Limpiamos todo aquello por experiencia y nos fuimos a dar una
vuelta antes de que llegaran nuestros padres. Hablamos largo rato sobre lo que
nos gustaría seguir probando y como llevarlo mejor. Esa noche queríamos volver a
disfrutar, pero nuestros padres se acostaron tarde y nos dormimos antes. Mi
hermano me contó un sueño extraño con nuestro padre. Yo había soñado con el
médico tocándome de nuevo, pero no se lo conté. Mi hermano estaba cada vez más
obsesionado. ¿O era yo?
[…]
Al final la obsesión estaba un poco calmada, por las pocas
situaciones de que disponíamos. Entre unas cosas y otras, era mitad de semana ya
cuando estaba en la puerta de la cocina hablando con mi madre mientras ella
preparaba la cena. Desde allí podía ver a mi hermano y a mi padre en el salón
viendo la tele. La conversación transcurría muy normal, hasta que en una pausa…
– Me han dicho que os vieron en el médico a ti y a tu hermano – su comentario
casi me ruborizó, pero el susto que me recorría lo paralizaba. – Sí, ¿No teníais
clase por la tarde? ¿Qué hacíais allí? – continuó preguntando.
Mierda! ¿Le habrá preguntado ya a mi hermano? ¿Y si digo algo
que no concuerda?. Esos fueron mis pensamientos en cuestión de un segundo. – No
me encontraba bien y Pablo decidió quedarse y acompañarme al médico – no
reaccionó mal ni de forma extraña. Le expliqué rápidamente que el médico me
había dicho que no tenía nada y que solo reposo y algún analgésico que tuviera
en casa. Se lo creyó. Al parecer no había hablado con mi hermano, así que en
cuanto pude me fui a la habitación llamando a mi hermano, le expliqué la
"estrategia" y volvimos los dos al salón.
En aquel preciso instante, mi padre estaba agachado
batallando con los cables de la televisión y maldiciendo que últimamente no se
veía bien. Era una posición demasiado reveladora. Sus vaqueros se habían
estirado dibujando perfectamente el culo grande y prieto de mi padre, y además
dejaban entrever unos calzoncillos de rallas por encima de donde la espalda
pierde su nombre. Miré a mi hermano y este abrió los ojos como platos, sacó la
lengua de forma burlesca, se metió una mano dentro del pantalón y se movía
simulando follarle.
Me aguanté la risa, aunque en realidad me excitaba pensar en
aquello. Mi hermano cogió mi mano y la restregó por encima de su bulto. Pero que
loco! Nos va a ver! La verdad es que a pesar de su broma, realmente tenía un
bulto tremendo y caliente. La sensación de volver a tocar a mi hermano se mezcló
con la de mi pene creciendo debajo de mi ropa. Quité la mano enseguida, antes de
que nos pudiera ver, y la cosa no pasó ya de ahí. Cenamos y no tardamos en
acostarnos. Ahora nos gustaba más irnos a dormir pronto. Cuando mi hermano
volvió del baño, yo ya estaba acostado.
– Joder, has tardado, ¿te estabas haciendo una paja o que? –
pregunté de coña.
– Sí… – respondió tocándose y mirándome.
– Haberme avisado! – le reñí de broma, y él sonrió y se
acostó.
La persiana de la ventana no estaba completamente echada y la
suave luz de la noche permitía que nuestros ojos se miraran entre ellos por el
tenue brillo. Permanecimos en silencio un rato, sin dormir, hasta que se me
ocurrió como romperlo.
– Aún me debes un sueño – dije en voz baja.
– ¿Un sueño? – replicó Pablo siguiendo el tono de mi voz.
– Sí, antes, con lo de papá, me acordé que soñaste con él –
expliqué pausadamente.
Apenas veía la expresión de su cara, pero se puso algo
negativo alegando que los sueños son privados. Seguí haciéndole broma e insistí
tanto que al final accedió. No iba a dejar pasar la oportunidad de masturbarme
si el sueño merecía la pena, así que ya me estaba sobando los genitales antes de
que aceptara. Empecé a mover lentamente la piel de mi pene y este iba creciendo
en mi mano, cuando la voz susurrante de mi hermano empezó a contar…
– Estábamos en un río nadando desnudos papá y yo – era el
principio de su sueño – ¿En que río? ¿Por qué? – pregunté interrumpiendo – No lo
sé, es un sueño, es muy raro, como todos los sueños, no me interrumpas o me
pierdo – una excitación interior me invadió quería conocer todo el sueño ya –
Estábamos en un río nadando desnudos papá y yo. El río no tenía un agua
cristalina pero yo estaba desnudo y cuando él no se daba cuenta yo intentaba
mirar a través del agua la forma de aquel pene. Yo sufría porque lo tenía tan
cerca, pero ni siquiera podía vérselo bien. Aquello me provocó una excitación
que se convirtió en erección. Me sentí avergonzado porque no quería que me viera
con el pene duro, pero a la vez excitado porque quería que me lo tocara y
tocarle yo a él.
En aquel momento yo estaba en una nube escuchando a mi
hermano, mi polla no podía estar más dura y mi mano iba sola escuchando cada
palabra más atenta que mi oído. Mi imaginación volaba por momentos.
– Entonces apareciste tú – continuó – ¿yooo? – me sorprendí –
Sí, cállate – se rió – Llevabas un tanga rosa – aquello bajó un poco mis ánimos
masturbatorios aguantando la risa – pero no tenías ningún bulto, ya me
entiendes, parecías una chica de ahí abajo y estabas tan guapo… – aquellas
palabras me hicieron respirar profundamente – entonces te acercaste hasta el
borde del río y te sentaste con las piernas dentro del agua. Papá se acercó a ti
y te invitó a entrar en el agua desnudo pero tú no querías y empezó a quitarte
el tanga. Dejaste que te lo quitara y entonces sorprendentemente asomaba una
polla muy grande, el doble que la mía.
Hizo una pausa breve y mi polla que no podía estar más dura,
la sentí más grande, aceleré el ritmo, estaba en la gloria, pero quería más
historia y permanecí en silencio disfrutando del juego de mi propia mano.
– Incomprensiblemente, papá se metió tu polla en la boca y
empezó a chupar, tu te recostaste hacia atrás y yo no sabía que hacer, pero no
pude aguantar más. Fui por detrás de papá, le abracé y mis manos bajaron hasta
su sexo. Su polla no era muy grande, pero tenía unos testículos enormes que
acaricié mientras me rozaba con su espalda y mi pene buscaba su entrada. – yo
estaba tan excitado que veía que me corría – Pablo creo que voy a correrme –
susurré levantando la sábana para descubrir mi torso y mis huevos a punto de
estallar.
Mi hermano no dudó un segundo en arrodillarse al lado de mi
cama y atrapar mi todo mi sexo con su mano. Mi mano se puso sobre la suya, que
estaba tan caliente como mi polla. Acompañé sus movimientos suaves para que
fueran más fuertes – Con la boca – susurré, pero él se negó – Ahora no – y
enseguida me corrí sobre mi pecho y en su mano. Todo mi ser se estaba sacudiendo
de placer y mi hermano me aprisionaba la polla más fuerte y siguió hablando –
entonces abracé fuerte a papá entrando en su ser y empecé a penetrarle como si
fuera mantequilla caliente – ¿Te corriste? – pregunté relajado y ansioso al
mismo tiempo – Cuando me desperté me había corrido, pero en el sueño no, porque
aparecía mamá que nos miraba y cuando la vi me sobresalté y no pude volver a
soñar. – reímos en voz baja mientras él aún no había soltado mi pene flácido y
sucio. Acaricié el pelo de mi hermano – Gracias hermano – en ese momento deseé
un beso, pero el volvió a su cama, yo me limpié y dormimos.
Durante los siguientes días mi hermano planeaba locuras en su
cabeza para verle la polla de verdad a nuestro padre, pero nunca las llevaba a
cabo y yo no sabía si animarle o desistir. No tuvimos nada demasiado sexual
hasta el viernes, donde acabamos besándonos desnudos en su cama a las tantas de
la mañana, en la oscuridad en que nuestro padres dormían. Nuestros pechos se
rozaron al ritmo de nuestros labios y nuestros sexos se frotaban con placer sin
llegar a corrernos. Estuve a punto de dejar que me penetrara por la calentura
que llevábamos, pero fuimos conscientes de que era mejor esperar otra semana
como había indicado el médico. Aún tenía que visitar al doctor García. Esa noche
podríamos haber follado y me frustraba el hecho de que aún no se sintiera cómodo
con la idea de dejarse penetrar, pero le respetaba y le quería como era.
Llegó el sábado, hacía una semana el sábado empezó todo, pero
ahora papá y mamá seguían enfadados con él y no iban a dejarle salir por la
noche. Tenía pensado quedarme con él pero cuando mis amigos llamaron para salir
de fiesta, él insistió en que me fuera y que me lo pasara bien. Como siempre, me
convenció.
Salí con mis amigos Carlos, Juan y Dani (otro Dani). Como
nadie se decidía a donde podíamos ir, Carlos, que llevaba el coche, optó por
llevarnos a una discoteca que había abierto hacía pocas semanas y estaba cerca.
Cuando llegamos comprobamos que era un sitio caro, pero muy grande, con diversas
pistas de baile y había muchísima gente. Era tan grande como para perderse y eso
ocurrió. En medio de la discoteca sonó mi teléfono móvil, era mi hermano, salí a
una terraza cercana para poder hablar, pero no escuchaba nada y se cortó.
Intenté llamarle yo, pero me colgaba él. No sería importante. Volví adentro y no
sé si me equivoqué de zona pero mis amigos no estaban y no los veía.
Subí unas escaleras hasta una de las barras, desde allí veía
mejor toda esa pista, pero nada. Decidí no moverme, tomar algo y esperar por si
volvían. Miré a la gente y mi mirada se cruzó con una esquina de la sala donde
había dos chicas. Bueno, en realidad sólo una. Una era una chica joven morena y
vestida como una go-go de discoteca, que estaba tremenda, pero estaba con la
otra que debía ser un chico vestido de drag queen. Aquel chico llevaba mucho
maquillaje, pero tenía aspecto de ser muy guapo. Enseñando sus finas piernas
depiladas, con una minifalda de vértigo y unas botas de zorrona, daba un aspecto
impresionante.
Lo miré tantas veces, intentando disimular, que al final le
dijo algo a la chica y se acercó él hasta donde estaba yo y se acercó a mi
oreja. La música estaba muy alta, pero le escuché. – Hola, Priscila es mi nombre
el sábado por la noche aquí, o Iván el resto de la semana. – sonrió y me dio dos
besos. Sonreí inquieto.
– ¿Y tú? – gritó para que le oyera bien.
– ¿Yo que? – no sé porque, me puse reacio.
– ¿Cómo te llamas? – insistió.
– Yo Dani. – sonreí levemente.
– ¿La mirabas a ella? – preguntó señalando a su compañera con
un gesto de su cabeza.
– No… – dije con sinceridad.
Entonces le miré mejor de cerca. Tenía los ojos verdes, o
quizá eran lentillas parte de su atuendo. Se le notaba el maquillaje, realmente
tenía un cutis fino y unas líneas muy femeninas cubiertas con brillantina. Sus
labios rosa perfilados resaltaban su rostro con sus largas pestañas oscuras.
– Es mi novia – dijo escuetamente. Me inquieté más.
– Pero ya vi que mirabas más a mi – no dije nada, perdí la
mirada entre la gente como si no hubiera dicho nada. Se quitó la peluca morena
descubriendo un pelo rubio, rizado, corto y algo desaliñado – ¿Sabes?... me
pareces un chico guapo – hizo un pausa y le miré en la profundidad de sus ojos
verdes. Creo que mi corazón se aceleró, sentí que me atraía y entonces bromeó
–¿aún sigues aquí? Cualquier otro se hubiera asustado y se hubiera ido – reímos
los dos.
Un momento después su mano cogió la mía entrelazando los
dedos – ¿Vienes? – y sin esperar respuesta, me guió cogido de la mano hasta unos
baños que ponía reservados para el staff de la discoteca. No había nadie y me
sentí nervioso y excitado. Entramos en una de las puertas interiores y allí
dentro sus labios buscaron los míos. El sabor dulce de sus labios se mezcló con
el suave de su lengua. Mientras sus labios cazaban los míos y nuestras lenguas
se confundían en una sola, con su mano dirigió la mía hasta su entrepierna. Unas
braguitas de seda debajo de una minifalda delataban un pene caliente en
erección, casi tanto como el mío. Aprisionó mi culo con sus manos y nos frotamos
contra la puerta durante aquel largo beso desenfrenado.
Iván cesó un instante la pasión – Tengo que volver – aún con
la respiración excitada dije que sí con la cabeza. Salimos, volvimos a la barra
y allí me apuntó su número de teléfono. Cogió su peluca, volvió al rincón de
donde había salido, dio un beso a su novia y subió a bailar al podium con ella.
Un guardia de seguridad protegía que nadie les molestara. Creo que Iván me
gustaba o quizá solo fue algo momentáneo, pero entonces la imagen de mi hermano
llegó a mi cabeza. No sabía donde estaban mis amigos y me abrumaba la duda de si
contarle a Pablo lo ocurrido.