como emanaba toda su leche, ligeramente teñida de
rojo por la sangre de aquel destrozo que le acabábamos de provocar a mi amiga.
Creí que con eso era suficiente, ayudé a mi amiga a vestirse porque ella apenas
podía moverse y la metí en un taxi. Yo me quedé con Juan aquella noche, y
seguimos follando durante toda la noche, recordando lo que había sucedido en
aquella cama unas horas atrás.
De mi amiga, no he vuelto a saber nada.