La furgoneta roja
Le conocí un viernes. Salí de fiesta por el pueblo, al mismo
bar de siempre, esperando ver a los amigos para charlar un rato. Ese viernes fue
distinto.
Al llegar al bar, mi amiga me presentó a uno de sus
compañeros de trabajo. Tenía 18 años, cuatro menos
que yo, y eso me ponía muchísimo. Además, ¡era virgen! Me lo tenía que llevar a
la cama como fuera.
Hablamos un rato los dos solos fuera del bar. Hablamos sobre
su instituto, mi universidad, música, anécdotas, en fin, tonterías. Nunca me
había reído tanto con un tío, y además me hablaba mirándome directamente a los
ojos, con sus mejillas rojas (¡era tan tímido!) y su boca suave, dulce. No podía
parar de imaginarme cómo serían sus labios al besarme, cómo me tocarían sus
manos, cómo sería su polla erecta, cómo sería su voz gimiendo mientras me lo
follaba.
No pasó nada. Me fui a casa a follármelo con mis dedos, mi
vibrador y mis bolas chinas. Espero que aquel día él perdiese la virginidad
conmigo masturbándose como un loco.
Le volví a ver al día siguiente. Coincidimos cenando en otro
bar del pueblo, hablamos un momento, y me enteré a qué pub iría él esa noche.
Era mi oportunidad, no volvería a bajar al pueblo durante bastante tiempo y
quería hacer de mis fantasías una realidad.
Cené con mis amigas. Nos fuimos al bar del pueblo y tras un
largo rato de beber nos fuimos hacia el pub. Como zorras, a por el objetivo, sin
mirar atrás, convencidas.
Lo encontramos bailando con sus amigos y él hablo con mi
amiga. Yo estaba hablando con otra de mis amigas y él no me prestó atención, ni
me saludó. Le perdí de vista. La cosa empezaba mal, muy mal. Pero tenía
clarísimo que esa noche nadie ni nada se interpondría entre mi objetivo y yo, y
mucho menos él.
Pregunté a mi amiga dónde había ido y me lo mostró. Estaba
hablando con el Dj, seguramente pidiéndole una canción. Me quedé detrás de él
esperando a que se diera la vuelta. Cuando se giró, una enorme sonrisa se dibujó
en su rostro. Le regañé por no haberme saludado, me saludó y me cogió de la
mano. Entrelazó sus dedos entre los míos, y me dijo "un momento", continuaba
hablando con el Dj.
Empecé a apretarle fuerte la mano, y él hacía lo mismo como
respuesta. Estaba ya casi segura que sería mío y una ola de humedad invadió mi
coño.
Cuando acabó de hablar con el Dj, me pasó las manos por la
cintura, y yo le rodeé el cuello con mis brazos, acercándolo más a mí. Empezamos
a hablarnos a la oreja, muy cerca el uno del otro, y él no paraba de bailar
pegándose a mí, refregándome descaradamente su paquete.
Fingí no darme cuenta de eso, y continué hablando con él,
acercándome más. Nos miramos a los ojos, sedientos el uno del otro, pero ninguno
de los dos daba el primer paso. Había un cierto placer en mirarnos, tocarnos,
saber que podíamos, pero sin hacerlo.
Finalmente no aguanté más, y empecé a besarle. Su boca era
aún más dulce, más suave, más cuidadosa, más buena, más tierna, más jovencita,
más entregada, más apasionada, más él de lo que había sido capaz de imaginar.
Sus manos apretaban fuerte contra mí, sus brazos no me dejaban escapar. No
habría escapado por nada del mundo, estaba en la gloria.
Le toqué el culo, agarrándoselo fuerte, a lo que él respondió
haciendo lo mismo con el mío. La música sonaba, no parábamos de besarnos, de
tocarnos, de acercarnos más el uno al otro. Cogí su cabeza entre mis manos,
suave pero firmemente, para poder mandar más en nuestros besos.
Le puse la mano dentro del polo, para tocarle los pezones,
acariciarle la espalda, sentirlo más pegado a mí. Casi se me olvidó que estaba
en un pub, de poco le saco el polo allí mismo. Por suerte, me pude controlar.
Loca de calentura, muriéndome para agarrarlo y hacerlo mío, abrí las piernas, de
modo que su polla quedó encima de mi muslo y mi coño encima del suyo. Me apoyé
contra una pared y empezamos a movernos en vaivén, simulando una penetración,
sin parar de besarnos apasionadamente.
Aproveché aquel momento para poner otra vez mi mano dentro de
su polo, tocarle los pectorales, bajar lentamente hasta su vientre, y acabar
justo encima del inicio de su vello púbico. Luego saqué la mano y empecé a
acariciarle el paquete, notando su duro miembro a través de los tejanos.
En aquel momento, decidí que no me importaba que él fuera
menor de edad, que los dos nos estábamos muriendo de ganas de llegar hasta el
final y que es lo que debíamos hacer. Les pedí a mis amigas dos preservativos,
sus amigos le dieron otro a él, y nos fuimos al coche.
Tenía el coche aparcado detrás del pub, pero había demasiada
luz para hacerlo allí. Por suerte, sabía de un lugar donde podríamos hacerlo sin
preocuparnos de miradas ajenas y curiosas. De camino, nos besábamos cada vez que
nos encontrábamos con un semáforo en rojo. Mientras conducía, yo no dudaba en
ponerle mi mano muy cerca de su paquete cada vez que el cambio de marchas me lo
permitía...
Tras unos minutos que parecieron eternos, llegamos a nuestra
destinación. Apagué el motor y las luces, puse el freno de mano, y nos fuimos al
asiento trasero.
Empezamos a besarnos lentamente, pero la temperatura seguía
subiendo, aceleramos, nos besábamos cada vez más rápido, hasta que nos ardía
todo. Me senté encima de él sin parar de besarlo, y aprovechando la postura en
la que me encontraba, no dudé en moverme suavemente hacia delante y hacia atrás,
muy suavemente, muy muy suavemente.
Le susurré al oído que me quitara la camiseta y él,
obediente, lo hizo. Nos besábamos cada vez más locos, le puse mis tetas en su
cara para que se divirtiera un rato. Le quité el polo, quizá demasiado
bruscamente, pero mis ansias para desnudarle eran superiores a cualquier
formalidad.
Empecé a besarle los pezones, suavemente, mientras con una
mano le acariciaba el otro pezón, el vientre e iba bajando a de vez en cuando
hasta su vello púbico. Le miré, ansiosa para sacársela, nos besamos en la boca,
entrelazando nuestras lenguas, muriendo de calor en cada movimiento y
apretándonos más y más fuerte.
No pude más. Le toqué el paquete, fuerte, duro, deseoso de
librarse de los pantalones y follarme de inmediato. Pero el polvo tendría que
esperar, había muchas otras cosas que hacer antes de eso.
Empecé a desabrocharle los pantalones, botón a botón, le abrí
bien la bragueta y con la palma de la mano le presioné su polla. ¡Qué dura
estaba! Él me besó con más ganas que nunca, con más deseo, con más ansias...
Le sonreí, me encantaba, yo tenía el mando absoluto de la
situación, él se dejaba hacer, impresionado, excitado, quizás algo asustado,
pero no replicaba, no se sublevaba, simplemente estaba allí, semidesnudo debajo
de mí, pasivo, impaciente para que continuase. Me sentía tan loba, tan
dominadora, tan libre.
Decidí que ya lo había hecho sufrir lo suficiente. Le bajé
los calzoncillos, y empecé a pajeársela. No paraba de besarlo, de ponerle las
manos en mis tetas (aún no me había quitado el sujetador), de moverme de manera
insinuante.
Se la cogí con la mano firme, segura, bajando y subiendo
lentamente, a ratos más rápido, pero nunca a una velocidad que le permitiera
correrse. Pasé la yema de mi pulgar por su glande, circularmente, mientras no
paraba de movérsela arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo...
Nos besábamos, nos abrazábamos, nos volvíamos a abrazar, sin
parar de besarnos. Me encantaba notar su lengua dentro de la boca, tan húmeda...
Se quitó los pantalones, los zapatos y los calzoncillos.
Mientras se desnudaba, le besaba la espalda, suavemente, mordiéndolo de vez en
cuando. Cuando acabó de quitarse la ropa, me arrodillé enfrente de él. Vi su
polla, erguida delante de mí, imponente, virgen, preparada para que yo la
enseñase, para que la descubriese, para que la hiciera correr. Era muy bonita y
finita, y sus dos huevos, uno a cada lado, completaban el maravilloso cuadro que
se ofrecía delante de mis ojos.
La volví a poner dentro de mi mano, mientras le besaba el
ombligo, el bajo vientre, hasta llegar a la base de su pene. Sin embargo, no
podía besarle el pene. Me sentía como si estuviera delante de una hoja en
blanco, dónde podía escribir lo que me viniera en gana, pero con mi saliva, con
mi lengua sedienta de hombre...
Lamiéndole todo el contorno de la base del pene, me puse tan
caliente que decidí empezar con mi obra de arte. Le cogí la polla con sólo media
mano, de lado, besando detenidamente la parte libre que quedaba, subiendo
lentamente, poniendo todo el labio en cada beso, que notara mi boca en su
pene...luego hice lo mismo con el otro lateral de la polla, pero esta vez de
arriba a abajo.
Pasé la punta de mi lengua por toda la longitud de su pene,
marcando espirales, caracoles, rectas infinitamente lentas, puntitos de
saliva...
Subí la mirada, lo vi completamente entregado, con la cabeza
ladeada y la boca semiabierta, disfrutando el momento. Una cadenita que llevaba
en el cuello, lo hacía todavía más apetecible, más sexy, más hombre. Le sonreí,
volvimos a besarnos lenta pero apasionadamente, puso una mano dentro de mi
sujetador, liberando un pecho, que acarició con su fuerte mano, me puso a mil...
Me quité el sujetador, y volví a arrodillarme para seguir
comiéndole la polla. Esta vez, la puse entre mis dos pechos, los apreté
fuertemente, subiéndolos y bajándolos a lo largo de su pene, y me limitaba a
lamer su glande cada vez que salía de entre mis tetas...
Por fin, me dejé de tonterías, se la agarré con una mano y
empecé a hacerle una mamada como Dios manda. Me la metí en la boca, mientras la
meneaba con mi mano, succioné, le pasé la lengua en círculos por el glande,
volví a succionar a la vez que movía mi mano arriba y abajo, le pasé la lengua
rápidamente por todo su pene. Me la metía y me la sacaba de la boca sin parar,
apretaba la mano fuerte contra la base de la polla mientras succionaba como si
me fuera el aire que respiro en ello. Le subí la piel del glande y pasé la punta
de mi lengua entre la piel suelta y el glande duro, en círculos, le volví a
descubrir el glande y se lo lamí, a lametazos cortos pero fuertes, no paraba de
subir y bajar su piel mientras mi boca chupaba y chupaba su glande...él no
paraba de tocarme las tetas
Me pidió que me sacara los pantalones, pero le dije que lo
hiciera él. No se movió, me encantó lo pasivo que estaba. Nos besamos, como si
sólo nos quedase un minuto de vida, y me quité los pantalones (él intentó
ayudarme con el cinturón) y los zapatos, pero me dejé el tanga.
Me senté a su lado y nos morreamos sin parar, mientras él no
dejaba de magrear mis tetas, a ratos con sus manos y a ratos con su boca, y una
de mis manos no se separaba de su polla, recordándole que aún estaba allí,
recordándome que aún faltaba una parte muy importante...
Sin pensármelo dos veces, me quité el tanga, busqué un condón
y le pregunté si estaba seguro de lo que íbamos a hacer. Me contestó que sí e
intenté abrir el condón. No soy muy buena con los condones, y no pude ponérselo.
Cogí otro, pero ví que su polla ya no estaba tan dura, lo atribuí a los nervios
que debía de estar pasando el chico, y empecé a chupársela con energía. El me
volvió a comer las tetas, ¡Qué placer!
Una vez la tuvo dura otra vez, le puse el condón y me senté
encima de él, cogiéndole la polla con una mano para guiarla dentro de mí. Una
vez estuvo bien puesta, subí y bajé lentamente, agarrada al asiento, pidiéndole
que se quedara quieto, que ya me movía yo.
No iba despacio, pero tampoco iba muy rápido, estaba
tanteando el terreno. Noté que él estaba ansioso por participar, sus muslos se
movían en convulsiones, intentando moverse dentro de mí. Le dije que se moviera
él, que yo me quedaba quieta, y empezó a perforarme...
Al principio nos costaba mantener un ritmo uniforme los dos a
la vez, pero al final conseguimos acompasarnos, disfrutando del polvo. Me cansé
de estar encima y le pregunté si le apetecía ponerse él encima para dominar la
situación, aceptó.
Me tumbé en el asiento trasero, con una pierna levantada y
sostenida por el respaldo. Se colocó encima de mí y me penetró, suavemente. Le
indiqué cómo debía moverse, lo hizo maravillosamente. Le pedí que aumentara la
velocidad, lo hizo, enloquecí. Él también.
Pegó su boca en mi cuello, apretándola fuerte. Sentí cómo su
respiración se hacía más rápida y gemí suavemente, en su oreja, para que oyera
de cerca el placer que me estaba proporcionando. "Así, así", no podía parar de
repetirlo, me estaba volviendo loca de placer.
Al cabo de poco, paró, dejándose caer encima de mí,
respirando honda y lentamente. Se había corrido. Empezó a besarme los pechos
suavemente, el canalillo, bajó hasta el ombligo, y paró.
Nos volvimos a besar, los dos sentados, lentamente, sin
tocarnos mucho, conectándonos sólo con nuestras bocas. Le saqué el condón y lo
tiré fuera del coche. Nos abrazamos, besándonos suavemente, disfrutando del
momento.
Mi amiga nos llamó, el pub había cerrado y nos estaban
esperando fuera. Lentamente, y entre muchos besos, nos vestimos y nos preparamos
para marchar.
Volviendo, nos besábamos a cada semáforo, nos entrelazábamos
los dedos...intentábamos alargar la corta hora que habíamos disfrutado de
intimidad.
Al llegar al pub, él se fue con sus amigos para volver a casa
en bus, nosotras volvimos en mi coche.
Eso sí, antes de marcharnos, nos despedimos morreándonos
apasionadamente, hasta que su amigo nos dijo que parásemos, que estábamos en
medio de la calle. Nos dimos un piquito, y nos fuimos, cada uno por su lado.