Capítulo XII
Desperté no sé cuanto tiempo después, cuando me estaban
bajando de un carro, era Rufino quien me llevaba en brazos. A pesar de no ir
amarrada no podía hacer nada, estaba como metida en un estado de profundo sopor,
despierta y con algo de conciencia de lo que me rodeaba, pero sin la posibilidad
de moverme o hablar, en una profunda relajación. Todo a mi alrededor se veía
como irreal y yo me sentía como volando, estaba drogada y, por lo tanto,
indefensa.
¡Ya despertaste Devoradora! – era Rolando, con su aliento
cervecero y su sonrisa hipócrita – Hoy será un día muy especial para ti,
pues te voy a hacer unos retoques, para que estés más rica y que te
convirtás definitivamente en la Devoradora… – no le entendí bien, pero sentí
un miedo terrible a sus palabras y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Buenos días señor Zamora… – escuché detrás de mi, no pude
ver quien saludaba.
Buenos días doc, ¿ya está todo preparado?
Si señor, todo está listo… – no sabía de qué hablaban,
pero lo averiguaría pronto.
Entramos, me asusté al ver que el lugar era una especie de
clínica, todo blanco, con una pequeña sala en la entrada y puertas que cortaban
la vista hacia los otros lugares.
Bueno Debi, verás… me gusta que mis putas estén
"personalizadas"… – ¿qué? – Si, o sea, arregladas a mi modo. Así como un
hombre que compra un carro le hace cambio, a mi me gusta hacerle pequeños
cambios a mis putas. – ¿de qué hablaba este infeliz?, cada vez me asustaba
más – Pocas cosas en realidad… peinados, tintes, maquillaje, inyecciones de
colágeno, tatuajes, body piercings, cirugías menores como lift, liposucción
o implantes de silicón, cosas por el estilo…
Llena de pavor traté de moverme, de reaccionar, de correr,
pero por alguna razón estaba imposibilitada por completo, seguro me tenían
drogada. Mi vida estaba a punto de cambiar de la peor forma, me iban a dejar
hasta sin dignidad y sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo, estaba sumida
en la impotencia más grande.
Me tendieron sobre un sofá, vi como Rolo me acariciaba el
cabello, me dejaron sola por unos momentos, traté de ver a mi alrededor, pero no
había nada relevante, más que la sala de paredes blancas y el amueblado elegante
pero sencillo. De pié junto a la puerta sentía la fría mirada de Rufino clavada
en mi cuerpo desnudo y lleno de semen, vigilándome, imaginándome sometida por su
patrón. Rolo regresó seguido por varias personas, pero solo vi a un hombre mayor
vestido de blanco y a 2 mujeres vestidas como enfermeras, pero con la ropa
demasiado escotada y corta.
Bueno, ya hablé con los doctores así que vamos a comenzar
ya… se la encargo mucho, – le dijo Rolo al supuesto doctor – es una de mis
mejores perras y la quiero en perfecto estado.
No se preocupe señor, todo saldrá según lo planificado.
Me levantaron entre las 2 mujeres y me llevaron dentro de un
pequeño baño en donde me pusieron debajo de la fría regadera, comenzando a lavar
mi cuerpo con jabón y esponja. No pude evitar sentir una enorme excitación
cuando me metieron los dedos entre el sexo para sacarme todo el semen que aun
tenía depositado allí. Por su parte el doctor daba vueltas a mi alrededor,
examinándome cuidadosamente como si fuese una res en venta. Lo vi bien, era un
hombre como de 60 años, de mediana estatura, calvo desde la frente y hasta la
coronilla, tupida barba canosa y bigote. Se veía afable, con una sonrisa que
ocultaba un corazón oscuro y retorcido.
Esta vez Zamora trajo a una muy buena perra, de verdad
muy buena… aparte del tamaño de sus formas se ve que tiene buena salud, está
robusta, con una buena masa muscular… a veces me siento como un artista, al
que, de vez en cuando, le traen buenos bloques de mármol para esculpir… –
imbécil, ese tenía de artista lo que Rolo de decente – qué mal que la traiga
luego de ser violada con tanta brutalidad, me gusta más verlas indemnes.
Bueno, a empezar…
Me sentaron en una silla de barbero y de inmediato apareció
un hombre, con los ojos delineados y el cabello largo pintado de rubio. Puso
manos a la obra y sus manos fueron a dar a mi cabello, el cual modeló con tijera
y navaja. Me lo tiñó de rubio con rayos y mechas plateadas, me lo cortó en
capas, hasta la altura de la nuca y me depiló bien las cejas. Al mismo tiempo
una mujer me hacía manicure, me puso uñas falsas bastante largas pintadas de un
rojo intenso. También me hizo pedicure, dejándome los pies sumamente lindos.
Durante todo el proceso noté 2 cosas: uno, que me estaba
calentando, supuse que la droga que me dieron venía mezclada con algún tipo de
estimulante; dos, que las mujeres que me atendían tenían la mirada perdida y
totalmente vidriosa, supuse que, al igual que yo, también eran esclavas sin
voluntad y estaban bajo el influjo de otro tipo de droga.
Me dejaron muy bella, se esmeraron en su trabajo, me imaginé
que bajo pena de un castigo muy severo. Se retiraron, se acercó entonces una de
las 2 enfermeras del medico y le mostró una bandejita con no sé qué cosas. El
médico las vio con expresión circunspecta y señaló algo. Inmediatamente la mujer
procedió, se puso frente a mi y me apretó los pezones, luego se llevó cada uno a
la boca, lo hizo para ponérmelos duros, pues su trabajo sería de perforarlos.
Sentí dolor cuando el metal atravesaba el primero, luego el
siguiente, siendo atornillado en ambos extremos por un par de bolitas rojas de
algún tipo de cristal. Mientras tanto, la otra enfermera se había puesto a
restregarme la vulva, a meterme los dedos.
Mmmm… veo que ya viene depilada, eso es bueno, nos ahorra
tiempo. – dijo el doctor.
Inclinaron la silla en que estaba y me levantaron las piernas
en alto, yo podía sentir la creciente humedad que aparecía dentro de mi.
Entonces me perforó los labios mayores, aunque me dolió mucho no pude ni gritar,
ni siquiera pegar un lastimero lamento. Creo que me colocó 2 piercings en cada
labio, para finalizar con uno más atravesando mi clítoris. Reconozco que me
dolió mucho, pero la mujer hizo un finísimo trabajo, pues jamás perdí
sensibilidad en ese delicadísimo órgano, todo lo contrario. Finalizaron
poniéndome otro en el ombligo y colocándome venditas autoadheribles sobre cada
perforación que me hicieron. Luego el doctor me inspeccionó con mucha seriedad,
manoseándome y metiéndome los dedos entre mi vagina, manipulando mi clítoris, lo
cual me estremeció.
Excelente Carla, muy bien hecho, un trabajo muy
profesional definitivamente. Pasemos a la otra sala…
Me tomaron en brazos y me llevaron a una habitación contigua
como si fuese un costal lleno de papas, no podía hacer nada. Allí una especie de
camilla y 3 personas de pié, vi a Rufino en otra puerta muy atento a todo lo que
pasaba.
Por favor… el diseño que habíamos discutido…
Si… bueno… pero…
¿Hay algún problema? – preguntó tajante el médico, ante
la duda de unos de los presentes.
Pues… nos preocupa la… mujer… el diseño que quiere que le
hagamos es muy grande y lleva muchos colores. Cuando se hace un tatuaje así
– ¡me iban a tatuar, malditos! – siempre se hace en varias sesiones, para
que la persona no le duela mucho y no sea lastimada…
Se les va a pagar muy bien por su trabajo, si no lo hacen
ustedes lo hará alguien más. – interrumpió tajante e intimidantemente
Rufino, dejándolos callados.
Por favor, por favor, no hace falta discutir… todo está
perfectamente arreglado, ella recibirá todo tipo de atenciones ante
cualquier dificultad, ustedes solo hagan su trabajo lo mejor que puedan y se
les remunerará generosamente como lo habíamos discutido.
Los 3 se vieron las caras y pusieron manos a la obra, las 2
enfermeras me colocaron boca abajo en la camilla. Iniciaron limpiándome la zona
en donde iban a realizarme el tatuaje… me alarmé al ver que me limpiaban casi
toda la espalda, desde las nalgas hasta la nuca. Iniciaron entonces, sentía cada
piquete de las agujas, que zumbaban sin parar como moscas. Aunque eran
cuidadosos me dolía, seguramente era porque los 3 estaban trabajándome casi al
mismo tiempo. Pero ese dolor, lejos de molestarme, me calentaba cada vez más,
hasta que, no sé cuánto tiempo después de haber empezado, mi sexo estaba
chorreando.
Pasado un buen rato anunciaron que habían acabado, casi toda
la espalda me ardía, no sabía qué me habían hecho. El doctor, como la otra vez,
me examinó concienzudamente, evaluando el trabajo hecho, Rolando debía ser un
cliente muy exigente.
Excelente, el diseño es justo como el que habíamos
planeado y es un trabajo impecable…
Ahora solo tiene que permanecer cubierto con una gasa por
unos 2 días, para que la piel sane.
No se preocupen – le respondió al tatuador, quien
aparentemente no era un tipo cruel y despiadado como los demás – ella
recibirá el mejor de los cuidados… ahora Rufino les pagará lo acordado por
sus servicios. – los 3 se retiraron – Muy bien, hemos hecho un muy buen
tiempo, podemos abordar la última etapa con toda confianza… preparen el
quirófano.
"…preparen el quirófano…", palabras que una retumban en mi
mente. Ya solo puedo recordar que me inyectaron nuevamente, nublando casi por
completo mis sentidos. Luego, cuando desperté, estaba acostada y desnuda sobre
una cama, cubierta con una sábana. Estaba aturdida, sedada, sin poder reaccionar
bien aun. Quise sentarme, pero solo conseguí un terrible dolor en los senos.
Cuidado Debi, cuidado, todavía no te tratés de levantar…
¿Qué… qué me hicieron? – pregunté con un hilo de voz.
Bueno, Rolando te embelleció, tal y como te lo dijo… –
entonces recordé todo lo que me había pasado, dándome cuenta que no sabía en
donde estaba.
¿Dónde estoy?
Te traje con ayuda de Rufino…
Y… ¿mis niños?… ¿mi marido?
No te preocupés por ellos Debi, tu solo concentrate en
recuperarte rápido.
¿Dónde están?
A tus hijos los están cuidando otras esclavas que Rolando
tiene… – ¡Dios mío, ¿qué les estarían haciendo a mis hijos? – y en cuanto a
tu marido… bueno, lo verás por vos misma.
Logré voltear a ver, era Mario, sentado en un sillón, vestido
con una camisa polo, un pantalón caqui de gabardina y sandalias de cuero sin
calcetines, muy dominguero. Sentí un odio profundo hacia ese hombre, él había
sido el culpable de que yo cayera tan bajo. Lo maldije con apenas una voz
audible, lo que provocó risas y burlas de su parte.
Debi, Debi, Debi, ahorrate la saliva que no te va a
servir de nada.
Me usaste… maldito…
Si, lo reconozco… pero bueno, "negocios son negocios". –
¿cómo? – Mirá, ahora te puedo decir la verdad, de todas maneras no hay
vuelta atrás. Rolando Zamora es un hombre con gustos muy particulares como
te habrás podido dar cuenta. Y yo trabajo para él, mi puesto no es de
gerente, esas cosas no me interesan, soy un "Reclutador"…
¿Le conseguís mujeres?
No, eso puede hacerlo él… no solo las consigo, las
envicio y las hago adictas al sexo como tu. Aunque reconozco que por nuestro
pasado puede que haya jugado "antideportivamente"… o puede que sea todo lo
contrario. ¿Tú qué opinás Debi?
¡Infeliz!
Bueno, mi trabajo contigo ha terminado, ahora quedás por
completo en manos de Rolando.
¿Qué me va a hacer ahora?
Lo que a él se le de la gana, no hay límites para él ni
para ti Débora… de ahora en adelante olvidate de tu vida y de tu nombre,
Débora ha muerto, tan solo queda la "Devoradora"… – ¡No! – Pero no te
preocupés, soy muy bueno en mi trabajo y seguramente terminarás gozando con
tu nuevo estatus… chaucito… – se dio la vuelta y salió de la habitación,
dejándome sumida en la desesperación y el miedo.
CONTINUARÁ…
Garganta de Cuero
Pueden enviarme sus comentarios y sugerencias a mi dirección
de correo electrónico, que con gusto los leeré y los contestaré, gracias.