LOS VENGADORES ANÓNIMOS 2
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El éxito tan placentero de Guille nos entusiasmó a todos.
Pero no debía ser siempre igual. El segundo ligador fue Marcos, rubio, carita de
ángel, delicado, sensible, poeta, actor vocacional, pero bien determinado a la
venganza.
Marcos no sospechó lo que le tocaría en suerte. Mejor dejemos
que lo relate él mismo.
" Habíamos estudiado a la vieja, su marido era Director de un
banco prestigioso. Eso nos garantizaba el temor a la exposición pública de
algunas flaquezas, o deslices.
Cuando su esposo viajaba Felicitas lo enguampaba alegremente,
y prefería los chicos jóvenes. Sabíamos casi todo sobre ella y su cornudo
marido, eran una presa de valor, si lo lográbamos nos reportarían mucho dinero.
Entre todos hicimos las correspondientes guardias,
averiguamos los gustos de la vieja, sus horarios, la frecuencia de los viajes
del cornudo, todo lo necesario.
Y, basándonos en los gustos de la señora, yo fui el elegido
para levantarla.
Me llevó mi tiempo, procuré cruzarme con ella en la calle,
pero fue en vano, ni me miró, estaba habituada a hacer sus conquistas en lugares
determinados.
Tuve que dirigirme a un bar del barrio de Almagro. La zona no
era la que tamaña señora debía frecuentar, lo hacía justamente para despistar, y
para conseguir jóvenes de un estrato social y económico inferior al suyo, lo que
le garantizaba una cierta superioridad desde el comienzo.
No contaba con Los Vengadores Anónimos, todos muchachos de
clase media alta, con instrucción universitaria, aunque había algunos menos
favorecidos por la fortuna, y hasta un negro, teníamos que cubrir todos los
frentes y todos los gustos.
Al cabo de pocos días logré que la vieja me mirara; entonces,
ante sus ojos me sobé la verga y le clavé la vista en sus ojos.
Al rato la vieja me mandó una cerveza con el camarero. Tomé
la botella y me acerqué a su mesa, estaba sola.
¡Tan linda y solita!
No me mientas pendejo.
No te miento ni nada. Me gustás.
Algo andarás queriendo, un chico tan lindo debe
tener miles de chicas.
Me gustan las mujeres maduras.
Yo, más que madura estoy pasada.
Sos bellísima.
Esa noche la cosa no pasó más allá, me convidó unas cervezas
y nos despedimos, con la promesa de encontrarnos dos días después.
Cuando llegué al segundo encuentro la hallé en su mesa, era
habitué del lugar, firme como rulo de estatua. Mejor vestida, más maquillada,
muy sugerente. Pero nada podía ocultar que era mucho mayor que mi madre. Galante
le pedí su autorización para sentarme a su lado. Ansiosa me la concedió de
inmediato.
Luego de los saludos de rigor, ella inició el diálogo.
¿Qué te hace buscar la compañía de una vieja como
yo?
No se Feli, quizás sea un Edipo mal resuelto,
pero me atraés más que nadie.
No me vengas con la cháchara de Freud o Lacan.
Estás caliente.
Y… sí Feli, estoy muy caliente… con vos.
¡Andá… con una vieja!
Sos la vieja más joven y más linda que conozco.
¡Andá, zalamero. Todavía no se que traés bajo el
poncho. Pero me gusta que me halagues.
No son halagos Bella, es mera justicia.
El diálogo cachondo nos impulsó para meternos mano por debajo
de la mesa. Yo encontré casi nada, ella halló mi verga a medio parar. Con mano
sabia logró instalarme una buena erección.
Ustedes saben que mi dotación no es privilegiada, apenas hay
unos 17 x 5 , pero a la señora parece que la conformaba. Y ahí nomás me declaro
su amor, apasionado y eterno.
No supe qué responder, los acontecimientos habían superado en
velocidad a mis previsiones.
Pero tenía bien claros los objetivos de los Vengadores.
Feli, ¡vamos a coger!
Siempre fui muy elíptico y sutil en mis manifestaciones. Ella
no me entendió.
¿Y dónde Marcos?
A tu casa querida, yo vivo en una pensión.
¿ A mi casa? Imposible, están mis nietos allí
No tengo cómo pagar un hotel por horas.
¡Pero qué boludo! lo pago yo mi amor.
En un telo del barrio del Once empecé a verla y a tantearla.
Vieja, fea y puta. Sobre todo muy puta.
Apenas entramos empezó a sacarse ropa. Me quité la camisa y
colaboré desabrochando el sostén. Encontré un par de tetitas pequeñas y muy
flacas, apenas mantenían restos de firmeza.
La cámara lista en su trípode había sido condición
indispensable.
Mi amor, tu belleza debe ser documentada junto
con nuestra pasión. Pensá que no vamos a poder vernos todos los
días. Así me consolaré en mi soledad. Y vos podés hacer lo mismo.
Sí Marcos, pero sólo nosotros dos veremos las
fotos.
¿Acaso pensás que quiero compartirte?, no
soportaría que otra persona te viera así. Hasta de tu marido estoy
celoso.
Mi marido es un viejo impotente. Hace meses que
no me hace nada. Hasta dormimos en cuartos separados.
¡Qué estúpido! Si pudiera estar siempre con vos
nos la pasaríamos cogiendo.

La seguí desnudando, llevaba un conjunto símil leopardo,
ridículo para su edad.
Pero comenzó a no parecerme tan fea, hasta sus tetas me
resultaban cada vez más agradables. Comencé a chuparlas, no tenían mal sabor,
jugaba con la lengua en sus pezones que se pusieron muy duros, casi me entraba
una teta en la boca.
Ella sola se quitó la trusa y me pidió que le chupara la
concha. Intenté resistirme al pedido, pero comprendí que debía actuar de acuerdo
a la pasión que declaraba.
Era una concha vieja, se veía grande, pero estaba bien
depilada y limpia. El sabor no era malo, destilaba jugos, la vieja estaba muy
caliente; tanto que a poco acabó a gritos.
-Mi querido, ¡cómo me hacés gozar! sos un maestro con la
lengua.
Feli, sos vos la que me calienta demasiado.
Y estaba muy cerca de la verdad, Felicitas me estaba
empezando a calentar

Llevaba como dos semanas sin nada, la tarea de levantarme a
la anciana había ocupado todo mi tiempo. Feli era más de lo que me había
imaginado.
Tenía más carne de la esperada.
Le chupaba la concha como si fuera le mejor de mi breve
historia. Sentía como le gustaba, y sentía como me gustaba.
He chupado algunas conchas, no muchas, esta me calentaba
especialmente, era una concha vieja, pero bien enmarcada. Los muslos de Feli se
me hicieron apatecibles.
¡La puta, me estaba calentando con la anciana!
Mi nene, quiero que me la pongas toda.
Toda para vos mamita, te la voy a poner entera.
hasta que digas ¡BASTA!
Se puso sobre mí, dándome la espalda. Acomodó mi verga en sus
labios vaginales, y se dejó caer empalándose en mi verga erecta. No esperaba una
concha tan estrecha, pero lo era, me apretaba el miembro como una mano.
-Mami que linda concha. Me la apretás muy bien.
Te estaba esperando bebé.
Seguí, movete así que me encanta.
A mí también me encanta, la siento casi en el
ombligo.
Felicitas acabó entre gemidos y gritos de placer.
Este trabajo se estaba transformando en una gran satisfacción. Me
concentraba para no eyacular, quería prolongar al máximo el polvazo,
deslizaba mi poronga en el estrecho canal de la vieja, me calentaban
sus gemidos y sus expresiones de gozo. Decidí que antes de empezar a
explotarla para sacar algún dinero la iba a tener un tiempo para mí
solo.
La cogí más de media hora, y cuando ya no aguantaba más la
inundé de leche fresca.
Pedimos cerveza y, mientras bebíamos aprovechamos para
descansar.
El telo era de los buenos y caros, muy confortable, se estaba
bien allí.
Hace tiempo que nadie me cogía así.
¿Así cómo?
Tan lindo, tan fuerte, tan largo. Sos un torito
Bebé.
Es que vos me ponés a mil Feli, y esto recién
empieza.
¿Me vas a coger otra vez?
¡Otra? Miles de veces te quiero coger. Vamos a
probar de todo. Yo te la chupé a vos, ahora es tu turno, chupámela
bien.
La vieja no se hizo rogar, me la hizo parar de nuevo a
lametazos y se la comió entera. Sabía muy bien qué hacer con una verga en la
boca. Se la dejaba ir hasta la garganta, y la iba sacando apretando con los
labios mientras le dedicaba las mejores atenciones de su lengua a mi glande. A
dos manos atendía mis bolas con un masaje delicioso y suave.
De a ratos la sacaba entera y me chupaba los huevos.
Quiero tragarme tu lechita Bebé.
Sacámela vos Feli.
Te voy a dejar seco.
No creas, tengo mucha, y toda para vos.
Y me sacó la leche, mucha, no recuerdo haber eyaculado tanta
cantidad antes. Feli no dejó escapar ni una gota, se bebió todo con mucho gusto.
Me tiré boca arriba agotado, pero no tardé en reponerme.
La acariciaba íntegra, sus pequeñas tetas, el culito prieto y
los muslos que cada vez me atraían más.
Le separaba las nalgas para explorar a dedo el asterisco de
su ano, la vieja tenía las carnes duras a pesar de su edad y del intenso uso que
había hecho de todo su cuerpo.
Le di a chupar el índice de mi derecha y se lo metí en el
culo.
¿Querés el chico Bebé? hoy no te puedo negar
nada.
Claro que lo quiero, acomodate que te lo hago.
Se puso boca abajo, los brazos sobre un almohadón, apoyada en
las rodillas y con el culo generosamente ofrecido.
Se la metí en la concha para lubricarme con sus jugos, le
abrí las cachas y la acerqué a su ano.
Despacio bebé, no me hagas doler.
Si te duele te la saco.
Empujé con suavidad, entró un poco, me instó a seguir
diciendo que iba bien, que casi no le dolía.
Eso me alentó y se la fui poniendo por tramos. Era una gloria
como le entraba, el recto rugoso estimulaba mi cabecita.
No se quejaba, al contrario pedía más, la quería toda en su
culo, le gustaba como la estaba enculando.
Cuando la tuvo entera adentro se empezó a mover con sabiduría
de experta, yo estaba gozando y aprendiendo, era la segunda mujer en mi vida que
me entregaba el marrón. Con la primera fue muy dificultoso, era una pendeja que
no sabía nada, era la primera vez para los dos en el coito anal. Feli, en cambio
era una maestra, se notaba que su culo había tragado más carne que un
frigorífico de vacunos.
Ella misma con sus movimientos hacía que mi verga entrara y
saliera a un ritmo cada vez más febril.
La lubricación no era mucha, pero estaba bien, un poco de sus
jugos vaginales y otro poco de lo que salía de mi verga como anuncio de lo que
vendría luego. Me apretaba igual que la concha, pero era más anfractuoso lo que
aumentaba mis sensaciones.
Me estaba resultando maravilloso mi segundo culo.
La enema de leche que le apliqué fue para la historia,
eyaculé como si no hubiera cogido esa noche. Feli tuvo dos poderosos orgasmos
con mi verga en su puerta de atrás.
A su pedido la volví a coger por la concha, estábamos ambos
muy cansados. Quedamos en volver a encontrarnos dos días después, fue en el
mismo telo.
Hablé con mis amigos/socios para seguir unos días cogiendo
con la vieja, no hubo inconvenientes.
Cuando les mostré las fotos me felicitaron.
Guille fue el encargado de mostrárselas y advertirle que si
no hacía lo que le ordenáramos las vería su marido. No le importaba que las
viera el cornudo, pero le dijimos que lo advirtiera, porque no sería bueno para
la posición del esposo que circularan las fotos de su mujer cogiendo con un
pibe.
Las operaciones bancarias que hicimos, asesorados por el tío
de uno de nosotros, y avalados por el poderoso banquero, no son interesantes ni
eróticas.
Pero nos dejaron buenos dividendos.
Ya éramos una gran empresa en marcha.