Estaba esperando a que me dijera algo, pero su silencio era
un aviso inequívoco de que no iba a contestar a mi pregunta.
Era capaz de cualquier cosa, y él lo sabía. Por eso, me fui
al salón y le senté ignorándole, cambiando de canal a cada instante. Había sido
un día horrible y tenía demasiada rabia contenida en mi interior. Él lo sabía, y
muy a pesar de sus esfuerzos por intentar subirme el ánimo, mi cabeza daba miles
de vueltas.
Ya no había remedio. No había otra solución que la
resignación. Me dio la mano y sentía su cariño y el amor que intentaba
trasmitirme para convencerme de que no merecía la pena aquello. Y tenía toda la
razón.
Por eso, hice un paréntesis y le conté por qué tenía aquel
dolor en el brazo, por qué esa sonrisa y esos ojos entornados no querían hablar
más de la cuenta. Lo entendió. La soledad hace mella y la desesperación hace que
echemos mano a eso, a las manos...
Le contaba detalladamente todas y cada una de las caras que
había puesto, las sensaciones tan placenteras e incluso extremas que llegué a
sentir con el aparato mágico. Y notaba cómo su imaginación volaba y volaba, y
todo su cuerpo reaccionaba ante mis fantasías más reales echas realidad cunado
él no estaba presente. Su instinto le hizo acercarse a mí y devorarme. Pero no
le dejé. Retiraba la cara sutilmente y le rozaba con la lengua, para que se
quedara con mi sabor en los labios.
Sus reacciones provocaron reacciones en mí. Las manos fueron
en busca de su pecho encubierto tras una camisa negra. Tenía los pezones
sobresalientes. Mi sonrisa me delató. Mis pedos lo apretaron con fuerza y los
contenía y pellizcaba a mi antojo.
-¿Te gusta eh?-le dije mientras miraba aquellos ojos
hambrientos.
-Me encanta-contestó paladeando el sabor del placer.
-Y a mí.- y le tiré tan fuerte que me dolió incluso a mí.
-¡No tan fuerte!-me pidió.
-Lo siento-mentí-pero yo se que te encanta, ¿verdad?
¿A que no quieres que pare?-dije.
-Sí....Umm... Me pone cuando me dominas, cuando te pones así-dijo
con los ojos cerrados.
-A tí y a muchos más-comenté mientras seguía con mi
tarea.
Dominarte a tí y a todos los hombres que se dejen es un
placer...en sí mismo.
Y tú, ¿te dejas?