Capítulo XI
Tuve que volver al carro caminando desnuda a través de los
matorrales, los hijos de puta me estaban esperando riendo como idiotas junto al
vehículo, instintivamente traté de cubrirme con las manos, me sentía muy
vulnerable y tenía miedo… aparte, también estaba excitada.
¿Y qué te vas a tapar con las manos Devoradora? ¡Tenés
tanto de todo que no te sirve de nada taparte con las manos, ja, ja, ja, ja!
– rió Rolando y se me acercó, me agarró de los pezones y me jaló de ellos
con fuerza para acercarme a él, yo pegué un grito y le di un manotazo para
que me soltara… gran error – ¡Pero que haces puta! ¡¡¡NO ENTENDÉS QUE SOS DE
MI PROPIEDAD Y QUE TE PUEDO HACER LO QUE SE ME DE LA GANA!!! – me cruzó la
cara de una cachetada y me dio 2 fuertes sopapos en las tetas, me dolieron
mucho.
Me las agarró y las estrujó tan fuerte que parecía que me las
quería arrancar. Luego me agarró del pelo y me empujó con violencia contra el
capó del carro, prácticamente me estrelló contra él. Con la rodilla me separó
las piernas por la fuerza y luego me aplastó contra el metal, caliente de
recibir el sol de las 11 de la mañana, con su poderoso cuerpo. Me dio 2 o 3
nalgadas más y sentí sus dedos colarse por en medio de estas, tocándome el ano y
metiéndomelos entre la vulva, aun mojada y rebosante de semen.
Yo estaba muerta del miedo, sabía que ese hombre no estaba
bien y que era muy inestable, no le debí dar el manotazo. Entonces escuché como
se bajaba la cremallera de su pantalón, supuse inmediatamente lo que se dejaría
venir.
¿Me va coger? – pregunté, una interrogante muy estúpida,
la verdad.
Si… pero no como te imaginás… te voy a abrir el culo para
siempre…
Comprendí y ya no me moví ni volví a hablar. Me pegó 2 o 3
veces más y colocó su verga en posición. Con una mano me sujetó con fuerza de
las caderas, casi clavándome los dedos, con la otra me agarró del pelo a modo de
riendas, y me penetró. Yo pegué un alarido que se tuvo que oír a kilómetros de
distancia.
¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYGGGGGGGGGHHHHHHHHH!!!!
El hijo de puta ni siquiera me dilató el esfínter, se dejó ir
con todo, casi me desgarra. Me ayudó el hecho que mis 2 agujeros estaban tan
usados que ya casi los cargaba abiertos todo el tiempo. Aun así el dolor fue
atroz… y el morbo enorme. Me sodomizó por un buen rato, me penetraba con tanta
fuerza que hasta me levantaba, y tan profundo que sentía que me la iba a sacar
por la boca. El carro se sacudía impetuosamente, los otros 2 veían extasiados
como me tomaba. Y a mi, la verdad, y a esas alturas, me daba igual qué me
hiciera y cómo, le pertenecía, me sentía su hembra y podía hacerme lo que se le
diera la gana.
Acabó al cabo de un buen rato, llenándome el culo con una
cantidad impresionante de semen. Luego se separó y se guardó la verga, dejándome
apoyada en el carro, agotada, cubierta de sudor y con el culo reventado. Él solo
se reía…
¿Te arde el agujero Devoradora? – dije si con la cabeza,
sin valor para levantarla ni verlo.
Juanjo se reía como un idiota, a carcajadas y haciendo
payasadas, pero fue parado en seco por una fría y áspera mirada del Sabueso, la
fiesta había acabado y era hora de irse, así que los 2 guardaespaldas recobraron
su actitud impasible y subieron al carro, me abrieron la puerta y entré,
emprendimos la marcha. Yo aun no lograba creer lo que me habían hecho, mucho
menos haberlo gozado tanto. Me sentía la cosa más sucia del mundo y las más
desvalida, pues si algo tenía seguro, es que eso apenas estaba comenzando… con
Rolando no conocería de límites.
Pero no pude hacer nada ni pensar nada más, pues apenas
intenté levantarme recibí un fortísimo golpe en la nuca que me tiró al suelo.
Aun traté de incorporarme, pero no supe más de mi. Desperté mareada, confundida,
con un fuerte dolor de nuca, sobre un cama y totalmente desnuda. No sabía en
dónde estaba, pero tras recobrarme un poco más inmediatamente me di cuenta de
donde, era la mansión de Rolando. ¿Qué hacía allí, cómo había llegado?
Recordé entonces que fui atacada por detrás y que perdí el
conocimiento. Sentí miedo, un miedo enorme, esta vez Rolo había llegado
demasiado lejos y temía mucho lo que quisiera hacerme, algo me decía que iba a
ser muy malo. Justo en ese momento entró él.
Devoradora, buenos días perra…
¡¿Qué pasó, por qué me golpearon de esa forma?! ¡No era
necesario!
No, pero yo lo quise así perra… quiero que este día
entendás ya definitivamente cual es tu verdadera posición en la vida.
¿Qué? – no entendí, pero sentí mucho miedo.
No me dijo nada más, me tomó de la cintura con firmeza y me
levantó, jalándome hacia él, me estampó un beso profundo y mojado y luego me
empujó hacia una pared y me tiró con brusquedad sobre la cama. Fue brusco, muy
brusco, pero junto al miedo sentí un morbo grandísimo que hizo que no me
importara mucho, al contrario, hizo nacer en mi una fuerte gana de ser
maltratada.
¿Te gusta perra, te gusta? – me preguntó, abofeteándome
otras 2 veces con fuerza, haciendo que me ardiera la cara… pero terminando
de hacerme perder el control.
¡Maldito hijo de puta!
¿Si? ¿Y qué vas a hacer al respecto, perra de mierda? –
en realidad no sabía qué hacer, pero actué por instinto, lanzándome sola al
suelo y, casi con desesperación, sacándole la paloma del pantalón para
comenzar a chupársela.
¡Ja, ja, ja, ja, sos una perra!
¡Estoy ardiendo Rolo, hijo de puta!
¿Y qué vas a hacer? ¿Qué vas a ser hoy?
¡¡Lo que vos querrás maldito!!… ¡¡¡HOY QUIERO SER TU
MARRANA!!! ¡¡¡VOY A SER TU PUTA, TU PERRA ASQUEROSA!!! – le dije, dándole la
primer lamida a su enhiesto pene.
Jamás me había sentido así, tan sometida a alguien, tan
caliente, jamás me había reducido tanto yo misma. Esta autorreducción a un
objeto hizo que la lujuria se me subiera a la cabeza y se apoderara de mis
pensamientos, perdiendo el poco control que me quedaba. Y Rolando lo sabía,
sabia que esa mañana me podría hacer lo que a él se le diera la gana. Por ello,
sin la menor piedad, me tomó con fuerza de la nuca y enterró su enorme pene
cuanto pudo entre mi garganta. Abrí los ojos platos y se me crisparon ante la
presencia de tan grande invasor cortándome la respiración. Sentí arcadas y mis
ojos se llenaron de lágrimas, me tuvo así casi por un minuto entero hasta que me
soltó. Se alejó un poquito mirándome atentamente, yo aun estaba arrodillada en
el suelo tosiendo fuerte, desnuda y la mirada perdida.
¡¡¡COGEME ROLO!!! – le dije con cara viciosa,
completamente enloquecida y poniéndome de pié – ¡¡¡VIOLAME COMO LA MARRANA
QUE SOY!!! ¡¡¡GRITÁMELO, ESCUPÍMELO EN LA CARA!!! ¡¡¡¡MARRANA, PERRA,
PUTA!!!!… ¡¡¡¡NO SOY MÁS QUE UNA PUTAAAAAA!!!! – mi libido estaba elevado
hasta donde nunca había llegado antes.
Rolo se me acercó y me agarró del pelo, me propinó otra
fuerte bofetada y me tiró al suelo, en donde me comenzó a dar de azotes en las
nalgas. "¡ZAP, ZAP!", sonaban como aplausos, a cada golpe todo mi cuerpo
temblaba, me los estaba dando muy duro, con salvajismo y violencia. Y mientras
tanto, divisé una cámara, estaba colocada a un costado de la habitación… ¡el
hijo de puta estaba filmando la manera en que me violaba!
¡¡¡SIIIIIIIIIHHHHHHHH, ASÍIIIIIIIIIIHHHHHHHHH!!! –
gritaba yo fuera de mi.
¡¿QUÉ SOS PERRA, DECIME QUÉ SOS?!
¡¡¡UNA PERRA, UNA PERRA PARA QUE MI MACHO PUEDA
USAAAARRRRRGGGHHHH!!!
¡¡¡UNA PERRA, ESO SOS, UNA PERRA SUCIA Y PERDIDA!!!
¡¡¡SSSSSIIIIIIIGGGGHHHHHH!!! – y los azotes continuaban,
esta vez acompañados de fuertes jalones de pelo con los que me zarandeaba.
¡¿Y LA MUJER DECENTE QUE DECÍAS QUE ERAS QUÉ, PERRA?!
¡¡¡YA NO ESTAAAAAAGGGHHHHHH, YA NO SOY ESAAAAAAGGGHHHH!!!
¡¡¡AHORA SOY UNA PERRAAAAAAAUUUUUGGGHHHHH!!!
A cada nuevo golpe respondía con una alarido de dolor y
placer, un grito que buscaba desahogar toda la inconmensurable excitación que
ese maltrato me daba. Sentía mis pezones al rojo vivo, que mi clítoris y mis
labios mayores palpitaban cada uno por separado, que mi vagina y ano se
dilataban, suplicando alojar el miembro viril de ese regio macho, estaba
totalmente fuera de control.
En un arranque de placer y lujuria me puse de pié y me colgué
de su cuello, tratando de abrazarlo con mis piernas, restregando mi sexo contra
el suyo aun cubierto por su pantalón, rozando mis enormes tetas contra su
camiseta. Él me seguía jaloneándome con fuerza del pelo y fustigándome donde
pudiera, ya fuera culo o espalda, lo que me hacía contraer mi cuerpo, gritando
con una mueca entre sonrisa de placer y de dolor, disfrutando de ese trato duro
y grosero.
De un fuerte y violento empujón me tiró sobre la cama al
mismo tiempo que le suplicaba que me cogiera, que me reventara, que me hiciera
lo que quisiera, que era totalmente suya, su puta sumisa. Me separó con
brusquedad mis largas y torneadas piernas, descubriendo mi hermoso sexo carnoso
y oloroso a hembra caliente, depilado y brillando de la excitación. Comenzó a
meterme los dedos, con fuerza y hasta el fondo, mientras yo cerraba los ojos y
se me aceleraba la respiración, presa de placer tan humillante como
indescriptible.
Creo pertinente describirme en este punto, quizá no recuerden
como soy. Tenía 28 años en esos días, medía 1.70, era de complexión atlética a
pesar de mis 3 partos, con unas cuantas libritas de más, pero no gorda, con todo
firme y en su lugar. Mi piel blanca, heredada de mi madre, una nariz un tanto
pronunciada, pero delgada y fina. De mi madre también saqué un par de senos muy
grandes coronados por 2 aureolas amplias con un pezón puntiagudo en medio cada
una, y una cintura estrecha y con unas caderas anchas de hembra paridora, con
nalgas redondas, duras y muy grandes. Mis labios eran finos y mi boca pequeña,
mis ojos cafés.
Rolo continuó manoseando mi sexo, metiéndome hasta 3 dedos
dentro del enrojecido sexo de esta su puta, que se abría para su disfrute debajo
de mis enormes nalgas enrojecidas y maltratadas. Poseía una vagina perfecta,
bien cerradita por medio de 2 labios cuyos delicados pliegues daban paso a un
túnel rojo engalanado con un clítoris mediano y muy sensible.
Me levantó de improviso, agarrándome de un brazo como si
fuera un monigote, me dio vuelta y me colocó en 4, mi sexo se contrajo
automáticamente, a sabiendas de lo que le esperaba, por lo que yo misma le
paraba el culo. Me agarró de las muñecas y me las puso en la espalda por la
fuerza, con la otra mano me sujetaba del pelo, dejándome con la cara y pecho
apoyados en el colchón. Sentí como su ariete se colocaba en posición y me
penetraba con potencia hasta el fondo y de un solo envión, arrancándome un
fuerte grito de dolor y placer. Comenzó a penetrarme furiosamente, sentía las
paredes de mi sexo extenderse por la fuerza de las embestidas de ese enorme mazo
que se deslizaba a través de mi encharcada intimidad. Yo apenas si podía hacer
algo más que gemir, gritar y pujar, derramando gruesas lágrimas, con mi carita
de muñeca enrojecida, pero sin poderme quitar esa extraña sonrisa de mi faz.
¡¡¡¡AAAAGGHHHH!!!! ¡¡¡¡AAAAGGHHHH!!!! ¡¡¡¡AAAAGGHHHH!!!!
¡¡PERRA SUCIA!!! ¡¡¡PERRA DE MIERDA!!! – me insultaba, lo
que me calentaba todavía más.
¡¡¡¡SIIIIIIIIIIIIIGGGGGHHHH!!!!… ¡¡¡¡SOY TU
PEEEEERRRRRRAAAAGGHHHH!!!! ¡¡¡¡TU PPEEEERRRRAAAAAAGGHHHH!!!! – grité, justo
cuando poderosos espasmos se apoderaban de mi sexo elevándome a un plano de
placer más allá de todo lo que conocía. – ¡¡¡¡ROLOOOOOOGGGGGHHHH!!!!… ¡¡¡¡AAGGHH!!!!
¡¡¡¡AAGGHH!!!!… ¡¡¡¡DIOS MIIIOOOOOOGGGGGHHHH!!!!… ¡¡¡¡¡¡AAAAUUUUUUUUGGGGGGGGGHHHH!!!!!!
¡¡¡LO ESTÁS DISFRUTANDO PUERCA ASQUEROSA!!! ¡¡¡¡SSSSIIIIII,
ORGASMEATE COMO LA PUTA SUCIA QUE SOOOOOSSSSS!!!!
¡¡¡¡SIIIIIIIIIIIII!!!! ¡¡¡¡AAAAGGHHHH!!!!… ¡¡¡¡MAS,
DAMEEEEEEEMAAAASSSSSS!!!!
Me revolvía como un gusano debajo de su cuerpo, que me
aplastaba pues estaba echado hacia adelante, sobre mi. Me subía mucho los
brazos, lo que me causaba gran dolor, el cual, sorprendentemente, solo aumentaba
la fuerza de los estertores de mi éxtasis pese a las enormes lágrimas que salían
de mis ojos.
Me cogió así por unos 45 minutos, me cambió varias veces de
pose y en varias ocasiones me exhibió como un objeto para la cámara, mostrándole
como tenía de abierto e irritado mi agujero. Pero ni el mismo Rolando iba a
poder aguantar tanto tiempo, ya no se pudo contener y, cuando me tomaba boca
arriba, con las piernas abiertas y las rodillas en mis oídos, acabó en medio de
un potente rugido y eyaculó con furia dentro de mi ser, llenándome de su espesa
leche que rebalsó la capacidad de mi sexo. Quedó tirado encima de mi, cubiertos
de sudor, agotados, felices y satisfechos de tanto gozo.
Empecé a pensar en lo que había pasado, me había maltratado y
humillado de la peor manera posible, como nunca lo había hecho antes,
prácticamente me violó, usándome como la más vil y sucia de las cosas. Y lo peor
es que aun quería más, lo disfruté como una perdida. Yo jamás pensé llegar a
eso, no era posible, pero pasó, lo que me hizo estar aun más segura que había
algo detrás de todo esto, que no era yo.
Rolo se me quedó viendo, tirada en la cama, agitada, cubierta
de sudor y con la vagina chorreando semen. Lo sentí levantarse de mi lado e ir a
una pequeña cómoda de donde sacó una cuchara, que en menos de un segundo estaba
introduciéndome dentro de la vagina. Sobresaltada traté de levantarme, pero me
devolvió a mi posición de una fuerte manada en la mejilla.
Esperate perra que yo te digo cuándo se hace las cosas
aquí… – me espetó.
Tomándome del pelo como un animal me levantó y me sentó,
obligándome a sostenerme por atrás con los brazos y a dejar las piernas abiertas
y separadas. Comprendí lo que ese degenerado pretendía, pues en esa posición
volvió a meterme la cuchara dentro de mi sexo y la sacó repleta de esperma, la
cual llevó directamente a mis labios como si fuese una cucharada de jalea. Y yo,
como la puta degenerada en que ya me había convertido, saboreaba esa bizarra
mezcla de leche de macho y fluidos de hembra como si fuera el manjar más
delicioso de este mundo.
Luego continuó violándome el resto de la mañana y parte de la
tarde, siendo innumerables las veces que alcancé el clímax, en medio de insultos
y golpes, humillaciones y maltratos físicos y sexuales. Ese día me dejó hecha un
asco y una lástima, llena de moretones y cardenales, raspones y partes
enrojecidas de mi piel. Temía por mi esposo, no sabía qué le iba a decirle ¿cómo
iba a justificarle a Leonardo estas marcas?
Cuando todo acabó me puse de pié, las piernas me flaqueaban,
estaba agotada y muy adolorida, deshecha y en un mar de llanto. Tenía todo el
maquillaje corrido, el ano y la vagina me ardían terriblemente y gruesas líneas
de semen resbalaban por mis muslos. Y por si esa sesión salvaje no hubiese sido
suficiente humillación, Rolando se orinó sobre mi y luego me metió la tanga
entre la boca, cerrándomela con tape.
Solo podía pensar en regresar a mi casa, pero mi vida era ya
como una maldición que no iba a terminar así por así, apareció el Sabueso
nuevamente y me puso un pañuelo en la nariz, me imagino que era algún tipo de
anestésico, pues en cuestión de segundos perdí el conocimiento, en medio de
pataletas e intentos inútiles de defenderme.
CONTINUARÁ…
Garganta de Cuero
Pueden enviarme sus comentarios y sugerencias a mi dirección
de correo electrónico, que con gusto los leeré y los contestaré, gracias.