FOLLANDOME A MI MADRE
Tras la experiencia de haber visto a mi madre follando como
una puta con uno de los mejores amigos de mi padre, no tuve más remedio que
hacerme una gran paja. Nunca me había salido tanta leche. Me sentí complacido de
pensar que había tenido que ser la puta de mi madre la que me haya hecho
correrme de esa manera.
Ya nada fue igual. Yo ya no miraba a mi madre de la misma
manera que lo hacía antes. Esa madre que yo había creído tener había muerto,
ahora esa mujer se había convertido en una puta diosa sexual, una
zorra asquerosa con la que me
pajeaba todas las noches. En mis fantasías yo me la follaba como a una perra.
Hasta que ocurrió algo maravilloso, lo más bueno e increíble que me haya pasado
en toda mi puta vida.
Aquella tarde yo estaba solo en casa, la puta de mi madre
(porque para mi ya no es más que una puta zorra), había salido, quien sabe si a
verse con algún tipo para hincharse a follar, y solo de pensar esto me puse
cachondo y no me pude resistir pelarme la polla como un puto mono.
Decidí hacerlo en su cama. Me daba mucho morbo hacerme una
paja en la misma cama donde la había visto ponerle los cuernos a mi padre. Me
desnudé y comencé a acariciar mi polla que se me había puesto muy dura y muy
gorda. Pero necesitaba algo más. En su tocador había una foto suya así que abrí
un cajón y cogí uno de sus sujetadores, de color negro, y comencé a frotármelo
contra mi polla mientras miraba su foto. Mi mente estaba en otro mundo. Me
encontraba tan imbuido en aquellos pensamientos obscenos que no sentí la puerta
de la calle.
Mi corazón pareció pararse cuando la vi en la puerta de la
habitación parada y mirándome sorprendida.
Me quedé paralizado, sin saber que decir. El sujetador de mi
madre tapaba mi polla que se había quedado petrificada.
Cariño, no sabía que…. Dijo ella.
Mamá!! Balbuceé yo.
Tranquilo mi amor, no te preocupes. Mamá está
aquí para ayudarte. Me dijo.
Yo no sabía que hacer. Mi madre se acercó a mí despacio, con
su mirada fija en lo que ocultaba su sujetador. Se quitó el jersey que llevaba y
el sostén que aguataba sus grandes tetas dejándolas al aire. Se arrodilló al
dado de la cama y muy despacio quito la prenda que cubría mi nabo tieso. Lo
cogió con sus manos y comenzó a acariciarlo suavemente.
¡mmm… hijo mío, que hermosura de polla has
echado. No se de quien la habrás heredado, desde luego de tu padre
no ha sido.-
Yo miraba lo que hacía con la boca entre abierta y
con el corazón a cien.
Acercó su boca hasta el glande y lo besó tiernamente, y acto
seguido comenzó a chupármela con tanta maestría que sentí que no podría aguantar
por mucho tiempo sin correrme. Y efectivamente, tras haberme estado chupando los
huevos, volvió metérsela en la boca y entonces no pude contenerme y mi polla
comenzó a soltar chorros de leche que inundaron la boca de mi madre. Ella se lo
tragó todo.
Cuando dejó de chuparla mi polla aún seguía dura. Ella me la
tenía cogida con una de sus manos y seguía estimulándola, y sonriente se acercó
hasta mi cara y comenzó a besarme en la boca. Cerré los ojos cuando sentí su
lengua impregnada de mi semen, húmeda y caliente hurgar por el interior de mi
boca. Aquello aumentó mi excitación. Mi madre me estaba besando como si lo
hiciera con alguno de sus amantes.
Luego se apartó de mí y se quitó las bragas, se alzó la falda
y se puso a horcajadas sobre mi cara. Su coño hermoso se me mostraba jugoso y
humero al alcance de mi boca.
– Cómetelo mi niño, mete tu lengüecita en el chochito de
mamá-
Saqué mi lengua y comencé a lamer la raja de mi madre
sintiéndola suave, y caliente, empapada de su flujo vaginal que me resultó
delicioso. Nunca le había lamido el coño a una mujer, así que la experiencia que
hubiera sido el de mi madre el primero que me comía aumentó mi excitación. La
puta de mi madre se contorneaba sobre mi cara obligándome a meter mi lengua
dentro de su coño, y yo saboreaba sus jugos que me resultaban exquisitos. Sobre
mi nariz podía sentir la dureza de su clítoris excitado y no pude resistir la
tentación de chupárselo. Lo succioné con fuerza, como queriendo sacarle el jugo,
y esto debió de gustarle a la perra de mi madre, porque comenzó a gemir y a
temblar hasta que me di cuenta que se había corrido. Me sentí orgulloso de haber
arrancado en mi madre el primer orgasmo a una mujer. Se apartó despacio, y como
yo tenía toda mi cara impregnada de sus jugos comenzó a lamerme las mejillas, la
nariz, la boca, los ojos, igual que una perra lame a sus cachorros.
Mi polla en ningún momento había dejado de estar tiesa, pero
ahora la tenía bien dura. Cuando la muy puta terminó de lamerme, volvió a
colocarse otra vez a horcajadas sobre mí, pero esta vez se metió mi polla en su
coño.
– Oooh!! Mamá, que gusto. Te estoy follando- Balbuceé.
– Si amorcito, fóllate a tu mamaíta, así, dale gustito a mamá
mi amor- me dijo ella.
Yo creí morirme de placer. Me estaba follando a mi propia
madre, a la puta hembra que me había parido y me sentí orgulloso, feliz. Sin
ningún remordimiento, ni sensación de estar haciendo algo malo. Sino todo lo
contrario, estaba convencido que hacía lo correcto, y por eso bombeaba mi polla
en su coño caliente y ansioso.
Mi madre se movía sobre mí como una bailarina. Meneaba sus
caderas haciendo que sus tetas se bamboleaban delante de mí aumentando mi
excitación. Notaba como mi polla llegaba hasta lo más hondo de su vagina y me
sentía morir de placer. Hasta que no pude más y comencé a soltar otra vez
grandes chorros de leche que inundaron sus entrañas, haciéndola sentir el calor
de mi semen llenando su coño. Mi madre también se corrió como una perra y
gritaba de placer. La muy puta había echado tanto flujo que me tenía empapada
toda la polla.
Cuando ella se recuperó del orgasmo se quitó de encima y se
lanzó como una perra hambrienta sobre mi polla y me la comenzó a lamer y a
chupar limpiando los restos de nuestros fluidos. Yo estaba extasiado y mi polla
comenzaba a perder fuerza. La puta de mi madre había echo que me corriera dos
veces. Se acostó a mi lado y comenzó a acariciarme y a besarme la cara
diciéndome palabras de animo y lo bien que le había hecho.
Me dijo que aquello era nuestro gran secreto y que ahora me
la podría follar siempre que yo quisiera. Mi madre me hacía así el mejor regalo
que me había hecho en su vida.