Danza con lobas.
-Mi hermana es una loquita.
Eso lo dice mi mujer, pero no como crítica. De onda lo dice.
Y es así nomás. Te manda cada mirada que te parte en dos. ¡Mamita, qué mina!
Pero no solamente lo hace conmigo, que soy su cuñado. Lo hace con todos los
tipos que se le cruzan por el camino.
Sofía tiene siete años menos que Sara, mi mujer, pero parece
mucho más experta que ella para tratar a los varones. De pura mirona, o por sus
actitudes o por sus comentarios sobre los tipos que quedan a tiro.
Te digo que no es por puritanismo o exceso de fidelidad que
yo no me le tiré. Es que Sara no me deja un segundo a solas con ella. ¡Sabe muy
bien por qué! Pero no hay agresividad, hacia Sofía o hacia mí. Es más bien una
cordial competencia. ¡A mi marido no te lo vas a coger, turrita! Algo así.
Como soy 4 años mayor que Sara son once los que le llevo a su
hermana, pero eso no es para nada negativo, sino todo lo contrario. Con los 23
que tiene, Sofía es mina de sobra. Si no está mejor que Sara, por lo menos lo
parece. De cara son muy parecidas, muy hermosas. Mi mujer cabello castaño claro,
Sofía muy negro, y ninguna se lo tiñe. Sara tiene un poco más de tetas, Sofía
algo más de caderas y culo. Pero es más sexy, o vistosa o matraca. Le gusta la
joda y no lo disimula.
Nos visita con bastante frecuencia, porque tiene ganas o
porque viene a ver a su sobrino. Durante la semana nos vemos un poquito, un par
de veces, al atardecer, cuando tanto Sara como yo, estando ya en casa, luego del
trabajo, nos preparamos para la cena. Mi cuñada también llega un poco más tarde,
desde sus propias tareas, y a nuestro hijo le encanta, por su carácter, su
simpatía… y porque siempre le trae algún regalito. ¡Pero no hay manera de estar
solos! ¡Ni cruzarnos, siquiera!
Durante un tiempo traté de no caer bajo su influjo, más que
nada por Sara, a quien no quería poner en contra de su propia hermana. Pero con
el tiempo caí en la cuenta que Sara no mostraba ningún tipo de molestia por los
coqueteos a los que me sometía. ¡Con todos era igual! ¿Eso significaría qué yo
no era nada especial?
Finalmente supuse que tendría que saberlo, o caer en la
categoría de boludo. Si algo conocía a Sofía, luego de cuatro años de
frecuentarla como la hermana de mi mujer, podía inferir que no se escandalizaría
o iría furiosa a contarle a mi mujer que yo me la quise curtir. Cuándo mucho, no
me daría pelota. Así que decidí encarar el avance.
En un instante, un solo instante, en que nos cruzamos en un
pasillo, le dije al oído que quería verla en otra parte. Su repuesta fueron dos
palabras: "yo también". Aunque era algo que estaba en lo posible, la reacción
"biológica" fue instantánea: ¡mi verga saltó como un muñequito de caja de
sorpresas! Me metí en el dormitorio para volver a mi estado "normal". Cuando
salí, Sofía tenía a Nico, mi hijo, en brazos. Utilizando al nene como barrera
para que Sara no la viera, sonrió y me guiñó el ojo. Tuve que dirigirme hacia
otro lado para no volver a ponerme al "palo".
La cena fue una ansiosa tortura para mí. ¿Cómo hacer para
concretar la cita?
Sofía lo resolvió. En otro momento, un instante, me puso en
la mano un papelito. Era un número. Supuse que el de su celular, al cual hablaba
frecuentemente Sara. De aquí en más la cosa estaba en mis manos.
Al día siguiente, a media mañana la llamé.
-¡Cómo te hiciste rogar, desgraciado!
-Es qué no sabía…
-¡No jodás! ¿Cómo no vas a saber? ¿No viste la forma en que
te marcaba? ¿Qué querías? ¿Qué me tire en tus brazos delante de mi hermana?
-No…, bueno, no quería crear un conflicto…, pero hace rato
que tenía ganas…, es que no sabía cómo ponerme en contacto con disimulo…
-Listo, ya fue. ¿Dónde nos encontramos?
-Donde te parezca.
-¿No vamos andar paseando, no?
Sofía iba directo al grano. Pensé en una zona donde había
varios hoteles. Se lo dije.
-Sí, me parece bien. Hay para elegir.
Ella también conocía la zona. ¡No podría ser de otra manera!
-¿Te parece bien a las 5?
-Perfecto, con tiempo antes de oscurecer. Además tenés que
recuperarte ¡no vas a dejar a Sara con las ganas!
-¡Por supuesto! ¡Me sobra paño!
-Eso lo veremos. A las 5 te espero.
El día se me hizo interminable. Hablé varias veces con Sara,
alguna más de lo normal, tal vez, pero no hubo problemas. "Como siempre",
alrededor de las 8 estaría en casa.
A la hora adecuada tomé un taxi hacia el lugar de la cita.
Era un elemental principio de seguridad dejar el auto en la cochera de la
empresa y viajar en taxi.
Supuse que Sofía, aún cuando tiene su coche, haría lo mismo.
No me equivoqué. Cuando bajé apareció caminando, vaya a saber de dónde… ¡Estaba
preciosa! Como siempre, por otra parte, ¡o más que nunca!
No hubo mayor efusión en el saludo. Cinco segundos más tarde
estábamos en otro taxi, rumbo al hotel, a cinco cuadras de allí. Era el mejor de
la zona, por supuesto, pero lejos de lo que a mi me hubiera gustado, pero los
mejores estaban muy lejos. Cuando llegamos se lo hice saber.
-No te hagás problemas. Ya tendremos oportunidad de ir a los
mejores. Este lo conozco y no está mal.
Pagué el taxi y bajamos. Sofía giró, me abrazó y me dio un
espectacular beso de lengua. ¡Ya estaba al palo! Tengo bastante posibilidad de
contener una eyaculación precoz –gracias a que las necesidades de Sara me lo
impusieron-, pero tenía miedo de que semejante calentura me traicionara. Sofía
me apretó el bulto con fuerza.
-¡Calmate! ¡No quiero apuros!
Entramos al recibo. Sofía era la dominante actora de la
situación. Ni disimuló, ni se ocultó. Tuve que ser más rápido que ella… y pedí
la mejor habitación, antes que ella fuera capaz de hacerlo.
El show fue espectacular.
-Desde que empezaste a salir con Sara te tenía ganas.
-Yo también…
-No mientas. Antes no me dabas bola.
-Bueno, ya te dije, no quería crear kilombo.
-Sí, pero me dejabas con las ganas…
Mientras hablábamos nos desnudábamos mutuamente, nos
besábamos y nos acariciábamos. Sofía era realmente espectacular, sin ningún tipo
de inhibiciones. Nos chupábamos todo. Nos metimos en la inmensa bañera y nos
revolcamos en el agua. Al contrario de otras mujeres, le importaba un pito
mojarse el cabello.
-Levantate un poquito que sino me ahogo.
Estaba mamando bajo el agua cuando levantó bruscamente la
cabeza y respirando hondo me hizo el pedido. Me arrodillé y ella se inclinó
hacia la pija. La tomó con ambas manos y acariciando fue sorbiendo poco a poco.
Sentía como la lengua acariciaba el glande.
Entre chupada y chupada, Sofía hablaba.
-Me imaginaba cogiéndote a mi hermana y me moría de celos y
de ganas. Y porque yo sé que mi hermana coge muy bien y te dejaría plenamente
satisfecho. Por entonces pensaba que no podría igualarla…
-Hasta ahora no veo que seas menos que ella.
-No lo voy a ser. ¡Ya vas a ver! Claro…, no podremos hacerlo
tres o cuatro veces como lo hacés con Sara.
-¿Y vos cómo sabés? -Ahora era yo el que lamía su concha,
bien depiladita, con una pequeña matita sobre el pubis.- ¿Cómo sabés cuantas
veces lo hacemos?
Sofía estaba parada y yo en cuclillas. Uno de los pies lo
apoyaba en el borde de la bañera, para dejarme la vagina más expuesta.
-Porque le pregunté que tal eras. Me dijo que sos magnífico y
me dio más ganas.
-Pero estás loquita. Se dará cuenta…
-Ella sabe muy bien que yo tenía ganas de coger con vos. Se
lo dije.
-¡Estás loca! Nos va a cagar a patadas.
-No…, vas a ver que no. Ella sabe que cojo con otros y no se
preocupa por mis ganas. Y sabe que vos te sacás todos los gustos con ella…
Sofía se dio vuelta. Se inclinó tomándose de las canillas. Me
ofreció el culo. Me acerqué y la penetré por la vagina. Comencé un rítmico
bombeo.
-No vayas acabar sin avisarme, no quiero desperdiciar nada.
-No te preocupés. Habrá para todo…
Sentí como el choto me latía cada vez más. Bombeamos otro
poco y salimos, secándonos a las apuradas y Sofía se puso en cuclillas en la
cama. Se la volví a enterrar, mientras ella movía las caderas en círculo.
Estábamos tan calientes que ninguno se acordó que en la tv tendríamos películas
porno para inspirarnos. No necesitábamos ningún aliciente. La calentura de ambos
era tanta que nosotros éramos nuestra propia inspiración.
Cuando la pija penetraba toda, Sofía retrocedía y se apretaba
contra mí.
Gemía y jadeaba ante cada arremetida. Sentía toda la verga
dentro suyo y temblaba. ¡Cogía tan bien como su hermana! Parecía que hubieran
aprendido juntas. Efectivamente, Sara tenía mas tetas, no mucho más, y Sofía
unas caderas y un culo monumental, para una escultura.
-¡Aaaahhhhh…! ¡Paaapiiiitoooo…, me vieneeeee…!
Sofía se clavó hacia atrás. Estrujé sus tetas mientras
temblaba y sentía como los músculos de la vagina me estrujaban la verga. Tuve
que hacer un gran esfuerzo para no acabar yo también. Apreté el tronco, casi al
comenzar el glande, con dos dedos y todas mis fuerzas, las que me quedaban luego
de tanta emoción. Con un brazo la sostuve firme desde la cintura y con los dedos
de la otra mano escarbé dentro suyo, apretando el clítoris.
-Papitoooo… ¡qué lindo! ¡Que lindo que cogés! ¡Dámela que la
chupo!
-Esperá, todavía aguanto. Te quiero bombear sintiendo el
juguito.
-¡No acabés, por favor! ¡La quiero toda para mí!
Mi idea era otra, justamente. La empujé suavemente, para que
se reclinara sobre la cama. Le acaricié el ano, lubricándolo con su propio
flujo. La dilatación del hoyo demostraba que había sido frecuentemente utilizado
por otras pijas. Introduje los tres dedos mayores sin dificultad.
-¡Qué lindo, papito! ¡Damela qué me gusta!
Su alegría me alentó. Clavé el glande en el hoyo y empujé. La
resistencia fue mínima. Se quejó levemente, más de placer que de dolor. Como mi
verga no era demasiado gruesa, el orto no ofreció resistencia.
-¡Dale, papito, así!
Sofía se acariciaba la concha con una mano. Mientras con la
otra se apoyaba en la cama. La mano que no tenía sobre su hombro derecho, la
sumé a la suya, y con los dedos entrelazados hurgábamos despacito en la jugosa
vagina. Sofía le daba a todo, y sabía que me gustaba. Seguramente Sara se lo
habría dicho.
-¡Aaaahhhhh…! ¡Queriditoooo…, cómo me llenás todo el orto…!
Mi hermana tiene razón... ¡cogés maravillosamente bien! Acabé de nuevo… ¿viste?
Se la saqué despacito. Hizo ¡ploff! Como destapando una
botella.
-¡No me dejés tan pronto!
Nunca fui demasiado afecto a las acrobacias, fundamentalmente
porque me desconcentraba, sobre todo en un hotel, donde hay espejos por todas
partes. Sin duda que es excitante verse reflejado arriba, abajo y a los
costados, más cuando la mujer es un bombón y garcha como los dioses, pero a
Sofía, igual que a su hermana, le encantaban las poses extrañas.
-¡A ver si Sara te la ofrece así, tan cómodo!
Se agachó contra el mueble que oficiaba de cómoda, que por
otra parte estaba acolchado para poder usarlo adecuadamente, e hizo la vertical.
Quedó mirando hacia mí, pero patas pa’rriba! ¡Tenía razón, era comodísimo! Su
cajeta quedaba justo en una altura que para chuparla prácticamente no me tenía
que agachar. Pero no terminaba allí.
-Tomame de la cintura y alzame.
En esta forma, me abrazó con las piernas, la sujeté de los
glúteos y moviéndome como si se la estuviera clavando –en realidad la estaba
cogiendo por la boca-, dediqué mis labios y mi lengua a lamer la concha y a
sorber el clítoris. Yo no quería acabar tan pronto porque me daba cuenta que hoy
no tendríamos tiempo para más.
-Sofi, estoy muy excitado…, esperemos un poco.
La deposité sobre la cama y me acosté boca arriba. Sofía
inmediatamente entendió. Se montó y comenzó a cabalgar desenfrenadamente. Sus
tetas saltaban al compás. Las tomé y apreté sus pezones. Eso la calentaba más,
todavía.
-Inclinate, te quiero chupar las tetas…
-¿No querés que te mame otro poco?
-Ya va…, ya va…
-Dale… ¡me muero de ganas!
No paraba de reír, gemir, jadear y gritar. Sus movimientos
eran frenéticos y frecuentes las acabadas. ¡Estaba enloquecida de placer!
-Estoy listo, Sofi. ¡Hagamos el 69!
Saltó como un resorte y se tiró cuan largo era sobre mi. Al
tiempo que abría sus piernas para recibir mi lengua, sentí como la verga era
absorbida por su boca. La lengua recorría el glande. Vino el espasmo.
-Aaaaahhhhh… Sofi… Sofi…, querida, mi amor…, me viene…
aaayyyy…, linda…, mi amor… voy a acabaaaaarrr, aaaayyy, sííííí… YAAAAA!!!!
¡SÍÍÍÍ…! ¡TE LLENOOOO…! ¡AHORAAAA…, VAAAA!
La sacudida fue tremenda. Todas las ganas que venía guardando
desde que la conocí se derramó en estas sacudidas. Sentí las arcadas de Sofía y
su desesperado intento de no ahogarse pero también de no perder una gota…
-Agghhh…, sííí…, sííí…, agghhh… yo tambiéééénnn…
Como mi cuñada estaba arriba mío, todos su jugos se
derramaron en mi boca, mi cara, el cuello, el pecho, todo… ¡Parecía qué fuera la
primera vez!
Me hubiera gustado ver como tragaba el esperma, pero no pudo
ser… Sería en otro momento…