LA CASITA DE LA SIERRA
Esta mañana desperté en medio de una fortísima erección que
hacía elevarse el pantalón de mi pijama, diecisiete centímetros de su reposo
habitual.
Mi mujer no estaba dispuesta, eso lo sabía porque el día
anterior habíamos tenido una sesión de masturbación que acabó con ella
haciéndose una frenética paja en su clítoris con la cabeza de mi polla y
regándole con semen todo su vello púbico, lo que la deja satisfecha para toda
una semana.
La quiero mucho pero esa falta de apetencia en cuanto a las
relaciones sexuales, me hacía no sentirme plenamente feliz, por lo que me
refugiaba en los relatos eróticos, en las revistas pornográficas y en los Chat
de Internet, mi último y gran descubrimiento.
Allí conocí a Natalia, en un salón titulado "Gente caliente
deseosa de sexo".
Le mandé un mensaje privado y, como éramos de la misma
ciudad, congeniamos y comenzamos a intercambiar charlas eróticas, pensamientos
calientes, fotografías pornográficas, etc., a la vez que compartíamos cada vez
más cosas de nuestras personalidades.
Me habló de una casita que tenía en la sierra que rodea
nuestra ciudad, donde iba a desconectar del stress que le acarreaba su trabajo
de broker de bolsa.
Por lo asfixiante de su trabajo, siempre había tenido
dificultad de relacionarse, ya que en ese mundillo, todo el mundo va a conseguir
éxito personal y económico usando todas las horas del día y sin pararse a tener
una relación que lo pudiera estropear.
Logré sonsacarle datos del lugar exacto de la casita porque,
después que me contara que pasaba los fines de semana con la chimenea encendida
y por ropa, solamente una camisa y su tanguita, en mi mente sólo planeaba la
idea de conocerla "muy a fondo".
Fue un fin de semana de esos que el frío se cala hasta los
huesos, el que elegí para llevar a cabo mi plan, dado que la temperatura
aseguraba la escena de la chimenea.
Llegué a la casita no sin dificultad, pues se encontraba
entre los árboles en una urbanización ideada con mucho espacio entre cada
vecino, apagando las luces del coche antes de llegar para que no advirtiera mi
presencia.
Al acercarme al ventanal del salón la vi, tan hermosa como me
la había imaginado: estaba sentada en el sofá de cara a la chimenea, con su
melena de pelo negro y esos rizos grandes, apoyados en el respaldo. Los
imaginaba elásticos, en movimiento, cuando su dueña estuviera encima de mí
cabalgándome con mi verga hurgando las paredes de su vagina.
Sus preciosos pechos que se elevaban sugerentemente al ritmo
de la respiración, sufriendo algún sobresalto por la trama de la lectura, sus
graciosas pecas adornando una coqueta nariz, unos labios carnosos que lamía cada
cierto tiempo (luego me enteré que estaba leyendo un relato erótico) y que me
hacían pensar sólo en besarlos, en morderlos y en cómo actuarían cerrándose
alrededor de mi verga que empezaba a dar señales de vida.
Ciertamente, desde donde me encontraba situado, la veía con
una camisa de manga larga de color azul, un poco gastada como la típica ropa que
se quiere y se usa mucho para sentirse cómoda, y unas largas, larguísimas
piernas desnudas apoyadas en una gruesa alfombra: mi deseo se hacía realidad.
Pensado como tenía el cómo entrar en la casa sin desvelar mi
identidad y así, darle una sorpresa, volví al coche y regresé con un paquete, un
talonario de entregas, un bolígrafo y un seudo-uniforme de mensajero que había
ideado con los colores azul y blanco de una famosa agencia de transportes y
mensajería: simulando ser mensajero, me colaría en la casa.
Dado que nunca nos habíamos visto en persona, ni siquiera
habíamos hablado por teléfono, me encaminé a la casa de Natalia y llamé a la
puerta. Se oyeron ruidos de pasos y tardó un tiempo en abrir, cosa normal
considerando que tenía que vestirse para abrir.
Noté sus preciosos ojos fijos en mí por primera vez, cuando
abrió la puerta temerosa y se asomó por el hueco que dejaba la cadenilla.
Tras ver el "albarán de entrega" con sus datos lo mismo que
el paquete, y tras ver mi nombre en el remitente, su temor se calmó y abrió la
puerta. Firmo el supuesto recibí y, como mujer de buenas costumbres, me dio la
espalda para buscar su bolso y darme una propina.
Fue en ese momento cuando aproveché para entrar y cerrar la
puerta a la vez que ponía la cadena.
La cara que puso fue de incredulidad ante lo que le estaba
sucediendo y temor por lo que le podía suceder pero la tranquilicé de inmediato
con estas palabras:
Hola Natalia, no te imaginas la de veces que he
soñado con este momento desde que empezamos a chatear por Internet.
Su mente, acostumbrada a la rapidez en el cálculo, ató cabos
y me dijo:
¿Javier?, pedazo de cabrón, qué susto me has dado.
¿Qué haces aquí?
Pasaba por el barrio y me dije…. Ja, ja, ja, ja, la
verdad es que desde que me describiste cómo pasas los fines de semana
aquí en la casita de la sierra, no podía dejar de imaginarte casi
desnuda, con ese tanguita que imaginaba liso, de color blanco, tapando
tu coño rasurado y mi dedo índice apartando la tela para comértelo a
base de bien.
La tensión inicial había desaparecido de su rostro en cuanto
empecé a usar el vocabulario erótico y fuerte que tanto le gustaba en nuestras
conversaciones. Se levantó y dijo:
¿A que no te había engañado con lo de la camisa y el
tanguita?- dijo mientras giraba muy sexy sobre sí misma con una cara
golosa que decía "No sabes lo que te espera".
No, y en la descripción de tu cuerpo tampoco: alta,
largas piernas, talla 100 de pecho, boca carnosa, ojos preciosos y una
bonita melena morena que ya he imaginado al viento mientras me cabalgas.
¿¿¿¿¿ME HAS ESTADO ESPIANDO????? No, si cuando digo
que eres un poco cabrón, no me equivoco. ¿Y cómo?
Pues desde el ventanal del salón, entre los arbustos.
Y casi me la meneo allí mismo cuando te he visto por primera vez.
Este comentario le hizo aumentar el ego a la par que el
tamaño de sus tetas, por lo que me fui a por la caja que había traído.
¿Qué me has traído? – preguntó curiosa y coqueta
mientras jugueteaba con uno de sus rizos.
No te preocupes que te va a gustar y nos va a venir
todo como anillo al dedo.
Comencé a sacar su contenido: varias cajas de
preservativos (de sabores, normales, extrafinos, con rugosidades, etc., pues
no sabía sus gustos), un doble consolador de esos que te encajas en la polla
y le follas coño y culo a la vez, un consolador anal, un tarro gigante de
gel lubricante, fresas, un bote de nata en spray y cuatro botellas: dos de
vino tinto gran reserva y dos de champagne.
¿Dónde tienes dos copas "mon amour"? – dije
rememorando lo que nos dedicábamos en el Chat utilizando otros idiomas
para resultar más romántico.
Aquí mismo "polla dura" – mi seudónimo en Internet.
No servimos primero el vino, que entona más rápidamente,
al que siguieron las fresas con nata y el champagne. A esas alturas, el
alcohol nos había desinhibido más si cabe, y nos dábamos las fresas con la
boca mientras nuestras lenguas jugueteaban y comenzábamos a meternos mano,
yo a sus tetas y ella a mi rabo que estaba duro y queriendo salir a
participar de la fiesta.
La idea de llevar la nata, como es sencillo de
comprender, no era exclusivamente para acompañar las fresas, sino para
esparcirla por su chocho y sus tetas para lamerlos y ver cómo se corría de
gusto.
Como ya no podíamos más, comenzamos a besarnos
introduciendo nuestras lenguas en la boca del otro, profundamente y con
desesperación, mientras tocaba por fin sus tetas calientes y duras por
debajo de la camisa desabotonada. Ella a su vez, pasaba con fuerza su mano
por mi pecho, me agarraba de la nuca para que mi lengua entrase lo más hondo
posible en su boca y me agarraba el bulto de mi verga, apretándolo con
anhelo.
Quiero que te pongas de pie, frente a mí, para hacer
lo que llevo meses pensando.
Imaginando lo que quería, se levantó despacio,
arrastrando sus rodillas por el sofá, hasta ponerse delante, con la camisa
abierta y los pezones durísimos, marcándose tras la tela mojada, húmeda de
la excitación y las ganas de follar de Natalia.
¡¡¡Dios, qué bien huele tu coño, Natalia!!! – dije
mientras me comía su conejo con tanguita y todo. Lo succionaba y lo
metía dentro de mi boca mientras mi lengua dibujaba círculos en el
bultito de tu clítoris.
¡¡¡Joderrrrrr, cómo me pones, estoy más caliente que
una antorcha!!! Así, sigue comiéndome el chumino pero sin tragarte el
tanga.
Al decir esto, agarraba mi cabeza por los pelos y la
apretaba hacia su coño a la vez que con las caderas empujaba para que el
contacto fuera total.
Mis manos, frenéticas y ansiosas, acariciaban sus nalgas,
sus piernas y sus caderas, a la vez que con el dedo, marcaba la entrada de
su culo.
Paré para mirarla desde abajo y la perspectiva de sus
grandes tetas con esos pezonazos erectos, fue tan maravillosa como el morbo
que le dio a ella verme con los labios y la barbilla empapados de su flujo
vaginal y mi saliva. Me levanté y nos dimos un morreo de impresión.
Túmbate en el sofá boca arriba – me dijo a la vez que
empujaba firmemente mi hombro derecho.
Así lo hice y Natalia me abarcó con sus piernas mientras
fue caminando de rodillas por el sofá hacia atrás, hasta volver a colocar su
coño al alcance de mi boca y dedos, lo que celebré con un suave pero fuerte
mordisco en los hinchados labios vaginales libres de pelos, salvo una
pequeña muestra hacia el vientre.
Reanudé mi tratamiento lingual a su chocho y ella se
dobló hacia delante y comenzó a lamer mi polla y a menearla de arriba abajo,
haciendome sentir un placer indescriptible.
Hmmmm, ¡qué polla más gorda y dura tienes, me
encanta! – y se la volvió a meter en la boca.
Pues es toda para ti y el tiempo que quieras –
respondí tras lo que introduje mi lengua todo lo que pude en su vagina y
lamí las paredes, lo que le hizo estremecer y comenzar una mamada más
fuerte y brutal a mi polla que alternaba con una masturbación llena de
ansia, como si quisiera arrancar mi polla y quedarsela para siempre.
En esa postura me era más fácil acceder a su culo, por lo
que cogí un poco de gel en mi dedo corazón y comencé a preparar ese culo
virgen para una posterior penetración anal.
Se lo metía despacio, profundamente, mientras lo giraba
hacia la derecha al entrar y hacia la izquierda al salir. Su placer fue tal
que, al introducir mi segundo dedo, tuvo un orgasmo increible que le hizo
mover sus caderas, su coño y su cuerpo de tal forma que hasta mi nariz acabó
dentro de su vagina en un momento dado…