Espero que lo disfruten y por lo pronto me despido y los
invito a continuar enviándome sus comentarios y sugerencias a mi correo
electrónico, besos y abrazos.
Garganta de Cuero.
Mi nombre es Pamela, mis apellidos no interesan, de hecho,
carecen de toda importancia, total, a mi me llaman como mi amo desee que me
llamen. Porque, en efecto, soy una esclava, una perra, un objeto, y como tal
tengo un dueño que puede disponer de mi como mejor le plazca. No siempre lo fui,
una vez tuve un esposo amable y amoroso, cariñoso, responsable, lindo para
describirlo en una sola palabra, era un sol conmigo, el marido perfecto,
Fernando se llamaba. Pero ya no, y de eso, aunque no ha pasado mucho tiempo, ya
casi no me acuerdo… bueno, por lo menos me empeño en pretender que es así, eso
me ayuda a sobrellevar mi situación. Saber que mis 2 hijos preciosos y mi amado
marido, a quienes extraño a rabiar, están bien gracias a mi sacrificio, es mi
único consuelo.
Quiero contarles cómo fue que me convertí en la esclava sin
voluntad que soy ahora, los invito a acompañarme en esta historia…
Recuerdo el motivo que me orilló a esto y no me arrepiento.
Me casé con Fernando a los 20 años, él tenia 26, confieso que fue apresurado
pero las circunstancias lo exigían, estaba encinta. De todas formas estaba
segura de estar yendo al altar con un hombre que siempre velaría por mi y mis
hijos. Y no me equivoqué, desde el inicio me demostró que lucharía por tenernos
bien, por lo que yo me limité a hacerme cargo de las labores del hogar y decidí
convertirme en la mejor esposa que un hombre pudiera tener, la más amorosa, la
más responsable y hacendosa, y la mejor amante. Así pasamos 4 años de felicidad
y trajimos al mundo a 2 bellos hijos, una nena de 4 y un nene de 2.
Sin embargo la vida da vueltas, las cosas cambian, nada queda
incólume. Teníamos más sueños que recursos pero no nos
importaba, creíamos que con nuestro amor podríamos contra cualquier obstáculo.
Sin embargo, pronto y con dolor descubrimos que no todo se resuelve así, hace
como un año tuvimos un accidente en que dejó a nuestro pequeño Fernando hijo
gravemente lesionado, quedó cuadrapléjico. Buscamos préstamos, ayuda en
hospitales y con doctores, pero nada, nadie nos daba esperanzas, nuestro pequeño
estaba condenado. Y para empeorar las cosas, en su trabajo hicieron recorte y mi
Fer se quedó en la calle, agravando nuestra ya desesperada situación.
Pero entonces apareció un extraño hombre llamado Marvin
Batres que trabajaba para un hombre que estaba dispuesto a darnos ayuda a cambio
de algo. Nos dijo que poseía un tratamiento experimental que podría salvar a
Fernandito, lo cual era cierto, pues tras la primera dosis vimos resultados
alentadores, aunque aun debería pasar mucho tiempo antes de recuperarse por
completo.
No hubo más que pensar, ese tipo tenía la cura de nuestro
nene y la teníamos que conseguir, por lo que aquella noche ahí estábamos,
sentados en silencio, algo asustados pues aun no sabíamos lo que quería a cambio
y temíamos que el precio fuese muy alto, no podíamos imaginarnos cuanto. Igual
no importaba, de ello dependía la vida de nuestro hijo.
Bueno señores, el señor Davidson los verá ahora… – nos
Marvin anunció y nos condujo a un salón amplio, con ventanales, pintado de
blanco y sin muchos detalles, un hombre negro estaba sentado a la cabeza de
una mesa larga con 2 mujeres de pié a su lado, asumí que eran secretarias
aunque a mi me parecieron putas – Sr. Davidson, le presento a los Lozano…
Buenas noches… – respondimos a coro Fer y yo.
Buenas noches señores, por favor, tomen asiento… muy
bien… entiendo que el tratamiento está siendo satisfactorio… aunque solo ha
sido la primera dosis.
¡Si, si, – dije nerviosa y entusiasmada – y no sabemos
como agradecerle…!
No se preocupe, yo sí sé… – nos quedamos callados de
inmediato, aquello no se oyó alentador – han aceptado mi oferta de ayuda y
la han recibido, es justo que paguen ahora…
Este si… por supuesto… pero, tenemos dudas sobre lo que
implica… – interrumpió Fer.
…¿y es eso importante? En realidad es irrelevante,
considerando todo lo que voy a hacer por ustedes. Tienen un hijo enfermo que
necesita de un tratamiento especial, el cual pagare yo y ustedes me lo
retribuirán de… otras formas.
Fer y yo nos volteamos a ver, las cosas no se veían bien, él
sabía que no podíamos negarnos, el tratamiento era indispensable para que
nuestro hijo viviera. Nosotros no éramos de andar en cosas raras y me daba miedo
pensar en lo que nos pediría a cambio.
¿Qué es lo que quiere? – preguntó mi esposo con todo el
aplomo que pudo sacarse.
Muy bien, los detalles… antes que nada quiero que sepan
que estoy grabando esta reunión, es solo para poder probar que ustedes
estuvieron de acuerdo en todo y que yo no los obligué a nada. Ahora vamos a
lo que nos interesa, a cambio de mi ayuda espero de ustedes un sometimiento
completo a mi voluntad por el tiempo que dure el tratamiento, que dicho sea,
puede ser mucho. Mientras tanto, dispondré de ustedes como me plazca. –
callamos, eso no era lo que pensábamos – Recuerden que se trata de la vida
de su hijo, si creen que pueden ayudarlo por su cuenta pues solo digan que
no… y como creo que lo tienen que considerar los dejaremos solos un momento.
Pueden entrar al salón que esta a su izquierda y platicar a gusto. – sin
decir nada, casi sin vernos a las caras, nos pusimos de pié como un par de
zombis y entramos al salón, inmediatamente me refugié en sus brazos y Fer me
abrazó con fuerza.
Amor… amor… ¿qué vamos a hacer mi amor? – le pregunté.
Trabajar, trabajar Pame… este hombre es un degenerado… no
quiero ni pensar en lo que te podría hacer. – me respondió, él, siempre tan
prudente.
Pero es el tratamiento del bebé… si no hasta se nos puede
morir Fernando…
Pero, pero… es que…
Además ahorita no tenés trabajo y no podemos esperar. –
Fer bajó la cara abatido – Amor, yo hago lo que tú digás… vos sabés bien
eso… – le dije, dejándole todo el peso de decidir.
Así era yo, fiel, abnegada y entregada, confiaba ciegamente
en su buen juicio, siempre lo dejaba tomar las decisiones difíciles. ¡Estúpida
de mi, lo dejé cargar con el peso de mi sentencia, la cual yo sola elegí
tratando de dejarlo a un lado! Fer dudaba, temía lo que ese hombre pudiera
hacernos, especialmente a mi. Pero no teníamos alternativa, por mucho que los 2
trabajáramos no podríamos pagar ese tratamiento. Entonces volvió a subir la
cabeza con expresión derrotada y dijo con voz apagada "hagámoslo" y salimos
entonces del saloncito.
Aceptamos sus condiciones… – le dijo al Sr. Davidson,
quien nos dedicó una sonrisa retorcida.
Bueno, bueno, vamos a empezar… necesito examinarlos para
saber cómo están… señor Lozano por favor, quítese la ropa…
Me quedé sorprendida de esa petición, no me lo esperaba,
pensé que sería yo la que tuviera que hacer algo así. Me dio asco pensar que el
tipo era del otro lado y temí por mi esposo. Me quedé muda y pálida al ver que
Fer se desabotonaba la camisa, pero ¿qué más podía hacer? El pobre se moría de
la vergüenza pero al final se despojó de todo, al mismo tiempo que Davidson le
dictaba a una de sus secretarias, refiriéndose a Fer como a alguna especia de
cosa.
Es un hombre de 30 años, más o menos de 1.80 mt. de
altura, cuerpo delgado aunque de complexión atlética y con una musculatura
desarrollada, seguramente hace mucho ejercicio… vellosidad abundante en
piernas, brazos y pecho. Nariz pronunciada y de regular tamaño, ojos verdes,
cabello castaño lacio… me parece que tiene potencial… ¿Marvin?
Si, creo que es un atleta y un hombre bastante apuesto…
¿no lo cree Señor?
Si, sin duda es bien parecido, tiene el material, solo
necesito retocarle detalles. Ahora veamos su sensibilidad… señor Lozano,
colóquese de espaldas contra la mesa.
Pero… ¿para qué?
Señor Lozano, comprenda que de ahora en adelante, usted
solo deberá limitarse a seguir mis órdenes. Recuerde que usted aceptó el
trato, a sabiendas de todo lo que podía pasar. – Fer se apoyó sobre la mesa,
tragándose su orgullo, y de inmediato Marvin le jaló las manos desde atrás y
las esposó a una cadena que salía de debajo de la tablero, inmovilizándolo,
yo traté de avisarle pero no me di cuenta a tiempo – Señorita Godínez, por
favor, proceda…
La tal Godínez era una de sus secretarias, alta, morena,
trompuda y chichuda, parecía vaca y se veía muy vulgar. Se agachó parando el
culo que casi se le salía de la faldita y agarró el pene de mi esposo y lo
empezó a lamer despacio y se lo metió entero a la boca. Y yo miraba llena de
horror, jamás pensé ver el pene de mi esposo en otra boca que no fuera la mía…
aunque, de hecho, yo nunca ml había hecho sexo oral, me daba pena y él nunca me
insistía demasiado.
Vi a mi esposo luchar, pero no pudo evitar que se le pusiera
dura, esa puta era muy buena. Se lo metía casi entero, lo chupaba con fuerza y
abundante saliva, sacándoselo despacio y jugueteando con su lengua sobre su
glande. Y gozaba, gozaba con la mamada de esa, yo tenía los ojos mojados y
tristes, y me puse peor cuando no me pudo ver más a la cara y se volteó hacia el
otro lado. Yo sabía que era inevitable, que no podía dejar de sentir algo de
placer con una mamada tan buena, pero no lograba dejar de llorar, aunque
sollozaba en voz muy baja para que no me oyera.
Pero por más que trataba no lograba convencerme ni
comprenderlo, estaba disfrutando, lo sabía por su respiración agitada y
entrecortada. Y luego vino lo peor, la tal Godínez empezó a dibujar círculos
alrededor de su ano con sus dedos y Fernando se estremeció. "Le molesta" pensé,
Fer, por su educación conservadora, debía sentir que eso era una asquerosidad y
que solo los gays y degenerados lo hacían. Primero fue su índice, que despacio
iba empujando hacia adentro luego de ensalivárselo. Logró meterle la punta, puyó
varias veces y se lo sacó, pero inmediatamente volvió a la carga, tan solo se lo
ensalivó más y esta vez con 2 dedos, el índice y el medio, me los introdujo de
un fuerte empujón.
¡¡OH, Dios mío!! – exclamó mi amor cuando los sintió
entrar y sin querer volteó a verme, él tenía los ojos y la boca muy
abiertos, descubrí que también lo estaba disfrutando.
Jamás me sentí tan humillada, mi marido ni siquiera podía
disimular el placer que esa mujer le daba. Y me sentí peor aun cuando ya no pudo
soportar el placer y terminó en la su boca de esa mujerzuela en medio de un
fuerte espasmo que lo sacudía entero. Apenas si logré controlar sus gemidos y
jadeos, pero su cuerpo sudoroso y su respiración agitada y profunda lo
delataban.
Otra vez no me pudo sostener la mirada, volteó la cara y
continuó resoplando. ¿Qué fue eso?, casi fue como darme cuenta que no conocía a
mi esposo realmente, era casi peor que si se hubiese cogido a esa mujerzuela.
Prácticamente lo habían obligado, ¿cómo le pudo gustar? Y lo que era peor, ¿cómo
pudo disfrutar tener un par de dedos metidos entre el culo, dónde estaba su
hombría? Acabé viendo llena de rabia y dolor a esa puta relamiéndose y
tragándose su semen.
El señor Lozano tiene potencial… – dijo el negro,
devolviéndonos a la realidad – ahora veamos a la señora… – me estremecí al
oír eso.
¡Eso no! ¡A ella déjenla! – protestó Fernando y empezó a
patalear.
Marvin, por favor, ya no quiero escuchar al señor Lozano.
– sin poderse defender, Marvin le puso una mordaza – Ahora bien señor
Lozano, tanto usted como su esposa aceptaron el trato, por lo que estos
arranques de cólera no serán tolerados nunca más. Por favor, sírvase tomar
nota de esto. Señora mía, por favor quítese la ropa. – me empecé a desnudar
temblando y llorando a mares, tenía mucho miedo de lo que me pudieran hacer
– Es una mujer de 24 años y entre 1.55 y 1.60 mt de estatura. Su piel es
morena y su cabello negro y lacio, lo lleva hasta media espalda; su rostro
es de rasgos finos y armoniosos, bello a la vista. Exhibe una delgadez
considerable, no obstante es esbelta y de proporciones elegantes, con senos
pequeños, pero redondos y firmes y glúteos turgentes de buen tamaño, puede
que su complexión sea así.
Mientras le dictaba eso a su otra secretaria, palpaba mi piel
con sus enormes manos como si fuese una vaca o un animal el exhibición. Yo me
dejaba, llena de miedo y temblando mientras Fer se revolvía, impotente por no
poder zafarse, hasta se le salían las lágrimas.
A mi me parece una hembra bastante buena… habría que
hacerla ganar peso, ¿no le parece?
Si Marvin, estoy de acuerdo…
El negro me empujó y me empinó sobre la mesa, me obligó a
estirar los brazos al frente y que no los moviera de allí, y yo lloraba y
lloraba. De pronto la tal Godínez se agachó y se puso a lamerme el sexo al mismo
tiempo que el negro me pasaba sus manos sobre la espalda, acariciándome despacio
y sonriendo torvamente, la otra tomaba nota de todo. Me sentía asqueada, nunca
antes una mujer me había tocado así y me sentí morir, pero no me atreví a
moverme ni un centímetro.
Señor Lozano, veo que no le agrada lo que estoy
haciéndole a su esposa… así es mejor, más diversión para mí… – dijo con un
vejo enfermo en su fría y sarcástica mirada – Y usted señora, deberá
aprender a disfrutar esto, de la dulce lengua de mi colaboradora recorriendo
todo lo largo de su sexo… siéntala, disfrútela… ¿está húmeda, tibia, es
suave? Dígame lo que sienta, que no le importe que aquí esté su esposo que a
el no le importó que usted estuviera presente cuando terminó en la boca de
la que ahora la está llevando al éxtasis a usted.
¡Y vaya si lo estaba haciendo!, sentía su húmeda y caliente
lengua recorrer mi sexo, chupándolo y sorbiendo mi creciente humedad. Me sentí
horrible, era una aberración que estuviese disfrutándolo y me sentí peor al
recordar que nunca había dejado a Fer hacerme eso, de nuevo por mi timidez y
prejuicios. De repente la mujer paró y el negro me tomó y me arrodilló frente a
su pene, que en una firme posición horizontal, se bamboleaba entre sus piernas
un tremendo falo negro, brilloso, de un grosor y longitud impresionantes, no
menos de 25 cm.
Me parece que la señora no ha realizado nunca una
felación, ¿me equivoco? – le preguntó a Fer solo para torturarlo, pues lo
tenía amordazado y no podía hablar, entonces, puso su pene sobre mis labios
de mi mujer y comenzó a restregarlo sobre ellos, tratando de abrirlos.
Señora, abra la boca y empiece a chuparlo por favor. Su
esposo no la puede ayudar en este momento… además, le recuerdo que aceptaron
el trato. Ahora, abra la boca…
¡Fernando… perdoname! – le dije y dejé entrar aquel falo
dentro de mi boca.
Cubierta de llanto, empecé a lamer y a chupar su pene
negrísimo, siguiendo las instrucciones que él mismo me daba al mismo tiempo que
le dictaba a la secretaria. La tal Godínez estaba arrodillada detrás de mi,
acariciándome, sobándome y amasándoselos los senos. Me tuvieron así por varios
minutos en los que yo no paré de llorar. "Ahora llora señora, pero mañana se la
va a pedir al señor Davidson" me repetía ella. Entonces ocurrió lo que más
temía, Davidson me levantó y me acostó boca arriba en la mesa, me abrió las
piernas y colocó su pene en la entrada de mi vagina. Fernando se puso histérico,
jaloneaba violentamente para tratar de liberarse, pero era inútil. Lo volteé a
ver, y con toda la dulzura que pude le dije: Fernando, te amo… siempre te amaré
y serás el único en mi corazón… acordate, es por nuestro hijo…", y en ese
momento, Davidson me penetró.
Lancé un plañidero grito de dolor y traté de empujarlo, pero
Marvin me inmovilizó de inmediato. Recuerdo la cara del negro desfigurada en
muecas de placer mientras su inmensa y durísima tranca horadaba y barrenaba
salvajemente mi delicada gruta, que hasta ese momento no conocía más hombres que
mi amado esposo. Yo no podía hacer más que gritar y pedir piedad, pero no la
recibía, al contrario, mi sufrimiento aumentaba el placer de ese tipo
¿Quiere que saquemos a su marido señora? – me preguntó.
¡S…! ¡Si! – contesté, por lo menos así me ahorraría la
vergüenza de ser violada frente a Fer.
Sin demora Marvin sacó a rastras a Fer de la habitación
mientras yo le gritaba que lo amaba, la puta de la Godínez salió poco después,
luego cerraron la puerta y mi tormento siguió. El negro continuó hincándome
ferozmente su gran palo, parecía un potro desbocado. Sin embargo algo más pasó,
poco a poco ese terebrante dolor fue dando paso a otro tipo de sensación, un
leve cosquilleo, casi imperceptible, pero que yo sabía que estaba allí, no sabía
de qué se trataba.
Davidson no se demoró mucho dentro de mi, aunque la verdad yo
sentía que fue una eternidad. Apretando fuerte los dientes y emitiendo una
especie de rugido gutural, que casi de inmediato se convirtió en un poderoso
rugido de placer. Me sacó la verga y me jaló con fuerza haciéndome caer al
suelo. Allí, con la cara frente a su poderoso miembro, recibí un verdadero
torrente de semen espeso y viscoso, exageradamente abundante, que me llenó el
rostro por completo. Luego se quedó quito, resoplando agitadamente, yo no me
levanté, de hecho no sabía a ciencia cierta lo que me acababa de pasar, estaba
en shock.
Sin embargo a los pocos minutos la otra secretaria hizo que
me parara y me dio mi ropa en las manos, luego me sacaron del salón. Ahí estaba
mi marido, aun revolviéndose con su pene flácido en los labios de la perra de
Godínez. No lo pude ver a los ojos y empecé a llorar como profusamente. Davidson
tomó la palabra.
Señores, estoy satisfecho, creo que son un par de perras
con mucho potencial… y créanme que se los voy a sacar. Acabo de dar
instrucciones para que les abran una cuenta bancaria en donde, semanalmente,
les depositaré el dinero que necesiten para costear el tratamiento de su
hijo. Mientras tanto me pertenecerán el tiempo que sea necesario a partir
del día de hoy… vamos señora, continuemos…
¡¿A dónde la lleva?! – le gritó mi esposo
desesperadamente.
A donde a mi se me de la gana señor Lozano, entiéndalo. Y
la devolveré cuando yo crea…
¡¿Qué le van a hacer?! – pregunté en un sollozo.
Nada señora… bueno, nada si él decide dejarse conducir en
paz por mis guardias. – lo volteó a ver – Espero que no les de problemas…
Me rodeó de la cintura y me llevó fuera de la habitación,
dejando a mi marido solo y gritando. Tan solo logré voltearme en el lindero de
la puerta para decirle "Fernando, te amo… siempre te amaré y serás el único en
mi corazón… acordate, es por nuestro hijo…".
CONTINUARÁ…
Garganta de Cuero.
Pueden mandarme sus comentarios y sugerencias a mi correo
electrónico, con gusto los leeré y contestaré.