ESTHER Y SU CUÑADA
Tengo una amiga que se llama Esther. Tiene 24 años y hace
poco tiempo que se casó con un chaval muy majo. La conozco desde que nació ya
que hay una relación casi familiar con sus padres. Es una chica de pelo moreno,
no muy alta y está bastante buena además de ser muy guapa. Por mi parte tengo 37
años, soy normal y corriente, estoy casado y por mi trabajo de comercial suelo
tener bastante tiempo libre.
Esto que voy a contar sucedió hace unos días. Espero que os
guste.
Resulta que por temas personales nada agradables coincidimos
es el hospital. No nos habíamos visto desde su boda por lo que nos alegramos de
coincidir. Después de los saludos estuvimos hablando un rato y quedamos en
vernos en una mejor ocasión. Esta no tardo en presentarse. Dos días más tarde
volví a coincidir con ella en el mercadillo del pueblo. Iba acompañada de su
cuñada Mónica, una tía de 32 años súper maja y que también está para comérsela.
Es un poco más alta que ella y rubia natural, con unos ojos azules preciosos.
Nos saludamos y fuimos a tomar un café. Estuvimos cerca de una hora contándonos
los últimos meses (Mónica se había casado hace poco, antes que Esther), la vida
de casados, y esas cosas. Estaban las dos de vacaciones y sus maridos trabajando
por lo que habían quedado para comer.
Por qué no venís a casa a comer?, pregunté en un
momento de la conversación, yo también estoy sólo.
Mi mujer tenía guardia de 24 horas en el hospital y no
acababa hasta la mañana siguiente y yo podía tomarme libre la tarde si la cosa
se alargaba. Se miraron las dos.
Así de paso veis el piso nuevo, dije.
Y quien cocina?, preguntó Mónica.
Yo, por supuesto, contesté.
Vale, dijo Esther.
Terminamos el café y quedamos en casa a la una para empezar a
preparar la comida. Compré lo necesario y volví a casa. Llegaron puntuales a la
cita. Se habían cambiado de ropa y, al ser verano, vestían las dos con camiseta
de manga corta y unas minifaldas bastante sueltas pero discretitas. Yo ni
siquiera pensaba que podía suceder algo aunque muchas veces me había pajeado
pensando en ellas aunque tenerlas a las dos en mi casa me daba un poco de morbo.
Tomar, dije abriendo unos botellines de cerveza que
tenía al frío.
Charlamos un rato en la cocina, bebiendo cerveza y tomando un
aperitivo que les había preparado.
Venga, dijo Esther. Enséñanos el piso.
Vale impaciente, contesté.
Nos levantamos y les enseñe la vivienda. A Mónica le encantó
el dormitorio que, por cierto, es una pasada y Esther se quedó con mi sala de
relax, ambientada al estilo marroquí, con sus cojines y su pipa de agua.
Guapísimo, dijo Mónica.
Como se nota la pasta, dijo Esther, cogiendo de nuevo
la cerveza.
Nos bebimos unas cuantas antes de comer pillando el puntito.
Durante la comida nos bebimos casi dos botellas de Albariño por lo que al acabar
íbamos a gusto. Preparé unos cafetitos granizados y saqué los licores fríos que
tenía. En fin, cuando nos levantamos de la mesa estábamos un poco tocados.
Podíamos fumarnos una pipa, dijo Esther.
Si, si, dijo Mónica y nos tomamos las copas en los
cojines.
Vale, dije, voy a recoger la mesa y a preparar los
vasos.
Les dije donde estaban las botellas y recogí la mesa. Cuando
estaba con los vasos llamó mi mujer. Le conté la comida y le pasé a las chicas
que querían saludarla (se llevan muy bien).
Que cabronas, dijo mi esposa riendo, a ver si la
próxima la montáis cuando esté yo. Vosotras de risas y yo currando.
Es lo que hay, dijo Esther.
Cuidármelo dijo refiriéndose a mí, que no aguanta
nada.
No te preocupes que si falla se lo cuento a mi marido
y se entera todo el pueblo, dijo Mónica riendo.
Se despidieron de ella y me pasaron el móvil.
Bueno cariño, disfrutar que yo sigo currando, te dejo
que me llaman, me dijo colgando a continuación.
Terminé con los vasos y entramos en la sala. Nos tumbamos en
los sofás y preparé una pipa con un poco de marihuana de la que tenía. Nos la
fumamos acabando de pillarla. Tenía a Esther frente a mi sentada en un cojín. De
repente, se balanceó y cayó hacia atrás levantado las piernas lo que me permitió
ver con todo detalle el tanga blanco que llevaba puesto. Sentí un pálpito en mi
polla. Mónica se descojonaba y yo la seguí, Esther tampoco paraba de reír sin
moverse, en la postura en la que se había quedado, mostrándonos su entrepierna
sin importarle.
Vamos arriba, dije dándole la mano para incorporarla.
Otra pipa, dijo Mónica.
La preparé y comenzamos a fumar. Estábamos muy a gusto por lo
que nos recostamos un poco. Mi cara quedó a los pies de Mónica permitiendo ver
parte de sus piernas. Me estaba poniendo cachondo.
Que es esto?, dijo Esther sacando una cajita de la
estantería que tenía al lado.
Era mi juego de streep-poker. Lo tenía desde hacía poco y
jugaba con mi mujer para romper un poco la monotonía.
Mira ellos, dijo Mónica riendo, y parecían tontos.
Me sonrojé pero respondí.
Mujer, algo diferente a lo normal se agradece.
La conversación tomó esos derroteros. El alcohol y la
marihuana nos habían desinhibido y empezamos a contarnos algunas intimidades
sobre ropa interior y similar.
Ves, a mi no me gustan las bragas como las de ella,
dijo Mónica refiriéndose a Esther. Las prefiero un poco más clásicas.
Pues son comodísimas, contestó.
Se te meten en el culo y molestan, dijo Mónica.
No se meten, replico Esther.
A ver, dijo Mónica.
Esther se quedo parada.
Pero si ya te las hemos visto cuando te has caído, o
es que te da vergüenza?, dijo Mónica.
Se levanto y se puso delante de Mónica levantándose la
minifalda.
Mi polla pegó un salto. El coño de Esther quedó frente a mí.
Podía adivinar la rajita y los pelos que tenía.
A ver las tuyas, dijo Esther.
Mónica se levanto y se subió la mini. Unas bragas azules
aparecieron ante mí. Estaba a tope.
Cuales son mas bonitas?, `preguntó Esther mirándome.
Madre mía como estaba el asunto. Las tenía a las dos frente a
mi, medio borrachas, con las faldas levantadas y enseñando sus bragas.
Bueno, dije poniendo cara de interesante, por el tipo
me gustan las de Mónica pero por el color me gustan las tuyas Esther.
Que bien has quedado, respondió Mónica.
Va, dijo Esther volviéndose a sentar, juguemos una
partida a esto.
Cogio la caja y la abrio.
Venga, dijo, explica como se juega.
Estais seguras?, pregunté. No quiero malos rollos.
Que si tonto, respondió Mónica sentándose. No vas a
ver nada que no hayas visto antes, si perdemos claro.
Explique las reglas y comenzamos. Al cabo de varias manos
estaban las dos en ropa interior y a mi solo me quedaban los pantalones. Perdí
la siguiente ronda por lo que me los tenía que quitar cosa que me daba bastante
vergüenza ya que estaba totalmente empalmado.
Va, dijo Esther, no te hagas el remolón que nosotras
estamos cumpliendo.
Que sea lo que Dios quiera, pensé.
Me levante y procedí con la operación quedando al descubierto
mi bóxer con el bulto no disimulable de ninguna forma de mi polla.
Es por nosotras?, preguntó Mónica señalando el bulto.
Tu que crees?, contesté. Yo no veo a nadie más.
Lo que sucedió a continuación no creo que lo olvide jamás.
Esther se arrodillo y pasó su mano por mi paquete a la vez que Mónica se
colocaba detrás de mí y me besaba la espalda.
Esto no está pasando, pensé.
Pero si, si que estaba. Esther me bajo el bóxer y metió mi
polla en su boca, iniciando una mamada de escándalo. Cogí a Mónica y la besé
mientras una de mis manos fue directa a su coño. La metí por dentro de sus
bragas y acaricie su raja completamente mojada. Estaba que se fundía. Busqué su
clítoris y lo masturbé, metiéndole de vez en cuando un dedo dentro del coño.
Esther seguía a lo suyo, chupando mi polla con mucha maestría. Si seguía así me
correría pronto y no quería.
No pares, sigue, suspiraba Mónica.
Al momento se corrió.
Ahhhhhhhhh, gritó mientras soltaba sus jugos.
Tuve que taparle la boca con la mano para que no nos oyeran
los vecinos.
Uf, dijo dejándose caer en el sofá.
Levanté a Esther y la senté a su lado. Arrodillado besé sus
muslos subiendo hasta el coño. Lo acaricié por encima de sus bragas, lo besé y
luego aparté la tela para comérselo.
Ummmmmm, suspiró al sentir mi lengua dentro.
Había deseado comerme ese chochito durante mucho tiempo y
ahora lo tenía a mi entera disposición. Chupé, besé, lamí hasta conseguir
arrastrarla a un orgasmo brutal. Se movía sin parar, cogiendo mi cabeza y
apretándola contra su coño.
Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, grito soltando sus jugos.
Mónica se sentó a su lado y le tapó la boca con la suya. Eso
aun me puso más cachondo. La morreó acariciándole las tetas ya fuera del
sujetador. Desde luego, no era la primera vez y posiblemente el comer juntas iba
a terminar en eso. Al acabar el orgasmo Mónica giró la cabeza.
Te gusta, eh?, pregunto con mirada de niña mala.
Por toda respuesta me moví quedando a la altura de su
entrepierna. Le quité las bragas y metí mi cabeza en su coño. Esther le quitó el
sujetador y chupó los pezones de su cuñada con delicadeza. No aguantó mucho y se
vino entre espasmos y jadeos. Aun no había terminado cuando me incorporé y de un
golpe le metí la polla en el coño hasta la base.
Ahhhhhhhhhhhhhhhhh, chilló.
Estaba completamente mojado y muy caliente. Esther se había
incorporado y de pie, le puesto el coño a la altura de la cara. Mónica chupó la
almeja, moviéndose por la follada que estaba disfrutando. Cogí las tetas
apretando el ritmo de penetración.
Ahhhhhhhhh, Ahhhhhhhhhhhhhhhhh, no pares cabrón,
gritó
Te gusta?, eh putita, contesté.
Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, chilló corriéndose a la vez
que comía coño de Esther.
Salí de ella y me senté a su lado. Cogí a Esther de la
cintura y la dejé caer de lleno sobre mi nabo.
Ohhhhhhhhhhhhhhh, suspiró al notar toda la estaca
dentro.
Agarré su cintura subiéndola y bajándola sin descanso. Al ser
pequeñita era muy manejable. Notaba su coño mojado y caliente en la polla. No
paraba de gemir, cada metida era un temblor. Clavó sus uñas en mi espalda
comenzó a temblar y a soltar jugos mordiendo el sillón con la boca para no
gritar.
Uhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, gemía.
Cuando acabó se quedo completamente relajada cayéndome
encima. La incorporé sacando mi polla y sentándola de nuevo. Mónica estaba a su
lado, se levanto cogiendo el nabo con su boca. Cogiendola del pelo comencé a
follarme su boquita. Me acariciaba los cojones y la rajita del culo, cosa que me
pone un montón.
Muy bien, muy bien, suspiraba yo.
Esther se unió a la fiesta pasándose las dos mi polla como si
fuera un porro. No puede aguantar más. Mi nabo entró directamente en la boca de
Esther follándola hasta que me corrí.
Ahhhhhhhhh, Siiiiiiiii, grite, soltando en la boca
una gran cantidad de semen.
Saqué la polla y se la metí a Mónica en el mismo sitio,
acabando de correrme en su cara.
Ufffffffffffffffffffffffff, suspiré, viendo a las dos
con la cara hasta arriba de leche.
Me senté en medio de las dos. Esther se levanto y fue al baño
a lavarse, Mónica la siguió. Cuando volvieron nos encendimos un cigarro. Nos
miramos y sin necesidad de decirnos nada supimos que esta no sería ni la primera
ni la última vez que sucedería algo similar.
Un saludo.