EN
EL ARMARIO
- ¡...veintisiete, veintiocho, veintinueve y
treintaaaaaaaaaaaa! -la voz de mi hermana llega amortiguada por la lejanía. Ella
está en el jardín, con la cabeza apoyada contra el viejo olivo, con los ojos
cerrados pero con los otros sentidos alerta. El resto de la casa es un rebullir
de pasos, de risas apagadas, de puertas que se abren y vuelven a cerrarse con
rapidez. Susurro de cortinas, de tapas de baules, de orinales empujados al
querer reptar por debajo de las camas...
- ¡Que voooooyyyy!-avisa por última vez la que está
pagando en el juego del escondite. Y el silencio cae como una losa sepulcral en
el chalet de los abuelos.
El corazón me late desbocado. Me gusta este juego. Las
vacaciones son sinónimo de juegos en mi familia. Siempre los he disfrutado a
tope, pero este verano todavía más.
- ¡Ñiiiiiiiiccc! -la puerta del armario se abre de
improviso. A pesar de estar esperándolo, he dado un respingo. Vuelve a cerrarse,
pero ahora somos dos en la oscuridad.
- ¿Eres tú?-la voz me sale tenue. No quiero que nos
pille mi hermana. El juego es mejor contra más tiempo dura.
- Si, no hables.
Y una mano grande cubre mi boca. El olor a sudor llena el
espacio reducido. Huele rico. Huele a hombre adulto. Huele...a papá.
Esto es lo que más me gusta. Nuestros tocamientos en
silencio. Oigo el ruidito de la cremallera al bajarse , oigo el afanoso manoteo
rebuscando bajo la ropa interior, incluso me parece oir el entrechocar de las
bolas gordas y peludas cuando las saca de su propio escondite.
Ya me he sentado en el suelo del armario. Ya estoy con la
boca muy abierta-soy un alumno muy aplicado-y con la cabeza hacia atrás,
esperando lo que pronto llegará. Y llega.
La cosota de mi papi se restriega contra mi nariz. No lo veo,
pero noto un hilillo como de baba que queda prendido en mi piel. Tomo aire como
si me fuese a zambullir bajo el agua, y acojo hasta mi garganta el trozo de
carne que papá me introduce. Tengo un don natural para hacer ésto. Papá me lo
dice siempre acompañado de gemidos. Y yo cierro mi boca mientras subo y bajo la
cabeza, succionando delicadamente la piel suave y ardiente. Así un largo rato.
De vez en cuando, papá la saca toda y yo quedo como un pez boqueante fuera del
agua, pero pronto noto la vellosidad de sus testículos rozando mis labios.
Con ésto sé que debo ir con mucho cuidado. Lo sé por
experiencia. Un golpe traicionero, un simple apretón mal dado, y produce mucho
dolor. Por eso las lamo cuidadosamente, las trato como si mi lengua fuese de
algodón, las chupo como si se fuesen a derretir en mi boca...
Queda tan contento con mi actuación que ocupa mi lugar
durante unos minutos. Ahora es él quien se acuclilla y toma mi verga entre sus
labios. Con las manos acaricio los lados de su cabeza, invisible en la
oscuridad, pero que sé que ya tiene las sienes plateadas.

Vuelvo a ponerme en situación de mamársela. Me tumbo sobre un
montón de ropa que tiramos de las perchas, y me aplico a degustar la polla
paterna.
- ¡Arriba, hijo, no puedo aguantar más! -papá me
levanta de las axilas mientras le noto trastear terminando de bajarse los
pantalones. Yo hago lo propio, y pronto llevo en los tobillos mis shorts rojos
de deporte. El salivazo suena potente, y casi con ecos, dentro del armario. A
tientas, papá busca mis nalgas desnudas. Las encuentra con rapidez, porque ya me
he puesto culo en pompa, con las manos apoyadas en mis costrosas rodillas, y con
un retortijón de miedo y deseo rampando por mi recto.
- Pon mucha, papá, que ya sabes que me duele si no
entra suave-y mientras le digo ésto, yo mismo me ensalivo la puerta del ano con
un dedito tembloroso.

- Tranquilo. Verás como hoy va mejor.
Y tumbándome contra la ropa, procede a meterme la cabeza de
su verga.
- ¡¡Ayyyyyy, para, para, papaaaaaá!
- Vale, vale. Ahora mismo te hago una cosa que te
gustará mucho.
Sale de dentro de mí y se coloca a mi lado, abarcando mi
verga y masajeándomela hasta que el placer hace que me olvide del dolor
reciente.
- Y. Además, ahora otra cosa que te gustará todavía más.
Y para confirmar sus palabras, noto como se agacha tras de
mí. Sus grandes manos abren mis glúteos, y pronto siento la deliciosa sensación
de su lengua paseándose sobre mi ojete.
- ¡Mmmmm...papá! ¡Qué rico!

- ¡Shhhhhhh! ¡Más bajo, que pueden oirte! -apenas he
podido oir su voz, porque tiene la boca empotrada contra mi culo. Su lengua,
ancha y cálida, traspasa sus humedades a mi orificio anal. Luego se repliega
sobre sí misma, transformándose en un pequeño pene, y trata de introducirse unos
centímetros en el interior de mi recto.
- ¡Bufffff!-el soplido me sale involuntario. Mi
esfínter se dilata para dejar pasar el músculo lingual, a la par que comienzo a
masturbarme de una forma compulsiva.
Papá se deja caer en el suelo del armario. Me atrae hacia sí,
levantándome casi en volandas, para enfilar con su rabo en mi palpitante
agujero. Estoy completamente chorreando. La verga comienza a taladrarme. Papá me
deja caer poco a poco, empujando su pene hacia arriba para que el encule se
realice suavemente.
- ¡Mmmm...aaaaayyyy....ufffffff!
- ¡Calla, que vienen! -mi padre dice esto en un
susurro. Su mano sube hasta mi boca, tapándola fuertemente. Mi cuerpo, al perder
el apoyo que se sujetaba en parte, cae a plomo y quedo ensartado hasta la base
de su polla.
- ¡¡¡Mmmmbbbbmmmmfffffffff!!!-mi grito queda atorado
en la garganta, mientras en mi recto parece que han introducido un hierro al
rojo vivo. Lucho por calmarme, aunque sendos lagrimones bajan por mis mejillas y
mojan la mano paterna.
Apenas nos atrevemos a respirar. Alguien está rondando por
fuera. Seguro que mi hermana ya nos ha calado. Pero no. Los pasos se alejan.
Papá no se atreve a dejarme la boca libre. Estoy notando los
vellos de su pubis emplastados de sudor y precum contra mis nalgas. Su pollón
llena por completo mi intestino. Lo noto latir como un corazón de veinte
centímetros. Levanto los brazos y me sujeto a una de las perchas que penden
colgadas de la barra del armario. Ahora soy como un atleta de élite haciendo
gimnasia. Aprieto los nudillos y comienzo a levantarme a pulso. La espada que me
atraviesa comienza a salir de mi cuerpo lentamente, muy lentamente.
Papá se levanta tras de mí. Me abraza. Sus manos acarician
mis tetillas. Su aliento humedece mi oreja. Quiere que vuelva la cabeza hacia
él. Lo hago y nos fundimos en un besazo de esos de cine. Me levanta a pulso con
su fuerza prodigiosa, y su verga busca en el aire mi ojete. Pronto comienza una
nueva enculada. Bueno, la misma, pero desde otro ángulo.
- ¿Te gusta, mi vida? -su voz es ronca, melosa.
- Ssssssiiiiiiiiii, papiiiiiiiii.

Sus manos se engarfian en mis ingles. De vez en cuando su
palma acaricia mis genitales, mi pubis, mi vientre...Contra mis nalgas, su
cuerpo parece rebotar con sonidos de chapoteo. Noto un émbolo bien lubricado
levantando ronchas de placer en la piel titilante de mis intestinos.
Un último embite y su lefa es un caño ardiente que hace
rebosar mi interior.
- ¡¡Ahhhhh, que gustoooooooooooo, hijo de mi
almaaaaaaaa!!
- ¡Sí, papáaa! ¡¡Sii, papaaaá!! ¡¡Síiiiiiiiii,
papaaaaaaaaaaaa!!
- ¡¡Te he pillado!! ¡¡Te he pillado!! -la voz de mi
hermana suena triunfal al otro lado de la madera.
Hemos quedado en silencio, pero los golpes en la puerta no
dejan lugar a dudas.
- ¡Sal, papá, y no seas tramposo! ¡Te he oido!
Papá se está limpiando el nabo a marchas forzadas. Ha cogido
una bufanda-seguro que del abuelo-que cuelga por allí dentro, y se restriega la
polla, el vientre y la entrepierna. En cinco segundos se sube los pantalones y
se adecenta lo imprescindible. Luego me pasa la bufanda y me empuja hacia lo más
profundo del armario, ocultándome tras los abrigos de pieles de la abuela. El
olor a naftalina me está ahogando.
- ¡Vale, vale, no seas escandalosa! ¡Me has pillado!
-la puerta se vuelve a cerrar tras el cuerpo de papá. Oigo la risa de mi hermana
que se aleja, seguida de los chillidos de rigor para advertir a todos los demás
de que ya hay un nuevo perdedor.
Espero un par de minutos. Muslo abajo noto el esperma de papá
que me chorrea desde el culo. Lo limpio con la bufanda y luego salgo trotando
escaleras abajo.
En el jardín todos se están burlando de la nueva víctima.
Papá ya está en su nuevo papel de buscador, y -dándose la vuelta-apoya la cabeza
en el tronco del olivo y comienza a contar sin hacer caso de los chillidos de
protesta.
- ¡Uno, dos, tres...!
- ¡Espera, espera, no vale, no valeeee! -pero todos
hemos salido corriendo, a trompicones, entre risas y protestas.
He aprovechado esos minutos para pegarme a las espaldas de mi
cuñado Juan, el nuevo novio de mi hermana -que está como un queso-y que todavía
no se sabe muy bien los escondites del chalet. Unos segundos me han bastado para
comprobar que su juguete todavía es más contundente que el de papá, por lo que
le susurro sobre la marcha:
- ¡Ven conmigo! ¡Te buscaré un sitio estupendo!-y le
guiño un ojo concupiscente. El chaval queda un tanto sorprendido, pero mi
mano-abarcando su paquete-no deja lugar a dudas sobre mi propuesta.
- ¡De acuerdo! -el guiño de su ojo también tiene sus
dosis de morbosidad-¡Ahora mismo voy! -y su fuerte mano de jugador de baloncesto
pega una fuerte palmada en mis nalgas respingonas-¿Dónde estarás?
- ¡En el armario! -y salgo corriendo hacia mi
escondite supersecreto mientras mi esfinter comienza a latir, de nuevo, como un
descosido.