ADRIÁN (II)
Éramos dos personas abandonadas por completo al placer, una amalgama de
carne, sudor y gemidos dedicada.
En ese momento la puerta se abrió. Adrián y yo nos quedamos rígidos y
contemplamos con una mezcla de asombro y profunda vergüenza la silueta que se
perfilaba en la puerta del apartamento.
(…)
Recordaba perfectamente aquellos ojos verdes que nos miraban desde la puerta.
Su piel morena y su pelo oscuro y mojado eran exactamente igual a los de Adrián…
Su hermano Carlos nos estaba observando atentamente desde la puerta.
Yo no podía apartar la mirada del chico, que debería rondar
los veinte años, aunque aparentaba bastante menos. Siempre había sido un niño
delgado y huesudo que iba detrás de nosotros intentado imitarnos en todo lo que
hacíamos; y, por la expresión con la que Adrián lo estaba mirando, lo había
conseguido en muchos más aspectos de los que yo pensaba.
La expresión asustada de Adrián había cambiado del inicial
miedo a una media sonrisa y le hizo gestos a su hermano para que se acercara; en
ese momento me di cuenta de la enorme erección que se apreciaba a través del
bañador y me di cuenta de que no era la primera vez que entre ambos hermanos
pasaba algo así, la sola idea de imaginar a ambos follado cuando éramos niños me
excitó todavía más y mi polla, que aún seguía dentro del culo de Adrián, se puso
todavía más dura.
Sin mediar ningún tipo de palabra, Carlos se acercó donde
estábamos nosotros y sacando un miembro de unos 18 centímetros se lo ofreció a
su hermano, que empezó a mamar mientras que hacía señales para que reanudará mi
follada. No me hice de rogar y continué, pero miraba fijamente a Carlos, que me
observaba entre excitado y divertido; su media sonrisa dejaba ver unos dientes
blancos que contrastaban con su morena piel y su ojos verdes me miraban deseosos
de lanzarse a por mi boca. Me acerqué lentamente y le besé; su lengua entró en
mi boca para encontrar a la mía, y empezó a recorrer todos los recovecos; en ese
momento creo que empecé a ser consciente de que tenía a dos hermanos sólo para
mí.
Empecé a buscar su culo e intenté separar sus nalgas para
encontrar su tierno agujero, pero él se apartó lentamente; sin ser brusco me
dejó claro que era un territorio vedado y pensé que tal vez ni su hermano Adrián
había explorado sus secretos; decidí que hoy pondríamos solución a eso.
Me separé de Adrián y solté:
- Venga Carlos, que tu hermano ya te ha ensalivado
suficientemente la polla y yo ya te he abierto el camino.
Carlos se limitó a sonreírme maliciosamente y sacó su miembro
de la boca de su hermano; en ese momento, Adrián y yo cruzamos una mirada
cargada de complicidad; después de tantos años todavía éramos capaces de
decírnoslo todo con sólo mirarnos, y me quedó claro que Adrián había comprendido
lo que pretendía hacer.
Por su parte, el inocente Carlos, ajeno a nuestras
maquinaciones, empezó a introducir su miembro en el ya dilatado recto de su
hermano mayor, que soltó un pequeño gemido cuando su hermano la hubo introducido
toda. Poco a poco, Carlos empezó a gozar con el culo de su hermano y yo,
disimuladamente me coloqué detrás de él y empecé a acompañar sus movimientos
mientras le besaba suavemente el cuello.
Cada vez más, Carlos iba cayendo preso del places y era menos
consciente de lo que sucedía a su alrededor; mediante un movimiento rápido me
introduje debajo de él, lo que hizo que abriera sus ojos receloso, pero cuando
sintió mi lengua chupar sus huevos y el tronco de su polla que rítmicamente
abandonaba el culo de su hermano se relajó y se dejó hacer como un buen chaval.
Disimuladamente, mi lengua se deslizaba esporádicamente hacía
su agujero; a medida que me iba acercando, Carlos reducía su ritmo y cuando
empecé a saborear su pequeño y cerrado agujero se detuvo por completo aunque no
se apartó; por lo visto, a pesar de su miedo a ser penetrado mi experta
dilatación le estaba gustando. De repente Adrián dijo:
- Estate tranquilo Carlos que ya verás como te va a gustar.
Relájate y confía en mí.
Sus palabras surtieron efecto, ya que Carlos relajó sus
músculos y su culo fue abriéndose progresivamente hasta que estuve satisfecho de
mi trabajo. Entonces le introduje lentamente dos dedos lubricados con abundante
saliva, Carlos emitió un grito de dolor, pero la mirada que le echó Adrián le
hizo tranquilizarse, yo me levanté y coloqué mi polla, más dura que nunca, en la
boca de mi gran amigo Adrián que la lubricó para que pudiera penetrar a su
hermano y luego dijo:
- ¡Demuéstrale como un folla un tío Miguel!
Yo asentí y me dirigí hacia Carlos, que me miró tímidamente,
como años atrás cuando era un chavalín. El recuerdo avivó aún más el deseo y le
dije:
- Tranquilízate y si sientes en algún momento que no puedes
aguantar avísame.
Por contestación sólo recibí un tímido asentimiento. Parecía
ser que, a pesar de haberme besado, de tener su polla dentro del culo de su
hermano y de que yo le hubiera comido el culo, se moría de vergüenza cada vez
que le dirigía la palabra. Entre cachondo y divertido me puse detrás de Carlos y
le encañoné con mi cipote; empecé a empujar y noté como mi miembro iba entrando
lentamente mientras Carlos sólo emitía pequeños suspiros de dolor. Iba muy
lento, y nos costó casi 5 minutos conseguir que su culo tuviera dentro todo mi
miembro.
Una vez Carlos se relajó le dije:
- Estás hecho un campeón. Muy bien. Ahora muévete tú a tu
ritmo y disfruta.
Poco a poco Carlos empezó a moverse lentamente, penetrando
nuevamente a su hermano mientras que, a la par, se clavaba en mi polla. Yo me
estaba en la gloria, su recto era estrecho y suave; además, el hecho de ser el
primero que le penetraba le daba un morbo especial; a todo ello había que sumar
la vergüenza que me tenía el chaval, la cual no le impedía follarse a su hermano
delante de mí, pero sí dirigirme la palabra.
Con estos pensamientos, Carlos empezó a moverse más
rápidamente y a lanzar verdaderos gemidos de placer, que competían con los de su
hermano. Yo, completamente relajado, me dejé hacer y me concentré a disfrutar de
su joven culo hasta que, Carlos clavó profundamente a su hermano y vació sus
huevos dentro de su culo, entre espasmos de placer. En ese momento Carlos quedó
acostado sobre Adrián, respirando agitadamente por el esfuerzo, pero yo aún no
estaba satisfecho, empecé a follármelo como un poseso, deseoso de llenarlo con
mi leche; algo que él me pidió entre susurros. Aquellas palabras, pronunciadas
entre jadeos y apenas audibles por culpa de su respiración agitada fueron lo
único que necesite para descargar toda mi leche en su precioso culo mientras
lanzaba un grito triunfante. Cuando me recompuse me retiré y le ayudé a
levantarse, durante un momento nuestras miradas se cruzaron, pero él retiró la
suya avergonzado. Le dije:
- Ayúdame con tu hermano anda, que no le podemos dejar así.
Sin apenas mirarme se colocó en el lado opuesto del que yo me
encontraba y ambos empezamos a comer el rabo de Adrián, que no tardó nada en
correrse. Carlos se lanzó ávido a comer la mayor cantidad de leche posible, sin
importarle ser brusco y sin ningún tipo de vergüenza; aquel chaval cada vez me
resultaba más gracioso y desconcertante. No podía mirarme a la cara, pero si
apartar mi lengua con la suya para lamer la leche de su hermano.
Cuando ya no quedó nada que lamer, Carlos se levantó
rápidamente y dando una torpe excusa se metió en el baño para ducharse. Me quedé
mirando a Adrián y le dije:
- Tienes mucho que explicarme ¿Eh?
- La verdad que sí…
- ¿Sabes? – repuse -, ha sido una suerte haberte encontrado
de nuevo.
- Sí… - dijo Adrián maliciosamente -, nunca volveremos a
perder el contacto.
- ¡Nunca! – corroboré.