-¿Qué?
-Pues eso…
-¿Cómo que hay alguien más?
-Joder, nunca nos prometimos fidelidad… te quiero…
-¿Pero?
-Pero no sé que hacer…
8- Calling on me, I hope I remember you*
Andaba por la estación de buses buscando mi andén. La verdad es que faltaba
más de una hora para coger el tren, pero me encanta sentarme en el suelo y ver
la gente pasar…
Pero tenía hambre. Me paré delante de unas de esas maquinas expendedoras y
rebusqué por mi bolsillo unas mondas. Compré una coca-cola y un kit-kat. Me lo
comí sentado en el suelo, y luego me pregunté que hacer.
Bah, iría a los lavabos.
Al entrar, vi lo que suponía: un lugar asqueroso y mohoso, con el suelo lleno
de orín y una peste inmunda. Había un hombre en un orinal y un muchacho joven en
otro. Me puse en medio, todo inocente. Mientras meaba, veía como los dos tíos se
hacían señas con la cabeza. Uno se retiró, y se metió en un retrete, y el otro,
le siguió. Yo me quedé impresionado, algo abrumado, la verdad. Nunca había
vivido algo similar. Que asco era hacerlo en un sitio así…
Salí de allí, y al fin, me dirigí mi andén.
Sentado en el suelo, veía los trenes llegar, pero aún no el mío. La gente
pasaba… y me encantaba. Intentaba averiguar o imaginar la vida de esas personas,
a partir de sus actitudes, sus vestimentas, sus físicos…
Era una mañana clara, en el cielo brillaba un azul potente, y algunas nubes
de algodón volaban. Las observaba, e intentaba asemejarlas a alguna figura… El
sol radiaba tan majestuoso como siempre, y la temperatura se preparaba para
pasar del verano al otoño… los árboles alrededor del andén, habían perdido su
verde intenso, para tornarse de un amarillo claro. No se veían muchos pájaros
volar por el aire, pero aún así, hacía un poco de calor.
Cualquiera me hubiese visto como un viajero guiri. En el suelo, con mis ropas
raídas, mi pelo por siempre desordenado, y una mochila al lado, mientras fumaba
un cigarrillo. Imaginaba que en cualquier momento alguien me echaría una moneda…
Estaba distraído observando el panorama, cuando pude notar que una mirada se
posaba encima de mí. Desvié mi vista a un lado, para ver a un chico, a unos
cuatro metros de mí, sonriéndome. Por cortesía, sonreí también.
Volví a contemplar la vista, aún percibiendo como el chico ese seguía
mirándome.
De reojo, vi que se acercaba a mí.
-Perdón, ¿tienes un cigarro?- me preguntó. Rebusqué entre mis bolsillos y le
ofrecí el paquete y el mechero. Cuando se lo encendió, se sentó a mi lado-.
Permiso-. Yo asentí con la cabeza-. Soy Roger- me anunció, ofreciéndome la mano.
-Edgar- le contesté yo, estrechándosela.
-¿Viajas solo?
-Sí, bueno, voy a ver a un amigo. ¿Tú?
-No: Es que estaba aburrido en casa, y he decidido dar una vuelta… no sé.
¿Eres de muy lejos?
-No, no mucho. De Platja D’Aro.
-Oh, la costa…- dijo, como con nostalgia.
Estuvimos unos momentos en silencio, disfrutando del cigarro.
Roger tendría unos dieciséis años, pero parecía más grande. Iba con una
camiseta sin mangas, rajada por las axilas, y un pantalón, y llevaba greñas
detrás de su pelo castaño. Era hippie, y pese llevar pintas de mendigo, olía
bien.
No sabia de que hablar con un desconocido. Había tres temas vetados:
política, economía y religión. Era tan fácil recurrir al sexo… con tus amigos,
no con un desconocido.
-¿Estudias?- le pregunté al fin, rompiendo ese silencio.
-Sí, bueno, ahora he empezado primero de bachillerato artístico, ¿tú?
-Segundo de Humanístico- respondí.
Así que era artista…
El suelo empezó a vibrar lentamente, un ruido lejano estrepitoso sonaba, y
una voz anunciaba que mi tren llegaba. El veloz aparato cruzó ante mis narices,
frenando de golpe. Me levanté, sacudiéndome un poco el culo, y me dirigí hacia
Roger.
-En fin, es mi tren…- anuncié.
-Ya nos veremos- me respondió con un guiño de ojos.
-Claro.
Subí al tren sin mirar atrás, me senté en uno de las butacas, y al minuto, oí
un golpe en la ventana. Era Roger, que me despedía antes de marchar, ya que el
tren se había puesto en marcha.
Apuntado en la ventana, con permanente y al revés, un móvil junto con una
inscripción. ‘Llámame’.
Su recuerdo me acompañó durante el viaje…
(*The Gathering- Solace)
Violated in the most Sensual Way
Sólo habían pasado un par de semanas, y volverle a verle, fue delicioso.
Apenas se paró el tren, y antes de que se abriesen las puertas, ya estaba
enfrente del cristal, con una sonrisa potente, esperándome. No pude contenerme,
y cuando dejaron de impedirme tocarle, corrí hasta donde él estaba y le abracé
con tantas fuerzas que creo que le herí. No compartimos ninguna palabra, sólo
nuestros cuerpos juntos con fuerza, y algún que otro beso en el cuello, mientras
olía su fragancia como si fuera a gastarse.
Cuando conseguimos separarnos un poco, me cogió la cara con las manos
fuertemente, y junto mis labios con los suyos, sin importar cualquier escándalo.
En fin, sólo era un pico.
-Te he echado de menos, cabrón…
Ni contesté. Estar otra vez junto a Eric era una sensación… conmovedora.
-Prepárate, va a ser un finde de cojones- me dijo, ya andando por la
estación, sonrientes, y él con su carácter alegre y dicharachero. Me limitaba a
sonreír, a escucharle, a asentir con la cabeza, de lo feliz que estaba.
Llegamos al parking y nos subimos al coche de su padre, que se lo había
dejado para dirigirnos a su casa. Por el camino, nos pusimos a la última en
bobadas triviales, a planificar más chorradas que no cumpliríamos y en mirarnos
mientras el otro hablaba, o simplemente para observarle.
Cuando llegamos a su casa, un piso en el centro de Girona, entramos en el
garaje subterráneo y subimos por el ascensor hasta el ático que compartía con un
compañero de la universidad. No era nada del otro mundo, pero siendo joven, ese
piso era un lujo total.
Sentado en el sofá del comedor, estaba Adrián, su compañero, en gayumbos y
con las manos bajo la nuca, y con una cerveza apoyada entre el pecho y el
mentón.
-¿A las diez de la mañana y ya estás bebiendo? Reconsidera lo de ir a
Alcohólicos Anónimos- le dijo Eric a su amigo.
-Hola, soy Adrián. ‘Te queremos Adri’- imitó éste lo que sería una reunión de
AA, sin apartar la vista de la tele.
-Tío…-susurró Eric de pie, esperando que me saludase.
-Mierda, perdón- dijo, tapándose el paquete con un cojín-. Anda que avisas…
-En fin, éste es…
-Edgar- le cortó, y se levantó a saludarme-. Lleva días sin parar de hablar
de ti- dijo, ofreciéndole una grande sonrisa a su amigo-. Disculpen, déjenme
acicalarme para la ocasión- siguió, imitando una voz cursi y saliendo del
comedor.
-En fin, éste es Adri…
-¿Puedo darme una ducha?- le pregunté tras dejar la mochila en el sofá.
-No. Pienso tenerte guarro tooodo el fin de semana- me respondió, acercándose
a mí, agarrándome de las caderas, para luego empezar a besarme.
-No tengáis sexo delante de mí, que luego se me empina- vociferó Adri al
entrar otra vez. Sólo se había puesto una camiseta azul marina corta.
-¿Es éste tu concepto de acicalarte?
Adri era todo un personaje. Tenía un año más que Eric, y estudiaban filosofía
en la misma clase. Físicamente, era muy atractivo: tenía el pelo negro, ni muy
corto ni largo, y el flequillo colgaba por su frente hacia el lado izquierdo
(muy lejos de parecer emo u.u). Sus ojos eran marrones, y sus labios eran
preciosos, con un aro en el centro. Llevaba, al igual que Eric, sombra de barba
recubriendo su cuello y mentón. Tenía un cuerpo atlético, pero normalucho; y una
hilera de pelos muy negros bajaban del ombligo a su pubis. Y por lo que llevaba
de día, me había caído bien. No tenía tabúes ni tapujos. Era alegre y divertido,
y se reía por todo (todo lo medianamente gracioso u.u pero como allí éramos
todos unos satíricos sofisticados, todo hacía gracia xD).
A la hora de comer (pizza, por supuestísimo), nos bebimos dos packs de
cerveza, y ya habiendo terminado, me entró un poco de morriña.
-Bueno gente, marchó que tengo que ir a ayudar a mi padre a arreglar el
coche- dijo, mientras se paraba y se ponía una chaqueta-. ¿Es que no se da
cuenta que soy filósofo, no mecánico?
-No te aceptan, no te aceptan…
-Sí, creo que les sentó más mal que estudiara filosofía y que no seguiría la
tradición familiar (ser mecánico –me susurró bajito-) a que me molase comer
rabos- y dicho esto, se marchó.
-¿Es gay?- le pregunté a Eric.
-Es el rey de la disco… se los come a todos.
-Pues no se le nota nada- dije, acomodándome más en el sofá.
-¿Qué quieres decir, que a mi sí?
Y empezó a hacerme cosquillas.
A las seis y media, y después de despertarnos de una siesta de tres horas,
nos vestimos para salir a alguna parte.
Me costó desengancharle de la almohada, pero más me costó a mí levantarme de
entre el edredón. Que calentito se estaba allí metido junto a él.
Con tejanos, camiseta y Eric con una gorra en la cabeza, salimos a tomarnos
algo a un bar. Éste en cuestión, era un bar obrero donde se juntaban todos los
currantes después de salir de trabajar, y el ambiente que se respiraba era de
amistad y confraternidad. Nos sentamos en la mesa más ‘apartada’ y nos bebimos
unas cervezas.
Ya a las ocho y media, fuimos a dar un paseo por la ciudad. Aprovechamos de
ver la catedral y de besarnos dentro de la iglesia; de pararnos a ver a un grupo
callejero que bailaba reggae y bailes brasileños; de visitar una famosa librería
judía, y de pasar por delante de una casa que fue habitada por un famoso
alquimista.
Recorrimos las calles de la hermosa ciudad, la parte vieja, claro está.
Y ya a las nueve y media, nos dirigimos a un restaurante para cenar algo.
En cuestión, llegamos a su casa a las doce y media, y Adri aún no había
llegado. Llevaba toda la tarde pensando en que pasaría al llegar. ¿Lo íbamos a
hacer? ¿Estaría a la altura? Nunca había hecho nada con un chico… estaba
bastante dudoso.
-¿Quieres hacer algo?- me preguntó, sacando un par de cervezas de la nevera,
No supe que contestar. Me sentía un niño tonto a su lado, sin saber si
follármelo de una vez o no.
-¿Un monopoli, un parchís… algo?- siguió, abriendo su lata.
-Ah, eso… -contesté aliviado
-¿Te apetece…?
-¿Porqué no vamos a la cama?- dije decididamente al final. Él sonrió
pícaramente y me agarró por detrás de la cintura, llevándome por el pasillo
hacia su cuarto.
Una vez llegados, cerró la puerta a nuestro paso y se posó delante de mí,
acariciándome la cara y mostrándome una sonrisa de complicidad. Podía saber como
él notaba que yo estaba nervioso. Y eso me volvía loco.
Mirándonos fijamente, posó sus labios sobre los míos. Era delicioso sentirle
otra vez… desde la madrugada en el refugio de monitores, había soñado volver a
estar otra vez junto a él.
Con sus labios aún cerrados, fue recorriendo los míos. Tímidamente, los
abrimos para dejar paso a que nuestras lenguas jugasen su partido,
entrelazándose entre ellas, compartiendo nuestra saliva.
Estábamos a penumbras, sólo iluminados por la farola de la calle, que entraba
en rayos de luz naranja por la ventana. El ambiente no podía ser más erótico.
Pasado un tiempo eterno, separamos nuestros besos, dudosos, sin querer acabar
con ese morreo que era el preludio de algo mejor. A poca distancia de mí, y
mirándome fijamente a los ojos, me susurró:
-No tenemos que hacer nada que no quieras…
Dudé en que contestar…
-Es que yo si quiero.
Y una sonrisa se dibujo en su rostro. Y lentamente, juntamos nuestras bocas
de nuevo. Eric fue bajando hacia mi cuello, sin separarse de mi piel,
recorriendo con sus labios mi mentón, mi nuez, para acabar lamiendo cada poro de
mi nuca, subiendo de nuevo para introducirse en mi oreja.
Nuestras manos exploraban cada centímetro del cuerpo del adversario, y
nuestras piernas luchaban por ser los vencedores. Y nuestras caderas
aprisionaban la otra, con espasmos como de penetración mal fingida.
Yo me mantenía bastante pasivo. Le dejaba a él descubrirme. Sin parar, agarró
cada extremo de mi camiseta y la tiró hacia arriba, haciéndome levantar los
brazos para desprenderme de ella. Eric me miró el cuerpo y sonrió. Luego aspiró
bruscamente, impregnándose de mi olor. Siguió con su tarea de morderme el
cuello, y fue bajando hacia mis pectorales no muy formados, mientras que con sus
dos manos manoseaba mis pezones hábilmente, y él lamía los pocos vellos que
recorrían y partían en dos mitades mi torso.
El placer de sentir su lengua ensalivar cada parte de mí, me estremecía, me
tenía en éxtasis. Pero era todo algo más bien silencioso. Sólo se oían nuestros
suspiros, nuestra respiración agitada y nuestros cuerpos rozándose.
Fue bajando por mi ombligo, entreteniéndose en él, hasta arrodillarse en el
suelo delante de mí. Lamió cada pelo de ese caminito de la felicidad que recorre
del ombligo hacia el pubis, y fue arrastrando el pantalón hacia abajo. La
gravedad hizo el resto, y me liberé de ellos por los tobillos. Yo llevaba unos
calzoncillos slips blancos de marca.
El bulto era totalmente evidente, y la forma de mi miembro se dibujaba hacia
arriba. Mi pubis negro aparecía encima de la goma elástica. Pegó la nariz allí,
y aspiró profundamente, mientras levemente besaba el calzoncillo, empapándolo.
Subió la cabeza, y me miró a los ojos. Sus ojos… verdes como la lima…
Me salió una risita tonta.
-¿Qué?- dijo sorprendido.
-Nada, nada…
-Dime, ¿qué?
-Que estaba pensando en que te arrancaría los ojos para quedármelos.
Fue un comentario totalmente fuera de lugar. No sabía como reaccionaría ante
esa tontería, pero sonrió
Me agaché y besé sus labios. Me arrodillé junto a él en el suelo. Rodeé su
cuello con mis brazos y volvimos a fundirnos en otro beso, levemente más
violento y salvaje que los anteriores. Y tan fugaz como llegó, se deshizo, para
enfundarnos en un abrazo cuerpo a cuerpo.
-No sé que pasará… pero eres muy importante…-me susurró al oído, mientras
acariciaba mi espalda con sus manos.
Era un momento tan sensual y erótico… Era una delicia sentir su cuerpo pegado
al mío. Le arranqué la camiseta casi de inmediato, simplemente dejándome llevar
por mis instintos. Las caricias se tornaron en lívidos toqueteos. Toqué todo su
cuerpo, pasando mis manos de los glúteos apretujados, subiendo por su espalda y
abrazándole por la nuca.
Lentamente, nos fuimos cayendo hacia el suelo, de costado y cara a cara. Y de
una maldita vez, me libré de los bóxers empapados. Mi miembro salió disparado, y
Eric lo cogió velozmente con la mano para masturbarlo, mientras que con su otro
brazo me rodeaba la nuca, y yo lamía sus pezones.
Era delicioso sentir su mano bajar y subir mi pene, suavemente. Nuestra piel
empezó a sudar, y nuestro éxtasis iba en aumento. No supe muy bien cuando se
hubo quitado el pantalón y los calzoncillos, pero al fin, le vi completamente
desnudo.
Su pene se erguía con sus buenos dieciocho centímetros, sobre un pelambre de
pelos negros, y dos bolas enormes que colgaban para la izquierda.
Me subí encima de él, con el total énfasis de un principiante, y me montaba
encima de él a horcajadas.
Movía mis caderas y el roce de nuestros penes era hipnotizante.
Con sutileza, fue hurgando con sus hábiles dedos mi ano. Me estremecí con el
simple hecho de que lo masajeara sin frivolidad, y de imaginar de lo que vendría
después. Introdujo un dedo ensalivado, sacándolo y metiéndolo con constancia.
Gemí.
De placer.
-¿Estás preparado?- me susurró.
Asentí.
Y luego una fuerte presión.
-Relájate, cielo, relájate- me instruyó.
Mordí mis labios para soportar ese pequeño dolor, mientras me sentía
atravesado con deleite por su miembro.
-Ya está…
Notaba un placer indescriptible. Cada vez que salía y entraba, gemía. Era
genial.
Era lo mejor.
Y además, bonito.
10-
Esa noche me enamoré de ese ángel, de sus caricias, de sus
besos, de sus manos, de su cuerpo, de su corazón, de sus ojos, de sus labios, de
sus piernas, de sus pezones, de sus nalgas, de su honestidad, de su bondad, de
su sinceridad, de su amor, de Eric.
>VODKA<
…Continuará…
[Tercer relato de Edgar. Gracias por los comentarios. Y decir que me he
enamorado de la forma de escribir de MyLifeOnEarth ^^ Por ESCONDIDOS… está hecho
el 4to relato, pero no estoy seguro de colgarlo o no. En fin… ah! ¿Alguien va el
4 de marzo a ver HIM en Barcelona? Yo ya tengo las entradas :D Forever yours!]
…Let’s Talk…