El Invocador
"ten cuidado, tus deseos se
podrían convertir en realidad"
-Adagio popular.
¿Cómo un febril deseo se puede convertir en realidad? Eso me
preguntaba yo, desde mis más extrañas fantasías, ya fuera de niño, queriendo ser
aviador, o ahora, adolescente, o adulto joven, a mis dieciocho, estudiando para
ser lo que yo quisiera ser… o al menos eso creía.
Sí, hormonas despiertas. Eso es lo que a mi edad se vive. No
puedo entender cómo vivieron sus dieciocho años los más grandes pensadores o
escritores o incluso matemáticos, si en estos tiempos se sabe que desde los
catorce ya el cuerpo pide algo más que una satisfacción temporal. En mi paso de
niño a adolescente aprendí que pocas cosas se asemejaban a una frecuente
estimulación, evocando a la niña de turno o a lo que más me gustara… Pero el
cuerpo necesita a esta edad mucho más que eso.
Un buen día, buscando una tarea para alguna de las materias
que estudiaba, en una conocida biblioteca, me topé con algo empolvado. Al
principio no le presté atención. ¿Qué podía darme un libro viejo y sucio? Me
dediqué a mi tarea. Y a partir de la noche de ese día tenía esos mismos sueños:
un círculo de fuego, luces y diablesas de deliciosos labios poseyéndome de todas
las formas posibles.
Súcubos.
Mi mejor amiga, ávida de esos temas y asuntos, me explicó que
se llamaban súcubos y que su único alimento era la energía masculina en forma de
semen. Yo quedé como atolondrado, porque en mi vida jamás había oído de eso.
¿Cómo lo soñaría? Ella no dijo nada. Sólo se limitó a decir que mi subconsciente
me traicionaba. Hoy día comprendí totalmente el significado de esas palabras.
Pero eso no importa.
Cada noche que iba a la biblioteca se repetían esos sueños.
Cada vez más vívidos, cada vez más reales… y yo ya empezaba a pensar en otra
cosa… El libro empolvado, se veía que nadie lo había movido, ya que seguía en la
misma posición, pasara lo que pasara. Y luego, viendo que ya no tenía más
deberes para ese día, decidí prestarlo. La bibliotecaria se quedó mirándome la
cara. Se sorprendió y me dijo que no había problema, que lo devolviera a tiempo.
Yo quedé perplejo (Y la verdad, amigos lectores, ustedes creo que también),
nunca había visto a alguien sorprenderse por un libro viejo.
Súcubos.
Esa palabra me tronaba en la cabeza. El saber que esas
provocativas diablesas se llamaban así, me había cambiado la vida. No bastaría
sino unos años para entender porqué. Y no bastaría sino el abrir ese libro para
entender que lo que hice, fue definitivo. Mi primera impresión fue que ese libro
hablaba de cosas como ofrendas, sangre, vida y muerte. Al principio lo cerré.
Respiré hondo y profundo… y luego seguí leyendo. Ya no me parecía tan fuerte,
así que seguí leyendo.
Mi mejor amiga vio el libro, y lo primero que dijo fue…
Grimorio.
Yo quedé más perplejo todavía. Ella me explicó que un
grimorio era un compendio de recetas para atraer "cierto tipo de criaturas". No
bastaría sino intentar, para comprender las fuerzas que ahora controlo. Ella y
yo fuimos y somos muy amigos porque me considero tolerante de ciertas cosas, y
ella siempre fue loca. Tan loca como una cabra, tan cuerda como se le daba la
gana.
Me comentó que de hecho, ese libro tenía una receta para
invocar súcubos. Precisamente esa receta estaba cubierta de forma muy especial,
con cera de vela. Parecía que era la más vista del libro, pero no. La más vista…
era la de esclavizar a un demonio para que te diera dinero.
Con esos elementos, en su época difíciles de conseguir, y
ahora muy fáciles, yo quise intentar. Mi amiga me dijo que podía ser exitoso,
pero también podía fracasar. Que todo dependia de cómo me iba, y de qué tanto
quería yo eso.
La comprendí. No quería hacerlo, sólo probar. Ella me
advirtió: Sólo probar hará que eso no funcione. Necesitas desearlo con fuerza.
Yo, sinceramente me sentí como en una serie de anime. ¿Desear
algo con fuerza? Un momento, era algo más Disney®. Pero independientemente de
qué ideas o fuerzas fueron, la curiosidad quiso ganar.
Mi amiga me siguió los pasos, para impedir que mi curiosidad
me ganara. Pero un día, ella dejó de seguírmelos. Se fue con sus padres a ver a
su abuela enferma. Los míos viajan mucho, así que no tengo que preocuparme por
ellos. De hecho, ellos ignoran que hice eso. Conseguí los materiales, y yo, por
fin lo podría intentar.
Hice el círculo TAL y como lo explicaban. Un círculo mágico
con tiza. Puse los ingredientes. Al principio con nervios, pero al final con
seguridad, pronuncié las palabras de invocación… Pasaron cinco minutos y no vi
nada. Sinceramente, me había sentido estafado. Y para colmo, se fue la luz.
Luego de un tiempo… todo era gris, luego negro. Y finalmente blanco. No sabía
nada de mí.
En mis sueños, nuevamente, vi a esa diablesa. Cabello negro,
piel roja como la sangre, colmillos y unos ojos café incitantes… Sin olvidar sus
cimbreantes caderas, esas tetas de campeonato y ese culazo que me hacía –y hace
todavía- palpitar el corazón. Tenía un labial negro, el cual se aplicó, y me
dijo, mientras probaba el labial con besos falsos de sus riquísimos labios…
"¿Eres tú quien me trajo?"
Yo intenté musitar palabra, pero no pude. Sólo moví la cabeza
de arriba hacia abajo, ligeramente, y nada más. Ella se acercó a mí, empezó a
tocarse sus pezones… sólo tenía un vestido negro, largo… mágicamente
desapareció. Y yo, estaba a su merced. ¡Sentía una erección increíble! Las venas
de mi verga estaban bullendo, ¡como contra su voluntad! La diablesa sonrió y
dijo lo siguiente…
"Vaya, material interesante, muñequito"
Con un movimiento grácil de su mano izquierda, me hizo que
palpitara más mi verga… para luego tocarme y decirme que hoy no era el momento
para acabar. Su nombre era Sabrina, y nadie la invocaba desde la Edad Media
europea, y que llegó a este plano sólo a hacerme pagar por mi subconsciente. Yo
pedía piedad, pero ella no se condolía… sólo pasaba su lengua azufrada por mi
cuerpo, me decía que no me dolería, que lo disfrutara y que pronto estaría yo
sirviéndole a ella… Con su mano, hacía mil maravillas, y su lengua me
proporcionaba ardientes placeres que me hicieron sentir tan sexual…
"Tus defensas ya no entienden de prejuicios, muñequito, así
que, ya verás lo que realmente quieres."
Ella empezó a masturbarse… De su húmedo coño salía un líquido
azufroso, el cual ella me ordenó probar… Mi boca se acercaba inconscientemente
al líquido, y chupaba como si de pecho se tratara… ella sonreía y me decía
palabras suaves al oído. Yo no podía entender nada. Sólo que su deseo me llenaba
de placer…
"muñequito quiere sentirse muñequita ¿verdad?"
Mi verga estaba que reventaba de placer, pero para ella no
había momento de venirme… Empezó a masturbarse otra vez, y usó su líquido, ya no
en mi boca, sino en mi culo… Y yo, ya veía las cosas de otro modo, estaba
literalmente ebrio del olor a azufre. De repente, ella transformó parte de su
cuerpo en un pene. ¡Sí!, ¡en uno! Y empezó a masturbarlo, así como a su coño…
Era una diablesa muy pervertida… pensé yo. Y ella me dijo:
"Sí, soy una pervertida. ¿Pero sabes? Tu lo eres tanto como
yo."
Y yo miré a sus ojos y dije: "no creo." Y con esa verga que
había creado, me empezó a hacer sexo oral. No quise probar, pero no fue
necesario. Su magia oscura me hizo ceder. Con esa verga dentro de mi boca no
podía decir nada, así que no dije nada, y ella empezó a decirme cosas como que
me quedaba muy bien su verga en mi boca y que deseaba que yo fuera una puta de
su colección… Luego dijo algo…
"Ya sé. Si te tragas el líquido que sale de esta verga podrás
ser mía o mío cuando yo quiera, podrás venir a este plano y gozarme cuanto
desees. Pero si no, serás un triste célibe toda tu miserable vida, humano. Tú
eliges."
Yo no pude hacer nada. Estaba maniatado. De hecho, ese placer
me tenía atado, y mi voluntad ya era nula. Y empezó a venirse, y yo forzado a
tragar, no podía sino esperar que lo peor pasara.
"Necesitas un culito nuevo, putito precioso."
Sentía ese fuego abrir mi ano delicadamente, sin romperlo,
sin dañarlo… era toda una maestra, y luego, de repente, lo que más extraño me
puso.
"Hola, lindo."
Mi amiga, mi amiga de toda la vida, en un traje que le ceñía
el cuerpo, estaba lamiendo a la diablesa, lamía su cuello, lamía sus pechos, su
coño, el tronco de su verga, mi cuello, mi verga… La diablesa le dio a mi amiga
una verga de plástico para que ella me poseyera atrás… y se sintió tan
delicioso, que ya no me pude controlar más.
"Ya eres uno o una de nosotros, lindo."
Así dijo mi amiga, y procedió a darme besos, y mi Diablesa
dijo:
"Y ahora, el momento que yo quise. Tu energía es mía."
Me vine como nunca… regué todo a mi alrededor, y la diablesa
sólo lamía y comía el sobrante, mi amiga sólo lamía y lamía sin saber donde y
qué…
De repente desperté. Y una mujer de rojo me daba la
bienvenida a mi vida.
Lo peor había pasado, y pasé a ser propiedad de mi diablesa
del alma.
Desde entonces, sexo no me faltaría, de hecho, todas las
noches nuestra Diablesa nos ordena a mi y a mi amiga follar y comer de ella, y
mi amiga y yo empezamos a vivir como pareja, una pareja feliz y con un niño o
niña (Todavía está esperando) que seguirá la tradición familiar…