Hola amigos.
De nuevo con vosotros para seguir contándoos las historias
magoyas.
Después de leer el email de Miguel, el nuevo magoya, y
bastante excitado por su relato, tenía que ir a buscar a Sarah y Sofía a la
tienda, así que decidí darme una duchita fresca para rebajar la tensión
acumulada en mi polla y vestirme para la ocasión.
Como siempre que no iba a trabajar, me puse unos vaqueros y
una camiseta, pero como la tarde estaba algo nublada en lugar de la cazadora de
cuero del día anterior me puse una cazadora impermeable.
Cogí el metro para acercarme a la tienda y estaba hasta los
topes de chicos y chicas jóvenes que venían de los barrios periféricos hacia el
centro de Madrid para la marcha del sábado noche.
No me costó mucho acercarme a una niña de unos dieseis añitos
con un buen culo con el que restregarme entre los apretones de la gente. La
chica notó mi polla en su culo y se giró un poco a mirarme, debió de pensar que
se trataba de un viejo verde, pero al verme a mí, me sonrió y disimulando un
poco con sus amigas se giró hasta que puso su mano sobre mi paquete apretándolo
suavemente. Aún se atrevió a más y, como los aprietos en el metro eran grandes
me desabrochó los botones del vaquero sufientes para meter su mano dentro y
llegar sin tela de por medio a su objetivo. Mi polla reaccionó positivamente y
con alegría al estímulo mientras mi mano le correspondía debajo de su minifalda
llegando hasta su culo, donde apartando la cinta de su tanga estuve intentando
entrar un dedo en su agujerito, ella lo facilitó abriendo sus piernas un poco.
Así llegué a mi parada y sentí tener que abandonar el metro, salí abrochándome
la bragueta de forma lo más disimulada posible y ella se despidió de mí con un
guiño y una sonrisa.
Bien empezaba la tarde.
Llegué a la tienda y ya estaban esperándome en la puerta. Me
había retrasado apenas tres minutos.
Dónde te habías metido? – me preguntó Sarah – Ya
creíamos que no venías.
La verdad es que me he entretenido un rato leyendo el
correo, que ya lo veréis luego, y el metro ha tardado un montón, además
venía hasta los topes.
Seguro que habrás aprovechado para darte un refrotón.
– me inculpó Sarah, que ya conocía mis gustos sobre el transporte
público.
Pues sí, una chiquilla me la ha estado sobando y
vengo medio empalmado – les dije mientras les mostraba el paquete con mi
polla medio morcillona.
Qué pasa, que no confías en nosotras para darte lo
que esperas? – me preguntó desconfiada Sofía.
En absoluto. Sólo eran ejercicios de
precalentamiento, para que no me dé un tirón con los esfuerzos de esta
noche – repuse sonriendo maliciosamente.
Vaya fresco – me contestó – Bueno, dónde nos invitas
a cenar, que hoy hemos trabajado mucho y tenemos un hambre voraz.
Sí - dijo Sarah – Hemos "trabajado" mucho. Ja, ja,
ja. Nosotras también nos hemos precalentado. Pero ya te lo contaremos
cenando.
Nos dirigimos dando un paseo para no llegar muy pronto, a un
restaurante famoso y de famoseo próximo a la tienda y muy céntrico. Me iba a
salir cara la cena, pero la ocasión lo requería.
La cena fue exquisita y regada por un buen vino. Pudimos ver
a varios actores de fama y algún que otro político. En la mesa de al lado de la
nuestra estaba un famoso periodista radiofónico y su mujer, también periodista.
Las chicas disfrutaron del cotilleo y yo del vino y de las vistas de alguna
pseudofamosa de esas de los programas de corazón que van enseñando las tetas sin
recato.
Después de la cena nos fuimos a mi casa en un taxi. El
taxista se puso morado, pues me dejaron en medio de las dos y ambas empezaron a
darme besos y a toquetearme por todo el cuerpo y yo las correspondí metiéndoles
las manos por debajo de sus faldas hasta llegar a enseñarle al taxista los
tangas (Sofía había cambiado sus bragas con florecitas por un tanga negro de
encaje impresionante). El taxista y yo llegamos a mi casa los dos empalmados,
por suerte él era un profesional y a pesar del espectáculo, del que no se perdía
ni un detalle por el retrovisor, llegamos a casa sin sufrir un accidente. La
verdad es que era temprano y todavía no había mucho tráfico en Madrid.
Llegamos a casa y nos fuimos al salón donde serví las bebidas
y nos tumbamos en los sofás.
Contadme lo del trabajo de hoy. – les pedí.
Mi jefe ha logrado lo que quería, por fin – dijo
Sarah.
Y qué ha logrado?
Follarme.
Contadme.
Pues hoy al mediodía me ha devuelto la visita la chica de la
zapatería. Sí aquella a la que fui a provocar hace unas semanas. Quería
comprarse algo de ropa. El jefe al verla entrar se ha puesto nervioso. La verdad
es que iba de miedo. Llevaba una minifalda de cuero negro que parecía una
segunda piel y una blusa negra de seda sin sujetador debajo que le marcaba los
pezones como si fueran los pitones de un toro bravo. La ha atendido él en
persona y yo le ayudaba, pues no atinaba el pobre. Le he enseñado varias faldas
y blusas y ha elegido dos o tres de cada para probarse. Yo he entrado con ella
en la sala famosa y no he cerrado del todo la puerta para que el jefe pudiera
echar un vistazo desde fuera. Era la hora de comer y no había nadie más en la
tienda. La calentorra se ha quedado en tanga y se ha puesto una de las blusas y
una minifalda que no le tapaba nada y ha empezado a contonearse para que le
diera mi opinión al respecto. Yo he hecho como hice contigo, me he acercado a
ella y he empezado a sobar sus pechos diciéndole que no le hacía justicia, que
esos pechos tan bonitos debía de lucirlos más y le he desabrochado dos botones,
luego he bajado las manos a su culo y sus caderas y le he dicho que la falda sí
la favorecía, que le resaltaba lo mejor de su cuerpo. Así que le he desabrochado
del todo la blusa, se la he quitado y he cogido otra de las que había elegido,
con mayor escote para probársela. El jefe no se perdía detalle de lo que ocurría
dentro del probador. Le he puesto la blusa y esta le marcaba todavía más si cabe
los pechos, así que se los he acariciado por encima de la blusa diciéndole lo
bien que le quedaba. Me ha devuelto la moneda. Se ha desnudado, se ha puesto su
ropa y se ha ido diciendo que no estaba muy convencida y que ya volvería otro
rato. Yo estaba bastante caliente y mi jefe estaba que se salía. Cuando se ha
ido cerrando la puerta yo me he dirigido a la sala para recoger la ropa que
había quedado allí. Mi jefe me ha seguido y ha cerrado la puerta tras de sí,
esta vez sí ha echado el cerrojo y se ha abalanzado sobre mí. Me ha abrazado
desde detrás clavándome su verga entre las nalgas mientras me acariciaba las
tetas, desabrochándome la blusa y pellizcándome los pezones. Me ha llevado al
sofá y me ha hecho apoyarme en el respaldo mientras con manos temblorosas se
sacaba el miembro y me bajaba el tanga. Sin más preámbulos me la ha clavado en
la vagina y ha empezado a meterla y sacarla con un impulso irrefrenable mientras
seguía sobándome las tetas. En seis o siete embestidas ha empezado a correrse
dentro de mí.
Me la ha sacado, se ha limpiado con un pañuelo, se ha
recompuesto la ropa y ha salido sin decir ni una palabra. Yo he recogido mi
tanga, me he ido al vestuario a limpiarme y he vuelto a la tienda. Mi jefe
estaba atendiendo a otra clienta. He recogido la ropa que estaba todavía en la
sala y que los impulsos de mi jefe no me habían permitido recoger todavía y así
se ha acabado la historia. Al poco rato ha venido Sofía de comer y hemos estado
toda la tarde con mucho jaleo de clientes, lo que no me ha impedido que se lo
contara entre uno y otro. Mi jefe no me ha dado la cara en toda la tarde ni ha
hecho ningún comentario al respecto. A la hora de cerrar se ha quedado dentro
cerrando caja y nosotras nos hemos ido sin decirle casi ni adiós.
Impresionante, en dos palabras – dije- Ahora leed
este email que me ha llegado. – y les largué la historia de Miguel y su
hermano.
La estuvieron leyendo y se notaba el efecto que les iba
causando cuando empezaron a acariciarse conforme la historia avanzaba. Se
estaban calentando de lo lindo. Cuando acabaron de leer la historia Sarah estaba
con una mano sosteniendo los folios y con la otra acariciaba los pechos desnudos
de Sofía y ésta le acariciaba el coño por dentro del tanga. Yo las miraba con la
mano dentro del pantalón mientras me acariciaba la polla morcillona.
Vaya con el chiquillo. – dijo Sofía cuando acabó la
lectura.
Estamos creando una amplia cofradía de magoyas. –
repuse.
Sí nuestra filosofía de vida se va extendiendo cada
vez más.- apostilló Sarah, mientras se levantaba y se acercaba a besarme
en los labios.
Sofía que no quería perder tajada, se levantó a su vez y se
arrodilló a mis pies para sacarme la polla de su escondite y empezar a
chupármela. Yo desabroché la blusa de sarah y empecé a comerme sus pezones, a
chuparlos y succionarlos, mientras amasaba sus tetas con delectación. Luego ella
se quitó la ropa que le quedaba y me ofreció su culo para que le diera un
repaso. Sofía me había quitado los pantalones y boxers que llevaba y seguía con
su chupada que acompañaba con la excitación anal, metiéndome un dedito por el
culo. Con mi polla a punto de reventar y con el culo de Sarah bien preparado, la
hice sentar sobre mi polla y Sofía, que seguía arrodillada empezó a meterle los
dedos por la vagina y a chuparle el clítoris, atrapándolo con sus labios y
dientes haciendo que Sarah se retorciera de placer.
Me corrí en su interior después de una cabalgada salvaje y
entonces Sofía reclamó lo suyo. Sarah y ella se tumbaron sobre la alfombra
poniéndose en la posición del 69 dándose un gran placer mientras yo me
recuperaba, en cuanto estuve de nuevo empalmado, que no pasaron más de cinco
minutos debido al espectáculo que estaba contemplando llamé a Sofía para que
recibiera también lo suyo. Me puse un condón y la hice sentarse sobre mi polla
de frente a mí para poder besarla mientras la penetraba. Estuvimos en esa
posición hasta que me corrí de nuevo. Vino Sarah hasta nosotros y nos abrazó a
los dos.
Desde que te conozco, estoy pasando los mejores días
de mi vida – dijo satisfecha.
Yo también soy muy feliz de poder disfrutar de esta
manera.
Y yo os agradezco que me hayáis incorporado a vuestra
intimidad.
Nuestra intimidad no es tal, pues el fundamento de
nuestra relación es precisamente el poder compartir el sexo con toda
aquella persona que, libremente, quiera compartirlo y que disfrute por
igual con un hombre como con una mujer.
Pues esto hay que abrirlo a mucha más gente. –
insinuó Sofía.
Ya está abierto a mucha más gente. De hecho lo hemos
compartido al menos con otras cinco personas. Y cada uno es libre de
estar con quien quiera, sin dudas ni celos ni nada parecido. De hecho yo
mismo lo comparto con dos personas que no saben nada al respecto, Alvaro
y María.
Quién es María – me preguntó Sarah.
La chica que viene a limpiar. Nos hemos acostado un
par de veces. Normalmente ella viene y yo no estoy en casa, pero hemos
coincidido un par de días y hemos hecho el amor.
Yo también lo he compartido con la chica del
gimnasio, que realmente fue quién me inició en el sexo lésbico y con
Fernando (aunque eso no fue realmente compartido) y hoy con el jefe, ja,
ja. Además de los clientes de la tienda que ya han caído y los que
caerán.
Yo todavía no he tenido ocasión de compartirlo con
nadie.- dijo con cierto gesto triste Sofía.
No te preocupes que la tendrás. – la consolé yo,
dándole un beso en los labios.
Este beso fue el desencadenante de otro nuevo polvo. Sofía me
agarró el miembro y empezó a pajearlo mientras me decía:
Bueno hasta que lo comparta con alguien quiero seguir
disfrutándolo con vosotros. Dámelo otra vez pero por detrás.
Y empezó a ponerlo a tono, lo quería ahora por el culo, así
que Sarah se puso tras ella y empezó la dilatación mientras Sofía seguía
masturbándome y chupándome la polla. Cuando ambos, dador y receptor, estuvieron
dispuestos para ello, me puse de nuevo un condón y le unté el culo de vaselina
para ayudar en la penetración. La puse a cuatro patas sobre el sofá encima de
Sarah, que iba a darle la gran chupada a todo su cuerpo, y empecé la penetración
poco a poco, seguí la táctica que había descrito Miguel en su mensaje de meter
un poquito y esperar hasta que el esfínter se acostumbraba, tardé más de diez
minutos en tenerla entera dentro de ella, pero no se quejó de dolor más que en
el primer empujón. Empecé el bamboleo dentro de su culo, suavemente al principio
para ir cogiendo ritmo poco a poco hasta alcanzar el frenesí. Ayudada por el
trabajo de la lengua, los labios y los dientes de Sarah, Sofía tuvo cuatro
orgasmos hasta que yo exploté dentro de ella. En ese momento, alcanzando el
quinto orgasmo se derrumbó cayendo sobre Sarah saliéndose mi polla de su culo.
Ha sido un estreno magistral. – dijo Sofía entre el
resuello que le quedaba.
Te ha gustado? – le pregunté.
Nunca había sentido tanto placer.
Si te lo hacen bien, con cariño, con suavidad, es
mucho más placentero que el coito normal.- le dijo Sarah - y Carlos es
un especialista en hacer el amor con AMOR, así con mayúsculas.
Estábamos los tres ya bastante cansados así que decidimos
darnos una ducha e irnos a dormir. Sofía había dicho en su casa que se iba a
dormir a casa de una compañera de trabajo, y aunque a sus padres no les pareció
muy bien, tuvieron que transigir, así que se iban a quedar a dormir las dos
conmigo.
Salimos de la ducha y nos tiramos desnudos sobre la cama, así
nos dormimos abrazados los tres, con Sofía en el centro, como si quisiéramos
arroparla y darle calor. Es tan joven y aparentemente indefensa.
A la mañana siguiente yo fui el primero en despertarme, me
fui a la cocina a preparar el desayuno, cuando salían las tostadas llegaron las
chicas.
Cuál es el plan para hoy. – peguntaron a dúo.
Pues como ha salido un día de sol espléndido podemos
dar un paseo por el Retiro y volver a comer a casa, si os apetece que os
guise algo rico.
Buena idea. – contestó Sofía.
Habían traído ropa para cambiarse pues se lo había advertido
el día anterior. Así que cuando dimos buena cuenta del desayuno nos pusimos los
chándal, Sofía se quedó bastante sorprendida de que no lleváramos ropa interior
debajo, pero rápidamente adoptó nuestra costumbre y nos fuimos al Retiro a dar
un buen paseo. Lograron convencerme para alquilar una barquita y dar un paseo
por el estanque. Como a mí no se me daba muy bien remar, lo hice hasta el centro
del mismo y allí nos recostamos para tomar el sol durante el tiempo de duraba el
alquiler. Nos tomamos una cervecita en una de las terrazas mientras observábamos
pasar a la gente y a los niños jugando con sus padres, a las parejas besándose
en los bancos. Una relajante mañana de domingo.
Al volver a casa preparé rápidamente algo de pasta con gambas
y una ensalada, que junto con algunos aperitivos que siempre tenía a mano y una
botella de buen vino supuso nuestra comida dominical.
En la sobremesa, durante el café y las copitas de licor
empecé a explicarles algo que se me estaba ocurriendo.
Veamos, vamos a hacer recuento de magoyas conocidos.
– propuse.
Empecemos por nosotros tres. – dijo Sofía.
Luego tenemos a Jorge – seguí yo haciendo recuento –
Luis, Eva y sus padres son cuatro más.
Tenemos a Miguel y su novia, si queremos contar a los
del email – apuntó Sofía.
Sí y al fontanero del otro email. Has sabido algo más
de él. – preguntó Sarah.
Sí tuve otro mensaje suyo proponiéndome que nos
conociéramos.
Y para qué quieres hacer recuento de magoyas? –
preguntó Sofía.
Se me ha ocurrido crear de un club de magoyas de toda
España y que nos podríamos reunir en algún sitio todos para pasar un fin
de semana de sexo loco y celebrar la fiesta de inauguración del club. –
expuse.
Es una idea genial. – dijo Sarah – Habrá que ir
pensando dónde hacerlo y cuándo.
Lo de cuándo es menos preocupante. Yo esperaría hasta
bien entrada la primavera, que haga calorcito para poder estar todo el
día en pelotas si nos apetece. Me preocupa más encontrar el dónde.
Debería ser algún sitio aislado donde no demos escándalo, lo
suficientemente grande como para caber unas veinte o treinta personas,
pues es seguro que vamos a encontrar más gente que se adhiere al club
hasta el momento de realizar la fiesta.
Podría ser buena idea una casa rural que esté algo
apartada y que tenga piscina. – propuso Sofía.
Puede ser una buena idea, siempre que los dueños no
estén por allí controlando. – confirmó Sarah.
Yo me ofrezco a buscar por internet algún sitio
apropiado. A lo mejor también se pueden mirar centros naturistas o algo
así, que fuera de temporada estén vacíos y se puedan alquilar. – propuso
Sofía.
Bien, tú te vas a encargar de buscar el sitio.
Procura que no salga muy caro pues hay gente joven que no tendrá mucho
dinero. Y nosotros de ampliar el círculo de amistades.
A eso yo también quiero ayudar, no sólo a la
logística, egoístas – protestó Sofía indignada.
Por supuesto que sí.
Con esta idea en la cabeza y haciendo planes al respecto
pasamos la tarde del domingo. A última hora se fue cada una a su casa y yo me
dispuse a ver el partido de fútbol de la tele, para acabar la semana y
prepararme para el curro del lunes. Además esa semana me tocaba guardia, así que
iba a ser movidita, seguro.
Pero eso os lo contaré otro día.
Agréguenme y cuéntenme sus experiencias.
cmagoya@hotmail.com