Este relato que les voy a narrar es la mitad real y la otra
mitad ficción.
Soy una persona madura. Me gusta definirme como madura pues
aunque tengo 54 años no me considero una persona mayor o vieja, siempre me he
sentido joven y con ganas de hacer muchas cosas.
Llevo publicados en esta página 16 relatos, algunos con mejor
aceptación que otros, pero la mayoría de ellos han sido extraídos de mis
vivencias de juventud.
Hace cuestión de unos tres meses recibí un e-mail de un
hombre de unos treinta y pocos años que había leído algunos de mis relatos y que
le habían causado tal erección que se vio obligado a masturbarse pensando en mi
experiencia.
Este chico se definía como etéreo vivía con su novia pero
desde tiempo atrás, cada vez que leía un relato sentía la necesidad de
experimentar, quería probar una polla en su boca y sentir ser penetrado.
Nos fuimos intercambiando correos, cada vez más picantes,
incluso le narraba fantasías mías que nunca llegue a experimentar, como si él
fuese uno de los protagonistas, eso me hacia excitar mucho, incluso más de una
vez tuve que ira al servicio para poder masturbarme pensando en mi admirador
anónimo.
En uno de esos e-mail me decidí a enviarle unas fotos mías,
sin descubrir mi rostro pero en una situación muy provocativa. La mayoría eran
con un bóxer blanco bien ajustado y con una erección potente para que la
imaginación corriese y pudiese saber lo que le esperaba debajo.
Me contesto indicando que solo deseaba arrancarme la ropa
para devorar mi polla, quería notar en su boca esa sensación nueva para él,
deseaba penetrar y ser penetrado. Cada vez que leía sus comentarios me excitaba
hasta tal punto que deseaba a lo igual que él tener un encuentro pasional, y
poder descubrir a la vez nuestros cuerpos y darnos placer mutuo.
Poco a poco nos fuimos intercambiando datos, y dio la
casualidad que los dos residíamos muy cerca uno del otro, me arme de valor y le
propuse tener un primer encuentro para así empezar a romper el hielo y ver si
entro los dos había química.
Quedamos un día por la tarde después del trabajo en una
cafetería céntrica, nos dimos nuestras descripciones para no tener ninguna
confusión. Yo le comente que llevaba habitualmente una gorra, y que llevaría una
chaqueta negra, pues el color que normalmente uso.
Llego el día esperado, a mí me gusta la puntualidad y
prefiero esperar a que me esperen.
Me senté y pedí un refresco, pues no soy aficionado a la
bebidas alcohólicas. Fueron pasando los minutos y no entraba nadie de las
características de Juan, (que así me dijo se llamaba) me fui poniendo nervioso,
hasta que veo entrar un chico de su edad, alto, delgado, pelo moreno y ondulado,
ojos claros, labios carnosos, y unos dientes blancos y perfectos.
Mi corazón empezó acelerándose, lo mire y él me miro, me
sonrió y se acero.
Hola, soy Juan, tú eres Antonio, sí hola.
Perdona por el retraso pero en esta zona es muy difícil
aparcar.
No te preocupes.
Quieres tomar algo, y hablamos un poco, si pídeme una
cerveza.
En mi interior pensé. Pues no esta nada mal el chico, si
quisiera no necesitaría una persona madura como yo para que le dé clases de
sexo, este podría acostarse con quien se propusiese.
En un principio nuestra conversación fue más bien simple
hablando de cosas monótonas, trabajo, tiempo, etc.etc.
Pero llego el momento de hablar más íntimamente.
Bueno Juan, tu que quieres hacer.
Mira Antonio, yo hoy no venía preparado para hacer nada,
quería conocerte y dependiendo de nuestro encuentro ya decidiríamos si nos
volvíamos a ver en otra ocasión.
Entonces tu dirás.
De entrada te encuentro una persona correcta, educada, limpia
y atractiva.
Y por tu parte que dices.
La verdad es que a primera vista ya me has gustado, eres un
chico, para mi guapo, elegante, moderno, y nada pretencioso.
Así que tu mismo, si quieres quedamos para otro día y
intentamos hacer lo que tu quieras, o mejor dicho lo que los dos queramos, pues
para mí el sexo es compartir y disfrutar los dos a la vez.
Muy bien pues quedamos para la semana entrante.
Ok.
Pero donde vamos pregunto Juan.
Mira yo no tengo lugar de encuentro pero podríamos ir donde
vive mi madre, que ahora se encuentra pasando unos días en casa de mi hermano.
Te parece bien.
Pues sí.
Entonces el jueves próximo te recojo con mi coche por esta
esquina.
De acuerdo, nos despedimos con un apretón de manos, como dos
conocidos, y nos dirigimos cada uno a nuestros destinos.
Llego el día acordado, y después del trabajo, pase a recoger
a Juan por el lugar indicado.
Esta vez no tuve que esperarlo, se encontraba en la esquina
donde acordamos. Se subió al coche y con un apretón en la pierna me saludo.
Hola Antonio, como estas. Bien un poco nervioso, porque
aunque no sea mi primera vez con un hombre, si te he de confesar que hace más de
10 años que no he tenido relaciones homosexuales.
Juan se sorprendió y con una sonrisa me susurro al oído, así
los dos somos novatos.
Al cabo de un rato llegamos a la casa, nos bajamos del
vehículo y me dirigí abrir la puerta, era un piso pequeño pero acogedor, tenia
dos habitaciones y un salón comedor, son su cuarto de baño y su cocina.
Entramos en la sala de estar, y sin que Juan pudiese abrir la
boca le cogí con las dos manos la cara y me acerque a él para darle un beso.
En un principio fue un beso tímido, pues no sabía como iba a
reaccionar, ya que según me indico en sus e-mails, nunca antes había estado con
hombres.
Como no opuso resistencia, al contrario lo acepto bien, me
dedique a besarlo nuevamente, pero esta vez fue más intenso y nuestras bocas se
abrieron para dar paso a nuestras lenguas y las dos empezaron a jugar
desesperadamente. Mis manos sujetaban su cabeza, perdiéndose mis dedos entre ese
pelo ondulado y sedoso.
Nuestros cuerpos estaban juntos, y tanto yo como él estábamos
con una erección potente, pues notaba su bulto apretando el mío y los dos nos
encontrábamos restregándonos mutuamente el uno contra el otro.
Nos dirigimos a la cama y poco a poco nos fuimos
desvistiendo, todo fue muy lento, pues yo no quería que por ser su primera vez
fuese, pin pan y a la calle.
Los dos terminamos desnudos y el tomo el papel de pasivo, lo
tumbe en la cama, y poco a poco empecé a lamerlo desde el cuello, descendiendo
lentamente y deteniéndome en sus pezones, para recrearme y así estimular esa
parte sensible.
Primero fueron lamidos, intercalándolos con suaves mordiscos,
sin llegar a producirle dolor, después de jugar un rato con sus tetillas, fui
descendiendo hasta encontrarme con su polla que aunque no era grande si estaba
dura y fuerte como un tronco, poco a poco empecé a lamerla como si de un helado
de fresa se tratase, hasta que me la introduje en la boca, teniendo mucho
cuidado de no dañarle con mis dientes, fue entonces cuando le oír un suspiro de
placer. Era la primera vez que un hombre se la chupaba.
A la vez que estaba chapándole la polla, mis manos no dejaban
de tocar sus huevos. Me tuve en la cama junto a él para que me pudiese hacer una
felación, a la vez que yo se la estaba haciendo. Pero yo no le obligue a nada,
quise que fuese él por propia iniciativa que se introdujese mi pene en su boca
para que notase lo que es una mamada . Y así fue como aquel que lo hubiese hecho
toda la vida, me la estaba chupando con tal afición que cada vez me encontraba
más excitado.
Yo mientras me dedique a su culo lubricándole con la saliva
al máximo, e introduciéndole un dedo poco a poco para lubricarlo. Él a su vez no
paraba de mover su cadera al ritmo que yo introducía mi dedo. Poco a poco se iba
dilatando dando paso a un segundo dedo, notaba como su agujerito se iba
humedeciendo.
Entonces decidí incorporarme, el tumbado en la cama mirando
hacia arriba, yo en los pies de la cama, hice que pusiera sus piernas encima de
mis hombros y poco a poco le fui introduciendo, parando cada vez que sentía que
él tenía dolor por la expresión de su cara.
No quise apresurarme quería que lo recordase como el mejor
polvo de su vida.
Cuando note que él estaba relajado y mi pené se encontraba
bien ubicado en su interior empecé el ritmo en un principio lento, y tal como
iba transcurriendo lo iba acelerando, a la vez que con mi mano sostenía su polla
y al ritmo de mis envestidas la iba masturbando, así estuvimos unos minutos
hasta que ni él ni yo pudimos aguantar más, saque mi polla y mi primer chorro
fue a parar a su pecho, seguido de varios más, eso sin dejar de sacudirle hasta
que casi a la vez también empezó a sacar grandes chorros de leche que inundaron
mi mano, y todo su cuerpo.
Los dos resoplábamos de placer, quedando agotados y tumbados
uno encima del otro.
Transcurrieron unos minutos sin que los dos dijéramos nada,
por fin Juan dijo.
Vaya Antonio lo que me he perdido hasta ahora, si lo llego a
saber antes seguro que no llego virgen (con hombres) hasta los 30 años.
Nos fundimos en un beso, y pasamos a la ducha.
Y aquí termino nuestro primer encuentro.