Todavía no se como fui a parar ahí…
Sólo recuerdo que desperté en una habitación oscura. Mi ropa
no estaba, me sentía relajada, como si hubiese dormido muchas horas. No sabia
donde estaba, ni la hora. Toque mi muñeca buscando mi reloj y no lo encontré.
Busqué una ventana para ver si era de día o de noche. No había.
Sentí un fuerte mareo y volví a recostarme, tratando de
entender que había pasado.
Lo más extraño de todo, es que no estaba asustada. Una voz en
mi interior me decía que estaba a salvo. No podía comprenderlo, pero sabía que
estaba bien. Lo sentía.
Por unos momentos pensé que me habían secuestrado, traté de
recordar que había hecho en las últimas horas y no pude. Cuanto más trataba de
recordar, más dolor de cabeza sentía. No tenía fuerzas ni siquiera para hilar un
pensamiento.
Permanecí en la cama, desnuda, mis ojos cerrados, a lo lejos
alcancé a oír un sonido, traté de levantarme y mientras lo hacía, el sonido se
hacía cada vez más fuerte y más claro… eran tambores.
Al escucharlos mi cuerpo comenzó a temblar, pero no de frio,
ni miedo. Comencé a sentir mucho calor, mi respiración se agitaba, mi cuerpo se
movía al ritmo de los tambores.
Yo conocía esos sonidos, ya los había escuchado con
anterioridad, no sabía donde ni cuando. Y lo más extraño era qua había
disfrutado.
Sin querer mis manos fueron recorriendo mi cuerpo, sentía
calor, pero mi cuerpo estaba frio y sin embargo sentía la sangre pesada, los
párpados se cerraban, pero mis manos no podían dejar de moverse. Los movimientos
iban al ritmo del tambor, lento, pausado. Quien tocaba lo hacía con el único fin
de excitarme.
Y yo no podía dejar de moverme, mi cuerpo ya no era mío,
pertenecía a esos sonidos, se movía a su ritmo. SI el tambor dejaba de sonar mis
manos se detenían, si lo hacía lento, así se movían ellas… pero cuando el tambor
comenzó a oírse con frenesí, mis manos no dejaron de moverse, subían y bajaban,
recorrían, mi cara, mis pechos, pellizcaban mis pezones, tocaban mi pubis y
siguieron hasta llegar al clítoris.
Dios!! Que sensación...
No podía respirar, mi cuerpo temblaba, mis gritos eran
amortizados por las paredes y yo seguía cayendo en un abismo, pero ya nada me
importaba. A lo lejos escuche el sonido de la puerta al abrirse, durante unos
instantes sentí miedo… pero después no me importó.
Él se acercó a la cama, lo sentí a mi lado, supe que era
alto, podía sentir su mirada recorriendo mi cuerpo, siguiendo el movimiento de
mis manos. Intenté abrir mis ojos pero no pude. Quise hablar, pero de mi boca
solo salían gemidos.
Sabía que estaba acercándome al final y quería concentrarme y
él quería verme llegar. Se arrodilló junto a la cama y pude sentir su
respiración. Seguía sin verlo-
Su boca estaba cerca de mi oído, sentí su lengua deslizándose
por los pliegues. Y ahí escuché su voz.
Hablaba muy despacio, su voz era ronca… y me susurró: No
luches… No busques… No desesperes… Solo siente.
Fue en ese instante que sentí un fuerte orgasmo, me escuche
gritar y me di cuenta que la habitación olía a sexo.
Cuando todo a cabo, sentí una mano en mi rostro, fue
recorriéndola lentamente con un dedo, cuando llegó a mi boca, cambió su mano por
sus labios y me besó. Fue un beso tierno, de entrega.
Dejó mis labios y lentamente fue recorriendo con su lengua mi
cuello hasta llegar al oído.
Cuando llegó a el, sentí que se le formaba una sonrisa y fue
en ese preciso instante cuando volvió a hablarme y dijo: Bienvenida.