¿Qué querés Mario, me querés ver?
En realidad si… pero no tengo tiempo, ni lo voy a tener
el resto de la semana… – me sentí desilusionada y eso me avergonzó – pero no
te preocupés que no te dejo sola…
¡¿Cómo?!
Así es Debi, yo sé que sos insaciable y que una semana
sin ser usada como una perra te va a volver loca, así que te voy a dejar en
las manos de Rolando para que estés tranquilita…
¡No Mario, esto es solo entre tú y yo, no quiero que
metás a nadie más!
Pero la semana pasada no te molestó ser nuestra puta… es
más, gozaste como una loca.
Fue un error…
¡Ningún error, es lo que sos! – cuando me subía la voz,
automáticamente me callaba aunque estuviera furiosa – Entendelo, sos la
Devoradora y solo eso, la virginal esposa desapareció y solo quedaste vos…
perra, sucia, viciosa e insaciable que es de mi propiedad. Si digo que Rolo
podrá usarte a su antojo toda la semana lo puede hacer y punto. – clanc, me
colgó.
Me quedé fría, sin saber qué hacer, me prestó toda la semana
a Rolo como a un objeto para que me hiciera lo que se le diera la gana. ¡Dios
mío, qué hijo de puta, tenía que acabar con esto a como diera lugar! Pero claro,
eso solo se quedó en un pensamiento, sabía muy bien que no tendría las fuerzas
para dejarlo. "Ring, ring", el ruido del teléfono me sobresaltó.
¿Devoradora? – no lo reconocí, pero como me llamó por mi
"nombre de batalla" me asusté.
¿Quién habla?
Rolando para servirte mi reina… – sentí deliciosas
vibraciones entre mis piernas y mi estómago retorciéndose – ¿Cómo estás?
Bien… bien…
¿Lista?
¿Para qué?
Para salir conmigo… te voy a llevar a un lugar que te va
a encantar mujer…
¡Pero no puedo, tengo… tengo muchas cosas que hacer!
Pues te jodiste cerota porque ya voy en camino… en 10
minutos estoy frente a tu casa…
Pero Rolando yo… – "clic", me colgó el teléfono el
infeliz.
¡Mierda!, me iba a pasar a traer y cualquier protesta mía
estaba de más, al hijo de puta no le iba a importar. Corrí a mi habitación y
saqué de su escondite la ropa de puta que ellos me habían regalado, la metí en
una bolsa y corrí a la puerta y salí, quería encontrármelo lejos de la casa, por
el camino, mi hijastro estaba presente. Rolo fue puntual, a los 10 minutos le
hice la parada, venía dentro de una gran Explorer del año, escoltado por el
mismo tipo moreno de bigote que me abrió la puerta en la casa y otros tipos.
Subí y me senté junto a él, él moreno de bigote viajaba atrás y adelante venía
un joven piloto que no dejaba de voltear a verme con una sonrisa tonta.
No venís lista Devoradora. – me espetó.
Es que estaba mi hijo y no quería que me viera… pero en
cuanto lleguemos me arregló.
Hacelo ahora…
¿Frente a todos?
Si… ¿hay algún problema con eso?
Él podía ser tan encantador como intimidante, rauda comencé a
cambiarme. Había llevado un delgado vestido celeste, de falda floja a medio
muslo y un pronunciado escote en V que llegaba casi a mi ombligo. Me puse una
diminuta tanga verde y no llevaba sujetador. Luego me maquillé como una
prostituta y quedé lista. Para cuando acabé caí en la cuenta que no sabía en
dónde estábamos, el camino era malo y de terracería, con lo que con los
continuos tumbos mis pechos desnudos rebotaban y se rozaban con la tela del
vestido, poniéndoseme duros y protuberantes los pezones, como a él le gustaban.
De pronto el vehículo se desvió del camino, llegó hasta un lote baldío rodeado
de matorrales y se detuvo en medio de la nada, en un lugar que no se podía ver
desde la carretera y un mal presentimiento apareció en mi mente.
Bueno perra, Mario me dijo que te podía usar como a mi se
me diera la gana, ¿o no? – solo asentí sin decir nada, estaba asustada, él
me comenzó a sobar las tetas por encima de la tela frente a los otros 2 –
Entonces no vas a protestar por nada de lo que te hagamos aquí…
¡¿"hagamos", los 3?!
Claro… sos mi perra y pienso prestarte a mis
colaboradores…
Se me fue encima y comenzó a manosearme las tetas y el culo,
los otros hicieron lo mismo y empezaron tocarme como animales, trataban de
meterme sus sucias manotas entre las piernas y quitarme la tanga. Y yo me
revolvía, gritaba y chillaba, una cosa era hacer de perra para Rolo y Mario,
pero otra dejarme usar por otros. Como pude abrí la puerta y eche a correr entre
los matorrales, ellos salieron corriendo tras de mi corriendo y gritando como un
posesos. El joven me dio alcance, me derribó en el polvoriento suelo y me
desgarró el vestido y la tanga por completo. Se me subió sobre los muslos y
metió sus rodillas en medio de las mías, obligándome así a abrir las piernas.
Los otros 2 ya estaban a ambos lados de mi cabeza, mirando con los ojos
desorbitados a su compañero estar a punto de violarme sin piedad.
Ya, ya… ya Devoradora – me decía Rolo – si sabemos que te
gusta, no sos más que una puta shuca – sucia – estoy seguro que hasta tenés
la pusa más mojada que el agua, je, je. Sabueso, agarrala de las manos para
que se deje la perra esta…
El tipo moreno con la cara marcada, se arrodilló y me agarró
las muñecas, jalándome los brazos hacia arriba y dejándome a merced del más
joven, que aprovechó para sacarse la verga, una buena talega de no menos de 20
cm de largo. Y yo lloraba y les suplicaba que me dejaran en paz, que no quería
ser violada, que iba a cooperar, pero sentir que me estaban forzando los ponía
más calientes todavía.
Dale Juanjo, cogétela… – dijo Rolo, y el joven me penetró
a la fuerza, su terrible instrumento me atravesó hasta el fondo, abriéndose
paso a lo bestia entre el delicado conducto de mi feminidad, arrancándome un
terrible alarido de dolor.
¡¡¡¡AAAAAAAAUUUUUUUUGGGGGGGGHHHHHHMMMMMMM!!!!
Sin embargo, muy a mi pesar tuve que reconocer que esa
barbárica penetración me gustó, a la larga ese dolor solo provocó el aumento de
mi libido y sentirme dominada con tanta violencia, como nunca me había sentido,
hizo que me mojara en cantidad. Un minuto después de empezar a ser violada su
verga me entraba sin ningún problema por tanta lubricación.
¡Ya está mojada patrón, ya está empapada la perra esta!
Te lo dije Juanjo, la Devoradora es la perra más caliente
que te podrás encontrar… es una fiera en la cama y es insaciable… además le
podés hacer lo que se te de la gana.
El tal Juanjo me poseyó como un animal, como una bestia, su
pene moviéndose como un pistón dentro de mi, sus caderas rebotando violentamente
contra mis ingles, abriéndose paso entre los pliegues de mi intimidad a la
fuerza… pero dándome un placer que no había tenido nunca. Lo sé, es una locura,
pero no podía parar de gritar ni de chillar de placer, esa situación me provocó
un fuerte orgasmo casi desde el inicio que no se detuvo ni un segundo en todo el
rato que Juanjo me violó. Me sentía suya, de los 3, con cada poro de mi cuerpo
vibraba con intensidad. Mi mente me decía que eso no podía ser, pero mi cuerpo
no se detenía, mi piel quería que siguiera haciéndome suya y deseaba pasar por
las manos de cada uno de ellos.
Qué paradoja, gozaba como una loca y berreaba como una
infeliz torturada, pero no dejaba de llorar ni de sollozar, ese gozo me mataba
tanto como me hacía vivir, quería escapar pero no paraba de mover la cadera
buscando desesperadamente que ese pene me entrara más adentro. Y ellos,
mirándome como gallitos fanfarrones, Rolo con los ojos entrecerrados y media
sonrisa, de pié, sobándose con lascivia; el Sabueso con los ojos brillantes y
vidriosos, casi espumeando, sujetándome las muñecas con una sola mano mientras
que con la otra me estrujaba los senos con sadismo; y el Juanjo, trepanándome
con saña, deleitándose con mi cuerpo indefenso. Me hacían chillar de dolor y
placer, haciéndome sentir y actuar no como una puta, pues ni una puta haría o
sentiría todo cuanto hice o sentí esa mañana. No podía ni pensar, eso no me
podía estar pasando, estaban violándome y yo gozaba como loca, en medio de un
placer inmenso y un descontrol total.
De pronto siento algo húmedo rozar mis labios, abro los ojos
y veo una inmensa y horrible verga sobre mis boca, era la del Sabueso, que se la
había sacado con la mano que no me apresaba las muñecas y ahora la restregaba en
mis labios. ¿Qué iba a hacer yo, más que abrir la boca y devorarla con gula y
lujuria? Estaba sin circuncidar y era muy gorda del medio, con un glande
cubierto por su prepucio y bastante estrecho. Sin las manos me puse a
succionarla y a lamerla casi de forma desesperada, enloquecida por el continuo
goce que Juanjo me daba.
De pronto sentí que el Sabueso me soltaba las muñecas y me
agarraba de los tobillos, así me levanta las piernas hasta ponérmelas en los
pechos mientras Juanjo me sujeta con fuerza las muñecas y me las jala, dejándome
con los brazos estirados hacia el frente. Así, toda retorcida y sin saber qué
pretendían, sentí como me levantaban en vilo, y continuaban con la cogida, ellos
de pié y yo echa un ovillo en el aire, con el Sabueso irrumándome y Juanjo
violándome.
¡Ja, ja, ja, ja, muchas películas porno mucha, han visto
demasiadas pornos, ja, ja, ja! – rió Rolo al ver la inverosímil pose en que
me habían puesto sus 2 esbirros, literalmente como un paquete de carne
envuelto para coger.
Sentía como me traspasaban con cada empellón que me daban,
percibía cada centímetro de sus falos horadándome las entrañas sin piedad,
sintiéndome más objeto que nunca, sintiéndome más perra de lo que me había
sentido hasta ese momento. Parecíamos animales, gritando con ganas, ellos
insultándome de las formas más groseras y denigrantes y yo gimoteando con todas
mis fuerzas y lamentándome y pidiéndoles más cuando el Sabueso me dejaba libre
la boca…
¡¡¡TE VOY A PREÑAR PUTA, TE VOY A DEJAR TODO MI SEMEN
ADENTRO, PERRA!!!
¡¡¡AAAAGGGGHHHH, OOOOOUUUUUHHHHH!!! ¡¡¡ME MATAN, ME
MAAAATAAAANNN!!! ¡¡¡MAS, DENME MAAAAAAASSSSSSSGGGGGHHHHH!!!
¿Qué sos Devoradora, qué sos, perra? – me preguntaba Rolo
con los ojos crispados.
¡¡¡UNA PUTA, SOY UNA PUTA!!! ¡¡¡SOY TU
PUUUUUUTAAAAAAAAGGGGHHHHH!!!
Mis gritos y desvaríos fueron interrumpidos por la tranca del
Sabueso que me la volvía a ensartar en la garganta. Y Juanjo, por su lado, se
sentí tensarse fuerte, jalándome con más fuerza y gruñendo de placer, casi
rugiendo. Y yo no paraba de orgasmearme mientras sentía sus chorros calientes
llenándome por dentro.
La intensidad de su gozo hizo que me soltara las muñecas y yo
caí al suelo como un pesado paquete cubierto de sudor y con la vagina brotando
esperma. Me sentía tan sucia y humillada como excitada… o sea que estaba muy
caliente. Vi sobre mi, allí estaba aun el Sabueso con su gran palo en las manos,
acariciándoselo.
No te quedés con las ganas Sabueso, que esta perra tiene
la obligación de satisfacernos a todos… usala como querrás hasta que acabés.
El hijo de puta se me quedó viendo, tirada en el polvo,
empapada, con los ojos rojos, llorando aun a mares pero ansiosa por continuar
siendo humillada. Como rayo se quitó el pantalón y el calzoncillo y se sentó a
horcajadas sobre mi rostro, dándome el culo para que se lo chupara. Al mismo
tiempo me agarró mis grandes senos y empezó a pajearse con ellos. Así,
restregaba su asqueroso ano por toda mi cara mientras se hacía esa cubana con
mis mamas. Lo peor es que yo mantenía la boca abierta, presta y dispuesta a
darle placer con ella en ese beso negro.
Poco tiempo después acabó a chorros sobre mis pechos y
vientre y me dejaba un sabor acre en la boca. Se levantó campante y me dejó
tirada en el suelo, cubierta de sudor y polvo, ahora también de semen, con semen
saliendo de mi sexo. Los 3 hombres se me viendo mirando como si tal cosa,
tranquilamente y sonriendo. Yo los miraba de arriba abajo, jadeando y sin
poderme mover, mi cuerpo aun temblaba, me dolían los pechos, la vagina y la
garganta, y tenía toda la espalda raspada por piedras y hierbas.
¿Satisfecha Devoradora, o todavía tenés ganas de más? –
me preguntó Rolando.
No… no puedo ni levantarme... ¿cómo voy a querer más? –
respondí con un hilillo de voz.
Porque nosotros todavía queremos más…
¡¿Pero qué más quieren hacerme si soy toda suya, – le
espeté rompiendo en llanto – usted y Mario me usan como se les da la gana?!
Mire cómo me dejaron, ¡¿qué más quiere de mi?! – pero no me contestaba el
hijo de puta, solo me veía sonriendo, acariciándose la verga y sonriéndome
retorcidamente, despacio se me acercaba, los otros 2 lo imitaron – ¡¿Qué,
qué es lo que quiere… QUE?! ¡¡¡¿HUMILLARME MÁS?… ME VIOLARON, NO LES PARECE
SUFICIENTE, NO LES BASTA MALDITOS HIJOS DE PUTA!!! – mi llanto era profuso e
incontrolable, pero esos infelices solo me sonreían y se seguían acercando,
blandiendo sus penes como espadas, entonces, cedí nuevamente, resignada a mi
desgraciada desdicha – Háganme lo que quieran… malditos… malditos… – dije
casi en un susurro.
Con actitud prepotente quedaron de pié casi sobre mi, se
sobaban sus penes y me sonreían con sorna. Yo volteé la cara para no verlos más,
por lo menos algo de la humillación me quería quitar por insignificante que
fuera. Lloraba en voz baja pero desconsoladamente, ¿cómo pude llegar a caer tan
bajo, a degradarme tanto? Y entonces sentí sus chorros caliente caerme encime,
me mearon de punta a punta, entera, ensañándose especialmente con mi cara.
Terminaron y escuché como se subían las braguetas, luego ya
no los oí más. Me dejaron allí los hijos de puta, sucia y humillada, llorando
como una bobalicona, desesperada y cada vez más degradada. Estaba cubierta de
una sucia mezcla de sudor, polvo, meados y semen, con más semen escurriéndose
por entre mis piernas. Me dolían muchos las muñecas, los brazos y las piernas,
me ardía mucho también la vulva, me dejaron hecha pedazos. Con trabajo me puse
de pié y ya no los vi a mi alrededor, me asusté mucho, pensé que me habían
dejado abandonada en medio de la nada.
¡Dios mío, ¿y ahora qué voy a hacer?! – me pregunté casi
desesperada.
Levanté un poco la cabeza para verme la piel, me imaginé
frente a un espejo, desnuda, con mi piel blanca enrojecida y llena de moretes y
rasguños, con mi rostro de niña con un morado en una mejilla, producto de una
bofetada que el bruto de Rolo me propinó. Por abajo, mi sexo y ano me ardían,
los imaginaba muy abiertos y manando semen. También visualicé (aunque esos si
los pude ver bien) mis pezones hinchados e inflamados como si fuesen uvas.
Me di vergüenza, pues aunque no me podía ver de cuerpo
entero, sabía que así habia quedado, hecha una piltrafa. Entonces digo a llorar
como una magdalena… ¡una estúpida y pervertida magdalena de mierda que se dejó
usar y violar a capricho de un trío de hijos de puta, HASTA ME ORINARON! ¡Y yo
gozando y gozando como una loca, como una degenerada! ¡¿Dios mío, qué había
pasado con la mujer que solía ser?!