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TODORELATOS » RELATOS » LAURA, RECEPCIONISTA DE HOTEL
[ "Esta a punto de ceder, ya cierra los ojos" Velmont ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 22-Feb-08 « Anterior | Siguiente » en Confesiones (2127 de 2317)

Laura, recepcionista de hotel

kuskus nas
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Estuve a punto de hacer una estupidez mientras ella trabajaba. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Laurita, recepcionista de Hotel

En mis llamadas, siempre reprimia mis intenciones con Laurita. Como un trauma, llevaba la carga de un acercamiento frustrado a su intimidad. En un discurso bien preparado, ensayado mil veces en la fantasía. Un paso radical en la petición. `Estamos solos. Bajate la braguita, y sientate encima mio; despacio... Dame tiempo en calzarte, en envolverme en ti. Disfruta mi carne entrando. Cada milimetro...´

Quería romper esa barrera telefónica. La pequeña rubia, guardaba una ligera decepción en el recuerdo de mis acciones. Sin duda, fruto de un comportamiento ambiguo y sospechoso por mi parte. Nuestro acercamiento fracasó en la intervención de terceros, en ese único encuentro. Era dificil, entonces, buscar el momento de estar a solas con ninguna chica, siempre premeditando. En aquella ocasión, ella pareció entenderlo. Y la intervención externa, no deseada, desbarató cualquier acto. Pero aún quedaba un último movimiento.

Laurita trabajaba en un hotel comarcal, como recepcionista, lejos del nucleo urbano. Un hotel lujoso, lo bastante... Laurita me invitó a visitarla durante el trabajo, como única opción, de llevarla de vuelta una pelicula prestada. Allí hablaríamos, según sus dulces palabras. ¿De qué, me preguntaba? Era un decir supongo, un modo de expresar la intención de saludarme. Pero no dejaba de fantasear, con la idea, de que ella, Laurita, por iniciativa propia, me llevara a una de las habitaciones del hotel, y se sentara encima mío, para destrozar la cama.

Apenas vi un solo cliente, el tiempo que permanecí en la recepción del hotel. En una recepción abierta, de un mostrador amplio. Allí estaba Laura.Rodriguez, su jefe, recordó a la pequeña recepcionista rubia, que debía aceptar ese puesto vacante en Londres; luego tuvo la deferencia de dejarnos solos. Desde el otro lado del mostrador la entregue la copia a Laura. Entonces, ciego de pasión, visualice el follarla en  pie; un coito de Hotel, de postura y letra H.Esperiaria el momento oportuno. Un momento de mi imaginario, conducido en mi impulso hacia Laura, tras el mostrador. Para, levantando así su falda, penetrarla por detrás súbitamente, en su sorpresa. Jodida apenas en unos minutos. Apresurado de convenencia, para que nadie compartiera nuestro placer ardiente y fugaz.

Arremetí varias veces con insinuaciones, hábilmente saboteadas por la rubia, que sonriente, inflaba su ego de atrevidos alagos.

Y entonces se me escapó un pensamiento, expresado en alto: - Si te apetece, voy detrás del escritorio y te follo por detrás...

Laurita no podía creer lo que acababa de escuchar, me miraba fijamente congelada en un instante, ída en su reflexión interna, procurando comprender el contexto de tal arriesgada petición: - Si hombre... Te crees que te voy a dejar...

Avergonzado, me despedí de ella lo mas educada y cobardemente que pude, tembloroso y desacertado en mi interlocución. Justo antes de desaparecer por la puerta, intenté justificarme en un comentario aún mas desacertado: - No he dicho que quiera violarte, ¿eh? -. Desconozco la reacción de Laurita, pero puedo intuir, como en muchas ocasiones de mi relato, que esta afirmación debió calar muy hondo de impresión, y que de este mismo modo, corroboraba su percepción de lo ocurrido: la propuesta había sido real, aún por lo subrealista.

Mi verguenza se torno en olvido hacia Laurita, propiciado desde la lógica. Pero la sensación de fracaso crecía en mi interior. Debía resolver ese anhelo. Consumar mi deseo de alguna forma, por nimia que fuera. Mi conclusión presentaba, no una disculpa, sino una sincera confesión. Y el teléfono bastaba. Laurita se dispuso a atender mi confesión, aún molesta. Y confesé.

- Aquella tarde, te lleve a mi casa con la única intención de convencerte, para que me dejaras meterte la polla. No pretendía hacer el amor contigo, no me malinterpretes. Solo tenía la curiosa necesidad de sentir tu vagina; su humedad, su tibieza, y su suave tacto, unos minutos. Entera. Una vez. Mi petición era asi de simple. Después... No lo sé... Supongo que una vez sentada encima, en la silla... Bien... Pues decia, que una vez sentada encima, dentro, clavada en mi... Supongo que acabaría preguntándote `¿quieres seguir?´, y un sí, hubiera sido de esperar. Aferrados los dos, corriéndonos juntos, unidos, a la vez. Descargaría apretandote fuerte contra mí, muy fuerte. Eso acabaría siendo, aún por mi sincera petición inicial; en un desenlace que quizá ninguno de los dos podríamos evitar. Solo te pido, que te sientes encima de mí, Laurita, y te metas mi polla entera. Después, ya veremos...

Su silencio me inquietó.

-¿No dices nada?
-¿Ya esta?
-Si.

Sin despedirse, Laurita colgó. La sensación de frustración, se ha transformado en un anhelo casi adolescente. Algo anecdótico y llevadero. Quizá algún día Laurita, nos volvamos a encontrar. A veces hago un llamamiento al destino... Aunque también en ocasiones, palpo el pequeño papel con tu teléfono escrito, durante horas; dubitativo, reflexivo, timido. Quisiera hacer ese llamamiento, para pedirte que en un momento de necesidad, dejes que cumpla mi anhelo; mi acción frustrada. Solo es un pene más, dentro de ti. Desde lo más profundo del misterio del destino, me gustaría que me dieras una respuesta; en una clave timida, quizá, en un acercamiento de curiosidad, de propio deseo, o de mera casualidad. Ah, cierto... Te fuiste a Londres... Rodri te envió...

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