Capitulo 10: Lucha en Tarkan
Al terminar de oír el relato, muchos estaban con los ojos
húmedos. Pero así y todo intrigados, no molestaron a la parejita que como lobos
solitarios se abrazaban ante el calor de un fuego propio. Uno a uno los asesinos
y los viajeros fueron cabeceando hasta caer rendidos por el sueño. El cansancio
del viaje y el furor de la batalla finalmente habían acabado con la resistencia
de todos. Al despertar con los rayos de ese nuevo sol que bañaba con sus rayos
la desolada Tarkan, Abigail se halló con la cabeza de su pupilo sobre el hombro.
Diógenes babeaba, mientras susurraba algo que parecía carecer de sentido.
Al prestarle atención, pudo oír claramente su nombre, el
muchacho decía su nombre. La mano de ella acarició los cabellos negros del
guerrero que al sentir esa calidez comenzó a despertar. Poco a poco fue abriendo
los ojos, hasta hallarse con la mirada celeste de su querida Abigail. Se
sorprendió y avergonzado se incorporó de un salto. El rubor se había apoderado
de su cara, ella comenzó a reír por la conducta de su pupilo.
La risa se acalló por un segundo, la lanza del muchacho
repelió la saeta que se dirigía a su maestra. Giró la cabeza hacia el lugar del
que provino el ataque... Un grupo de unos veinte guerreros portando unas
brillantes y sobrias armaduras del Fenix llameante acompañados por elfos y magos
se presentaban como los autores de las hostilidades. Los asesinos despertaron
empuñando sus armas, estaban acostumbrados a ser atacados cuando dormían.
Las armaduras de los recién llegados refulgían en brillos
iridiscentes, lo mismo que sus armas; todas ellas de un fulgor intenso. Una leve
diferencia de colores en el brillo alertó a la experimentada rubia, que dijo por
lo bajo:
Maldición, tienen armaduras excelentes.
¿A que te refieres?- Preguntó Diógenes.
Fíjate la diferencia de colores muchacho, eso es lo que
diferencia las armaduras excelentes de las comunes. Las armaduras que portan
esos guerreros no solo absorben el ataque, también reflejan el daño, reducen el
daño que recibe su portador. Algunas aumentan incluso la vida del usuario, lo
mismo que las habilidades mágicas, la velocidad de ataque. No son como las
protecciones que portamos, nos hallamos en desventaja esta vez. Dijo uno de los
asesinos que se hallaba junto a ellos.
Puede ser, pero yo no voy a rendirme así como así-
Dijo un criminal empuñando sus Mazos del Rey.
Parece ser, que ahora el ejército imperial solo se
ocupa de perros criminales como nosotros. Debería sentirme honrado- Dijo
la voz del maestro de almas que aparecía frente a los suyos en una nube
de humo azulada.
No podía creerlo cuando me lo dijeron, que tu. El
mago mas avezado en el arte de la infiltración había abandonado la
fuerza para convertirse en un vagabundo asesino. Pero veo que es verdad,
es una pena verte así; Peleo- Dijo un guerrero enfundado en una armadura
del Fénix Oscuro.
Por lo visto, te has vuelto un perro faldero muy útil
para los bastardos del Ejercito Imperial. Se nota que al obtener un poco
de poder se les nubla la mente. De veras lamento esto, amigo Drako- Dijo
el mago mientras empuñaba su báculo Kundum.
Que lastima ver a estos niños enfrentarse contra
nosotros, ¿No, querido Pela?- Dijo Diamante sacando una flecha de su
carcaj.
Parece ser, que no hay vuelta atrás jeje- Dijo el
Guerrero de armadura Oscura.
Bien, creo que será hora de no contenernos mas,
querida- Dijo el mago mientras cubría a todos con escudos de mana.
Las auras verdes y rojas fortalecieron a los guerreros que se
lanzaron al ataque. Sus contrincantes atacaron también, encontrándose en un
choque de cargas muy violento. Los mazos surcaban el espacio entre los cuerpos,
golpeando sin misericordia. Las protecciones se rasgaban y agrietaban, los
combatientes de uno y otro bando mostraban hallarse al nivel de la
confrontación. Pero la fuerza de los Caballeros Oscuros demostraba ser un factor
de peso en la confrontación.
Los vientos que generaban en sus ataques destrozaban las
débiles protecciones de los asesinos que amparados en sus escudos de mana
continuaban el combate. Diógenes junto con Abigail se defendían de los furiosos
ataques de esos sujetos. No muy lejos de ellos, el maestro de almas y la elfo
combatían contra al menos una docena de guerreros. Este se hallaba confiado pero
no fue hasta que ese viento inmisericorde llegó al hombro de su querida Diamante
que dejó salir su poder.
La elfo se tomó el hombro mientras un gesto de dolor invadía
su semblante sereno. Esto impresionó al mago que por fin abrió sus ojos, Un ojo
del color del cielo contrastaba con su ojo izquierdo, de una tonalidad ambarina.
Apretó los dientes mientras el aire se enrarecía a su alrededor, sus alas se
volvieron dobles, pasando a ser cuatro en lugar de dos. El mago saltó y al caer
entre sus enemigos adelantó su brazo armado, las llamas envolvieron a sus
rivales que comenzaron a gritar presas de las flamas. Un rayo de agua bajó a un
mago que acosaba a su amada. Este cayó para no levantarse mas, un viento atacó
por detrás al mago que sin necesidad de verlo se tele transportó. El Caballero
Oscuro grito, pero su voz quedó ahogada en el mismo bloque de hielo que se
convirtió en su tumba.
El guerrero de armadura del Fenix Oscuro se sonrió, no había
duda que ese mago había vuelto a ser aquel que tantas alabanzas recibió. Ahora
si valía la pena luchar contra él, desplegando sus alas de demonio se lanzó como
un rayo contra el maestro de almas. Este apenas pudo evadir el viento del
Caballero que ahora atacaba sin cesar. Drako se sorprendió al ver como este
ocultaba su báculo y generando rayos alrededor de sus manos comenzaba a atacarle
con sus palmas. Los golpes hacían daño, haciendo que su cuerpo se moviera a
contra voluntad.
Drako sufría con los golpes que invadían todo su sistema
nervioso, debilitándolo cada vez más. El mago dio un golpe furtivo sobre el
cuello blindado de su rival que cayó rápidamente al suelo desde la altura. Si
bien el golpe no había roto la armadura si penetró en su sistema muscular,
produciéndole asfixia al Caballero. El impacto de su caída dejó la armadura muy
dañada... no era posible que ese mago pudiera derrotarle. A alguien que había
sobrevivido a tantas batallas y arrostrado dificultades inmensas. Se levantó a
duras penas del suelo, los guerreros seguían absortos en el furor de la batalla.
El mago apareció nuevamente frente a él, esos ojos zarcos lo
miraban compasivamente. La mirada se cerró nuevamente, el maestro de almas
volvió a mostrarse sonriente. Su amada ya no corría peligro, dándole la espalda
Peleo habló:
Por esta vez te dejaré vivir, puedo dejar que me
mates a mi. Pero nunca, jamás en tu vida vuelvas a tocar a la persona
que amo. Porque ese día, desearás que el demonio Kundum te mate mil
veces antes de estar en mis manos.
Maldito mago, ¿porque tienes que tener tanto poder?-
Preguntó el guerrero.
Mis queridos son motivo suficiente para ello. No lo
hago por fama, solo por afecto- Respondió el mago mientras le saludaba y
se iba a ocupar de su amada.