Mi marido es un semental.
Los Montenegros 3.
Conviene leer " Mi suegro me pone", y "Domando a ni nuera"
para seguir esta historia de poder y sexo.
Mi marido es un semental, siempre lo ha sido y creo que
siempre lo será, y más desde que se han inventado esas pastillas llamadas
Viagra. Yo sólo he estado con él, y me ha enseñado lo que sé sobre el sexo, no
he podido tener mejor maestro, porque cuando le conocí acaba de salir del
convento. Mi tía, Sor Asunción, me envió a Argentina, a pedido de mi madre para
casarme con Hugo, mi primo segundo. Yo me había criado en la institución, me
llevaron apenas nací, era una vergüenza en la familia, pues era hija y nieta de
D. Antonio Montenegro, que había dejado embarazada a mamá con apenas 15 años. A
mamá la mandaron a Argentina, a casa de unos primos, y a mi al convento. Pero mi
madre es muy lista, ella siempre dice que es muy puta, pero todavía más lista, y
en poco tiempo tenía una pequeña fortuna, en mercados y restaurantes, y estaba
empezando a entrar en el negocio inmobiliario. "El dinero en el banco, cría
telarañas"- era su lema. Hugo era su primo segundo, su encargado y su amante,
por lo que decidió que era el mejor marido para su hija, juntando placer y
economía, pues todo quedaba en casa. Para mí fue todo un bombazo, tener madre y
prometido, pero me habían enseñado a ser obediente y sin darme cuenta estaba en
el altar. La primera noche fue increíble, me sentí, como mi tocaya santa Teresa,
penetrada por un rayo, pues así me pareció aquel pedazo de carne que introdujo
entre mis piernas, y gocé cayendo en éxtasis. El viaje de novios a Río de
Janeiro apenas me dejó tiempo `para ver el Cristo, pues las veces que cogimos
fueron incontables.
Volví embarazada y habiendo aprendido los secretos del amor.
Mi madre me empezó a cuidar apenas se enteró de mi estado de gestación, y la fui
queriendo cada día más, era todo amor, en aquellos meses volcó en mí, los años
que no había podido estar conmigo. Por eso cuando me explicó que dado mi
embarazo, para evitar problemas para el niño, ella se encargaría de satisfacer a
mi marido, me pareció bien, aunque me había aficionado a coger, seguía siendo
una niña inocente, y lo hizo, desde entonces y por varios, muchos años. Hugo
hacía el amor conmigo por la mañana y por la noche, ocupando el resto del día el
trabajo, siempre mucho, y la cogida de mamá, también abundante. Una vida
compartida
Pero los años pasan para todos, y aunque mamá estaba en unos
esplendorosos 50, y yo en la treintena, fue cuando tomamos la decisión de
buscarle hembras jóvenes a mi marido, para satisfacer su libido desbordante.
Mejor que lo controláramos nosotras, que cayera en manos de cualquier
pelandusca. Así le fuimos poniendo muchachas que ocupaban el espacio de mamá.
Las dos teníamos el control de lo que hacía, a veces le espiábamos , sobre todo
con las nuevas, ninguna duraba más de un mes, y como siempre dice mamá: "Hija,
el dinero es mío, y tuyo cuando yo muera, que será dentro de muchos años. Y si
tienes guita, tienes el poder. Nuestro Hugo se entretiene, pero reporta en casa"
Cuando mi niño, Sergito, nos presentó a su prometida, mamá y
yo nos hicimos un guiño, no necesitábamos buscar más, era la persona ideal para
nuestro semental. Los años no pasan en balde, mi madre en los sesenta, yo en los
cuarenta, y la potrita apenas 20, era perfecta. Hugo cayó en la trampa, y se lió
con ella, eso sí, no descuidó sus deberes conmigo, y además le obligué a cumplir
con mamá, así me quité una preocupación, pues con sus años, a mi madre la
satisfacían jovencitos, y podía encapricharse y hacer alguna tontería económica.
Hay algo que debo confesar, de adolescente en el convento
tuve escarceos con otra novicia, Inés, siempre había querido probar el placer de
Lesbos, y ahora estoy preparando a Nuria, para iniciar una relación entre
mujeres.
No hay nada como la familia.
Los Montenegros 4.
Estoy feliz, voy a ser padre, Nuria se quitó el DIU hace
apenas unas semanas, y ya está embarazada. Y además lo bien que estamos todos,
siempre juntos, en una gran familia, ahora puedo viajar tranquilo, era algo
imprescindible para el negocio, y sólo cuando he comprobado que mi mujer es bien
aceptada por los míos, me he podido dedicar de verdad al trabajo.
El abuelo acaba de morir dejando a mamá, heredera de lo que
tenía en España, que parece que es mucho. Me van a mandar a poner todo en claro,
Nuria se quedará con mis padres, seguro que la cuidan.
No hay nada como la familia unida.
A Martin Ritt por " Cuatro confesiones" y a Akira Kurosawa
por "Rashomon"