Sentí tu mano acariciar mi cabello suavemente, y con los
rayos del sol de la mañana descansando sobre mi rostro, lentamente fui
despertando de aquel profundo y delicioso sueño. Mire tu rostro, observándome,
sonriéndome. Me besaste en la frente con ternura.
Buenos días, dormilona. Hasta dormida eres hermosa
Sonreí en respuesta. Aun me parecía seguir soñando, al
recordar el fabuloso dia anterior que acababa de vivir contigo. Me sonroje un
poco y lo notaste, pasando tus manos sobre mis mejillas. Solo me dijiste
De que te acordaste, traviesa
Te empuje suavemente, mientras mis labios se movieron,
dibujando la palabra "tonto". Entonces noté, al lado de la cama, sobre el buró,
una charola con el desayuno, listo. Volteé a verte y me encontré con tu sonrisa,
la que contesté con una nueva sonrisa.
Tome la charola y la coloque entre los dos, comiendo un
trocito de pan, mientras llevaba otro hasta tu boca; después de unos minutos,
habíamos terminado con todo, el fresco jugo de naranja, chocolate con leche, pan
dulce, etc.
Decidiste levantarte y entrar a tomar una ducha, mientras me
recostaba nuevamente, y mi mente era asaltada por las imágenes de ayer, el día
en que al fin hiciste realidad mi dulce fantasía……
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"Voy para allá, estas lista Alin?" - decía el mensaje en mi
celular. Rápidamente te respondí que lo estaba. Apenas unas horas antes, de
forma un poco improvisada, tal vez hasta precipitada, me habías invitado para
salir a cenar. "A algún lugar sencillo" habían sido tus palabras. "Aún así
arréglate deslumbrante, ok?"
Me puse un vestido un poco elegante, negro, aquel que me
habías comprado cuando descubriste que me gustaba, una chaquetilla rosa, bolso y
broche para el cabello del mismo color, junto a algunas pulseras, un collar,
aretes a juego y zapatos de tacón punta completaban el atuendo. Un poco
exagerado, supuse, pero se que te gustará.
Esperé hasta la hora convenida, cuando escuché que tocaban a
mi puerta. Sin duda eras tu; esa característica forma de llamar, a tres toques,
el primero y el segundo seguidos, el tercero mas tardado. Tome mi bolso y me
apresuré a la puerta. Mi primera reacción fue de sorpresa: Que bueno que había
decidido arreglarme así, de lo contrario me habría dado pena contigo: smoking,
que elegante!!!
Nos vamos? – preguntaste, a lo que asentí con la
cabeza
Te tome del brazo y avanzamos por los pasillos del dormitorio
del colegio, hasta llegar a la calle. Busque en vano tu coche. Lo notaste y
sonreíste, llevándome de la mano hasta donde estaba estacionada una lujosa
limusina negra. "¡Que impresión! Y esto para ir a algún lugar sencillo?" pensé.
Abordamos el lujoso vehículo; aun no sabía a donde me llevabas, pero aguardé
mientras acercabas tu rostro al mío, y una descarga eléctrica me recorría el
cuerpo al sentir el contacto de tus labios con los míos, un beso tierno, fugaz,
romántico, seguido de nuestras miradas encontradas y expresivas, para después
despertar nuestros deseos en largos y profundos besos. Colocaste tu mano en mi
seno izquierdo y comenzaste a moverlo suavemente, mientras yo me dejaba llevar
por ese calor que solo da cuando se besa. Introdujiste tu mano por el escote de
mi vestido y sentir el contacto de mi piel directamente, sin dejar de besarme.
Lentamente te separaste de mi boca para recorrer con tus
labios, a veces con tu lengua, un camino de mis labios a mi cuello, a mis senos.
Rodeé con mis brazos tu cuello y eche la cabeza hacia atrás. En ese instante me
percaté que la ventanilla del chofer estaba abierta. Quise detenerme, detenerte,
pero no pude. Tu boca había llegado a mi pezón y jugueteaba traviesa con el. El
deseo me venció y no me importó nada mas. Me recosté en el asiento como pude y
sentí tu mano posarse sobre mi vientre, mientras la otra ascendía desde mi
rodilla, en busca de lo mas íntimo de mí. Lentamente me palpaste y sentiste la
humedad de mi vagina. En ese instante, te detuviste, te incorporaste en el
asiento. Abrí los ojos y te mire, guiñándome un ojo, y me conformé, quedándome
con ganas de ti.
A su vez, el auto también se había detenido, y tras
acomodarme la ropa y arreglarme un poco el cabello, me incorporé y pude ver a
través de los cristales un perfecto y hermoso paisaje. Estábamos a la mitad de
un enorme campo. El pasto se extendía por todas partes; algunos árboles formaban
un escaso bosque, dando un toque muy fresco a aquel lugar, mas aun por el
bellísimo lago, cuyas aguas tranquilas coronaban aquella estampa única de mis
sueños. Por si fuera poco, el sol comenzaba a ocultarse, dando un leve toque
rojizo a las nubes, y estas, en su reflejo sobre el agua cristalina. En resumen,
el mas precioso y bello panorama que pudiera soñar. Salimos del auto y tome tu
brazo. El chofer entonces, subió nuevamente a la limo y se alejó, sin mediar
palabra. Me dirigiste hacia una mesita, hermosamente decorada, oculta, rodeada
por varios arbustos. Ahí nos esperaba una cena romántica, con velas, flores,
aromas y sabores exquisitos. Yo me encontraba embelesada; jamás me imaginé que
pudieras adivinar de esa manera mi cita ideal. La emoción estaba a punto de
desbordarse de mi, y definitivamente no pude contenerme cuando, al acercarnos,
las notas de suave música de piano se hicieron perceptibles: algunas lagrimas de
alegría, por la emoción, escaparon de mis ojos. Baje la cabeza, esperando
ocultar mi estado. No se si lo conseguí o no; de cualquier forma, tu me conoces
y sabes hasta que punto me mueven mis emociones.
El tiempo transcurría y después de haber cenado
deliciosamente, ambos mirábamos la luna, en el inicio de su viaje nocturno a
través del cielo. La brisa era fresca y no hacía frío; una noche estupenda.
Ambos nos encontrábamos sentados en el césped. Yo abrazaba tu brazo, y tu
pasabas tus dedos entre mi cabello. Con tu mano, dirigiste mi cara hacia ti, y
nos miramos, varios minutos. Tus ojos eran especialmente bellos esa noche, y me
daban tanta seguridad, tanto amor, me hacían sentir tan bien…
"Melissa" comenzó a sonar, una de mis melodías favoritas de
Di Blassio, y con cada nota, tus manos ya acariciaban mi mejilla, y tus labios
se acercaban a los míos. El primer contacto de ambos, fue como la chispa de la
vida y todo lo bello y sublime hasta ese momento, se fundieron en ese solo
instante. Me sentí morir y renacer, desvanecerme en el tiempo y volverme una
contigo. Una nueva lagrima de alegría recorrió mi mejilla; el mas hermoso
momento de mi vida era aquel. Nos besamos primero, tiernamente, como en el auto,
y después, llenos de pasión. Ya no podíamos contenernos; me abracé a tus brazos
y tus manos tomaron mi cintura, me acariciaron la espalda, y después bajaron
hasta mis piernas.
Tus besos pasaron de mis labios a mis mejillas, mis ojos, mis
orejas. Lentamente bajaste por mi cuello, besándolo, acariciándolo con el aire
de cada exhalación tuya. Una sensación cálida recorrió nuevamente mi cuerpo. Mis
manos se sujetaban a tus brazos, incapaces de moverse, solo sintiendo,
recibiendo tus caricias. Mis ojos, cerrados, trataban de intensificar todo lo
que me hacías sentir: nuestros cuerpos juntos, nuestras almas en armonía…
Adivinando tus intenciones, levante las manos y fuiste
sacando la chaquetilla lentamente, mientras rozabas intencionalmente tus manos
con la parte interna de mis brazos. Ese leve toque, me volvía loca, me
ocasionaba un intenso escalofrío. Después, volviendo a adivinarte, baje los
brazos y sonreíste. Deslizaste los tirantes de mi vestido por mis hombros, por
mis brazos. Mis senos quedaron un poco descubiertos, no del todo: los pezones
aun no asomaban. Me miraste con esa mirada que me enamoraba cada vez que la
notaba sobre mi, directa en mis ojos. Me abrace a tu cuello y tu me abrazaste y
nos quedamos así, unos cuantos segundos, horas enteras para mi.
Entonces, ya decidido a no detenerte por nada, bajaste
violentamente mi vestido hasta el abdomen y te lanzaste sobre mis senos, mis
pezones, lamiéndolos, besándolos. Sabes que así me excita mas: tierno al
principio y cuando ya estoy fuera de control, violento. En ocasiones, les dabas
pequeñas mordidas y los jalabas con tus dientes, a veces suave, otras,
ocasionándome un leve dolor delicioso. Tus manos, nada ociosas, ya se ocupaban
de mi vagina, excitando mi clítoris, introduciéndose levemente en mi, uno, dos
dedos. Las sensaciones que experimentaba eran indescriptibles; estaba gozando
como nunca. Mis manos te sujetaban de la cabeza, enredándose mis dedos entre tus
cabellos, y mis ojos cerrados, ya mismo al borde de la locura. En esta ocasión
fuiste tu el que adivinó mi pensamiento. Te deseo, te necesito ya. Levantaste mi
vestido, quedando toda la pieza sobre mi abdomen. Recorriste con tus dedos,
apenas rozando mi piel, desde mis pies, sobre las botas, mis rodillas, mis
piernas, hasta llegar a la parte interna de mis muslos, y me abriste con
violencia. Eso me excito aun mas, necesitaba que me poseyeras ya, pero tardaste,
mientras te colocabas un preservativo. Entonces te colocaste sobre mi, y con una
de tus manos, sujetaste las mías sobre mi cabeza. Apuntaste tu miembro en mi
entrada. Sentí como si todo el amor que sentía por ti se condensara en ese
instante, se hiciera tangible en el momento de mi entrega a ti. Estaba dispuesta
a todo, era tuya, y solo deseaba que me tomaras, que me amaras, que me desearas
con todas tus fuerzas.
Házmelo - susurré con mis labios, sin voz
No… hagámoslo - me contestaste mientras empujabas
contra mi
Una ola de dolor recorrió mi cuerpo. Traté de detenerte, pero
mis manos estaban inmóviles. Me moví un poco inquieta y comprendiste. El miedo
me hizo dudar, y quise por un instante que te detuvieras, pero a estas alturas,
sabía que no lo harías, y yo misma deseaba que no lo hicieras. Fijé mis ojos en
los tuyos, y comprendiste el mensaje. Te quería adentro, sin importar nada. No
quería que te detuvieras por nada, solo… suavemente.
Comenzaste a empujar poco a poco, pero constante, mientras tu
mano libre acariciaba suavemente uno de mis senos, y tu boca besaba la mía.
Liberaste mis manos, para dedicarte a ambos senos, y mientras, me abrace a ti,
por tu cuello, y te bese decididamente. Tu tacto era tal, tu cuidado era tal,
que a pesar de sentirme ligeramente incomoda, aquello para nada me estaba
ocasionando dolor alguno. Siempre había sido temerosa de mi primera vez, al
escuchar y leer comentarios de algunas chicas a quienes no les había ido bien.
Contigo no sucedía eso, no sentía dolor alguno. Finalmente me penetraste por
completo. ¡Que maravilloso momento! ¡Al fin te tenía para mí! ¡Al fin me tenías
para ti! No te moviste de momento, esperando a que me acostumbrara. Mientras eso
sucedía, me besabas con gran ternura en la frente primero, luego en los labios.
Suspiré y moví mi cabeza afirmativamente, invitándote a iniciar tu movimiento.
Comenzaste a sacarlo lenta, muy lentamente; te sentía desplazarte en mi
interior, liberando un poco la presión, rozando ligeramente mi clítoris, hasta
casi salirte por completo, no aún del todo. Entonces, diste marcha atrás a ese
movimiento de retirada, introduciéndolo nuevamente en mi, sintiendo como me ibas
abriendo por dentro. Cuando entraste por completo en mi, no lo pude soportar, y
apretando los dientes, y los puños en el pasto, arrancándolo, y cerrando los
ojos, me asalto mi primer orgasmo, increíble, intenso, recorriendo mi cuerpo,
estremeciéndolo por completo e inundándome en el mas grande placer que hasta el
momento hubiera experimentado, olvidando todo, abandonándome de todo, solo a esa
sensación tan embargante. Lo notaste, muy obvio, y notaste también de que manera
se humedeció mi vagina, permitiéndote mover con suma libertad. Ahora ya te
movías dentro y fuera de mi con gran facilidad, mientras yo inhalaba y exhalaba
aire, reponiéndome de mi reciente orgasmo y a la vez sintiendo como mi
excitación se elevaba a tal velocidad, que no tardaría mucho tiempo en
sobrevenirme uno nuevo. Adelantándome a lo que prontamente sentiría, me sujeté
otra vez del pasto. Tu ya te movías dentro mío con una enorme facilidad y a gran
ritmo y aumentando la velocidad de tus acometidas, apoyando tus manos en el
suelo, dejando mis senos al libre movimiento de tus embestidas.
Sentí un calor tremendo, un calor delicioso; me incorporé
violentamente, haciendo que cayeras acostado en el suelo, y yo sobre ti, y a
todo esto, te saliste por completo de mi.
Yo no sabía nada, fuera del hecho de que caí al suelo, presa
de un segundo orgasmo, que me arrancaba la vida de placer. Tu disfrutabas
viéndome presa de esa sensación enloquecedora, hasta que por fin se fue calmando
y pude descansar. Estaba completamente exhausta, sin fuerzas, y tendida boca
abajo. Sentí tu mano acariciar mis nalgas, y una idea atravesó mi mente cuando
te sentí separarlas
Esto ha sido hermoso… mi primera vez… por favor… por
favor, no lo arruines - pensé sin moverme
Fue doblemente hermoso cuando te sentí alejar tus manos de
ellas, y levantarme de la cadera, quedando en la posición de perrito, mientras
tu pene se apoyaba en la entrada de mi vagina, y empujabas, decidido a tener
también tu, un orgasmo.
Esta vez, comenzaste moviéndote rápido y fuerte, pues antes
de que alcanzara mi segundo orgasmo, tu casi alcanzabas el tuyo. Tu cuerpo no
tardo mucho en responder, y en sincronía contigo, a pesar de estar exhausta,
también comenzaba a excitarme otra vez. Me tomaste fuertemente de las caderas, y
te entregaste a las sensaciones tan placenteras, dentro de mi. Mi cuerpo vibraba
con el tuyo, y después de algunos segundos de tensión en tus músculos, te
dejaste caer sobre mi, mientras tu pene iba perdiendo dureza. Me moví, incomoda,
por el peso de tu cuerpo, y tu, presa de un fugaz pensamiento, te incorporaste
rápido y saliste de mi, antes que perdieras totalmente dureza, y el preservativo
se salga
No queremos accidentes, verdad? - me dijiste
Yo no hice mucho caso. Me giré, quedando boca arriba en el
pasto, respirando, recuperándome, cayendo casi en un sueño profundo. Sentí tus
labios besar los míos, antes de perderme y cerrar los ojos, víctima del
cansancio y la satisfacción obtenidos…
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Desperté nuevamente, sin darme cuenta me había dormido
después de cerrar los ojos y recordar la noche anterior. Tu ya habías salido de
la ducha, al menos eso pensé de momento, al no escuchar ningún ruido dentro. Me
estiré en la cama y me levanté. Busqué la charola del desayuno, para llevarla a
la cocina, y ahí me percaté de algo inusual
Que hago aquí? - me pregunté al sorprenderme en mi
habitación en casa de mis padres
Por que estoy aquí, a miles de kilómetros de donde
estab… Oh , no puede ser… ¿entonces todo fue…? - seguía desconcertada.
Todo había sido tan real…
Alín, ya está el desayuno - llamó mi hermano a mi
puerta
Serené mi rostro, miré tu foto en mi escritorio, salí a la
terraza de mi cuarto a respirar el aire fresco de la mañana, y, después de
sentir los cálidos rayos del sol, me puse mi bata y salí de mi habitación,
feliz, triste, nostálgica, pensativa… tal vez confundida, si, pero dueña al fin
y al cabo de un sueño, de un dulce sueño hecho realidad…