La puerta se abrió y la cara
pecosa de inglés típico de Will apareció en el hueco recién abierto. Mateo
levanto la vista y sonrió al verle. Era la primera sonrisa que se le veía en
demasiado tiempo. Casi de inmediato se levantó y se dirigió hacia la puerta para
invitar a nuestro amigo a entrar.
¿Qué tal, Will? ¡Qué sorpresa! Me alegra que hayas
venido…
Hola –Will sonrió tímidamente-. ¿Qué tal estás?
Mateo respondió con un soplido de resignación y una
mirada triste.
Pues aquí estoy, esperando…
¿Qué tal está? –Will me señalo a mí. Ambos se
acercaron a mi cama y me observaron unos segundos-. Me hubiese gustado
venir antes al hospital, pero…
Tranquilo, lo entiendo, no te preocupes. Lo
importante es que hayas venido –Mateo le dio una palmada en el hombro a
Will, y éste respondió con un abrazo que reconforto mucho a Mateo-.
Mateo llevaba días sin prácticamente salir del hospital. Yo
lo sentía ahí, junto a mi, y se me rompía el corazón al verle tan triste, pero
no conseguía despertarme. Los médicos le habían dicho a Mateo que yo podía salir
del coma en cualquier momento, al día siguiente, al año siguiente o puede que
nunca. Pero mis esfuerzos eran vanos.
Mateo también se esforzaba mucho. Me hablaba como si yo
pudiese contestarle, me seguía leyendo el libro de ciencia ficción que yo estaba
leyendo cuando caí en coma y que él tanto detestaba. Y a veces, cuando nadie
miraba, se tumbaba en mi cama para acariciarme el pelo. Y lloraba a mi oído,
pidiéndome que volviese. En esa ocasión las lágrimas también aparecieron en sus
ojos, y Will lo notó.
Vamos a sentarnos –invito Will. Mateo asintió y cada
uno se sentó en uno de los sofás al pié de mi cama-.
¿Te apetece beber algo? –invito mi…novio. Se le hace
tan raro llamarlo así…-.
No, tranquilo, luego puedo que si.
Puede –corrigió, como siempre, Mateo, y ambos rieron
contentos de estar juntos de nuevo. Hubo un pequeño silencio cómplice-.
Se me hace todo muy raro… han cambiado tanto las cosas desde la última
vez que nos vimos…
¡Desde luego! En menos de dos meses, nada está como
cuando me fui.
Tienes suerte de haber tenido unas vacaciones tan
largas. ¡Qué tal en casa de tus padres?
Oh! Nice! Como siempre…Toda las Navidad es siempre lo
mismo
Las navidades
Eso, jeje. Pero creo que es más importante lo que ha
pasado aquí –dijo con un tono serio. Mateo asintió con la cabeza-. ¿Como
fueron vuestras vacaciones antes de…?
Mateo dudo un momento.
Es difícil calificar nuestras vacaciones… han sido
muy… –sonrió -nos ha pasado de todo.
Me reí mucho cuando Guille me dijo que eras tú el del
diario. Habíamos pasado la tarde imaginando quien seria la otra persona.
Y nunca se me había ocurrido que fueses tú, aunque supe que te gustaba.
¿Lo sabias? ¿Tanto se me notaba?
Te ponías muy gracioso cuando estabas celoso de que
Guille me mire.
¿También te habías dado cuenta de que Guille te
miraba…?
No sois muy discretos, la verdad. Pero me alegro de
que estáis juntos… Pese a la situación, claro… -se hizo un silencio
mientras miraban hacia mi cama-. ¿Qué hicisteis después de que yo me
fuera?
Guille me invito a casa de sus padres –suspiro-. Pero
fue un fracaso total.
¿Por?
Mateo tomo aire antes de empezar, pensativo.
Te cuento: Fuimos en autobús y llegamos poco después
de la hora de comer. Ambos estábamos muy contentos de estar juntos. Yo
me sentía como si hubiésemos estado saliendo juntos desde siempre. Casi
ni hablábamos, nos pasamos el viaje abrazados mirando por la ventanilla
y riendo por tonterías. Al llegar Guille dijo que esa noche les diría a
sus padres que yo no iba solo como un amigo, y por lo tanto que él era
bi. A mi me parecía un poco precipitado porque apenas llevábamos un día
juntos. Pero creo que ambos nos sentíamos tan cercanos el uno del otro
que él no quería tener que esconderse para estar conmigo.
Lo entiendo.
Si… así que llegamos a casa de sus padres a media
tarde. Su madre es una mujer muy… sociable. No calla ni debajo del agua,
jeje. La mayoría del tiempo da la sensación de que habla sola, pero fue
muy amable. Nosotros deshicimos la maleta y luego llegaron el padre y la
hermana de Guille. La hermana está para que la encierren. Y el padre… a
mi me cayó muy mal desde el principio.
¡Pues vaya familia!
No, en realidad la madre y Sara, la hermana, son
majas. Pero el padre es un estirado. En un momento me dijo que lo de
estudiar matemáticas en la universidad era no servia para nada y le hizo
la moral a Guille porque no había avisado con suficiente antelación de
que yo iba a ir.
Hombre, no se lo dijisteis con mucho tiempo.
El problema era sobre todo la forma arrogante de
decirlo. De todas formas Guille tampoco lo soporta y siempre están
picándose el uno al otro.
Pues vaya plan…
No, no, al principio no pasó nada malo. Pero en la
cena Guille sacó el tema de ser bi y ahí se acabó todo. Su padre ni se
molesto en contestar. Se quedo callado el resto de la cena. Hasta su
madre se calló. Cuando Sara intento levantarse, harta de tanta tensión,
su padre le gritó y ahí nos quedamos los 5 mirándonos sin decir nada.
¡Qué incomodo!
Y que lo digas. Al cabo de un rato su madre me
pregunto si yo salía con Guille. Y cuando dije que si su padre se
levanto y se fue sin decir nada.
¡Que tensión!
¡Ni siquiera discutieron! Fue horrible. Guille no
pudo más y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Estuvimos hablando
dos horas en un bar, hablando de si tenia que haberlo dicho o no, y de
la reacción de sus padres. Estaba muy nervioso.
Mateo hizo una pausa en su relato, como si se hubiese
olvidado de que estaba hablando.
Luego volvimos a su casa. Dormimos juntos. Se abrazo
a mi y me dijo que se alegraba de que yo estuviera ahí con él.
¿Os acostasteis?
¡Oye! ¡Pervertido! –dijo Mateo riendo-. No, esa
noche, no.
La anterior ¿si? –una sonrisa picara crecía en la
cara de Will-.
La anterior… si –ambos rieron-.
¿Y luego?
Al día siguiente por la mañana no había nadie en casa
salvo nosotros dos. Y a la hora de la comida su padre nos hablo por
primera vez para decirnos que no iba a tolerar que durmiésemos juntos en
su casa. Guille le contesto que eso era absurdo, que era como un
avestruz que esconde la cabeza para no ver la realidad. Su padre casi le
abofetea, pero en lugar de eso volvió a irse sin decir nada, como el día
anterior.
> A las 4 Guille le pidió el coche a su madre, y ésta se
lo dejo. Bajo al sótano –viven en una casa bastante grande- y al volver
traía unas bolsas. Las metió en el coche, le dijo a su madre que volveríamos
tarde esa noche y me dijo que fuese al coche. En todo el viaje no hablamos
de lo ocurrido. Hablábamos de todo y de nada, como siempre, pero sin tratar
el tema de su familia. Tampoco quería decirme adonde íbamos.
> Hacia las 5 ya era de noche. Hacia una noche preciosa y
fría, la luna estaba llena y no había una sola nube. Las carreteras que
cogiamos eran cada vez mas pequeñas, estábamos en plena montaña. Todo estaba
tan desierto que casi daba miedo. Yo bromeaba diciendo que me estaba
llevando a casa de algún asesino descuartizador y él afirmaba que así era.
Sobre las 6 llegamos por fin a una especie de explanada al pie de una
colina. Nos bajamos del coche y nos abrigamos bien. Sacó las bolsas que
había visto antes, y me hizo probarme unas raquetas de nieve. Nunca me había
puesto unas, y nos reímos bastante. Al principio me costaba andar con ellas,
pero me acostumbré rápido.
> El camino era precioso. Era un sendero bastante ancho
que atravesaba un bosque. Todo estaba lleno de nieve, y la luna llena se
reflejaba en la nieve y le daba a todo un aspecto mágico. Aunque no lo
parezca la luna ilumina mucho y con el reflejo en la nieve se veía casi como
de día.
> Al cabo de un rato llegamos a una zona sin árboles. Se
notaba que estábamos muy arriba de las montañas, pero todo era bastante
plano. Era una especie de desierto blanco iluminado por la luna, yo no
dejaba de decirle a Guille lo maravilloso que era aquello. Unos minutos mas
tarde llegamos al borde de un acantilado.
> Me quedé sin habla. Es lo mas bonito que haya visto en
mi vida. Abajo se veía el valle cubierto de nieve e iluminado por la luna, a
los lados teníamos tres picos gigantescos que casi parecía fuesen a
caérsenos encima, y la luna volaba enorme y majestuosa entre las cimas de
las montañas.
- Parece un lugar precioso -interrumpió Will-.
Mateo parecía estar en otro mundo mientras hablaba.
- Lo es –afirmo-.
>Nos sentamos al borde del acantilado para ver el
paisaje.
- Muchas gracias –le dije dándole un beso-. Es lo mas
bonito que he visto en mi vida.
- A mi también me encanta –me dijo Guille-. Una vez vine
con unos amigos y siempre me he quedado con ganas de volver. Me alegro de
que estés aquí.
Nos besamos. Guille me besaba muy lentamente, como si
quisiera que el tiempo pasase a cámara lenta. Era como si hubiésemos estado
juntos desde siempre, aunque yo apenas me había declarado 48 horas antes.
Creo que ha sido uno de los momentos más bonitos de mi vida. A mis oídos
solo llegaban los sonidos de su respiración, calida y entrecortada, nerviosa
y feliz.
Yo acerqué mi mano a su entrepierna sin darme cuenta y
noté que su bulto estaba preparado para la guerra. Aproveché para
acariciarle sobre el pantalón. El parecía ignorar mis movimientos, pero al
cabo de un momento le bajé la cremallera y metí mi mano en su pantalón sin
dejar de besarle.
Si la sacas se me va a congelar –rió-.
Tranquilo, yo me ocupo de que eso no suceda
–repliqué. Nos tumbamos en la nieve casi de forma inconsciente; abrí el
bóxer al máximo y saqué su polla, mojada, que brilló bajo la luz de la
luna.
Era la primera vez que le chupaba a alguien la polla.
Estaba muy muy caliente, palpitante, jugosa. Estaba como salada y a mi me
encantó. Guille la tiene no muy larga pero si muy ancha, así que me costo
acostumbrarme a chupársela. Al principio dio un par de saltitos, debí de
hacerle daño con los dientes; pero enseguida cogimos ritmo y postura. El
emitía una especie de gemido ronco, que se mezclaba con el ruido
entrecortado de la nieve bajo nosotros y de mis chupadas. Al cabo de un rato
me había acostumbrado a su verga en mi boca y pude concentrarme en meterle
las manos bajo la camiseta. Mis manos debían de estar frías, sentí que tenía
escalofríos. Empecé a rozarlo en el costado y el vientre con las yemas de
los dedos, y notaba su piel tensándose bajo mis manos. No pasó mucho tiempo
antes de que Guille se enderezara e intentara alejarme. Se puso tenso y de
su pene empezó a brotar gran cantidad de leche caliente. Intenté tragármelo,
pero no pude con todo. El cayó rendido en la nieve y yo seguí chupando mi
golosina hasta que decidí volver a ponerla en su lugar.
Mateo pareció salir de un trance de repente, y se
sobresaltó.
- ¡Uy! ¡Lo siento! –dijo poniéndose rojo como un tomate-.
No te importa si te cuento esto, ¿verdad?
Si a ti no te importa que yo me empalme, cuéntame lo
que quieres –sonrió Will-.
Quieras.
Estuvieron callados unos segundos. Mateo estaba rojo y
confundido y Will esperaba a que Mateo siguiese hablando.
Me tumbé a su altura –Mateo volvía a sus recuerdos-.
> Sus ojos brillaban, casi como si estuviera borracho. Me
acaricio el pelo y me besó bajo la oreja, como solía hacer. Volví a oír de
cerca su respiración agitada.
- Para ser tu primera mamada ha sido estupenda –me dijo-.
¿Y como sabes tu si es mi primera mamada? –él se me
quedó mirando, divertido-. Vale, lo reconozco, era la primera.
Me beso. Nos sentamos y nos quedamos un rato mirando en
silencio alrededor. Al cabo de un rato interrumpí el silencio.
Creo que no deberíamos quedarnos en casa de tus
padres. Para ellos es muy incomodo… y para nosotros, más. Dales tiempo
para que lo asimilen.
No lo harán. Mi madre me habla como a un desconocido.
Y mi padre ni me habla… No esperaba que se lo tomaran así.
Shhh… calla, no te preocupes. Seguro que acabaran
entendiéndolo. Pero dales tiempo.
Puede que tengas razón –dijo con una sonrisa blanca
en la boca.
Y si nos fuésemos a casa de mis tíos? Creo que ellos
lo entenderían. De hecho, creo que sabían que me gustaban los tíos antes
que yo.
El tomo aire, pensativo.
Ya veremos.
Nos quedamos un rato más sentados, hasta que empezamos a
tener un poco de frío. Entonces volvimos por donde habíamos venido, hasta el
coche. En el coche empezamos a hablar de música y a cantar y se me paso el
tiempo volando. Muy rápido estábamos en la ciudad. No era tan tarde como
pensábamos y pillamos a la familia de Guille comiendo. Su padre casi no nos
dejo ni quitarnos la chaqueta. Nos hablo desde la cocina.
Mañana llega la abuela. No quiero que sepa nada de…
todo esto.
Guille balbuceó algo incomprensible antes de responder.
Estaba de pié con la chaqueta en la mano, sin dar crédito a sus oídos.
¿Quieres esconderme?
No se trata de eso, pero sabes muy bien que ella no
lo entendería.
¿Que no lo entendería? –casi le faltaba el aire-. ¡El
que no lo entiende eres tú!
Mira, Guille, no me toques las narices. No te puedes
presentar aquí con… este chico sin avisar e imponer lo que tu quieras.
Por favor, papá, ambos sabemos que si fuese una chica
no harías tanto ruido.
Su padre suspiro, como buscando paciencia donde no la
había.
Da igual. Con que la abuela y nuestros amigos no
estén al corriente, me conformo.
¡¿Qué te qué?! ¿Pero tú te crees que eso es forma de
hablarle a alguien? –nunca he oído gritar así a Guille. Estaba rojo,
tirando a morado. Daba miedo. Sin dar tiempo a que nadie respondiera, me
tiro del brazo y subimos a su habitación. empezó a guardar las cosas en
su maleta, y me dijo que yo hiciera lo mismo.
¿Crees que podemos ir a casa de tus tíos? –me
pregunto-.
Por supuesto.
Entonces, vamos.
Pero es de noche, ¿Cómo vamos a ir?
Ya se me ocurrirá algo…
Hicimos la maleta en un santiamén y bajamos a la planta
baja.
Nos vamos –anuncio Guille con un tono enfadado muy
autoritario-. Feliz Navidad, Sara –le sonrió un segundo y se giro hacia
la puerta-.
Hijo… -dijo su madre, que se había puesto en pié. El
se dio la vuelta para mirarla-. ¿Dónde vais a ir? Es tarde y… -se quedo
sin habla-.
No voy a quedarme en una casa en la que doy
vergüenza. Decidle a la abuela que me habéis echado por maricon. Seguro
que le gusta más que saber sencillamente que su nieto se ha enamorado.
Buenas noches.
Y salio por la puerta. Conmigo detrás, claro. Le besé en
el cuello nada mas salir: lo que acababa de decir me pareció precioso. Para
mi era como un sueño, nunca había pensado que yo le pudiera gustar a Guille,
y ahora él se enfrentaba a su familia por mí. Pero en ese momento él no
estaba de humor y me apartó con un suave movimiento de su cabeza.
Anduvimos en silencio unos minutos en las calles, hasta
llegar a un bloque de pisos. Llamo al timbre, y al instante respondió una
voz.
- ¿Quién?
- Soy Guille.
- ¡Hombre, cuanto tiempo! Sube…
Pasamos la noche en casa de Ana, una amiga del colegio de
Guille. Nos trató muy bien y al cabo de unos minutos casi hasta se nos había
olvidado lo ocurrido. Nos dio de cenar, nos duchamos y hablamos y reímos con
ella hasta las dos de la mañana. Tenia una especie de habitación que le
servia para estudiar, y en la que había un sofá-cama bastante grande.
Nosotros dormimos ahí.
Hacia un poco de frío, y nos quedamos en calzoncillos
acurrucados el uno contra el otro.
Siento todo esto –me decía Guille-.
No es culpa tuya –me reí mientras le acariciaba la
mano-. Nunca te había visto tan enfadado.
Creo que nunca me habían ofendido tanto –sonrió
tristemente. Nos besamos una vez mas, uno de esos besos largos que a él
le encantaban. Un escalofrío me recorrió. No sé como lo hizo, pero
estaba a una distancia a la que cada uno de los puntos de su cuerpo
rozaban suavemente el mío y me erizaban todos los pelos del cuerpo.
sentía su respiración en mi piel…
>Yo la tenía muy dura y Guille lo notó, por supuesto.
Empezó a masturbarme lentamente por encima del bóxer, y me chupo durante
unos largos minutos los pezones. Me encantaba aquello, y de vez en cuando me
traspasaban como rayos de placer. Bajó hasta mi entrepierna y empezó una de
sus mamadas maravillosas. Me miraba profundamente a los ojos mientras se
recreaba en la punta de mi polla. Solo su mirada hubiese bastado para que yo
tuviese un orgasmo.
Me acariciaba por todas partes, parecía que tuviese
cientos de manos. Yo no aguantaba más. El se metió un dedo en la boca
mirándome con lascivamente con sus ojos negros, y me metió el dedo en el
ano. Apenas lo introdujo unas pocas veces, pero para yo no podía más. Empecé
a correrme mas y mas al tiempo que mi ano se contraía entorno a su dedo. Al
placer de la corrida se sumaba el de la contracción de mi esfínter. Y fue
largísimo, el mejor orgasmo de mi vida. Fue tan increíble que empecé a
gritar. El intentó callarme con una mano, y cuando acabaron mis sacudidas de
placer y ya había acabado mi grito, levanto la cara de mi polla y empezó a
reírse.
Calla, hijo, que vas a despertar a todo el mundo –se
mofó-.
Ha sido increíble. Nunca había disfrutado tanto –casi
no podía hablar, me faltaba el aire-.
Lo sé –sonrió picadamente, satisfecho de si mismo-.
Eres un creído –reí-. Pero ha sido maravilloso.
Muchas gracias.
Ha sido un placer –el estaba tumbado de lado, apoyado
en un codo, como en un cuadro de romanos comiendo uvas, y sonriente. Le
agarré su polla.
Quiero que me la metas.
¡Uy!, ¡cochino! –se hizo el escandalizado-. Pero creo
que será mejor dejarlo para otra ocasión… pareces cansado…
¡Qué morro! El que me has cansado has sido tú… Yo te
quiero ahora… -susurré-.
Tu quieres siempre –imito mi susurro. Nos besamos.
Nos acariciamos. Y entre beso y caricia, nos quedamos dormidos.
>Al día siguiente por la tarde llegamos a casa de mis
tíos. Ese día era Nochebuena, y la casa estaba llena de gente que preparaba
la cena. Aunque quiero mucho a mi familia, creo que es la vez que mas
contento he estado de verlos. Los dos días anteriores habían sido realmente
estresantes, y no me había dado cuenta hasta el momento en el que vi a mi
tía gritándole con su entonación habitual de desesperación a mi tío que
cortase de una vez jamón si "no quería dormir esa noche en el portal
gritando ¡Wilma!".
>Nos instalamos en mi habitación, como nos había dicho mi
tío, y fuimos al salón a ver como iban los preparativos. Mi tío intento
encasquetarme la tarea de cortar el jamón, pero enseguida la voz aguda de mi
tía le mando a cortar jamón y nos hizo ir a Guille y a mi a la cocina.
Estábamos los tres solos en la cocina. Intenté hablar con ella, ya que
apenas nos había dado tiempo a presentar a Guille antes, pero ella no dejaba
de hablar.
Pon el mantel y dobla las servilletas como tú sabes,
que cada vez que lo intenta tu prima parece que las ha doblado un manco
–me ordenó mi tía. Luego se giro hacia Guille- Y tú, unta los canapés.
Esto… tía –intenté decir-
¿Qué pasa ahora? Somos 11, así que arréglatelas como
puedas para poner los platos –le dio un cuchillo a Guille-. ¡A untar,
sea dicho! –El obedeció al instante-.
¡tía!
¡¿Qué?!
Esto… quería decirte que… Guille es mi compañero de
la residencia…
Ya, ya, y ¿qué?
Pues nada, que… -yo me sentía muy incomodo, ni
siquiera estaba seguro de lo que quería decir- Déjalo –me iba a ir, pero
me agarro el brazo-
¿Qué te pasa? –preguntó, paciente-. ¿Qué te preocupa?
No, nada, solo quería decirte que siento no haberte
avisado antes de que venia Guille, pero hubo problemas en su casa…
Ya, ya me comentaste al teléfono. ¿Qué clase de
problemas?
¡Oh! Esto, nada… sus padres no… nos les parecía bien
que yo hubiese ido sin avisar con antelación.
¡Oh! A mi me da igual, si tu quieres invitarle, le
invitas. Cuantos más seamos, mejor. De hecho, me parece maleducado no
aceptar que alguien venga a casa en estas fechas –se dirigió a Guille-.
No te ofendas ¿eh?
No, no, tranquila, estoy de acuerdo –respondió
Guille-.
Es que en su familia no sabían que Guille era… bi.
¡Ah! –mi tía pareció incomoda un segundo, pero
enseguida volvió a la normalidad-. Pues también me parece muy maleducado
echarte porque salís juntos –se hizo un corto silencio. Mis tíos habían
entendido perfectamente la situación, y no parecía importarles. Para mi
fue un alivio. Y para Guille también. Mi tía siguió hablando:-. En
cualquier caso no veo qué te impide poner la mesa.
>Los tres reímos. Yo me fui hacia el salón. Guille estaba
al lado de la puerta, y me miraba, sonriente y cariñoso. Estaba guapísimo, y
me sentí la persona más feliz del mundo: por fin estaba con mi familia y la
persona de la que estaba enamorado estaba conmigo y me quería tanto como yo
a él. Nos besamos, pero mi tía me tiró un trapo entre risas
¡Que pongas la mesa si no quieres dormir esta noche
en el portal gritando "¡Wilma!"!
Los tres nos reímos. Me fui, y les dejé a los dos solos
en la cocina.
- Guille se integró muy rápidamente en mi familia. Esa
misma noche ya hablaba a todo el mundo y todo el mundo le hablaba como si
siempre se hubiesen conocido. Ya sabes que él es así, jeje.
Will afirmó con la cabeza
- Donde va, tiene todo el mundo en la mano –reconoció-.
- Esa semana fue maravillosa. Todos los días íbamos por
la mañana al centro a visitar algo o simplemente a pasear. Por la tarde nos
quedábamos en casa mirando la tele o jugando a las cartas o hablando con mis
tíos y todas las visitas típicas de esa época.
>A veces nos quedábamos dormidos en el sofá haciendo la
siesta, y cuando me despertaba y sentía los contundentes brazos de Guille
entorno a mi espalda me sentía tan feliz como si fuese un sueño. Aunque al
principio me daba miedo el qué dirán, pronto me sentía tan feliz que me daba
lo mismo decirle a todo el mundo que Guille estaba conmigo. El se reía y
decía que no le gustaba que yo presumiese de novio, ¡pero no podía evitarlo!
> Cuando acabaron las vacaciones, volvimos a la
residencia y a la uni. Todo era como siempre, salvo que era él el que me
despertaba dulcemente por la mañana y que por la noche me dormía
observándole respirar.
> Un viernes por la tarde yo estaba en mi habitación
cuando oí que Guille entraba en la suya. A los dos minutos entro sin llamar
en mi habitación, y se dirigió directamente hacia mi minicadena.
- No saludes ¿eh? –le reproché-
> empezó a sonar música. Subió el volumen y se giró hacia
mí. Apartó una silla que estaba en medio y vino hacia mí sin decir nada, con
su habitual mirada mezcla de cariño y de deseo. Sin decir nada, me agarró de
las manos y me hizo pegarme a su cuerpo. Ya sabes que yo soy tan malo para
reconocer la música y para el baile como él es un genio para ambas cosas. En
cualquier caso, empezamos a bailar al son de una música preciosa, de estas
viejas.
Seria de bailes de salón, no "vieja" –rió Will-.
¡Creo que es la primera vez que me corriges!
Ambos rieron.
En cualquier caso él me guiaba en los pasos y en un
momento nos tenias ahí a los dos bailando con esa música preciosa.
> Creo que fue uno de los momentos mas románticos que
pasamos juntos, sin hablar, solo mirándonos fijamente a los ojos, yendo de
un lado a otro de la habitación como si el tiempo no existiese.
- Siempre tan peliculero –dije. Guille sonrió-. Ha sido
un buen día, por lo que veo.
- No, todo lo contrario -nos tumbamos en mi cama,
abrazados, mirando al techo-. Ha sido un día horrible.
- Cualquiera lo diría…
- Mis padres han dejado de mandarme el dinero que me
mandaban hasta ahora –dijo-. Y en la uni han rechazado el proyecto que
propuse para el año que viene…
- ¡Oh!, lo siento… -no sabia que hacer. Me acerqué a él-.
Lo siento.
- No, no lo sientas, no es culpa tuya. Hay días que son
así. Pero me las arreglaré de otra forma, y ya está.
>Nos quedamos callados unos minutos, hasta que propuso
que saliésemos por ahí. Por supuesto, acepté. Cenamos pronto, nos duchamos y
fuimos a los bares del centro, como siempre. Hacía un tiempo horrible, casi
se nos llevaba el viento, pero en los bares se estaba muy bien
> Nos encontramos con los de su equipo de natación y nos
quedamos con ellos el resto de la noche. La noche fue larga y divertida.
Habíamos bebido mucho. En cierto momento, bastante tarde, fui al baño. Al
volver con los demás, me quedé petrificado. Guille estaba muy cerca de
Eduardo, parecía que se hablaban a la oreja. Pero vi que Eduardo besaba en
el cuello a Guille.
> Se me vino el mundo abajo. No entendía lo que pasaba.
No oía la música, ni veía las luces, ni sentía el calor de la gente. Me
faltaba el aire, no podía respirar, no podía hablar, ni moverme. Casi sin
darme cuenta mis pies me arrastraron hacia la puerta. Pasé junto a los
demás, y Guille me vio. Al ver que yo salía del bar, salio detrás de mi.
- ¿Qué haces? –preguntó, todavía sonriente y bastante
bebido-.
Le miré, pero no contesté. Me fui corriendo. El me
siguió. Corrimos por las calles entre la poca que gente que quedaba por las
calles a esas horas, él gritando, yo llorando. Al cabo de unos minutos
llegamos al paseo marítimo. La lluvia caía con más fuerza, y el viento hizo
que estuviese a punto de caerme, así que me alcanzó. Me agarró por el brazo
y dejamos de correr.
- ¿Qué te pasa? –me gritó-.
- ¿Que qué me pasa? Eres un cabrón. Y no me había dado
cuenta…
- ¿De qué? ¿De qué hablas?
- Te he visto, con Eduardo.
- ¿Qué? Eduardo… solo me ha besado un par de veces, no
quería...
- ¿Te parecen pocas? ¡A mi me parecen demasiadas! ¿Por
qué te quiero tanto? ¡¿Por qué?! –no esperaba una respuesta, yo seguía
hablando sin parar, culpándome a mi mismo de haberme pillado demasiado por
nadie-.
- ¡Escúchame! –acabó cortándome-. Entre Eduardo y yo no
ha pasado nada. El ha bebido más de la cuenta, y me ha besado, y yo le he
dicho que no, y él ha insistido, ¡pero no ha pasado nada!
- Pero podría haber pasado si yo no hubiese estado ahí.
- ¡No habría pasado nada! –me agarró los brazos con sus
manos, para mirarme directamente a los ojos-. Yo te quiero a ti, no voy a
irme con cualquiera. ¡Pero tampoco le iba a escupir a la cara! Si alguien
viniese y te besase, le dirías que no, estoy seguro de que no le echarías a
patadas.
- Eso no es lo que yo he visto.
- No sé lo que has visto. Pero es lo que ha pasado.
Se acerco a mí, y dejé que me abrazara. Dudé un rato,
pero acabé rodeándole con mis brazos.
- Qué guapo te pones cuando estás celoso –sonrió-.
Prométeme algo –pedí-.
¿Qué?
Si algún día pasa algo y tienes un desliz, dímelo, no
me mientas, no podría volver a creerte.
Se separó de mí. Me miró con ojos incrédulos.
¿"Si algún día tengo un desliz"? ¿Qué significa eso?
¿Esa es la confianza que tienes en mí?
No, no por supuesto que no, pero… si alguna vez
pasase…
No pasara –se puso muy serio. Dio un paso hacia
atrás-. Y me parece increíble que creas que pueda pasar. -parecía
confundido, como si no supiera donde estaba-. Creo que prefiero que
volvamos a casa cada uno por su lado, necesito pensar.
Guille…
Mañana hablamos… hoy no es un buen día… ¡menuda
mierda de día, ¡ joder!!
> Se giró y se fue andando junto a la barandilla del
paseo, bajo las luces amarillentas de las farolas. Yo me quedé ahí de pié,
sin saber qué hacer. Sin saber si el malo era yo o si lo era él. Si había un
malo en la historia o si solo era una confusión. Si debía seguirle o no.
Antes de poder responder a cualquier pregunta oí el rugido de la ola,
gigante, poderosa y moribunda, sentí el golpe bajo mis pies y el agua
salpicarme abundantemente. Cuando volví a mirar frente a mi, la ola se había
llevado a Guille. Solo quedaba en el suelo la huella mojada del agresor y
una barandilla doblada.
Will no sabia que decir ni como reaccionar. Mateo tenía
la mirada perdida en los recuerdos horribles de aquella terrible noche, del
golpe de mar y de la llegada al hospital unas horas después. Will acabó por
cortar el hielo:
Quizá debería irte a casa –propuso Will-. Aquí en el
hospital solo puedes recordar ese momento…
No, también recuerdo los buenos momentos –afirmó
Mateo, mirándome-. Y prefiero seguir con él.
Pero llevas aquí casi dos semanas, casi sin salir,
casi sin visitas. ¿Qué harás si no se despierta…?
Mateo levantó la vista y miró a Will hasta lo mas
profundo de su ser, e hizo que se sintiese incomodo. No lloraba. No hacia
ningún gesto, era como una estatua de cera. Sus ojos turquesa eran tan
implacables como el mar que me arrastró; tan negros como aquella noche; tan
duros como el recuerdo. De sus labios nació una voz de ultratumba.
Despertará. Estoy seguro de que se despertará.
<<<Gracias por la excelente critica de la segunda parte,
que me ha animado a hacer ésta. Espero que no os decepcione. En cualquier
caso vuestros comentarios de cualquier tipo serán bien recibidos. Si alguien
quiere contactarme puede hacerlo a
mylifeonearth@live.fr (no agrego a nadie
que no conozca, prefiero los mails).
Greetings from Earth