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TODORELATOS.COM |
Fecha: 10 de Octubre, 2008.
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| Fecha: 19-Feb-08 |
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| Esta es una historia de deseos, emociones, placeres, dudas, decisiones y pensamientos, es la historia del camino que nos llevó a Carmen, mi mujer, y a mí a lanzarnos a vivir las fantasías inconfesables que sin saberlo compartíamos en silencio cada vez que hacíamos el amor; Esta no es una historia de penetraciones y orgasmos, aunque también lo es; Así que si tu, lector que has llegado hasta aquí, buscas un desahogo rápido de tus pulsiones te recomiendo que abandones este texto y busques algo mas inmediato. |
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Mis ojos seguían clavados en la imagen que me llegaba de mi
mujer en brazos de Carlos. Intenté retrasar lo que pude el momento en el que la
perdería de vista hasta la siguiente vuelta, me esforcé por grabar en mi memoria
cada detalle de aquella trascendental escena: sus ojos cerrados, su cabeza
ligeramente ladeada ofreciendo su cuello, dando facilidades para que los labios
de Carlos encendieran el intenso placer que le provoca cualquier caricia en esa
zona. Sus labios entreabiertos iban perdiendo tensión desdibujando la leve
sonrisa que mostraban y convirtiéndola en un rictus de placer, excitación,
preocupación y entrega.
Volví a mi al perderla de vista y fué solo entonces cuando me
di cuenta de que mis manos acariciaban la espalda de Elena tal y como suelo
hacer con Carmen mientras bailamos, nunca me había sucedido algo así, jamás
bailando con amigas, con las esposas de compañeros he perdido el sentido de la
realidad de esa manera; Noté el efecto del alcohol, la leve nube en la que me
desenvolvía y lo achaqué a eso; Detuve mis caricias e intenté construir una
excusa cuando noté el cuerpo de Elena pegado, sus muslos rozaban los míos, una y
otra vez sin que ella hiciese nada por evitarlo, y sus manos en mi nuca haciendo
que sus uñas marcasen surcos en mi cabello. Al notar el cambio en el movimiento
de mis manos alejó su rostro del mío y me miró
"¿Sucede algo?" – sus ojos transmitían su excitación.
"Nada" – le sonreí y ella volvió a apoyar su mejilla
en la mía, deseaba besarla.
Mientras tanto Carmen cedía al placer que le provocaba el
roce de los labios de Carlos en su cuello, marcando su oreja, mordisqueando su
lóbulo, recorriendo la forma tensa del músculo desde detrás de la oreja hasta la
clavícula; Carmen no evitaba aquello, se dejaba hacer dominada por el placer,
debilitada su razón por el alcohol; Cuando notó el cambio de rumbo de aquellos
pequeños y continuados besos se enfrentó laxamente a lo inevitable, Carlos
avanzaba por su mejilla, rozó la comisura de sus labios y al no encontrar
resistencia, la beso con suavidad primero y con pasión después al sentir la
entrega de mi mujer.
Yo seguía acariciando a Elena, sintiendo sus manos juguetear
con mi cabello, aspirando el olor de su pelo, pensando en avanzar aun mas, en
besarla, cuando algo inesperado detuvo mi intención y mis pensamientos: Frente
mi, Carlos besaba a Carmen, mi mujer, mi corazón comenzó a latir
descontroladamente, esa era la escena que tantas veces había imaginado, esa era
la escena que había recreado en mi mente cuando Carlos me relató sus besos en el
parque. Y ahora sucedía ante mí.
Una parte de mi veía como el mundo se derrumbaba a su
alrededor, sentía un frío intenso que me acercaba a la nausea; La otra parte de
mi, la que se excitaba con la fantasía de ver a Carmen follando con otros
hombres, quería mas, no le bastaba con verla arrastrada por la seducción de
Carlos, esa otra parte de mi no la quería pasiva ante el asedio de su pareja,
quería verla tomando la iniciativa, deseaba ver ese gesto tan suyo cuando nos
besamos, sus manos sujetando mi cabeza para que no me separe de su boca; deseaba
ver esas manos sujetando el cráneo de Carlos, marcando sus uñas en su cuero
cabelludo, moviéndolas ansiosas por sus mejillas antes de volver a retener su
cabeza cerca de ella.
Sentí una mezcla de excitación, dolor, miedo y placer; Ver a
mi esposa besando a otro hombre me produjo un impacto demoledor, mi razón me
insultaba por consentirlo y mi pasión me arrollaba como un tren y pedía más.
El cuerpo de Elena se movía al compás de la música
acariciando mi cuerpo. Carmen abrió los ojos justo cuando volvía a apoyar su
mejilla en la de él, su mirada delataba su excitación, era pura lujuria lo que
destilaban sus ojos, la sonreí y le lance un beso, ella me devolvió una breve
sonrisa antes de perderla de vista, noté mi sexo erguido, no estaba seguro de la
capacidad de Carmen para frenar a Carlos si éste le pedía mas; mi corazón
golpeaba mi pecho. De nuevo mi atención se centró en el cuerpo de Elena cuyos
movimientos en mi sexo erguido provocaban que mi erección no decreciese
"¿Puedo?" – dije justo antes de volver a tomar su
lóbulo entre mis dientes, quería sumergirme en el placer que me brindaba
Elena para mitigar el dolor y el miedo.
"¿Estás decidido a comerme hoy?" – de nuevo el doble
sentido lanzado invitándome a seguirlo
"Hasta donde tu quieras"
"No te confíes Mario, yo también puedo morder
"No esperaba menos de ti" – dije al tiempo que
depositaba un pequeño beso en su oído, Elena respondió apretándose a mi
"Si sigues con eso, me vas a matar"
"¿Si?" – dije al tiempo que volvía a besar su oído
recorriendo cada pliegue – "¿Seguro? No me das pena"
Tenía de nuevo a Carmen frente a mi, sus ojos estaban
llenos de pasión, me asustó su mirada, la reconocí, la he visto cientos de
veces cuando el deseo es tan urgente que necesita que le haga el amor; Le
lancé un beso y sin dejar de mirarla recorrí con la punta de mi lengua los
pliegues de la oreja de Elena mientras mis manos se movían decididas hacia
sus nalgas, los ojos de Carmen siguieron ese movimiento, luego me miró,
entornó los ojos y me dedicó una leve sonrisa, como si le fallasen las
fuerzas y apenas pudiera sonreír.
"¿Buscas algo ahí abajo?" – El comentario de Elena me
sobresaltó, intenté evitar que lo notara y decidí huir hacia delante;
Estaba dispuesta, mas dispuesta de lo que yo había buscado, noté el
borde de su tanga en sus riñones, jugué con sus vértebras y dibujé el
contorno del tanga.
"Ya lo encontré"
"¿Acaso dudabas de encontrártelo? No soy tan lanzada…
así, de entrada"
"Eso que te pierdes" – no me reconocía, hacia años
que no me relacionaba de esta manera con una mujer que no fuera Carmen
"He dicho de entrada"
"¿Y... una vez presentados? - Bromeé, Elena se separó
para mirarme, su sonrisa era una aceptación del juego
"¿Me estás pidiendo algo?"
"¿Acaso me lo concederías?" – sus ojos maliciosos
brillaron, yo improvisaba como jamás me habría atrevido a hacer.
"Prueba a ver" – Elena no se arredraba, me sentía
excitado, ajeno por un instante a lo que Carmen vivía en ese mismo
momento; Mi nuevo yo habló por sí solo.
"Puestos a pedir… me encantaría bailar contigo sin
esto... " – acaricié el pequeño triángulo del tanga – "… y sin esto" -
mis dedos tamborilearon sobre el broche de su sujetador, no sabía si
había ido demasiado lejos; Ella me miró con todo el deseo brotando en
sus ojos
"Supón por un momento que me vuelvo loca y te lo
concedo, ¿Tú qué me darías a cambio?"
El final de la canción vino en mi ayuda, no tenía respuesta
adecuada y dejé en el aire una sonrisa y una mirada que pretendían dar intriga
al momento; Miré a mí alrededor y no vi a Carmen ni a Carlos, el corazón me dio
un vuelco, miré a todos lados pero no los veía, Elena notó mi preocupación.
"Les he visto salir a los jardines, tranquilo"
"¿Cuándo?" – mi pregunta precipitada denotaba
demasiada ansiedad, mas de la que un amante mostraría por una compañera
de cama que se acuesta libremente con otros hombres. Sabía que mi
actitud resultaba extraña, ya había provocado un comentario de Elena que
casi nos delataba; Pero ahora toda mi atención estaba en localizar a mi
mujer sin importarme la impresión que estuviera dando.
"No se, estábamos bailando, casi al final les vi
salir hacia la terraza" – Elena había cambiado, sin llegar a estar
molesta estaba visiblemente descolocada, de nuevo se veía desplazada, ya
lo había estado con Carlos y ahora era yo quien la dejaba fuera de
lugar. Sentí cierta empatía hacia ella y rectifiqué; No podía, no debía
salir a buscarla, al menos con esta urgencia que me dominaba, intentaría
rebajar la tensión y proponer mas tarde un paseo por el jardín.
"Bueno, supongo que no…"
"Venga, salgamos a buscarlos" – Elena me tomó del
brazo y me condujo hacia el ventanal por el que ambos habían salido, me
sentí descubierto ante ella, comencé a balbucear torpemente.
"No es necesario, no importa…" – Elena apretó mi
brazo con decisión.
"Es igual, si no la encuentras vas a estar ausente
toda la noche" – me avergoncé de mi conducta hacia ella, no se lo
merecía
"Lo siento Elena"
"No importa, sabía a lo que venía" – se me rompió el
corazón, me detuve bruscamente, ella me miró.
"Quizás al principio fue así, pero te aseguro que
ahora no, tendrás que perdonarme estos excesos proteccionistas" – Elena
bajó los ojos, comprendí que no debía ser fácil verse eclipsada por
Carmen, ella no podía entender los motivos y por un instante estuve
tentado de explicarle francamente la situación
"¿Ahora no? ¿Y ahora qué es? – Parecía dolida, me
quedé mirándola, tan hermosa, un lujo para cualquier hombre. Por los
altavoces Sam Brown comenzó a cantar una de las canciones preferidas de
Carmen, pensé en ella y me convencí de que, en que en cualquier caso
sabría protegerse.
"Ahora toca bailar esta maravilla de canción" – Elena
se dejó conducir de nuevo por mi hasta la pista y rodeó mi cuello con
sus brazos, de nuevo sentí el olor de su piel, el tacto de su mejilla en
la mía, el movimiento de su cuerpo pegado al mío, Carmen estaba fuera,
probablemente besándose con Carlos, quizás dejándose acariciar.
Y yo… yo me moría por salir a buscarla y al mismo tiempo
deseaba a esta mujer que tenía en mis brazos, el desasosiego me mataba pensando
en mi esposa y la excitación endurecía mi sexo en contacto con el vientre de
Elena.
A cada vuelta miraba hacia el ventanal por donde habían
desaparecido y cada vez la frustración era mayor al no verla aparecer. Quería
rendirme, pedirle por favor a Elena que me dejara salir a buscarla, sin embargo
el calido abrazo de esa mujer me ataba a ella como no recordaba que me hubiera
sucedido antes.
…….
Los labios de Carlos torturaban de nuevo el cuello de Carmen
y ésta, perdidas su defensas por el alcohol, se rendía al placer y se dejaba
acariciar, aun podía notar la presión de aquellos labios en los suyos, aun
sentía la turbación que le produjo la lengua de Carlos intentando invadir su
boca; por el momento la batalla se había detenido pero era solo una tregua y
pronto volvería a asediarla; Sabía que debía detener el avance de aquellas manos
que acariciaban sus nalgas, sabía que debía parar esa caricia en su cuello, no
se fiaba de ella misma, ya había aceptado sus besos, ¿qué vendría a
continuación?.
Pensó en mí, en el placer que mostraban mis ojos viéndola en
brazos de Carlos; En aquella época todavía no se había acostumbrado a que su
entrega fuera motivo de placer y felicidad para mí, no lo entendía pero le
halagaba y la excitaba.
Una mano mas abajo de su cadera, en el muslo, avanzando
lentamente detuvo sus pensamientos
"Necesito beber algo" – dijo separándose de él
"¿Ahora?" – el tono de voz de Carlos era una súplica
"Si, por favor" – comenzó a caminar hacia la barra
seguida de Carlos que pronto se puso a su nivel e intentó tomar su mano,
Carmen la apartó sin decir palabra
"¿Qué sucede Carmen, te he molestado?" – no supo que
contestar, ¿molestarla? ¡si estaba a punto de lanzarse a él como no
había estado nunca antes! Sentía miedo, miedo de su propio descontrol,
su respiración agitada, su corazón golpeando su pecho eran síntomas
inequívocos, se reconocía en ese estado y tenía miedo.
"No Carlos, no es eso, por favor dame un poco de
margen"
Habían llegado a la barra, se notaba algo mareada, inestable
y prefirió pedir algo sin alcohol, pero Carlos se adelantó
"Una tónica con Bombay y Brugal con Coca, por favor"
– Carmen iba a protestar pero se calló, Carlos se había aprendido bien
su bebida favorita; decidió no apurarla en el resto de la noche.
"Salgamos al jardín, el ambiente está muy cargado con
tanto humo, te vendrá bien tomar un poco de aire fresco" – su tono
serio, alejado de ese otro Carlos bromista y guasón, le hizo coincidir
en que realmente necesitaba un poco de aire puro y menos ruido. Se dejó
guiar por la mano que sujetaba su talle, ¡era tan agradable! Si
recuperaba espacio, si no volvían a bailar como antes podría controlar
aquello y no ir mas allá de lo que ya había cedido.
Al salir al jardín, el contraste del silencio de la noche y
el olor a césped mojado le devolvió parte de la estabilidad que le faltaba,
comprendió que allí dentro estaba algo aturdida por la mezcla del alcohol, el
humo y el ruido. Caminaron despacio, sintiendo la mano en su talle, en silencio,
con los vasos en la mano, hasta llegar a una balaustrada de piedra que daba a
las piscinas, el reflejo de la luna en el agua formaba caprichosas formas
cambiantes; se acodó en la baranda y tomó un sorbo de su vaso.
"¡Espectacular!" – la exclamación de Carlos la hizo
volverse hacia él, su mirada estaba clavada en su culo que se marcaba
perfectamente en la postura que había adquirido al volcarse sobre la
balaustrada. Por un momento sintió la urgencia de cambiar de postura
pero la laxitud que le debía al alcohol y su orgullo impidieron que se
moviese; Se sintió fuerte al no ceder ante aquel conato de pudor y tomó
otro sorbo de su vaso.
Entonces sintió la mano de Carlos ascender desde su cintura
por su costado hasta rodear sus hombros; estaba a unos centímetros de ella.
¿Mejor?" – su voz apenas era un susurro, al fondo se
oía el sonido apagado de la discoteca
"Si, mucho mejor" – dijo mostrando una sonrisa en su
rostro; Se sentía bien, mas tranquila, mas despejada y con una falsa
sensación de control; Era una noche agradable, aun le zumbaban los oídos
por el exceso de volumen en la discoteca; Carlos depositó un breve beso
en su mejilla y en ese instante, cuando mas distraída estaba, sintió sus
dedos que cobraban vida y comenzaban a jugar con el tirante de su
vestido, Carmen volvió su rostro hacia él para detenerle y entonces le
vio con sus ojos clavados en el escote ahuecado, Carlos captó la mirada
de Carmen y, como un chiquillo cogido en falta, se disculpó.
"Sabía que me pillarías, tenía que haberme ido de ahí
antes, pero me sabía a poco" – su excusa tan pueril la hizo sonreír y
eso le hizo sentirse autorizado, volvió sus ojos a su escote sin ningún
pudor, sabiendo que ella le observaba.
"¿Qué haces?" – dijo Carmen con tono fingidamente
serio, le halagaba ser objeto del deseo de Carlos y esa sensación
dominaba sobre el pudor. El efecto purificador del aire fresco había
sido pasajero y de nuevo notaba los efectos del alcohol.
"Mirar una obra de arte... bueno, dos" – Carmen no
pudo reprimir la risa, le observó mientras él dejaba que su mirada se
colase por su escote, un disparo de placer recorrió su vientre.
"¿Por tan poco te pones así?" – Carlos, que seguía
jugando con el fino tirante del vestido, lo cogió con dos dedos y
comenzó a deslizarlo hacia fuera muy lentamente
"Quizás así no sea tan poco ¿no crees?"
"Estate quieto" – su tono no fue convincente, ella
misma se dio cuenta, no hizo ni un gesto para detenerle y Carlos lo
captó; Siguió deslizando el tirante lentamente, aun no había alcanzado
el umbral de su hombro tras el cual caería por su brazo.
"No te creo princesa, no quieres que me detenga" –
Carmen miró hacia abajo, la luna llena bañaba de blanco pálido sus
pechos, comprendió que desde su perspectiva Carlos podía ver mas de lo
que ella había supuesto; debía parar aquello pero de nuevo se sentía
paralizada, inmóvil, incapaz de detenerlo aun.
Aun, aun, esa era la trampa, la excusa, ‘aun’ significaba que
lo pararía… mas adelante, aunque mas adelante de nuevo se diría "aun".
"¿Sabes? Hace días que quiero preguntarte algo" –
Carmen le miró intrigada
"Depende de tu pregunta, así será la respuesta" – no
podía dejar de sentir la mano en su hombro arrastrando lentamente el
tirante de su vestido, se sentía relajada, algo inestable aun, le
gustaba la sensación de ver el deseo tan explicito en los ojos de
Carlos, no veía peligro, estaban en un lugar público ¿qué podía pasar?
Recordó los besos en el parque, el roce de su mano en sus muslos… un
escalofrío le recorrió la espalda. Le gustaba el juego, más de lo que en
principio se esperaba.
"Desde aquel día que hablabas con Mario… ya sabes,
sobre la fiesta en casa de vuestros amigos… cuando se fue y te quedaste
con ellos…" – Carmen se inquietó, no deseaba entrar en una mentira que
se le podía ir de las manos. – "…de verdad que no consigo quitarme de la
cabeza la imagen de ese momento"
"Dicho así parece mas de lo que en realidad fue" –
Carlos acariciaba su hombro y recorría su brazo con suavidad, pensaba
que debía incorporarse, hacer algún gesto que detuviera aquello pero por
alguna razón no se movía.
"¿En serio? No me dirás que pasaste la noche
charlando, o…" – la estrechó levemente contra él, Carmen sintió como su
cuerpo cedía sin mostrar ninguna tensión – "…durmiendo tranquilamente en
una cama, tu sola"
"Tienes razón, no te lo voy a decir"
"Peor para ti, eso me confirma mis sospechas, además,
te voy a torturar hasta que confieses tus pecados" – Carmen sonrió ante
la broma
"La imaginación es libre, puedes pensar lo que
quieras y, en cuanto a lo de la tortura… no te va resultar fácil"
"Nunca te he tenido por una chica fácil, me gustan
los retos, me motivan y no voy a parar hasta conseguir lo que quiero" –
la miraba intensamente a los ojos al pronunciar aquella frase que
significaba mucho mas de lo que las palabras decían. Carmen estaba
inquieta, se sentía asediada pero era una sensación agradable,
intensamente agradable, se dio cuenta de que la mano de Carlos reposaba
en su cintura ligeramente adelantada de modo que las yemas de sus dedos
casi rozaban su vientre
"Pues en este caso, te vas a quedar con las ganas, no
pienso hablar si no es en presencia de mi abogado"
Dime solo una cosa: ¿No era la primera vez que
estabas con ellos, verdad?" _ Carmen entendía de sobra el sentido que
Carlos le daba a esa expresión pero evitó contestarle
"Claro que no, han venido algunas veces a Madrid y
hemos salido juntos… con Mario" - Carlos sonrió
"Te escabulles, eres como un pez intentando escapar,
eres escurridiza, pero te tengo bien sujeta" – Carmen sintió la mano
apretando su cintura, adelantándose hasta posarse sobre su ombligo,
Carlos se había movido hasta situarse ligeramente por detrás de ella que
quedó apoyada en su pecho, de espaldas a el.
"Estate quieto" – se revolvió débilmente pero Carlos
no estaba dispuesto a ceder terreno
"No hasta que me digas cuántos fueron" – sentía la
caricia en su vientre, moviéndose por su estomago, bajando de nuevo
hasta su vientre, apretando sus tensos abdominales, una vez creyó sentir
el roce de la mano en la parte inferior de sus pechos; Estaba excitada,
se sentía muy excitada, quería jugar un poco mas, solo un poco mas antes
de acabar con aquello y proponer volver a la sala.
"¿Cuántos?" – su voz sonó mimosa, no había tenido la
intención pero se oyó a si misma y se sorprendió.
"¿Dos? ¿tres? ¿Más quizás? ¿varios a la vez o eso es
mucho para ti?" – un destello de placer la envolvió, se imaginó a si
misma rodeada de varios hombres, todos desnudos, acariciándola,
dejándose tocar y besar por todos, dedicándose a varios de ellos
mientras otros a los que no veía la tocaban; Sintió la tentación de
fantasear e inventar una historia para él.
"Tres" – se arrepintió nada mas pronunciarlo, ahora
estaba abocada a continuar la mentira, comprendió que estaba yendo
demasiado lejos y rectificó al tiempo que se separaba de él y comenzaba
a caminar – "… cuatro, veinte, doscientos ¿pero qué te crees?"
Carlos avanzó hasta situarse a su lado y la cogió de la mano.
"Así que tres?" – No estaba dispuesto a abandonar el
tema.
"¿Y por qué esa cifra y no las otras?"
"Porque ‘tres’ lo dijiste sinceramente, te salió del
corazón, luego cambiaste, te arrepentiste e intentaste escabullirte de
nuevo, por eso me quedo con tres" – Carmen sonrió, era un buen
observador y en parte la había descubierto. Su sonrisa no paso
desapercibida para él – "¿ves? Tenia yo razón, fueron tres" – Carmen
rompió a reír, nerviosamente. – "Ahora dime, ¿cómo fue? primero fue con
uno de ellos, seguro, con el que mejor te llevas, luego… posiblemente se
unió otro,…" - Carlos sugería una escena que Carmen, curiosa por saber
hasta donde llegaba su imaginación, no negaba – "…quizás os vio entrar
en alguna habitación y le pudo el morbo y se aventuró a entrar ¿verdad?"
– Carmen se mantenía sonriendo, si afirmar ni negar – "o puede que ya
sepan que te van los tríos… las orgías…" – Carlos buscaba en sus ojos
una respuesta que no llegaba
"¿Me crees capaz de esas cosas?"
"De lo que estoy seguro es que no te quedaste con
ellos esa noche jugando al parchis" – ambos rieron, Carmen se sentía
excitada siendo la protagonista de esa historia.
"Al parchis no"
"A las prendas, seguro que si" – Carmen le miró y
estalló en una risa que Carlos aprovechó para cogerla por la cintura y
atraerla hacia si, la beso en la boca ahogando su risa; Carmen,
sorprendida por aquel beso inesperado no reaccionó y se dejo besar, a
medida que el beso se hacia mas intenso se dejo llevar y rodeó su cuello
con sus brazos besándole con deseo, ahora era ella quien besaba, quien
tomaba la iniciativa; Sintió una de las manos de Carlos acariciar su
glúteo, noto como bajaba hacia su muslo mas allá del límite del vestido
y como subía por debajo de su falda hasta posarse en su nalga desnuda.
"Carlos, no, por favor" – apoyó sus antebrazos en el
pecho Carlos para separarse, pero el la sujeto con fuerza y de nuevo la
beso mientras su mano no abandonaba su presa, Carmen volvió su rostro
mirando a su alrededor – "puede venir alguien, por favor" – el esfuerzo
por separarse de él hizo que su muslo quedase rodeando el de Carlos que
lo avanzó entre los de ella, el contacto con su miembro erguido actuó de
disparador de toda la tensión acumulada, de nuevo miró a su alrededor,
le miró a los ojos y le besó apretando su nuca con sus manos, los dedos
de Carlos se movían por su culo con avidez, buscando lugares donde
perderse, de nuevo Carmen tuvo un atisbo de sensatez, o de miedo y le
rogó que la dejara.
Carlos sacó su mano de debajo de su falda pero no soltó su
cintura
"¿Mejor así?" – de nuevo busco su boca pero Carmen le
evitó
"Suéltame por favor" – su tono ya no era débil y
Carlos comprendió que debía ceder si no quería estropearlo todo, la
ambigüedad de Carmen, sus repentinos cambios le desconcertaban; La soltó
y comenzó una disculpa
"Lo siento, no quería…"
"Déjalo, volvamos dentro" – Carlos no insistió mas y
caminaron juntos en silencio hasta el interior de la sala donde el ruido
y le humo de nuevo los envolvió, Carmen me buscaba entre la gente pero
no me localizaba
"Vamos a por algo frío" –de nuevo la tomó de la mano
para dirigirla a la barra pero ella se soltó y le siguió algo retrasada;
Mientras él pedía en la barra Carmen se empeñaba en localizarme; Carlos
le llamó la atención.
"Salgamos fuera otra vez, estaremos mejor" – en su
mano llevaba una botella de cava y dos copas, Carmen le miró sorprendida
"No pensarás que con todo lo que he bebido me voy a
pasar al cava"
"Busquemos a Mario y a Elena, espera, voy a por dos
copas mas" – la idea le pareció perfecta, necesitaba encontrarme, quería
irse de allí, acabar con aquello antes de que tuviera que arrepentirse
de algo, además estaba preocupada, no sabia que estaba pasando entre
Elena y yo.
Salieron de nuevo hacia el jardín, esta vez se dirigieron
hacia la piscina, un silencio incomodo se había instalado entre ellos, siguieron
el sendero que bordeaba el ancho de la piscina cuando al fondo, tras unos
árboles, Carmen identificó el vestido de Elena, iba a decírselo a Carlos pero
las palabras se le helaron en la garganta: Elena estaba tumbada en el suelo y
yo, incorporado sobre un codo, la acariciaba. Sintió un frío intenso en la
espalda. Carlos nos había visto también y se detuvo.
"Será mejor no molestarles ¿no crees?" – una intensa
rabia se apoderó de Carmen, una rabia irracional, un despecho profundo,
no quería sentirse engañada pero no podía evitarlo.
"Tienes razón, mejor no les molestamos" – Carlos
debió adivinar las emociones de Carmen y pensó la manera de
aprovecharlas en su beneficio.
"Ven, vamos a sentarnos allí" – dijo señalando un
lugar alejado de donde estábamos nosotros, Carmen le siguió, aun
enfurecida; El lugar era una especie de pequeña plaza rodeada de
aligustre perfectamente cortado y árboles, alrededor cuatro bancos de
madera y mas allá, en otra placita una fuente enviaba sonidos de agua,
Carlos dejó las copas y la botella en el banco y se sentó al lado de
Carmen que intentaba sobreponerse a las emociones que sentía.
Pensaba que no tenía derecho a enfadarse, se sentía extraña
ante tal arranque de celos, pero no podía evitarlo; una cierta sensación de
haber sido manipulada la invadía, ¿la había dejado sola con él para poder
ligarme a Elena? Sus pensamientos fueron interrumpidos por Carlos al descorchar
ruidosamente la botella, escanció dos copas y le ofreció una a ella, tenia la
boca seca y la apuró casi de un trago, Carlos la imitó y vació su copa
volviéndolas a llenar, Carmen no prestaba atención a lo que ocurría, su mente
seguía perdida en la escena que había visto.
"Que noche mas estupenda verdad? "
Carmen le miró e instantáneamente regresó de su tormenta
interior; aquel hombre intentaba acostarse con ella, la había besado, acababa de
tocarle el culo bajo su falda y no había hecho nada para impedirlo.
Y pensó que yo estaba intentando follarme a otra mujer
mientras ella hacia esfuerzos por frenar a Carlos ¡pero que imbécil había sido!
Se sintió estúpida, amargamente estúpida.
Sonrió a Carlos y bebió de su copa.
"Es una noche preciosa, si" – Carlos intuyó algún
cambio en Carmen y volvió al ataque
"Al final no me has dicho si me estaba equivocando
mucho o poco en mi versión de tu fiesta" – Carmen le miró en silencio,
sopesando lo que debía hacer y hasta donde quería hacerlo.
"No te equivocabas demasiado" – respiró hondo, bebió
de nuevo y dejó que Carlos rellenara su copa.
"¿tres?"
"tres"
"¿juntos?" – Carlos se acercó a ella y rodeo sus
hombros con su brazo
"Los tres, no" – Carmen notó su tono de voz
sugerente, le había surgido sin pensarlo pero una vez descubierto no lo
evitó
"El primero solo y luego se os unió otro amigo,
verdad?" – Carmen sintió con la cabeza
"Dime…" – Carlos se acercó a su rostro, su mano
jugueteaba otra vez con su tirante – "… ¿qué se siente estando con dos
hombres a la vez? - Carmen improvisó, se basó en las fantasías que
habíamos tenido en alguna ocasión
"Poder, pero también indefensión…"
"Indefensión… maravilloso" – Carlos buscó su boca y
ella se dejó besar - … dime, mientras uno de ellos te… follaba, ¡que
hacías con el otro’", Carlos pronunció esta frase sin dejar de besar su
mejilla y su sien, Carmen sintió como se le erizaba el piel, la trataba
sin respeto, le hablaba como a una cualquiera.
"¿Tu que crees?" – estaba mas excitada que nunca, se
sentía libre de prejuicios y no pensaba en nada mas que en Elena tumbada
en el césped y yo casi encima de ella.
"¿Lo adivino?" – Carlos seguía besando su cuello, su
mano estaba sobre sus muslos acariciándolos, siguiendo con sus dedos la
hendidura que formaban ambos muslos pegados el uno al otro; Carmen no
contestó, estaba vencida contra el respaldo del banco, apoyada en el
brazo de Carlos, dejando que su boca castigara su cuello, la sensación
de la caricia en sus muslos era excitante, suave, agradable. – "… dime,
¿intento adivinarlo?"
"Prueba" – los labios de Carlos recorrían su cuello,
Carmen había vencido su cabeza hacia atrás y sintió aquellos labios
avanzar por su garganta, los dedos de Carlos intentaban sin éxito
profundizar entre sus muslos.
"Creo... que… mientras te follaban…" – esa palabra
provocó en Carmen un estallido de placer – "… tu, seguro que tu… tenías
otra polla en tu boca" – el lenguaje directo que estaba empleando Carlos
la excitaba aun mas, sintió como su dedos presionaban mas intensamente
entre sus muslos y sin darse cuenta cedió dejando que se colasen entre
ellos, Carlos besaba su hombro, su cuello su garganta – "¿fue así?" –
Carmen callaba – "dímelo, ¿fue así?"
"Si!" – su voz sonó convertida en un gemido, la mano
de Carlos acariciaba la parte interna de sus muslos que habían terminado
por relajarse y ya no ejercían ninguna presión
"Lo sabia! Sabía que te gusta, debes ser muy buena
mamando" – Carmen estaba ebria, la mezcla del cava le había hecho efecto
sin que ella se diese cuenta, Carlos continuaba besándola mientras su
mano acariciaba sus muslos ya sin resistencia y la otra mano deslizaba
el tirante de su vestido.
Sintió en su brazo el roce del tirante al caer y notó como la
tela que cubría su pecho comenzaba a vencerse por la gravedad, sabía que no iba
a quedar desnuda, sabia que su pecho erguido detendría la caída de la tela, ese
sería el momento de acabar con aquello, pero aun… aun necesitaba la emoción, el
riesgo que suponía la tela a punto de caer.
"Ya está bien ¿no? Ya lo has conseguido" – le
regañaba como a un niño caprichoso
"Aun no" – Carlos sonreía dulcemente, Ella esperaba
ver en su rostro una expresión de lujuria, sin embargo se encontró con
dulzura, con ternura y eso la desarmó.
Sintió como la mano que acaba de retirar su tirante comenzaba
a acariciar su hombro desnudo, haciendo círculos cada vez mas amplios, sentía su
aliento cerca, muy cerca, demasiado cerca, Carmen estaba paralizada, en tensión,
incapaz de moverse, seguía mirándole, sintiendo, solo sintiendo; Los dedos que
la torturaban recorrieron su clavícula, Carlos le hablaba pero apenas percibía
lo que le decía, se acercó mas a ella para poder dar margen a su brazo y que
pudiera alcanzar su garganta con la mano, se sentía abrazada por él, rodeada por
su brazo que lanzaba su mano hacia su garganta; aquel cosquilleo en su cuello,
subiendo a la parte inferior de su mandíbula la estaba excitando mas de lo que
podía soportar, escuchó su propia respiración agitada e intentó silenciarla para
que Carlos no la oyera, pero era imposible de ocultar; echó la cabeza hacia
atrás sin pensarlo y enseguida recupero su postura, eran estos signos de su
estado emocional, signos de su excitación demasiado evidentes para no ser
captados por un hombre; Carlos deslizó lo dedos por su clavícula hasta volver al
hombro y de nuevo emprendió el camino de vuelta hacia su cuello, pero esta vez
descendió por debajo del hueso que se marcaba en su piel, apenas faltaba unos
pocos centímetros para que rozase su pecho. Al mismo tiempo la mano que
acariciaba el interior de sus muslos avanzaba ejerciendo una leve pero continua
presión hacia fuera para separarlos, Carmen era consciente de lo que sucedía
pero era incapaz de reaccionar a la multitud de sensaciones que recibía. Carlos
acariciaba su hombro y se deslizó por su brazo, al bajar de su hombro rozó su
pecho cubierto aun por la tela y provocó un respingo en Carmen, bastó ese roce
para que el triangulo que cubría su pecho y que mantenía un equilibrio inestable
se derrumbara hasta detenerse en la prominencia de su pezón, ahora si tenía el
pecho semidesnudo ante él, los dedos de Carlos continuaron a caballo entre su
hombro y su pecho rozando ahora su piel desnuda, Carmen cerro los ojos quería
sentir pero no quería que avanzase mas, quería detenerle pero quería sentir…
Carlos dobló su dedos para rozarla ahora con sus uñas, los
arrastró por la parte superior del pecho de Carmen, una, otra, otra vez, tenía
que notar en su mano la respiración agitada; sus dedos llegaron a la hendidura
que separaba ambos pechos, regresó hacia atrás hasta su hombro, cerca de su
axila y volvió con fuerza renovada, con osadía acrecentada y traspasó ese limite
cruzando al otro pecho aun cubierto por el vestido, Carmen callaba y Carlos al
sentirse cada vez mas aceptado deslizó sus dedos hacia su garganta para a
continuación bajar en vertical dejando que la yema del dedo medio recorriera el
valle entre sus pechos, Carmen respiraba cada vez mas agitadamente, entonces
Carlos deslizó levemente sus dedos por debajo de la tela qu cubría su pecho
izquierdo, Carmen balbuceó una insegura negativa que él ignoró – "Shhh" – la
mandaba callar con un susurro, estaba tan cerca de ella, su rostro rozó su
cabello y se quedó ahí besando su mejilla mientras su mano comenzaba a rozar la
tela vencida, a punto de despeñarse desde su pezón, Carmen sabía lo que vendría
si no lo detenía ya mismo;
Pero no hizo nada.
La caricia en sus muslos cada vez era mas profunda, a cada
paso que avanzaba presionaba para separarlos y estos obedecían dejando el camino
libre a su avance.
Entonces sucedió. Sintió el roce de un dedo en su pezón,
suave, ligero, sin apenas presión, una caricia con la yema del dedo que disparó
sus emociones y soltó toda la tensión acumulada; Como si aquello hubiera sido
una señal, Carlos adelantó su otra mano hasta tocar la húmeda prenda que cubría
su sexo; Carmen dió un salto al sentirlo e inició una negativa, cuando escuchó
mi voz a su espalda acercándome
"vaya al fin os encontramos" – Carmen se separó
bruscamente de Carlos y, aun de espaldas, se colocó el tirante, se
irguió precipitadamente y se levantó del banco volviéndose hacia
nosotros. Lo que vi fue la imagen de mi mujer visiblemente alterada.
…..
Mis manos reposaban en los riñones de Elena, sintiendo el
balanceo de sus caderas al bailar, No podía dejar de pensar que esta balada era
una de las preferidas de Carmen "you'd better stop before you tear me all
apart…" cantaba Sam Brown mientras Elena pegaba sus pechos a mi cuerpo, mientras
mis manos acariciaban la promesa de sus nalgas, mi excitación crecía a medida
que Elena se daba mas a mi y mi imaginación me brindaba imágenes de Carmen y
Carlos besándose en el jardín. Elena me miró, con el rostro casi rozando el mío.
"Aun no me has contestado" – no sabía a lo que se
refería, sonrió y entonces caí – "si acaso me volvía loca, ya sabes"
"Primero debería comprobarlo antes de negociar" – me
miró intensamente, estaba casi pegada a mi, bastaría un ligero avance y
mis labios tocarían los suyos, entonces recorrí ese breve trayecto y
sentí sus labios cediendo a mi presión, adaptándose a mi boca; ¿Cuánto
duró? No sabría decirlo, solo se que cuando la canción terminó Elena
abrió los ojos y me dijo
"Pídeme algo de beber, voy al aseo" – por su tono
intuí que iba a cumplir mi improvisado deseo; estaba tan excitado que
apenas podía ocultar el bulto en mis pantalones, pero no me importaba,
nada me importaba, caminé hacia la barra y fue entonces cuando me di
cuenta de que me había olvidado de Carmen; Y fui consciente de que igual
que yo deseaba acostarme con Elena era probable que Carmen deseara
acostarse con Carlos.
Si es que no lo estaban haciendo ya; De pronto recordé
horrorizado las habitaciones que Carlos había reservado cerca de allí, el pánico
me invadió, era esa sensación fatalista de lo inevitable, el vértigo de haber
perdido la última oportunidad de cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Pedí Ron con coca para mi y tónica con ginebra para ella, no
recordaba qué había bebido antes y me decanté por pedirle la bebida favorita de
Carmen.
Carmen, Carmen, ¿estaría ya desnuda sintiendo a Carlos dentro
de ella? ¿Estarían haciendo el amor? Imaginé la escena, cómo se mueve buscando
las caricias que le gustan, su forma de agarrarse a mi espalda, de doblar sus
piernas y cruzarlas por detrás de mi, su manera de montarme colocándose sobre mi
polla y dirigiéndola con su mano, dejándose caer…
Vi caminar a Elena hacia el guardarropa y entendí que iba a
dejar su ropa interior en el bolso; A los pocos minutos la vi avanzar hacia mi,
erguida, caminando con elegancia y sensualidad, noté un movimiento en sus pechos
que delataban su desnudez, la sonreí y me devolvió la sonrisa.
"Gracias" – le dije tendiéndole la copa, ella se hizo
la sorprendida
"¿Por qué?" – le seguí el juego
"Por cumplir tan bien mis deseos"
"No se a que te refieres" – quería jugar
"Estás desnuda" – mis palabras la excitaron, se miró
el vestido
"Diría que no" – sonreía, la miré en silencio, estaba
decidido a tener a esa mujer.
"Voy a comprobarlo"- sus ojos mostraron un fingido
escándalo, la llevé a la pista de baile y comenzamos a bailar de nuevo,
totalmente pegados
Mis manos se dirigieron sin titubear a sus nalgas y no
encontraron rastro de su tanga
"Mucho mejor así, tienes un culo precioso que no se
merece que lo escondan" – escuché su risa en mi oído – "veamos que mas
me encuentro, o mejor dicho, qué me dejo de encontrar" – deslice mi mano
derecha horizontalmente desde su nalga a su muslo, apretándolo,
deseándolo, un gemido escapo de su garganta, entonces subí lentamente mi
mano por su cadera, arrastrando deliberadamente su vestido.
"Cuidado, me vas a desnudar aquí mismo" – susurró en
mi oído depositando a continuación un beso
"No me importaría, pero mejor buscamos otro lugar" –
mi mano seguía subiendo por su costado acariciando, palpando cada curva,
hasta llegar a su axila, comencé a acariciarla con la yema del dedo
pulgar. Sus movimiento se habían vuelto mas sensuales, respondiendo al
placer que le provocaba con mis caricias, su aliento calido en mi cuello
revelaba sus excitación, deslice mis dedos hacia el nacimiento de su
pecho, hasta el borde del vestido y un gemido ahogado acompaño mi gesto,
avancé aun mas hasta colocar mi mano en su pecho y sentí el mullido
tacto libre del sujetador.
"Delicioso"
"¿Te gusta?"
"Me gustará"
"Nos están viendo"
"Déjalos que sufran" – sonrió – "ya quisieran ellos
estar donde estoy yo"
Terminó la canción, nos separamos aun cogidos de la mano, sin
dejar de mirarnos, me acerque a su oído
"Esto solo ha sido un comprobación previa, necesitaré
algo mas detallado"
"Pero no aquí, salgamos al jardín"
El golpe del frescor de la noche me despejó, algo inesperado,
algo no buscado por mi había sucedido: llevaba a mi lado a una hermosa mujer
dispuesta a darme todo; Quería imaginar que Carmen disfrutaba del asedio de
Carlos y expulsaba de mi mente la posibilidad de que estuviese incomoda,
intentaba crear un marco en el que pudiera relajar mi vigilancia y dedicarme a
esta mujer que me buscaba claramente.
Recorrimos un camino delimitado por seto bajo hasta una
fuente, vimos algunas parejas sentadas en los bancos charlando, fumando,
besándose, ninguna eran ellos, nos desviamos hacia un camino de tierra que
continuaba entre los árboles y nos detuvimos en un claro oculto de la vista
desde la discoteca, al frente, mas allá de los árboles, se distinguía una enorme
piscina y en su lado mas alejado una balaustrada de piedra que relucía por el
resplandor de la luna; Elena se arrodilló en el césped, comprobando si estaba
húmedo para no mancharse.
"No te sientes sobre el vestido, lo puedes manchar" –
sonrió con picardía y se levantó el vestido antes de dejarse caer sobre
su muslo izquierdo que quedó desnudo ante mi.
"Está frío!" – protestó pero para entonces mi boca ya
sellaba la suya haciéndola vencerse sobre su espalda, su cabeza reposaba
en mi brazo y comencé a acariciar su pechos por encima de la ligera
tela, Elena me abrazaba mientras mi hambrienta mano recorría su estomago
ávida de sensaciones.
El tacto me devolvía impresiones nuevas, su carne cedía a la
presión de mi mano con otra tensión que me recordaba que ese cuerpo no era el de
Carmen; Siempre me ha gustado acariciar su vientre, sentir la dureza de sus
abdominales en mi mano, subir a su estomago y bajar casi hasta su pubis
sintiendo cada músculo, cada ondulación; Ahora las sensaciones que mi mano
obtenía eran ajenas a mi experiencia con Carmen y mi cuerpo reaccionaba
intensamente. Escuchaba su respiración agitada cerca de mi cuello y al no
reconocerla mi excitación aumentaba con fuerza.
Bajé el tirante y liberé su pecho que brilló bajo la luna, me
detuve admirando su forma, algo mas grandes que los de Carmen, bien formados,
con una areola mayor y mas oscura; Me sentí observado por ella, su mirada
reflejaba ternura mientras me veía admirarla, baje mi rostro y besé su pezón que
se endureció aun mas en mi boca, mi mano comenzó a vagar por su vientre hasta
llegar a sus muslos semiabiertos, busqué el borde del breve vestido y cuando
sentí la desnudez de sus muslos que se abrían a mi paso comencé a avanzar
arrastrando el vestido con mi mano que alcanzó su calido sexo; Elena gimió, su
voz sonaba diferente a Carmen y esa diferencia actuó como un potente afrodisíaco
en mí; Su mano se agarrotó en mi cabello al sentir mis dedos invadiendo su
húmedo interior, entonces la urgencia nos asaltó a ambos y nerviosamente me subí
sobre ella mientras sus manos intentaban sin éxito desabrochar mi pantalón,
cuando al fin lo logramos ella tomó mi polla en sus manos y la guió hasta
situarla en sus labios, de nuevo mi atención se centró en la novedad, no
reconocía esa forma de sujetar mi erguido miembro y de nuevo se disparó la
excitación; Una leve presión bastó para deslizarme en su empapado coño. Todo
estaba siendo tan rápido, era una sensación nueva, distinta, no había estado con
ninguna mujer desde mi divorcio.
Excepto Carmen. La imaginé tumbada en alguna habitación
cercana, sintiendo caricias nuevas en su cuerpo desnudo.
Elena terminó de descubrir sus pechos para que pudiera
besarlos mientras me movía en su interior y luego rodeó mi cuello con sus
brazos; sus caderas seguían mi ritmo con fuerza; nada era igual, ninguna de las
sensaciones que recibía eran familiares y cada vez me encontraba mas excitado.
Porque esa era la realidad, me sentía mas excitado que nunca
o, al menos, no recordaba el momento en el que estuve tan excitado como ahora.
Busqué su lengua con la mía y un gemido de placer acompañó la
caricia de ambas lenguas que se buscaron con hambre. Mis sentidos estaban
atentos a cada detalle, el aroma de su aliento me excitaba de una manera animal,
el sabor de su boca, el olor de su pelo… todo conectaba directamente con mi
polla endurecida hasta el dolor.
Era todo tan rápido, había tanta urgencia en aquel acto que
nos impedía pensar, ambos nos deseábamos con furia y con furia follábamos, no
era este el momento de delicadeza, aquello era puro instinto animal.
Golpeaba su pubis con el mío con fuerza escuchando sus
gemidos en cada envite, aumentando el ritmo hasta que sentí como explotaba en su
interior.
Me quedé echado sobre ella, notando los últimos espasmos de
mi polla mientras Elena me besaba repetidamente en el cuello.
Me tumbé a su lado no sin antes colocarme la ropa, ella se
arreglo como pudo el vestido y ambos nos quedamos mirando el cielo, sintiendo el
vértigo del infinito que se abría ante nuestros ojos.
"Me debes algo mas elaborado" - dijo de pronto; la
miré y ambos sonreímos.
"Por supuesto, esto solo ha sido un anticipo"
"¿Cuándo te vas?" – dijo incorporándose, yo la seguí
y ambos nos levantamos del césped intentando adecentar nuestras
maltrechas ropas, sin pensarlo le ofrecí un paquete de kleenex que
llevaba en el bolsillo, imaginé que lo necesitaría al no llevar bragas,
ella me miró agradecida y dudó un segundo antes de meter su mano entre
sus piernas y limpiarse el coño, me miró mientras repetía la operación
con un segundo pañuelo, fue un gesto excitante, vulgar, grosero y
lascivo pero que en ella resultó tremendamente hermoso.
"Pasado mañana"
"Vaya!" – su tono fue de fastidio, comenzamos a
caminar sin rumbo, cogidos de la mano, pensaba como volver a verla sin
engañar a Carmen pero me parecía del todo imposible
Torcimos al final de un sendero y fuimos a dar a una pequeña
plaza con una fuente blanca, al otro lado en la siguiente plaza reconocí a
Carmen de espaldas vencida sobre el hombro de Carlos besándose con él. Se me
heló la sangre en las venas, un ahogo me impedía hablar; Elena me miró, su
expresión de preocupación me hizo entender que mi rostro debía ser demasiado
expresivo de mis emociones.
"Ahí están" – dijo Elena, no respondí, mi mirada
estaba congelada en ellos, tras unos segundos reaccioné
"Si, por fin los encontramos" – Miré a Elena
intentando aparentar normalidad
"No se si debo decir esto..." – Elena dudó – "… pero
creo que no debiste animar a Carlos si no estabas seguro de lo que
hacías, y perdóname si me meto en donde no me llaman" – fingí sin éxito
una despreocupación que estaba lejos de sentir
"¿Por qué? No pasa nada, ella es libre de…"
"Vamos Mario, por favor, lo que mas me molestaría de
esta velada es que me tomases por tonta" – se produjo un silencio denso
en el que Elena esperaba alguna reacción por mi parte, pero mi silencio
acabó de impacientarla – "Venga, vamos a reunirnos con ellos y acabemos
con esto, por favor" – comprendí que la magia que había existido entre
ambos se acababa de hacer añicos, rodeamos la plaza para poder llegar a
la zona donde estaban ellos, caminamos en silencio, Elena ya no tenia
nada que decir y yo era conciente de que cualquier cosa que dijese ahora
ya no tenia sentido.
Bordeamos los árboles y entramos en la explanada a cuyo
frente estaban el banco donde aun continuaban abrazados, absolutamente juntos,
con sus cabezas pegadas y el brazo de Carlos situado de tal forma que pensé que
su mano tenia que estar forzosamente en su pecho.
Cuando estábamos a unos metros de distancia vi el hombro
desnudo de Carmen, el corazón se me aceleraba por momentos, Carlos abalanzado
sobre ella, sus cuerpos pegados. Noté un gesto en Carmen, una especie de espasmo
incontrolado e imaginé…
"Vaya, al fin os encontramos" – lancé en voz alta
para anunciar nuestra llegada y evitarle una situación aun mas violenta
a Carmen si en realidad estaba sucediendo lo que yo imaginaba. Su
reacción me confirmó mis temores y su forma de colocarse el tirante me
lanzó un mensaje de clandestinidad, de ocultación. Carlos se volvió
indolentemente, con un leve gesto de fastidio en su rostro, Carmen se
quedó aun un momento de espaldas y cuando se volvió… ¡Dios, vi un gesto
de culpa que jamás había visto en ella!
"¿No estabais bailando?" – dijo Carlos visiblemente
molesto por la interrupción.
"Ya ves, nos hemos cansado el uno del otro y venimos
a cambiar de pareja" – dijo Elena en un tono sarcástico mirando a
Carlos, éste notó algo y calló, Elena se dirigió a Carmen – "te cambio a
Mario por Carlos, está deseando volver a estar contigo" – no esperó
respuesta, se colgó del brazo de Carlos y le dijo – "Anda, invítame a
algo fresco y baila conmigo" – Carlos me interrogó con la mirada y yo
evité responderle, tomé a Carmen del brazo y la conduje por la vereda
que acaba de recorrer con Elena, escuché los pasos de ellos alejándose
hacia la discoteca, imaginé que Elena le contaría mi conducta, pero me
daba igual, aquello tenía que pararse como fuera.
Caminamos un momento en silencio hasta que nos sentimos
alejados de ellos
¿Cómo estás?" – hubiera querido preguntarle otras
cosas, pero no sabía como enfocarlo sin que pareciese un interrogatorio,
Carmen se mantuvo en silencio un momento antes de contestar
"Aturdida, he bebido demasiado y no me sienta bien,
me gustaría irme" – evitaba contarme, pero yo necesitaba saber
"¿Qué ha pasado?" – Carmen tenía la mirada perdida al
frente
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