Hola amigos, aquí estoy de nuevo para contaros mi nueva
aventura magoya.
La semana estaba transcurriendo tranquila. Como tenía guardia
con el móvil en el trabajo y debía estar disponible por si llamaban a cualquier
hora, esa semana no iba a tener sesión de piscina, no me apetecía tener una
llamada en medio de una de nuestras sesiones. Quien sí iba a compartir conmigo
una noche era Sarah pues al haber trabajado el sábado tenía una mañana libre y
esa noche se iba a quedar a dormir en casa.
Qué día prefieres quedarte a dormir. –le pregunté
Qué día viene María, me gustaría conocerla – repuso.
Los miércoles.
Pues me cojo la mañana libre el miércoles y así la
conozco y veré si también la podemos sumar a la cofradía de magoyas.
Bueno, avisaré en el trabajo que llego tarde y te la
presento.
Sí, casi será mejor eso a que me encuentre en casa
sin saber nada.
Habíamos quedado en eso, así que el martes por la tarde,
después de salir de la tienda de trabajar, la pasé a recoger y nos fuimos para
casa. Yo había avisado en el trabajo que debía hacer una gestión bancaria a
primera hora y que llegaría un poco más tarde, nunca ponían objeciones a estas
excusas, así que no tenía que madrugar a la mañana siguiente. Cuando llegamos a
casa preparamos la cena y después estuvimos un rato viendo la tele abrazados en
el sofá. A ambos nos apetecía hacer el amor, así que nos fuimos pronto a la cama
para tener una buena ración de sexo.
Lo hicimos de una nueva forma. Yo sentado sobre la cama, con
la espalda apoyada en la pared y ella sentada sobre mí, de frente a mí, pero en
vez de cabalgarme, subiendo y bajando en el típico mete-saca, los movimientos
eran mínimos e imperceptibles. Pequeños giros, pequeñas contracciones de la
vagina, mínimas oscilaciones de mi cuerpo hacia delante y hacia atrás. Estuvimos
así, abrazados y con esos movimientos casi una hora hasta que ambos llegamos al
orgasmo Fue una experiencia muy gratificante. Después nos dormimos desnudos
abrazados.
Estábamos en la cocina, desnudos, tomando el desayuno cuando
oímos que se abría la puerta de casa. Entró María y se nos quedó mirando con los
ojos como platos e hizo ademán de darse la vuelta mientras murmuraba una excusa
ininteligible.
Pasa, pasa, María, no te avergüences. – la animé.
Perdón Carlos, no esperaba encontrarte en casa y
además acompañado. – dijo sin quitar la mirada de Sarah.
Mira, María, esta es Sarah. No te voy a decir que mi
nueva novia, pero es algo parecido. Nos queremos mucho y tenemos una
relación muy especial. Es posible que la veas más a menudo por aquí.
Respecto a lo de ir desnudos ambos, es una costumbre que hemos adoptado
dentro de casa y si tú quieres también puedes hacerlo con toda
naturalidad. A mí no me vas a sorprender y a Sarah seguro que no le
importa. Te importa a ti?
No, por mí podéis hacer lo que queráis, pero yo estar
limpiando con las ventanas abiertas, pues como que no me parece bien, me
puede ver cualquier vecino y además en invierno hace frío y hay que
ventilar la casa.
Como quieras, pero que sepas que eres libre.
Y quieres que siga viniendo o...
Claro que sí María. Como siempre.
María estaba bastante confusa, no sé si pensaba que al romper
con Mamen y haberme acostado con ella un par de veces le había creado
expectativas de una relación más seria entre ambos. No era mi intención hacerle
daño. Sarah se iba a encargar de sacarla de su error.
Me voy a vestir, que tengo que ir al trabajo.
–terminé la conversación.
Me dirigía mi cuarto, me di una ducha y me vestí y me fui a
trabajar dejando a Sarah desnuda acabando su desayuno y a María en animada
conversación.
Por la tarde, fui a recoger a Sarah a la tienda y me estuvo
contando lo sucedido por la mañana.
Así que es usted la nueva novia de Carlos, no?
Por favor, no me llames de usted, que me haces muy
vieja y no lo soy, sólo tengo tres o cuatro años más que tú.
Respondiendo a tu pregunta, no soy su novia exactamente. Como te ha
dicho él tenemos una relación un tanto especial.
Y qué es eso de especial. Si estás aquí desnuda a las
ocho de la mañana debo suponer que habéis pasado la noche juntos.
Siéntate que te lo voy a explicar.
María se quitó el abrigo que todavía llevaba y dejó el bolso
sobre la mesa.
Estarías más a gusto si me visto, o prefieres
desnudarte tú. A mí me gustaría más lo segundo.
A mí que me veas desnuda no me importa, pero no estoy
acostumbrada.
Venga por favor, desnúdate.
María se desnudó dejando ver un cuerpo muy apetecible y se
sentó frente a Sarah.
Quieres un café? – le ofreció.
Si vamos a estar hablando un rato, pues sí me tomo
uno. Además entro en calor, que desnuda, con el frío que hace hoy en la
calle me va a dar un pasmo.
Sentadas ambas con sus tazas de café empezaron la
conversación.
Mira, María, sí he pasado la noche con Carlos y no me
importa que lo sepas, como Carlos me ha contado que ha pasado buenos
ratos contigo.
Será indiscreto!
No, no es que sea indiscreto, entre nosotros no hay
secretos. Hace poco que nos conocemos, apenas unas semanas, y que
pasemos buenos ratos en la cama no quiere decir que seamos novios,
significa ni más ni menos, que eso. Que pasamos buenos ratos en la cama
y vale. No nos obliga a nada. Carlos puede y debe disfrutar del sexo con
quien quiera, y eso incluye también hombres si le apetece. Y yo puedo
disfrutar del sexo con quien me dé la gana, incluso con otras mujeres si
se tercia.
Pero eso es una orgía o así?
No María, lo que quiere decir es que ambos somos
bisexuales. Tanto a Carlos, como a mí misma, tanto nos da hacer el amor
con un hombre como con una mujer. Somos gente de mente y sexo abierto,
dispuestos nada más que a disfrutar sin ninguna cortapisa del sexo. No
piensas tú igual?
La verdad es que nunca he tenido relaciones con
ninguna chica. No sé si me gustaría mucho.
Eso es por que no lo has probado.
Quizá tengas razón.
Ven –acabó Sarah levantándose y cogiéndole de la mano
la hizo que la acompañara al dormitorio.
La tumbó en la cama y empezó a besarla en los labios mientras
le acariciaba los pechos. Al principio María no abría sus labios y estaba un
poco tensa. Sarah dirigió su mano hacia la vulva de María que intentó apartarle
la mano. Insistió y empezó a acariciarle el clítoris, dándole pequeños tirones
mientras insistía en el boca a boca. María empezó a gemir de placer y abrió sus
labios dando entrada entre ellos a la ávida lengua de Sarah que empezó a
recorrer su boca y a luchar con la otra lengua por la posesión de esa boca
deseada. A María la invadían oleadas de placer mientras ya tenía dentro de ella
la famosa pinza con dos dentro de su vagina y otro dentro de su culo tocándose
por dentro. Pronto alcanzó un orgasmo que derramó gran cantidad de flujo. Sarah
cambió de posición y adoptó la del 69 para acceder con su lengua a los genitales
de María. Empezó su tarea con delectación, ayudada por los dedos y pronto
consiguió otro orgasmo de la chica. María tímidamente al principio la
correspondió chupándole el clítoris y metiéndole un dedo en el coño a Sarah que
la animaba a seguir adelante sin inhibiciones. María se iba animando poco a poco
y consiguió que Sarah llegara a su orgasmo cuando ella alcanzaba ya el tercero.
Sarah la abrazó y se quedaron tumbadas un rato sobre la cama.
Te ha gustado? Has disfrutado del sexo.
Muchísimo. Me has hecho disfrutar muchísimo. Jamás
pensé que me gustaría.
Lo más importante es poner amor al hacer el amor. Da
lo mismo con quién lo hagas. Si ambos ponen amor sale amor y se disfruta
del sexo.
Eso mismo dice Carlos.
Lo ves?
Creo que tienes razón. Yo no creo que me haya vuelto
bollera después de lo que acabamos de hacer. Pero he disfrutado mucho.
Pues esa es nuestra filosofía de vida. Disfrutar y
que el otro disfrute con el sexo, sin ataduras de ningún tipo.
Eso está bien, pero a mí me gustaría casarme algún
día y tener niños. Y desde luego no me gustaría que mi hombre se fuera
con otros hombres.
Y tú sí podrías estar con otras mujeres?
No tampoco. Cuando me case le seré fiel.
Bueno, eso yo tampoco lo descarto, pero hasta que
llegue ese momento disfrutemos. -María dio por terminada la
conversación, fue a ponerse la bata de trabajo y se dispuso a hacer la
casa. Sarah se dio una ducha y se vistió para ir a la tienda por la
tarde.
Entonces tú crees que le hemos ganado para nuestra
causa? – le pegunté
Me parece que no, su educación es muy tradicional,
mejor diría que es muy antigua. Puede tener un escarceo, echar un
polvete con algún chulo de discoteca, o contigo porque eres el señorito,
pero de eso a ser magoya, está muy lejos.
Acompañé a Sarah a su casa y me fui para la mía. Por la noche
tuve llamada del trabajo y me fui para la oficina. Cuando se abrió la puerta del
garaje me encontré en el ascensor con el guarda de seguridad de la porra y nos
alegramos mucho de vernos.
Qué tal te va con la guardias nocturnas? – le
pregunté.
Mucho mejor de lo que pensaba. Ya han caído dos más
de tus compañeros de guardia con el móvil. Y de los que están aquí por
las noches a turnos con Maite mantenemos una muy buena relación.
Quiénes han sido los que han caído.
Isabel, la de comunicaciones y Juan el de bases de
datos.
Ya me parecía a mí que Juan era un poco mariconcete.
Y con Maite, qué tal?
Ya llegamos, cuando acabes te lo cuento.
Estuve resolviendo el problema durante más de una hora y
cuando acabé lo llamé para que viniera a buscarme para la salida.
Bueno cuéntame esas historias.
Mejor te las doy escritas. Me he aficionado a
escribir mis aventuras. He descubierto una web en la que hay historias
de sexo. Aunque yo todavía no me he atrevido a enviarlas. Por cierto que
hay una que se parece mucho a nuestra primera ocasión. Pensé que la
habías escrito tú.
No será la web de relatos de Todorelatos?
La conoces?
Las historias de magoyas las escribo yo.
Y todo lo que cuentas es real?
Salvando detalles que permitan reconocer a los
protagonistas sí.
O sea que eres un gran follador.
Tú no me vas a la zaga no?
No me puedo quejar. Además lo he hablado con mi mujer
y ella me ha reconocido que me ha sido infiel varias veces. Una con un
fontanero, que me imagino que debe ser el de tu relato. Y las otras
veces con su hermana pequeña, con la que mantiene relaciones desde
niñas. Así que ha aceptado ser magoya como yo. Y vamos a educar a
nuestros hijos en total libertad en este tema. Además me ha prometido
traer a mi cuñada a casa para disfrutarla los dos. Y la semana que
viene, que estoy con turno de tarde va a llamar al fontanero a ver si es
el mismo de tu historia.
Con esta conversación llegamos al garaje, y como la otra vez
me acompañó al coche.
Te vas sin darme un poquito de sexo? – me miró
compungido
No hombre, no, ven aquí.
Se acercó a mí y me acarició el paquete por encima del
chándal. Yo le bajé el pantalón y me agaché para comerle la polla. Cuando la
tenía en su máximo esplendor me hizo apoyarme sobre el maletero del coche. Tras
bajarme el pantalón, me untó el culo con vaselina, se puso un condón que ahora
previsoramente formaba parte de su uniforme habitual, y empezó a follarme. Me
dio mucho gusto. Ya tenía acostumbrado el culo a recibir y no sentía ningún
dolor en la penetración, sino que disfrutaba de lo lindo, además tenía una mano
libre que me permitía masturbarme mientras él marcaba el ritmo de la follada
sujetándome por las caderas. Se corrió en mi culo y como yo también me corrí, se
apresuró a sacarla y arrodillarse delante de mí a comerse mi corrida, sacándole
brillo a mi polla.
Nos vestimos y yo me fui para casa a descansar un rato.
Al día siguiente cuando volví del trabajo me puse a leer el
relato del vigilante.
Os lo transcribo.
" Me voy a presentar. Mi nombre es Alberto. Tengo veinticinco
años, estoy casado y tengo dos niños pequeños. Mido 1,80 y tengo un rabo
bastante grande, mide casi 20 cm.
Soy vigilante de seguridad en una empresa de informática.
Suelo tener que hacer turnos y, de vez en cuando me toca el turno de noche.
Las noches son los momentos que más me gustan para trabajar,
pues suele haber poco movimiento. Constantemente hay dos o tres personas que
controlan el correcto funcionamiento de los trabajos, luego hay una persona de
guardia a la que se le llama si hay un problema y, si no lo resuelve por
teléfono tiene que venir.
Por mi profesión debo cuidarme físicamente y voy al gimnasio,
por lo que tengo un cuerpo fuerte y musculoso. Llamo la atención tanto a mujeres
como a hombres.
Como soy una persona de buen carácter, abierto y simpático
suelo bromear con todo el mundo en la empresa, sobre todo con los más jóvenes,
con los directores y jefes no me atrevo, claro.
Una de las bromas que más me hacen es preguntarme por mi
porra. Qué grande tienes la porra, Qué haces con la porra por las noches. Qué le
gusta a tu porra. Bromas de ese estilo, un poco subidas me las hacen tanto
chicas como chicos de la empresa.
Yo nunca me había planteado tener una relación con otro tío,
pero una noche llegó Carlos, uno de los de la guardia y yo estaba algo empalmado
pues estaba viendo una peli porno en un canal local en mi puesto de guardia.
Lo recogí en el garaje y se me quedó mirando la polla
semierecta de forma descarada, incluso se le empezó a empalmar a él también.
Empezó a hacerme bromas con mi porra y me dije a este tío le he puesto caliente.
Me agradó de repente pensar que yo también ponía calientes a los tíos y me
excité todavía más.
Cuando me llamó porque había terminado su trabajo y debía
irse fui por el camino tocándome para tener la polla bien dura.
Entramos en el ascensor y volvió a quedarse mirando mi
paquete.
Ahora no me haces bromas sobre mi porra.- le
pregunté. Y empecé a frotarle la porra sobre su polla.
Sí, la tienes más grande que antes no?
A ti también te gustan las porras? –le pregunté al
ver cómo se le ponía dura por el efecto que le causaba mi porra en su
polla.
Llegamos al garaje y tuvimos una sesión de sexo fantástica.
Primero le metí la porra por el culo para dilatarlo bien y poderle meter todo mi
aparato, que no es tan largo, pero sí bastante más gordo que la porra. Apoyado
contra su coche le follé con ansias. Cuando se la saqué se abalanzó sobre mi
aparato para dejármelo lustroso, y lo consiguió, eso y ponerlo tieso de nuevo.
Luego se dedicó a chuparme el culo y dilatarlo cuando consideró que estaba
preparado me la metió poco a poco pues yo era virgen por detrás. Se corrió
dentro de mí. Nos limpiamos con pañuelos de papel que sacó del coche y nos
despedimos tras comentarle que yo era la primera vez que lo hacía con un tío y
lo que me había incitado a dar el paso era el descaro con el que me había mirado
el paquete."
Hasta aquí era poco más o menos el relato que yo ya os había
hecho de lo sucedido. Pero lo mejor es lo que sigue, por lo menos para mí, pues
conozco a los protagonistas y son compañeros míos de trabajo con los que
comparto una tercera parte de mi vida.
" La segunda ocasión propicia se produjo dos semanas más
tarde. El que estaba de guardia era Juan, un chiquillo bastante jovencito, el
favorito del director, que llevaba las bases de datos.
Apareció a las cuatro de la mañana en el garaje y se repitió
la escena que se había producido con Carlos. En el ascensor, al subir, hicimos
las típicas bromas sobre mi porra.
Llevaba bastante tiempo en el despacho resolviendo los
problemas técnicos, cuando llegó la hora de hacer mi ronda. Siempre hacía tres
rondas. La primera a las once de la noche, la segunda a las dos de la madrugada
y la última a las cinco de la madrugada.
Iba repasando despacho por despacho. Acostumbrado a estar
solo en todo el edificio, no encendía apenas más que las luces imprescindibles y
no hacía nada de ruido. Cuando abrí su despacho me lo encontré con el rabo en la
mano recostado en su sillón de trabajo y viendo escenas porno de tíos en
internet.
Qué, Juan, ya has acabado el trabajo? – le pregunté
acercándome a él por su espalda.
Juan dio un bote en el sillón intentando quitar la pantalla y
taparse el instrumento a la vez, con lo cual no consiguió ninguno de sus
objetivos.
Qué susto me has dado. Estoy esperando que acabe un
proceso para ver si el resultado es correcto y poder irme a casa.
–respondió.
Y mientras tanto distrayéndote un ratito. No?
Pues mira, yo andaba buscando otra cosa y de repente
me ha salido esta página que no buscaba...
Sí, sí. – me acerqué a su espalda y echando la mano
le agarré el rabo tieso y le dije- Por eso, que no lo buscabas, estás
así.
No supo qué responder y dejó que yo siguiera con su rabo en
la mano. Empecé a moverlo arriba y abajo.
Vaya porrita que tienes más rica.- le susurré en su
oreja. No era muy larga, algo más de quince cm. Pero era gordita y tenía
un capullo sonrosado muy en punta.
La tuya debe ser mejor. – me contestó sonriendo con
timidez.
Quieres probarla?
No me importaría, la verdad.
Le di la vuelta a la silla y me quedé de pie frente a él. Me
solté los pantalones y me bajé los calzoncillos dejándole ver mi polla que
empezaba a ponerse algo dura por la situación tan morbosa. Le agarré la cabeza y
la atraje hacia mi polla que yo guiaba con la otra mano hasta su boca. El abrió
la boca y se la tragó. Empezó a chuparla con evidente ansia mientras que me daba
un masaje de huevos y agarraba desde la base para masturbarme mientras
disfrutaba comiendo mi polla como si fuera un cucurucho de helado con lametones
y mordisquitos. Cuando estuve más que empalmado le hice levantarse y le bajé los
pantalones y calzoncillos lo apoyé sobre la mesa de trabajo y le metí un dedo
por el culo bien empapado en saliva. Su culo se abrió de par en par y le dije:
No eres nuevo en esto, no?
No, pero una tan gorda como la tuya nunca la tenido
dentro, así que por favor hazlo con suavidad.
Yo sin más entretenimiento apoyé la verga en su ojete y
empecé a empujar despacio. Entró como una mano entra en un guante, su esfínter
se adaptó a mi instrumento acogiéndolo como si llevara mucho tiempo esperando.
Con suavidad y con ansiedad a la vez. Estuve moviendo el émbolo durante un buen
rato mientras con la mano le masturbaba hasta que se corrió encima de la mesa
llena de papeles, su esfínter me apretó la polla haciendo que reventara dentro
de él en una explosión de leche tremenda. Se apoyó sobre la mesa con los codos
para sujetarse y no caer pues el orgasmo le hacía flaquear las piernas. Se la
saqué de dentro y me la metí en el pantalón, debía terminar mi ronda en el
tiempo establecido y dar el parte correcto a la central, si no lo hacía
saltarían las alarmas. Lo dejé en el despacho y terminé rápidamente la ronda. Di
el ok a la central con apenas un minuto de tiempo. A los cinco minutos me llamó
Juan para que le acompañara al garaje para salir.
Perdona que te haya dejado así, pero tenía que
terminar la ronda en el tiempo marcado.
No te preocupes. Lo he disfrutado mucho. Ya habrá
ocasión de terminar lo empezado.
Le acompañé al garaje y se fue.
La tercera en caer fue Isabel. Era una rubia de ojos azules
con larga melena que es muy amiga de Juan. Yo creo que si ha entrado en la
empresa es por eso y porque se acuesta con el director. A mí no me parece guapa
pues, aunque tiene los ojos azules, siempre parece que están tristes, como
llorando.
Vino a la semana siguiente. No me tocaba a mí estar de noche,
pero una compañera se puso enferma de forma inesperada y tuve que hacer su
turno, realizando doble jornada. Yo estaba bastante cansado, pues hacer doble
turno, aunque mi trabajo no sea agotador pues no hago esfuerzos físicos ni
intelectuales, siempre requiere un plus de atención.
La tía llegó a las dos y pico, recién terminada mi primera
ronda y cuando la acompañé al despacho me pidió que me quedara con ella pues era
la primera vez que venía sola de noche y le daba miedo quedarse sola.
Me quedé un rato con ella viéndola mientras trabajaba, como
al entrar había puesto la calefacción pronto empezó a hacer calor en el despacho
y se quitó la sudadera que llevaba quedando con una camiseta que permitía ver
que no llevaba sujetador pues se le marcaban claramente los pezones. Esta vista
empezó a calentarme. De repente se estiró y dijo:
Ahora a esperar un rato hasta que termine este
proceso y si acaba bien a dormir un poquito.
Qué suerte, a mí aún me queda un buen rato.
Por cierto, qué haces tú aquí, no has estado por la
tarde también?
Sí, pero la compañera que le tocaba de noche se ha
puesto enferma y me ha tocado doblar el turno.
Estarás cansado, no?
Sí, necesito doce horas de cama seguidas por lo
menos.
Quieres que te de un masaje?
Me vendría de miedo pues noto la nuca tensa. Pero si
no tienes que hacer nada ahora mismo, vamos a dar una vuelta por abajo y
volvemos.
Te acompaño.
Bajamos al centro de control de pantallas del circuito
cerrado de tv. Repasé que todo estuviera correcto. Dimos una vuelta por la
planta baja y garaje y volvimos al despacho.
Quítate la chaqueta que te voy a dar el masaje - me
dijo.
Yo la obedecí y me senté en el sillón donde había estado
sentada ella.
Este sillón tiene el respaldo muy alto y no puedo
darte bien el masaje desde detrás, así que échate hacia adelante que te
lo voy a dar desde allí.
Yo me incliné hacia delante y ella se puso frente a mí. Me
hizo apoyar el rostro contra su pecho y empezó el masaje en mi nuca y espalda.
Yo notaba sus pezones contra mi cara y esta sensación combinada con el relax que
me proporcionaba el masaje hizo que mi polla se empalmara.
Me hizo agacharme más y me sujetó la cabeza entre sus muslos
para llegar con el masaje a la zona lumbar. Yo podía oler su sexo y cada vez
estaba más excitado. Entonces me hizo recostarme en el sillón para seguir con el
masaje por mi pecho. En ese momento se percató del bulto de mi bragueta que no
podía disimular de ninguna forma.
Acariciándome el pecho y los pezones por encima de la camisa
me dijo:
Parece que el masaje te está haciendo efecto. –
mientras miraba hipnotizada mi paquete a reventar.
Sí, lo haces muy bien. Pero hay más partes de mi
cuerpo que necesitan un masaje.
Ya me he dado cuenta.
Se arrodilló entre mis piernas y comenzó a masajear mis
piernas desde los tobillos subiendo hasta los muslos mientras mi erección no
decaía, al contrario estaba empezando a resultar dolorosa por las apreturas del
pantalón de uniforme. Cuando en su masaje llegó al bulto lo empezó a acariciar
por encima y al notar su dureza me desabrochó el pantalón dejando que mi verga
se liberara de esa prisión, con lo que dio un respingo frente a su cara al
reventar el botón del bóxer que llevaba. Se encontró con el glande delante de
sus ojos, todo morado y agarrando la polla desde la base empezó a subir y a
bajar sus manos por el tronco lamiéndolo con su lengua. Se quitó la camiseta y
empezó a masturbarme entre sus pechos generosos haciéndome una cubana
inolvidable pues cuando el capullo salía por arriba ella lo atrapaba con sus
labios succionándolo. La hice levantarse y le quité el pantalón y las bragas y
volviendo a sentarme hice que me cabalgara. Lo hacía de espaldas a mí mirando la
pantalla del ordenador, yo le amasaba las tetas y le pellizcaba los pezones
desde atrás. Nos corrimos a la vez con gran emisión de flujos por ambas partes
dejando la silla encharcada. Sin salirme de ella la atraje contra mi pecho
mientras le acariciaba el cuerpo.
Ha sido el mejor masaje de mi vida – le dije.
Pues espera que no ha hecho más que empezar
–respondió.
Se levantó de encima mío y me hizo levantar del sillón. Se
puso de rodillas sobre el sillón atravesada. Con las manos se apoyaba en uno de
los brazos y las piernas las sacaba por debajo del otro brazo del sillón dejando
el culo en pompa y me dijo:
Ahora por detrás, por favor.
Mi polla ante esa visión reaccionó recuperando la dureza que
apenas estaba empezando a perder y se la encaminé a su vagina desde atrás.
No, no, por detrás es por detrás. Por el otro
agujero.- Dijo y se abrió las nalgas con una mano dejándome ver su
ojete.
Yo le metí un dedo ensalivado para abrirle un poco y
enseguida cedió. Me pareció que no iba a ser difícil complacerla, así que decidí
empujar sin más. Mi polla entró hasta la mitad y ella empezó a quejarse. La
saqué un poco y volví a empujar con más suavidad.
Esta vez entró un poco más antes de que se quejara. Había
recibido por detrás pero con un instrumento la mitad del mío. Volví a la carga,
la saqué y la volví a meter, entró ya casi entera. Otra vez y ya conseguí mis
propósitos, mis huevos chocaban con su coñito.
Empecé el baile dentro fuera, embistiendo con suavidad al
principio y ganado en ritmo, la tenía que sujetar por las caderas pues, al tener
ruedas, el sillón de trabajo se desplazaba a cada embestida. De este modo, en el
movimiento de atraer el sillón hacia mí, acompasándolo con el de embestida, la
penetración era completa hasta el final llegando a rebotar mis huevos contra
ella de forma en alguna ocasión dolorosa. Ella gritaba de placer con estas
embestidas casi salvajes hasta que llegó su primer orgasmo y me aprisionó la
verga con sus músculos. Yo no podía moverla dentro de ella tal era la presión
que ejercía. El orgasmo le duró un minuto en el cual yo empezaba a pensar que no
podría sacarla de allí sin ayuda de algún médico. Al cesar en su orgasmo sus
músculos se relajaron y pude continuar con los movimientos hasta que me corrí
dentro de ella y al sentir el calor que la invadía tuvo otro orgasmo, éste de
menor intensidad y sin consecuencias para mi integridad. Se la saqué y ella se
levantó del sillón para chuparla y dejarla reluciente.
Ha sido magnífico - me dijo - habrá que repetirlo,
nunca había sentido un orgasmo como el que me has proporcionado hoy.
Yo tampoco había experimentado algo parecido.
Nos vestimos y limpiamos como pudimos con pañuelos de papel y
toallitas del baño el sillón. Comprobó que todo había acabado de forma correcta
y la acompañé al garaje. En el ascensor, poniéndose de puntillas me besó los
labios y dijo
Será nuestro secreto
Por mí nadie lo va a saber.
Se fue en su coche y yo volví a mi puesto, deseando que
llegara mi relevo para poder ir a descansar toda la mañana.
La tercera experiencia fue con Maite. Maite es una de las
personas que por turnos trabajan toda la noche comprobando el correcto
funcionamiento de los sistemas y llaman a los de guardia si hay algún problema.
Los turnos son siempre de tres personas entre semana y de dos los fines de
semana.
La semana que estaba de guardia por la noche me tocaba
trabajar o bien el sábado o el domingo, uno de los dos libraba. Esa semana me
tocó trabajar el sábado. Coincidí al llegar con Maite.
Esta chica era bastante alta y atractiva, además le gustaba
vestir con faldas bastante cortas y camisas muy abiertas insinuando sus pechos,
no muy grandes, pero con un canalillo sugerente.
Yo me fui al vestuario a ponerme el uniforme y ella se fue a
su puesto de trabajo. Los que salían de su turno se fueron y faltaba por llegar
Angel, el compañero de Maite. Al cabo de un rato, yo estaba en mi puesto leyendo
una revista, salió Maite de la sala de control de ordenadores y me dijo que
Angel acababa de llamar que se había puesto enfermo y no iba a poder venir, así
que íbamos a estar solos toda la noche, ya que a esas horas no iba a poder
localizar a nadie que supliera al ausente. Me ofrecí si en algo podía ayudarla y
me dijo que si necesitaba algo ya me lo pediría.
Volvió a su puesto de trabajo, yo seguí leyendo un rato, hice
mi primera ronda por el edificio y luego me puse la tv para ver la peli porno
que ponen de madrugada, mientras me masturbaba lentamente. De repente salió de
la sala para ir al servicio y me pilló con el rabo empalmado en la mano.
Normalmente cuando salían no pasaban por donde yo estaba, pero al estar solos
ambos en todo el edificio había decidido pasar a verme y por eso me sorprendió.
Me parece que tú vas a necesitar más ayuda que yo.
Perdona, no esperaba que salieras y me pillaras así.
– dije intentando ocultarme debajo de la mesa e intentado meterme el
rabo en el pantalón, objetivo imposible por su estado.
Por mí no te preocupes, puedes seguir. – se dio la
vuelta y se dirigió al servicio.
Cuando salió del servicio yo ya estaba recompuesto, aunque
todavía tenía la polla morcillona, aún no había bajado del todo la erección. Me
dijo si quería tomar algo, que ella iba a buscar un café a la máquina. Le dije
que sí, que la invitaba yo al café. La acompañé a la cafetería, pomposo nombre
para una sala en la que había dos máquinas de café, una de bebidas frías y otra
de sandwiches prefabricados, con tres mesas para sentarse a hacer un descanso en
la jornada laboral. Introduje las monedas en la máquina de café y pulsé la
selección que pidió ella y yo me dirigí a la máquina de bebidas frías para sacar
un bote de refresco de cola. Nos agachamos a la vez para recoger nuestras
bebidas y, al mirarla de reojo, pude observar claramente que no llevaba bragas
debajo de la falda. La muy provocativa se las debía de haber quitado cuando fue
al baño. Al instante mi polla reaccionó y empezó a levantarse de nuevo. Ella se
percató y me ofreció que nos sentáramos en una mesa a tomar las bebidas. Lo
hicimos, uno frente a otro. Ella se recostó hacia atrás en la silla y estiró las
piernas entre las mías, yo me relajé y también me recosté un poco. Al instante
se quitó los zapatos y empezó a acariciar mis piernas con sus pies desnudos,
subiendo por ellas hasta llegar a apoyar su pie sobre mi paquete ya en buen
estado.
No me extraña que todo el mundo haga bromas con tu
porra. Es tremenda.- me dijo con una sonrisa pícara.
Ya has podido verla, La quieres probar? – fue mi
respuesta
Si insistes – dijo subiendo y bajando su pie a lo
largo del tronco de mi verga.
Me solté el pantalón liberando mi polla dejando que entrase
en contacto directo con su pie. Ella se levantó y se acercó a mí y
arrodillándose a mi lado se la metió en la boca y empezó a mamármela con mucha
sabiduría. Se metía el glande en la boca y mientras lo acariciaba con su lengua
me apretaba la base con una mano y con la otra me daba un fuerte masaje a los
huevos. Estaba ya preparado así que la hice levantar y la senté sobre la mesa
subiéndole la falda dejando al descubierto un coño todo depilado con unos labios
marcados y un clítoris grande que parecía casi un pequeño pene. Me dediqué a
trabajar ese camino a la gloria con mi lengua y mis dientes, metiendo la lengua
en su vagina y mordiendo y chupando con fruición haciendo que gimiera de placer
hasta que llegó a su primer orgasmo, luego me dediqué a su culo y a su agujerito
y empecé a dilatarle la entrada con un par de dedos. Me incorporé y la ensarté
por la vagina y gritó de gusto, la bombeé a gusto durante un rato y luego
subiendo sus piernas sobre mis hombros la tumbé en la mesa y se la metí por el
culo. Sólo le metí un trocito para agrandarle un poco el agujero. Mi idea era
meterle la porra por el culo mientras yo la follaba por delante. Cuando su
agujero estuvo abierto y acostumbrado a mi polla se la saqué y le metí la porra
por el culo hasta que se le quedó clavada, la volví a ensartar por el coño y
empecé a moverme adentro y afuera notando como chocaba mi polla con la porra en
su interior. Como en esa postura no conseguía manejar la porra, la hice que me
rodeara con la piernas mi cintura y la ayudé a incorporarse para poder cargarla
y que se abrazara a mi cuello, en esta postura la llevé a apoyar los hombros
contra la pared y mientras con una mano la sujetaba de las nalgas con la otra
podía manejar la porra y realizar los movimientos de la penetración de forma
simultánea por ambos orificios.
Cuando notó cómo se movían los dos miembros dentro de ella,
empezó a dar gritos y tuvo un grandioso orgasmo. Yo seguía bombeando y ella
saltaba sobre mí como una posesa hasta que llegué a correrme dentro de ella con
un gran derramamiento de semen que le chorreaba por las piernas mezclado con los
jugos que ella producía. Se recostó sobre la pared con mi polla clavada y yo le
saqué la porra del culo con lo que ella dio un gran suspiro.
Tienes una buena porra, y sabes cómo usarla. – me
dijo en tono susurrante.
Pues la tienes a tu disposición siempre que quieras.
Creo que antes de irme le voy a dar otro repaso, pero
ahora debo volver al trabajo, ya llevo mucho tiempo fuera.
Se la saqué chorreando y la ayudé a ponerse de pie. Se bajó
la falda y nos dirigimos a los vestuarios donde yo me cambiaba para lavarnos un
poco y regresar a nuestros puestos de trabajo. Ya casi era la hora de mi segunda
ronda.
Seguí en mi puesto y ella en el suyo de vez en cuando ella
salía a verme cinco minutos o entraba yo en la sala. Hice mi segunda ronda y
cuando faltaba una hora para que vinieran los relevos me llamó para que fuera a
la sala.
Quiero despedirme de mi amiga la porra. – me dijo.
Me bajó el pantalón y los calzoncillos y e hizo sentar en una
de las sillas, empezó a comerme la polla y ensalivándose un dedo me lo metía por
el culo para dilatármelo. Me cogió la porra y chupándola me la metió por el culo
mientras seguía con la mamada. Me estaba penetrando con la porra mientras me
estaba dando la mamada del siglo haciendo que llegara a un orgasmo increíble
soltando chorros de semen que ella, golosa, se tragó y se relamía lo poco que
escapaba por sus labios. Me dejó la verga lustrosa después de tanto chuparla. Me
vestí y le di un beso en los labios que aún sabían a mi semen.
Volví a mi puesto pues pronto llegaba el cambio de turno"
Continuará.
Agréguenme y cuéntenme sus experiencias.
cmagoya@hotmail.com